Networks—Trames—Redes

Philip Armstrong / Traducción: Maria Konta #34 - Estética de la mirada, Traducción

1.

Como corresponde a esta ocasión, en que nos encontramos reunidos hoy en el Centro Nacional para la Cultura y las Artes, y como el título de mi conferencia espero que sea sugerente; quiero comenzar con una cuestión de lenguaje. Más específicamente, y reconociendo de nuevo la singular situación en la que nos encontramos reunidos, quiero comenzar con una cuestión de traducción. Al referirme a estos tres términos – “networks”, “trames”, “redes”- nos encontramos a nosotros mismos moviéndonos desde el principio en y entre varios lenguajes, enredados con palabras y modismos que pueden resultar o no familiares; incluso, nos encontramos expuestos, en y a través del lenguaje, a algo así como lo desconcertante del lenguaje dentro del lenguaje, y, por tanto, expuestos a este desconcertante que deja abierto al lenguaje a su infinita e inherente intraducibilidad.[1] Quizá reconocemos algunas de las palabras en el título, otras pueden resultar más opacas o alejadas, incluso cuando sentimos que más allá o antes de estas diferencias hay algo que liga o articula juntas a las palabras “networks”, “trames”, y “redes”. A pesar del guión -ese trait d’union– que separa y distingue estos tres términos, hay un sentido de proximidad, una consistencia semántica o, incluso, una compenetración etimológica subyacente que enlaza estas palabras la una a la otra, o la una con la otra. Al indicarlas y designar estas palabras, al pronunciarlas en voz alta o al darles voz, diremos, entonces, que hay algo que estas tres palabras comparten en común, más allá o antes de las incesantes labores de traducción y de mala traducción en las que nos encontramos a nosotros mismos necesariamente enredados. O hay algo en común, más allá o antes, de este juego aparentemente interminable de enunciación, pronunciación, y pronunciación equivocada (¡y en esto hablo de mí mismo!) que, al mismo tiempo, también nos liga y nos desliga unos a otros, y unos con otros, simultáneamente nos enlaza y nos desenlaza, y, por tanto, algo en estos términos y modismos en el título que nos agrupa y, simultáneamente, nos separa a todos y cada uno de nosotros, como un ensemble que parece incesantemente desgarrado y desensamblado en el momento mismo en que una reunión o ensamblaje tiene lugar. Brevemente, diremos desde el principio -este es nuestro punto de partida originario, los orígenes que compartimos- que el lenguaje de “networks”, “trames”, y “redes” constituye una maraña de relaciones en la que nosotros mismos estamos implicados -plegados y retorcidos, enlazados y entrelazados.

1.1

Atendamos al primer término: networks. A pesar del uso cada vez más difundido y, a menudo, algo técnico del término, cualquiera que trabaje sobre el concepto de las networks, invariablemente encuentra un momento en que la cuestión del lenguaje se impone y nos preguntamos acerca del origen de la palabra misma. Antes de designar cualquier número de contextos técnicos -sistemas ferroviarios y de transporte, electricidad y computadoras, neuronas cerebrales y estructuras celulares, tecnologías de la información y telecomunicaciones- y antes de su uso como una manera de designar formas de organización o de interconexiones entre grupos o asociaciones de personas, cosas, o instituciones, el término networks se refiere, de manera bastante literal, a un tejido, a cuerdas, alambres u otros materiales que se cruzan en intervalos a veces regulares y que están anudados o asegurados en sus cruces o nodos. La palabra misma tiene una implicación material, así como estructural, quizá la más sorprendente, incluso paradójica, debido a los usos más abstractos, conceptuales, inmateriales, y virtuales a los que mayormente sirve. La inscripción material de esta red nos permite determinar el origen de estas networks en un número de asociaciones etimológicas que atraviesan diferentes idiomas, asociaciones que, en todos los casos, se constelan alrededor del mismo sentido de ligar y girar juntos, así como a una conexión de nodos y nudos. La misma constelación de términos se extiende a la palabra reticulation, que nos remite a la estructura reticulada que forma a una network, empleada, en primer lugar, en referencia a animales y plantas y, después, a sistemas de transporte o electricidad (algunos académicos encuentran analogías entre estos tejidos y textiles y los nidos de aves, los diques construidos por los castores, las fibras de plantas, las telarañas, etc., así como las estructuras cristalinas y la mineralogía). El término reticulation tiene su raíz, al igual que la palabra francesa réseau, en el término resel del francés antiguo, diminutivo de rais o red, que a su vez tiene su raíz en el término latino retis, rete (en latín, el opus reticulatum es un tipo de enladrillado colocado diagonalmente a la horizontal, de manera tal que la superficie delineada a través de las líneas de argamasa tiene el efecto visual de una red). Y, desde luego, ello nos enlaza a los términos castellanos “retículo” y “red”, que también nos remiten a telaraña, las mallas a partir de las cuales derivamos las expresiones “La Red” o the Net (como en el caso de la Internet). Todos estos términos diferentes, implican un conjunto de prácticas materiales y artesanales, así como técnicas simbólicas o rituales, incluyendo redes para peces, correas para amarrar animales, y prácticas que involucran atar y amarrar. En este sentido, las redes suponen formas de hacer y manufacturar, en las que los materiales empleados (hilos, alambres, cuerdas, et cetera) tienen que ser cruzados o entrelazados para formar una intersección que no era posible en su forma original, y, así, dar lugar a “una disposición o estructura de intersticios y líneas que se intersectan” que no puede ser reducida a las propiedades intrínsecas de los materiales solos.

