Relación entre el Motor Inmóvil aristotélico y el concepto de la Nada como posibilidad del movimiento

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Relación entre el Motor Inmóvil aristotélico y el concepto de la Nada como posibilidad del movimiento

1. El Motor Inmóvil en la filosofía aristotélica.

Cuando los filósofos medievales insertan en el dios aristotélico el significado apriorístico propio del escolasticismo deformaron la visión aristotélica original. Es oportuno considerar que la hermenéutica sobre la realidad no puede estar centrada en una deducción universal aplicable a todos los razonamientos sino desde una fuente variable y caótica siempre en movimiento debido a los aprendizajes y al corpus teórico y psicológico del hermeneuta. Ahora bien, si la ética es producto de la hermenéutica, tampoco las concepciones morales se podrán reducir al rígido dictamen de un principio vertical, sino partiendo de una revisión meramente horizontal, empírica, en función de una dialéctica realista y mundana, la cual defendía Aristóteles.

Lo anterior supondría el rompimiento con los finalismos universales y con las implicaciones generalistas que a partir de las concepciones aristotélicas se han inmiscuido en la cosmovisión occidental; la ruptura implicada daría entrada a la valoración no de un destino de vida configurado a priori, sino a la causalidad que se manifiesta en el devenir. No escapo ahora mismo, sin embargo, de algo que señala Aubenque:

No hay de hecho comentarista de Aristóteles que no lo sistematice a partir de una idea preconcebida: los comentaristas griegos a partir del neoplatonismo, los escolásticos a partir de cierta idea del dios de la Biblia y su relación con el mundo. Cuanto más profundo es el silencio de Aristóteles, más prolija se hace la palabra del comentarista; no comenta el silencio: lo llena; no comenta el mal acabado: lo acaba; no comenta el apuro: lo resuelve o cree resolverlo; y acaso lo resuelva de veras en otra filosofía.[1]

La cuestión sobre el Motor Inmóvil tuvo que iniciar, como era de esperarse, en la observación que Aristóteles hizo del mundo y los fenómenos acontecidos en él, principalmente en las cosas tangibles. La pregunta por el origen del movimiento inicia desde la época temprana de las elucubraciones aristotélicas. Se observan comentarios al respecto en su obra Acerca del Alma, pero es en la titulada Física en la que se reconoce al filósofo llegando a las últimas consecuencias de su pensamiento, es decir, llevándole a los límites de la que él llamó filosofía segunda y en la antesala de la filosofía primera. Continúo entonces, con un breve análisis sobre el libro Física.

2. El principio del movimiento.

Aristóteles[2] explica el movimiento por medio de lo siguiente: “en todo movimiento hay un propósito por cuyo motivo se realiza. Lo que nos mueve puede ser una consideración, una idea, una decisión, un deseo o un apetito”.[3]  Por ello “en el movimiento psicofísico, la voluntad es el mediador, pues la voluntad mueve en tanto es movida; por tanto, la voluntad es aquello por medio de lo cual el alma mueve al cuerpo”.[4]  De este modo se observa que la voluntad es un artificio del alma para mover al cuerpo y, por tanto, se deduce al Aristóteles platónico que aventuraba Jaeger. De cualquier manera, también se deja en claro que: “la mayor parte de los procesos corporales son involuntarios”,[5] por lo que abre la puerta a la afirmación de que algunos movimientos no sean causados por medio de la voluntad y que el alma tendría otras formas de intervenir en el movimiento.

En Acerca del Alma,Aristóteles se refiere también a un pneuma innato o un aire con el que se nace que permite al alma la facultad de mover al cuerpo. Tal idea no fue seguida en sus textos posteriores por lo que no es difícil especular que se haya dado cuenta de la improbabilidad de sus supuestos. Düring es particularmente duro, en este sentido, diciendo que: “probablemente él mismo creyó que con esta idea, que a nosotros nos parece absurda, había resuelto en forma definitiva el problema del automovimiento”.[6]

