La difusión de plástica moderna en México en la Cultura

Francisco Emiliano Pastrana Gómez #41 - Hojear el siglo XX, #41 - Artículos

Fernando Benítez

Resumen

El artículo aborda el tema de la presencia de arte pictórico moderno de caballete reproducido en las portadas del suplemento México en la Cultura, entre 1949 y 1961. Los conceptos teóricos que dan forma a la investigación son los relacionados al diseño y a la cultura visual.

En el texto se revisan los antecedentes de la publicación, su criterio y política editorial. Se procede a mostrar resultados cuantitativos, tales como recurrencia de artistas o movimientos artísticos; así como la explicación del tratamiento temático de las portadas. De esta forma se extiende un panorama que permite entender, de forma concisa, las dinámicas de difusión de arte en un importante exponente del periodismo cultural mexicano.

 

Abstract

The article approaches the theme of the presence of modern pictorial art –easel painting– reproduced on the covers of the supplement México en la Cultura, between 1949 and 1961. The theoretical concepts that shape the research are related to design and visual culture.

The text includes an overview of the precedents of the publication, its editorial criteria and policy. The study proceeds to show quantitative results, such as the recurrence of artists and artistic movements; as well as the explanation of the thematic treatment of the covers. Thus, an overall view is formed, that allows a concise understanding of the dynamics of art diffusion in an important exponent of cultural journalism in Mexico.

 

La presente investigación se basa en mi tesis de licenciatura, titulada La cultura visual en la Ciudad de México. El arte y el diseño gráfico de México en la Cultura. Abordaré un análisis realizado en dicho trabajo sobre las portadas del suplemento cultural de los años cincuenta México en la Cultura. La observación se ha enfocado de forma específica a la plástica difundida en la publicación y los resultados se dieron en términos cuantitativos, así como de su presentación o diseño. El estudio nos ayudará a entender cómo funcionó la dinámica visual de la publicación, así como el posible grado de éxito que tuvo su lenguaje para transmitir la cultura a sus lectores.

Una de las ideas principales que sustenta a esta investigación es la planteada por Francis McKenzie, quien es muy enfático en la necesidad de estudiar la forma material de los textos, pues señala que “la apariencia de la página impresa funciona como una serie de señales a los lectores, invitándolos a interpretar el texto de una forma u otra.”[1] Igualmente, recurro a la teoría del diseño gráfico, en conceptos tales como el de texto visual, el cual nos remite a interpretar la página “como un todo o imagen global”[2], donde con el simple acto de observación existe un texto, aunque no se haya leído ni una palabra.

Adicionalmente, he vinculado los conceptos y resultados alrededor de la idea de cultura visual, un campo de estudio que se ha relacionado con la nueva forma de hacer historia del arte y el cual “se interesa por los acontecimientos visuales en los que el consumidor busca la información, el significado, o el placer conectados con la tecnología visual.”[3] La cultura visual tiene una gran preocupación por los encuentros que se dan en el ámbito de la vida cotidiana entre el espectador y las imágenes, es decir, va más allá de “los escenarios de observación estructurados y formales como el cine y los museos.”[4] En este sentido, el analizar un suplemento cultural de circulación semanal como fue México en la Cultura nos da muchos elementos para plantear conclusiones desde esta perspectiva.

Comienzo por hacer dos aclaraciones. En primer lugar, hago notar que México en la Cultura fue un suplemento cultural perteneciente al periódico Novedades. Hay autores que consideran que los suplementos dominicales terminaron por convertirse en “auténticas revistas, capaces de hacer competencia a otras publicaciones periódicas.”[5] Pero es evidente que al comparar suplementos culturales con revistas hay cierta diferencia en términos de su funcionamiento, principalmente por el hecho de que, al estar adjunto a una publicación mayor con temas más amplios, el suplemento puede tener observadores accidentales, adicionales a sus lectores habituales.

En segundo lugar, cabe mencionar que el presente texto se enfoca en un campo reducido de las artes plásticas mostradas en el suplemento, siendo éste el arte pictórico moderno de caballete. Esta delimitación con relación a la plástica se debe a que las artes en sus otras expresiones aparecieron en muchas más portadas de la publicación, desde ejemplos de arte mural y arte pictórico de todas las épocas de la humanidad, hasta la arquitectura, la escultura, el dibujo, el grabado, la cerámica, el cine y la danza.