1.2

Las definiciones de las networks se caracterizan, repetidamente, por una serie de tensiones y contradicciones aparentemente irreconciliables, que, en unas ocasiones, se refieren a los materiales solos y, en otras, a los procesos y significados -literales, simbólicos, así como rituales- en los que son utilizados; que aluden, en ciertas ocasiones, a los materiales en su existencia real y material, y, en diferentes ocasiones, a la cadena o sistema de “cosas inmateriales” interconectadas; que indican, unas veces, cualquier sistema complejo o semejante a una red o a una colección de objetos interrelacionados; y que, otras veces, indican una “representación diagramática” de eventos, procesos, etcétera. En otras palabras, un breve recuento de las miles de definiciones sobre las networks abren una diferencia irreductible entre los materiales como tales, materiales que poseen propiedades intrínsecas; los procesos en los que son utilizados o fabricados (en otras palabras, el ergon o la función, la tarea, y el trabajo que define al obrar (work) de la net-work); las diferencias entre los usos literales, metafóricos, simbólicos, y rituales del término; la manera en que las cosas son conectadas, interrelacionadas, ensambladas, o articuladas; y, la estructura o espacio topográfico -en ocasiones material e inmaterial- que es creado o engendrado de ese modo, cuando los componentes materiales han sido conectados de ciertas maneras. De hecho, lo que quiero subrayar desde el principio es que, antes del sentido metafórico, simbólico, o ritual de una network, e incluso antes de suponer que las networks conciernen a los sistemas de comunicación o conectividad, la estructura o el espacio abierto por, o mejor dicho creado en y como, una network -esta estructuración o espaciamiento que llegaremos a considerar como uno más bien topológico que topográfico-, este espaciamiento existe en una relación complementaria a los materiales de los cuales está, no obstante, constituida o compuesta. Es esta relación complementaria a la que regresaré con alguna insistencia.

1.3

Con respecto al segundo término en el título -“trames”- el término francés trame (como sustantivo) y tramer (verbo) tienen equivalentes cercanos en varios idiomas (incluyendo, desde luego, el castellano). En inglés, la traducción puede ser tanto woof como weft, como en los tejidos y los textiles, la materialidad singular de una pantalla o una superficie similar a una malla, así como un marco o encuadre. En francés, el término se refiere también a cosas como el movimiento de un sistema urbano o un fotograma de video. Trame entonces, se extiende figurativamente a expresiones como la telaraña (web) o hilo de la vida, o a la textura del habla o de un discurso, así como al tejido o entramado de un argumento en el que, como lectores (y como peces en un trasmallo) nos hallamos, presumiblemente, atraídos o enredados. De manera interesante, las traducciones castellanas de trame frecuentemente se refieren al término castellano “marco”, que sugiere, más bien, una armazón o un ajuste, un marco para fotos o al fotomontaje, como si se estableciera una tensión crítica entre un tejido que es estructuralmente infinito en su extensión espacial, una pantalla, y la delimitación o encuadre de un espacio implicado por un marco. Al mismo tiempo, si el término tramayle del inglés medio se refiere a una especie de red, derivada del francés antiguo tramail y del latín tremaculum, entonces este último se deriva tanto de los términos latinos tres y macula, esa malla que también se traduce como una mancha o mácula que bloquea nuestra visión. Es esta obstrucción la que sugiere cómo las redes (networks) imponen cuestiones de transparencia y de opacidad, un movimiento o conectividad que obra no sólo más allá de una estructura cerrada o diádica (a menudo considerada en sociología como la unidad social mínima), sino que obra, con respecto al espacio de la red (network), de forma intensiva más bien que extensiva, perpendicularmente a la superficie más bien que lateralmente, un desplazamiento abierto entre extensividad e intensividad que tiene lugar no sólo dentro y entre los nodos, sino que también de acuerdo a una distribución espacial que nos acerca más a cuestiones de topología que de topografía. De hecho, es en este sentido que la representación visual de las redes se ha convertido en uno de los aspectos más desafiantes, si no es que uno de los más problemáticos, en el discurso sobre las redes.[2]

En cuanto al término castellano “redes”, del que la mayoría de ustedes conocen sus connotaciones e importancia mucho mejor que yo, la traducción más directa del castellano al inglés incluye la referencia a las nets, y de nuevo, con connotaciones sobre las mallas del que las networks adquieren su composición y su forma. Sin continuar más con estas relaciones etimológicas, pueden imaginar que un breve período de tiempo jugando con el traductor de Google, en el que podemos tomar cualquiera de estos términos y encontrar traducciones en más de cincuenta idiomas, confirma un conjunto cercano de equivalentes lingüísticos y figurativos, así como analogías entre todas estas palabras (aunque también imagino un conjunto de trampas, faux-amis, y malas traducciones) -equivalentes y analogías que giran con alguna insistencia alrededor de términos como el tejido social y urbano, los vínculos sociales, los lazos familiares, las comunidades estrechamente unidas, etcétera.

