Tendencias actuales de la LIJ

Laura Guerrero Guadarrama #18 - Literatura Infantil, Artículos

“Revelar significa hacer visible aquello

que cotidianamente no es percibido.

Y percibir lo revelado es detenerse a

contemplarlo, a reflexionar sobre

ello para descubrir algo acerca de

nosotros mismos”

Alcántara 31

El arte literario nos revela el mundo, es la gran metáfora de la existencia humana, y en la experiencia íntima con la palabra, el lector se transmuta en un ser enriquecido. La experiencia estética implica algo más, mucho más que el placer o la recreación. Los signos que brotan del escritor son como dardos mágicos que penetran en la psique y mueven o conmueven nuestro estar en el mundo. Esto que hemos dicho, lo entienden perfectamente los adultos y lo aceptan cuando se trata de obras destinadas para ellos, pero la mayoría de esos mismos adultos lo rechazan, por lo general, cuando se trata de obras para niños y niñas o adolescentes. Si se trata de dirigirse al público infanto-juvenil entonces piden obras edificantes, formativas o románticas e irreales, llenas de fantasía edulcorada, que no toquen temas difíciles (larga es la lista que se podría armar de lo que no se debe decir) o que, por lo contrario, toquen esos temas pero con lecciones morales para advertir a los chicos sobre la maldad de las drogas, los malos amigos, etcétera; los finales deben ser felices y no deben aparecer escenas que perturben a los receptores, a menos que sea en función del aprendizaje. Con estas ideas se ejerce una censura terrible sobre las obras.

Muchos editores, maestros, padres de familia, empresas, Secretarías de Estado, organizaciones no gubernamentales, iglesias, despachos de publicidad e incluso escritores piensan que los libros deben instruir. Si detrás de un cuento no existe una enseñanza de civismo, ecología, moral, lexicología o historia la lectura es inútil, y por lo tanto casi desaconsejable. (Hinojosa 111)

Es muy fácil confundir la inexperiencia y juventud con la tontería y hacer uso de recursos repetitivos que nunca fallan pero que tampoco cambian: el lenguaje ñoño, pseudo rimado y ramplón lleno de aumentativos y diminutivos; las situaciones enfermas de esclerosis, los mismos escenarios, temas y finales: “fueron felices, para siempre”. Detrás está una imagen anquilosada de la infancia y de la adolescencia que corresponde al Romanticismo cuando, con mirada asombrada, se descubrió que el niño no sólo era un adulto en chiquito y se le idealizó.

Quienes estudiamos el área, todavía escuchamos a quienes debaten si se debe hablar de “literatura infantil”, infantil como “lo concerniente a la infancia” o de “literatura para niños” pues hay quienes opinan que “infantil” se puede confundir con la literatura escrita por los niños ( aunque no es común que los especialistas o editores crean que los niños son capaces de hacer literatura), o con una literatura poco madura o infantilizada (esto quiere decir que el autor se achica o se hace como un niño) y aquí hay, una y otra vez, un sentido peyorativo flotando en el ambiente: lo infantil como algo degradante. Es común tratar de evitar el escollo y señalar con precisión de lo que se trata: “literatura para niños y niñas”, “literatura para adolescentes”.

Otras personas, sin embargo, seguimos de manera empecinada utilizando la frase: literatura infantil y juvenil para resignificar el término, para limpiarlo de malos entendidos y de la sombría estulticia que le ataca. Porque en este corpus encontramos obras que buscan un público específico, inteligente, exigente, crítico,  con sus preocupaciones, dudas, temores y sueños. Como señalaba C. S. Lewis:

La tercera manera de escribir para niños, la única que yo soy capaz de cultivar, consiste en escribir un relato infantil porque un relato infantil es la forma artística que mejor se adecua a lo que tienes que decir, de igual modo que un compositor escribe una marcha fúnebre no porque haya ningún funeral público a la vista sino porque se la han ocurrido ciertas ideas musicales que encajan mejor en ese tipo de composición. Este método puede aplicarse a otros tipos de literatura infantil y no sólo a los cuentos. (64-64)

Para el público infantil se escriben buenas o malas obras, dependiendo de la capacidad artística del autor quien debería tener un compromiso fundamental con su oficio o vocación.