Por cuestiones de extensión, también me he ocupado únicamente del arte que apareció en sus portadas. Esta última decisión se puede justificar cuando sabemos que es la portada, principalmente, lo que da identidad a una publicación, ya que “muestra el carácter y frescura del material presentado, e invita al lector a comprar, abrir y leer.”[6] Resulta, por lo tanto, muy conveniente tomar un muestrario de primeras páginas, ya que en términos de visualidad y accesibilidad se puede conectar el tema aún mejor con las ideas ya planteadas sobre cultura visual.

México en la Cultura fue una publicación con gran prestigio entre 1949 y 1961, años en que estuvo dirigido por Fernando Benítez. En dicho periodo, el suplemento tuvo un total de 665 números, de los cuales 82 contaron en sus portadas con la presencia de arte pictórico moderno de caballete. Por supuesto, el suplemento trató de igual manera una gran gama de temas fuera del campo de la plástica, como la sociología o la política, e incluso hay quienes lo consideran primordialmente un suplemento literario.[7] Sin embargo, espero que con la lectura de este texto y a través de los ejemplos que en él se plantean, el lector pueda apreciar la tarea efectuada por el suplemento en el campo de la difusión de la plástica.

Quisiera señalar, como antecedentes, el caso de ciertas revistas que, citando a Cuauhtémoc Medina “trajeron a México los gustos de las vanguardias artísticas europeas”[8], como fueron las publicaciones estridentistas Irradiador, Horizonte, la sección Diorama estridentista en El Universal Ilustrado, o revistas como Forma dirigida por Gabriel Fernández Ledesma, que daba un papel preponderante a imágenes y grabados. Para 1940, el refugiado español Miguel Prieto trabajó en la revista Romance, que contó con una notoria abundancia de material visual de calidad y que inspiró al antecedente directo de México en la Cultura, la Revista Mexicana de Cultura, suplemento de El Nacional, también dirigida por Benítez.

En 1949, Fernando Benítez y Miguel Prieto sumaron esfuerzos para iniciar México en la Cultura, teniendo en mente el gran prestigio de otros suplementos culturales latinoamericanos, específicamente los de La Prensa y La Nación de Argentina y de El Tiempo de Colombia. En el primer número del suplemento se estableció un criterio editorial, que fue mostrar las manifestaciones más relevantes de la cultura en México y en el extranjero, resumido en una frase poética que utilizaron: “lo mexicano con trascendencia universal y lo universal que fecunde lo mexicano.”[9] La política editorial consistió en publicar cada semana los mejores materiales de que dispusieran, lo cual, según Benítez, los obligó a “mantener un estándar de excelencia durante la vida de la publicación.”[10] Los resultados de seguir dichos lineamientos se pueden corroborar en declaraciones de autores como Juana María Perujo, quien se refiere a México en la Cultura como una “fuente indispensable para estudiar la cultura que se hacía y promovía en México en los años 50.”[11]

Para lograr el éxito, sus creadores siempre consideraron necesario contar con un gran archivo visual que permitiera mostrar una amplia gama temática y documental en todos los números. Para el sexto año de México en la Cultura, cuando se planeó y promocionó una edición facsimilar de aniversario[12], el archivo tenía 15 000 grabados de obras de arte, monumentos, paisajes, tipos indígenas y personalidades[13], cifra que siguió aumentando en años posteriores a partir de recortes de libros, revistas, catálogos de editoriales o prensa en general.[14] Para autores como Jorge Rivera, los circuitos visuales plásticos y fotográficos que usan los suplementos culturales “los convierten en una suerte de museo cotidiano, donde se pueden rastrear la labor de artistas e ilustradores, así como los enormes archivos iconográficos en ellos plasmados.”[15] El presente trabajo tuvo precisamente entre sus resultados una recopilación parcial del archivo de arte moderno de México en la Cultura, en un catálogo que lista más de 300 reproducciones de obras de arte en primeras planas.

Quisiera hacer un breve paréntesis para abordar el tema de la tecnología usada para reproducir las imágenes en el suplemento. La técnica se conoce como fotograbado de medias tintas, y consiste en obtener matices intermedios de gris a partir de un original polícromo. Es importante considerar esta forma de visualidad, ya que tiene evidentes efectos en el espectador, como han notado autores como André Malraux y Peter Burke. En primer lugar, la imagen en blanco y negro acerca entre sí a los objetos artísticos que representa, pues pierden color, materia y dimensiones.[16] Por esta razón, este tipo de imágenes requieren mayor objetividad por parte del observador,[17] ya que se debe suplir con una mirada más atenta y analítica la pérdida de dichos elementos, que usualmente transmiten mensajes o emociones en las obras pictóricas originales.

