¿Qué hacer? (1996)

Jean-Luc Nancy / trad. Maria Konta #41 - Hojear el siglo XX, #41 - Traducciones

Y ahora, ¿qué hacer?[1] La pregunta está en labios de todos y, de cierta forma, es esta la pregunta con que uno espera al filósofo de hoy (“uno lo espera a la vuelta de la esquina”, como se dice en francés). No “¿qué pensar?”, sino “¿qué hacer?”. La pregunta está en labios de todos (también en los del filósofo), pero retenida, apenas formulada, porque no sabemos si todavía tenemos el derecho, o si tenemos los medios, de plantearla. Tal vez pensamos más o menos discretamente, tal vez la incertidumbre del “¿qué hacer?” es hoy tan grande, tan oscilante, tan indeterminada, que ni siquiera tenemos que hacer esto: plantear la pregunta.

Especialmente si la pregunta presupone que uno sabe ya qué le es apropiado pensar, y por tanto sólo se pregunta cómo pasar a la acción. Detrás, la teoría, y antes, la práctica –la cosa clave es saber lo que es pertinente para decidir y de esa forma asumir la responsabilidad de la acción. Ésta es, sin embargo, la presuposición más común de la pregunta. Y “¿qué hacer?” significa, en este caso, “¿cómo hacer?” para lograr un objetivo ya dado. Por lo tanto, “transformar el mundo” quiere decir: realizar una interpretación ya dada del mundo, y satisfacer una esperanza.

Pero no sabemos qué sea adecuado pensar, ni tampoco aquello apropiado qué esperar. Tal vez ya ni siquiera sabemos lo que es pensar, ni, en consecuencia, lo qué es pensar el “hacer” o lo qué es “hacer” en lo absoluto.

Quizá conocemos al menos esto: “¿qué hacer?” quiere decir, para nosotros, cómo hacer un mundo en el cual no todo está ya hecho (jugado, logrado, sellado en un destino), ni tampoco completamente por hacer (por venir en el futuro siempre por venir).

Esto significaría que la pregunta nos coloca simultáneamente ante una doble respuesta imperativa. Es necesario medir lo que nada en el mundo puede medir, ninguna ley establecida, ningún proceso necesario, ninguna predicción, ningún horizonte calculable –la justicia absoluta, la igualdad ilimitada, la dignidad perfecta– y uno debe inventar, crear el mundo mismo, inmediatamente, aquí, en cada momento, sin relación con nada de ayer ni de mañana. Esto equivale a decir que uno debe simultáneamente afirmar y denunciar al mundo tal como es: no dosificar a trancas y barrancas la sumisión y la rebelión, y siempre terminar en el intervalo entre la reforma y el acomodamiento, sino hacer del mundo el lugar siempre reabierto, el lugar siempre agitado por su propia contradicción. Esto nos prohíbe saber de antemano qué hacer, pero nos obliga a nunca hacer algo que no sea sino un mundo.

Lo que vaya a devenir nuestro mundo, no lo podemos saber, y no podemos creer más el predecir ni el mandar. Pero podemos hacer que este mundo sea un mundo capaz de abrirse a su propia incertidumbre como tal.

Estas no son fórmulas vagas. Escribo estas líneas en enero de 1996. Las huelgas de diciembre en Francia han puesto de manifiesto toda la dificultad, por no decir la aporía, del “qué hacer” cuando todas las garantías están suspendidas y todos los modelos son caducos. La renuncia frente a las brutalidades de la Real-economía política se enfrentó con discursos febriles o ansiosos que difícilmente se arriesgaron a decir exactamente qué hacer. Pero entre los dos algo había surgido: que es ineluctable inventar un mundo, en lugar de experimentar uno y soñar con otro. La invención es siempre sin modelo o garantía. Pero, en efecto, esto supone la prueba del problema, de la angustia, incluso del desorden. Ahí donde las certidumbres se desenredan, allí también se recoge la fuerza que ninguna certeza puede alcanzar.

 

Nota de la traductora:

[1] El texto original en francés intitulado “¿Qué faire?” está inédito. Su traducción al inglés por Leslie Hill intitulada “What is to be Done?” fue publicada en Philippe Lacoue Labarthe and Jean-Luc Nancy, Retreating the Political, editado por Simon Sparks (Warwick Studies in European Philosophy, Routledge 1997): pp. 157-158. Agradezco a Philip Armstrong por haberme facilitado el original en francés y a Oscar Zapata por la corrección de estilo.