El devenir Guattari de Gilles Deleuze

Ana Carolina Patto Manfredini #27 - Locura, Dossier

Es el pensamiento mismo el que exige
este reparto de pensamiento entre amigos
(Deleuze y Guattari, ¿Qué es la filosofía?)

3.0

¿Podemos hablar de Deleuze sin Guattari? ¿De Guattari sin Deleuze? ¿O debemos invocar un tercer hombre, un ‘Guattareuze’?[1] Cuando se trata de hablar de Félix Guattari el conjunto de la obra deleuzeana parece ganar un axioma fundamental. Hablar de Guattari no es solo una corrección a la “cortés remoción” en los medios académicos cuando el asunto es Deleuze, no es solo un ajuste bibliográfico; hablar de Guattari implica, sobre todo, “una cuestión filosófica esencial”.[2]

Al revisar la obra de los autores, queda evidente que ambos tuvieron una carrera “solo” consistente, existiendo un Deleuze sin Guattari y un Guattari sin Deleuze. No obstante, el encuentro de uno con el otro parece haber marcado la trayectoria intelectual de ambos. ¿Quién creó qué concepto? Tal pregunta no sólo es difícil de contestar, sino que parece no tener mucho sentido dentro de esa singular construcción filosófica. Nos equivocaríamos de dos maneras: al mantener los dos sujetos totalmente apartados o al fusionar los dos autores en un tercer personaje que borra la individualidad de cada quien. Tales consideraciones nos harían perder de vista el agenciamento Deleuze-Guattari.

3.1

Pensar sobre Deleuze y Guattari implica pensar sobre conceptos fundamentales de esa filosofía, y es por medio de conceptos como devenir, agenciamento, encuentros, intercesores, rizoma, funcionamiento maquínico y multiplicidad que buscaremos subrayar la importancia del encuentro con Guattari para el pensamiento de Deleuze y viceversa.

Además de una corrección filosófica, la presencia de Guattari en el pensamiento de Deleuze es una corrección política. La “desguattarización” de Deleuze puede ser entendida también como un intento de “despolitizar” el pensamiento de Deleuze, si eso es posible, o aún, por lo menos, un intento de neutralizar las propuestas políticas de esa filosofía. Cuando consideramos solamente el Deleuze historiador de la filosofía, o el Deleuze que trajo los temas estéticos (cine, pintura, literatura, etc.) a un primer plano de la filosofía, y dejamos de lado la crítica al capitalismo y los dispositivos sociales que vuelven impotentes la emergencia del nuevo, la crítica a los modos de existencia represores del deseo, parece que dejamos de lado la propuesta política que esa filosofía aporta. Ese trabajo de despolitización, de omisión, es sin duda más fácil de cumplirse con la ausencia de Guattari. No significa que Deleuze fuera posible de despolitizar, la política atraviesa los diferentes planos de investigación, pero sus problemas y sus enunciaciones, son más “eruditos”, “más filosóficos”, un diálogo que todavía sigue líneas y problemas de la tradición filosófica. Es posible que Deleuze entre en la discusión académica sufriendo también una remoción de su énfasis positivo de construcción política.

3.2

En cuanto a Guattari, queda sumamente difícil, ya que sus escritos son esencialmente propuestas políticas. La propuesta de una pragmática estética implica fundamentalmente una política que ponga la producción de subjetividad en el centro de la producción general. Guattari está “obsesionado” por los temas políticos, por la militancia, por los grupos sociales, por las experiencias colectivas. Deleuze hace política haciendo conceptos, su actividad es esencialmente filosófica y “solitaria”. Guattari también hace conceptos. No obstante, su política fue más allá de la filosofía: fue también una experiencia en una clínica para tratar esquizofrénicos, en los grupos militantes que nunca dejó de actuar, en sus reuniones con las diferentes organizaciones mundiales que son consideradas minorías, en las barricadas de 1968. El trabajo de Guattari era explícitamente el de cambiar el mundo.

