Hoy no es un día para los periodistas

Yanna Hadatty Mora #41 - Hojear el siglo XX, #41 - Artículos

Hoy no es un día para los periodistas:

entrevistas europeas de Arqueles Vela para Revista de Revistas[1]  

Resumen

A finales de los años 20, el escritor vanguardista guatemalteco, Arqueles Vela, envía desde Europa una serie de crónicas a la publicación semanal mexicana Revista de Revistas, entre las cuales incursiona en ocasiones en otro género periodístico, textos que sin embargo resultan difíciles de calificar como entrevistas. Históricamente, el periodo corresponde al momento en que dos modelos periodísticos se encuentran en tensa convivencia en la prensa mexicana: el moderno formato anglosajón en auge, que pugna por el contenido informativo y la inclusión de reportajes y entrevistas; y el tradicional y aún exitoso formato de la prensa francesa, partidario de valorar por encima de todo, la opinión de escritores y políticos. Este artículo analiza esta particular coyuntura.

 

Palabras clave: Revista de Revistas, Excélsior, Arqueles Vela, periodismo mexicano, 1929-1930, crónica, entrevista, Luigi Pirandello, Rabindranath Tagore, Carlos Gardel

 

Abstract

At the end of the 1920s, Guatemalan avant-garde writer Arqueles Vela sends to Mexican weekly Magazine Revista de Revistasa set of chronicles. Among them, he includes some texts that seem to belong to another journalistic genre, but that can be hardly called interviews. Historically, the moment shows the coexistence aswell as the tension in Mexican press between the modern anglosaxon journalism model (that prefers informative news and promotes the publication of reportages and interviews), and the traditional French journalism model (still succesful, which favors the opinative texts of writers and politicians). This article analyzes this particular situation.

 

Keywords: Revista de Revistas, Excélsior, Arqueles Vela, Mexican journalism, 1929-1930, chronicle, interview, Luigi Pirandello, Rabindranath Tagore, Carlos Gardel

1

Arqueles Vela, escritor y periodista guatemalteco-mexicano que formó parte de la vanguardia estridentista, viaja a Europa, desde donde publica entre 1928 y 1931 al menos dos docenas de artículos en las páginas de Revista de Revistas de Excélsior.

En cuanto a la preferencia por determinados géneros periodísticos o literarios, las publicaciones de Vela oscilan entre la narración, la crónica y el reportaje. Su presentación inicial lleva el antetítulo “crónicas de París”; así lo presenta el primer número, el 1º. de enero de 1928. Cuatro textos se apartan de estas categorías, al centrarse cada uno en un personaje de época con otro objetivo: presentar a la figura en su propia voz ante el semanario. En esos casos, la idea que se realza es la primicia: como antetítulo aparece en tres ocasiones la marca “De nuestros servicios exclusivos de Europa”, y en una ocasión “Especial para Revista de Revistas”. Los textos no sólo van acompañados por retratos fotográficos de los personajes, sino que, a usanza de la época, tres de los artículos llevan fotografías de sendos autógrafos dedicados especialmente para Revista de Revistas. Se trata de páginas completas destinadas a Vela, lo que pone en relieve su importancia en la Revista.

Resulta necesario anticipar que no se trata de entrevistas que cumplan con el formato al que estamos acostumbrados hoy en día. Consisten más bien en coberturas de ruedas de prensa, o entrevistas colectivas a los personajes. Corresponden, por una parte, a los escritores Luigi Pirandello (1867-1936) y Rabindranath Tagore (1861-1941); y por otra, al cantante de tangos Carlos Gardel (1890-1935), y al aviador Louis Bleriot (1872-1936). Los distintos textos se titulan “A propósito de la noviecita de Carlos Gardel”, “Luis Bleriot, dominador del aire”, “Una sobremesa con Pirandello” y “15 minutos de silencio con Rabindranath Tagore.”[2]

Rabindranath Tagore

Sorprendente resulta el afán sostenido de Vela en los cuatro artículos por desmarcarse del oficio, por descolocarse del lugar del entrevistador, y aún del periodista. En otro artículo de la época, “Marinus vs. Van Dongen”, observamos ya su necesidad de ubicarse fuera de la cámara:

Podría iniciar esta crónica con la frase inaugural de los cronistas descendientes de Gómez Carrillo: “Cuando el gran pintor Van Dongen me tendió la mano, mi amigo Jean Cocteau”, etc. Pero en aquella soirée mundanal, yo era el más desconocido de los circunstantes, el más a un lado de las presentaciones… Ninguna frase orientadora, ninguna oportunidad de hundirme en la conversación.

