El arte de olvidar, el Muro Atlántico

Gabriela Álvarez #9 - Arquitectura, Dossier

“En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra.
Fue fusilada. Un siglo después, el rebaño arrepentido
le levanto una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras
eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras
generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran
ejercitarse también en la escultura.”
Augusto Monterroso, La Oveja Negra

De 1939 a 1944 se construyó a lo largo de la costa Europea un extenso sistema de fortificaciones por el gobierno Nazi, previendo una posible invasión de los Aliados. Alrededor de 15,000 edificaciones fueron construidas: bunkers, trincheras, túneles y diversas estructuras defensivas forman parte de uno de los proyectos de ingeniería e infraestructura más ambicioso del siglo XX.

El proyecto original contemplaba un tipo de muralla que fortificaría las costas de Europa, desde Noruega hasta España, para evitar el desembarco de tropas enemigas y la posible entrada de éstas a Alemania. El proyecto era ambicioso y no contaban con suficiente tiempo para fortificar toda la costa. De esta manera el llamado “Muro Atlántico” se compone de diversas edificaciones distribuidas en puntos estratégicos y se apoya en la accidentada topografía de algunas costas. Inicia en la costa norte de Francia, continúa por las Islas del Canal, Bélgica, Holanda, Dinamarca y Noruega, aproximadamente 6,000 kilómetros de costa. Algunos puntos contaron con una mayor fortificación de acuerdo a las suposiciones de por donde atacarían las tropas enemigas o bien fueron claros mensajes políticos para las naciones invadidas, como es el caso de las Islas del Canal, las cuales contaban con poca relevancia estratégica y sin embargo tuvieron una fuerte fortificación. Finalmente el 6 de junio de 1944 los Aliados desembarcaron en la costa de Normandía y penetraron triunfalmente el Muro Atlántico.


Miles de construcciones edificadas con un sentido de resguardo y protección, son testigos de la Segunda Guerra Mundial y del poder alcanzado por el Gobierno Nazi en gran parte de Europa. Constituyen un proyecto de infraestructura único en su tipo, de gran interés arquitectónico, por la complejidad del sistema, así como la búsqueda de una nueva estética de la modernidad y la integración de estas edificaciones al paisaje.

Su valor estético y la aportación en el desarrollo del Movimiento Internacional y el Nuevo Brutalismo, ha sido estudiado por diversos teóricos. Paul Virilio en su libro titulado “Bunker Archeology” habla de la importancia de la guerra como motor del desarrollo tecnológico, así como el poder de la misma para transformar el paisaje humano y los diversos ámbitos de la cultura y la sociedad. La Segunda Guerra Mundial se caracterizó por la aparición del submarino como nueva arma de guerra. Para Virilio el submarino transformó el paisaje en nuevos términos de fortificación.i

Las construcciones del Muro Atlántico responden a una necesidad clara, la protección y el resguardo. Sus llamativas formas son el resultado de crear estructuras mejor fortificadas para el combate. Como Virilio las llama, se convierten en verdaderas “máquinas de sobrevivencia”.

“La “máquina de sobrevivencia” de concreto armado -similar en cercanía al submarino, similar en la masa y artillería a un tanque, como una fortaleza- tomó muchos elementos prestados de estas máquinas. Hidrodinámicos, aerodinámicos, esta interpretación de elementos, entre ellos radicalmente diferentes, constituyen la mayor confusión de lo animado con lo inanimado: la arquitectura aerostática.”ii

Como Beatriz Colomina establece, es la aportación de la modernidad, el desvanecimiento de los límites existentes: de la ciudad, de la tecnología, del espacio privado y público, del interior y el exterior lo que permite este cambio.iii Con la construcción del Muro Atlántico la tecnología de guerra irrumpe de manera franca en el campo arquitectónico.

Construcciones de concreto armado por su alta resistencia, con muros de más de tres metros conforman: bunkers, torres, mirillas, trincheras y más. Con formas que responden a las necesidades de fortificación, se evitan los ángulos rectos, formas orgánicas y redondeadas se utilizan por su menor riesgo estructural y de derribo. Las ventanas corridas, más allá de seguir con una estética Le Corbusiana, son mirillas panorámicas altamente resguardadas. Debemos recordar que la Arquitectura Moderna fue fuertemente rechazada desde 1933 por los Nacionalsocialistas en Alemania, por su calidad cosmopolita y degenerada. Buscaron un estilo apropiado para la “revolución social” de Hitler. En algunas tipologías buscaron un estilo que brindara seguridad psicológica a la población debido a las inquietudes de la guerra.iv

La estética del Muro Atlántico responde a las necesidades de la Guerra, la fortificación de un continente y de una ideología. Transformó el paisaje de la costa Europea interviniendo el paisaje físico de los países invadidos. Una tipología unificada en toda Europa, la identidad territorial de los diferentes países se vio modificada. En algunos casos fueron los prisioneros de guerra la mano de obra de las construcciones. Los diversos fragmentos del Muro unifican un paisaje psíquico de dominación. Cultural y socialmente conforman la memoria de la ocupación Nazi.

