Sobre capitales, castillos y bibliotecas

Violeta Celis #11 - Dispositivos de la mirada, Artículos

Las insurgencias son necesarias por sí mismas,

son necesarias para el desplazamiento de marcos cognitivos.

Benjamín Arditi

Uno de los artistas mexicanos que en los últimos años ha explorado continuamente las condiciones de relación ente la literatura, la imagen y el espacio arquitectónico es Jorge Méndez Blake (Guadalajara, 1974). Después de realizar estudios de poesía, filosofía, arte contemporáneo y arquitectura, Méndez Blake se dio a la tarea de revisitar obras de escritores y pensadores emblemáticos como Herman Melville, Robert Louise Stevenson, Pablo Neruda, Conan Doyle, Karl Marx y Franz Kafka, entre otros, a través del dibujo, objetos e instalaciones/intervenciones haciendo comentarios a momentos específicos del devenir histórico. Su obra ha sido expuesta individual y colectivamente en museos y galerías nacionales y del extranjero, entre los que destacan, el Museo de Arte Moderno, Museo Tamayo Arte Contemporáneo y Museo Nacional de Arte (Ciudad de México); 1301pe (Los Ángeles, CA, EUA); Fundación Proa (Bs As, Argentina) y en la galería Meessen de Clercq (Bruselas, Bélgica).

En el trabajo de este joven artista se despliega una insurgencia conceptual que replantea constantemente lo utópico como ficción de un mundo idealizado, generando críticas agudas sobre estos constructos del pensamiento humanista. En su obra Das Kapital (2009) -que se ha mostrado en la galería Meessen de Clercq en Bélgica (2009) y el Museo Amparo de Puebla en México (2011)- hace referencia a una obra crucial de la ideología política alemana que fue punto de referencia para el pensamiento y desarrollo socio-económico mundial, así como para el activismo insurgente del siglo XX: El Capital, co-escrita por el filósofo economista Karl Marx.

Méndez Blake reactiva la lectura de la obra partiendo de la trascendencia histórica de la misma, la materialidad del objeto-libro y del significante del apellido de su co-autor. Das Kapital está compuesta de tres momentos a manera de instalación: 1. La colocación del libro de Marx debajo de un muro de ladrillos superpuestos (sin aglutinante) que sostiene la estructura, confiriéndole una carga simbólica que en la actualidad parece permanecer estática y sin movilidad de reinterpretación. Como si el libro, sopesara la multiplicidad de significados que se han derivado de la obra en sí, haciéndola presa de sus propias lecturas o incluso aboliéndolas. 2. La impresión de cien páginas de El Capital son enmarcadas, intervenidas con lápiz rojo y puestas al espectador como vestigios sueltos de un pasado quieto que sobrevive como culto colectivo. El título de esta pieza The Course of True Love Never did run Smooth (2009), corresponde a una frase de William Shakespeare de la obra de teatro Sueño de una noche de verano, que el propio Marx cita en El Capital y que el artista subraya en rojoaumentando así, la carga irónica por tratarse de una comedia amorosa y por el estadio de letargo que se desprende del título de la pieza teatral. El guiño que el artista hace a la frase del dramaturgo inglés parece aludir al carácter revolucionario de los estatutos de Marx y lo que probablemente éstos implicarían en el futuro. 3. El apellido del ideólogo aparece en luz neón con dos equis más al final: MARXXX (2009), atribuyendo cierta banalidad y exotización a la palabra. El letrero sin importar el apellido que ostenta, desdibuja la importancia del autor alemán a la par que abre una reflexión crítica sobre la vigencia y el posible reciclamiento de su ideología.

Das Kapital, 2009. Ladrillos, libro. Medidas variables.

(Cortesía del artista y la Galería Meeseen de Clercq, Bruselas)

Das Kapital (Detalle), 2009. Ladrillos, libro. Medidas variables.

(Cortesía del artista y la Galería Meeseen de Clercq, Bruselas)

The Course of True Love Never did run Smooth2009. 100 impresiones de inyección de tinta, lápiz de color. 21.5 x 28 cm c/u.

(Cortesía del artista y la Galería Meeseen de Clercq, Bruselas)

MARXXX2009. Letrero en neón, 9 x 52 cm.

(Cortesía del artista y la Galería Meeseen de Clercq, Bruselas)

En la intervención que el artista realizó en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México El Castillo (2008) -probablemente el antecedente más cercano al dispositivo utilizado en Das Kapital (2009)- el muro de ladrillos se sostuvo a lo largo de la Sala Gamboa del museo gracias al detalle casi imperceptible del libro homónimo de Franz Kafka atrapado bajo la larga pared. El contraste entre el pesado material y la fragilidad-vulnerabilidad del objeto-libro establecen sutiles comentarios sobre las quasi invencibles estructuras del poder sistémico versus la voz del ciudadano común. Que la intervención tuviera lugar en una institución cultural, resignifica la intención del artista así como la carga política de la obra kafkiana.

El Castillo (Detalle), 2007. Intervención en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México. Ladrillos, libro. Medidas variables.

(Cortesía del artista y Fundación/Colección Jumex)

El Castillo, 2007. Intervención en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México. Ladrillos, libro. Medidas variables.

(Cortesía del artista y Fundación/Colección Jumex)

Otra de las vetas discursivas de Méndez Blake, es la reflexión constante sobre el concepto de la biblioteca y la acumulación del conocimiento. Los libros como contenedores de saberes diversos, los recoloca en dispositivos crípticos en los que la posibilidad de consulta por parte del visitante resulta imposible. La última revisión que hizo del Centro de Documentación del Museo Tamayo Arte Contemporáneo con más de cuatrocientos ejemplares bibliográficos -la mayoría, acervo personal de Rufino Tamayo– La marquesa salió a las cinco (2010), es un claro ejemplo de la “reasignación” de los libros como objetos susceptibles del no-diálogo con el espectador, es decir, de cancelar su uso y de disponerlos en estructuras inoperables en el que sólo pueden ser apreciados por su valor estético, por su posición-significación con el lugar y por la cercanía con otro tipo de objetos, entre ellos, veintiocho obras de la colección de arte del propio museo, entre las que encontraban En el patio V (1948) de Georgia O’Keeffe, Vidrio Roto (1974) de Jean Mauboulés y Yerba (1972) de Hiroshi Okada. Sin embargo, para esta intervención, el artista seleccionó algunos libros para que el visitante sí escudriñe, tales como: Construir, habitar, pensar de Heidegger; antologías poéticas de Fernando Pessoa y Federico García Lorca y Bartleby de Herman Melville, entre otros. Tal pareciera que con este gesto, el artista hizo señalamientos precisos en su nueva idea de biblioteca, dejando sedimentos como huellas que se tuvieron que haber develado durante el recorrido en el museo.