Sobre el Ciber-café-philo y la filosofía de autoayuda

Adrianísima Errevé Dossier, #1 - Filosofía 2.0

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 Esther Charabati, coordinadora del café filosófico más antiguo de la ciudad de México, lo define en su página filosofiacotidiana.com como:

“Un espacio que se construye con las ideas, las opiniones y las dudas de un grupo de personas que se reúnen en un café — lugar público por excelencia— para debatir sobre aquellos temas que consideramos importantes pero que a menudo dejamos pasar porque no tenemos el tiempo —o el foro— para reflexionar sobre ellos. (…) No es una clase de filosofía, sino más bien “filosofía de café”. No es un desfile de personalidades que presente a los grandes pensadores de la historia. La animadora no pretende que los participantes ‘aprenda’, sino que confronten, dialoguen y saquen sus propias conclusiones. Su función es inducir “momentos filosóficos”, es decir, pasar de la opinión al pensamiento, dilucidar juntos conceptos, enfrentar los propios prejuicios. Es una especie de democracia a pequeña escala en la que cada uno intenta aprender de los demás y de las preguntas que las intervenciones de los demás generan.”

Agregar el prefijo ciber al café-philo (nombre original en francés) no fue problema. Como tampoco lo es imaginar lo que implica. La onda del ciber-café-philo está en la ubicuidad, la atemporalidad y sobre todo: la creciente diversidad de quienes atienden al diálogo digamos, eterno, de twitter, facebook, myspace…

En Facebook un thread contiene replies que pueden no ser contestados al instante. La conversación puede seguir y seguir. La réplica no es necesariamente un argumento, puede ser sólo un link. Todos los implicados pueden figurar como “animadores” que “confrontan, dialogan y sacan sus propias conclusiones”. En el stream de Twitter puedo conversar simultáneamente con una bailarina en Bali, un abogado en Sydney, un filósofo en Estambul.

Pero ¿podría estar o no la filosofía ahí? ¿Debería estarlo? ¿Cómo? ¿Quién lo decide? ¿Quién arbitra? ¿Deberíamos asumir simplemente que sigue paseando por la polis con el donaire de costumbre pero esta vez en jeans y camiseta, en el ciberespacio? ¿De qué manera la red social hace que la filosofía sea un detonante de cambio en nuestra vida cada vez más cercano?

El riesgo que filósofos duros verán siempre en emprender un ciber-café-philo, como lo ven aún en el café tradicional es el de llevarse con la filosofía de a piquete de panza; de convertirla en baratos tweets o facebook posts que nos hagan recitadores de frases célebres; que nos den pescados y no nos enseñen a pescar. Al mismo tiempo ¿no se ejerce acaso el olvidado riesgo de ser iconoclasta? ¿de entrar a un terreno donde según puristas y exquisitos se “trivializan” conceptos intocables o dejados cómodamente al relativismo cultural, como el bien, la felicidad, la religión, el so-called free speech?¿De hacer preguntas peligrosas a destinatarios inimaginados? ¿Qué no era ésa nuestra chamba?

Me atrevo a decir que por la intención ulterior, la de ayudar a otro a entender y, con ello, ayudarlo a sonreír, vale la pena explorar las nuevas ágoras y la nueva forma de filosofía que se gesta en ellas.

¿Cuándo fue la última vez que sentimos haber cambiado la vida de alguien con el conocimiento filosófico? y quiero decir, la vida de un no filósofo, -quien principalmente atiende sesiones de filo-café o ciber-filo-café. ¿Cuándo fue la última vez que realmente consolamos a alguien con la sabiduría de centurias que con tanto esfuerzo deshebramos? ¿Cuándo fue la última vez que escuchamos a algún filósofo alentarnos desde el podio público con sus planteamientos? Si así fue ¿lo hemos tachado de sofista; de abaratador de la filosofía; de divulgador?

Cuando era actriz de un grupo de teatro callejero, el director solía recordarnos que nosotros no hacíamos teatro para teatreros: el nuestro era un espectáculo para la gente, no para cumplir con los estándares histriónicos que esperaban los brazos cruzados del gremio. Lo importante estaba no en la perfección de la acrobacia o en la improvisación acertada: se trataba de conmover. Y en este sentido, conmover al experto siempre era una tarea imposible.