La LIJ ha ido sufriendo transformaciones muy importantes, cuando terminó la Segunda Guerra Mundial se perfilaron dos grandes vías, por un lado la que conducía hacia la crítica del belicismo y del sistema autoritario que imponía sus ideas imperialista y colonialistas a la población infantil, movimiento neorrealista que produjo una verdadera revolución en los tópicos y los tratamientos de los textos. Dentro de esta corriente, también se ubicaban aquellos que pugnaban por despertar la conciencia de sus lectores, para evitar que se repitieran las situaciones desastrosas que habían afectado al mundo y favorecer una mejor comprensión de la naturaleza humana. Por otro lado, y de un ferviente deseo de formar o educar para la paz, surgió el neorromanticismo, los autores resaltaban en las tramas los valores humanos que favorecían convivencias pacíficas y enriquecedoras, sin ocultar los problemas de la existencia y de la vida social.

Estos dos movimientos los podemos ubicar perfectamente dentro de la posmodernidad heterogénea y compleja, posmodernidad que alberga en su diversidad la subversión frente a la noción idílica de la infancia: la imagen cándida, inocente, angelical y utópica se transforma. No existe “el niño o la niña” como modelo absoluto sobre el que tejer los sueños utópicos de los adultos o su nostalgia del Paraíso; existen niños y niñas de variadas regiones, edades, culturas, con diferentes capacidades, intereses y competencias lectoras. Todos y todas son receptores que participan en la co-creación artística y en la comprensión del mundo que la obra despliega.

Ciertamente, uno de los recursos subversivos que caracteriza a la LIJ en la actualidad es el humor irreverente que pone en tensión al receptor porque carcome las nociones establecidas, parodia las viejas historias, los discursos y las situaciones autoritarias. Estrategia y poética que desestabiliza los presupuestos existentes al jugar con la seriedad, como en Cuentos en verso para niños perversos de Roald Dahl.

Aunque existen otros significados del término, al hablar del humor nos referimos a esa habilidad humana que nos permite percibir y comprender lo gracioso o cómico, la ruptura de la lógica que deriva en un elemento absurdo.

Frente  a la formalidad, el estrés y el enojo, la risa se desencadena como un collar sonoro que contagia a los escuchas y los convierte en cómplices. Entramos en un “espacio finito de significación” (Berger), un tiempo fuera del tiempo cotidiano, una pequeña fuga de la realidad que distiende los músculos, libera la tensión y explota enérgica o silenciosamente, pero explota como un cohete que anima el lugar de nuevos significados. El humor nos aleja de la seriedad de la vida, por un momento, por un instante sólo jugamos y recobramos la alegría.

El sentido del humor es inherente a todas las personas, no obstante, hay quienes no lo desarrollan, no son capaces de atrapar los guiños cómicos que les rodean, esos juegos sorpresivos de la existencia que mueven a la sonrisa o a la carcajada. De hecho, podemos ser víctimas del humor sin darnos cuenta, porque lo cómico puede surgir libremente sin que se le convoque, los demás pueden percibirlo y nosotros no, lo que puede provocar situaciones difíciles e irónicas.

Reír es un arte aprendido, debemos ayudar a los individuos desde pequeños para que sean capaces de encontrar en la vida lo festivo, lo hilarante, para que vean las cosas con una nueva mirada que los haga críticos, les permita dudar y buscar nuevas respuestas.

El humor en la literatura es un constructo, producto del esfuerzo del escritor y, por lo tanto, es una poética, una forma del discurso, una manera de decir que puede emplear muchos recursos literarios como el juego de palabras cuando apela a los variados sentidos de los términos empleados; la ironía, cuando lo que se dice explícitamente apunta hacia otro significado oculto cargado de comicidad; el sarcasmo, cuando hay una burla cruel; la sátira, cuando se critica duramente a la sociedad; la hipérbole, cuando existe una exageración de los elementos que puede llevar a la caricatura o a lo grotesco; la parodia, cuando nos burlamos de un discurso al repetirlo o citarlo; etcétera.

