Redes intelectuales y literatura en la revista Humanismo

Ricardo Cadena Solís #41 - Hojear el siglo XX, #41 - Artículos

 Resumen

Este artículo es un acercamiento a la revista cultural latinoamericana Humanismo (1952-1961) a partir de dos caminos: primero, desde la red de intelectuales que editaron y dirigieron la publicación en sus distintas etapas y, posteriormente, desde el papel que tuvo la literatura en la vida de esta revista, su presencia como tema y su utilización como herramienta de apoyo a causas ideológicas y políticas.

 

Abstract

This paper is an approach to the Latin American cultural magazine Humanismo (1952-1961) from two perspectives: first, from the group of intellectuals who edited and managed the publication in its different periods and, after that, from the role that literature had in the life of this magazine, its role as subject and as an element of support of ideological and political matters.

 

Asomarnos a la revista Humanismo es atestiguar la complejidad que implica la realización de una revista cultural o literaria. Más aún si esta labor editorial supone la participación, a lo largo de su desarrollo, de distintas personalidades que, a pesar de tener cierta similitud de objetivos, mantienen diferencias de enfoques o concepciones ideológicas. La evolución de Humanismo fue rica en historia y cada uno de sus elementos compositivos tuvo un papel determinante dentro de la totalidad del proyecto. Este texto es una aproximación inicial a uno de los conceptos fundamentales dentro de Humanismo: la literatura desde su presencia como tema, y desde su utilización como herramienta de apoyo a causas ideológicas. Asimismo, es necesario tejer una historia general que mencione a las figuras más sobresalientes que dirigieron este proyecto editorial o que publicaron en él.1

Mario Puga

Humanismo fue fundada en la Ciudad de México por el peruano exiliado Mario Puga, y su primer número se publicó en el mes de julio de 1952 gracias a la solidaridad empresarial de Rafael Loera y Chávez, figura importante de la Editorial Cvltvra, y del apoyo a su fundador de varias figuras intelectuales, entre ellas del prestigioso economista Jesús Silva-Herzog. Puede considerarse como una primera época de la revista esta que va de su número uno, hasta el número doble 19-20, de marzo de 1954, periodo en el que fungió como director el propio Mario Puga, y en el que se mantuvo un consejo editorial estable, con Andrés Eloy Blanco, Alfonso Caso, Miguel Ángel Cevallos, Juan de la Encina, Carlos Lazo, Rafael Loera y Chávez, Margarita Paz Paredes y Manuel Sánchez Sarto. Humanismo continuó editándose bajo el apoyo de Loera y Chávez hasta el número 11-12. Cuando este y la Editorial Cvltvra se retiran del proyecto, entra a formar parte del cuerpo editorial el político Luis I. Rodríguez; en estas fechas se crea la Editora y Distribuidora Humanismo, que publicará varios títulos, sobre todo de política. En la revista, el consejo de redacción crece y se modifica; desaparece de la lista Margarita Paz Paredes y se suman otros nombres como los de Joaquín García Monge, Félix Lizaso y Rogelio Sinán (seudónimo de Bernardo Domínguez Alba). Tuvo en esta época un diseño característico con abundancia de color en portada, y el lema “Revista mensual de cultura” (a veces “Revista Bimestral de Cultura” a partir del número 7-8, de febrero de 1953).

Una segunda época comienza con el número 21, de julio de 1954, en el que toma la dirección el cubano, también exiliado en México, Raúl Roa García2. Para este momento, Humanismo cambia radicalmente su diseño a uno más austero, con tapas de color blanco y una o dos tintas en portada, e interiores de un papel de menor calidad al de la etapa anterior. El diseño de cubiertas varía en esta segunda etapa, pero la esencia es la misma: austeridad  en el material y una tipografía que no se modificó.

Raúl Roa

Aunque a mediados de 1955 Roa deja este país para volver a Cuba, continúa con el cargo de director que después compartirá con el político venezolano Ildegar Pérez Segnini, quien antes figuraba como subdirector, aun desde la época de Puga. Después, la revista deja México para comenzar a editarse en La Habana, a partir del número 53-54, de enero-abril de 1959; Pérez Segnini queda como solitario director, para después dejarle este cargo al puertorriqueño Juan Juarbe y Juarbe hasta que la revista muere en febrero de 1961, con el número 64-65. En esta etapa cubana las cubiertas tienen colores llamativos, y aunque el tipo de papel no varía, sí lo hace la calidad de la tinta y de la impresión, mucho más austera.