3.3

El encuentro

Deleuze y Guattari se conocen en junio de 1969. El responsable de este encuentro es Jean-Pierre Muyard, médico compañero de trabajo de Guattari en la clínica La Borde. Cansado del hiperactivismo desenfrenado de Guattari, de sus grupos que se deshacían constantemente para la creación de nuevos, Muyard crea una estratagema: para calmar a Guattari, lo debería poner a escribir. Es cuando se acuerda de Deleuze. Este último, a su vez, se encuentra debilitado por su operación quirúrgica en la que le fue retirado un pulmón, el año anterior. Deleuze descansa en Limousín, agotado de su operación y al borde de otro abismo, el alcoholismo, cuando conoce a Guattari.

En el encuentro “la seducción es mutua e inmediata”. El eslabón que parece unir inmediatamente el hiperactivo al agotado es la locura. Deleuze en ese momento ya había publicado sus trabajos sobre Hume, Spinoza, Kant y Bergson, así como su libro sobre Sacher-Masoch y sus trabajos más personales, Lógica del sentido y Diferencia y repetición. Aunque hable de la psicosis y la locura, en especial en su libro sobre Masoch, Deleuze confiesa su falta de conocimiento profundo en esos temas. El interés por la psicosis debe ser también ubicado en un panorama más general: el éxito de las teorías lacanianas en el mundo académico. En un ambiente en que la filosofía está siendo cuestionada por el estructuralismo y su corriente lacaniana, el estudio del inconsciente, de la locura y la psicosis “suenan como un desafío” para Deleuze.[3]

3.4

La aproximación con Guattari parece resolver el problema. Guattari le habla de la experiencia en La Borde, de Lacan, etc. Recién había preparado un texto para presentar en la Escuela freudiana de París – Máquina y estructura –, texto que presenta un primer cuestionamiento del hasta entonces discípulo al maestro: “Cuando en 1969 entré en contacto con Deleuze, aproveché la oportunidad, de verdad. Profundicé el cuestionamiento del lacanismo en dos puntos: la triangulación edípica y el carácter reduccionista de su tesis del significante. Poco a poco, todo lo demás se fue pulverizando como un diente cariado, como un muro de salitre.” Según Deleuze, no es él quien saca Guattari del psicoanálisis, sino más bien lo contrario. [4]

De 1969 a 1972 surge una compleja máquina de escritura que resultará en El anti-Edipo, la primera obra en conjunto de los autores. Muyard participa en algunos encuentros, recibe una dedicatoria en el libro, pero luego desaparece en la relación. En estos tres años, la comunicación de Deleuze con Guattari es básicamente epistolar. Además del resultado de este encuentro, El anti-Edipo, el primer año de intercambio de cartas resulta en un texto de Guattari llamado Psicoanálisis y transversalidad. La lógica de producción para El anti-Edipo, dado el problema de Guattari para escribir, en razón de su “descontrol extremista”, es la siguiente: Guattari debe entregarse a un trabajo solitario de escritura todos los días, apenas se levante.[5]

3.5

Así, el trabajo de Deleuze, como él mismo dijo a la ex compañera de Guattari, Arlette Donati, era “pulir los diamantes encontrados por Félix.” Félix era veloz en su producción conceptual, no dejaba de inventar, de moverse… algo que fascinaba a Deleuze. En una carta a Kuniichi Uno, ex alumno y traductor al japonés de las obras de Deleuze y Guattari, Deleuze utiliza la metáfora de la colina y el mar para hablar de su amistad con Félix.

Habría que compararlo [a Félix] con un mar siempre móvil en apariencia, con destellos de luz constantes. Puede saltar de una actividad a otra, duerme poco, viaja, no se detiene. No cesa. Tiene velocidades extraordinarias. Yo sería como una colina: me muevo muy poco, soy incapaz de llevar a cabo dos empresas juntas, mis ideas son ideas fijas y los pocos movimientos que tengo son interiores (…) Entre los dos – Félix y yo – hubiéramos sido un buen luchador japonés.[6]

La obra

El anti-Edipo termina de ser redactado el 31 de diciembre de 1971, fecha simbólica que marca “que los finales son principios”. Se publica en marzo de 1972. ¿Cómo podríamos describir esa primera obra? Considerada por algunos la primera obra fruto de los movimientos de 1968, éxito editorial, y escándalo en el ambiente lacaniano, El anti-Edipo es, sin discusión, totalmente diferente de lo que Deleuze había presentado al mundo académico hasta entonces. Nace ahí un nuevo estilo.[7] El eje temático es una nueva teoría del deseo que necesariamente debe pasar por una crítica a las teorías del inconsciente: la crítica al familiarismo, a Edipo, al lugar del Significante, a la pulsión de muerte y a la interpretación, son algunos de los puntos fuertes del libro. Definitivamente este libro está dirigido a una crítica al psicoanálisis.