Ejemplo de reproducción de una pintura en fotograbado de medias tintas. México en la Cultura, suplemento de Novedades, núm. 472, Ciudad de México, 30 de marzo de 1958.

La dirección artística del suplemento corrió en un primer momento a cargo de Miguel Prieto, quien llevó a cabo esa labor hasta su muerte en 1956. Su aprendiz, Vicente Rojo lo sucedió en el cargo y efectuó una renovación muy distintiva del diseño de la publicación. El diseño de Vicente Rojo con respecto al de su predecesor Miguel Prieto, tuvo entre sus diferencias una menor saturación de imágenes. A este respecto, el diseño de Prieto ha sido descrito por Fernando Benítez como “elegante y ligeramente barroco.”[18] El manejo ordenado de elementos gráficos es una de las enseñanzas más importantes que Vicente Rojo atribuye a Miguel Prieto; dicho aprendizaje le fue de gran valor en años subsecuentes para estructurar su obra plástica como pintor.[19]

Se ha dicho de ambos personajes que su labor en México en la Cultura era la de editorialistas visuales y coeditores, que sugerían temas, daban coherencia interna al suplemento, y generaban un apropiado equilibrio entre el resultado visual y la calidad de los materiales escritos.[20] Ambos eran a su vez artistas plásticos activos, y su obra apareció en algunas ocasiones en las portadas.

Pasando a los términos cuantitativos del arte moderno reproducido, el suplemento mostró un balance justo entre la cantidad de obra producida en México y la de factura internacional. El número de artistas mexicanos con presencia en portadas fue de 25, contra 43 extranjeros, aunque de estos últimos, ocho vivieron y realizaron gran parte de su obra en México. En cuestiones de género no existió tal balance: sólo hubo obra de 6 artistas mujeres, contra 62 hombres.

Entre los mexicanos con mayor presencia encontramos a Tamayo, Siqueiros, Rivera, Orozco, Goitia y el Dr. Atl. Un muestrario de este tipo nos indica un interés por difundir lo más famoso y sobresaliente de la Escuela Mexicana, pero también una inquietud por no dejar de lado a los artistas al margen de dicha Escuela, como Goitia y sobre todo Tamayo, quien fue uno de los referentes más importantes para la generación de la Ruptura.[21]

Portada dedicada a Rufino Tamayo. México en la Cultura, suplemento de Novedades, núm. 103, Ciudad de México, 21 de enero de 1951.

Los artistas internacionales más recurrentes fueron Chagall, Klee, Monet, Picasso, Rouault y Rousseau, lo que nos habla de un interés por diversas corrientes del arte moderno y las vanguardias, así como de artistas muy representativos e influyentes en la historia del arte. La mayor parte de artistas extranjeros reproducidos fueron franceses y españoles, y hubo una notable ausencia del arte de vanguardia norteamericano en las portadas, quizá debido a la fuerte y agresiva carga ideológica de dicho movimiento en ese momento. En términos de corrientes artísticas representadas, el suplemento mostró hasta 26 tendencias distintas, entre las que sobresalieron el surrealismo, el cubismo, el post-impresionismo, el expresionismo y el impresionismo.

Portada dedicada a Edgard Degas. México en la Cultura, suplemento de Novedades, núm. 401, Ciudad de México, 25 de noviembre de 1956.

Considero que la forma de tratamiento temático de algunas portadas ayuda a comprender la labor del suplemento como un dispositivo capaz de transmitir mensajes artísticos, a partir de la conjugación de sus elementos escritos y visuales. Así, fueron comunes en el corpus analizado las portadas dedicadas por completo a un solo artista. En dichos casos, los textos hacían retrospectivas o críticas, analizaban la obra en general de algún personaje o algún aspecto específico de ella; y las imágenes elegidas hacían su labor por llamar la atención sobre lo tratado en el texto.

