Cultura y democracia en los editoriales de Puro Cuento, una revista de posdictadura argentina

Ulises Valderrama Abad #41 - Hojear el siglo XX, #41 - Artículos

Resumen

En este trabajo se realiza un análisis de los editoriales de la revista argentina de posdictadura Puro Cuento, escritos por su editor, Mempo Giardinelli, entre 1986 y 1992. Desde este espacio de opinión se buscaba fomentar la lectura y la escritura literaria, además de reflexionar sobre la situación política, económica y social del país, ejerciendo un papel crítico hacia cualquier forma de totalitarismo, ambas cosas como parte de un proyecto de nación en el que la cultura y la democracia formaban parte un círculo de retroalimentación constante. También desde estas páginas pretendieron descentralizar la escena literaria argentina, primordialmente porteña y masculina, dándole apoyo a la cuentística escrita por niños, jóvenes, mujeres y autores del interior del país. Al estudiar los editoriales de Puro Cuento también es posible estudiar la historia reciente de Argentina.

Palabras clave: Giardinelli, Puro Cuento, literatura, crítica, posdictadura, Argentina.

 

Abstract

In this research, we study the editorials of the post-dictatorship Argentinian magazine Puro Cuento, written by its editor Mempo Giardinelli between 1986 and 1992. From this space of opinion, the magazine tried to promote reading projects and literary writing, as well as a critical perspective towards the political, economical and social context in Argentina, whilst, rejecting any form of totalitarianism; both things as part of a nation´s project in which culture and democracy were part of a constant feedback. Also, from these pages they try to decentralize the Argentinian literary scene centered in Buenos Aires and written by men, giving support to the tales written by children, young people, women and authors from the interior of the country. By taking a close look to Puro Cuento editorials, it is possible to study the recent history of Argentina as well.

Key words: Giardinelli, Puro Cuento, literature, critique, postdictatorship, Argentina.

Mempo Giardinelli

 

“Vivimos en este país surrealista en el que Franz Kafka,

de haber nacido argentino, hubiese sido un escritor costumbrista”

Mempo Giardinelli

 

 

Durante la última dictadura militar argentina (1976-1983), las políticas culturales tendieron a debilitar a toda institución o persona que actuara fuera de la línea gubernamental impuesta. En consecuencia, el mercado editorial argentino, uno de los más productivos de América Latina, perdió gran fuerza en este periodo en el que se eliminaron los apoyos económicos y se abrieron las fronteras a las importaciones de libros y revistas. Además, se llevaron a cabo actos atroces contra la cultura literaria, no sólo la censura y la prohibición de ciertos títulos considerados subversivos, sino sucesos que demostraban en su dimensión real la etapa de oscurantismo que se vivía. Uno de estos episodios, perfectamente documentado, fue la quema de libros realizada en la ciudad de Sarandí, en la provincia de Buenos Aires, el 26 de junio de 1980, en la que se estima que se destruyeron cerca de 24 toneladas de títulos de la editorial Centro Editor de América Latina (contabilizados así, por peso y no por número).

Es importante señalar que, en otra quema similar, se encontraba el tiraje completo de la primera novela de Mempo Giardinelli, quien sería posteriormente editor de la revista Puro Cuento (1986-1992), de la cual nos ocuparemos en estas páginas. Su obra se titulaba Los libros fueron decomisados antes de salir al mercado y destruidos cuando el autor había partido a su exilio en la Ciudad de México, lugar en el que pudo publicarla nuevamente años después (1983); la novela no volvió a ver la luz en una edición argentina sino hasta el año 2014. Acerca de tan atroces sucesos, el autor alguna vez diría: “el fuego destruye todo, libros incluidos, pero nunca puede destruir los sentimientos, el saber y la memoria”.[1]

Este ejemplo resulta de gran importancia para rastrear las bases que fundamentarían a la revista argentina Puro Cuento, un espacio abierto, inclusivo y participativo que a través de sus editoriales mostraría un rechazo permanente contra todo acto de violencia, segregación e idea golpista y antidemocrática. En este trabajo proponemos analizar los editoriales de la revista Puro Cuento, publicación que desde su elección genérica buscaba oponerse a cualquier tipo de totalitarismo, apostando por la cultura literaria como un elemento necesario para procurar la pluralidad de pensamiento que sostiene a una democracia. Sólo así se entiende que no haya nada más alejado de los principios de cultura y democracia, apoyados por la revista, que la quema de toneladas de libros en un día “frío y gris”[2] ordenada por una dictadura aplastante.