3.6

Esa “revisión” psicoanalítica es acompañada a su vez de una revisión crítica al marxismo. Freud y Marx son los nombres más citados del libro. El análisis del inconsciente va acompañado de un análisis de la sociedad, o mejor, el inconsciente es social y colectivo. “Sólo hay el deseo y lo social, y nada más.”[8] La unión de Marx y Freud, la exigencia de El anti-Edipo es un claro reflejo de las propuestas vividas en las barricadas por Guattari y los demás manifestantes del mundo en 1968. Como dice Deleuze en entrevista: “Nos dirigimos a quienes piensan que es monótono, triste, como un runrún (Edipo, la castración, la pulsión de muerte, etc.). Nos dirigimos a los inconscientes que protestan.”[9]

3.7

Si en el primer tomo de Capitalismo y esquizofrenia tenemos una actitud crítica, en el segundo, Mil mesetas, tenemos una actitud constructiva y positiva. Mil mesetas, aparece en 1980, ocho años después de la publicación de El anti-Edipo. Lo que sería la continuación de un proyecto titulado Capitalismo y esquizofrenia, parece ser la realización más plena del nuevo estilo, de un nuevo método – rizomático – y de un movimiento nómada en el pensamiento. Salimos de los marcos historicistas y teleológicos, de las dualidades (deseo-social, consciente-inconsciente, hombre-máquina, materia-espíritu) para entrar en una lógica espacial de los conceptos. Incluso, muchos conceptos vienen de la geografía y la geología: estratos, sedimentos, meseta, latitud y longitud. El nomadismo no deja de ser una forma de moverse en el espacio, una construcción espacial que ellos opondrán a la forma Estado (sedentario).

Los problemas presentados parecen cruzar las diferentes mesetas (capítulos) del libro. Los conceptos pululan por cada estrato. Todo parece estar fragmentado y a la vez unido, consistente. Para entender un concepto es necesario entender una red conceptual que sostiene el mismo concepto. Estos conceptos sostienen sus múltiples relaciones en un plano inmanente. Sin la premisa de la inmanencia nuestra red conceptual perdería su consistencia.

3.8

Nos sorprenden las múltiples conexiones que los conceptos parecen establecer con la no-filosofía: geografía, física, biología, lingüística, geología, literatura, música, etc. Un trabajo enciclopédico, como afirma Deleuze en entrevista, pero con la singularidad de un método llamado rizomático. La idea de rizoma gana su consistencia con ese libro: infinitas conexiones entre los nudos (conceptos) no jerarquizados; los conceptos son líneas, trazados, relaciones diferenciales. Salimos de la necesidad de esenciar y sustanciar para entrar en un pensamiento totalmente dinámico y moviente. Mil mesetas es la concreción del método de Deleuze y Guattari.

Entre El anti-Edipo y Mil mesetas, Deleuze y Guattari publican un libro llamado Kafka, por una literatura menor, texto en el cual podemos encontrar desarrolladas las temáticas sobre la escritura y sobre lo molar y molecular, o lo mayor y menor. Es el problema de las minorías, del devenir de la escritura que ya está presente en esta obra de 1977.