Más adelante, insiste en afirmarse como alguien no relevante:

Impulsado por esa coincidencia frecuente en las reuniones sociales, dejo caer, como si no, una tarjeta:

–Mr. Arqueles Vela, representante de REVISTA DE REVISTAS –vocea el muezín de los ritos sociales.

–Ad-interim –contesto, con una voz de letanía –más bien de Mr. Marinus.

Al escuchar este nombre, Van Dongen vuelve los ojos, esculcando mi personalidad periodística perentoria. Toma una ínfima parte de la salutación disponible en su mano y la reparte entre un grupo cualquiera de contertulios.

Pasan largos instantes. Un íntimo silencio desciende sobre mí mismo, inhumando el último rasgo fisonómico que me retiene en la vida. No pienso nada, ni siquiera en el pensamiento. No deseo preguntar nada. No se me ocurre nada. Desaparezco, tranquilo, al margen de las preocupaciones pequeñas de los grandes hombres, de las mujeres catalogadas esta noche, como una antología de la obra pictórica de Van Dongen.[3]

En las antípodas de un manual de periodismo moderno, el discurso de Vela parece un mantra de vaciamiento del rol del entrevistador: “no pienso nada”, “no deseo preguntar nada”, “no se me ocurre nada”, “no represento nada”. Una frase de la misma entrevista lo pone en menor condición todavía: “Dejo intacto el cuadro en cuya tela, pintarrajeada de las apariencias de la vida, no soy sino un manchón…”.[4]

Louis Charles Joseph Blériot. (Louis Blériot)

En el caso de la entrevista a Bleriot, con formato de rueda de prensa, Arqueles transcribe no las contestaciones a sus preguntas, sino la exposición del aviador francés y sus respuestas a lo que otros periodistas preguntan. Con nombre y apellido aparecen, por un lado, el periodista francés René (Louis) Aubert (1894-1977), y por otra, el norteamericano Edwin (Leland) James (1890-1951). Al identificar a estos dos personajes como parte distintiva de los asistentes a la rueda de prensa, Vela se inserta en una documentación del periodismo de época que nos resulta muy útil; sin proponérselo, además, nos brinda la comparación de los dos modelos periodísticos en boga en París en 1929: el modelo francés, tradicional, de un periodista que primero es artista, hombre de letras y de teatro, como es el caso de René Aubert; y, frente a él, el modelo americano, aguerrido, del reporter e interviuer, encarnado en Edwin L. James, renombrado ya entonces por haber cubierto la Primera Guerra Mundial para el New York Times desde Europa, y jefe de corresponsales desde entonces hasta 1932, año en que pasa a ser el director del diario de por vida. Sin embargo, se vuelve necesario puntualizar que este antagonismo se encuentra en nuestro análisis, pero no en el texto; en él, se establece más bien una equivalencia testimonial entre las preguntas y las figuras de ambos periodistas:

René Aubert

–¿Por qué? –interroga el periodista francés René Aubert.

–Porque me he dado cuenta, personalmente, lo que puede ser un mar agitado por largo tiempo. Durante mis viajes marítimos he visto trombas considerables, gigantescas, elevarse mucho más allá de las chimeneas de los trasatlánticos y caer, luego, sobre cubierta, inundando el barco, arrastrando todo tras de sí. ¿Qué quieren ustedes que haga un hidroavión débil, sumido en semejante tarea? Hundirse, simplemente… Es, pues, un aparato de ruedas el que preconizo, provisto de cuatro motores.

–¿Y si se ve obligado a aterrizar? –inquiere Edwin James, corresponsal del “New York Times”.

