Arquitectura viva: El Arca rusa de Sokurov

Fernanda Fernández Romero #9 - Arquitectura, Dossier

“Sentía curiosidad de saber cómo era vivir en una obra de arte”
Alexander Sokurov, entrevista con Alexandra Tuchinskayai

Una hora y treinta y nueve minutos de un recorrido cinematográfico por uno de los más grandes museos del mundo. Quizá suene un poco tedioso, algo que podríamos ver en un canal cultural, pero más que un recorrido lo llamaría un viaje; el periplo a través de la historia del arte que registra Alexander Sokurov con su cámara, protagonizado por el Palacio de Invierno, el actual museo Hermitage, nos atrapa en su emocionante historia; un excelente ejemplo de cómo el cine puede explorar el espacio arquitectónico.

Antes de comenzar el análisis del filme, quisiera discurrir sobre la contingente historia del museo, ya que ha tenido varias funciones desde su construcción. Situado a las orillas del río Neva, el Palacio de Invierno fue edificado por el arquitecto ruso, de origen italiano, Francesco Bartolomeo Rastrelli, alrededor de 1730, por comisión de la emperatriz Anna Ioannovna (1693-1740), quien ostentaba un evidente favoritismo por las formas del barroco italianoii, herencia de su tío Pedro el Grande. El complejo estaba planeado para reutilizar edificios preexistentes, como el Palacio del Almirante Apraxin y las mansiones de Pedro I, sin embargo Anna rechazó la idea y encargó una nueva estructura, la cual forma parte de los inmuebles que evidencian el proceso de europeización de Rusia.iii

El punto en el que convergen residencia y galería privada, se puede trazar en 1764 cuando Catalina la Grande compró una enorme colección de arte de grandes maestros de Europa, como Rafael, Van Dyk, Rubens y Rembrandt, entre otros. Durante su reinado, la colección se fue extendiendo con las contribuciones de cada uno de los zares, hasta reunir obra de lo más variada en la que encontramos libros, numismática, escultura, obra gráfica y artes aplicadas.iv Entonces el coleccionismo de arte en Rusia, se convirtió en una política de gobierno que siguieron los sucesores de Catalina, hasta que el 7 de febrero de 1852, el museo abrió sus puertas al público, cambiando por completo el uso del recinto y forma en que ahí habitaba la nobleza, no sin antes haber sufrido un incendio y varias modificaciones arquitectónicas que se generaban de acuerdo a las necesidades del zar en turno.v En 1917, durante la Revolución Rusa, el museo se declara parte del estado y volvió a remodelarse a manos del arquitecto Alexander Sivkov, quien también se encargara de la restauración del edificio después de la Segunda Guerra Mundial, ya que la ciudad se vio terriblemente deteriorada por las bombas.vi

En la actualidad, el Hermitage comprende no sólo el Palacio de Invierno, sino los edificios del Antiguo, Pequeño y Nuevo Hermitage, el palacio Menshikov, el Centro Staraya de Restauración y Almacenaje y el Museo de la Fábrica de Porcelana Imperial, los cuales se fueron agregando con el paso de los años.

Ahora bien, como podemos apreciar, el Hermitage ha sido un depositario de la accidentada historia de Rusia y esto se evidencia en el Arca rusa (2002). El filme recorre las salas del museo, donde se recrean pasajes de la historia imperial rusa desde el siglo XVIII, hasta llegar a su uso actual como museo de bellas artes. A primera vista, podría parecer limitante que un edificio sea el protagonista de una historia, sin embargo, Sokurov trabaja con maestría las características espacio-temporales que comporta la arquitectura, generando sensaciones diversas que maravillan al espectador.

En primer lugar, el manejo temporal revela una paradoja: el tiempo de la técnica constituye una unidad, pues la película está grabada en una sola toma: un plano secuencia de una hora y media; mientras que el tiempo histórico se nos presenta fragmentado: lo mismo podemos pasar de los tenebrosos cuartos que ocultaban los desplantes despóticos de Pedro el Grande, a una y colorida representación teatral en el siglo XIX; o de una junta seria con los directores del museo, a una comida familiar con el zar Alejandro II. 

