Hegel y el escepticismo

Ana María Miranda Mora #10 - Hegel, Dossier

  1. Relación subjetividad-mundo

En el proyecto de Hegel se cruzan los problemas fundamentales de la filosofía del siglo XVIII y XIX, la problemática gnoseológica y la metafísica: la naturaleza de la subjetividad y su relación con la objetividad. La división de la totalidad de lo real en subjetividad y objetividad se plantea como absoluta. Esta oposición empírica donde cada término es en sí mismo lo contrario del otro nos lleva a cuestionarnos su relación, así como su modo de ser propio. Esta relación se ha planteado en la historia de la filosofía de distintas maneras, entre ellas: la distinción entre conciencia y objeto, entre conciencia y realidad, entre conciencia y ser, entre conciencia y mundo, entre Logos y Naturaleza, etc.

Esta separación, que surge con el desarrollo de la auto-conciencia del ser humano acerca de su propio pensamiento, se convierte no sólo en una oposición que se establece como una brecha que no es posible mediar o salvar. Esta separación representa un problema no sólo porque describe una diferenciación sino porque contradice la naturaleza o el propósito de la subjetividad caracterizada como cognoscente. En la Introducción a la Fenomenología del espíritu, Hegel parte de este problema para cuestionar la relación dada en estos términos. La idea de una cosa en sí, fuera de la experiencia, de la racionalidad, será fuertemente cuestionada. El problema radica en postular una realidad acabada fuera del conocimiento, de la experiencia, sea ésta de naturaleza sensible o inteligible. La crítica de Hegel no sólo está dirigida a Kant sino a lo que aquí denominaremos proyecto epistémico moderno. Su crítica se dirige al proyecto que sostiene ciertos presupuestos que determinan el conocimiento dentro de los límites de un ámbito sensible o inteligible y que postulan otro ámbito mayor que queda fuera del alcance de la subjetividad. Al negar el conocimiento de la cosa en sí o de lo que se determine como lo en sí (como lo real) el conocimiento se circunscribe inevitablemente al fenómeno o al mero aparecer, postura que posibilita la duda escéptica. ¿Cómo podemos afirmar que tenemos conocimiento genuino del mundo, si lo real, lo en sí, permanece más allá del ámbito de lo cognoscible, es decir, de la experiencia? Partiendo de este problema Hegel busca desafiar la primacía de la epistemología para caracterizar la relación entre subjetividad-objetividad. Para lograrlo cuestionará no sólo las ambiciones fundacionistas de este proyecto sino un enfoque más amplio (el conocimiento representacional) que parte de la escisión definitiva entre saber y ser. La estrategia que Hegel lleva a cabo en la Fenomenología consiste en realizar un análisis de los presupuestos y motivaciones de este proyecto con el objetivo de hacer explicitas sus consecuencias problemáticas y, con ello, mostrarnos lo infecundo de este proyecto.

La relación entre subjetividad-objetividad puesta en estos términos posibilita un problema: la duda escéptica, es decir, facilita la formulación de preguntas o escenarios (como el de Descartes) que cuestionan las condiciones de esta relación. El presente artículo parte del argumento escéptico que resulta del proyecto moderno formulado e iniciado por la fundamentación de la ciencia con Descartes y que encuentra su culminación en el proyecto trascendental kantiano. Por esta razón, hemos elegido el tratamiento del problema del escepticismo como aparece en la Modernidad -particularmente con Descartes y Kant-, es decir, como prioritariamente epistémico, ya que por esta vía llegaremos al análisis fenomenológico que hace Hegel de éste. El proyecto epistémico moderno como aquí le llamaremos comprende el periodo filosófico inaugurado por Descartes y que culmina en la filosofía crítica kantiana, dentro del marco de la filosofía comprendida como teoría del conocimiento.

Este ensayo propone que la argumentación y análisis del conocimiento en la Introducción a la Fenomenología constituyen la primera disolución del problema escéptico. Sostenemos que el diagnóstico que Hegel lleva a cabo de este problema es del tipo teórico (el tipo de análisis que trata de comprender bajo qué condiciones es posible formular el reto escéptico) con lo que buscamos mostrar cómo el análisis y propuesta hegeliana logra la primera disolución del problema. En lugar de acometer una refutación directa del escéptico, la estrategia disolutoria que aquí presentaremos busca desactivar el problema escéptico como tal y despojarlo del atractivo y urgencia con los que la filosofía moderna, de Descartes a Kant, lo habían presentado.

