Trump: ¿Un riesgo para el comercio internacional?

Pablo Ruiz L. Especial #2: Trump

Resumen

El programa económico de Trump se ha creado en torno al interés de los muy específicos grupos de la población que votaron por él. Es por eso que este programa parece servir más a las demandas políticas de su base de votantes y a sus propios intereses como empresario que a un programa económico coherente que incluya no sólo los intereses de todos los americanos, sino también las tendencias del capitalismo actual respecto a la creación de una economía global. Es este intento de crear una realidad diferente que genera los mayores temores entre los economistas, que ven en estas contradicciones la posibilidad de un menor crecimiento de largo plazo para ese país y el posible aislamiento de los Estados Unidos del grupo de países que lideran la economía mundial.

Palabras clave: impuestos, comercio exterior, economía global, México, TLC.

Summary

Trump’s economic program has been built around the interest of the very specific group of the population who vote for him. That is why this program seems to serve more the political demands of its voter base and his own interests as an entrepreneur than to a coherent economic program that includes not only the interests of all Americans but also the tendencies of current capitalism with respect the creation of a global economy. It is this attempt to create a different reality that generates the greatest fears among economists who see in these contradictions the possibility of lower long-term growth for that country and the possible isolation of the United States from the group of countries that lead the world economy.

Keywords: taxes, foreign trade, global economy, Mexico, NAFTA.

 

Como es usual en una campaña política a la presidencia, los competidores suelen hacer declaraciones festivas sobre los logros económicos que alcanzará el país en caso de llegar a la presidencia. Para ello, comúnmente, dan cuenta de algunas líneas generales de política económica a través de las cuales se supone llegarán a los objetivos deseados. Es claro que nadie gana una elección por decir que el país no crecerá, aunque el crecimiento no dependa necesariamente de las decisiones de un país o de sus funcionarios.

Este es el caso de la plataforma económica de Trump, la cual, en vez de atender a una visión económica para el conjunto de los EU, se concentra en los intereses muy particulares de los votantes que lo llevaron a la presidencia. Así, para ser consistente con ellos y gozar de su apoyo, cada día el presidente se ve más obligado a sostener estos objetivos económicos independientemente de lo exageradas que hayan sido sus promesas.

Hasta ahora el resumen más explícito de los temas económicos de Trump se encuentra en los posicionamientos sobre economía que estableció cuando era candidato, que incluyen temas como impuestos, infraestructura, energía y comercio internacional. En estos documentos Trump da cuenta de su visión de los temas económicos, al tiempo que señala las principales medidas que va a implementar para alcanzar sus objetivos. Como es de esperarse, esta información es tan general que imposibilita cualquier análisis económico serio que nos lleve a algún tipo de conclusiones. Esta es la razón por la que hasta al momento ningún economista serio se haya pronunciado sobre un escenario en específico. Hoy simplemente no existe la información suficiente que nos permita cuantificar los resultados de una política económica. Sin embargo, lo que si podemos hacer es analizar hacia donde apunta la visión económica de Trump, así como la racionalidad de las políticas económicas que piensa instrumentar para alcanzar sus objetivos.

Con el fin de simplificar nuestro análisis, me parece pertinente dividir esta exposición en dos apartados: el primero de “Economía Interna”, donde se ubicarían los comentarios de Trump con relación a los temas de impuestos, infraestructura y energía. El segundo de “Comercio Exterior”, donde incluiríamos todo lo relacionado con este tema.

Economía interna

 

De acuerdo a la visión de Trump, bajo su mandato espera:

  • Crear a lo largo de 10 años 18 millones de puestos de trabajo que se sumarían a la perspectiva que se tiene bajo las condiciones actuales de incrementar los puestos de trabajo en 7 millones, dando así un total de 25 millones de nuevos empleos en una década.
  • Para ello, Trump supone que podrá añadir a la tasa de crecimiento anual del PIB un punto y medio por ciento más, para llegar a un crecimiento anual promedio esperado de 3.5%. El motor de este crecimiento se ubicaría principalmente en un plan impositivo pro-crecimiento, así como en los planes de crecimiento y liberalización de las actividades de energía e infraestructura.