Cuando canto y toco el bajo para un auditorio en el que hay músicos, éstos suelen esperar más mis errores, y pasan por alto mi habilidad para tocar a la gente con mi actuación.

Con los filósofos sucede algo similar. Pese a que uno de los conceptos que más manejamos es el de la comprensión, el filosófico es un medio paradójicamente duro con el no-filósofo. ¿Por qué parece que nos empeñamos en ser un grupo que se “auto-consume” (usando ambas acepciones del verbo consumir)? No puedo evitar traer al ruedo por enésima ocasión la pregunta ¿filosofía de quién, por quién y para quién? ¿para todos?

Pues bien, si le creemos a Tom V. Morris (escritor, doctor en Filosofía, autor de Si Aristóteles dirigiera General Motors) la filosofía de las redes sociales, en especial, de Twitter, es de todos y para todos. En su libro llamado de la misma manera, llama a la filosofía de Twitter Twisdom[1] (juego de palabras entre Twitter y Wisdom, sabiduría), definiéndola como el apoyo la inspiración y la motivación que el stream de Twitter ofrece diariamente. No se trata, dice, sólo de celebridades ni de quién atrae el mayor número de followers. Se trata de divertirse y, sobre todo de construir una nueva forma de comunidad. “Si haces las cosas bien”, dice, “estarás ‘rodeado’ de un increíble grupo de personas dispuestas a compartir sus mejores preguntas e ideas sobre la vida.” “Hay consejo, información y ánimo instantáneo al momento en que sumerges la punta de tus pies en este ‘nuevo río’” dice.

Quiero enfocarme en el ánimo, en el consejo, en ese factor “sabiduría” del que habla Morris y que la gente ha buscado en diversas manifestaciones y agrupaciones sociales surgidas en las últimas décadas, en cuyos contenidos y eslóganes se implica a la filosofía pero de forma, digamos, atípica; plebeya o presunta, dirían algunos Me refiero por ejemplo, al servicio de consultoría de Lou Marinoff; a la asociación Nueva Acrópolis, (que se autodefine como “Filosofía en Acción”) o a los Institutos de Logoterapia. Todos demuestran, no sólo que hay un público con hambre de filosofía, sino que hay quienes están aprovechando las armas tecnológicas y mediáticas para hacerla llegar a más personas, pese al temor a la “pérdida de rigor”.

Marinoff, autor de Plato, not Prozac! con su empresa de consultoría filosófica, decidió darle un ámbito distinto a la filosofía con ideas como ésta: “The world is more complex now and that is why philosophers are in more demand. Philosophy doesn’t belong in the classroom anymore. It’s only an historical accident that it got institutionalized. Let’s hope it can go into remission and become useful again.”[2] O “Something as simple as dialogue with another caring individual is a balm in many cases. It isn’t expertise that makes a good counselor…More important is the ability to listen, to empathize, to understand what another person is saying, to offer some new way of looking at it, and to proffer solutions or hope”. [3]

Para el doctor en filosofía por el University College de Londres, cuando el problema del consultante es más bien una situación existencial, una disyuntiva, una crisis de valores o está en juego una decisión ética, no se necesita un psicólogo o un analista, mucho menos un psiquiatra, se necesita un filósofo.

Pero el uso “terapéutico” de la filosofía, como una alternativa a las prácticas tradicionales de la psicología, en particular del psicoanálisis, no fue un invento de Marinoff. José Barrientos en Introducción al asesoramiento y la orientación filosófica encuentra los orígenes de esta práctica a finales de los 60’s en Holanda, donde John Van Veen abrió un espacio para la consulta con incursiones filosóficas.