El problema que busca abordar este ensayo consiste en hacer explícita la estrategia que Hegel traza en la Introducción a la Fenomenología contra el escepticismo filosófico. Así, expondremos el origen de los presupuestos del argumento escéptico como problema para la fundamentación del conocimiento y del proyecto epistémico moderno. No nos interesa evaluar la validez del argumento escéptico propiamente sino comprender cómo surge el problema como duda y cómo adquiere este carácter especial en su relación con el problema filosófico del conocimiento en la filosofía de la modernidad: el diagnóstico de Hegel propone una lectura escéptica de este proyecto.

  1. El examen del conocimiento.

La pregunta por la que comienza la Introducción a la Fenomenología versa sobre la verdad del saber, es decir, se cuestiona por la naturaleza de lo que éste es en sí. La investigación o el examen de la realidad del conocimiento no parece que pueda llevarse a cabo sin arrancar de algún supuesto que le sirva como pauta (o criterio). Por esto, la Fenomenología pretende comenzar con nuestra conciencia ordinaria de las cosas (das natural BewuBtsein) y llevarnos desde ahí a la perspectiva del Espíritu (Geist). La fenomenología es aquí el modo de acceder al conocimiento absoluto, de hacer lo absoluto aparente. El tipo de argumento que Hegel usa es de tipo fenomenológico, es decir, consiste en mostrar cómo la conciencia ordinaria examinada cae en contradicción consigo misma y cómo a partir de esta contradicción busca ir más allá de sí misma hasta encontrar una forma más adecuada. Con este modo de análisis comienza Hegel la Introducción a la Fenomenología, criticando a aquellos que emprenden la investigación sobre el conocimiento partiendo de una propedéutica de nuestra facultad de conocer entendiéndola como un instrumento que usamos para llegar a la realidad o como un medio a través del cual nos es dada la realidad. Hegel sostiene que concebir el conocimiento de este modo es prejuzgar la cuestión (es decir, parte de un supuesto que le sirve como pauta). Por ello su estrategia consistirá en partir de esta caracterización de la conciencia ordinaria y seguir el movimiento propio del objeto en cuestión hasta llegar a su contradicción. En otras palabras, en la exposición de sus presupuestos y consecuencias se nos mostrará sí cumplen o no con el propósito que se imponían. Así, si Hegel logra mostrar que el conocimiento tal como lo caracteriza el proyecto moderno es irrealizable y que su cumplimiento no puede ser llamado conocimiento partiendo desde su propia caracterización, entonces podremos concluir su inadecuación. La estrategia en este caso consiste en descubrir una contradicción o incoherencia entre sus presupuestos ontológicos, su objetivo (el saber efectivo) y su propia caracterización sobre la naturaleza del conocimiento.

  1. El proyecto epistémico moderno: ¿escéptico?

La caracterización de la filosofía como teoría del conocimiento se distingue por la pregunta que cuestiona la relación entre el ser y conciencia (o bien, entre subjetividad y objetividad) en términos de conocimiento. La cuestión radica, entonces, en pensar en qué consiste esta relación a la que hemos llamado desde antaño conocimiento. La Introducción a la Fenomenología se distingue: 1) por comenzar con el problema que cuestiona esta relación: el escepticismo, y 2) por desarrollar la tarea exigida de la época: la pregunta por el conocimiento. La moderna filosofía -que podemos situar en su comienzo con Descartes, pasando por Locke, Hume, hasta Kant-, en su tarea por comprender la relación entres ser y saber, se enfrentó a este problema. Para Hegel el problema escéptico resulta un problema injustificado en cuanto parte de presupuestos cuestionables. Lo interesante del análisis hegeliano consiste en mostrarnos lo inadmisible de esta caracterización de la filosofía. Hegel se percata de que esta estrategia resulta contraproducente en cuanto su caracterización del conocimiento busca satisfacer las demandas del problema que busca evitar. En otras palabras, lo irónico del problema del escepticismo al que se enfrentan estos proyectos consiste en que éste resulta (en la mayoría de los casos) de las demandas de filósofos que buscan justificar el conocimientoi. Lo que nos hace sospechar de estas teorías radica en que la mayoría de ellas derivan en algún tipo de dilema escépticoii. Se distinguen por el propósito de probar la verdad de nuestras creencias, al tratar de establecer los fundamentos que posibilitan nuestro conocimiento por medio del desarrollo de un método, o bien, por una serie de principios y procedimientos que antecedan, aseguren y garanticen plenamente la relación y la certeza entre el ser y la conciencia.

