José Lezama Lima, sus revistas y su crítica de arte

Yolanda Wood #41 - Hojear el siglo XX, #41 - Dossier

José Lezama Lima

 

Resumen

El reconocido poeta y escritor cubano, José Lezama Lima, fue un revistero. Para destacar esa faceta tan significativa de su vida y obra se ha escrito este texto, que aborda las características de esas publicaciones, aparecidas casi en sucesión durante más de veinte años, entre las décadas del treinta al cincuenta del pasado siglo. En particular se pone énfasis en sus textos más representativos sobre artes plásticas del país, publicados en sus propias revistas.

 

Abstract

The renowned poet and cuban writer, José Lezama Lima, was a magazine rack. To highlight that significant facet of his life and work has been written this text, which deals with the characteristics of these publications, appeared almost in succession for more than twenty years, between the thirties to the fifties of the last century. Particular emphasis is placed in his most representative texts on fine arts in the country, published in their own journals.

José Lezama Lima (1910-1976) fue un revistero. Reconocido como poeta y narrador imprescindible en la escritura literaria de Cuba e Iberoamérica, su labor en la fundación de revistas fue igualmente distinguida. Si bien Orígenes es una referencia obligada en su trayectoria, en las propias letras hispanoamericanas y más allá: “la mejor revista del idioma”, la llamó Octavio Paz; antes de esta conocida publicación de los años cincuenta, Lezama había inaugurado tres proyectos revisteros de manera casi sucesiva. De modo que las revistas lo acompañaron en su itinerario como escritor e hicieron parte de su propia labor intelectual y creadora en la cultura cubana del siglo XX. Ante la pregunta de Ciro Bianchi acerca de cuándo comenzó a escribir, confesaba el autor que empezó muy joven, “después, viendo las dificultades de publicación me dediqué a hacer revistas para ir publicando nuestras cosas, por ejemplo, mi poema Muerte de Narciso fue escrito a mis veintiuno o veintidós años y publicado en Verbum en 1936.”[1] “Me dediqué a hacer revistas”, una frase clave, por reveladora, para comprender esta dimensión cultural tan significativa en la vida y obra de un escritor de su estatura. A lo ya dicho, añadió que la raíz de sus revistas “fue la amistad, el trato frecuente, la conversación, el paseo inteligente”[2]. Y las identificaba con un “taller de tipo renacentista”, y cuando el número finalmente salía “parecía la vecinería de un barrio cuando sale el pan”. Las revistas eran un gran esfuerzo solidario, gremial, y olían apetitosas como bolillo recién salido del horno.

Muchos de esos amigos superaron el espacio de las publicaciones ,“una tribu en la ciudad” los llamó el poeta; quien precisa que, al tratarse de amistades intelectuales, son extremadamente complicadas y laberínticas, “hechas de avances y retrocesos”, circunstancias que también vivió en el largo trayecto de hacer revistas. Además de los escritores[3], se asociaron a ellas, pintores y músicos como René Portocarrero, Alfredo Lozano, Mariano Rodríguez, José Ardévol y Julián Orbón, que se distinguían como una nueva oleada vanguardista en sus expresiones artísticas durante el segundo lustro de los años treinta y después.

René Portacarrero

Para Lezama, las revistas aportaban un valor trascedente al mundo de la cultura, “la dimensión coral”, y destacaba cómo en las que fundó se integraban autores cuya voz individual, que la tenían, no quedaba opacada dentro del susurro interior que habita en una publicación colectiva. Sobre este aspecto discute el concepto de generaciones[4], para afirmar que la revista –especialmente Orígenes– no fue una generación, sino “un estado poético que podía abarcar varias generaciones”[5], insistiendo en que le parece ilusorio fragmentar –generacionalmente– la historia cultural del país. Si atendemos su visión sobre este tema relacionado con la penetrabilidad de los tiempos culturales y con ellos los de los creadores que los viven y los hacen fructificar; entre 1937, año en que se fundó Verbum y hasta 1956 en que cierra el número 40 de Orígenes, transcurrieron veinte años, normalmente entendidos como el trayecto de una generación. Sin embargo, Lezama las comprendió engarzadas en ese “estado poético” en el que convivieron los que las precedieron y las continuaron. Al respecto interpelado Lezama por Jean Michel Fossey acerca de la existencia de una generación de escritores de la Revolución, respondió:

