Las vidas secretas de los que son (The secret life of buildings)

Sandra Álvarez Hernández #9 - Arquitectura, Reseñas

Hasta hoy al encontrarme con la palabra inglesa building la hubiera traducido inmediatamente por edificio, tal vez por construcción, pero el libro titulado The Secret Lives of Buildings me ha hecho pensar en que ésta no es su única acepción. El primer libro del arquitecto inglés Edward Hollis contiene trece historias que giran alrededor de trece obras disímiles entre sí, desde el Partenón y la escultura romana de una cuadriga, hasta un conjunto multifamiliar en Inglaterra y el Muro de Berlín. La primera duda que me surgió en mi lectura fue si el título era adecuado para este compendio, y resulta que sí. El verbo build viene del proto-indoeuropeo *bheue que hace mención a ser, existir o crecer, la misma que raíz que tiene el verbo ser, to be. Así las construcciones descritas, o más bien, narradas por Hollis: son, existen, crecen, llegan a ser e incluso dejan de serlo. Si bien, la traducción al título del libro que propongo al inicio de esta reseña puede no ser la más convencional, es la más adecuada para las vidas que se narran en sus 388 páginas.

El Sueño del Arquitecto es el título de un lienzo pintado por Thomas Cole en 1840, muestra un paisaje en el que la arquitectura egipcia, la del periodo clásico griego, el romano y el gótico conviven en armonía. Es en la ensoñación de Cole que este libro encuentra su camino: este lienzo podría verse en el muro de cualquier museo, pero el mundo real es mucho más extraño y onírico que cualquier fantasía arquitectónica. Todos los edificios cambian a lo largo de la historia, sus habitantes o usuarios pueden olvidar su propósito original, y su fin puede resultar opuesto al pensado por sus creadores. Este libro, como asienta su autor, no quiere señalar que los edificios cambian, sino tal vez, mostrar que deben. En esta historia cada construcción es un regalo, y su objetivo es que los lectores se queden con una parte de ellos.

Cada una de estas narraciones se encuentra enmarcada por una sola palabra. La Ruina es la primera en sus páginas: El Partenón. La vida del templo griego más famoso comienza, por supuesto, por su origen en la polis ateniense del mundo clásico. Entonces todos los que acudían a él sabían el mito de la sabiduría de Atenea, y como con ella supo derrotar a su tío Poseidón en una sencilla prueba para obtener la potestad de la ciudad. Así, el primer nombre de este edificio fue el Templo de la Sabiduría, aunque después haya sido iglesia, mezquita y finalmente ruina. Incluso, ya siendo una ruina, ha sido arruinada en numerosas intervenciones, y hasta la fecha bajo el cielo de Atenas continúa desapareciendo poco a poco, hasta que deje de ser un cuerpo físico y se convierta en lo que debe ser: una idea. La idea del Partenón como el edificio perfecto ocupa, de alguna manera u otra, un lugar dentro del resto de las historias en este libro.

Otros secretos no tienen un inicio, como el Robo, o la vida de la escultura en bronce de cuatro hermosos caballos, que simplemente en su ir y venir entre Grecia, Roma, Venecia y Constantinopla perdieron su idea original. La Apropiación, es la historia de Santa Sofía en Estambul, cuya gran cúpula un día colgó desde el cielo con una cadena de oro. Fue el centro del mundo cristiano que después en manos de los musulmanes se convirtió en la referencia para cada mezquita, y cambió su orientación para apuntar a la meca, rompiendo lazos con el cielo cristiano. Finalmente, hoy Santa Sofía no es más que un museo, sin rezos para nadie.

La Reproducción es el caso de la Santa Casa de Loreto. La primera se encontraba en Nazareth, donde un día un ángel anunció a María que sería la virgen madre del hijo de Dios. La casa en la que la palabra de hizo carne, el hogar de la Anunciación, fue convertida por Santa Elena en un santuario, alrededor del que se construyó una pequeña iglesia. Pero la casa sagrada de María no quiso permanecer en aquella tierra, como tampoco se quedó mucho tiempo en otros lugares y prefirió reproducirse alrededor del mundo: en San Miguel de Allende aquí en México, en Praga, en Sicilia y en muchos otros sitios.

La Evolución es la historia de la Catedral de Gloucester, donde el cuerpo de un muerto dio vida a un edificio. El Malentendido, protagonizado por la Alhambra, es la casa de dos primos que enamorados no supieron vivir en el palacio árabe que dividía sus querencias. El Templo Malatestiano en Rimini, es donde León Battista Alberti intentó aplicar sus conocimientos en Traducción para adornar con el más bello clasicismo el mausoleo de Sigismondo Malatesta. Pero sus estudios y lecturas no fueron suficientes para convencer a sus contemporáneos con su estilística latina. La Simulación se desarrolla en Sans Souci, Postdam, donde nada ocurre.

Notre Dame de París protagoniza la Restauración, donde el más fiel vestigio arquitectónico de la catedral fue una novela: Nuestra Señora de París de Victor Hugo, cuya catedral, sin jorobados y bellas gitanas, visitamos hoy en día. Las Profecías se experimentan en Manchester, donde el conjunto habitacional de Hulme, trajo al presente el más temido futuro. El Fin de la Historia se encuentra en el caído muro de Berlín, pero no así el del libro. El recuento de trece pudo haber tenido un Gran final en once narraciones, cuando la Ostalgia aparece. Sin embargo, después del fin viene el Patrimonio, con la Venecia de las Vegas, cuya historia termina en China, en las costas de Macao al estilo del Kublai Khan y Marco Polo en las Ciudades Invisibles de Calvino. Y deja el último capítulo para el Muro Occidental de Jerusalén y su Herencia, dividida entre musulmanes y judíos, donde no representa más que la nieve que cae durante la noche, para amanecer en forma de agua.

Las trece historias se distinguen entre sí por una personalidad propia reflejada en sus personajes, su cronología o el punto de vista de quien las narra. También por las inesperadas relaciones que se establecen entre ellas y dentro de ellas con sus contemporáneos, sus creadores, sus habitantes o su arte. Al leer la última línea del texto, antes de las Notas y la Bibliografía, lo único que echo de menos son las Conclusiones, aunque me siento afortunada dueña del regalo de suficiente información para obtenerlas por mi parte. El Secreto de estas obras, que viven, que son, que han sido y no sabemos lo que lleguen a ser es una verdad universal. Veo la suerte del Partenón en nuestras queridas ruinas prehispánicas, el horror de Hulme en los modernos multifamiliares, la traducción de principios italianos en nuestro Virreinato, y otras tantas palabras e historias en cada cuadra, cada colonia y cada ciudad de este nuestro país y otros. Tal vez los trece edificios narrados por Hollis viajen por el mundo y por la historia, pero otros más modestos sin esfuerzo encontrarían lugar entre ellos. Por que sí, las historias crecen mientras los edificios no dejen de cambiar, de existir.

Hollis Edward, The Secret Lives of Buildings, London, Portobello, 2009.