–¡Ah! He aquí mi secreto. Automáticamente, las alas se desprenderán, juntamente con los motores, y entonces el cascarón convertido en un bote salvavidas, navegará tal un barco capaz de esperar los socorros solicitados por T. S. H.[5]

Para sopesar la proximidad entre el enfoque romántico de los textos de Vela, inclinado al modelo literario francés, basta citar el título: “Luis Bleriot, el dominador del aire”, que pinta al personaje centralmente como héroe moderno, si bien el párrafo de llamado es más esclarecedor: “Revela sus proyectos sobre una gran línea aérea que unirá Europa y América”. Para suscribirlo, tres fotografías aparecen como ilustración del texto, las dos de los extremos, de formato circular, corresponden a mujeres en torno a la nave y al aviador; mientras que la central, a pesar de que dice corresponder a Bleriot, es en realidad un retrato rectangular de Vela. Seguramente el error se comete al armar la página.

Por su parte, y para un mínimo efecto comparativo, vale la pena señalar que el texto publicado con la misma ocasión en el New York Times es totalmente fáctico y va sin firma: “Bleriot avisora el uso de islas flotantes: cree que serán necesarias siete en el Atlántico para los planes de aerolíneas. Describe nuevo avión”.[6]

 

2

Revista de Revistas, semanario de circulación dominical fundado en la Ciudad de México el 23 de enero de 1910, prioriza en sus inicios el contenido del quehacer político, ubicado en la “Sección editorial”, y en la de “Política internacional”. Cuenta con veinticuatro páginas, y se anuncia con un tiraje de sesenta mil ejemplares. Cuesta diez centavos en la ciudad y doce en provincia.

En su primera etapa posee además varias secciones, que no responden a un orden fijo ni son permanentes, pero que evidencian el afán de llegar a un amplio espectro de público lector: “Sección femenina”, “Vida campestre”, “Militar y deportiva”, “Ciencias y variedades”, “Página literaria”, y, más esporádicamente, “Notas extranjeras”, “Notas de arte”, “Notas curiosas”, “Páginas recreativas”, “Notas diversas”, “Páginas mexicanas”. Este afán, sin embargo, contrasta con las estadísticas que aparecen en sus mismas páginas sobre “El analfabetismo en la República y la necesidad de la escuela rural”, que para 1913 se documenta como del 77.8% de la población mexicana. Conforme pasa el tiempo, y cambian los criterios de la dirección en turno, las secciones se irán modificando.

El título parece corresponder al sentido antológico de la publicación, que la guía sobre todo en sus inicios: ser un compendio de lo más relevante publicado en muchas otras revistas, entre las que destacan notas de la publicación deportiva parisina La Vie au Grand Air, o de la revista de humor político bonaerense Caras y Caretas. Su programa inicial así lo explicita en el primer número, al consignarse su carácter antológico programático en palabras de su director, Luis Manuel Rojas: “es muy natural que, fuera de las grandes empresas periodísticas, nadie tenga ocasión ni tiempo de recibir y leer   tantos periódicos, [por lo cual] resultan siempre interesantes, amenas, variadas y útiles para todo el mundo, las publicaciones del género de Revista de Revistas que hoy tenemos el gusto de ofrecer a nuestros lectores”. De inmediato aparece un reconocimiento al equipo traductor al servicio de la publicación, que realiza la labor del inglés, del alemán, del francés, del catalán, del italiano y del portugués. En seguida se aclara que también les interesa contar con textos escritos exclusivamente para el semanario: “Esto no es óbice para que también solamos publicar artículos originales, siempre que se presenten asuntos de visible importancia que no hayan sido aprovechadas por otros periódicos, o bien que los escritores se deban a la pluma de alguno de nuestros literatos o personajes prominentes”.[7]

En cuanto al gusto literario, no es demasiado arriesgado, los principales escritores que aparecen en sus páginas son Catulle Mendés, José Santos Chocano, Emile Zola, Jorge Isaacs, Leopoldo Lugones, Efrén Rebolledo, Enrique González Martínez, Luis G. Urbina, Manuel José Othón, Amado Nervo, José Asunción Silva, Luis González Obregón, José Enrique Rodó, Ramón López Velarde, José de Jesús Núñez y Domínguez. En lo que respecta a la presencia de obra narrativa de largo aliento, las novelas que se reproducen por entregas en sus páginas son sobre todo traducciones de la obra de autores como Gastón Leroux (La esposa del Sol, Rouletabille en Rusia), William Le Queux (Bajo las garras del monstruo), o Bernhard Kellermann (El túnel), es decir, novelas de aventuras en boga en Europa y profusamente traducidas en Latinoamérica. La novedad adicional de la publicación consiste presentar un recuento gráfico de los principales acontecimientos de la semana, así como notas culturales, con énfasis en literatura, cine y teatro.