La revista Puro Cuento apareció por primera vez en la escena cultural argentina en noviembre de 1986 y, tiempo después, se jactaría de haber sido la única publicación bimestral en editarse ininterrumpidamente durante seis años (hasta septiembre de 1992) en los momentos convulsos de la Argentina de posdictadura, logrando alcanzar la admirable cantidad de 36 números en un contexto de democracia tambaleante, crisis hiperinflacionaria y varios rebrotes de violencia política. Su editor fue Mempo Giardinelli, quien tras volver de su exilio, en 1984, invirtió parte de sus ahorros y las regalías por la venta de sus novelas para realizar este proyecto. En uno de los editoriales podemos leer lo siguiente: “Con una ínfima inversión inicial, compré el mínimo papel indispensable, inventé el número uno con cuentos que recordaba […] Sin la más mínima experiencia empresarial, pero con una larga experiencia como editor y hacedor de revistas”.[3]

Podemos conocer la orientación literaria de la publicación por medio de su título: esta pretendía revalorizar un género profundamente arraigado en Argentina y, en general, en toda América Latina. Su precedente directo lo encontramos en la publicación mexicana llamada El Cuento, fundada por Edmundo Valadés y Horacio Quiñones en 1939, en su primera etapa, y que, a partir de la segunda etapa, dirigida únicamente por Valadés, gozaría de una vida longeva al editarse desde 1964 hasta 1999. Pero la influencia no sólo consistía en la elección del género cuentístico, sino que Edmundo Valadés, a quien Giardinelli conoció en su exilio, fue una figura fundamental durante la existencia de Puro Cuento. Esto podemos constatarlo desde el primer número, en donde aparece publicada una entrevista al escritor mexicano y se lo menciona en los datos editoriales como “asesor”, al lado de otras personalidades como Noé Jitrik, Marco Denevi, Horacio Salas y Antonio Skármeta, por mencionar algunos nombres. Y aún en el número final integra la lista de “Consejeros honorarios”, con añadidura de personas como Karl Kohut, Reina Roffé y Raymond L. Williams.

Antonio Skármeta

Los escritores publicados en Puro Cuento fueron de las más variadas nacionalidades y épocas, con preponderancia de autores latinoamericanos (en su mayoría mexicanos, brasileños y chilenos) y, en el ámbito específico de Argentina, de autores provincianos. Además, la revista mantuvo un claro apoyo a la literatura escrita por mujeres, quienes publicaron el 35.9% de los cuentos aparecidos a lo largo de sus seis años, según datos del propio editor;[4] asimismo, dedicaron un par de números a cuentistas mujeres. Entre las autoras y los autores publicados encontramos nombres como: Alejandra Pizarnik, Juan José Saer, Juan Rulfo, Silvina Ocampo, José Emilio Pacheco, Tununa Mercado, Charles Bukowski, Edgar Allan Poe, Margo Glantz, Franz Kafka, Juan Bosch, Antonio Di Benedetto, Ana María Shúa, Edmundo Paz Soldán, Nélida Piñón, Virgilio Piñera y un largo etcétera de narradores.

Alejandra Pizarnik

La literatura infantil, realizada para y por niños, fue otro de los pilares en que se fundamentó su proyecto cultural. Llegado el momento, comenzaron a editar el suplemento Puro Chico, el cual se incluía engrapado dentro de las páginas centrales de Puro Cuento en tamaño media carta; el proyecto planteaba convertirlo en una revista independiente con el paso del tiempo. Con motivo del primer número de este suplemento, Giardinelli mencionaría en su editorial número 30: “Puro Chico es pequeña todavía. Pero como todos los chicos, crecerá y andará sola. Estamos seguros”.[5] Efectivamente, esta segunda revista creció a tamaño carta en el último número de Puro Cuento (No. 36, septiembre-octubre 1992), sin embargo, nunca llegaría a ser una publicación independiente.

En lo que respecta a su formato, Puro Cuento fue una revista bastante estable, se imprimió en tamaño carta con portadas a dos tintas (en sus primeros números), las cuales fueron incorporando ilustraciones en blanco y negro al paso del tiempo. En su interior se privilegió el espacio para los textos, distribuidos casi siempre en dos, tres y hasta cuatro columnas, según las exigencias de los relatos. Frente a la dificultad imperante en Argentina para adquirir bienes culturales, el objetivo de la revista era convertirse en una antología bimestral de cuentos, accesible para todas las personas. De manera que, entre más texto y autores tuviera, más cuentos integrarían la antología.

No obstante, también echaban mano de imágenes para ilustrar los cuentos, realizadas por artistas plásticos invitados o por medio de reproducciones de otros libros y artistas ajenos a la revista, otorgando el respectivo crédito. Pocas veces se recurrió a la fotografía, salvo en la sección de entrevistas a cuentistas con la que abría la revista (después del editorial). A partir del número 16 (mayo-junio 1989) la sección se acompañó de un retrato fotográfico de la o el entrevistado; antes de ese número los retratos eran dibujos hechos a mano.