Ud. me habla de la generación de la Revolución. Y bien…sus figuras más representativas por su obra ya realizada se encontraban en Orígenes. Todos estos poetas que después ocuparon lugares distinguidos y de calidad en las filas de la Revolución, se dieron a conocer en Orígenes. Le voy a citar nada más que algunos ejemplos: Fayad Jamis, Roberto Fernández Retamar, Esmundo Desnoes, Pedro de Oráa, Pablo Armando Fernández…todos se dieron a conocer en Orígenes.[6]

 

Ciclo lezamiano de revistas

El ciclo lezamiano de revistas se entenderá entonces como un continuum del estado poético de un creador y de un grupo representativo de creadores, en el intento por concebir un espacio coral de diversas voces y tendencias, entre las que de manera muy singular tuvieron sitio relevante la poesía, el ensayo, la imagen y la crítica de arte. Verbum (1937) fue una revista literaria con tres números. Apareció cuando Lezama Lima estudiaba Derecho en la Universidad de La Habana, en “los días en que se estrenaba una épica juvenil en contra del tirano Machado, el país angustiado hasta la muerte, el terror, los desaparecidos, la miseria titánica”, En “Inicial”, no. 1 de la revista, que no está firmado, se decía:

La Universidad ha sido hasta ahora un mero eco de las equivocaciones radicales… Estamos urgidos de una síntesis, responsable y alegre, en la que podamos penetrar asidos a la dignidad de la palabra y a las exigencias de recalcar un propio perfil, un estilo y una técnica de civilidad.[7]

Verbum fue el órgano de divulgación de la Asociación Nacional de Estudiantes de Derecho, financiada por el decanato de la Facultad. Tuvo como director a René Villarnovo, poeta, “sin embargo, el secretario de la misma, Lezama Lima, será el motor de la publicación”[8].  Cuenta Eliseo Diego que:

En realidad, era una revista literaria en la que a veces aparecían trabajos de derecho romano para justificar la edición. Pero de todos modos al tercer número se dieron cuenta de que aquello era una farsa, se trataba simplemente de una revista literaria, Lezama los engañaba, les tomaba el pelo: cerraron la revista.[9]

Y, según ha dicho Cintio Vitier, mientras “la farsa política se desarrollaba…Lezama impulsaba el ciclo de revistas”[10]. A Verbum le siguió Espuela de Plata (1939-1941) que se identificaba como “Cuaderno bimestral de arte y poesía”. Fue dirigida por José Lezama Lima, Guy Pérez de Cisneros y Mariano Rodríguez.; continuó Nadie Parecía (1942- 1944) Cuaderno de lo bello con Dios que tuvo diez números, dirigida por José Lezama Lima y Ángel Gaztelu, de la cual ha dicho Ignacio Iriarte que “constituye la apuesta más enérgicamente católica de todas las publicaciones colectivas que condujo el escritor”[11]; y finalmente Orígenes (1944-1956), que llevó el subtítulo de Revista de Arte y Literatura, dirigida por José Lezama Lima y José Rodríguez Feo, con cuarenta números, como ya se ha dicho.

Desde la fundada en la Universidad, sus revistas muestran características comunes que identifican un concepto de publicación con gran simplicidad y un formato reiterado, mediano de 23,3 x 15,3, con excepción de Nadie Parecía que fue un poquito más grande. La portada y la tipografía son sobrias. El nombre está en cuerpo mayor en su portada con homogeneidad topográfica y uso convencional del espacio. Generalmente un dibujo ilustra la portada, se incluyen viñetas y obras de artistas en sus páginas interiores.[12] En todas ellas la imagen tuvo una presencia fundamental, por lo que distinguen un catálogo de artistas cubanos, a la vez que aparecen comentarios y reseñas que las hacen imprescindibles para los estudios del arte en Cuba.