Para esbozar una respuesta a la pregunta, ¿por qué jugar de esta manera con el tiempo? Es pertinente citar al director: “Veo el Tiempo en su “totalidad” –el tiempo presente. Tengo que estar dentro de él, tengo que ser tan integral como este espacio artístico, tan múltiple e indivisible como este conjunto arquitectónico.”vii Así, los saltos bruscos en el tiempo responderían a una “visión subjetiva de la reconstrucción histórica”viii en la cual, la mirada del propio Sokurov —pues es él quien presta su voz para guiarnos a través del viaje— hace converger en el presente 300 años de grandes sucesos y pequeñas historias que preservan el estatus que detenta el Hermitage como un tesoro, condición que va más allá de las bellas formas barrocas y el esplendor con los que fue edificado este baluarte de la arquitectura rusa, ya que también, es un arca que resguarda otros tesoros: se despliega como una obra de arte que alberga, a su vez, las obras de los grandes maestros del arte occidental. Este desdoblamiento se evidencia formalmente a través de la cámara, pues en su trayectoria, pasa entre los muebles, esculturas y pinturas; se aleja y se acerca a ellas para observarlas de distintas maneras y el resultado es una serie de imágenes que ofrecen un tratamiento “pictórico” de la historia y la historia del arte, siempre enfatizando los elementos arquitectónicos que las resguardan, como el constante encuadre de puertas, ventanas, columnas y techos que contienen este inmenso corpus de obra.

Cuando decimos que estamos frente a un tratamiento “pictórico”, se insinúa inmediatamente el uso de todos los sentidos: el oído, gracias a la intensificación de los sonidos ambientales y la música; la visión, por la variada paleta de colores y las texturas de las obras, las ricas vestiduras de los personajes, los diferentes estilos arquitectónicos que componen las habitaciones del complejo; las sutiles referencias al olor del óleo de las pinturas y los sabores de aquellos festines que se ofrecían en el palacio. Esto, sin duda, nos conduce a una experiencia estética que estimula todos los sentidos, en la que todo parece estar vivo, e incluso sentir que tocamos aquello que encuadra el lente de la cámara.

Algo similar sucede con el espacio. La cámara circula entre los actores que representan los diferentes usos que podía tener el Palacio de Invierno, cuando fungió como residencia real y su uso actual. Nos guía por los jardines, el teatro, las estancias reales, el suntuoso comedor y además, al situarnos en el punto de vista de la cámara, nos da la sensación de participar en los bailes, banquetes y desfiles, de ser los visitantes que contemplan las obras de arte, gracias al incesante movimiento a través de las estancias y sus habitantes. Me parece pertinente notar que lo anterior delimita los movimientos de la toma, algunos de los gestos corporales de los actores y las condiciones de luz y color, de la misma manera que un usuario se vería constreñido por el lugar que habita. Creo firmemente que esto no significa un desacierto, por el contario, nos hace ver las limitaciones o libertades que el hombre enfrenta al interactuar con la arquitectura, y sobretodo la multiplicidad de usos y afecciones que un espacio puede generar en su usuario.

Diane Arnaud, experta en el cine de Sokurov, nos dice que sus películas primero tienen la consigna de hacer sentir y después, de dar a conocer.ix Si bien podría ser cierto para el resto de las películas, me inclino a pensar que en el caso del Arca rusa, el proceso cognitivo jamás se ve separado del afectivo, pues los estímulos sensoriales, el recorrido histórico y la reflexión se llevan a cabo al mismo tiempo para construir la experiencia estética. Por lo tanto, el papel de la arquitectura en este filme puede entenderse como un “espacio transicional”1, aquél que convierte los “edificios y lugares públicos en eventos que traen a la memoria la historia que ha moldeado esos espacios y que continúan modelándolos en el presente”.2 Así el museo —y en general cualquier edificio— lejos de ser un “inmueble” anquilosado en el tiempo, puede ser un excitante transporte a la historia, al arte y a la vida cotidiana.