Estas dos ideas se pueden resumir en lo que los economistas llamamos una política fiscal expansiva, que no es otra cosa que un gobierno que gasta más o recauda menos impuestos y cuya instrumentación sería la siguiente:

  • Para las personas, realizar una reducción de las tasas impositivas que tienen que pagar al fisco, al tiempo que se incrementa la gama de gastos que pueden deducir. Con ello las personas tendrían un mayor ingreso disponible para utilizarlo en consumo, impulsando con ello la demanda.
  • Para las empresas también se piensa realizar una reducción muy importante en las tasa impositiva (de 35% a 15%) y una reducción al 10% en la tasa impositiva por repatriación de capitales. La idea detrás de estas medidas consiste en reducir el gasto de las empresas a través de un menor pago de impuestos, de manera que incremente su rentabilidad, haciendo más atractivo a los capitalistas las actividades de inversión.

Una política así conduciría a una reducción en los precios de los productos, beneficiando al consumidor e incentivando con ello su demanda, lo que a su vez incrementaría el volumen de negocio acrecentado las ganancias. Con ello se daría un cambio en las preferencias de los capitalistas, que comenzarían a destinar menos recursos al ahorro y más a las actividades de inversión ante su mayor rentabilidad, al tiempo que se haría más atractivo para los extranjeros el llevar a cabo negocios en EU, ante el menor costo por impuestos. Estas medidas lo que estarían impulsando es una mayor oferta y con ella un mayor empleo.

Esta última política es la que se considera fundamental dentro de las ideas económicas de Trump y parte de su visión del mundo como empresario, lo cual se ve claramente reflejado en la manera como expone este objetivo en su plataforma económica: “Asegurar que los ricos paguen la parte justa, pero que nadie pague tanto que destruya puestos de trabajo o socave nuestra capacidad para competir”.

Este tipo de políticas ya se han aplicado en el pasado y son conocidas por los economistas como “economía de la oferta” o “economía por goteo”, toda vez que la idea fundamental se puede resumir en algo así como “dejemos que los empresarios hagan sus negocios, que al hacerlo producirán una derrama de ganancias al resto de la economía, a través de la creación de más empleos directos (conforme incrementan su producción) e indirectos (conforme demandan una mayor cantidad de insumos)”.

Hasta aquí todo tiene una lógica clara, apoyar el proceso de inversión a través de:

  • Una reducción de impuestos a la producción que haga más rentable los negocios.
  • Una desregulación de la actividad económica que facilite la creación de negocios (reducción de la molesta burocracia en particular de la de Washington).
  • Un mayor gasto en infraestructura que abarate el costo de distribución y como colateral cree mayor empleo de baja calificación.
  • Una desregulación de la actividad de energía que abarate su costo.

No obstante la instrumentación de estas políticas en la realidad es mucho más compleja y nada exenta de riesgos. De no ser así, sí su éxito fuera contundente, esta política ya habría sido tomada y replicada por todo el mundo. Hoy dentro de los estudiosos de la economía existen personas a favor y en contra de esta teoría, y ello se debe en mi apreciación a que no hay una solución económica única, lo que lleva en el tiempo a los gobiernos a alternar entre diferentes esquemas de política económica.

De acuerdo a la teoría de la “economía de la oferta” la pérdida de ingresos que implica una reducción en la captación de impuestos es compensado en el tiempo a través de un mayor crecimiento económico que genera una mayor recaudación de impuestos. No obstante, esto no sucede al mismo tiempo, la reducción de ingresos es inmediata mientras los beneficios del crecimiento son a futuro y graduales, lo que obligaría al gobierno a financiar en un primer momento estas políticas. La única manera de que este esquema no lleve a un déficit fiscal es que el gobierno pudiera reducir su gasto en otros rubros “prescindibles” como eliminar el “Obamacare” y parte de la burocracia de Washington, y reducir el gasto en organismos internacionales, tanto civiles como militares. La pregunta que surge es si esto es posible de hacer y si sería suficiente para compensar la pérdida de ingresos. Creo que el consenso general es que no es posible bajar el gasto en esas magnitudes y que en el mejor de los casos esta estrategia económica llevaría en los primeros años de su instrumentación a un mayor déficit fiscal, que tendrá que ser financiado a través de un mayor endeudamiento.