¿Desconfianza hacía esta desconfianza? La sospecha que lleva a Hegel a establecer una lectura escéptica del proyecto epistémico moderno se justifica por dos razones: 1) la duda que origina que estas teorías caractericen el conocimiento de tal modo que satisfagan las demandas del problema que buscan evitar. 2) Las consecuencias problemáticas en que deriva la caracterización del conocimiento como instrumento o como medio.

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  1. El temor a errar como temor a la verdad.

Desconfianza hacía esta desconfianza, el análisis hegeliano comienza dando un paso atrás y busca ahondar en la motivación del proyecto epistémico moderno. La cautela de este proyecto nos lleva a desconfiar de la ciencia pese a que ésta, sin tales escrúpulos, conoce efectivamente. Lo que no implica que ésta carezca de escrúpulos sino que tiene otros que no la llevan a desconfiar de sí misma ni a suspender su trabajo. Hegel comienza por cuestionarse por qué este temor no detiene la actividad filosófica de este proyecto, con el fin de mostrar que la ciencia, comprendida desde las filosofías del proyecto moderno, admite presupuestos injustificadamente.

Sí el temor a equivocarse infunde desconfianza hacia la ciencia, la cual se entrega a su tarea sin semejantes reparos y conoce realmente, no se ve por qué no ha de sentirse, a la inversa, desconfianza hacía esta desconfianza y abrigar la preocupación de que este temor a errar sea ya el error mismo. En realidad este temor presupone como verdad, apoyando en ello sus reparos y sus consecuencias, no sólo algo, sino incluso mucho que habría que empezar por examinar si es verdad o no. Da por supuestas, en efecto, representaciones acerca del conocimiento como un instrumento y un médium, así como también una diferencia entre nosotros mismos y ese conocimiento; pero, sobre todo, presupone el que lo absoluto se halla de un lado y el conocimiento de otro, como algo para sí y que, separado de lo absoluto, es, sin embargo, algo real [reell]; presupone, por tanto, que el conocimiento, que, al ser fuera de lo absoluto es también , indudablemente, fuera de la verdad, es sin embargo verdadero, hipótesis con la que lo que se llama temor a errar se da a conocer más bien como temor a la verdad.iii

Para Hegel, será a partir del examen de estos presupuestos que llegaremos a la motivación originaria de este proyecto: el temor al error. Temor que -en su análisis- nos llevará a reconocer este temor como el error mismo. Los presupuestos que este temor sostiene como tesis incuestionables son: 1. El primero de ellos caracteriza al conocimiento como instrumento o como médium. 2. El segundo establece una distinción entre el sujeto cognoscente (conciencia) y su representación del objeto. 3. El tercero presupone la escisión entre lo real y la conciencia. 4. El cuarto establece que el conocimiento, al ser caracterizado como una representación de lo real (en cuanto objeto), se diferencia de lo en sí y a pesar de ello se considera verdadero, estableciendo con ello una distinción entre dos tipos de verdad.

Hegel no lleva a cabo un examen de estos presupuestos en la Introducción a la Fenomenología. En ésta plantea el problema, los presupuestos del proyecto del que busca deslindarse y esboza las tesis fundamentales de su propio proyecto. Así, a partir de las contradicciones que resulten de estos presupuestos, Hegel nos mostrará cómo este temor a errar en realidad se da como temor a la verdad. El proyecto que plantea Hegel en esta Introducción tiene dos objetivos: 1) Demostrar la tesis de que sólo lo absoluto es verdadero o solamente lo verdadero es lo absoluto (por medio de la exposición de la ciencia hacia el saber), pues sólo a partir de la confirmación de esta tesis el miedo al error como motivación del proyecto moderno se mostrará como infundadoiv. 2) En el análisis de los presupuestos arriba expuestos Hegel se encargará de mostrar por qué el conocimiento no necesita ni de un método para probarlo ni de un principio que funcione como fundamento para asegurar su verdad. Esta crítica no sólo ataca un particular método filosófico sino a cualquier proyecto de fundamentación del conocimiento. Ahora bien, una vez confirmadas 1 y 2 se sigue la primera disolución del problema escéptico.