En cuanto a su diseño, Laura González Matute lo ha descrito con exactitud al caracterizarlo como “de saturación fotográfica”[8]: la ilustración resulta excesiva, al grado de que se dificulta discernir entre el orden de la lectura entre textos e imágenes, pues ambos compiten por la atención de los lectores.

Rafael Alducin

La modernización de la revista inicia no con su fundación, sino hacia 1915, año en que Rafael Alducin pasa a ser el dueño y director. Es él quien crea las corresponsalías en Madrid, París, Roma, Berlín, Londres, Nueva York, que enriquecieron e internacionalizaron los contenidos y referentes de la publicación. Alducin muy pronto abandona la dirección para permanecer a cargo del negocio periodístico, y nombra para dicho puesto a José de Jesús Núñez y Domínguez, escritor e intelectual quien paralelamente mantiene una carrera política que lo lleva a la diputación ante el congreso. La agenda de Núñez es nacionalista, los contenidos vinculados con lo mexicano destacan; el suyo es el periodo más largo en la dirección, al durar en el cargo alrededor de diez años. La apertura que logra hacia otras generaciones de escritores y colaboradores, y hacia reporteros más jóvenes es destacable. En aras de aumentar el atractivo para el público lector, inicia concursos (de cartas de amor, de resolución de acertijos, etc.). Para volverla más competitiva, dentro y fuera de México, impulsa una mejora en la calidad del papel, y una mayor preocupación por el diseño. Es el momento más alto y de referencia de la publicación.

José de Jesús Núñez y Domínguez

En la dirección del semanario lo sucederá con espíritu similar entre 1925 y 1929 Manuel Horta; director emblemático del semanario. La extensión de la revista sigue creciendo hasta alcanzar cerca de setenta páginas. Las portadas se publican a color, y se encuentran para entonces a cargo de artistas como Roberto Montenegro, o de caricaturistas como Ernesto García Cabral o Ignacio Salas. Aparecen también en sus páginas durante esos años las historietas de Gabriel Vargas. Las secciones de moda y la publicidad aumentan considerablemente; la segunda hasta ocupar la mayor parte de la edición[9],   cambio que parece orientado hacia lectores de mayor poder adquisitivo.  

Entre 1925 y 1932 se suman a sus colaboradores destacados escritores de diferentes grupos, entre otros, José Gorostiza, Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, José María González de Mendoza, Antonio Acevedo y Arqueles Vela; ellos se incorporan durante las direcciones de Manuel Horta y de Teodoro Torres.

Salvador Novo

3

De acuerdo con Jean K. Chalaby, sociólogo e historiador de la prensa de City University, Londres, ciertas prácticas discursivas propiamente periodísticas, como la entrevista y el reportaje, se inventaron y desarrollaron por parte de la prensa anglosajona en el siglo XIX. A grandes rasgos, Chalaby enumera para contextualizar sus postulados las mejoras de la prensa anglo-americana sobre la francesa. El número de artículos informativos, así como las páginas totales de los periódicos, resultaban más abundantes en los diarios de Inglaterra y Estados Unidos; se trataba de información más reciente y más frecuente (gracias a los servicios noticiosos anglosajones) e incluso más exacta (completa, objetiva y neutral), pues los periodistas franceses conservaron mayor lealtad a las políticas editoriales de sus diarios que a la objetividad periodística. Se contaba asimismo con mayor cantidad de información internacional, al existir mayores recursos para mantener corresponsales en el extranjero al menos hasta la I Guerra Mundial. Como ejemplo de esta vanguardia periodística anglosajona, Chalaby comenta que para la década de 1880 las conocidas agencias informativas Associated Press y Reuters empiezan ya a proporcionar servicios cablegráficos. De igual manera, señala que en el mundo anglosajón resulta común que periodistas que llegan a ser modelos de referencia ocuparan inicialmente el cargo de reporter, como un escalafón de inicio en la carrera. Así ocurrió, por ejemplo, con Joseph Pulitzer o con William Randolph Hearst. Esto resulta impensable en cambio para la prensa francesa, la cual, por su parte, mantuvo una natural reserva contra los reporters como símbolos de la americanización del periodismo: el reporter era visto en Francia como un personaje advenedizo de cuño americano, oficinista curioso obsesionado por rellenar páginas informativas, sin ningún aura de prestigio. Se lo exhibe además como emblema de la descastada modernización de la prensa local, y el mismo novelista y periodista Emile Zola acusará en 1888 al periodismo moderno de dejar de lado la opinión y la crítica para priorizar la información, valorar a los reporter e interviewer (la utilización de estas palabras en inglés en el original es extendida a varios idiomas) por encima de los periodistas de tradición.