1.4

Siempre he tenido una cierta fascinación por las nets, las trames, y las redes, a partir de las cuales fabricamos y creamos e inventamos estas networks, estas redes (nets) que son grandemente borradas por nuestro uso generalizado de “network” como un término, esas redes que, quizá, están más cercanas a cuestiones de metonimia que de metáfora y figuración, que, también, están más cercanas a una forma de tekhne que a nuestros supuestos más comunes respecto a las redes como formas de comunicación o de tecnologías de la información. De manera más pertinente, mi intriga con la cuestión del lenguaje está inscrita en una gama de referencias que han sido importantes para mí al reflexionar acerca de las redes (networks) -desde la “densa telaraña” de las redes distribuidas al “mero tejido” de los protocolos de computadora (frases extraídas texto de Alexander Galloway y Eugene Thacker The Exploit), desde la atracción de Manuel de Landa por las mallas en su obra A Thousand Years of Non-linear History a las metáforas de telarañas y filamentos e hilos que salpican el libro Cyber-Marx de Nick Dyer Witheford, desde las referencias a los tejidos que realizan Gilles Deleuze y Félix Guattari en las definiciones del espacio “liso” y “estriado” en Mil mesetas, al capítulo sobre arcos y cestas y economías sexuales y de género de la diferencia en el libro Society Against State de Pierre Clastres, desde las referencias de Jacques Derrida a las texturas entrelazadas, tejidas, aradas, histos, e hilos de lectura en su obra La Diseminación a la importancia de los textiles en la definición de las identidades nacionales y culturales, desde el uso de cuerdas anudadas en los rituales realizados por los huicholes como preparación para la “caza anual del peyote” a los ritos budistas de cuerdas.[3] En su maravilloso libro Territories of Difference, Arturo Escobar reconoce la importancia de este sentido de materialidad ya desde el subtítulo mismo del libro – place, movements, life, redesen el que sugiere cómo la relación entre el estado, el capital, los movimientos sociales, y la globalización en Colombia (el centro de su investigación) conduce a reconsiderar las implicaciones y las condiciones materiales de estas redes (networks). Como afirma Escobar, “el término castellano redes transmite, con mayor fuerza que el término inglés networks empleado comúnmente para traducirlo, la idea de que la vida y los movimientos son ineluctablemente producidos de forma dinámica en, y a través de, relaciones (ensamblajes sería una mejor traducción).” Y continúa, haciendo notar que las “imágenes de las redes circulaban ampliamente en el Pacífico sur en la década de los noventas; representadas gráficamente como dibujos de una variedad de redes de pescar tradicionales, careciendo de un patrón de regularidad estricto, dotadas de forma por el uso y el usuario, y siempre siendo reparadas, las redes hacían referencia a una gran cantidad de entidades, que incluían, entre otras, organizaciones de movimientos sociales, redes de radio local, asociaciones de mujeres, y planes de acción”. El énfasis de Escobar sobre las redes, en el contexto del Pacífico sur, asemeja al seminal trabajo temprano de Annelise Riles sobre la misma región en su libro Networks Inside Out que también nos ofrece una gama extraordinaria de referencias sobre las prácticas materiales y las redes que informan el obrar de diferentes grupos en la región.

1.5

De manera un tanto diferente, varios de los escritos recientes de Bernard Stiegler se refieren a la importancia de la reticularidad en algunas formas de las teletecnologías numéricas y audiovisuales contemporáneas, y sugiere que esas redes están articuladas en relación al devenir material o al devenir inmaterial de diferentes trames. Emmanuel Lévinas remite también a la palabra francesa trame con alguna frecuencia en sus escritos, de manera notable en frases como “la trame de l’être” la trama del ser, como si la condición misma de cualquier ontología, al pensar todo ser como ser-en-relación, fuera hecha posible por -y de hecho inscrita en- la reconsideración de sus condiciones materiales (a las que Lévinas denominaría “concretas”). Si ser es ser-en-el-mundo, es esta “trame de l’être” la que sugiere cómo todo ser es inseparable de lo que Lévinas también denomina el mero tissu o tejido del mundo, una expresión que sugiere también cómo el ser no pre-existe al mundo en el que subsecuentemente se encuentra a sí mismo, sino que siempre se encuentra ya inscrito en -o escrito hacia, entretejido en sus orígenes en y a través del mundo. Blanchot (en diálogo con Lévinas) expresará esto como nuestra “intimidad desgarrada” con los otros en el mundo, esa “intimidad desgarrada” que compartimos en común.

El anterior es un recuento de textos y autores delimitado y privilegiado, crítica y filosóficamente. En otros lugares, estas mismas referencias a las telas y a los tejidos también aparecen, con alguna frecuencia, en miles de ejemplos de literatura técnica -el discurso médico, la ingeniería eléctrica, la inteligencia artificial distribuida, la programación de computadoras, la teoría de cuerdas, las teorías de la complejidad, las descripciones de nuevas tecnologías como los nanotubos de carbono u otros materiales sintéticos-, literatura que, considerada en su conjunto, comienza también a constituir algo como una genealogía materialista de las redes. De hecho, estas mismas referencias también existen en algunos ejemplos de la literatura técnicamente más avanzada sobre tecnologías de la información y sobre sistemas de telecomunicación contemporáneos; hay pocos escritos en estos contextos que no recurran, en alguna etapa de su argumentación -de hecho, a menudo en los momentos más decisivos de una descripción detallada de estas mismas tecnologías de la información y la comunicación- a una gama de prácticas materiales que involucran enlazar, tejer, y trenzar, así como a una gama de materiales y telas, y pienso que sería erróneo desestimar estas referencias como meras metáforas convenientes. Dicho brevemente, los discursos más sofisticados de las telecomunicaciones, la información digital, la biotecnología, la cibernética, y la realidad virtual contemporáneas proliferan en tensión con las referencias a las prácticas materiales más arcaicas, y es esta sorprendente y, curiosamente anacrónica constelación de términos la que espero continúe resultando de interés en esta conferencia, conforme nos encontramos a nosotros mismos moviéndonos en y dentro de las “networks”, “trames”, y “redes”.