Ahora bien, avancemos un paso más en la complejidad que generan estas políticas durante los primeros años. Si el gobierno norteamericano requiere emitir más deuda, eso significa que habrá una mayor demanda por financiamiento y para ello tendrá que competir con los demás demandantes de crédito. ¿Cómo? Pagando más por los créditos, lo que significa una mayor tasa de interés. Por otra parte la reducción impositiva genera en forma inmediata una mayor demanda, misma que no se estima pueda ser atendida con la misma rapidez por las empresas, toda vez que la economía americana se encuentra cerca del pleno empleo, lo que puede generar presiones inflacionarias. Si ello llegara a suceder la Reserva Federal, organismo independiente que tiene como objetivo vigilar y controlar la inflación, tendría que llevar a cabo una política monetaria restrictiva, esto es subir la tasa de interés, a fin de encausar el dinero hacia el ahorro y así frenar el exceso de demanda.

Una mayor tasa de interés iría en contra de la política expansiva de Trump, haciendo un poco menos atractiva la inversión (habrá quien decida que ante el nuevo nivel de tasa de interés ya no es tan atractivo invertir y es mejor ahorrar), al tiempo que incrementaría el gasto financiero de la deuda gubernamental en un momento en que ésta se encuentra en crecimiento, reduciendo todo ello los recursos disponibles del gobierno.

Como ven, lo que parecía una política económica lógica y sencilla tiene repercusiones mucho más complejas. Aquí sólo hemos señalado dos ramificaciones, pero esas dos por si solas podrían descarrilar el resultado final. Es por ello que la implementación de una política económica como esta requiriere de una instrumentación muy delicada, de manera que evite los desequilibrios. Como no sabemos cuál será el detalle de ese manejo, no podemos definir si estas políticas serán exitosas o no.

Más aún, este plan de reducción de impuestos y su consecuente mayor endeudamiento tendría por fuerza que ser autorizada por el Congreso, existiendo fuertes reticencias a su aprobación tanto de parte de demócratas como de republicanos.

 

Economía Externa

La visión que Trump tiene sobre el comercio exterior es mucho más controvertida que lo discutido en el apartado anterior y se puede resumir como:

  • Renegociación de TLC o su salida de él de no lograr acuerdos. (Actividad que se encuentra en proceso de ejecución).
  • Salida del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica. (Hecho que ya sucedió).
  • Instruir al Secretario del Tesoro que denomine a China como manipulador de su moneda. Instruir a los Representantes Comerciales de EU para que presenten casos en contra de China, tanto en EU como en la Organización Mundial del Comercio. (Medidas que se encuentran detenidas).
  • Instruir al Secretario de Comercio y a los Representantes Comerciales de EU a que identifiquen abusos comerciales que impacten injustamente a los trabajadores americanos e instruirlos para que usen cualquier herramienta bajo las leyes americanas e internacionales que den por terminado de forma inmediata esos abusos. (Objetivos que sólo has sido abordados bajo el marco de las negociaciones del TLC).

Dentro de esta lista de temas quizás el más populista de la plataforma económica de Trump sea este último, ya que surge de atender las necesidades muy específicas de ciertos grupos de electores, mas no cuenta con una lógica económica.

Para entender los límites de este tema permítanme primero definir algunos conceptos:

Balanza Comercial. Se define con el saldo entre exportaciones menos importaciones sólo de productos.

Cuenta Corriente. Se define como la Balanza Comercial, más el saldo de salida y entrada de recursos por la contratación de servicios (como turismo, transporte, comisiones por servicios financieros, etc.), más el saldo de salida y entrada de recursos por transferencias (como las remesas que envían los inmigrantes mexicanos en EU a sus familias en México, entre otros rubros).