Dicho de manera abreviada, mientras el modelo francés siguió basándose en los orígenes político-literarios de la prensa, el modelo anglosajón se abocó centralmente a la invención de prácticas discursivas centradas en hechos, y al desarrollo del periodismo como un campo en sí mismo. Esta diferencia hizo que el modelo prevaleciente en Francia fuera el de la llamada prensa opinativa por encima de la noticiosa hasta al menos finales del siglo XIX. Efectivamente, dicho en términos de época, reportear e interviuar se constituyen en prácticas predominantes de la prensa de modelo anglosajón a lo largo de la segunda mitad del XIX; con una clara distancia con el periodismo de opinión, que se cubre por parte de las firmas sobresalientes, y que constituye además siempre una afirmación a título personal. A su vez, las formas narrativas de ambas tradiciones construyen su centro la una en torno a dar relieve a los hechos, y la otra en dárselo al sesgo de opinión de un determinado articulista.

De igual manera, el académico norteamericano Michael S. Schudson, catedrático emérito de University of California San Diego y profesor de Columbia, data la práctica de la entrevista como una invención de la prensa norteamericana durante la segunda mitad del XIX. Antes, si bien se usaba que los periodistas conversaran con personajes públicos, reproducir textualmente sus declaraciones no era en absoluto un cometido al redactar la noticia. La relación con la prensa contemplaba que las conversaciones con políticos y diplomáticos se mantuvieran en un nivel privado. Un hito en este sentido se marca entre 1867 y 1871, años en que se publican respectivamente la primera entrevista a un presidente norteamericano y a un Papa, Andrew Johnson y Pío IX, por cuenta de McCullagh y de Thompson Cooper respectivamente. Ambas entrevistas dan publicidad y contribuyen a la popularización del nuevo género periodístico. Sin embargo, el apego a la tradición francesa, así como los vicios denunciados por la misma prensa americana sobre ciertas entrevistas armadas para el lucimiento de sus entrevistados, complicaron la aceptación generalizada del formato hasta bien entrado el siglo XX.

4

Regresando a Vela y a Revista de Revistas, en la “entrevista” a Carlos Gardel, el artículo abre con el interrogatorio a Arqueles por parte de una niña:

–¿Quiere usted conocer a Carlos? –me dice una chiquilla, como de seis años, de movimientos quinceañeros, de pensamientos inquietos y miradas lentas… –Yo también le estoy esperando… Yo se lo presentaré. Porque… sabe usted, yo ya le conozco…

Frente al espectáculo invernal, la única sonrisa alegre del paisaje se antojaba en sus labios como un bombón.

Estábamos tras una ventana extendida sobre la tarde neblinosa, explayada en la Avenida de Boulogne.

–¿Usted también es argentino? –inquiere la chiquilla.

–No; mexicano…[10]

Estas serán las únicas declaraciones textuales que logre consignar la entrevista. Lo demás, un lío de faldas, una estampa de Gardel en su relación con las mujeres, a lo lejos.

La posición anulada como periodista cobra visos extremos cuando frente a la rueda de prensa de Tagore en París, Arqueles transcribe de su boca y de la de los organizadores el siguiente diálogo:

–¡Hoy no es un día para los periodistas!

–Yo no soy periodista…

–¿Entonces?…

–Peregrino…

–¿Peregrino?

–… peregrino… de tierras aún sin descubrir…

…vengo de los barrios bajos del cielo…

–¿Speak inglish?

