Cioran, el suicidio como proyecto de vida

Jairo Alberto Cardona Reyes #20 - Lo inenseñable en filosofía, Artículos

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En el presente trabajo trataremos de mostrar cómo el filósofo rumano Emil Cioran reflexiona sobre la idea del suicidio, la cual permite traer a primer plano el tema de la vida, pues sólo por aquel se pone en tela de juicio la importancia y la necesidad de vivir y nos lleva a repensar la existencia misma.

Cioran estabaobsesionadocon el tema de la muerte y el sinsentido de la existencia,de los cuales,afirmaba, no podemos liberarnos. La existencia, para Cioran, no tiene sentido, ya que no escogimos nacer, ante ella sólo nos queda la libertady dos opciones: podemos elegir el suicidioo elegir el desafío. Dicho desafío es el que Cioran asume reflexionando sobre su propia muerte por medio de la escritura, esa propuesta que hace al distanciarse de algún modo de su deseo de muerte, convierte la reflexión en unanecesidad,en una purga, expresando, a la vez, lo que siente y dejando que el lector saque sus propias conclusiones.Al mismo tiempo, nos muestra implícitamentesu aprecio por la vida misma, que es la única que otorga la posibilidad del suicidio.

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Este trabajo pretende acercarse más aesa posición de resistencia, en la cual Cioran contempla el suicidio a distancia, vislumbrando sus implicaciones existenciales, por las cuales puede comprender el suicidio del otro como si fuera el suyo propio, es decir, reconoce al suicida como a un igual, tratando de comprender e incluso defendiendo tal acción como una elección libre que cualquier persona puede tomar. Dicha apreciación del suicidio se da a modo de una introspección, proponiéndolocomo una experiencia de vida y como un proyecto.

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Pensar en la idea del suicidio

Cioran escribe para sí mismo, se vuelve sobre sí mismo y reflexiona,construye lo que podríamos llamar una “estrategia de evasión”, escapando constantemente del suicidio en un diálogo interno consigo mismo y su situación. Partiendo del autoexamen, Cioran expone al suicida que lleva en su interior y lo interroga, mostrando la cara desconocida del suicidio, la del protagonista.Convierte al suicidio en una experiencia de vida y es de ahí que surge toda su propuesta y la necesidadimplícita de reconocimiento del otro-suicida.

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La mayoría de la gente vive en automático y no cree necesario pensar sobre su existencia, existir se entiende más bien como algo implícito en todo lo que hacemos y que no es necesario o está de más pensarlo. Sin embargo, reflexionar sobre la idea del suicidio permite traer a primer plano el tema de la vida, pues sólo por aquel se pone en tela de juicio la importancia y la necesidad de vivir y nos lleva a repensar la vida misma: motivaciones, sentidos, sueños, esperanzas y realidades o supuestas realidades que nos dan seguridad. Pensar en la idea del suicidio ayuda a reflexionarsobre el sentido de la existencia del mundo, del otro y de uno mismo. Dedicarse a tal reflexión implica degustarla y sacarle provecho a cada instante, es por eso que el suicidio debe permanecer siempre en un constante aplazamiento. Se trata de un suicidio en suspenso, la salida final que siempre debemos ver a distancia.En palabras de Cioran:

Cuando uno tiene la visión del suicidio, la conserva para siempre. Vivir con esa idea es una cosa muy interesante. Incluso diría que estimulante. Mire, hará unos siete años me encontré con un señor que quería suicidarse. Estuvimos dando vueltas y vueltas, horas y horas. Le estuve diciendo que mejor valía que atrasara su suicidio, que en el fondo ésa era una idea muy vital que había que aprovecharla. (1987).