Tomando en cuenta este referente histórico, la manera más atrayente de acercamiento a una revista como Humanismo es obedeciendo a una línea cronológica, y a partir de entonces realizar valoraciones interpretativas pertinentes. Conocer la línea editorial de la revista es el primer paso para poder analizar el material publicado. Mario Puga proyectó Humanismo como una revista de cultura que condensara, desde una perspectiva humanista, diferentes expresiones provenientes de diversas ramas como la filosofía, la literatura, las artes plásticas, la lingüística, la economía y la política.

La política, precisamente, es un tema importante en muchas de las revistas del siglo XX, y Humanismo no es la excepción. Su fundador, si bien era un hombre de letras, también era –y es por esta faceta más conocido– un político adherido al APRA, que había tenido que abandonar Perú durante la dictadura de Manuel Odría (1948-1956), luego de que este emprendió acciones represoras contra la Alianza Popular Revolucionaria Americana y contra otros partidos de la fragmentada izquierda peruana, al ser contrarios al régimen.3

Es entendible que en Humanismo se percibiera la filiación ideológica que domina sus páginas, expresada en sus textos de corte político y económico. No es en sí una propaganda aprista, aunque tiene rasgos que la esbozan. Humanismo promovía una ideología de izquierda, que abogaba por la erradicación de las dictaduras presentes en América Latina, el rescate del indígena en la composición social, y la no intervención, en suelo latinoamericano, del “imperialismo” estadounidense.4

Sin embargo, por encima de todo, la revista se concibió como un proyecto integral, y como tal se echó a andar apenas comenzaba la segunda mitad del siglo XX. Obedecía a una pluralidad que no solamente estuvo en la variedad de los temas abordados, sino también en la lista de colaboradores y de integrantes del comité editorial, diversos tanto por su nacionalidad como por su profesión. Todo ello tuvo como base el concepto mismo de humanismo, que daba título a la publicación y que definió la línea editorial de la revista: inclusión, pluralidad, independencia en los temas no sometidos a causas políticas o de partido. Esas pautas no fueron expresadas como ocurre comúnmente en las revistas, por medio del editorial o el manifiesto, sino a través de los ensayos que sobre el concepto de humanismo y sobre las amenazas que rondan sobre él escribieron Gabriela Mistral, Manuel Andújar, Alfonso Reyes y Luis Alberto Sánchez, entre otros.5

Gabriela Mistral

La literatura fue uno de los ejes compositivos de la revista desde sus comienzos, uno de los más importantes. Es necesario dividir ese material en dos partes: por un lado, los artículos (de tipo periodístico o monográfico) y ensayos que tuvieron a las letras como tema central, y por otro, las colaboraciones de poesía y cuento.

La literatura estuvo inmersa dentro de esa pluralidad, inclusión y libertad temática que incentivó Humanismo en su primera época. Entre las secciones de la revista ya estaba presente una titulada “Ficción” que, aunque de escaso material en el comienzo, poco a poco, a lo largo de los primeros números, fue aumentando su extensión al incluir cuento, poemas y a veces teatro. Lo que sí está muy presente en aquellos números iniciales, son los artículos y ensayos dedicados al tema literario. En ese sentido, los colaboradores más constantes son Alfonso Reyes y el crítico Antonio Magaña Esquivel, el primero tratando temas de literatura clásica y medieval, y el segundo aportando opiniones sobre teatro. Otros colaboradores importantes que figuraron en los índices son Jaime Torres Bodet, Rodolfo Usigli, José Ramón Arana y Alí Chumacero, con ensayos de tema literario variado: sobre teatro, sobre novela y sobre poesía mexicana y española. Wilberto Cantón también participa en esta primera etapa de la revista con textos sobre el poeta costarricense Alfredo Cardona Peña y el escritor hondureño Rafael Heliodoro Valle.

Alí Chumacero

Conforme avanza la etapa de dirección de Puga, las colaboraciones sobre y de literatura fueron volviéndose fecundas. En el caso de la ficción tiende a verse una tendencia al tema social, al interés por el desposeído o el indígena sometido; y si bien el tema indígena fue una de las bases de la política aprista, esta serie de publicaciones aún están libres de tonos propagandísticos. Entre ellas se encuentran el cuento “Y todo quedó bajo el agua”, de Lilia Rosa (núm. 1); el relato “Los voladores”, de Irene Nicholson (núm. 4); el cuento “Ella, una india”, de Carlos Eduardo Zavaleta (núm. 6); “Poesía civil: Oda a los campesinos de mi patria; Canto a los mineros de Bolivia”, de Manuel Scorza, y “Xóchitl”, de Horacio Quiñones (ambos en núm. 16).