Bruno Latour

Bruno Latour

Permítanme girar hacia una instancia reciente y destacada para repensar el sentido de las redes que estoy proponiendo. Bruno Latour, en sus diversas definiciones de la Teoría del Actor-Red (TAR), hace muy explícitas estas referencias a las condiciones materiales de las redes en su afirmación de nuevas formas de estudios sobre la ciencia y la tecnología. Apartándose de la distinción entre redes técnicas y organizacionales, o entre determinismo tecnológico y explicación sociológica reductiva que únicamente designa redes como “las redes sociales”, el énfasis es puesto ahora en las condiciones materiales heterogéneas, tanto humanas como no-humanas, que crean lo que Latour denomina “materialismo distribuido”, mismo que busca dar cuenta de la “esencia misma de las sociedades”.[4] Como Latour afirma, la teoría del actor-red (TAR) “no desea incorporar las redes sociales a la teoría social, sino reconstruir la teoría social a partir de las redes. Es tanto una ontología o una metafísica, como una sociología”.

Pondré en primer plano las que considero son las implicaciones más amplias de la afirmación de este “materialismo distribuido” realizada por Latour, implicaciones que son, inseparablemente, materiales, ontológicas, y topológicas. Pues si las redes poseen un componente material así como ontológico, también imponen un cambio en la topología, y una topología plenamente informada por los materiales de este “materialismo distribuido”. Como arguye Latour, “en vez de pensar en términos de superficies -dos dimensiones- o esferas -tres dimensiones-, se requiere pensar en términos de nodos que poseen tantas dimensiones como conexiones poseen”. “Como una primera aproximación”, Latour continúa, “las sociedades modernas no pueden ser descritas sin reconocerlas como teniendo un carácter fibroso, filiforme, hirsuto, filamentoso, capilar, que nunca es capturado por las nociones de niveles, capas, territorios, esferas, categorías, estructura o sistemas”, términos y denominaciones que continúan informando una amplia gama de comprensiones disciplinarias, interdisciplinarias y epistemológicas del mundo, mismas en las que habitamos. En otras palabras, el argumento de la teoría del actor-red (TAR) es que resulta “absolutamente imposible comprender lo que mantiene unida a la sociedad sin reinyectar en su tejido los hechos manufacturados por las ciencias naturales y sociales y los artefactos diseñados por los ingenieros”, y, por tanto, “la única manera de lograr esta reinyección de las cosas en la comprensión de los tejidos sociales es a través de una ontología y una teoría sociales semejantes a una red”, una ontología que Latour denomina “irreduccionista y relacionista.” Latour refuerza, entonces, estas referencias materiales al argüir: “la teoría del actor-red (TAR) es un simple argumento de resistencia material. Su fortaleza no proviene de la concentración, la pureza y la unidad, sino de la diseminación, la heterogeneidad y el trenzado cuidadoso de lazos débiles.” O, mejor dicho, si se dice que este tipo de análisis permea el análisis de los micro-poderes realizado por Foucault así como la sociología reciente de la tecnología, como afirma Latour, entonces esta fortaleza surge del argumento de que “la resistencia, la obstinación y la tenacidad es lograda más fácilmente a través de enlazar, tejer, torcer, entretejer con estos lazos que son débiles por sí mismos, y que cada lazo, sin importar cuán fuerte sea, está él mismo tejido a partir de hilos todavía más débiles”.

1.7

Unas cuantas observaciones más acerca del análisis de Latour. Él arguye que esta concepción de las redes viene de Diderot, quien la empleaba para describir la materia y los cuerpos, a fin de evitar la división cartesiana entre “materia y espíritu”.[5] Si los escritos de Diderot siguen siendo decisivos para delinear este materialismo distribuido, poniendo en juego todos los intentos subsecuentes por desplazar cualquier dualismo entre cuerpo y alma, el lenguaje que Latour emplea, sin embargo, sugiere una trayectoria histórica y multicultural mucho más larga en lo referente a los materiales y prácticas que claramente preceden a Diderot y que, incluso, preceden a la historia, prácticas que guardan afinidades más cercanas a, digamos, las tipologías etnográficas sobre las evoluciones y las técnicas delineadas en los escritos de Leroi-Gourhan, que con el autor del Sueño de D’Alembert. En otras palabras, es esta misma referencia a “enlazar, tejer, torcer, y entretejer” la que reabre el análisis de Latour a una gama mucho más amplia de referencias, desde el papel fundamental que el tejido y las telas juegan en el pensamiento griego y romano, en los que refieren al matrimonio, a la unión sexual y política, a la producción textual, al tejido biológico y al tejido cósmico (términos que, en el argumento de Latour, se extienden tanto a lo humano como a lo no-humano), hasta una exposición incluso más amplia de referencias en la literatura antropológica y etnográfica, a prácticas materiales que involucran redes y tejidos que se extienden a través de una extraordinaria diversidad de prácticas técnicas, simbólicas, y rituales así como en numerosas culturas diferentes.[6]