En este sentido,el suicidio debería ser la culminación gratificante de un proyecto de vida,es decir, un proyecto puntual “pensado con detenimiento” mediante un examen reflexivo y crítico, dentro de mi propio proyecto de vida, yno el resultado de un querer irreflexivo e inmediato, como lo dice Cioran:

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El único argumento que cabe contra el suicidio es el siguiente: no es natural poner fina tus días antes de haberte demostrado hasta dónde puedes llegar, en qué medidapuedesrealizarte. Aunque los suicidas creen en su precocidad, consuman, sinembargo, un acto antes de haber alcanzado una madurez efectiva, antes de estarmaduros para una extinción aceptada. El que un hombre quiera acabar con su vida esfácil de entender. ¿Pero por qué no elegir el punto culminante, el momento másfavorable de su desarrollo? Los suicidios son horribles por el hecho de que no se llevana cabo a su debido tiempo, porque tronchan un destino en lugar de coronarlo. Un finaltiene que cultivarse como si fuera un huerto. (1995, p. 44).

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 La desesperanza, sufrimiento común

Para tratar de comprender la situación del suicida, Cioran insiste enel carácter desesperanzador de la existencia. El desencanto ante la vida se presenta como una especie de iluminación, como un proceso de descubrimiento, como una vivencia que se mantiene y que no busca un resultado, se refiere a esa comprensión del mundo que ya no guarda esperanzas, que no se refugia en lo indeterminado, que descubreuna vida real sin adornos.Se trata de un sentimiento de desesperanza que a todos nos toca en algún momento de la vida, ante la cual tenemos siempre la posibilidad del suicidio, porque¿quién no ha pensado en el suicidio? Todos hemos pensado en algún momento en suicidarnos, así sea de forma remota o hipotética, hemos renegado de la vida y deseado la muerte, pensamiento que se convierte en el vínculoindisoluble entre los que eligen el suicidio y los que no. Según Cioran: “Quien no haya concebido jamás su propia anulación, quien no ha presentido elrecurso a la cuerda, a la bala, al veneno o al mar, es un recluso envilecido o un gusanoreptante sobre la carroña cósmica”. (2001, pp. 91-92).

La posibilidad de reflexionar sobre nuestro suicidio,(los motivos, los recursos, la disposición del lugar)poder vernos muertos anticipadamente, nos ayuda a replantear nuestra vida. Negarnos la posibilidad de sentirnos dueños de nuestra propia existencia u ocultar tal pensamiento por miedo a lo que puedan decir los demás, es negar nuestra propia libertad y convertirnos en algo que no somos.Aquí “reflexionar” no significa una renuncia al suicidio, sino sólo un aplazamiento. En palabras de Cioran:

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Poder disponer absolutamente de uno mismo y rehusarse: ¿hay don más misterioso? La consolación por el suicidio posible amplía infinitamente esta morada donde nos ahogamos. La idea de destruirnos, la multiplicidad de los medios para conseguirlo, su facilidad y proximidad nos alegran y nos espantan; pues no hay nada más sencillo y más terrible que el acto por el cual decidimos irrevocablemente sobre nosotros mismos. En un solo instante, suprimimos todos los instantes; ni Dios mismo sabría hacerlo igual. Pero, demonios fanfarrones, diferimos nuestro fin: ¿cómo renunciaríamos al despliegue de nuestra libertad, al juego de nuestra soberbia?… (2001, p. 91).

Tener siempre presente, aunque siempre a distancia, la posibilidad de mi propio suicidio como una salida deseada; ayuda a buscar constantemente un sentido a la vida, ya que la felicidad no puede ser otra cosa que la vivencia de esa búsqueda constante, donde el suicidio se convierte en un “seguro de vida digna “que me doy a mí mismo. Se trata de vivir en resistencia, a pesar de las dificultades o del sentimiento de absurdo que nos invade, pero sin olvidar que la elección de salir de la vida está en nuestras manos. Así, el suicidio es entendido como una seguridad que nos pertenece y de la cual no podemos renunciar, como lo dice Cioran: “Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera: sin la idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado”. (1997, p. 58).