 

Comentarios críticos de Lezama Lima

La importante producción sobre arte de Lezama Lima no se localiza mayormente en las publicaciones que fundó y dirigió, sino que está dispersa en muchas otras, “hace parte de una amplia obra en forma de artículos para revistas y periódicos, ensayos de largo aliento y comentarios críticos.”[13]  Un paciente trabajo de integración y cotejo fue realizado por Leonel Capote, como parte de su tesis de licenciatura que tuve el gusto de dirigir. El resultado fue publicado con el título de La visualidad infinita, por la Editorial Letras Cubanas en La Habana, en 1994. En esa investigación, Capote puso a disposición de los lectores una cuidadosa selección de textos sobre artistas cubanos con referencias cruzadas y una cuidadosa cronología que permite seguir con atención cómo Lezama Lima se fue adentrando en ese mundo infinito de la visualidad, en absoluta correspondencia con sus conceptos de la “imago”, como testimonio enigmático y fundador del sistema poético y de sus “eras imaginarias”.

Conocida esta documentación al alcance de los lectores, me interesaré en esta ocasión por distinguir algunos momentos esenciales de la crítica sobre arte cubano de Lezama en sus propias revistas, intentando destacar aspectos claves para el universo artístico-visual de aquellos tiempos, según han sido vistos y examinados por la historia del arte nacional. En esa muestra selectiva tomaré en consideración cinco textos esenciales, todos de su autoría y todos aparecidos en sus propias revistas. En secuencia cronológica:

  1. “Fundación de un Estudio Libre de pintura y escultura”, Verbum no. 1 (1937)
  2. “René Portocarrero y su eudemonismo teológico”, Nadir Parecía no. VIII (1943)
  3. “Lozano y Mariano”, Orígenes no. 23 (1949)
  4. “Los pintores y una proyectada exposición” Orígenes no. 34 (1953)
  5. “Un mural de Mariano” Orígenes no. 35 (1954).

Con ese corpus buscaré evidenciar las conexiones y rupturas de ese continuum del estado poético en relación con el campo artístico, para destacar: la enseñanza del arte como tema vanguardista; las características de una “nueva expresividad” en las obras de algunas de las figuras más representativas y la situación del arte en un nuevo contexto polémico, que el intelectual Lezama no evita discutir, y el surgimiento de nuevas tendencias abstractas. Esta selección y ordenamiento de comentarios críticos sobre arte cubano de Lezama Lima en sus revistas, nos permitirá insertarlos en su tiempo y comprenderlos como textos de gran significación en el proceso artístico nacional. Lezama Lima fue un observador crítico informado, no solo de lo que producían sus amigos artistas, sino de los momentos de giro y rotación que se producían en el arte cubano. Con sus comentarios se puede seguir una cadencia y destacar cómo la búsqueda de una narrativa nacional, que le interesó sobremanera, no desconoció la imagen como “posibilidad” esencial de su discurso crítico.

 

La enseñanza del arte como tema vanguardista:

“Fundación de un Estudio Libre de pintura y escultura”, Verbum no. 1 (1937), se refiere a un proyecto de artistas cubanos que, profundamente inspirado en las experiencias de las Escuelas Libres de México, logró –después de muchas trabas e impedimentos– hacerse realidad en La Habana, muy cerca de la casa de Trocadero donde siempre vivió Lezama Lima, en Prado no. 1. Dice Mariano Rodríguez que fue en el Estudio Libre donde conoció a Lezama, “allí iba todas las tardes a vernos y a ver cómo dibujaba la gente”. El Estudio[14] fue parte de los ideales de la vanguardia artística cubana en su lucha contra el academicismo reinante y una alternativa para hacer emerger un arte nacional incontaminado, libre de sujeciones tradicionalistas. En esa experiencia convivieron los fundadores y participantes de la primera exposición de Arte Nuevo promovida por la Revista de Avance, en 1927, y los que comenzaban a descollar como otro momento de lo moderno cubano: Mariano Rodríguez, René Portocarrero y Alfredo Lozano, ellos fueron “instructores” del Estudio Libre y compartieron al lado de los más experimentados, como Eduardo Abela y Antonio Gattorno, por solo mencionar algunos , pero “ todos ellos –expresó Lezama– se encuentran enclavados en un momento de integración que para el discípulo tiene que ser un pinchazo, un fervor , un compromiso , una duda también”[15]. Los más jóvenes tenían en común con los iniciadores, lo que Lezama Lima denominó “la búsqueda del paisaje cubano”, por su parte, decía Mariano que en las clases “nosotros les explicábamos que ellos tenían que tener una visión plástica de todas las cosas…así se iban acostumbrando a convertir en categoría plástica todo lo que les rodeaba”[16].