Otro tipo de portadas plasmaron que, así como un museo cura exposiciones sobre un tema y elige obras concernientes al mismo, la publicación podía efectuar en términos editoriales una tarea similar. Esto se demuestra en números como el dedicado a la muerte, que recurrió a obras de todos los tiempos, desde calaveras de arte prehispánico y representaciones de la muerte de Durero, hasta las escenas de día de muertos de Rivera y la Llorona de Siquieros. O bien, en portadas que tomaban textos e imágenes sobre temas diferentes y los entrelazaban bajo un mensaje único, como es el caso de un número que vinculó un texto sobre Dalí y uno sobre Torres Campalans con el título “dos pintores catalanes hacen reír al mundo”.

Portada dedicada al tema de la muerte. México en la Cultura, suplemento de Novedades, núm. 91, Ciudad de México, 29 de octubre de 1950.

Otra forma de análisis posible referente a los temas abordados en el suplemento es el de las categorías de las obras reproducidas. Si bien consideramos que un estudio de este tipo requiere conocimientos más profundos en el campo de la historia del arte, se puede llevar a cabo un intento inicial a partir de los géneros de pintura establecidos en el siglo XVII por la Academia Real Francesa, cuya clasificación se divide en cinco: pintura histórica, retrato, pintura de género (escenas de la vida cotidiana), paisaje y naturaleza muerta.[22] Para el caso de las portadas de México en la Cultura que conforman el material de trabajo de la presente investigación, encontramos una mayoría del género de retrato, con 105 reproducciones de obras; seguido de 55 paisajes, 39 pinturas de género, 13 pinturas históricas y 11 naturalezas muertas.

Cabe en este punto poner un acento en la labor de diseño de la publicación. Los directores artísticos se ocuparon con gran maestría de la composición de las páginas, al ordenar texto y obras de arte de forma atractiva y única en cada portada. Aprovecharon equilibrios, tamaños, pesos visuales, líneas y formas, así como los contrastes generados por los grises, aunado al uso del color en algunos elementos a partir de la segunda etapa del suplemento. En algunos casos se logró un aprovechamiento notorio mediante el uso de un color plano con bicromía para enriquecer una imagen en blanco y negro.

Portada con uso de bicromía para enriquecimiento del fotograbado. México en la Cultura, suplemento de Novedades, núm. 440, Ciudad de México, 25 de agosto de 1957.

El formato de publicación de México en la Cultura perteneció al tamaño sábana, 42 x 57 cm en su primera etapa y 38 x 58 cm en la segunda. Este formato es ideal para mostrar fotos e ilustraciones de gran tamaño, lo cual fue muy aprovechado por los diseñadores, quienes jugaron constantemente con las escalas de las imágenes y, en muchas ocasiones, hicieron portadas predominantemente pictóricas. Entre los inconvenientes del formato se encuentra que requieren de comodidad con respecto a lugar y tiempo de lectura, ya que debido a su gran tamaño no pueden ser fácilmente manipulados en lugares concurridos o transportes públicos.[23] Este formato también exige más atención por parte del lector para recorrer la página. En términos generales, el uso de los elementos de diseño periodístico dotó de un ritmo y una personalidad especial a cada portada.

A manera de conclusión, considero que el análisis llevado a cabo en este trabajo arroja información valiosa sobre una forma exitosa de difundir arte desde una publicación periódica cultural, a través de una línea editorial definida, una curaduría de imágenes dedicada y un diseño atractivo. Adicionalmente, por ser el suplemento cultural un medio disponible en las calles de la ciudad cada semana, se puede conectar exitosamente con la cultura visual, donde el interés reside en los momentos en que el consumidor encuentra información o significados en la tecnología visual de su vida cotidiana.[24] 

 

Fuente primaria

México en la Cultura, suplemento de Novedades, Ciudad de México, 1949-1961. Todos los ejemplares pertenecen al Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