3.9

La última obra de los autores, que coincide con el final de la vida de ambos, es una obra dedicada a la pregunta ¿qué es la filosofía? Pareciendo contradecir el libro anterior, en su lucha contra la pregunta ¿qué es?, en la sustitución del “es” por el “y”, este libro parece ser la realización de un antiguo proyecto de Deleuze. Podríamos cuestionar la “legitimidad” de la firma de Guattari en este libro, una vez que la obra parece ser un proyecto particular de Deleuze. No obstante, al problematizar la relación de Deleuze con Guattari, podemos encontrar el sentido de la doble firma en este último libro: señala no sólo veinte años de amistad, como “una manera de notificar que las tesis que se desarrollan y la lengua en la que se enuncian pertenecen al trabajo de elaboración común emprendido desde 1969”.[10]

Si la filosofía de Deleuze tuvo como principal intercesor a Félix Guattari, y para Deleuze la filosofía se crea con los intercesores, la firma de Guattari en este libro hace justicia a un agenciamento filosófico que condicionó el pensamiento de Deleuze. Las tesis que encontramos en este libro, las enunciaciones, y el estilo, son resultados de un trabajo común realizado por ambos desde 1969.

3.10

El agenciamento

¿Qué quiere decir que Deleuze y Guattari hicieron un agenciamento? El agencement es tal vez el concepto principal de Mil mesetas. El concepto de agenciamento sustituye el concepto de máquina deseante de El anti-Edipo y permite a los autores salir de la dualidad máquina deseante y máquina social para entrar en el problema de las máquinas como agenciamientos, relaciones entre elementos heterogéneos no teniendo más lugar a una diferenciación entre pares. Esto no nos lleva a una indiferenciación general como se podría creer, más bien lo que tenemos es un plano de inmanencia que da la consistencia a esa “agencia” de heterogéneos.

3.11

‘Un agenciamiento’, dice Deleuze, ‘es una multiplicidad que comporta muchos términos heterogéneos y que establece uniones, relaciones entre ellos atravesando edades, sexos y reinos, a través de diferentes naturalezas’ donde ‘la única unidad del agenciamiento es la del co-funcionamiento: una simbiosis, una simpatía’. En ese co-funcionamiento, ‘lo importante no son las filiaciones, sino las alianzas’, no son ‘las herencias o las descendencias, sino los contagios, las epidemias, el viento’. El co-funcionamiento de los dispares en una máquina deseante es, de hecho, el de una multiplicidad.[11]

El agenciamento hace participar diferentes planos, dimensiones, géneros y especies en una misma función. La función en las matemáticas es una relación entre elementos de diferente naturaleza (f(x)/f(y) = z).  Así, al considerar el agenciamento en la forma de obrar de la vida, de las cosas, de la naturaleza, perdemos de vista las distinciones sustantivas, las esencias, y los sujetos. Lo importante en el agenciamento es la relación, no los términos relacionados. Esa idea de las relaciones exteriores a los términos ya había sido trabajada por Deleuze en sus estudios sobre Hume.[12] La subjetividad, en tanto es una relación, está pensada como un campo pragmático, experimental y desustancializado.

3.12

Si Deleuze y Guattari lograron hacer un agenciamento es porque lograron establecer una relación entre-dos que preserva las diferencias entre ambos, que diluye los sujetos a favor de una relación subjetiva entre dos que ya no son dos, sino que son, cada uno en sí mismo, multiplicidades. Ya no hay lugar para pares, ni tríadas, ya que el agenciamento implica una multiplicidad. Una persona no es una entidad encerrada en un nombre, género, o identidad, no hay tal sujeto encerrado en sí mismo, no hay consciencia ni inconsciente privado. Una persona es una multiplicidad intensiva determinada por relaciones exteriores (El Afuera, la Exterioridad, la Máquina Abstracta, La Mecanosfera), por afectos del mundo. Su posibilidad de acción es agenciarse con esos afectos, provocar a la vez relaciones que sean favorables al mantenimiento del conjunto (salud, integridad física, creatividad, producción, invención, etc.). De eso se trata esa ética de los afectos.