El Estudio Libre se propuso actuar como agente de cambio, o al menos como alternativa que evidenció cómo, para la enseñanza artística, la vanguardia cubana tuvo también su proyecto de modernidad, cargado de novedades tanto en lo artístico como en lo social. En ese sentido, no pretendía sustituir la enseñanza profesional, ni se propuso para ella una solución de fondo, sino buscar un recurso “otro”, al reconocer un gran potencial artístico en Cuba que había sido ignorado sistemáticamente por los gobiernos sucesivos. En 1940, Lezama Lima presentó una nueva solicitud para recuperar el Estudio Libre –que solo tuvo una existencia de seis meses– y tendría como equipo de orientadores a Jorge Arche, René Portocarrero, Mariano Rodríguez, Juan David, Rita Longa y Alfredo Lozano, todos artistas de reconocida trayectoria dentro del vanguardismo cubano, y algunos protagonistas del Estudio Libre precedente. Entonces tampoco fue recuperada la experiencia.

Nueva expresividad visual en obras y figuras:

La primera crítica de arte que escribió Lezama Lima no fue en sus revistas. “Tiempo Negado” apareció en Grafos (La Habana, diciembre de 1935), dedicada a uno de los artistas más apreciados y estudiados por él, Arístides Fernández, prematuramente fallecido[17]. En las revistas que dirigió, dos textos son fundamentales, el que dedicó en 1943 a René Portocarrero, en Nadie Parecía, y el dedicado a Mariano y Lozano, en Orígenes, en 1949, tres autores que integraban –como ya se ha dicho– un momento esencial de cambio en la plástica cubana. Destaca en estos comentarios críticos la erudición del escritor que no elabora para nada una crítica circunstancial, sino trascendente, bien que el material artístico que emplea resulta completamente contemporáneo a su escritura. Es lo que Roberto Méndez llama, “la imagen re-inventada” que insiste en su condición plástica[18], lo que será un elemento esencial de la nueva expresión de lo que la historia del arte cubano ha definido como el segundo momento de la vanguardia cubana. Lo que Mariano denominó, como ya se ha dicho, convertir la realidad en “categoría plástica”.

El texto sobre Portocarrero, escrito en 1943, alude a una serie que había iniciado dos años antes sobre ángeles y mariposas, esencialmente en dibujo, en los que Lezama descubre “inmóviles interrogaciones”. Esta serie se mantuvo presente en su trabajo hasta los años 60 integrando las aguadas; en las que Lezama distingue una nueva expresividad del color rosa en algunas de sus obras, y dice, hay algo de “síntesis violenta” en “la intención de ese rosa de Portocarrero…entre varios colores que chocan y se entremezclan”, “ese rosa corroído no es del mundo exterior” y es en ello donde descubre lo esencial, es una solución plástica. Se concentra en el análisis de dos piezas del colorista que ya se anunciaba, “La Cena” y “Mujer con tiesto”, ambas de 1943: insiste en el hieratismo en la primera y en la significación del instante en la segunda a lo que contribuye “el color impuesto por fragmentos”. Todo este proceder “en forma intensivo-figurativa”, lo conduciría a “unos interiores de gracias sutiles” en los que “la verja y el vitral han sido producidos por la visión que sabe anteceder o prevenir el hecho plástico” tomando como valor “las formas pedradas de la artesanía… a las artes sin nombre,  a una jarra o a una verja, a las formas más sensatas de la ornamentación”.

En estos comentarios críticos se definen algunas categorías plásticas que fueron claves para la interpretación de esa nueva expresividad visual, retengo, la síntesis violenta de las soluciones plásticas, el color por fragmentos, lo intensivo-figurativo, la ornamentación y el arabesco. Al referirse a Mariano, alude a la identidad del “color como espacio”, a su insistencia en la materia como pulpa, a la totalidad de la luz que inunda el cuadro y que lo obligaba a contrastar los más opuestos colores, como “el girar de un poliedro ante la luz” del que brota, dice “un color total, de fondo, que guarda diálogo con la figura”, distinguiendo el valor compositivo de sus obras.