  1. Conclusiones

La oposición entre subjetividad y objetividad de la que parte Hegel en la Fenomenología constituye uno de los más grandes problemas de la filosofía. De la distinción entre subjetividad-objetividad resulta un problema cardinal: la brecha epistemológica entre la conciencia y lo real, entre el saber y el ser. Ésta se expresa en su forma más conocida con la distinción kantiana entre fenómeno y cosa en sí. La cosa en sí en principio es incognoscible, lo que inevitablemente nos conducía al escepticismo. Por esto, como vimos, Hegel dirige su crítica contra la tesis que niega el conocimiento de lo en sí o de lo real, con lo que busca mostrar que tenemos conocimiento del absoluto. Para Hegel lo real, el ser y el absoluto no se diferencian. ¿Cómo puede haber una cosa más allá del conocimiento si el absoluto es idéntico con la realidad? Hegel supera esta distinción en la mostración de que nuestro conocimiento del en sí o de lo real, que supuestamente está más allá de la conciencia, propiamente forma parte de la experiencia de la conciencia. En la caracterización del conocimiento como autoconocimiento el mundo pierde su alteridad respecto de la conciencia. Superamos entonces el dualismo entre subjetividad-objetividad, entre conciencia y objeto, entre la conciencia y lo real, entre Logos y Naturaleza. Al ver al mundo como la expresión de la experiencia de la conciencia dejamos de verlo como la mera cosa determinada por el entendimiento para comprenderlo como nuestra obra.

Como vimos, el diagnóstico y la respuesta de Hegel al proyecto epistémico moderno hace explícitos su problema y consecuencia más problemática: el escepticismo. El éxito o fracaso de cualquier teoría del conocimiento consiste en ofrecer una explicación adecuada o inadecuada de cómo nuestro conocimiento (comprendido como proposiciones, enunciados, experiencia) es de lo real. Nos debe ofrece una explicación de cómo se establece la relación entre la conciencia y «lo real». El proyecto epistémico fracasa porque no logra ofrecernos la pauta que nos asegure la efectividad de esa relación.

La argumentación que Hegel llevara a cabo a lo largo de la Fenomenología estará dedicada a mostrar que tenemos conocimiento de «lo absoluto». Así, en el esclarecimiento de las siguientes tesis, Hegel nos mostrará por qué es imposible el razonamiento escéptico. Ya que este articulo trata sólo de hacer explícita la estrategia disolutoria que Hegel lleva a cabo en la Introducción a la Fenomenología, aquí sólo mencionaremos las tesis fundamentales que diluyen o que impiden que surja la duda escéptica: 1) El miedo al error como motivación del proyecto epistémico moderno se halla infundado y más bien se da como miedo a la verdad. 2) El conocimiento no necesita ni de un método para probarlo ni de un principio que funcione como fundamento para asegurar su verdad. 3) No hay diferencia entre nosotros como conciencia cognoscentes y nuestro conocimiento del objeto. 4) La separación entre sujeto y objeto no es absoluta. 5) La verdad del conocimiento consiste en el proceso por el cual la conciencia se conoce a sí misma, es decir, como autoconocimiento. Si le concedemos a Hegel que lo absoluto es lo verdadero y que efectivamente tenemos conocimiento de lo absoluto, entonces, no podemos dudar genuinamente de nuestro conocimiento sobre lo real, no podemos dudar de nuestra relación con la objetividad.

El conocimiento comprendido como el proceso por el cual la conciencia se conoce a sí misma, es decir, como autoconocimiento, es el tipo de estrategia que no acepta los presupuestos problemáticos y que intenta mostrar que no es el caso que estos presupuestos sean los más convincentes y naturales para explicar el conocimiento. Hegel presenta la primera disolución porque en el análisis de estos presupuestos muestra su inadecuación, con lo que imposibilita la formulación del problema o escenarios escépticos, por una parte; y por otra, propone una alternativa no fundacionista que ofrece una explicación adecuada del conocimiento sin abandonar el proyecto dominante de la época: la construcción de la ciencia.