1.8

La breve apreciación y el reconocimiento de esta multitud de prácticas, espero, no únicamente sugieren algunas de las implicaciones más amplias de nuestro énfasis inicial sobre el lenguaje y la etimología. También sugieren cómo podríamos comenzar a desplazar el énfasis dado a la aparente conveniencia de una serie de metáforas débilmente vinculadas hacia las maneras en las que una gama de prácticas materiales dejan un rastro vestigial en muchas de nuestras explicaciones contemporáneas de la tecnología de la información y los sistemas de telecomunicación, y entonces, cómo podremos comenzar a dar cuenta de esos mismos rastros. En otras palabras, no se trata de una simple cuestión de indicar la paradoja de que es a través de la materialidad de las redes que hacemos aparecer la mayoría de los sistemas virtuales de comunicación, sino que, incluso como tales, los sistemas nunca son puramente inmateriales, sino que involucran fibras ópticas, cables y cualquier cantidad de otras condiciones y restricciones materiales. Pues la cuestión sigue siendo cómo cualquier praxis comunicativa está enlazada al lenguaje y a las condiciones que informan tal praxis, así como a un conjunto de prácticas y restricciones materiales que reabren, ellas mismas, la relación existente entre lo material, lo ontológico y lo topológico que enmarca los argumentos en primer lugar (incluso, tanto las palabras con las que estoy hablando como mi voz no pueden existir sin esta estructura, similar a una cueva, que llamamos boca, cuyas paredes crean el timbre y el eco, esta glosología que nos remite de manera literal al movimiento mismo de la lengua dentro de una compleja articulación de elementos). O, mejor dicho, si, como arguye Latour, la teoría del actor-red (TAR) representa “un cambio en las metáforas para describir esencias”, de tal manera que, en vez de superficies obtenemos, digamos, filamentos o “rizomas” (en el lenguaje de Deleuze y Guattari), entonces la cuestión -y esta es la cuestión que aquí quiero establecer para aquellos de ustedes que son especialistas en las tecnologías de la comunicación y de la información contemporáneas-, la cuestión sigue siendo cómo los rastros vestigiales de las prácticas materiales inscritas en nuestro propio lenguaje abren una re-elaboración crítica de algunos de nuestros supuestos más apreciados acerca del discurso de las redes hoy en día -supuestos sobre cuestiones de esencia, de ser y de ontología, supuestos sobre formas de techne y de tecnología, supuestos sobre la comunicación, la conectividad y la comunidad- supuestos que, en breve, no sólo continúan dando forma a muchas de nuestras concepciones sobre la tecnología de la comunicación y la información, sino que dan forma a las maneras en las que se nos pide rearticular la relación misma entre “el arte, la tecnología y lo político” en nuestros “orígenes compartidos”.

Antonio Negri

Antonio Negri

Para estar seguros, las referencias de Latour a la topología dan acceso a una vasta colección de otras referencias, una literatura que también trata de repensar las implicaciones ontológicas u “ontopolíticas” de tal materialismo distribuido. En este sentido, las cuestiones de topología pueden remitirnos a la distinción dada por Deleuze y Guattari en su Mil Mesetas (y reconocida en el argumento de Latour) entre “espacio liso y estriado”, o argumentos de que “toda una nueva topología de resistencia debe ser inventada” en relación a las redes (Galloway y Thacker), o muchas otras referencias en la teoría política contemporánea que remiten a cuestiones de topología (Hardt y Negri, Agamben, Derrida, Badiou, etcétera). En el argumento de Latour, esta topología no pertenece únicamente a la irrelevancia de muchos de nuestros términos descriptivos y marcos críticos (“niveles, capas, territorios, esferas, categorías, estructura, sistemas”) -términos y marcos que, obviamente, abarcan una amplia gama de contextos disciplinarios e inter-disciplinarios en los que estos términos tienen consecuencias epistemológicas decisivas, dan forma a las investigaciones que realizamos, y determinan de antemano los resultados y las explicaciones que damos del mundo. Más que niveles, superficies y esferas, esta topología de nodos y conexiones multi-dimensionales es ahora regida por el juego entre lazos y relaciones fuertes y débiles, lo que Latour refiere como “la diseminación, la heterogeneidad, y el trenzado cuidadoso de lazos débiles”, estos lazos y relaciones que son descritos más detalladamente por su “carácter fibroso, filiforme, hirsuto, filamentoso, capilar”.

1.10

Son estas nuevas topologías de la conectividad las que, entonces, dan forma al argumento de Latour sobre “la tiranía de la proximidad y la distancia”, una manera obsoleta de concebir, organizar y mapear el mundo que él encuentra en la geografía:

La dificultad que tenemos en definir todas las asociaciones en términos de redes se debe a la prevalencia de la geografía. Parece obvio que podemos oponer la proximidad y las conexiones. Sin embargo, la proximidad geográfica es el resultado de una ciencia, la geografía, de una profesión, los geógrafos, de una práctica, el sistema de mapeo, la medición, la triangulación. Su definición de proximidad y distancia es inútil para la teoría del actor-red (TAR) -o podría ser incluida como un tipo de conexión, un tipo de red… Todas las definiciones en términos de superficie y de territorios provienen de nuestra lectura de los mapas dibujados y rellenados por los geógrafos. Fuera de los geógrafos y de la geografía, “en medio” hay redes, no hay tal cosa como una proximidad o una distancia que no pudiera ser definida por la conectibilidad. La noción geográfica es, simplemente, otra conexión a una cuadrícula que define una métrica y una escala. La noción de red nos ayuda a disipar la tiranía de los geógrafos en definir el espacio, y nos ofrece una noción que no es ni el espacio social ni el espacio “real”, sino simplemente “asociaciones”.

Si citamos el argumento de Latour con algún detalle, es porque queremos insistir en su repensar de la métrica geográfica, y escalar su rechazo a reconocer cuestiones de disyunción, desconexión y disociación, no como meras posibilidades dentro de la conectividad enredada sino como su condición originaria y de posibilidad. O, mejor dicho, no hay ningún reensamblado de lo social, en el sentido de Latour, sin una reflexión constitutiva sobre un desensamblado previo y “posibilitador”, ninguna “asociación” sin “disociación”, ningún vínculo o relación social sin un desatar y una no-relación constitutivos y “posibilitadores”, ningún lazo social y compartir sin un deshacer y una ruptura en, y a través del que, las relaciones se vuelvan posibles de articular en primer lugar. La división, la incisión o el desplazamiento se vuelven la condición de posibilidad en la cual pensar todas las relaciones como relaciones.