Multiplicidades de Deleuze que se encuentran a las multiplicidades de Guattari. Los problemas filosóficos planteados por los autores, su coautoría o su pensamiento en conjunto, reflejan las multiplicidades intensivas de cada uno, sus encuentros con el mundo, sus vidas. La amistad aparece cuando los problemas confluyen, cuando resuenan, cuando los puntos en común abren nuevas líneas de pensamiento, nuevos problemas. Esta amistad diluye los dos sujetos en tanto acaba con la idea de sujeto encerrado en sí mismo, o sujeto individualizado. Ya no hay lugar para el individuo, solo para la individuación. Este concepto creado por Gilbert Simondon, es retomado por Deleuze y Guattari para pensar el acontecimiento en tanto una acción impersonal e indeterminada. Por eso el uso del artículo indeterminado para pensar la individuación o el acontecimiento: un día, una hora, una vida…[13]

3.13

Otra vía que podemos utilizar para pensar Deleuze y Guattari es justo la “y” entre sus nombres. La conjunción “y” tendría privilegio sobre la “es”. Otra vez, una lucha contra la sustancialización de los seres. Para nuestros autores, las enunciaciones que afirman un predicado de un sujeto, del tipo: el hombre es un animal, pasan por alto las infinitas relaciones que este sujeto establece con su entorno. Así, si el hombre es un animal, sólo lo es, si agregamos y máquina, y vegetal, y aire, y agua, y ritmo… este es el devenir. En la dimensión intensiva del ser somos hombre, mujer, transexual, etc., ya no hay espacio para la identidad, ya que ésta hace parte de la dimensión extensiva, del aspecto molar de nuestras vidas. La identidad no desaparece, no la anulan y dicen que no exista, más bien la estrategia es dar lugar también a esa otra dimensión y otro funcionamiento que parece olvidado por las ciencias sociales y filosóficas consolidadas por la tradición moderna occidental.

3.14

Devengo Dios, pájaro, mujer, tengo senos y testículos. Soy brujo y a la vez piedra. La idea del devenir, más ampliamente trabajada en Mil mesetas, la podemos relacionar con la naturaleza inclusiva del delirio, trabajada en El anti-Edipo. En el ejemplo del delirio del presidente Schreber y los análisis de Freud, tenemos la idea del y… y… y como síntesis conjuntiva e inclusiva en contra de la edipización del delirio del presidente.[14]. La edipización, para Deleuze y Guattari, aplasta las multiplicidades – sociales, históricas, afectivas, etc. – y pierde de vista el devenir. Con Edipo, sólo hay un único significante que explica y comanda el delirio: el Padre.

Con El anti-Edipo, Deleuze y Guattari dan otra fundamentación para la producción inconsciente: ya no hay representación, sujeto, Edipo, ni carencia. La producción inconsciente pasa a ser intensiva, pre-personal, colectiva, histórica-social, “sin representación” – la representación no fundamenta, más bien reprime el verdadero fundamento maquínico – y plena. El inconsciente es una máquina. Sabemos que máquina es un concepto que Guattari utiliza en su texto – Máquina y estructura – presentado en la Escuela Freudiana, justo antes de su encuentro con Deleuze. Para Guattari, la máquina escapa a su exclusividad mecánica para ser pensada como el modo en que las cosas funcionan. La máquina no se confunde con la técnica, las máquinas técnicas son solamente un tipo de funcionamiento maquínico; parece que perdemos de vista las dualidades naturaleza-industria, ya que las dos, “naturaleza e industria” se complementan en un agenciamento maquínico sin que haya privilegio entre ninguna de las partes, solamente coexistencia.

3.15

Ahora bien, todos estos conceptos presentados rápidamente – agenciamento, multiplicidad, devenir, máquina – conducen a un mismo problema: una nueva definición de la naturaleza de la producción general (deseante, social, natural, intelectual, etc.) así como una nueva definición de la subjetividad. Nuestro problema no escapa de esa problematización más general: Deleuze y Guattari, en tanto producción intelectual y construcción subjetiva, trataron de “amoldar” sus personas y modos de existencia de acuerdo a sus propuestas teóricas. Trataron de hacer con su vida y amistades una experimentación coherente con sus pensamientos. Cualquier entrevista relativa a Deleuze y Guattari, a la relación entre ambos, los autores responden con los mismos conceptos.

Así Deleuze devino Guattari y vice-versa. Así se agenciaron, pensaron “entre” los dos. Así cada uno que ya era múltiple hizo alianza con otras constelaciones de multiplicidades.

