Ámeme lo permito / será para usted la felicidad más grande: la máquina Picabia

Daniel Escoto #11 - Dispositivos de la mirada, Reseñas

Poemas. (3 volúmenes: 1914-1918, 1919-1920, 1945-1958)

Francis Picabia

Traducción de Tatiana Lipkes

Alias editorial/ www.aliaseditorial.com

México

2011

Estos tres volúmenes encuadernados en papel cartón, bellos y simplísimos en su forma, contienen una selección, intuitivamente traducida por Tatiana Lipkes, de la obra literaria picabiana. Son testimonios del ingenio y la inteligencia, siempre desbordada, del franco-hispano-cubano, protagonista de una de las aventuras intelectuales y sensuales más poderosas del claroscuro siglo en que tuvo por suerte vivir. Francis Picabia es uno de los paradigmas del artista de vanguardia que lo mismo pinta, crea escenografías, escribe, hace crítica, edita revistas u organiza estupendas soirées: una creatividad desaforada que rebasa las formas.

El primero de estos tres libritos contiene los Cincuenta y dos espejos (1914-1917)los Poemas y dibujos de la niña nacida sin madre (1918), El islote de Beauséjour en el cantón de desnudez (1918), El atleta de las pompas fúnebres (1918) y los Comederos platónicos (1918)La imagen de su cubierta tiene un autorretrato de Picabia, que no es más que una especie de rizo sencillo que acaba y termina en dos flechas, una apuntando hacia el cielo, la otra hacia la izquierda, como si obligara a regresar o desleer algo. Los textos corresponden a los años de la Gran Guerra, tiempo de fracturas en el circuito internacional artístico. Ya tenemos ahí a un Picabia que ha comenzado a explorar, desde la primera juventud, con cualquier forma de expresión plástica que se encuentra a su paso: desde cierto tipo de neo-impresionismo ha hecho un tránsito hacia la exploración de los ismos (Fauvismo, futurismo, cubismo, orfismo). Su ruta, si puede definirse así, ha sido la exploración de cómo representar lo abstracto, las formas contenidas en su cabeza. Es ya un Picabia enamorado de Nueva York, la gran moderna, y de la máquina como objeto de finísima abstracción, a menudo erótico. Las páginas de este primer volumen contienen, entre los poemas, los dibujos de las irónicas maquinarias que el artista ve en la vida invisible a su alrededor. Los textos están llenos de imágenes-destellos, hilvanados de manera delirante bajo el impulso de la escritura automática.

El segundo libro reúne Poesía Ron-Ron (1919), Pensamientos sin lenguaje (1919), Único eunuco (1920) y Jesucristo Rastacuero (1920). “ámeme lo permito/ será para usted la felicidad más grande/ ame mis poemas que acarician/ su cuerpo delicioso/ que perfuman su cerebro/ cantando la unión impura/ de las necesidad inútiles”. Así nos invita, en la primera página, el gran sensualista, el Funny Guy anti-todo que siembra terror en el París de Tzara y Breton. La mofa sistemática del espíritu Dada se manifiesta en todo su estruendo: (“DADA es inalcanzable/ como la imperfección./ No hay mujeres bonitas,/ Tampoco hay verdades.” “P.D. A todos los que no se aguantan las ganas de decir que este lenguaje no tiene pensamiento les aconsejo la visita peligrosa al jardín zoológico.”) La conexión con la obra plástica está siempre ahí, y esto incluye la aparición de Udnie:, personaje en su pintura que es a la vez uno de los alias de Picabia, “escribe” el prefacio a Pensamiento sin lenguaje. Para la imagen de portada de este volumen, la editorial Alias ha elegido La santa Virgen realizada por Picabia en 1920: un iracundo chisporroteo de negro sobre la cubierta cartón.

Primer y segundo volúmenes corresponden al esplendor; el tercero –Talasa en el desierto (1945), Exploraciones (1947) y una antología de poemas que llegas hasta 1953– está dedicado la vejez. Encontramos aquí a un Picabia que ya ha explorado a fondo los alcances de su talento en la plástica (con efectos ópticos, en su serie de Espagnoles, en sus sátiras a pinturas clásicas en las pinturas que llamo “Les Monstres”, con el realismo); que ya ha reñido suficiente con sus antiguos colegas dadaístas, y luego con los surrealistas de Breton; que ya ha amado a diversas mujeres y ha llevado una vida estupenda y excesiva rodeado de automóviles y yates; que ha conocido, como todos los demás, las tristezas y decepciones de la Segunda Guerra. En este tercer volumen, cuya imagen de portada es una hélice diseñada en 1917 por Picabia en los años brillantes de su revista 391, somos testigos de un genio astuto que se negaba a desvanecerse, a contraviento de la decrepitud y la enfermedad que al final, como siempre, vencieron.