Raúl Roa y Fidel Castro

El material literario bajo la dirección de Mario Puga (1952-1954), junto al relacionado con áreas como arte, filosofía e historia, no dejó de ser abundante, salvo en algunos números al final de esta etapa, en que temas sociales de ocasión, sobre todo crisis políticas, ocupaban buena parte del número. Hubo incluso desde el número 13 y hasta el 21 una sección llamada “Artes y Letras”, a pesar que desde antes había material suficiente para ello.

El número 21 (julio de 1954) marca el comienzo de la etapa de Roa en la dirección. Este cambio significa un viraje determinante si atendemos al lugar de la literatura en sus páginas, así como de otras materias que con Mario Puga tenían cabida. Aquí ya no importaba tanto la variedad de temáticas, porque para la nueva dirección, lo fundamental era el quehacer político. Los tiempos así lo exigían y la teoría ya no importaba tanto como la práctica. En su editorial de presentación, titulado “Posición y rumbo”, la nueva Humanismo se define ya como una revista “con definido y beligerante acento político”, y luego aclara: “No implica ello, en modo alguno, que vaya a asumir una postura sectaria o partidista. Tal designio está radicalmente excluido de la perspectiva de sus editores.” Aunque si bien su política tuvo un marcado matiz de izquierda y revolucionario, siempre declararon ser “ni pro soviéticos, ni pro imperialistas” (pero apoyaron abiertamente a líderes de izquierda y a ciertos gobiernos, al igual que Puga).

Es necesario aclarar que este viraje, este cambio de postulados editoriales, no se dio inmediatamente. Si marco esta fecha como clave en la historia de la revista es por la importancia que tuvo, en líneas generales, el cambio de dirección de Humanismo y su repercusión en el futuro próximo. Lo que sí ocurre en este número 21 es que comienza una etapa de transición en la que los cambios, de a poco, comienzan a mostrar la supremacía del material político, ya no solamente como guía ideológica de la revista, sino también en relación a la cantidad de sus colaboraciones, en detrimento del material cultural. Ya en esta época están presentes los editoriales, de los que carecía la revista en su primera etapa y los cuales obedecen a necesidades políticas, a una nueva labor que ya se presumía desde el lema añadido al principal, en esta era de Raúl Roa: “Al servicio de nuestra América”.

Este número 21 al que me refiero, si bien ya deja fuera toda colaboración teórica sobre literatura, contiene buenas piezas literarias de autores reconocidos: el cuento “Los pájaros del sueño”, de Rogelio Sinán, y tres poemas de Carlos Pellicer.6 Además, aparece desde este número y hasta el 29 (correspondiente a marzo de 1955) la sección “Desde mi Belvedere”, de Andrés Henestrosa, una serie de comentarios diversos sobre literatura latinoamericana. Para el mes siguiente, en su número 22, Humanismo mezcla literatura y política en el homenaje a Rómulo Gallegos que ocupa sus páginas, y del cual sobresalen los textos de crítica literaria del español Ricardo Baeza, el cubano Jorge Mañach y Juan Bosch, político y escritor dominicano.

Rómulo Gallegos

En calidad y en número, la literatura disminuye cada vez más a partir de aquí y hasta el número 25. La presencia de lo literario se salva únicamente por las colaboraciones del número 23 (septiembre de 1954) del colombiano Manuel Zapata Olivella, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias y el español Rafael Alberti. Un caso singular es el número 26, publicado a finales de ese mismo año, que recuerda mucho a lo que era Humanismo en su primera etapa de publicación, al incluir diversos artículos y ensayos sobre lingüística, literatura, música y pintura, de autores como Enrique Anderson Imbert, Guillermo de Torre, Enrique Cabrera, Jorge Crespo de la Serna y Felipe Cossío del Pomar, además de un poema de Andrés Eloy Blanco, un cuento de Rogelio Sinán y la ya citada sección de Andrés Henestrosa. El número 30, de abril-junio de 1955, fue un “Homenaje a México” que contó, como el número 26, con temática variada. El siguiente, el número doble 31-32, rindió tributo a Andrés Eloy Blanco por su repentino fallecimiento.7

Esta que he llamado “época de transición” culmina con el número 33-34.8 Por aquellas fechas ya Raúl Roa había abandonado México para regresar a Cuba. De ese modo, aunque Roa siguió figurando como director, y al parecer seguía atento a la edición de la revista, la principal labor organizativa estuvo a cargo de Pérez Segnini. Este suceso es clave, en el entendido de que Roa, más allá de su papel político, era un intelectual, un hombre de cultura, y su partida coincide con la inclinación de la revista a un solo eje temático: la política.