Por otro lado, en 1981, cerca de Colonia, Alemania, Gerd B. Achenbach abre la primera consulta reconocida oficialmente. Lo que en sus inicios Achenbach llamó Philosophische Praxis und Beratung fue traducido al inglés como Philosophical Counselling and Philosophical Practice.[4]

Actualmente, José Barrientos Rastrojo, (Universidad de Sevilla) autor de Introducción al asesoramiento y la orientación filosófica, dirige un grupo de doctores y licenciados universitarios, según sus propias palabras, “especialistas en orientación racional y mediación que, desde hace una década, investigamos y trabajamos en el campo de la reflexión como medio para el afrontamiento de la conflictividad individual y grupal” para quienes “la filosofía aplicada es una profesión cuyo objetivo es la analítica de los conflictos y de las cuestiones existenciales de la vida cotidiana. Las personas que acuden a ella acostumbran a obtener una vida más profunda, con más sentido y con mayores niveles de bienestar.” “Trabajamos” dicen “con personas con conflictos y con grupos que desean profundizar sobre los contenidos de su vida. Nuestro quehacer desarrolla herramientas de pensamiento crítico, analítica conceptual, experiencias vitales.”[5]

Por otro lado, Shlomit C.Schuster[6], autora de Philosophy Practice: An Alternative to Counseling and Psychotherapy, enumera en un texto traducido por el mismo Barrientos, los “road signs” (o señalamientos) para los filósofos que quieran seguir a Achenbach en su objetivo de dar a la gente consejos responsables que les ayuden a encontrar el significado o solución a una situación problemática.

1)    Comunicación sincera entre el orientador filosófico y el visitante, basado en un procedimiento “beyond-method” según el cual no hay un método sino una conversación indeterminada y abierta (open-ended)

2)    La importancia del diálogo como aquello que mana y fluye del ser

3)    “Auslegen” en la que el orientador se convierte en uno con el problema sin imponer su propia comprensión, sino dando al visitante un impulso fresco, para que se lo explique por sí mismo

4)    El componente renovador del diálogo, el elemento “milagroso” en la orientación filosófica, que no permitirá puntos de vista permanentes, actitudes estándares o soluciones fijas…

Tras el éxito inicial de su práctica, Achenbach fundó una sociedad para la práctica filosófica en 1982, difundida por prensa, radio y televisión, y fue tan exitosa en Alemania que otros filósofos abrieron oficinas en Canadá, Holanda, Noruega, Austria, Suiza, Estados Unidos, Japón, Sudáfrica, Dinamarca, Hong Kong, España, Italia, Finlandia e Israel.

Justamente en Israel, en 1989, la misma Schuster creó, basándose en el servicio caritativo de un grupo llamado “Los samaritanos”, un servicio telefónico de “Primeros auxilios filosóficos” o de “Orientación filosófica para problemas existenciales y dilemas éticos”, esfuerzo al que incluso se unió el International Herald Tribune (edición israelí) y el Jerusalem Post. Schuster basaba el servicio, según sus propias palabras, en la simple promoción de la amistad (filo), a través de la cual compartía sabiduría (sofía).

Schuster también expone en el mismo artículo, la experiencia del filósofo francés Marc Sautet, quien empezó lo considerado el Café-Philo o el movimiento de cafés filosóficos abriendo el “Cabinet de Philosophie” en 1992, partiendo de la práctica de Achenbach.

El primer café filosófico apareció en París, en el Café de Phares y de hecho fundó la “Association Les Amis du Cabinet de Philosophie” y la publicación de la asociación, llamada Philos.

Sautet murió inesperadamente en 1998 a los 51 años, pero sus sencillas guías para un café filosófico permanecen y no se alejan de lo que podemos hacer en clase:

1)      El filósofo pregunta a los visitantes del café qué temas les gustaría discutir

2)      El grupo elige uno de los temas

3)      El filósofo contribuye a la discusión preguntando o dando una interpretación filosófica; esencialmente su tarea es facilitar el diálogo.

En México contamos con el “servicio filosófico” de algo llamado Nueva Acrópolis (www.acropolis.org), asociación cultural fundada en 1957 por el argentino Jorge Ángel Livraga, autodefinida como “School of philosophy in the classical tradition”, con filiales en todo el mundo y cuyos propósitos son: 1. El Hombre auténtico; 2. La renovación del hombre y el 3. Renacimiento cultural. Como sus principios la asociación puntualiza: 1. La fraternidad entre todos los hombres; 2. La convivencia entre culturas y 3. El desarrollo de la capacidad del individuo.