Para Hegel, el reto escéptico resulta injustificado porque parte de una motivación infundada (el miedo al error). Hegel parte de la base de que hay conocimiento y de que este es un logro, tesis que no implica una posición dogmática; por el contrario, Hegel se percata de que lo único que tenemos para determinar la naturaleza de nuestro conocimiento son propiedades muy esquematizadas, por lo que se presenta como una exigencia revisar nuestra caracterización del conocimiento, es decir, que ofrezcamos el concepto de conocimiento. Hegel no se preocupa por demostrar que de hecho conocemos sino por comprender cómo conocemos.

La estrategia hegeliana que aquí presentamos en cuanto examen de los presupuestos que le dan forma a este proyecto es fundamental y necesaria porque cuestiona fuertemente las motivaciones de este proyecto y posibilita la aparición de otro proyecto que pone el énfasis en la praxis, además de que se muestra como el único lugar fecundo para una ofensiva crítica contra el escepticismo. Una vez introducida la noción de conocimiento como autoconocimiento, el fundacionismo resulta innecesario, pues partimos de la tesis de que nuestra relación con lo real está justificada por la forma en que hacemos experiencia y no en un principio que justifique la validez de nuestro mecanismo representacional de lo real. Nuestra relación con lo real ya no depende de un mecanismo, hemos dejado de ser observadores para ser agentes del mundo.

A pesar de su ruptura radical con la tradición moderna, podemos sostener que Hegel todavía está en continuidad con ella, en tanto conserva la exigencia de pensarnos como agentes conocedores. En lugar de buscar una imposible justificación fundacional del conocimiento o de seguir indagando sobre una total claridad reflexiva de las bases de nuestras creencias, Hegel se apropia de estos rasgos negativos y nos muestra su aspecto positivo para el conocimiento. Con ello nos ha llevado más allá del terreno de la mera pregunta por el conocimiento, nos muestra que el conocimiento no es exclusivo de la subjetividad particular humana sino el proceso mismo por el cual se desarrolla la realidad como autoconciencia. Es, pues, una cuestión ontológica. Así, una vez superadas las ilusiones de desvinculación entre ser y saber, Hegel nos ha propuesto una concepción del conocimiento que nos hace agentes. Por estas razones, sostenemos que la pregunta por el conocimiento, desde la lectura hegeliana, resulta tener más interés que el meramente histórico.

Bibliografía

Hegel, G. W., Fenomenología del espíritu, trad. Wenceslao Roces, México, FCE, 2006.

Hegel, G. W., Relación del escepticismo con la filosofía, trad. María del Carmen Paredes, Madrid, Biblioteca Nueva, 2006.

Hyppolite, J., Génesis y estructura de la “Fenomenología del espíritu” de Hegel, trad. Francisco Fernández Buey, Barcelona, Península, 1974.

Taylor, Ch., Hegel, Cambridge: Cambridge University Press, 1975.

Solomon, R., In the spirit of Hegel: a study of G.W.F. Hegel’s Phenomenology of spiritNew York: Oxford University, 1983.

Williams, M., Unnatural doubts: epistemological realism and the basis of skepticism, Princeton, N.J. : Princeton University, 1995.

Notas:

i e.i. Descartes insistía en la primera de sus Meditaciones que tenía que demostrar más allá de cualquier duda o error la verdad de sus creencias. A partir de este objetivo/meta se propuso dudar sistemáticamente de todas sus creencias con el fin de encontrar un criterio (o en términos hegelianos una pauta) que evitara el error y la falsedad, lo que lo llevó a asumir la falsedad de todas sus creencias hasta no demostrar lo contrario.

ii El problema escéptico no emerge en toda su magnificencia hasta que David Hume en su Tratado de la naturaleza humana se encarga de hacer explicito el hito entre el ser y la conciencia, dificultad que posibilitó la duda sobre la necesidad y la posibilidad del error. Ante este cuadro problemático Kant en su Crítica de la razón pura se compromete con un proyecto que nos permita justificar la verdad de nuestras creencias por medio del desarrollo de un nuevo método. Con este proyecto podemos ver cómo incluso el proyecto kantiano permaneció fiel a las motivaciones de la tradición moderna.

iii G.W.F. Hegel, Fenomenología del espíritu, p. 52.

iv “[…] si es que ya en sí y para sí no estuviera y quisiera estar en nosotros [el absoluto]; el conocimiento sería, en este caso, en efecto, una astucia, ya que con sus múltiples afanes aparentaría algo completamente diferente del simple producir la relación inmediata y, por tanto, carente de esfuerzo”. G.W.F. Hegel, Fenomenología del espíritu, p., 52.