En cuanto a los editoriales, éstos aparecieron publicados al reverso de la portada durante los primeros dieciséis números, junto con los datos de la edición y el sumario de contenidos. Todos ellos fueron escritos por Mempo Giardinelli y, según necesitaran mayor o menor espacio, el puntaje de la letra aumentaba/disminuía o se partía el texto, también aquí, en dos, tres y hasta cuatro columnas, desplazando los datos editoriales a las últimas hojas. Probablemente buscando un mejor financiamiento, a partir del número 17 (julio-agosto 1989), el reverso de la portada se utilizó como espacio publicitario para promover concursos de cuento, libros y algunas marcas de productos comerciales, lo cual desplazó los editoriales a la primera página.

Silvina Ocampo

Pastora Moreno Espinosa,[6] estudiosa del periodismo, ubica el editorial dentro de los géneros de opinión que pueden integrar una publicación periódica, al lado del artículo, la columna y la crítica.[7] En el caso que nos ocupa, este espacio de opinión cumplió dos propósitos principales: el primero, dar cuenta de la propia revista, haciendo un resumen general del contenido literario o informando sobre la salud de Puro Cuento, la cual pocas veces era estable; el segundo, y casi siempre el principal, hacer un balance de los sucesos políticos, económicos y culturales del país, como una forma de romper el silencio que se había tenido que guardar durante la dictadura. Desde aquí, se lograron impulsar propuestas culturales de acción contra los problemas nacionales; algunas de ellas consistían en organizar concursos de cuento, jornadas de literatura de mujeres y campañas de promoción de la lectura. La relación de los editoriales con los acontecimientos que se sucedían vertiginosamente en el país era bastante estrecha, por ello, al estudiar este espacio de opinión también es posible estudiar, en gran medida, la historia reciente de Argentina.

En julio de 1986, apenas unos meses antes de la aparición de Puro Cuento, surgió otra publicación cultural que marcaría a varias generaciones de escritores y lectores argentinos: el Diario de Poesía (1986-2011), dirigido por Daniel Samoilovich. Esta revista irrumpía en la conservadora escena cultural bonaerense de la posdictadura con el grito incendiario “¡Basta ya de prosa!” y se encargaría de tender fuertes vínculos entre sus páginas, principalmente, con las artes visuales. Según la opinión de Silvina Friera, este proyecto de poesía serviría: “para desmontar, de a poco, ese ambiente de desesperanza y desmoralización que prevalecía entre los poetas”.[8] Si bien el Diario de poesía tuvo una vida más larga que Puro Cuento, ambas publicaciones se acompañaron de cerca y lidiaron con situaciones muy similares durante finales de la década de 1980 y principios de los 90. Podríamos decir que Puro Cuento también irrumpió en su época con una clara postura en contra del género preponderante en el que se había convertido la novela a lo largo y ancho de América Latina. En su título encontramos la consigna que guiaría a este proyecto: ¡Puro Cuento!, por no hacer la tentadora calca directa del Diario de Poesía y gritar ¡Basta ya de novela!

Diario de poesía: D. G. Helder, Martín Prieto, Samoilovich, Hugo Padeletti, Renzi, Fondebrider y Ricardo Ibarlucía

Si observamos detenidamente el complicado panorama general de la posdictadura argentina, podemos señalar que las dos publicaciones en realidad se oponían a toda forma de hegemonía: ya fuera cultural, como la prosa o la novela; represiva, como la censura y el silencio; o política, como la propia dictadura. En el caso de Puro Cuento, este rechazo se expresa desde su primer editorial en la que menciona las cosas que no está dispuesta a hacer con tal de sobrevivir: “Proponemos una revista [que] no consagrará ni condenará autores; que no propondrá ideologías ni practicará censura; que no impone ni acepta dogmas; y cuyo único principio ideológico es que jamás publicaremos cuentos racistas, ofensivos a minorías o que puedan tener, aun sutilmente, ideas golpistas y antidemocráticas”.[9]

La pregunta central que surge es: ¿por qué elegir el cuento como bastión de lucha, siendo el propio Giardinelli más conocido por sus novelas que por sus cuentos? El objetivo de Puro Cuento iba más allá de ser una revista desechable, como ya hemos señalado antes; su pretensión al ser puesta en circulación era convertirse en una antología que perdurara en los hogares argentinos. Desde sus páginas se buscó impulsar la escritura, pero principalmente el hábito de la lectura como parte fundamental de un proyecto de país en el que la democracia y la cultura formaran un circulo de retroalimentación constante. Entre más escritores hubiera, más y mejores cuentos se producirían; a mayor cantidad de cuentos y plataformas de difusión como la misma revista, se podría promover ampliamente el hábito de la lectura; entre más personas leyeran, se fomentaba mayor capacidad de reflexión y apertura de mente que derivaría en principios como la tolerancia y el respeto hacia los demás y, finalmente, entre más informada estuviera la población, mejor podrían hacer una elección razonada de sus dirigentes por medio del voto democrático. En resumen, a mayor cultura, mejor democracia.