Balanza de Pagos. Se define como la Cuenta Corriente, más el saldo de salida y entrada de recursos por movimientos de capital (como inversiones en negocios, retiro de utilidades, etc.), más el saldo de salida y entrada de recursos por movimientos en inversiones financieras (ahorro).

En los últimos años se ha observado en el mundo un crecimiento explosivo del comercio internacional. Su principal impulsor no ha sido otra cosa que la idea básica del capitalismo de búsqueda del mayor beneficio. Durante las últimas décadas conforme las tasas de crecimiento de la población en los países desarrollados se reducían y los niveles de saturación de sus mercados domésticos crecían, para las grandes empresas se hacía más necesaria la búsqueda de nuevos consumidores y de nuevos lugares donde invertir, que finalmente derivó en el desarrollo de las intricadas y complejas cadenas de producción entre países, que hoy hacen cada vez más difícil distinguir la nacionalidad de un producto.

Ahora bien, no olvidemos la gran película que representase la Balanza de Pagos, que por definición siempre se encuentra en equilibrio: en el total las divisas que se utilizan para importar productos y servicios, así como para ahorrar e invertir en el exterior sólo se pueden obtener de la exportación de bienes y servicios, así como del ahorro externo (deuda para el país receptor) e inversión extranjera. Es bajo este escenario que para que una actividad comercial sea sostenible es necesario que al menos en el mediano plazo todos ganen. Es posible que un país tenga un déficit en la balanza comercial (productos) o de servicios, pero si ese fuere el caso tendrá que tener un superávit en algunas de las otras balanzas de capital y de flujos financieros.

Añadamos un elemento más de complejidad a esta situación: las monedas. Una divisa es fuerte si es percibida por los inversionistas como un activo seguro. Ejemplo, la demanda por dólares se sustenta en la apreciación de los ahorradores de que existe un menor riesgo en EU con respecto al resto del mundo, de manera que cuando hay incertidumbre esa moneda se convierte, junto con el oro, la plata y otras monedas fuertes, en refugio de valor. Como todo en economía, cuando más demanda hay por el dólar más se incrementa su valor, lo que significa que cada país tendrá que pagar más de cada una de sus monedas para adquirir un dólar.

De acuerdo al equilibrio de las balanzas con el exterior que hemos comentado, si EU obtiene un superávit en la balanza de flujos financieros esto sólo es sostenible si hay un déficit en otras balanzas. El movimiento de ajuste se presenta al menos en parte a través de un dólar fuerte que hace más caras las exportaciones americanas y más baratas las importaciones del exterior, facilitando la generación de déficits en la cuenta corriente (productos y servicios), tal y como lo muestra la experiencia de las últimas décadas.

Así, ganar en todos los frentes del comercio internacional no es posible, aunque la forma en que se llegue al equilibrio no es indiferente a los ciudadanos, ya unos u otros se verán beneficiados o afectados según en qué parte de la economía su ubiquen. Pero todo esto no parece representar un obstáculo para Trump, quien en sus discursos pareciera que quiere ganar en todos los frentes: por ejemplo, ha establecido su deseo de renegociar el TLC con México de forma que su balanza comercial sea menos deficitaria y al mismo tiempo presiona a las empresas automotrices para que detengan sus inversiones en México. De llevarse a cabo estas políticas, ambas medidas significarían menores divisas para México, que lo obligarían a consumir menos en el exterior, afectado con ello a las exportaciones de EU hacia México.

Algo similar se puede decir de China. Trump también desea reducir el déficit comercial con ese país pero de lograrlo eso significaría que China enviaría menos capital y recursos financieros hacia EU, reduciendo los flujos disponibles en ese país y presionando con ello a alza las tasas de interés.