Esta nueva etapa presenta tres factores a mencionar. Primero, que la literatura, como tema y ejercicio, no desaparece pero sí disminuye considerablemente. Segundo, que la calidad de los artículos de crítica literaria o artísticos que aparecen en la revista es mucho menor a la que ostentaban tiempo atrás, sobre todo en la primera época, ya que los autores de dichos textos, o bien no eran especialistas en arte y literatura, o bien, salvo algunas excepciones como Vicente Sáenz, Emmanuel Carballo o el recurrente Felipe Cossío del Pomar, son poco conocidos. Tercero, que los textos de ficción, es decir, los cuentos y los poemas presentan una adhesión muy evidente a la ideología de izquierda de la publicación. En esta época, dicho material literario puede decirse que ya obedece a la coyuntura, a las necesidades de expresión política de la revista. Sirve, ahora sí, como un apoyo a esa parte medular de Humanismo, según las ideas de su cuerpo editorial, y pierde la independencia que tenía en años anteriores. Poco después de la partida de Raúl Roa se eliminó el lema fundador de la portada –“Revista mensual de cultura”–, para incluir el de “Revista de insobornable orientación democrática”. El cuerpo del texto lo resintió pronto. Puede haber, incluso, una relación estrecha entre su postura política –democrática, social, de izquierda– y la materialidad misma de la revista, ya que, si bien el diseño austero pudo deberse a recursos económicos limitados, también hace recordar las palabras de Mariátegui sobre Amauta: “¿Debe Amauta tener pudor de su pobreza? No; ese pudor sería antiproletario y antirrevolucionario.”9

Sobre la época de edición en Cuba, puede decirse que siguió esa misma línea, haciendo hincapié en la nueva empresa gubernamental que estaba iniciando en la isla. Hay asomos literarios en esos números editados en La Habana, pero todos ellos enfocados en el tema político. Lo que nunca se abandonó, cabe decir, es la colaboración fecunda entre autores latinoamericanos, sobre todo en este caso cubanos y mexicanos.

¿Qué se advierte en este recorrido cronológico? Que estrictamente la presencia de la literatura no desapareció en la vida de Humanismo, sino que tuvo virajes: primero quiso ser un elemento de composición de un todo que a la vez guardara independencia del resto; luego se convirtió en una articulación de un centro de control. No cabe duda que sus directores eran hombres de fundadas creencias políticas, y sin embargo emprendieron su tarea editorial con diferentes objetivos. Asumieron, desde luego, su condición de exiliados en un país como México, de puertas abiertas hacia el exterior pero con un control estricto en su política interna, y guardaron en él la “compostura política”; tuvieron objetivos similares, creían en la cultura, y sin embargo Humanismo no fue una revista homogénea en sus años de vida.

Este recorrido histórico permite, asimismo, observar el proceso evolutivo de una revista y de al menos una de las partes que la conforman, la literatura, que en Humanismo se definió como uno de los pilares que sostendrían su edificio, pero que fue abandonando su origen cuando los primeros constructores dejaron su labor, para dar paso a nuevos arquitectos que culminaron la obra con esquemas y planos diferentes. Y sin embargo, a pesar de sus diferencias, las dos etapas, con su transición intermedia, se complementan. La revista, como centro de discusión intelectual, como reflejo y a la vez sujeto de una época, puede ser bien ejemplificada con el caso de Humanismo, que sigue una historia singular por ser moldeada por sus circunstancias particulares, no solo respecto a dificultades económicas o de edición, sino por cuestiones más profundas que descansan en lo ético y lo ideológico.

 

 

 

Bibliografía

  1. Contreras, Carlos y Marcos Cueto, Historia del Perú contemporáneo, Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú, Lima, 1999.
  2. Flores, Samuel, Raúl Roa y la Universidad de Nuevo León, Monterrey, UANL, 2012.
  3. Kozel, Andrés, “América Latina en Humanismo (México-La Habana, 1952-1961)”, en Regina Crespo (coord.), Revistas en América Latina: proyectos literarios, políticos y culturales, UNAM/Eón, México, 2010.
  4. Melgar Bao, Ricardo, “Mariátegui y la revista Amauta en tiempos de crisis”, en Aimer Granados (coord.), Las revistas en la historia intelectual de América Latina: redes, política, sociedad y cultura, UAM/Juan Pablos Editor, México, 2012.
  5. _____, Redes e imaginario del exilio en México y América Latina: 1934-1940, LibrosEnRed, Buenos Aires, 2003.
  6. _____ y María Esther Montanaro, Víctor Raúl Haya de la Torre a Carlos Pellicer. Cartas indoamericanas, Taller Abierto, México, 2010.
  7. Roa, Raúl, En pie 1953-1958, Universidad Central de Las Villas, La Habana, 1959.