Juan Rulfo

Así lo expresa Giardinelli en unas líneas contundentes anexadas al editorial del número 4 (mayo-junio 1987) en el que muestra su repudio contra el primer intento de levantamiento armado por parte de los militares conocidos como “carapintada”, el cual ocurrió durante la Semana Santa de 1987: “Creemos que la extrema gravedad de lo sucedido hace forzoso reiterar nuestra vocación democrática, antigolpista y antiautoritaria, como venimos sosteniendo desde nuestro primer número. Cultura y democracia, para nosotros, son términos absoluta y estrechamente vinculados. No pueden existir –no son– el uno sin el otro”.[10] En esta lógica de completo apego a la democracia, la forma de sancionar a un mandatario que hiciera mal su trabajo, consistía en retirarle el voto popular de las urnas, no mediante levantamientos armados por parte de la izquierda o la derecha. Y en dado caso de ocurrir estos últimos, los castigos para los responsables debían ceñirse a los marcos jurídicos.

Los carapintada

Esta convicción sería reforzada dos años después en el editorial del número 15 (marzo-abril 1989), cuando a tan sólo cuatro meses de las elecciones de mayo de 1989, se llevaría a cabo el intento de asalto al cuartel militar de La Tablada, en la provincia de Buenos Aires, por parte del grupo guerrillero denominado Movimiento Todos por la Patria. Según la versión más difundida de los hechos, el atentado pretendía evitar un supuesto nuevo alzamiento carapintada que destituiría de su cargo al presidente Raúl Alfonsín. A este incidente se le conocería como el “último acto de la guerrilla setentista”[11] argentina. Frente a tan violento episodio, desde las páginas de Puro Cuento, denunciarían:

Este Editorial se escribe sobre el cierre de esta edición, exactamente un par de días después de que un grupo de delirantes –en este caso de ultraizquierda– pone en extremo peligro a la democracia y a la convivencia, porque al actuar de la manera más cruenta, sanguinaria y brutal dan lugar a una represión cruenta, sanguinaria y brutal […] Nos sentimos en el deber de repudiar toda forma de terrorismo, y esperamos que se aplique todo el peso de la ley, que para eso vivimos, y deseamos seguir viviendo, en un estado de derecho. Una vez más, las circunstancias nos obligan a ocuparnos de lo que –sólo aparentemente– no tiene nada que ver con la literatura.[12]

En esta intentona armada murieron 32 guerrilleros, 9 militares y 2 policías; sin embargo, el editorial pedía para los sobrevivientes un castigo apegado a las leyes constitucionales, no venganzas arbitrarias por parte de los militares como se había hecho años atrás, durante la dictadura, dejando un saldo de 30,000 muertos y desaparecidos.

Los esfuerzos conjuntos de la población tenían que estar enfocados en procurar la estabilidad política del país y en darle continuidad al proceso democrático ejerciendo libremente el derecho al voto en las próximas elecciones de mayo, según rezaba el mismo editorial: “Este es el país que tenemos. Curiosamente, esta democracia ha sido y es nuestro progreso”.[13] No obstante ser una revista literaria, reconocía su obligación ciudadana de reflexionar sobre el tema y denunciar el atentado al cuartel de La Tablada, pues eso también era parte de la cultura. Además, no podía pasar por alto el hecho de que los comicios representaban: “algo tan extraordinario como que los argentinos votaremos por la continuidad constitucional por primera vez desde 1952, y por el cambio de un presidente por otro por primera vez en 61 años”.[14]

Una vez descrito a breves rasgos el contexto político, podemos regresar a la pregunta que nos planteamos acerca de por qué elegir al cuento como eje rector de la revista. Debemos decir que este género, en muchos sentidos, resultaba ser una vía más democrática que las narrativas extensas, pues era posible hacerlo llegar con mayor rapidez al público en un panorama tan conflictivo y cambiante como lo fue el periodo de posdictadura. A falta de garantías que le aseguraran al pueblo argentino la estabilidad económica, política o social, el objetivo apremiante era difundir la lectura y cultivarse. El cuento podía facilitar la realización de estas metas en un menor plazo y de una manera más variada.

Raúl Alfonsín

Así que incluir únicamente cuentos en la publicación (sin reseñas, ni crítica literaria) abonaba al propósito de cultivarse libremente por medio de la lectura de la más diversa cuentística nacional, latinoamericana e internacional, teniendo en consideración también que el formato de la revista y la extensión misma de los cuentos posibilitaba una lectura completa, de principio a fin, en múltiples situaciones: en el transporte público, después del trabajo, a la hora de la comida, entre clases, antes de dormir, en una sala de espera, etc. Esto, por supuesto, sin menospreciar al género, ni insinuar que su lectura y comprensión carezcan de complejidad.