En la obra de Lozano distingue la liberación de lo tectónico, refiriéndose a sus primeros bloques de piedra “a la mexicana”, y a la distancia de toda circunstancia para revelarnos una “cultura de las manos”, trabajadas las obras, casi con las “proporciones de los dedos”, precisa Lezama, en sus volúmenes anchos y plenos. Y es que el escultor, dice, busca ritmos y se somete a “la falsa voluptuosidad de un mundo sinusoidal” y como palabra que honra lo artístico, lo llama al finalizar su texto, artesano.

           

El arte en un nuevo contexto polémico:

Dos textos pertenecientes a los años 1953 y 1954, dan cuenta de las observaciones críticas de Lezama Lima ante un nuevo contexto y punto de giro de la pintura cubana, resaltando en el primero de ellos “Los pintores y una proyectada exposición”, un modo de actuar de los artistas al repudiar una bienal que, dice, “se organiza entre confusiones y señales bien visibles de desaciertos y tanteos fantasmagóricos”. Se refiere el autor a la Bienal Hispanoamericana del Arte que en honor al centenario de José Martí había convocado Fulgencio Batista, dictador que con un golpe de estado, en 1952, había ocupado la dirección del país. Consideraba Lezama que debían ser los creadores, y no esa falsa institucionalidad con disfraz de democracia, los que convocaran a cualquier exposición de una forma resolutiva, y precisaba “consúlteseles para organizar una exposición universal como homenaje a Martí, y que sean ellos los que decidan esa empresa y lleven esa responsabilidad”. Claro que esa inteligente demanda de Lezama Lima aparecida en Orígenes no tuvo eco en la institucionalidad, pero para la historia del arte cubano ha quedado recogida como uno de los momentos más sensibles de la acción de los artistas que se opusieron a esa pantalla y convocaron –como respuesta– a la exposición “Plástica cubana contemporánea”, en el Lyceum, conocida como La Anti-Bienal por haberse negado sus participantes a exponer aquella auspiciada por el gobierno.

En ese mismo año se da a conocer el primer grupo de artistas abstractos cubanos conocido como el grupo Los Onces, y Mariano realiza un mural, “El dolor humano”, en el recién concluido edificio del Retiro Odontológico, situado sobre una céntrica avenida del Vedado, y construido según los fundamentos del naciente –entre nosotros– racionalismo arquitectónico. Después de examinar momentos significativos de la evolución de la pintura mural en Cuba, Lezama se detiene a valorar la situación de aquellos años, y establece una comparación de sumo interés: “el mural va cobrando las mismas posibilidades que entre nosotros tiene el nacimiento de la novela”. Destaca en la pieza de Mariano, la ancha espacialidad, lo que significaba el ajuste del relato visual a las características espaciales y constructivas de la edificación, con una perspectiva adecuada. En él, predominan las líneas horizontales con “un tratamiento sucesivo y entrelazado de su composición”, que acompañaba la perspectiva en marcha del espectador “que al fin encontraba en su propia movilidad el asidero de esos frescos”. Resuelto visualmente con recursos abstractos, los fragmentos simbólicos de la búsqueda del vencimiento del dolor aparecen allí a través de la “líquida comunicación” entre las dos esferas, precisa Lezama, la de los “somníferos dosificados” y la adormidera de los ritos órficos o el cáñamo del paranirvana. Este mural, concluye, representa una madurez del artista. Con él, Mariano entra a las formas visuales del universo de lo abstracto que alcanzaría aún mayores expresiones visuales en otro mural de 1955 en el edificio del Retiro médico, ya había aparecido en la escena artística el primer grupo de artistas abstractos, Los Once, en 1953. Mariano estilizaba cada vez más sus gallos dentro de esas tendencias y José Lezama Lima se retrataba con uno de ellos en su casa. Eran nuevos tiempos para el arte cubano.