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Suicidio como libertad de elección

Cioran estaba convencido de que el peso de nuestra existenciasólo podía llevarse con facilidad cuando nos hacemos conscientes de que siempre tenemos la posibilidad de elegir el suicidio, tal posibilidad nos permite sobrevivirun día más. La libertad de matarnos, a pesar de las dificultades, las restricciones y prejuicios, es lo único que no puede sernos arrebatado, “esta libertad nos insufla una fuerzay un orgullo tales que triunfan sobre los pesos que nos aplastan”. (2001, p.91).

Tomar consciencia de que podemos elegir la muerte esasumir unconflicto interno que se presenta en nosotros constantemente en el que, por un lado, nuestros sufrimientos nos reprimen y nos empujan al abismo, y por el otro, nuestros instintos se oponen, el instinto de conservación nos supera y nos obliga a vivir aunque ya no queramos. Así lo dirá Cioran:

Cuando comenzamos a reflexionar sobre la vida, a descubrir en ella un infinito de vacuidad, nuestros instintos se han erigido ya en guías y fautores de nuestros actos; refrenan el vuelo de nuestra inspiración y la ligereza de nuestro desprendimiento. Si, en el momento de nuestro nacimiento, fuéramos tan conscientes como lo somos al salir de la adolescencia, es más que probable que a los cinco años el suicidio fuera un fenómeno habitual o incluso una cuestión de honorabilidad. Pero despertamos demasiado tarde: tenemos contra nosotros los años fecundados únicamente por la presencia de los instintos, que deben quedarse estupefactos de las conclusiones a las que conducen nuestras meditaciones y decepciones. (2001, p. 92).

Sin embargo, dirá Cioran, como ya tenemos consciencia de nuestra libertad, somos dueños de una elección que se hace más significativa en tanto que no la ponemos en práctica, “nos hace soportar los días y, más aún, las noches; ya no somos pobres, ni oprimidos por la adversidad: disponemos de recursos supremos. Y aunque no los explotásemos nunca, y acabásemos en la expiración tradicional, hubiéramos tenido un tesoro en nuestros abandonos: ¿hay mayor riqueza que el suicidio que cada cual lleva en sí? (2001, pp. 92-93).

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El suicida no busca la eternidad

De acuerdo a Cioran, las religiones han prohibido el suicidio porque éste deslegitima su autoridad, siempre se ha entendido como un acto de rebelión y desobediencia por el cual el hombre toma en sus manos el derecho de quitarse la vida, que sólo corresponde a los dioses. Además, suicidarse ha sido considerado incluso peor que el homicidio porque el asesino puede siempre arrepentirse y alcanzar la salvación mientras que el suicida ya no puede salvarse. Sin embargo, el suicida “no aspira ya a ser para siempre, si en un actoincomparable ha sido absolutamente él mismo. Rechaza el cielo y la tierra como serechaza a sí mismo. Al menos, habrá alcanzado una plenitud de libertad inaccesible alque la busca indefinidamente en el futuro…” (2001, p. 93).

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Podemos decir, de la mano de Cioran, que hasta ahora no se ha inventado un argumento válido contra el suicidio, más que aquel que proponen las religiones: la tolerancia ciega al sufrimiento.La fees vivida en su carácter de promesa, y es en función de esa promesa que el creyente vive su vida; restándole importancia a la vivencia de lo concreto, pues no importa lo que pase, no importa el sufrimiento o la necesidad, es más grande el beneficio de aquello prometido más allá. Es en ese sentido que el creyente señala contundentemente al suicida, en cuanto que sus planes son contrarios a cualquier régimen establecido por la religión y, por lo tanto, inaceptables. Es decir, la acción suicida, por estar en directa relación con una situación concreta (al referirse propiamente a la vivencia existencial), va en contra de la lógica del creyente, pues ésta no puede entender la relación situación-acción-suicida, ya que él se mueve en la dinámica inversa: la desvinculación progresiva de la situación, que permite centrarse en la espera del cumplimiento de aquello prometido.