Jean Luc Nancy

Jean Luc Nancy

Si brevemente aludimos a la “lógica” subyacente -podríamos decir aporética- de la afirmación de Jean-Luc Nancy sobre un compartir originario o partage (como es apuntado por el título mismo de la conferencia que este día nos congrega, nos reúne, y también nos divide), es esta aporía la que atraviesa y reconfigura nuestro sentido de “ser-juntos” y “vivir-juntos”. O es este partage el que abre a cualquier ensemble a una división, una desconexión, y una disociación -una incisión- que es, ahora, la condición no-empírica de posibilidad y la afirmación simultánea de cualquier ensemble como tal.[7] De hecho, en los escritos de Alain Badiou, Jacques Rancière y Giorgio Agamben (por citar únicamente a los autores más conocidos), comenzamos a ver la extensión crítica de este argumento a la cuestión de nuestra relación con el Estado, a esta no-relación y separación, este no-pertenecer sin identidad que el Estado rechaza y reprime -este Estado que es fundamentalmente indiferente al pertenecer pero que constantemente se preocupa por la inclusión, la identificación, la distribución de las partes dentro de un todo social, y, por lo tanto, el rechazo de la singularidad de esas “partes que no tienen parte”.

Martin Heidegger

Martin Heidegger

Al retroceder, por un momento, de las dimensiones más explícitamente políticas de este argumento, volteemos a una lectura de la palabra symploke de Platón, este “entretejimiento” o symplekein que crea un entretejerse-juntos. O, mejor dicho, esta referencia a Platón nos devuelve, por extensión, a la propia relectura que Heidegger realiza de esta referencia platónica en su ensayo “El camino al habla”, ensayo que busca traducir el término symploke de Platón por el alemán Geflecht (entramado), un término que, de hecho, yo mismo citaba al comienzo de mi ponencia y, en particular, la referencia de Heidegger al lenguaje como una apertura a “un entramado de relaciones [Geflecht von Beziehungen] en el que ya nos hallamos implicados”. “El propósito de un camino al habla”, escribe Heidegger, “está entretejido con un modo de hablar que quisiera, precisamente, poner en libre presencia el habla para poderla representar en tanto que habla y expresa lo representado, lo que, a la vez, atestigua que el habla misma nos ha entretejido con el hablar”. Heidegger, entonces, continúa:

Un entramado [Geflecht -que también puede traducirse como tejido, malla, o trenzado] comprime, estrecha y obstruye la visión directa a través de lo entretejido [Verflochtenen]. Al mismo tiempo, sin embargo, el entramado que nombra la fórmula [esto es, la fórmula en la que tratamos de hablar acerca del habla qua habla] es la cuestión propia [die eigene Sache -la cosa] del habla. Por ello, no podemos alejar la mirada de este entramado que aparenta comprimirlo todo a un asunto inextricable. La fórmula debe más bien [al tratar de hablar acerca del habla qua habla] animar nuestra reflexión para que intente no, claro está, eliminar el entramado, sino destejerlo de tal modo que conceda la visión [Blick -una mirada] al libre mutuo-pertenecerse [das freie Zusammengehören -el libre pertenecer, que también implica un oír y un escuchar] de las relaciones que la fórmula nombra. Quizás el entramado está atravesado por un lazo que, de modo siempre desconcertante [befremdende -extraño], desteje y libera el habla a su ser propio [Eigentümliches entbindet]. Se trata de experimentar el lazo que desteje en el entramado del habla.

Para concluir, algunas observaciones sobre el argumento de Heidegger. En primer lugar, se vuelve contra la reducción de esta experiencia del habla a la comunicación de información o de un mensaje, y ella misma refunde -esto es, vuelve a fundir- esta separación y este destejer que está en juego aquí. La experiencia del habla qua habla no es reducible, en parte alguna, a la transferencia o comunicación de información entre dos polos, como un mensaje que pasa entre un hablante y un receptor, ni a los medios por los que un intercambio de opiniones es llevado a cabo con el fin de establecer alguna forma de consenso. Sin duda, la referencia de Heidegger al “mutuo-pertenecerse” hace eco de su interés en el tema del “reunir” que persigue sus escritos con alguna frecuencia, este reunir que, ahora sabemos, tuvo consecuencias políticas decisivas en su apelación al destino espiritual del pueblo alemán (un destino espiritual que, sin duda, no puede ser separado de la propia apelación a este Geflecht (entramado) como una forma de trabajo artesanal, que nos acerca, también, a la idealización profundamente problemática del mundo de los campesinos y de las labores del campo realizada en sus escritos). En otras palabras, ahora conocemos los intereses que rigen la necesidad de reconsiderar este “lazo que desteje” de manera que se retire -se desenrede él mismo- de cualquier posibilidad de una fusión o reunión cerrada, espiritual y unificadora, algo, por decirlo así, que “viene a su ser propio”, un “mutuo-pertenecerse” que Nancy denominaría un inmanentismo (si aquí nos referimos al fascismo, podríamos recordar que la fascis era un haz de ramas de madera atadas a un hacha que salía desde el centro, y que era llevada por los lictores (literalmente, los que “ligaban”, del verbo latino ligare, ligar) que acompañaban a los magistrados romanos; al simbolizar el poder y la jurisdicción, son este atar y este ligar las ramas separadas el que sugiere que “la fortaleza a través de la unidad”, o el e pluribus unum -de muchos, uno). O, de nueva cuenta, el reto sigue siendo cómo repensar lo que, en el habla propia de Heidegger, es “desconcertante” acerca de este lazo, como si la alteridad del extranjero -de la alteridad del habla de un extranjero que no podemos traducir o escuchar- fuera lo que debe ser implicado en las maneras en los que el lazo o vínculo permanece destejido o desenlazado, incluso conforme él nos agrupa y nos vincula a unos y otros. O, de nueva cuenta, cómo reconocemos este destejer o desenredar en, y a través del habla de tal manera que lo que ocurra no sea una pura dispersión en individuos separados o una atomización, fragmentación y aislamiento adicionales, sino una reconfiguración, un volver a enredar -en breve. Otro intento de experimentar, sufrir y reconsiderar lo que precisamente constituye – de- y re- constituye – este “lazo que desteje”, el entbindende Band o entrelazamiento liberador en el que estamos implicados -plegados, entrelazados, anudados- dentro del “entramado del habla”.