Llama la atención que la organización “entrena” a sus conferenciantes con un programa propio, enfocado en el desarrollo humano, pero que NO se limita a “emplear” a filósofos “profesionales”. Entre quienes imparten los cursos hay ingenieros, psicólogos, pintores…contadores. Incluso cuenta con resoluciones internacionales entre cuyos temas están el Declarar la guerra al miedo (1993), Ayuda Social Educativa y Ecológica (1994), Pensar globalmente, pero actuar localmente (2006) o El conocimiento filosófico ante la crisis mundial (2009)…

Pues bien, ¿muere el no-filósofo por filosofía, tanto que la busca en donde puede o cree verla mientras ésta lo mira con el remedio en la mano, haciendo diagnósticos? El síndrome del Caldo de Pollo -como le llamo por practicidad- es un asunto al que la filosofía debería atender. Por sí mismo, sí. Pero más allá, por lo que lo origina: una desolación inédita, rasgo innegable del espíritu actual.

¿Por qué cuando quieren “sanar su espíritu” aunque sea un poquito, algunos deciden comprar Caldo de Pollo para el Alma y no Ser y Tiempo? Podríamos contestar fácilmente y decir “porque lo quieren fácil”. Pero… si me compro un iPod quiero que toque música, no abrirlo para ver cómo funcionan los circuitos que hacen eso posible. Sin llegar al extremo de la prescripción de píldoras filosóficas ¿podrá hacerse de la filosofía un caldo de pollo que todos puedan consumir sin que caiga “pesado”? ¿Es el futuro de la filosofía hacer competencia a los caldos del mundo via Twitter en 140 caracteres o menos?

En Filosofar desde Nuestra América, Horacio Cerutti asegura que la universidad es “la trinchera que nuestra cultura nos ha asignado a los filósofos y allí hemos de estar empuñando nuestras armas”…Pero cuando pienso en la empresa transformadora de la realidad sigo preguntándome qué tan aspiracional es la actividad transformadora del filósofo. En otras palabras ¿sólo puede aspirar a influenciar al político, al ciudadano, al activista… al guerrillero? ¿Cómo distinguir su actividad de la de otros humanistas, quienes quizá no pueden ni “deberían” hacer lo que los filósofos… ¡pero que lo están haciendo!?¿Cómo no perder el rigor de la filosofía cubicular si la realidad pide al filósofo no solo serlo sino además tomar decisiones que se ayuden de y ayuden a todos (y no sólo a la causa propia)? Ser filósofo no como vigía, doctor de la realidad o rey de los científicos (términos de Cerutti), sino como legislador (por mucho que esté degradado el oficio), activista, periodista, literato, bloggero… ¿tuitero? ¿Cómo hacer de la filosofía objeto de divulgación sin que se le califique de ligera? ¿Cómo convencer al filósofo ortodoxo, que abraza su jerga o que se resiste a abrir una cuenta en facebook de que la realidad actual exige la necesidad de una filosofía que incluso sea… (¡ouch!) “vendible” en el sentido de abrazable. Retuiteable. Siempre se puede intentar decir algo de manera más bella o esperanzadora.

Según Richard Rorty la literatura es más importante que la dedicación a la filosofía “en un aspecto muy concreto, es decir, cuando se trata de conseguir un progreso moral. La literatura contribuye a la ampliación de la capacidad de imaginación moral, porque nos hace más sensibles en la medida en que profundiza nuestra comprensión de las diferencias entre las personas y de la diversidad de sus necesidades” [7].

Incluso coloca a poetas y novelistas al lado de los ingenieros y técnicos por lograr ambos cumplir la máxima de la mayor felicidad para el mayor número de personas, señalando a los primeros como quienes nos harían más amables y tolerantes. Dando crédito a Rorty ¿no sería deseable tener lo mejor de ambos mundos? ¿no existe ya la twiteratura? ¿no habría de buscar la filosofía un estilo que, no sólo amigable y deleitoso, nos haga mejores personas? ¿lograr ser considerados tajantes contribuyentes a la causa de un mundo mejor?