Otro aspecto a tomar en cuenta para comprender el proyecto cultural de Puro Cuento, es la estrategia de distribución elegida, la cual consistía en poner la revista a la venta en la mayor cantidad posible de kioscos de la ciudad[15] y en bibliotecas públicas para ser consultada[16]. Esta maniobra no pretendía negar los espacios tradicionales de comercialización literaria (librerías), sino que buscaba ampliarlos para llegar a una mayor cantidad de personas. Respecto a este punto, Graciela Falbo señala lo siguiente: “Se trata, desde luego, de una intención de instalar la literatura en la cotidianeidad de los lectores, lugar de donde había sido arrancada”.[17] Los lectores “consagrados”, por así decirlo, estaban capacitados para conseguir la revista por varias vías en caso de interesarles. El propósito de venderla en los kioscos era acercarla a los lectores en formación, ellos eran el público a quien iba dirigida.

Los lectores constituían una parte medular de Puro Cuento, su papel no se reducía únicamente a ser los consumidores de la revista, sino que se buscaba que ellos mismos escribieran y publicaran cuentos. Desde el primer editorial se señalaba: “Nuestro compromiso es que ningún cuentista o lector que se dirija a nosotros se quede sin, por lo menos, unas líneas. Entendemos que, sólo así, hacer una revista es hacerla entre todos. Y PURO CUENTO quiere hacerse –en ese sentido– con todos sus lectores. El esfuerzo no es poco ni sencillo: pero con ustedes vamos a poder”.[18] De este modo se abría la puerta para que los lectores también pudieran ser los cuentistas y, ambos, sumarse a la revista. Esto significó, hasta cierto punto, el surgimiento de la participación activa de los lectores de Puro Cuento.

Como resultado de la invitación se creó la sección “Taller abierto”, un espacio para comentar las colaboraciones recibidas y dar algunos consejos de mejora a los escritores novicios; en caso de que sus historias estuvieran bien realizadas, literariamente hablando, se publicaban ahí mismo. Con esta base de nuevos narradores, el movimiento natural fue proponer diversos certámenes de cuento en Argentina, como el Concurso de Cuento Breve, el Concurso Puro Cuento y el Concurso Nacional de Jóvenes Cuentistas. Los textos de los ganadores y las menciones honoríficas también eran reproducidos en la revista. De tal suerte, a lo largo de seis años, muchos de los lectores se convirtieron en cuentistas y, con ello, en una aparte central de la publicación, no sólo hablando en un sentido figurado.

Sin embargo, el principal problema que aquejó a Puro Cuento desde sus inicios, y el que terminaría desgastándola, fue la poca solvencia económica que los acechó permanentemente. Nunca pudieron cumplir su deseo de cubrir los costos de cada edición solamente con la venta de los espacios publicitarios, lo que habría permitido destinar el dinero recaudado por la venta de los ejemplares a financiar proyectos de la Fundación Puro Cuento, creada a principios de 1990. Entre los proyectos se encontraban la edición de libros de cuento, promoción de la lectura, apertura de bibliotecas en las provincias y becas para jóvenes escritores menores de 20 años.

Por otra parte, resulta fundamental analizar los tirajes de Puro Cuento. El primer número (noviembre-diciembre 1986) tuvo una tirada de 5000 ejemplares, algo que nos parece inaudito para una revista independiente de hoy en día. Posteriormente aumentó de forma apresurada en el tercer número (marzo-abril 1987) a los 6000 ejemplares. Ya para el número 5 (julio-agosto 1987) había alcanzado lo que sería su tope máximo de 7000, mismos que se sostendrían durante dos años exactos (número 17, julio-agosto 1989), hasta que debido a la creciente inflación de finales de 1989 y principios de 1990 comenzó a descender poco a poco a los 4000 en el número 22 (mayo-junio 1990). En su última etapa conseguiría recuperarse, contra todo pronóstico, llegando nuevamente a los 6000 ejemplares en el número 36 (septiembre-octubre 1992), el cual sería, sorpresivamente, el último número.

Como puede observarse, el tiraje de la revista osciló entre los 4000 y los 7000 ejemplares a lo largo de su historia, hecho que se relaciona directamente con las condiciones políticas y económicas del país. De la misma manera, los devaneos del precio al público son sorprendentes: entre los primeros y los últimos números, hubo un aumento bruto aproximado de 1600000%, ya que el número 1 empezó costando ₳3 (australes), la desaparecida moneda argentina puesta en circulación en 1985 para mitigar la creciente inflación tras la dictadura, y para el número 30 (septiembre-octubre 1991) costaba ₳50,000. Sin embargo, con la devaluación de 1992 y la sustitución del austral por el peso argentino convertible, Puro Cuento pasó a costar $5 pesos en el número 32 (enero-febrero 1992), precio que se mantuvo constante durante los últimos cuatro números.