El texto humorístico apela al “homo ridens” que somos todos nosotros y confía en nuestra decodificación, pues sin la participación activa del lector es imposible que la risa surja, el humor está en potencia pero no se vuelve acto sin la comprensión del sujeto.

Cada comunidad hablante tiene un código especial de lo cómico, por eso es tan difícil conservar los recursos del humor en una traducción. A veces son elementos del contexto que se cargan del absurdo en nuestra comunidad pero que no podemos compartir con otros grupos sociales. No obstante, también existe un lenguaje universal al que apelan los autores lúdicos.

Existen diferentes tipos de humor en una escala difícil de precisar, pero que están ligados a la intención del humorista, así como a la comprensión del receptor. En primera instancia estaría el producido por el chiste inocente que nace de la ingenuidad o “humor benigno”, como lo llama Berger, cuya “finalidad es generar placer, distensión y buena voluntad. Fortalece el fluir de la vida cotidiana en lugar de alterarlo” (Berger 170); también existe el humor satírico, que ataca las costumbres y hechos sociales así como a los personajes prototípicos que detentan la autoridad adulta; y, en la actualidad, domina lo que conocemos como humor negro, porque pone en tensión la risa y el dolor, se ríe uno de algo que no es alegre, es una experiencia agridulce, extravagante, perturbadora, éste es el humor corrosivo posmoderno que desacredita las certezas, desacraliza los discursos y resta poder a la autoridad.

En todas sus formas, el humor provoca placer en su rebelión contra lo establecido, lo imperativo o demandante y hasta contra la razón:

Un retorno a lo que Freud llama el “viejo hogar” de la infancia, donde los deseos se hacen realidad por arte de magia y donde la mayor parte de la vida se compone de juegos (incluidos los juegos de palabras). Bromear es volver a ser en cierto modo un niño por unos instantes y esto es en sí mismo fuente de placer. (Berger 107).

Los temas del humor en la lij contemporánea también son diversos, están las historias que plantean problemas o situaciones familiares o escolares de la vida cotidiana con un toque cómico que conduce hacia una nueva lectura gozosa, divertida que relativiza las angustias o cuestiones planteadas, como en la saga Una serie de catastróficas desdichas, del autor Lemony Snicket,[1] en donde la orfandad, el abandono, el descuido adulto y la pobreza se enfrentan con un humor negro especialmente bien diseñado para mostrar la decadencia de los adultos y sus instituciones; también aparecen los que construyen mundos en los que la realidad y la fantasía se confunden, como en la saga de Mundodisco del autor australiano Terry Pratchett, parodia burlesca de las obras célebres de alta fantasía escritas por autores como J. R. Tolkien y C. S. Lewis y de los cuentos de hadas más conocidos, y existen los artistas que están abrevando de la tradición, para fijar viejas historias en nuevos formatos o para simular ese tono popular en creaciones personalísimas lúdicas y divertidas, ejercicios lúdicos de remitologización y remitización, de parodia y pastiche, como hace el escritor colombiano Triunfo Arciniegas en su Caperucita Roja y otras historias perversas.

Lo relevante, me parece a mí, es que con este tipo de textos se pule el ingenio, se desarrolla la imaginación y se favorece la criticidad. La risa: “Es un síntoma de alivio, de superación de la tensión o el miedo.” (Berger 95), es el abracadabra de la alegría.

Bibliografía:

Alcántara, José Ramón. Teatralidad y cultura. Hacia una est/ética de la representación. México: UIA, 2002.

Berger, Peter L. Risa redentora: La dimensión cómica de la experiencia humana. Barcelona: Kairós, 1999.

Guerrero Guadarrama, Laura. Posmodernidad en la Literatura Infantil y Juvenil. México: UIA; 2012.

Hinojosa, Francisco. “Las estrategias de subversión en la narrativa infantil contemporánea.”. AlterTexto. Revista del Departamento de Letras. No. 5. Vol. 3, enero-junio,  2005. ISSN 16654862.

Lewis, C. S. De este y otros mundos. Ensayos sobre literatura fantástica. Ed. Walter Hooper. Trad. Amado Diéguez. Barcelona: Alba Editorial, 2004.


[1] Pseudónimo irónico de Daniel Handler, autor norteamericano.