Es importante llamar la atención sobre un fenómeno: facebook, twitter, no son sino lo que construimos. No podemos esperar un resultado distinto de ellos si nuestro comportamiento y nuestras relaciones en ellos no cambian. ¿Qué quiero decir? Como se señala en Facebook and Philosophy, what’s on your mind?[8] la comunidad que formamos ahí es intencional. A ello se refería también Tom Morris con “si haces las cosas bien” (es decir, si eliges bien a quienes agregas o sigues). El asunto es que habrás de arriesgarte a seguir o agregar a gente con la que quizá no te relacionarías fuera del ciberespacio, o de lo contrario te arriesgarás a la falta de difusión de tu mensaje mediante personajes inimaginados o la falta de un real cuestionamiento de tus ideas por parte de quienes piensan distinto a ti. ¿Un filósofo con sólo amigos humanistas en su facebook? Mmmm not good.

La interpretación que hace Alejandro Rossi del mito de la caverna me parece un buen remate para lo anterior.

“…la caverna sería la representación de los mitos protectores, de las creencias compartidas y cohesivas de una comunidad determinada. La caverna nos impone obligaciones en la medida en que es la metáfora de la Polis, de la ciudad, de la sociedad, de una cultura. La caverna es la que daría significado a nuestras vidas individuales a través de la solidaridad con los otros, a través de los mitos fundadores de esa sociedad, a través, repito, de creencias compartidas. Por consiguiente, si esta es nuestra manera de entender la caverna, salir de ella es un proceso complicadísimo y es también una hazaña dolorosa que sólo unos cuantos podrán llevar a cabo, abandonar la caverna supone un enorme esfuerzo. ¿Por qué?”

Continúa Rossi “Porque hay que estar dispuestos a abandonar los nuestros, hay que arriesgarse a ser condenado, a ser acusado de traidor, a renunciar a las posibles recompensas derivadas de nuestra participación en la ciudad.”[9] Habrá que correr el riesgo de abrir nuestro facebook o nuestro twitter, salir de nuestro círculo habitual en busca nuevas formas de postear, de vivir al fin y al cabo.

Que sea o no, la filosofía la suprema guardiana de la vida buena, es quizá un matiz, una tarea que se le da a elección personal. Pero un elemento crucial para la filosofía por perfeccionar y por venir es el ingrediente de responsabilidad social. ¿No es deseable, si bien no politizar la vida de todos, sí ayudar a que el vecino, el amigo, el hermano, sepa que puede discrepar?

Sé que el filósofo no puede asumirse sin más como héroe o gurú del “bien pensar”…empero, confío en que puede alzar la mano y, con ella, la bandera de la ciber-acción y el ciber-diálogo, que más allá de buscar borrar el desprestigio de la “inutilidad”, dé un nuevo significado a la expresión “producción filosófica”.

Así entonces ¿qué haremos terminando este congreso?

Citas bibliográficas

[1] http://trevorweir.com/SocialNetwork/tag/twitter-philosophy/

2 Kuczynski, Alex. “Plato or Prozac?” en The New York Observer. August 4, 1997, p.17. Documento consultado en su versión on line en www.appa.edu Sitio web de la American Philosophical Practitioners Association.

3 Marinoff, Lou. Plato, not Prozac! Applying eternal wisdom to everyday problems. New York, First Quill, 2000, p. 34.

4 Fuente: http://www.uvaq.edu.mx/letere/articulo.php?articulo=28&numletere=79&seccion=12

5 http://www.josebarrientos.net

6 http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/index.html.

7 Rorty, Richard. “Persuadir es bueno” en Filosofía y futuro, Barcelona, Gedisa, 2002.

8 E book. Edited by D.E. Wittkower. Open Court, Chicago, 2010.

9 Rossi, Alejandro. “Conocimiento y creación” en Una visión integradora, Bolívar, Francisco y Rudomín, Pablo, compiladores, Colegio Nacional, México 2001, p. 616.