 

Número Tiraje Precio Número Tiraje Precio
No. 14, ene-feb 1989 7000 ₳ 35 No. 23, jul-ago 1990 4,000 ₳ 18,000
No. 15, mar/abr 1989 7000 ₳ 50 No. 24, sept-oct 1990 4,000 ₳ 23,000
No. 16, may-jun 1989 7000 ₳ 75 No. 25, nov-dic 1990 S/D S/D
No. 17, jul-ago 1989 7000 ₳ 250 No. 26, ene-feb 1991 4,000 ₳ 30,000
No. 18, sept-oct 1989 6000 ₳ 1,500 No. 27, mar-abr 1991 4,000 ₳ 40,000
No. 19, nov-dic 1989 6000 ₳ 1,700 No. 28, may-jun 1991 4,000 ₳ 40,000
No. 20, ene-feb 1990 6000 ₳ 4,000 No. 29, jul-ago 1991 4,000 ₳ 45,000
No. 21, mar-abr 1990 5000 ₳ 14,000 No. 30, sept-oct 1991 5,000 ₳ 50,000
No. 22, may-jun 1990 4,000 ₳ 18,000 No. 31, nov-dic 1991 5,000 ₳ 50,000
  Tabla 1: Precios y tiraje entre 1989-1991  

 

 

Teniendo una liquidez monetaria escasa, la fidelidad de sus lectores fue crucial durante los dos periodos hiperinflacionarios que se vivieron en Argentina entre los años 1989 y 1990. En estas crisis lo único que los mantuvo a flote fue la venta de la revista en kioscos de la capital y en las librerías del interior de la República. Vale la pena recordar que este proceso inflacionario fue uno de los peores que se han vivido no sólo en Argentina, sino en toda América Latina durante el siglo XX. El académico argentino Marcelo A. Krikorian lo describe del siguiente modo:

Entre 1975 y 1991, nuestro país tuvo una inflación anual de más del 80%. En nueve de esos dieciséis años, los precios al consumidor llegaron a 3 dígitos (más de 100%); mientras que en otros dos años los índices alcanzaron 4 dígitos -en 1989 y 1990- con un 4923% y un 1343% respectivamente. Más allá de que muchos países han experimentado inflaciones altas, ninguno tuvo una serie histórica ininterrumpida durante más de tres lustros con porcentajes de esa magnitud.[19]

Durante la crisis, además de reducir los tirajes, en cada número hubo que ajustar los precios al público de acuerdo a las exigencias de la inflación. Algunos de los incrementos fueron pasmosos, no obstante, la inflación los volvía obsoletos rápidamente dejando sin fondos otra vez a la revista. Entre los números 17 y 18 de Puro Cuento el precio subió de ₳250 a ₳1,500 en sólo dos meses (ver Tabla 1). Y entre los números 20 y 21 hubo un aumento de ₳10,000. Haciendo el análisis general de los años más complicados de la hiperinflación, podemos darnos cuenta que entre el número 14, que abre el año 1989, y el 31, que cierra 1991, hay un aumento bruto de 142857%, al pasar de un costo de ₳35 a ₳50,000.

Justo a la mitad de la vida de Puro Cuento, en el editorial del tercer aniversario (número 18, septiembre-octubre 1989), encontramos plasmado el punto más crítico de este proceso económico, cuando a unas sucintas palabras de festejo se les hace un largo anexo en el que se expresan los problemas por los que está pasando la revista:

La crisis inflacionaria se ensañó con nosotros –como con todo este adolorido país– […] La hiperinflación se comió, en sólo un mes y medio, todas nuestras reservas: agotó nuestro fondo para compra de papel, debilitó todos los créditos que teníamos por cobrar, disminuyó el ingreso real por ventas, miniaturizó las posibilidades de ingresos por publicidad, incrementó de manera despiadada nuestros costos y nos colocó ante la eventualidad de cerrar esta publicación […] Pero, se sabe, las cosas del corazón no siempre se rigen por las reglas de la sensatez. Y esta revista es un puro corazón. Que abrimos hace tres años y que vivió hasta ahora porque ustedes, lectores, hicieron suya la propuesta del comienzo: con ustedes –dijimos– vamos a poder. Y acá estamos. Pudiendo, todavía.[20]

Después de este golpe, Puro Cuento resistió exactamente tres años más. A pesar de que los problemas económicos persistieron, Giardinelli decidió embarcarse en la aventura de editar siete números del suplemento Puro Chico (septiembre-octubre 1991 / septiembre-octubre 1992), lo que el editor llamaría veinticinco años después: “la primera revista de literatura infantil de la Argentina, y probablemente de toda América Latina”.[21]