En conclusión, hoy no es posible dimensionar la magnitud de estos movimientos económicos ya que desconocemos el grado y forma en que se piensa instrumentar estas visiones. No obstante sabemos que:

  • En EU la política económica interna va a generar un mayor crecimiento económico, pero con dudas de que sea sostenible, ya que irá acompañado de presiones en el déficit fiscal, que a su vez generarán presiones inflacionarias y mayores tasas de interés, haciendo menos competitivas las exportaciones de EU. Estas presiones no necesariamente van a descarrilar la plataforma económica, pero los riesgos están ahí y son altos.
  • En política comercial externa si puede generarse un verdadero problema. Sabemos de entrada que por principio EU no puede ganar en todos los frentes con el exterior y eso lo saben bien los economistas, así que no podemos descartar cierta racionalidad en el equipo de Trump, de manera que todo quede en más en declaraciones y en alguna que otra acción muy puntual. Si la intención es más ambiciosa y EU inicia una guerra de proteccionismo, entonces si debemos pensar en un escenario mucho más caótico, donde en primera instancia la economía mundial crecería menos, al reducirse el motor significa la exportación hacia a EU, para posteriormente darse una reconformación de las relaciones comerciales, donde el ganador lógico sería China.

Es claro que una política como la antes señalada va claramente en contra de los intereses económicos del propio EU, no sólo porque genera menos negocio para el país sino también por que reduciría su dominio económico. Aún más, si pensamos que Trump habla en serio cuando dice que ya no piensa “subsidiar” la protección de sus aliados, en pocas palabras que ya no van a financiar su papel como la policía del mundo, entonces la pérdida de dominio no sólo va a hacer económica sino también geopolítica, todo menos que “Make America Great Again!”.

Ahora bien, si estos son los riesgos posibles a las políticas económicas de Trump, por qué los mercados de valores de EU no parecen dar cuenta de esta incertidumbre y han reaccionado muy positivamente hasta alcanzar niveles máximos. Ello se debe a que como lo hemos comentado el plan económico de Trump parte de beneficiar principalmente a las empresas, al reducir los impuestos que deben pagar, lo que sin duda les va a permitir generar más utilidades, al menos en el mediano plazo, y con ello incrementar su valor. También por lo anterior, es que se espera que como resultado de estas políticas la economía norteamericana crezca a un mayor ritmo en los primeros años de la administración de Trump. No obstante, que persiste la gran duda respecto de cuan sostenible puede ser este crecimiento.

Algunas consideraciones más que me parece pertinente hacer. Como hemos mencionado arriba, la política económica de Trump tiene un fuerte componente político de apoyo a la base de votantes que le dieron el triunfo, que habita en el llamado “Rust Belt” (cinturón oxidado), que es la zona industrial que se ubica en 12 estados de llamado Medio Este. Es un cinturón que va de Chicago a Nueva York, cuya principal actividad económica se relaciona con la industria pesada (como la siderurgia y las minas de carbón) y las manufacturas (como la producción automotriz). En las últimas décadas la actividad industrial de esta zona ha registrado un importante descenso, que se asocia a dos fenómenos principales, la automatización de los procesos productivos y el traslado de estas actividades hacia otras partes del mundo, como resultado de la pérdida de competitividad global.

El caso de la siderurgia es muy representativo, al ser una actividad caracterizada en su gran mayoría por procesos productivos conocidos y estandarizados a los cuales la gran mayoría de los países tienen acceso, en el pasado reciente se ha construido una gran capacidad instalada de producción acerera a lo largo del mundo, que mostró un crecimiento aún más pronunciado con la entrada de China a este mercado. Con ello, se ha observado durante varios años una sobreproducción mundial de acero que ha reducido sus precios y que gradualmente ha ido eliminando a los productores con costos más elevados, como son los mayores egresos por salarios o por políticas anticontaminantes más restrictivas de los países desarrollados. Pero este es un proceso normal dentro del capitalismo, conforme se generaliza el uso de una tecnología, la producción que sustenta en este conocimiento suele transferirse hacia los países de menor desarrollo, mientras los productos de mayor tecnología permanecen en los países desarrollados.

Así, en una primera instancia se ha estado dando un traslado de la producción estándar de acero de los países desarrollados a los países en desarrollo, permaneciendo en estos últimos la producción de aceros especiales de mayor complejidad técnica. Sin embargo, conforme se ha avanzado en el tiempo, este movimiento ha dejado de circunscribirse a la complejidad de las manufacturas, para trascender a diferentes actividades. Es así como se ha ahondado la transferencia de la producción de manufacturas hacia el mundo en desarrollo, mientras las actividades de servicio de alta tecnología (como Microsoft, Apple y Google) permanecen en el primer mundo.