3.16

La filosofía

En su último libro, Deleuze y Guattari dan tres elementos que responden a su pregunta ¿Qué es la filosofía? La filosofía produce conceptos, construye un plano de inmanencia y tiene personajes conceptuales, como es el caso de Sócrates en el pensamiento platónico, Zaratustra, Dionisos o El anti-Cristo en Nietzsche, el Idiota en Descartes, etc. El personaje conceptual no se confunde con “personajes de diálogo”, los últimos exponen los conceptos, el primero ejecuta “los movimientos que describen el plano de inmanencia del autor, e intervienen en la propia creación de sus conceptos.”[15]

Los personajes conceptuales son los heterónimos del filósofo o el filósofo es el conjunto de sus personajes conceptuales. El personaje conceptual puede ser el Amigo, aquél que nos da condiciones para la construcción del plano de inmanencia del pensamiento:

No son dos amigos los que se dedican a pensar, sino el pensamiento el que exige que el pensador sea un amigo, para que el pensamiento se reparta en sí mismo y pueda ejercerse. (…) Ya no se trata de determinaciones empíricas, psicológicas y sociales, menos aún de abstracciones, sino de intercesores, de cristales o de gérmenes del pensamiento.[16]

Algunos años antes de la publicación de ¿Qué es la filosofía?, en 1985, Deleuze da una entrevista a Claire Parnet y Antoine Dulaure que ya esboza las ideas que serán desarrolladas por él y Guattari en el libro de 1991. Encontramos también una explicación de la función e importancia de los intercesores en la construcción filosófica. Para Deleuze, lo esencial en la creación son los intercesores (ya sea filosófica, artística o científica). Sin intercesores no hay obra. Éstos pueden ser cosas, personas, plantas o animales. Ficticios o reales. Lo importante es que los intercesores formen series. Series que forman el conjunto de la obra. Todo agenciamento es la construcción de una serie, de un serial.[17]

3.17

Guattari fue uno de los intercesores del pensamiento de Gilles Deleuze. No sólo uno de los intercesores, sino  tal vez el más importante. El veloz inventor de conceptos llevó la filosofía de la diferencia a planos inimaginables en el encuentro de 1969. Guattari a la vez, fue completamente forzado a una “vida filosófica” más solitaria, más abstracta y disciplinada con la aparición de Deleuze. No se fundieron en una persona, cada quien siguió su producción por separado, sus intereses particulares, no obstante, aún en estos trabajos individuales el efecto-Guattari y el efecto-Deleuze sigue presente en las dos singularidades. Podemos hasta interesarnos en buscar resonancias entre problemas anteriores del encuentro. Sea cual sea nuestra forma de entrar a esa lectura, a esa filosofía, no podemos olvidar que la relación de amistad entre Deleuze y Guattari fue la realización práctica de su método filosófico y la experimentación de sus conceptos.

La amistad de Deleuze y Guattari nos lleva a una pregunta esencial de la filosofía: ¿Qué sentido dar al philos o filo de filosofía? La amistad y el amor son alianzas en el pensamiento, construcción de líneas, apertura de nuevos problemas. La construcción de un pensamiento pasa a ser una lógica del amigo, de la simpatía y la alianza. Deleuze no suportaba las discusiones, para hacer un pensamiento hay que coincidir en los problemas. Lo que no coincide no es falso, es no interesante, pertenece a otra imagen del pensamiento que no coincide con la mía. No hay espacio para la lógica dialéctica del enemigo en el pensamiento, no hay interés por una verdad eterna, ni espacio para discusiones. La crítica es una crítica constructiva, que apunta y da consistencia a las relaciones positivas, coincidentes, resonantes. Hay que buscar las ideas interesantes, las personas interesantes. Así, para terminar, debemos considerar el acontecimiento Deleuze y Guattari como la afirmación de una amistad y alianza al pensamiento filosófico.