Ya el mismo Sokurov lo anuncia con sus propias palabras: “la historia es un espacio temporal unificado” en la que cada una de sus épocas “jamás cesa [y] nunca desaparecen completamente”. Al mostrarnos estas constantes y diversas funciones arquitectónicas, que se transforman en tanto objetos históricos —un museo, donde se produce conocimiento y se aprende; una sala de juntas donde se discute; un jardín donde se reposa y juega; un salón de baile; un comedor, donde se han celebrado deliciosos festines; un semillero de reyes, nobles e intelectuales que han gobernado y dirigido la historia de una nación— Sokurov hace latir el museo Hermitage a través del cine.

Bibliografía

Ellsworth, Elizabeth Ann. Places of learning :media, architecture, pedagogy, Nueva York: Routledge Falmer, 2005, p. 67.
Voyce, Arthur. Russian architecture: trends in nationalism and modernism , Nueva York: Greenwood, 1948, p. 11-14.
Recursos elctrónicos:
http://hermitagemuseum.org/
http://www.sokurov.spb.ru/island_en/mnp.html
http://www.dailymotion.com/video/xfhkmj_cours-de-cinema-l-arche-russe-d-alexandre-sokourov_shortfilms
Ficha técnica de la película:
El arca rusa
Año: 2002
Duración: 99 min.
Formato: 35 mm, color, Dolby; Video Digital, 16:9, Dolby
Producción: The State Hermitage Museum, Hermitage Bridge Studio, Egoli Tossell Film AG production, Ministry of Culture of the Russian Federation, Fora–Film M, Celluloid Dreams.
Guión: Anatoly Nikiforov, Alexander Sokurov.
Fotografía: Tilman Büttner
Vestuario: Lidiya Kryukova, Tamara Seferyan, Maria Grishanova
Imagen digital: Sergey Ivanov
Compositor: Sergey Yevtushenko
Música: M. Glinka, P. Chaikovsky, G. Persella, G. Teleman.
Reparto: Sergei Dreiden, Maria Kuznetsova, Mikhail Piotrovsky, David Giorgobiani, Alexander Chaban, Lev Yeliseyev, Oleg Khmelnitsky, Alla Osipenko, Leonid Mozgovoy, Artem Strelnikov, Tamara Kurenkova, Maxim Sergeyev, Natalia Nikulenko, Yelena Rufanova, Yelena Spiridonova, Konstantin Anisimov, Alexey Barabash, Ilya Shakunov.
1 Ellsworth, Elizabeth Ann. Places of learning :media, architecture, pedagogy, Nueva York: Routledge Falmer, 2005, p. 67.
2 Idem.
i Entrevista de Alexandra Tuchinskaya a Alexander Sokurov, traducida por Anna Shoulgat, 2002. http://www.sokurov.spb.ru/island_en/feature_films/russkyi_kovcheg/mnp_ark.html, consultada el 08/11/2011.
ii Voyce, Arthur. Russian architecture :trends in nationalism and modernism , Nueva York: Greenwood, 1948, p. 11-14.
iii Ibid, p. 15.
iv http://www.hermitagemuseum.org/html_En/05/hm5_7.html
v http://www.hermitagemuseum.org/html_En/05/hm5_7_2.html
vi http://www.hermitagemuseum.org/html_En/05/hm5_7_5.html
vii Tuchinskaya, Op. cit.
viii Cfr. Arnaud, Diane. L’Arche russe d’Alexandre Sokourov, conferencia impartida en las conferencias de estudios cinematográficos de la Sorbona, París 7, 2010. Sitio de Internet: http://www.dailymotion.com/video/xfhkmj_cours-de-cinema-l-arche-russe-d-alexandre-sokourov_shortfilms, consultada el 03/11/2011.
ix Idem.