El pensamiento posmoderno y el papel del arquitecto en el contexto actual: Espacios flexibles para el usuario cambiante.

Leticia Sánchez Vieyra #9 - Arquitectura, Artículos

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Fig. 1 Performance realizado en el museo del Louvre evocando a la búsqueda del ser humano.

Fotografía: Leticia Sánchez Vieyra 2005

La función primordial del arquitecto, es resolver las necesidades de habitabilidad del usuario, entendiéndose como usuario al ser humano con todas sus características y necesidades físicas, psicológicas, espirituales, etc. Debemos comprender que el ser humano es un individuo social, complejo, cuyas relaciones con los otros están en cambio constante. Para formular una solución arquitectónica adecuada, traducida de manera tangible en la obra arquitectónica, debemos tener claro para quién estamos haciendo la arquitectura hoy en día, por lo tanto, es necesario referirnos al momento actual del pensamiento humano y al cambio que se ha dado en las conductas y relaciones sociales. Con las herramientas que dicha exploración nos brinda podemos, como gremio e individuos, aproximarnos a una solución arquitectónica que sea la más adecuada al problema que se plantea.

Desde la perspectiva posmoderna tratamos de ser consientes de que el ser humano no puede ser considerado, como en su momento se hizo en la época moderna, un ser dividido, donde se planteaba una “separación dual cartesiana del alma y el cuerpo”i, con esta separación la postura moderna pretendía simplificar objetos y conceptos, donde todo podía ser considerado de forma racional, ordenada y controlable, con explicaciones y verdades absolutas, que permitían encontrar soluciones totales aplicables a toda la humanidad. De la misma forma, reflejo de su tiempo, se llevó esta práctica a la arquitectura. Construida para el hombre racional, estructurado, que era parte de una sociedad igualmente organizada. La arquitectura se diseñaba para un usuario en el que nada era cambiante, en una acción que en palabras del arquitecto e investigador Italiano Paolo Portoghesi consistía en “…una acción de vinculación sobre los usuarios, considerados como objetos programables…..”ii , es decir, el ser humano debía adaptarse a la arquitectura propuesta, podía ser programado para vivir bajo los estándares y normas que dicha arquitectura implantaba. La arquitectura moderna, como indica su nombre, respondía únicamente a las necesidades de habitabilidad del pensamiento moderno, consistentes en la cualidad de dar techo y cumplir con las funciones físicas básicas del hombre: dormir, comer, bañarse, trabajar, etc. Repetidamente y en diferentes escalas, personal, familiar y social. De esta forma se crearon viviendas, espacios públicos y ciudades, planeadas para el usuario programable donde se olvidó la complejidad que caracteriza la naturaleza humana, su parte espiritual y cualquier otra necesidad más allá de lo estrictamente fisiológico.

Fig. 2 La Villa Savoye de Le Corbusier, es un ejemplo paradigmático de la arquitectura

Racional del movimiento moderno. Fotografía: Leticia Sánchez Vieyra 2005

Al negar una parte esencial en el ser humano se dio, de manera casi instintiva, la transición hacia una forma de pensamiento que podemos considerar más natural o afín a la humanidad en toda su esencia, sin embargo, al producirse el cambio se rompe con las estructuras del pensamiento anterior y como en toda catarsis surge la confusión, vacío y búsqueda, en la cual los seres humanos intentamos llenar el espacio de certezas que deja la época moderna, con la gran diferencia de que el hombre es ahora consciente de la inexistencia de una verdad única, somos conscientes de que todo cambia y de que nada es absoluto, “Es resultado de esta desestructuración de los niveles socioeconómicos y políticos… la fragmentación del individuo, ya que la noción misma de identidad ha cambiado, haciendo que vivamos en una pluralidad de identidades…..”iii.Es este, el ser humano que crea nuevas formas sociales, sabiendo que son resultado del momento actual y que al rechazar y romper con la concepción moderna de la historia, se basan en la única certeza del cambio, motivo por el que trascienden al pensamiento anterior “El propio dinamismo de la nueva sociedad que se origina es el que va transformando y desplazando el clásico orden social y económico, donde las tradiciones vinculantes del pasado pierden su fuerza en la determinación de roles sociales y de la conducta e identidad individual” iv Es esta visión holística, con la aceptación de que el pasado es parte del presente, lo que hace al hombre de la posmodernidad concebirse como el ser integral que es, es éste ser el usuario al que debe estar dirigida la arquitectura actual y es el arquitecto que comprende esta visión quien debe plantear las soluciones espaciales para satisfacer todas las necesidades del usuario, soluciones aptas para el cambio constante. La pregunta reside ahora en ¿cómo hacer este tipo de soluciones?