3.18

Bibliografía

 
Berardi, Franco, Félix: narración del encuentro con el pensamiento de Guattari: cartografía visionaria del tiempo que viene, Buenos Aires, Cactus, 2013.
Deleuze, Gilles, Empirismo y Subjetividad, pról. Óscar Masotta, trad. Hugo Acevedo, Barcelona, Gedisa, 2007.
Deleuze, Gilles, Conversaciones, trad. José Luis Pardo, edición electrónica de www.philosophia.cl/ Escuela de Filosofía Universidad ARCIS. (documento disponible en la página http://holismoplanetario.com/2015/04/03/obra-completa-de-gilles-deleuze-en-espanol-27-pdfs-ordenados-cronologicamente-descarga-gratuita/ consultado en 12/04/2015)
Deleuze, Gilles, y Guattari, Félix, El Anti Edipo, trad. Francisco Monge, Barcelona, Paidós,  2004.
Deleuze, Gilles, y Guattari, Félix, ¿Qué es la filosofía?, trad. Thomas Kauf, Barcelona, Anagrama, 2005.
Dosse, François, Gilles Deleuze y Félix Guattari: biografía cruzada, 1ª edición, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2009.
Orlandi, Luiz B. L., “Deseo y problema. Articulación por reciprocidad de apertura”. Traducción de manuscrito original Desejo e problema. Articulação por reciprocidade de aberturas” por Gonzalo Montenegro. Revisión técnica de Damián Kraus. Propuesta de ‘Abstract’ de Carolina Bravo. Este texto se encuentra publicado en portugués por la revista História e Perspectivas de Uberlândia, Minas Gerais, Brasil.
Osborne, Peter, “¿Guattareuze?”, en New Left Review, n° 69, Londres, mayo-junio 2011.