Casi setenta años después el Muro Atlántico corre con diferentes destinos. Mientras que en algunos países estas edificaciones se han convertido en puntos de referencia y atractivos turísticos, en Francia son verdaderas ruinas arrojadas al olvido, abandonadas y a punto de hundirse en las arenas del Atlántico. Para los franceses no sólo son un referente de la Segunda Guerra Mundial, son la muestra de la derrota ante los Nazis y muestra de la colaboración con un régimen lleno de violencia. Los bunkers fueron realizados con mano de obra y por empresas francesas, algunas de las cuales se vieron beneficiadas por la colaboración en la construcción del Muro.

Las diferentes reacciones ante estas construcciones son muy variadas en los diferentes sitios, resulta complicado aventurarse a decir qué naciones han aceptado de mejor forma este legado. Lo que es innegable es que son edificaciones que tienen una fuerte reacción ante los habitantes, visitantes y turistas.

Las costas de Normandía cuentan la historia más trágica del Muro Atlántico, ahí se encuentran las ruinas físicas que atestiguan la terrible batalla que se libró el día de la invasión de los Aliados. Muchas fueron destruidas en el ataque y hoy sólo se encuentran grandes monolitos de concreto en la playa. El recuerdo de los sobrevivientes se encuentra presente en la costa: Estados Unidos, Inglaterra y Canadá han llenado los pueblos de placas conmemorativas, cruces, obeliscos y memoriales. Museos de la Segunda Guerra Mundial se encuentran por toda la costa, como “Le Grand Bunker, Atlantikwall The Museum”. El cual recrea a detalle: los dormitorios, la enfermería, el centro de control, la central eléctrica, el centro de observación, entre otras habitaciones, como recuerdo del asalto y el choque de las tropas en el sitio, así como la vida cotidiana de las tropas que habitaban el Muro. Los bunkers se llenan de escenografía: baterías falsas, vestuario, latas de comida, objetos de la tecnología de la época, todo con la finalidad de contar una historia.

Si bien en Alemania el Muro Atlántico parece haber desaparecido de sus costas, existen otros ejemplos igualmente fuertes de la infraestructura de la Segunda Guerra Mundial. Bunkers, campos de concentración o museos como el de la “Topografía del terror” (ruinas de las antiguas oficinas de la GESTAPO y la SS en Berlín) narran escalofriantes momentos de la historia. En estos lugares el objetivo es exhibir la crueldad y terror que se vivió en ellos, para mantener presente los hechos en la memoria y evitar su futura repetición. Sin embargo ¿es la exhibición de estos restos la cura contra el olvido y un remedio contra la repetición?

Actualmente y en conjunto, ruinas, museos o miradores del Muro Atlántico forman parte de la Historia Universal, son los vestigios de una serie de sucesos violentos, referentes del poderío Nazi y el trágico Holocausto Judío. Para Fréderic Migayrou son un lugar de restitución histórica dividida en dos ordenes: 

” La primera es arqueológica: una interminable exhumación de restos, pedazos y piezas oxidadas, torpes fragmentos que en conjunto se convierten en la exposición del museo. El segundo histórico: una corta ficción, accesible a los turistas, es reconstruida sobre lo que debería ser un momento universal. Aparentemente no existe otra elección que la conservación o el monumento.”v

Los diferentes fragmentos forman parte de una memoria pública y colectiva de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo ¿cómo sobrellevar la permanencia de un pasado que quiere ser olvidado? Enmascararlo como monumento/museo o permitir su natural desaparición como ruina hacia el olvido ¿Acaso no son los dos modos una manera de olvidar, de borrar o modificar la memoria de la cuál son huella?

Para los antiguos la memoria forma parte del arte de la retórica, todo buen orador debe dominarla con la finalidad de construir un discurso. Para Quintiliano en la mnemónica, el primer paso es imprimir en la memoria una serie de lugares mnemónicos del tipo arquitectónico.