Si consideramos desde el punto de vista constructivo, la obra arquitectónica tiene intrínseca una parte rígida, la parte estructural, aunque utilice materiales hasta cierto punto flexibles si carece de soporte ninguna obra arquitectónica podría mantenerse en pie, pero esta rigidez de la estructura, no debe impedir que la obra en sí sea flexible. Simplemente debe ser la pauta que delimita su existencia, con esto me refiero a que la estructura no limita la esencia espacial del interior si no forma un todo con él, es más, debe ser una respuesta directa y consecuente. Esto nos deja con el problema del espacio interior, aclaro que al hablar únicamente del interior no estoy olvidando el resto de la obra arquitectónica, si no que lo considero igualmente modificable, pues de acuerdo a lo expuesto anteriormente al ser la obra arquitectónica un todo, cuando hay una modificación en el interior, la modificación es holística. Es en el interior donde el usuario vive, es desde ahí donde debemos generar una solución que se adapte lo mejor posible al cambio constante al que nos enfrentamos diariamente, rompiendo con la concepción de vivienda estereotipada, dando la posibilidad de tener nuevos espacios en todo momento y dando la privacidad que el usuario necesita: flexibilidad espacial.

Para lograr una solución de tipo flexible, no existe una metodología determinada como muchas veces creemos los arquitectos, cada situación es única, cada usuario es único y por lo tanto el proceso de creación de cada obra arquitectónica debe ser diferente y particular, debemos evitar la generalización al pensar que una tipología determinada es la única solución aplicable. Otro punto muy importante es que al buscar soluciones generales sobre cómo debe ser la obra arquitectónica de la época actual, el arquitecto tiende a olvidarse de la parte espiritual del usuario, con esto me refiero a que la obra arquitectónica debe aportar algo más que una simple solución espacial, el arquitecto debe ser capaz de entender la espiritualidad del usuario, haciendo que la arquitectura sea mucho más que un simple contenedor, de esta forma podemos entender la parte artística que se le atribuye a la disciplina y ejercerla como una solución única en cada ocasión, sin presiones de ego o magnanimidad, si no con la certeza de que lo que hagamos será singular e importante en tanto que solucione cada problema que se va planteando, a pesar de la confusión y el cambio constante de la era posmoderna.

Como conclusión me parece pertinente recalcar que la arquitectura actual no es comprensible sin los cambios que ejercen sobre ella los factores externos como el usuario, los cambios en la cultura y los elementos con los que está en contacto y a la vez produce el ser humano. Estos factores modifican la arquitectura mediante cambios en la forma de habitar, su uso y la ocupación permanente de usuarios distintos. Esto coincide con el pensamiento actual y la búsqueda de una arquitectura flexible, que todo el tiempo se está modificando, para llegar a encontrar soluciones para el usuario, que vive en ese cambio constate, pero dando pie a que sea la misma arquitectura mediante la flexibilidad quien modifique, también, la búsqueda del ser humano, el usuario que habita.

Bibliografía

Roa, Armando. Modernidad y Postmodernidad, Chile, Ed. Andrés Bello, 1995 pp.29
Portoghesi, Paolo. Después de la arquitectura moderna, México, Gustavo Gili SA, colección Punto y Línea. 1982. Pp51.
Sosa Sánchez, Roxana Popelka. “La posmodernidad y su reflejo en las artes plásticas”, en Revista Arte, individuo y sociedad. Vol. 21, Madrid, 2009 pp. 90, 97.
i Roa, Armando, Modernidad y Postmodernidad, p.29
ii Portoghesi, Paolo, Después de la arquitectura moderna, p. 51
iii Sosa Sánchez, Roxana Popelka. “La posmodernidad y su reflejo en las artes plásticas”,p. 97
iv ibídem p. 90