Es en este sentido que me pude referir, en mis primeras líneas, a una expresión que, sin duda, suena un tanto extraña, incluso en inglés -no sólo una manera de estar enlazados o vinculados los unos a los otros, sino un desenlazar y un desvincular a -y con– unos y otros (y es esta lógica no-lineal del estar “desatado a y con” la que permanece completamente extraña a nuestros supuestos con respecto al rol que la conectividad juega en las redes, así como la expresión de Latour de lazos y relaciones fuertes y débiles). Si el entbindende Band o el “lazo que desteje” implica también un sentido de liberación (en alemán, el prefijo ent- implica un alejamiento, como el prefijo dis- en inglés), entonces la frase sugiere un sentido de ser liberado o entregado al habla. Entbindende también implica una entrega en el sentido de parto –entbindende puede ser traducido como dar a luz, o como sugiere otra traducción, “parturición”. Si este “lazo que desteje” sugiere un sentido de liberación, “parturición” sugiere un nacer (en el sentido de que nacemos al/en habla), cuya raíz etimológica proviene del latín parere, un traer o un venir a la apariencia, e implica aún más al habla no como algo que existe y dota a las cosas de una forma o representación estable e identificable, ni como la transmisión de información o de un mensaje, sino como lo que viene a la presencia, o lo que “nace a la presencia” para emplear la expresión de Nancy -y, de nueva cuenta, podemos sugerir que esta cuestión del habla como un nacimiento a la presencia se relaciona con muchas prácticas rituales y simbólicas a través de una gama de prácticas artísticas y culturales diferentes, prácticas que también nos devuelven una vez más a este origen compartido que implica un nacimiento.

1.13

Si la preocupación de Heidegger aquí es cómo hablar acerca del habla qua habla y pensar el habla como “un entramado de relaciones en el que ya nos hallamos implicados”, Nancy prolonga algunas de las amplias implicaciones del propio lenguaje de Heidegger, recurriendo a lo que él formula como un “encadenamiento de la palabra o las palabras”, donde este encadenamiento, en su pluralidad y multiplicidad esenciales, “es inacabable, infinitamente reticulado, infinitamente interrumpido y reanudado”. De hecho, son estos “encadenamientos de palabras” los que tienden a la “función más desnuda” del lenguaje, o su función fática, que se traduce como ese lenguaje que es compartido, que posibilita la sociabilidad y presupone la relación, que Nancy parafrasea como “el sostenimiento mutuo de una relación que no comunica sentido alguno sino la relación misma”. Como arguye Nancy, el Gespräch alemán o bien, implica el Geflecht o entramado, o bien, está ligado por Heidegger en, y como, este Ge-flecht – “Quizá se debería decir que el Geflecht es lo que proporciona el orden o la naturaleza del Ge del Gespräch; es decir, un “colectivo” (que es la naturaleza ordinaria del Ge-) pero con la función de “entre” (entre-, entrelazamiento, diálogo) y finalmente del dia- que no es dialéctica sino que comparte y divide. Lo que nos entrelaza nos divide”.

1.14

Nancy se refiere, en este mismo contexto, a lo que él llama “tomas de palabra”, tomas que son, al mismo tiempo, “idiosincráticas y comunes”, inscritas por todos los “desciframientos singulares” que componen, hoy, “el trabajo errante del sentido”, que Nancy ubica al mismo tiempo “referidos al lenguaje, y más o menos que referidos al lenguaje -pero siempre replicando a alguna cosa del lenguaje en eso que él es, él, el lazo sin sustancia”. Esta red reticulada, creada en, y por, estos encadenamientos y tomas de palabra es también la incesante rearticulación de un diálogo. El diálogo no es comprendido como la comunicación de un mensaje, una conversación o una voluntad de consenso. Pues el diá-logo es, literalmente, la interrupción rítmica del logos y su espaciamiento simultáneo, un espaciamiento (como una separación en sílabas o como separar sílabas con guiones pero irreductible a una relación dialógica y a una relación dialéctica) que es, al mismo tiempo, interrumpido -delimitado, configurado, delineado- e infinitamente reticulado (“lo que no comporta ni interioridad ni exterioridad, pero que, en el anudamiento, hace pasar sin cesar…”). El diálogo es, también, el compartir de las voces, la partage des voix, un partage, un compartir, o un (des)ensamblar lo que permanece, al mismo tiempo, como una separación y una relación, y, por tanto, como una manera más de rearticular el “lazo que desteje” de Heidegger a una exposición que rechace la clausura, la unificación y la identidad.

1.15

Si volvemos, entonces, a las maneras en que este lenguaje de anudamientos y lazos y vínculos se abre hacia una reconsideración de lo político, entonces un buen número de ulteriores implicaciones comienzan a abrirse. Al tratar lo que él llama las “exigencias políticas” del presente, Jean-Luc Nancy opone a una política de la identidad, autarkeia o “auto-suficiencia”, una política del lazo, un anudamiento del lazo ( le nouage du lien -traducido al inglés como una política del “nudo que no es”) que exige una re-articulación de lo político en términos “de la dependencia o de la interdependencia, de la heteronomía o de la heterología”. Al implicar una política “sin modelo teatral”, como Nancy insinúa, esta política del anudamiento abre “una ontología del ser en tanto anudamiento”, exigiendo que toquemos esas “extremidades” en las que “toda ontología, en cuanto tal, se anuda a otra cosa que a ella misma”.