“A fin de formar en la memoria una serie de lugares, dice, se ha de recordar un edificio, tan espacioso y variado como sea posible, el atrio, la sala de estar, dormitorios y estancias, sin omitir las estatuas y los demás adornos con que estén decorados las habitaciones. A las imágenes por las que el discurso se ha de recordar […] se las coloca dentro de la imaginación en los lugares del edificio que han sido memorizados. “vi

También establece las particularidades que deben contener las imágenes para memorizar los lugares. En la vida cotidiana vemos cosas ordinarias y mezquinas difíciles de recordar, es cuando vemos algo ruin, deshonroso, insólito, increíble o ridículo que nuestra mente se activa y probablemente lo recordaremos por largo tiempo. vii

Las estructuras del Muro Atlántico parecen sacadas de una película de ciencia ficción, edificaciones que se fijan fácilmente en la memoria. Acompañadas del imaginario de la Segunda Guerra Mundial se llenan de imágenes violentas que turban la mente de los visitantes.

En la novela de Lynne Tillman, “Lust for Loss” encontramos el andar del orador de la antigüedad a través del edificio de la memoria. La protagonista de la novela, Madame Realism, viaja a las costas de Normandía para “estar viva en un lugar encantado por la muerte”. Esta novela muestra el turismo y la comercialización de la guerra en contraste con la reacción individual al sitio. La protagonista busca revivir el impacto histórico del sitio, pero en lugar de consultar las guías de turistas, las historias de los veteranos o un tour turístico, camina y “con cada paso descalza sobre la arena…inventa la historia de la batalla.” viii

La potencia del sitio en el imaginario colectivo y en la historia son el referente para mover emociones en los visitantes. Como establece Thomas Keennan:

“El viajero va en busca de su historia, la historia como ruina y sus secuelas. El riesgo y el deseo coinciden: uno busca la inexistencia de lo permanente, de lo que ya no existe pero que no esta totalmente perdido.”ix

El horizonte de las costas de Normandía se inunda con la nostalgia de las ruinas del muro, de la batalla, de lo oculto. Mientras algunos restos son potentes estructuras hincadas en el movimiento del mar y las arenas, otras son escondites perdidos en el paisaje. Pequeñas puertas y mirillas de bunkers y trincheras se muestran como vestigios ocultos, esperando ser recordados, o bien, resignificados.

Estructuras de guerra disfrazadas de museos o trozos rotos, oxidados y olvidados son dos maneras de contar una historia. Son testimonios físicos de una historia que se cuenta en partes, escasas fracciones de la historia de los sobrevivientes: los veteranos, pero también las potentes estructuras del Muro Atlántico. El impacto de éstas sobre el visitante puede ser variado, sin duda la invitación es a recopilar fragmentos y dejar que nuestro deambular por la memoria de estas espectaculares estructuras, construya de manera personal una historia, bien puede ser de guerra, de vida cotidiana, de tecnología, de amor o de ciencia de ficción. Ensayo, cuento, novela, guión o fábula pueden dejar abierto el final a tener o no, una moraleja.

Bibliografía

Colomina Beatriz, Privacy and Publicity. Modern Architecture as Mass Media, London, MIT Press, 1996.
Frampton Kenneth, Historia crítica de la arquitectura moderna, Barcelona, Gustavo Gili, 2002.
Scofidio Ricardo, Diller Elizabeth, Back to the Front: Tourisms of War, Princeton Architectural Press, Nueva York, 1996.
Virilio Paul, Bunker Archeology, Princeton Architectural Press, Nueva York, 2008.
Whiting Sarah, Tactical Histories: Dillier + Scofodios Back to the Front: Tourisms of War, Assemblage, No. 28 (Diciembre, 1995), pp.70-85
Yates Frances, El Arte de la Memoria, Biblioteca de Ensayo Siruela, Madrid, 2005.
i Paul Virilio, Bunker Archeology
ii Virilio, op. cit. p.41
iii Beatriz Colomina, Privacy and Publicity, p.12
iv Keneth Frampton, El tercer Reich 1929-41, pp .217-220
v Fréderic Migayrou, The extended body, p.292
vi Frances Yates, El Arte de la Memoria, p.18
vii Yates, op. cit. p.27
viii Lynne Tillman, Lust for Loss, pp.204-219
ix Thomas Keennan, Live From…, pp.159-160