 

Ciudad de México, abril de 2017

 

 

Bibliografía

  1. Alvarenga, Luis “´Sólo lo difícil es estimulante´: José Lezama Lima y la revista Verbum I” Babab no. 15 septiembre, 2002 En: (http://www.babab.com/no15/lezama.htm) Consultada, 12 de abril de 2017
  2. _____________ “José Lezama Lima y la revista Verbum II: ´Sólo lo difícil es estimulante´.” Babab no. 16 septiembre, 2002 En: (http://www.babab.com/no15/lezama.htm) Consultada, 12 de abril de 2017
  3. Banquete de imágenes en el centenario de José Lezama Lima, Luzelena Gutiérrez de Velasco, Sergio Ugalde Quintero, editores, México, El Colegio de México, 2015
  4. Fino Gómez, Carlos Orlando, José Lezama Lima: estética e historiografía del arte en su obra crítica La Habana, Casa de las Américas, 2014
  5. Interrogando a Lezama Lima, Barcelona, Editorial Anagrama, 1971
  6. Iriarte, Luis Ignacio, “católicos, poetas y místicos en Nadie Parecía”, En: (http://cajaderesonancia.com/archivos/Católicos,%20poetas%20y%20místicos%20en%20Nadie%20parecía.pdf) Consultado el 13 de abril de2017
  7. _________________“José Lezama Lima y la búsqueda de una cultura nacional” En : (http://www.iai.spk-berlin.de/fileadmin/dokumentenbibliothek/Iberoamericana/47-2012/47_Iriarte.pdf) Consultado, 12 de abril de 2017
  8. Juan, Adelaida de, “La plástica cubana en Orígenes” En (http://www.latinartmuseum.com/arte_cubano.htm) Consultado: 14 de abril de 2017
  9. Méndez Martínez, Roberto José, “Vínculos entre la literatura y la plástica en José Lezama Lima, Eliseo Diego y Fina García Marruz”, Referat de la Tesis para optar por el Grado científico de Doctor en Ciencias del Arte, La Habana, 1999
  10. Orígenes, Edición multimedia, facsimilar-digital, La Habana, CUBARTE, 2010
  11. Riccio, Alessandra “Verbum (1937), una revista de José Lezama Lima” América. Cahier du CRICCAL, Francia, Vol. 4 No. 1, 1990 pp. 69-78
  12. La visualidad infinita. José Lezama Lima, Leonel Capote, introducción, estudio crítico, selección y notas, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1994
  13. Wood, Yolanda Proyectos de artistas cubanos en los años treinta, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2005

 

 

Notas

[1] Interrogando a Lezama Lima, 1971 p. 7 Si bien Lezama Lima refiere 1936 como año de la publicación de Verbum, la revista se inició en junio de 1937.
[2] Ob. Cit. p. 16
[3] Entre ellos: Eliseo Diego, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Octavio Smith, Ángel Gaztelu, Gastón Baquero, Roberto Fernández Retamar , Pablo Armando Fernández, Fayad Jamís y Heberto Padilla,  Guy Pérez Cisneros.
[4] Usualmente se suele hablar de la generación de Orígenes.
[5] Ob. Cit. p. 69
[6] Ob. Cit. p. 69
[7] Citado por Luis Albarenga, 2002, s/p.
[8] Luis Albarenga, 2002, s/p.
[9] Citado por Luis Albarenga, 2002, s/p.
[10] Citado por Alessandra Ricio, Ob. Cit. p. 75
[11] Ignacio Iriarte, “Católicos, poetas y místicos en Nadie Parecía” s/p.
[12] “Mariano tuvo mucho que ver con el aspecto visual de la revista. En una época en la que, al menos entre nosotros, el diseño de una revista cultural no solía ser responsabilidad de un artista plástico, Mariano desempeñó en parte ese papel. Las letras de gran formato que identificaron siempre a Orígenes -única nota de color en la publicación-, seis de sus portadas, varias viñetas y reproducciones aparecidas entre 1944 y 1954 se deben a él.” En: Adelaida de Juan, “La plástica cubana en Orígenes”, s/p.
[13] Carlos Orlando Fino Gómez, 2014, p. 13
[14] Véase Yolanda Wood, Proyectos de artistas cubanos en los años treinta, 2006.
[15] José Lezama Lima, “Fundación de un Estudio Libre de Pintura y Escultura”, La visualidad infinita, p. 153-54
[16] Entrevista de la autora a Mariano Rodríguez, La Habana, 1976
[17] La revista Orígenes le rindió póstumo homenaje  en el núm. 26 de 1950, y utilizó una obra suya en la portada.
[18] Cfr. Roberto José Méndez Martínez. s/p.