Dejando a un lado el texto sobre el alma, hemos de abordar el texto de la Física  en el cual plasmó con mayor claridad sus argumentos. De hecho, en su introducción al libro  octavo de éste tema, Aristóteles plantea la cuestión sobre el origen del movimiento y especula que el movimiento debía comenzar alguna vez o, de lo contrario, es eterno. Esto tiene importancia vital pues él mismo comenta que: “encontrar una respuesta verdadera a esta cuestión será provechoso tanto para nuestra teoría del acontecer natural como para nuestro acceso al primer comienzo o principio del movimiento”.[7] Aquí, en el libro octavo de la Física,no hay ninguna duda de que “su objetivo más importante es refutar en forma definitiva la doctrina platónica del automovimiento”.[8]

El filósofo sugiere que lo que observamos en el mundo sensible puede parecer sin orden y que, por tanto, somos nosotros los que buscamos ordenar ese mundo. Cuando se lee a Aristóteles afirmar que: “el mundo de la experiencia inmediata es un caos de impresiones”[9]  se puede asumir que cree que nuestro pensamiento pone el orden con el que intentamos comprenderlo. Lo que uno piensa lo adecúa al lenguaje, por ello la cosa pensada y el lenguaje con el que la cosa pensada es llamada, son inseparables aunque nunca lo mismo. Lo que vemos es una representación y ésta no es más que una imagen de la realidad. Lejano estuvo el estagirita de ver en esto una prueba de la existencia del mundo de las ideas platónico, puesto que asumía que más que alguna representación correcta había muchas representaciones, tantas como personas. Al respecto nos dice Düring: “Aristóteles no vio nada detrás del lenguaje y no reconoció, como lo hizo Platón, un orden ontológico separado de la forma de predicación. Con lógica consecuencia admitió que las cosas y los procesos naturales no son de otra manera que como los pensamos y hablamos de ellos”.[10]

De cualquier manera, esto no supone que el estagirita haya asumido que el mundo es la percepción; sino que reconocía, y el mismo Düring lo refiere, que “las cosas existen independientemente de nuestra percepción”;[11] y en palabras de nuestro filósofo: “el movimiento existe independientemente de nuestra percepción; pero cuando definimos el tiempo como aquello que podemos medir en el movimiento, entonces el tiempo existe sólo para nosotros que lo medimos”.[12]

Por ello, la concepción de la física aristotélica se puede resumir con la siguiente frase: “movimiento y cambio son los fenómenos básicos de la naturaleza; quien no entiende estos fenómenos no entiende la naturaleza”.[13] Este movimiento natural para Aristóteles es no moverse a sí mismo, sino “ser movido”.[14] Tras estas conjeturas pudo  continuar hacia conclusiones propias de la filosofía primera puesto que si hay algo en el ser que le mueve desde fuera, este “desde fuera” no es ya el alma platónica y he aquí la separación con su maestro de Atenas.

Lo que genera el impulso para el cambio debe de estar en contacto con lo que cambia. Se entiende que si la cosa que cambia existe, entonces, estará en contacto con su potencia, es decir, con aquello que aún no es pero puede llegar a ser. En ese sentido, se observa la necesidad que el ser tiene de la Nada o, dicho de otro modo, que el principio que faculta el movimiento consiste en que algo que aún no es pueda ser. Si el Motor Inmóvil posibilita el movimiento, la Nada podría ser el principio inobjetable e intangible a partir del cual el movimiento es posible. La cosa existente tiene un límite, el límite inmediato es lo que el ser no es, la Nada, he ahí el contacto inevitable. Esto, lo que mueve, para Aristóteles, no puede ser el alma misma. Tenía razón.

Por otro lado, el movimiento, el espacio y el tiempo, son continuos y conceptos físicos relacionales. Esa es la idea fundamental del tercero al sexto de los libros que conforman la obra de la Física. Si se toma este postulado como cierto, entonces, estarán también entrelazados contingencialmente, es decir, el movimiento requiere de espacio o posibilidades de movimiento y una vez que tal movimiento es posible existe también el tiempo.

Ahora bien, el movimiento no existe por sí mismo dado que necesita de aquello que es movido. Por tanto, el movimiento no existe en sí mismo; todo lo que existe en sí mismo debe de moverse, pero no hay movimiento del movimiento, por lo que el movimiento es en función de lo que existe. Se necesita al ser para que el movimiento sea pues el movimiento no tiene ser.