 

 

Hemerografía

Humanismo, 65 números, México-La Habana, 1952-1961.

 

 

Notas

1 Un panorama general sobre la revista y el concepto de América Latina en la publicación la ofrece Andrés Kozel en su artículo “América Latina en Humanismo (México-La Habana, 1952-1961)”, en Regina Crespo (coord.), Revistas en América Latina: proyectos literarios, políticos y culturales, pp. 319-352.
2 Roa García, que ya había visitado México en 1952, regresó como exiliado a este país y permaneció en él de finales de 1953 a mediados de 1955. La propia Humanismo, en su número 19-20, recoge algunos fragmentos de las declaraciones de Roa a Vida Universitaria (marzo 1954), revista de la Universidad de Nuevo León: “Retorné a México en diciembre del pasado año. Semanas antes había regresado a Cuba sabiendo que arriesgaba, cuando menos, mi libertad. La persecución de los cuerpos represivos de la dictadura no tardaría en acosarme, hasta convertirse en sentencia de muerte.” El 19 de mayo de 1955 los colaboradores de la revista organizan una cena de despedida ante su partida hacia Cuba, tras unirse al Movimiento de Resistencia Cívica, organización perteneciente al Movimiento 26 de Julio. Véase Raúl Roa, “Deuda con México”, En pie 1953-1958, pp. 138-140.
3 Un panorama del periodo lo ofrece Carlos Contreras et al, Historia del Perú contemporáneo.
4 Esta campaña contra el imperialismo yanqui ya había traído al APRA fuertes críticas de los comunistas desde la década de los treinta, acusando a la Alianza de servir al otro imperialismo, el británico. Véase Ricardo Melgar Bao, Redes e imaginario del exilio en México y América Latina: 1934-1940, p. 36.
5 Gabriela Mistral, “Destructores y constructores”, Humanismo, núm. 1 (julio de 1952); Alfonso Reyes, “Del buen sentido y su sentido”, Humanismo, núm. 1 (julio de 1952); Manuel Andújar, “El humanismo: tema y problema”, Humanismo, núm. 2 (agosto de 1952); Luis Alberto Sánchez, “Sobre la facultad de hablar”, Humanismo, núm. 3 (septiembre de 1952).
6 Son los poemas “Elegía”, “A Germán Arciniegas, en Bogotá” y “Rabia sombría”. Es interesante conocer esta relación de Pellicer con la ideología de izquierda en Latinoamérica. Un ejemplo de este hecho lo exponen Ricardo Melgar Bao et al, Víctor Raúl Haya de la Torre a Carlos Pellicer. Cartas indoamericanas.
7 Andrés Eloy Blanco formó parte del consejo de redacción de la revista desde su fundación hasta 1955, año de su muerte. La última colaboración con su firma apareció en el número 26 (diciembre de 1954).
8 El número 33-34 fue publicado en octubre de 1955, mientras que el siguiente, 35-36, no vio la luz sino hasta abril de 1956, con algunos cambios de diseño. A espera de una revisión exhaustiva de la correspondencia de Roa con intelectuales mexicanos, parece ser que el director planeaba trasladar, desde 1955, Humanismo a La Habana. En la carta a Alfonso Reyes Aurrecoechea, fechada en La Habana, el 24 de septiembre de 1955, Roa escribe: “Estuve en México recientemente dos semanas a ver a mi mujer, que se sintió mal. Ella retornó para concluir su entrenamiento en el Instituto de Cardiología. Estuve tan atareado por ello, y por darle los últimos toques a la revista, cuyo traslado se efectuará próximamente a La Habana, que me fue imposible saludar a los… amigos que ahí he dejado y escribirte a ti.” Samuel Flores, Raúl Roa y la Universidad de Nuevo León, p.83.
9 En Amauta, núm. 20, enero de 1929, p.16, citado por Ricardo Melgar Bao, “Mariátegui y la revista Amauta en tiempos de crisis”, p.61.