Bibliografía

  1. Benítez, Fernando et al., Miguel Prieto: diseño grafico, Era, México, 2000.
  2. Bonet, Juan Manuel et al., Miguel Prieto, 1907-1956: la armonía y la furia, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Madrid, 2008.
  3. Burke, Peter, Eyewitnessing: The Uses of Images as Historical Evidence, Cornell University Press, Ithaca, New York, 2001.
  4. Camposeco, Víctor Manuel O., El suplemento México en la cultura (1949-1961): renovación literaria y testimonio crítico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Dirección General de Publicaciones, México, 2015.
  5. Canga Larequi, Jesús, El diseño periodístico en prensa diaria: normas básicas, Bosch Comunicación, Barcelona, 1994.
  6. McKenzie, Donald Francis, Bibliografía y sociología de textos, Akal, Madrid, 2005.
  7. Fuente Vidal, Julia de la, Índice del suplemento México en la cultura y estudio preliminar (Tesis de licenciatura), Universidad Iberoamericana, México, 1985.
  8. Malraux, André, Las voces del silencio: visión del arte, Emece,Buenos Aires, 1965.
  9. Medina Carrillo, Cuauhtémoc, Diseño antes del diseño: Diseño grafico en México, 1920- 1960, Museo de Arte Alvar y Carmen T. de Carrillo Gil, México, 1991.
  10. Mirzoeff, Nicholas, Una introducción a la cultura visual, Paidós Ibérica, Barcelona, 2003.
  11. Pastrana Gómez, Francisco Emiliano, La cultura visual en la Ciudad de México. El arte y el diseño gráfico de México en la Cultura (tesis de licenciatura), Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2017.
  12. Rivera, Jorge B., El periodismo cultural, Paidós, Buenos Aires, 1995.
  13. Rojo, Vicente et al., Vicente Rojo. Diseño gráfico, 4a ed., El Colegio Nacional, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Universidad Autónoma de Nuevo León, Ediciones Era, México, 2014.
  14. Ruptura, 1952-1965: Catálogo de la exposición, Museo de Arte Alvar y Carmen T. De Carrillo Gil, Museo Biblioteca Pape, México, 1988.
  15. Suárez Carballo, Fernando, Fundamentos del diseño periodístico: claves para interpretar el lenguaje visual del diario, Universidad de Navarra, Pamplona, 2008.
  16. Vicente Rojo, Ministerio de Cultura, Dirección General de Bellas Artes y Archivos, Madrid, 1985.

 

Fuentes electrónicas

  1. “Art Terms: Genres” en http://www.tate.org.uk/learn/onlineresources/glossary/g/genres Fecha de consulta: 19/11/16.
  2. Benítez, Fernando, “Recuerdo de Miguel Prieto” en http://www.uam.mx/difusion/editorial/recuerdomiguel.html Fecha de consulta: 15/10/16.

 

Notas

[1] Donald Francis McKenzie, Bibliografía y sociología de textos, p. 31.
[2] Fernando Suárez Carballo, Fundamentos del diseño periodístico: claves para interpretar el lenguaje visual del diario, p. 55.
[3] Nicholas Mirzoeff, Una introducción a la cultura visual, p. 19.
[4] Irit Rogoff, “Studying Visual Culture” en Mirzoeff, The Visual Culture Reader, p. 25.
[5] Jesús Canga Larequi, El diseño periodístico en prensa diaria: normas básicas, p. 166.
[6] Ibídem, p. 77.
[7] Cfr. Víctor Manuel O. Camposeco, El suplemento México en la Cultura (1949-1961): renovación literaria y testimonio crítico.
[8] Cuauhtémoc Medina, El diseño antes del diseño, p. 37.
[9] México en la Cultura, suplemento de Novedades, núm. 1., 6 de febrero de 1949.
[10] Julia De la Fuente Vidal, Índice del suplemento México en la cultura y estudio preliminar (Tesis de licenciatura), p. 56.
[11] Juan Manuel Bonet et al., Miguel Prieto, 1907-1956: la armonía y la furia, p. 56.
[12] Esta edición facsimilar no se llegó a hacer por falta de recursos. Cfr. Bonet, op. cit., p. 57.
[13] Ídem.
[14] Correo electrónico enviado por Vicente Rojo al autor de este texto, 11 de abril de 2017.
[15] Jorge B Rivera, El periodismo cultural, p. 167.
[16] André Malraux, Las voces del silencio: visión del arte, p. 19.
[17] Peter Burke, Eyewitnessing: The Uses of Images as Historical Evidence, p. 17.
[18]http://www.uam.mx/difusion/editorial/recuerdomiguel.html Consultado el 15/10/16.
[19] Vicente Rojo, p. 77.
[20] Luis Francisco Gallardo en Miguel Prieto: diseño grafico, p. 34. Vicente Rojo et al., Vicente Rojo. Diseño gráfico.
[21] Jorge Alberto Manrique en Ruptura, 1952-1965: Catálogo de la exposición, p. 24.
[22]http://www.tate.org.uk/learn/online-resources/glossary/g/genres Consultado el: 19/11/16.
[23] Canga Larequi, op. cit., p. 51.
[24] Nicholas Mirzoeff, op. cit., p. 19.