¿Igualmente se necesita el ser para el no-ser? Responderé del siguiente modo: el movimiento, como el color, es un aspecto dependiente de un ente sin el cual no puede ser. Los valores, en la cuestión axiológica, entran en la misma medida. Sin embargo, los valores necesitan de aquello en lo cual son expresados (el hombre); y del individuo que hace la valoración (aquel que dice que tal o cual conducta es valiosa). Lo anterior también puede argumentarse sobre el no-ser, pues no existe el no-ser sin la existencia del ser del cual es negación. De tal modo que el no-ser absoluto no existe pues tendría que ser un no-ser de un Ser Absoluto que, dentro de su categoría referida, no podría dejar espacio a algo de sí que no fuera. En esa óptica, no sólo no hay un no-ser absoluto, sino que tampoco hay un Ser Absoluto. La Nada, como cuestión distinta al no-ser, no depende de un ser del cual ser negación, por lo que su existencia no tendría que estar precedida de aquello a lo que se contrapone. De cualquier modo, si la Nada no fuera, más Nada sería, su modo de ser sin ser es distinto a aquello que es siendo.

El ser depende también del no-ser en el sentido de que el cambio es factible en él. Y sólo podría cambiar si aquello a lo cual se ha de convertir, efectivamente, aún no es.

El Motor Inmóvil, al igual que el no-ser y el ser, es también contingencial, pero sólo de manera indirecta y en el sentido de ser percibido –por medio del movimiento de lo movido- por nuestra capacidad. No habría magnificencia sin la existencia de lo corriente y menor, los niveles sólo perduran en la existencia de lo nivelado. No podría entonces existir lo Uno (como lo más alto) si no hay lo más bajo sobre lo cual lo alto se erige y levanta. De esa manera no hay existencia de la divinidad como Ser pues su propia dependencia de la levedad (inferior a ella) le implica la contingencialidad que le arrebata en sí misma la divinidad tal.

La Nada no sufre tales consecuencias en el sentido de que no es un Alguien, ni tampoco un algo, sino que es lo que es no-siendo y que, por tanto, por medio  de lo que es-siendo es que puede ser especulada. Tal concepción de la Nada es superior, en ese sentido, a la percepción que de la divinidad se tiene en Occidente. Su no existencia le exenta de las limitaciones de la existencia misma. Mayor perfección hay en la Nada que en el ser pues es en la Nada donde la infinita posibilidad es más amplia que la especificación ontológica. Por tanto, el ser-siendo es el principal obstáculo para lograr la imperturbabilidad que posee la Nada. La única manera en que dios sea Dios es no siendo.[15]

 En palabras de Aristóteles:

Algo es movible porque puede padecer algo; algo es Motor porque es activo aquí y ahora; lo movido es lo que puede hacer activo al Motor, de ahí se sigue que la actividad del que mueve y del que se mueve es una y la misma, así como existe el mismo intervalo entre el uno y el dos que entre dos y uno; o como una distancia cuesta arriba y cuesta abajo permanece la misma, aunque la definamos de modo diverso.[16]

Es decir, el estagirita comprendía que incluso el Motor Inmóvil requería de lo móvil para, entonces, ser el Motor. El problema es que, siendo así, el Motor por su misma nominalidad adjetivada obtiene contingencia, es decir, se vuelve dependiente. No puede entenderse, en ese sentido, un absoluto que sea, a la vez, contingente. Hacer de la Nada la idea central respecto al movimiento permite dispensar el aspecto de requerimiento ontológico de “lo movido”. En otras palabras, somos los humanos los que necesitamos de lo que se mueve para entender que hay algo que mueve, pero tal causa del movimiento –ya no el Motor- no requiere de manera específica a lo movido pues aún sin lo movido o lo que se pueda mover, la Nada continúa como lo previo al Ser.

Aristóteles otorga el carácter de contingencialidad al Motor Inmóvil cuando afirma que: “no se trata de dos movimientos pues ser activo y padecer son sólo dos aspectos del mismo proceso”.[17] Por tanto, según Aristóteles, el que es movido y el Motor son contingentes, al menos en lo que respecta a su relación.