Notas

[1] El término Guattareuze hace referencia en primer lugar a la ilustración de Gerárd Lauzier, ilustrador que hacía parodias de la izquierda francesa. Tenemos algunos artículos que usan el término en su título, es el caso de: Osborne, Peter, “¿Guattareuze?”, en New Left Review, n° 69, Londres, mayo-junio 2011,  y Genosko, Gary, “Deleuze y Guattari: Guattareuze & Co.”, en Smith, Daniel W., y Somers-Hall, Henry, The Cambridge Companion to Deleuze, Nova York, Cambridge University Press, 2012.
[2] “Luego de la muerte de Gilles Deleuze, en noviembre de 1995, el pensamiento rizomático obtuvo la atención que no había obtenido anteriormente (…) Pero los académicos han puesto en acto una especie de cortés remoción. Gilles Deleuze ha sido acogido en el salón bueno de la respetabilidad universitaria. Félix Guattari permanece afuera. No era un académico, frecuentaba malas compañías, por esto en la prensa de actualidad dedicada al pensamiento rizomático se tiende, más o menos conscientemente, a citar el nombre de Gilles Deleuze olvidando el de Félix. (…) Más allá de un aspecto de cortesía y de corrección bibliográfica, existe aquí una cuestión filosófica esencial.” Berardi, Franco, Félix: narración del encuentro con el pensamiento de Guattari: cartografía visionaria del tiempo que viene, p. 63.
[3] “(…) deseoso de conocer mejor el mundo de los psicóticos, [Deleuze] empieza a dialogar de manera frecuente con Muyard: ‘Me dice: yo hablo de la psicosis, de la locura, pero sin ningún conocimiento de adentro. Al mismo tiempo tenía fobia a los locos. No habría podido permanecer ni siquiera una hora en La Borde’”. Dosse, Gilles Deleuze y Félix Guattari: biografía cruzada p. 14. Sobre los detalles biográficos del encuentro ver el prólogo de la biografía, pp. 13-32.
[4] Félix Guattari, entrevista autobiográfica con Ève Cloarec, archivos IMEC, 27 de octubre de 1984. Esa fuente se encuentra citada en Gilles Deleuze y Félix Guattari: biografía cruzada, p. 15. Sobre el texto Máquina y estructura ver en el mismo libro el subcapítulo “Máquina contra estructura”, pp. 283-303. “Lo curioso es que no fui yo quien saqué a Félix del psicoanálisis, sino él quien me sacó de ahí. En mi estudio sobre Masoch, y después en Lógica del sentido, yo creía haber alcanzado ciertos resultados acerca de la falsa unidad sadomasoquista, o bien acerca del acontecimiento, que no se conformaban a la doctrina, pero que eran conciliables con ella. Félix, al contrario, seguía siendo psicoanalista, discípulo de Lacan, pero como un ‘hijo’ que ya ha comprendido que será imposible reconciliarse.” Deleuze, Gilles, Conversaciones, p. 123.
[5] “Este dispositivo de escritura que han convenido altera la vida cotidiana de Guattari, que debe sumergirse en un trabajo solitario al que no está acostumbrado. Deleuze espera que él se siente a su mesa de trabajo no bien se levanta, que ponga en papel sus ideas (tiene tres por minuto) y, sin siquiera releer lo que ha escrito, le envíe todos los días el producto de sus reflexiones en estado bruto. Somete entonces a Guattari a esta ascesis que le parece indispensable para que supere sus problemas de escritura. Él, que vivía dirigiendo a sus ‘pandillas’, se encuentra confinado en la soledad de su cuarto de trabajo, todos los días hasta las 16 horas.” Dosse, Gilles Deleuze y Félix Guattari: biografía cruzada p. 20.
[6] Ibíd., p. 25.
[7]  “Deleuze realiza su deseo, gracias a la colaboración con Guattari, expresado en Diferencia y repetición: escribir un nuevo tipo de libro, de naturaleza experimental. (…) Como observa Arnaud Bouaniche, cuando Deleuze expresa en Cerisy – en el marco de los diez días dedicados a Nietzsche – sobre “El pensamiento nómade”, en el momento preciso de la publicación de El anti-Edipo, anuncia su intención de producir una nueva estilística. A propósito de Nietzsche, define lo que podría ser un nuevo tipo de libro que no respondería a los códigos tradicionales. (…) Ambos autores [Deleuze y Guattari] van a buscar la manera de eludir toda forma de codificación dejándose convocar por las fuerzas de afuera para deshacer las formas convenidas.” Ibíd., p. 28.
[8] Deleuze, Gilles y Guattari, Félix, El anti-Edipo, p. 36.
[9] Deleuze, Gilles, Conversaciones, p. 20.
[10] Dosse, Gilles Deleuze y Félix Guattari: biografía cruzada, p. 583. Sobre el antiguo proyecto de Deleuze: “En 1991 aparece ¿Qué es la filosofía? Es un proyecto muy antiguo, ya que a partir de la aparición de Mil mesetas Deleuze había expresado su deseo de trabajar este tema. Así, termina el curso del año lectivo 1979-1980, en Vincennes, con estas palabras: ‘El año próximo habrá que encontrar algo nuevo. Mi sueño sería un curso sobre: ¿qué es la filosofía?, lo que suscita la hilaridad general de sus estudiantes, que creen que se trata de una broma. (…) En varias ocasiones insiste sobre la importancia que le otorga a este proyecto.” Dosse, ibídem.
[11] Orlandi, Luiz B. L., Deseo y problema. Articulación por reciprocidad de apertura, p. 23.
[12] “Las relaciones son exteriores a sus términos”, Deleuze, Gilles, Empirismo y subjetividad, p. 108.
[13] “(…) no es un problema escribir entre dos, todo lo contrario. Sería problemático si fuésemos dos personas, cada una con su propia vida y sus opiniones, que se hubiesen propuesto colaborar una con la otra, discutir. Cuando he dicho que Félix y yo éramos como arroyos quería decir que la individuación no es necesariamente personal. No estamos nada seguros de ser personas: una corriente de aire, un viento, un día, (…) Félix y yo, como muchos otros, (…) tenemos más bien una individualidad de acontecimientos (…) Escribir entre dos se convierte, en este contexto, en algo totalmente normal. Basta con que pase algo, una corriente portadora de un nombre propio. Incluso cuando uno cree que escribe solo, lo hace siempre con otro, que no siempre puede identificarse.” Deleuze, Gilles, Conversaciones, p. 121.
[14] Sobre el caso de Schreber ver El anti-Edipo, pp. 62-63, 95-96, 307.
[15] Deleuze, Gilles y Guattari, Félix, ¿Qué es la filosofía?, p. 65.
[16] Ibíd., p. 71.
[17] Deleuze, Gilles, Conversaciones, p. 107.