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Sin embargo, aquel que no soporta la vida tiene derecho a decidir por sí mismo ya que la elección de la muerte debe ser la más libre de todas las elecciones, en donde nadie puede decidir por mí, sino mi propia voluntad (en tanto que deseo asumir la responsabilidad de tal acto, no como un simple querer irreflexivo, sino como un proyecto puntual “pensado con detenimiento”, dentro de mi propio proyecto de vida), haciéndome el protagonista de mi propia existencia. Sólo a mí corresponde disponer libremente si vivo o muero, sea cual sea mi elección, la responsabilidad no puede ser sino “mía”. Cioran tampoco soporta la vida,siempre contempla su propio suicidio e implícitamente reconoce la situación del otro que elige suicidarse, y trata de explicarla en cierto modo a través de su propia experiencia del suicidio en vida.

 

¿Para qué prolongar la vida?

La muerte voluntaria se constituirá para Cioran en una salida de la vida, racionalmente elegida, no en una huida cobarde, y es por esto, porque es producto de una profunda reflexión, que tal acción se configura como muestra del poder del sujeto sobre su propia existencia. Cada uno debe descubrir el momento oportuno para salir de la vida, según ésta le parezca o no, de acuerdo a la vivencia de su situación personal, digna de ser vivida. No tiene sentido prolongar la vida si ya no se quiere seguir viviendo, esperando que la muerte llegue por sí sola, es mejor adelantarnos siendo autores de nuestro propio final. Se tratade una iniciativa única por la cual rescatamos una vida que ya no vale la pena ser vivida. Como lo dice Cioran: “Rutinarios de la desesperación,cadáveres que se aceptan, todos nos sobrevivimos y no morimos más que paracumplir una formalidad inútil. Es como si nuestra vida no se atarease más que enaplazar el momento en que podríamos librarnos de ella”. (2001, p. 94).

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A modo de conclusión, podemos decir que Cioran transforma al suicidio, de un simple hecho externo que sólo podemos ver en los demás y que para todos es una posibilidad funesta, en un enriquecedor método de reflexión sobre la propia existencia. Pensar en el suicidio se convierte en una oportunidad para sentirnos dueños de nosotros mismos, sabiendo que a pesar de las dificultades, por grandes que sean, si llegara el momento, la salida siempre está en nuestras manos. Se trata de un suicidio en suspenso, la salida final que siempre debemos ver a distancia como la posible culminación meditada de todos nuestros proyectos. En ese aplazamiento radica la riqueza del suicidio como proyecto de vida.

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Bibliografía

 

Cioran, Emile. Breviario de podredumbre. Suma de letras. Madrid. 2001.

…………………… El ocaso del pensamiento. Tusquets. Barcelona.1995.

……………………Silogismos de amargura.Traducido por Rafael Panizo.Tusquets. Barcelona. Tercera edición, 1997.

…………………… “Vivir con la idea del suicidio es estimulante”.Entrevista de Josefina Casado, enEl país. 28 nov 1987. (http://elpais.com/diario/1987/11/28/cultura/565052411_850215.html), consultado el 18 de marzo de 2014.

Dante Dávila Morey.“Cioran”. En: Homenaje a Nicole Parfait, in memoriam.Cioran: El inconveniente del ser. Areté. Vol. XX, N° 2.España 2008. pp. 307-310.

Ochoa Bilbao, Luis. “Cioran y la ética de la introspección”. Andamios. UNAM. Vol.2, Nº3. México 2005. pp. 129-142.

Lleras Giraldo, Germán. “Del sendero de la renuncia: un acercamiento al problema del suicidio desde la reflexión de emil cioran”. Ὁδός, Año 2, Vol. 2, Nº 3, Colombia 2010. pp. 8-18.