El cuerpo de Rosa o el sentido trágico de la vida

Carmen Tinajero #41 - Hojear el siglo XX, #41 - Vidas Infames

El viernes desperté muy temprano y las imágenes del hospital empezaron a aparecer en mi mente, Rosa con el cuerpo atado a su gordura se convirtió en un poema triste que se movía como las olas del mar cuando éste mudo, se vuelve ajeno y terrible.

Esta mañana escuché sus gritos que no hacían lazo con nada, como las quejas en un supermercado que van directamente a la basura. Los gritos daban cuenta de esa nada que la habita, de esa madre que la abandonó y la mandó a México con la abuela moribunda, de su casa desaparecida con la inundación; de la ausencia de rostros y de rastros. De la hija que tuvo y no pudo cuidar, del silencio de su maternidad incestuosa, truncada, inexistente.

En el hospital psiquiátrico, Rosa encerrada en su voluminoso cuerpo grita a los pacientes, a las enfermeras, al doctor, a todos, sin esperar respuesta…

Rosa sumida en su invalidez, carga el peso tremendo de su cuerpo eternamente embarazado, con el oprobio del padrastro dentro y con los golpes que marcan su existencia. Rosa, envuelta en la enorme masa de carne que la contiene se hace invisible a la vida y ruidosamente, desaparece.