Sin embargo, como ya hemos mencionado, la dificultad con la que siempre lidió la revista, fue no poder capitalizar el proyecto vendiendo sus espacios publicitarios. En el último número, el editorial explica: “El gran déficit se produce por la falta de avisadores de los llamados grandes […] por alguna razón para nosotros inexplicable se niegan sistemáticamente a avisar en nuestras páginas. Por eso hemos buscado todo tipo de sponsors, casi desesperadamente”.[22] Es así como en los últimos tres números aparece publicado un inusitado anuncio de Coca-Cola a lo largo y ancho de la parte interior de la portada, conviviendo codo a codo con los editoriales de la primera página. Probablemente tuvieron que echar mano de este recurso en un intento “desesperado” por llegar al sexto aniversario y cerrar el ciclo lo más dignamente posible, con el orgullo de haber sido la única revista de posdictadura que salió puntualmente cada dos meses.

Como el condenado a muerte que se pone su mejor atuendo para acudir a la cita final, el último número de Puro Cuento subió su tiraje de 5000 a 6000 ejemplares y cumplió la promesa de hacer crecer el suplemento Puro Chico (número 7) de media carta a tamaño carta, como su hermana mayor.

Las últimas palabras del editorial número 36 (septiembre-octubre 1992) reflejan un sentimiento de abandono por parte de todos aquellos que durante mucho tiempo sostuvieron que la revista era un proyecto indispensable para el país, empero en el momento más crítico la dejaron sola. Así, al lado del anuncio de la refresquera, Mempo Giardinelli se despide:

Disculparán los lectores este tono enojado (que no desea ser quejoso ni lastimero, a no confundirse), pero este editor está muy caliente a la hora de cerrar esta edición especial. Se ha preguntado durante semanas por qué no decir estas cosas, y al cabo ha decidido que si esta revista intentó ser digna durante toda su existencia, justo es que su cierre lo sea más que nunca. Los lectores más fieles compartirán esta convicción. Muchísimas gracias por el acompañamiento de estos seis años.[23]

Inevitablemente han quedado fuera de este trabajo muchos temas y particularidades tratadas en los editoriales. Ampliarlo hacia un análisis de los contenidos publicados revelaría gran cantidad de datos y conexiones importantes para la historia de las revistas culturales en la Argentina de posdictadura, y en América Latina, que por razones de tiempo y espacio queda como un trabajo pendiente.

Baste mencionar lo que probablemente para el editor de la revista haya sido lo más importante: que Puro Cuento fue un proyecto hecho con el corazón, editado con más ímpetu que medios económicos a su alcance: “Si alguien escribe, algún día, la historia de la revista Puro Cuento deberá decir que fue parida con más entusiasmo que dinero”.[24]

Por lo pronto, esta es nuestra aportación para concluir que Puro Cuento logró acercar la lectura a la población argentina por medio de un formato sencillo y directo, con gran cantidad de contenido literario y a través de un género que brindaba múltiples posibilidades de lectura en las más variadas situaciones. En momentos de reformulación, después de un cisma político-cultural como el que representó la dictadura, se trataba de reconfigurar la idea de asiduidad, reconexión con América Latina, y sostener contra viento y marea un espacio de lectura libre, placentera y comprometida. Asimismo, la revista fue un intento por descentralizar la cultura literaria argentina, primordialmente porteña y masculina, publicando entre sus páginas cuentos escritos por niños, jóvenes, mujeres y autores del interior del país. Por su parte, los editoriales se constituyeron como un espacio dedicado no sólo a tratar los temas de la revista en sí y del género cuentístico, sino también como un lugar de rechazo hacia cualquier forma de totalitarismo y de reflexión sobre la situación política, económica y social de la Argentina de posdictadura. Bajo esta lógica, más que nunca, cultura y democracia debían formar partes indisolubles de un mismo proyecto de nación.

 