–Oui… Es decir, YES… el indispensable para no preguntar nada… No se debe preguntar nada, nunca…[11]

En cuanto a la calidad de los textos, el oficio del cronista y la pluma del escritor suplen la garra del entrevistador avezado, y ofrecen, por ejemplo, un muy interesante texto sobre Pirandello que sigue siendo difícil calificar de entrevista. Sus momentos más logrados hablan de la descripción del instante, de la construcción de personajes, de la evocación de referentes; lo de menos resulta la transcripción de las declaraciones:

Pirandello

…estoy en medio de la charla sin saber cómo… acaso por casualidad, expuesto a su benevolencia.

El bullicio interior nos arrincona aún más. Nos aleja a través de un corredor estrecho y tacteante. Al fondo, una pequeña escalera de peldaños irregulares, sube y baja sin encontrar el piso y luego, al final, aislados, en plena controversia indiscutible, toda palabra intenta más bien hacerse pensamiento, y nos instalamos en una vaivenible inmovilidad.

–¿Prefiere usted que hablemos alemán? –pregunta alguien, intentando abrir un claro en las conversaciones.

–Español… –contesta Pirandello, en italiano.

–¡Ah!… el Messico… –repite sin evocar nada–. Un día iré…

–… Un día cualquier día. Pero cuando aún le admiremos. Hace siete años un compañero de nuestros entusiasmos juveniles, Guillermo Castillo –“Júbilo” – escribía un artículo sobre “Seis Persona[je]s en Busca de Autor”, antes que la resonancia del triunfo europeo repercutiera en América.

–¿Hace siete años?

Pirandello evoca, entonces, algo apenas perceptible en sus ojos entreabiertos a otros tiempos, y deja de escuchar- sus miradas caen al fondo y se hunden en un pequeño remolino que se va agudizando y agudizando hasta agudizarse en una gota incesante. De pronto, la realidad viene a sus manos, inmobles, sobre la mesa.

Pasa un momento que destruye toda reminiscencia.

Un tiempo nuevo viene.

Pirandello se ha despojado de su excesiva personalidad dramática para lograr esta otra –excesiva y fuerte también–, impersonalidad. Es tan sólo la atmósfera, el ambiente. Crea la situación –de tal manera– que el diálogo surge y se urde, solo, en la escena, desenvuelta y resuelta a través de la improvisación de los actores. Son éstos los que encuentran su vocabulario y complican el argumento, conducidos por el tema original del autor. La realidad, es entonces, la verdadera, tal la visión diaria, súbita a cada instante, inesperada. Los intérpretes están investidos de su personalidad, en el teatro, como nosotros en la vida, a expensas del más o del menos prójimo. Estudian su “papel”, preparándose para lo imprevisto y la viven así, tal en “O di uno o di nessuno”, última obra del gran dramaturgo, estrenada en Berlín.[12]

El entrevistador que no se reconoce como periodista, el periodista al que nadie conoce, el hombre que no desea preguntar, a quien nada se le ocurre, el crítico que se autodescribe como un manchón en un cuadro, el representante provisional de una revista, su lugar en Revista de Revistas -semanario, que igual que su diario hermano, el Excélsior, a fines de los años 20 y principios de los 30 se encuentra a caballo entre dos modelos periodísticos, uno de opinión y otro noticioso, uno tradicional y otro moderno, uno de periodismo de tendencia y otro fáctico- se sostiene por la primicia, y, sobre todo, por la sutileza y el estilo inconfundibles en que aparecen sus contribuciones, cualquiera que sea la tarea asignada. Vela se resiste a utilizar de manera esperada las formas modernas del periodismo -reportazgo o entrevista-; en su lugar, se refugia en la crónica luminosa, que le permite la combinación de vanguardia y modernidad para mirar admirativamente las novedades nimias de París y Europa, explorar las ciudades desde el vagabundeo, provocar el contacto humano con seres poco afamados. Si se le exige, realiza la entrevista que no pregunta ni responde, pero que se llena de imágenes personales y sensaciones para aproximar a los lectores a la experiencia de conocer a los sujetos abordados. Podemos pensar en este sentido que Bleriot y Gardel le intimidaron menos que Tagore y Pirandello, premios Nobel de los años 1913 y 1934, respectivamente. Las facetas del aviador y el cantante de tangos expuestas en sus textos resultan en todo caso más humanas y entrañables. Tagore lo hechiza, Pirandello lo deslumbra; por eso mismo no les pregunta, es un admirador más, y eso rompe la posibilidad de verlos de manera asertiva, objetiva e imparcial, como exige el periodismo moderno.