Claramente eso ha llevado a que mientras la generación de servicios en EU crece fuertemente, generándose un mayor empleo en esas actividades para la población joven que se ha capacitado, en las antiguas industrias de producción de manufacturas se observa una caída en la producción, los salarios y el empleo de esta población de mayor edad y con capacidades que ya no son requeridas en la misma dimensión por la economía norteamericana.

Sólo así se explica el que exista esta sensación de que EU está perdiendo y requiere ser Grande de Nuevo, cuando por contraste la economía norteamericana se encuentra prácticamente en pleno empleo y ha sido uno de los países desarrollados que más rápido se ha recuperado de la crisis financiera del 2008, tan sólo superado por Australia, Canadá y Corea del Sur.

Finalmente, algunos comentarios sobre lo que este nuevo escenario está significando y puede significar para México. Al día de hoy ya podemos hablar de dos impactos principales:

  • Una menor inversión extranjera, que no sólo se circunscribe a los anunciados casos de los retiros de inversión de las empresas Carrier y Ford, sino que también incluye todas aquellas inversiones que se han detenido, a la espera de una mayor claridad respecto al entorno económico que va a prevalecer.
  • Una devaluación del peso frente al dólar, que se ha dado desde el 8 de noviembre cuando Trump ganó las elecciones a la fecha. Este movimiento se ha producido como reacción a los temores de deterioro del comercio internacional de México y ya comienza a presionar la inflación del país a la alza.

Desafortunadamente estos movimientos se dan en un momento relativamente difícil para la economía mexicana, caracterizado por menores precios del petróleo que han derivado en menores ingresos para gobierno, en un momento en el cual sus mayores niveles de endeudamiento ya lo habían llevado a programar una reducción en su gasto, con la consecuente menor previsión de crecimiento económico que ello conlleva.

Hacia adelante los efectos negativos hasta ahora observados pueden ahondarse más, y ello se deberá principalmente a los siguientes factores:

  • Una renegociación del TLC donde EU haga prevalecer algunas de sus intenciones significaría mayores costos para nuestras exportaciones, que reducirían el superávit comercial con EU.
  • Con ello se reduciría fuertemente la disponibilidad de divisas, lo cual tendría que reflejarse en un mayor tipo de cambio y su consecuente mayor inflación.
  • Con el fin de controlar estos desequilibrios, el Banco de México tendría que subir las tasas de interés, a fin de atraer capitales del exterior, y el gobierno tendría reducir fuertemente su gasto, llevando todo ello a un menor crecimiento, así como menores niveles de empleo.
  • Aun cuando existen fuertes dudas respecto de la posibilidad de construir el muro, es probable que al menos una parte sea construida. Si el gobierno americano decide cobrase éstas obras de alguna manera, ello sin duda redundaría en una reducción en los ingresos de México provenientes de EU.
  • Finalmente, ante los mayores niveles de inflación los mexicanos muy probablemente verían reducido su ingreso real.

¿Será todo esto una catástrofe? La verdad hoy no lo podemos saber. Lo único que si podemos decir es que cualquiera que sea el resultado este no será bueno para México.

Por último, me gustaría hacer hincapié en la gran multiplicidad de aristas económicas, políticas y sociales que tendrán estos eventos. Tomando una posición moderadamente positiva no descarto que de alguno de estos elementos puedan surgir los mitigantes a las nuevas políticas de Trump. Señalo sólo dos ideas inconexas que me vienen a la mente:

  • Conforme mayor tensión exista entre México y EU, la posibilidad del primero de apoyar al segundo en temas cruciales como narcotráfico y seguridad de sus fronteras sin duda será menor, no sólo por una menos favorable disposición, sino también por una menor capacidad económica para hacerlo.
  • Por otra parte, los múltiples frentes de lucha que ha abierto Trump, tanto al interior como al exterior de su país, al final pueden derivar en que los temas con México al menos se diluyan en alguna proporción.