Bibliografía

  1. Falbo, Graciela, Volver a narrar. Puro Cuento, una revista literaria en la Transición Democrática Argentina (1986-1992) tesis doctoral, Universidad Nacional de La Plata, Buenos Aires, 2010. Fecha de consulta: mayo de 2017 en http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/22730
  2. Friera, Silvina. “Historia de un milagro poético”, en Página 12, (7 de septiembre de 2006). Fecha de consulta: mayo de 2017 en https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-3708-2006-09-07.html
  3. Giardinelli, Mempo. “Veinticuatro toneladas de fuego y memoria” Página 12, (26 de junio de 2013). Fecha de consulta: mayo de 2017 en https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-223045-2013-06-26.html
  4. Giardinelli, Mempo, “El periodismo independiente… ¿Existe?” en Puro Cuento, 12 (septiembre-octubre 1988).
  5. Giardinelli, Mempo, “Índice general de autores” en Puro Cuento, 36 (septiembre-octubre 1992), p. 64.
  6. Giardinelli, Mempo, “Balance de un lustro” en Puro Cuento, 30 (septiembre-octubre 1991).
  7. Giardinelli, Mempo, Editorial, Puro Cuento, 1 (noviembre-diciembre 1986).
  8. Giardinelli, Mempo, Editorial, Puro Cuento, 4 (septiembre-octubre 1991).
  9. Giardinelli, Mempo, “Elogio (a pesar de todo) de la política” en Puro Cuento, 15 (marzo-abril 1989).
  10. Giardinelli, Mempo, “Puro Cuento, Puro Corazón” en Puro Cuento, 18 (septiembre-octubre 1989).
  11. Giardinelli, Mempo, “25 años y un pequeño desahogo” en Página 12 (13 de abril de 2011). Fecha de consulta: mayo de 2017 en https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-166126-2011-04-13.html
  12. Giardinelli, Mempo, “Cumpleaños triste, solitario y final: Hasta aquí llegamos” en Puro Cuento, 36 (septiembre-octubre 1992).
  13. Hilb, Claudia, “La Tablada: el último acto de la guerrilla setentista”, consulta en línea en la página del Centro de Documentación de los Movimientos Armados. Fecha de consulta: mayo de 2017 en http://www.cedema.org/uploads/Hilb.pdf
  14. Krikorian, Marcelo, La hiperinflación de 1989/90. Aportes y reflexiones sobre un episodio que marcó la historia argentina, Universidad Nacional de La Plata, Buenos Aires, 2010. Fecha de consulta: mayo de 2017 en http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/21022
  15. Moreno Espinosa, Pastora. “Los géneros periodísticos informativos en la actualidad internacional” en Ámbitos, 5 (julio-diciembre 2000), pp. 169-190.

 

Notas

[1] Mempo Giardinelli, “Veinticuatro toneladas de fuego y memoria”, ed. cit.
[2] Ídem.
[3] Mempo Giardinelli, Editorial “El periodismo independiente… ¿Existe?”, ed. cit.
[4] Mempo Giardinelli, “Índice general de autores”, ed. cit., p. 64.
[5] Mempo Giardinelli, Editorial “Balance de un lustro”, ed. cit.
[6] Pastora Moreno Espinosa, “Los géneros periodísticos informativos en la actualidad internacional”, ed. cit., pp. 169-190.
[7] El otro bloque en que divide al periodismo son los géneros informativos, integrados por: la noticia, la entrevista, la crónica y el reportaje.
[8] Silvina Friera, “Historia de un milagro poético”, ed. cit.
[9] Mempo Giardinelli, Editorial 1, Puro Cuento, ed. cit.
[10] Los resaltados pertenecen al original. Mempo Giardinelli, Editorial 4, Puro Cuento, ed. cit.
[11] Interpretación hecha por Claudia Hilb. Para mayor información puede consultarse su artículo: Claudia Hilb. “La Tablada: el último acto de la guerrilla setentista”, ed. cit.
[12] Mempo Giardinelli, Editorial “Elogio (a pesar de todo) de la política”, ed. cit.
[13] Ídem.
[14] Ídem.., Recordemos que Argentina tuvo seis golpes de estado durante el siglo XX: 1930, 1943, 1955, 1962, 1966, 1976. Y varios intentos más que fueron contenidos.
[15] Esta estrategia de venta en kioscos también fue compartida con el Diario de Poesía, encontrando otro punto de coincidencia entre ambas publicaciones periódicas.
[16] Para su distribución en el interior del país era más complicado el control de la venta en kioscos, por lo que ésta se hacía en librerías y también se encontraba disponible en muchas bibliotecas públicas. Además, existía la opción de realizar envíos internacionales para los suscriptores extranjeros que lo solicitaran.
[17] Graciela Falbo, Volver a narrar. Puro Cuento, una revista literaria en la Transición Democrática Argentina (1986-1992), ed. cit., p. 67.
[18] Mempo Giardinelli, Editorial 1, Puro Cuento, ed. cit.
[19] Marcelo Krikorian. La hiperinflación de 1989/90, ed. cit., p. 534.
[20] Mempo Giardinelli, Editorial “Puro Cuento, Puro Corazón”, ed. cit.
[21] Mempo Giardinelli, “25 años y un pequeño desahogo”, ed. cit.
[22] Mempo Giardinelli, Editorial “Cumpleaños triste, solitario y final: Hasta aquí llegamos” , ed. cit.
[23] Ídem.
[24] Mempo Giardinelli, “25 años y un pequeño desahogo”, ed. cit.