 

Bibliografía

  1. Alto Aguilar, María Amparo del, Revista de Revistas: el semanario más completo, variado e interesante de la República (1910-1930). UNAM, tesis de licenciatura en Ciencias de la Comunicación, 2004.
  2. Chalaby, Jean K., “Journalism as an Anglo-American Invention: A Comparison of the Development of French and Anglo-American Journalism, 1830s-1920s”, European Journal of Communication, 1996, 11: 303.
  3. González Matute, Laura, “Manuel Álvarez Bravo en la revista Imagen”, en Revistas Mexicanas Ilustradas 1920-1960, Alquimia 33, 2008; citado en Marina Garone Gravier, “Diseño y tipografía que forjaron patria”, en Salvador Albiñana, ed., México ilustrado, libros, revistas y carteles. México, RM, 2010, p. 58.
  4. Mayeur, Ingrid, “Les écrivains journalistes (1920-1960)”, Revue des lettres belges de langue française, (39), 2010, pp. 145-168. [“Marinus (Albert), 1886-1979, Rédacteur parlementaire à la Gazette, Rédacteur au Soir].
  5. Schudson, Michael, “Question authority: a history of the news interview in American journalism, 1860s-1930s”, Media, Culture & Society, 16 (4), pp. 565-587.
  6. Vela, Arqueles, “A Propósito de “La Noviecita” de Carlos Gardel”, Revista de Revistas, 2 de junio de 1929, p. 31.
  7. ————–, “Marinus vs. Van Dongen”, en Revista de Revistas, 11 de agosto de 1929, 1006, p. 37 y 47.
  8. ————–, “Luis Bleriot, el dominador del aire”, en Revista de Revistas, 15 de septiembre de 1929, 1011, p. 19.
  9. ————–, “Una sobremesa con Pirandello”, en Revista de Revistas, 12 de octubre de 1930, 1057, p. 32.
  10. ————–, “15 minutos de silencio con Rabindranath Tagore”, en Revista de Revistas, 1073, 23 de noviembre de 1930, p. 35.

 

Notas

[1] Este artículo forma parte del proyecto de investigación personal de la autora, “Estudio y edición de las crónicas de Arqueles Vela (1922-1932)”, adscrito al Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.
[2] Fueron publicados, en el orden en que se nombran arriba, el 2 de junio y el 15 de septiembre de 1929; y el 12 de octubre y el 23 de noviembre de 1930.
[3] Arqueles Vela, “Marinus vs. Van Dongen.”, en Revista de Revistas, 11 de agosto de 1929, 1006, p. 37, 47.
[4] La máscara de impotencia, extranjería, torpeza, es además recurrente en los personajes narradores masculinos de Vela; y suele recibir una interpretación autoficticia, al identificarlos con el rol social del mencionado escritor. En todo caso, sus narradores personajes no entienden, no quieren preguntar, no saben qué se espera de ellos.
[5] Arqueles Vela, “Luis Bleriot, el dominador del aire”, en Revista de Revistas, 15 de septiembre de 1929, 1011, p. 19.
[6] Mi traducción de “BLERIOT VISIONS USE OF FLOATING ISLANDS; Believes Seven in Atlantic Are Necessary for Air Line Plans –Describes New Plane” (New York Times, 30 de julio de 1929, p. 3).
[7] El Director, “Nuestro programa”, Revista de Revistas, El semanario más completo variado e interesante de la República, 23 de enero de 1910, p. 1.
[8] González Matute, en Garone Gravier, 2010: 58.
[9] Según Alto Aguilar, la publicidad llegó a ocupar hasta el sesenta por ciento de la publicación (cf. Alto Aguilar, 2004: 154).
[10] “A Propósito de ‘La Noviecita’ de Carlos Gardel”, Revista de Revistas, 2 de junio de 1929, p. 31.
[11] Arqueles Vela, “15 minutos de silencio con Rabindranath Tagore”, en Revista de Revistas, 1073, 23 de noviembre de 1930, p. 35.
[12] Arqueles Vela, “Una sobremesa con Pirandello”, en Revista de Revistas, 12 de octubre de 1930, 1057, p. 32.