Al proponer esta política del anudamiento, Nancy intenta delimitar aún más las diferentes maneras en las que los “lazos sociales” pueden volver a concebirse en términos que, quizá, siempre contribuyan a “no anudar este lazo, por haberlo supuesto ya anudado, dado”. En otras palabras, la cuestión sigue siendo cómo pensar los lazos políticos como “siempre por anudar cada vez”, como lazos por venir y, por tanto, rechazar toda nostalgia por la deseada reintegración de una sociedad fragmentada, una (re)fusión de la (o de una) comunidad en la que los lazos políticos, o bien, desaparezcan eventualmente (a fin de crear un identidad cohesiva), o bien, recaigan en una mayor atomización, o bien, permanezcan completamente reconciliados y resueltos en algún horizonte utópico y futuro. Al mismo tiempo, este énfasis en los lazos y en los anudamientos no recae sobre cuestiones de inclusión y de exclusión. Pensar a través de las exigencias políticas del presente exige, en cambio, que pensemos que “el lazo es menos quien liga que quien vuelve a ligar, es menos aquel que contiene que aquel que hace red.”

Si la expresión del argumento de Nancy nos devuelve una última vez a la relación entre ontología, topología y un “materialismo distribuido” que hemos intentado rastrear aquí, terminaremos con dos citas. La primera, de Mirando a lo lejos de Claude Lévi-Straus, indica al trabajo temprano del antropólogo sobre el parentesco y el intercambio social. Lévi-Strauss escribe:

Si se desea comprender la naturaleza de los lazos sociales, no se deberían tomar, desde el principio, unos cuantos objetos para tratar de establecer conexiones entre ellos inmediatamente. Al invertir la aproximación tradicional, primero se deben percibir las relaciones como términos y, después, los términos mismos como relaciones. En otras palabras, en la red de lazos sociales, los anudamientos tienen una prioridad lógica sobre las líneas, aún cuando, empíricamente, las líneas forman nudos al entrecruzarse unas con otras (Le regard éloigné, 12/The View From Afar, xii).

Lévi-Strauss

Lévi-Strauss

La reconsideración de lo político en términos de lazos y anudamientos puede ser leído aquí como una reescritura de la propia apelación de Lévi-Strauss a las “redes de lazos sociales”, rearticulando el espacio que Lévi-Strauss comienza a explorar en términos de sus prioridades “lógicas”. En Ser singular plural, Nancy escribe:

Todo, entonces, pasa entre nosotros. Este “entre”, como su nombre implica, no tiene ni una consistencia ni una continuidad de suyo. No conduce de uno al otro; no constituye tejido conectivo alguno, ninguna consolidación, ningún puente. Incluso, quizá, no sea justo hablar de una “conexión [lien]” al sujeto; no está conectado ni desconectado (ni lié, ni delié); no en ambos casos; aún mejor, él es aquello que está en el corazón de una conexión, de un entrelazamiento de hilos (l’entrecroisment des brins–el entrecruzamiento de fibras), cuyas extremidades permanecen separadas incluso en el centro del anudamiento (nouage). El “entre” es la distensión (distension) y la distancia abierta por lo singular como tal, su espaciamiento de sentido. Eso que mantiene su distancia del “entre” es únicamente la inmanencia colapsada en sí misma (en soi) y carente de significado (ESP, 23 / BSP, 5).

En otras palabras, la composición espacial -la coreografía- de este enlazamiento y este anudamiento es también descrito como “lo que no comporta ni interioridad ni exterioridad, pero que, en el anudamiento, hace pasar sin cesar el adentro afuera, el uno al otro o por el otro, del exterior hacia dentro, volviendo a venir sobre sí, sin volver a venir a sí” (El sentido del mundo, 166).

Al rechazar plegarse sobre uno mismo, es que en este sentido -finalmente- podemos comenzar a abrir un diálogo, este diálogo abierto por la interrupción y el espaciamiento rítmicos -sin origen o fin- de (un) habla.

Bibliografía

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Notas

[1] Leído en inglés, este texto es la ponencia inaugural dada como parte del coloquio “Orígenes (com)partidos: el arte, la tecnología, y lo político” el 3 de marzo 2011 en el Centro Multimedia, Centro Nacional de las Artes. Mis más sinceros agradecimientos a Maria Konta por organizar el coloquio.
[2] Numerosas imágenes acompañaron la presentación original de este texto las cuales no intenté de reproducir aquí.
[3] Por una discusión de los rituales de Huichol, véanse el libro de Barbara Myerhoff The Peyote Hunt. La importancia de los ritos budistas de cuerdas los debo a las conversaciones con mi colega Lindsay Jones.
[4] Todas las citas que siguen están tomadas de la version en línea del ensayo de Latour “On Actor Network Theory: A Few Clarifications.”
[5] Latour obtiene el argumento del libro de Wilda Anderson Diderot’s Dream.
[6] Para el contexto griego y romano, véanse el libro de Scheid and Svenbro The Craft of Zeus.
[7] En los escritos de Alain Badiou, Jacques Rancière, y Giorgio Agamben, empezamos a ver to see la extension crítica del argumento a la pregunta de nuestra propia relación al Estado, a esta no-relación y separación, esta no-pertenencia sin identidad que el Estado niega y reprime–este Estado que es fundamentalmente indiferente a la pertinencia sin embargo constantemente preocupado con la inclusión, identificación, asignación de las partes de una totalidad social, el estado que niega la singularidad de esos “partes que no tienen ninguna parte.” Este argumento está explorado meas a fondo en mi libro Reticulations: Jean-Luc Nancy and the Networks of the Political, notablemente bajo la luz del concepto de las redes que empezamos a explorar aquí.