Por su parte, cuando Platón trata de explicar el movimiento[18] refiere tres posibilidades: que las cosas se muevan desde dentro debido a un alma; que son movidas desde fuera por un alma exterior hecha de fuego o aire; o, bien, se hallan sometidas a un alma incorpórea que las dirige mediante algunas fuerzas del todo admirables. El problema que emprendió Aristóteles, a partir de los supuestos  platónicos,  es que debía encontrar la manera en que algo incorpóreo moviera a lo corpóreo, en otras palabras, la manera en que lo inmaterial moviera lo material. De ahí que Aubenque concluye que:

El rasgo de genio de Aristóteles parece haber estado no en  descubrir una solución  cuyo marco  había delineado Platón  y que era la única compatible con las intuiciones de la teología astral, sino en asimilar en unaexperiencia cotidiana –la del deseo y el amor- aquellas fuerzas admirables de que Platón hablaba.[19]

 

Lo anterior libraba al estagirita de ofrecer explicaciones sobre las implicaciones de la inmanencia de Dios. Siendo Dios la causa final, podría mover sin intermediarios ni “ensuciarse” con los objetos; si se le presenta como quien mueve atrayendo no se le podría entender como el origen del movimiento sino como forma indirecta del mismo, no sería quien mueve sino lo que mueve al atraer. Aubenque lo muestra claramente: “la causa no tiene –paradójicamente- que comprometerse a ella misma, sino que obra sólo mediante una especie de delegación en el espectador”.[20] Por tanto, nuevamente, no es complejo admitir que la Causa toca sin ser tocada y mueve sin ser movida, actúa en el mundo sin ser del mundo ni ser el mundo mismo tampoco. La causa posibilitadora e indirecta del movimiento es la Nada.

3. Sobre la eternidad del movimiento.

En el libro octavo de la Física se afirma, de varias maneras, que el movimiento no tiene principio ni fin sino que es eterno; de la eternidad del tiempo y del movimiento se sigue que el mundo es eterno. El problema radica en que el estagirita supone que el mundo es el único lugar posible de las cosas. Realmente no se trata tampoco de una confusión de Aristóteles sino que él mismo está filosofando a partir de sus premisas. No había una idea precisa sobre la creación del mundo como tal y su suposición de un mundo eterno le lleva a entender una eternidad de movimiento.

Ahora bien, respecto al problema del movimiento, el estagirita no podría llegar -debido a sus premisas- a la conclusión de que la Nada -como lo no nacido- es el principio de todo, ni tampoco la podría conceptuar como aquello que acontece antes de la materia, por tanto, del movimiento. No hay un antes del movimiento puesto que el movimiento, en la concepción aristotélica, es también eterno.

Para Aristóteles, el movimiento de los seres vivos es en apariencia automovimiento puesto que, en realidad, el movimiento natural es desde fuera de lo movido. El principio eterno del movimiento debe ser incorpóreo e inmóvil.  Düring asume que para Aristóteles existe un “primer Motor Inmóvil eterno, que tiene su sitio en la esfera celeste extrema”.[21] También consideró que tal argumentación es muy débil[22] y que “la circunstancia de que Aristóteles se remite a menudo a hechos de la experiencia reales o supuestos, no puede disimular el carácter especulativo de la argumentación (…), ni siquiera su fiel amigo y discípulo Teofrasto pudo aceptar la abstrusa idea de un primer Motor Inmóvil”.[23]

Sobre los motivos que tuvo en su momento Aristóteles para proponer la existencia del Motor Inmóvil, nos refiere Düring lo siguiente:

Es difícil  de decir qué fue lo que lo motivó a establecer esta teoría. El motivo principal fue, tal vez, su afán de encontrar una alternativa de solución para la doctrina platónica sobre el alma como principio de los movimientos. A esto se añade la tendencia, característica de su propio pensamiento, de preguntar siempre por el punto lógico inicial de una serie de ideas.[24]

Inicialmente, la doctrina del Motor Inmóvil la encontramos en el diálogo Sobre la filosofía y es también el punto central de Lambda cuando su autor afirma que todo tiende al Motor que es además principio cósmico.

El argumento a favor de la eternidad del movimiento es que el comienzo del mismo llevaría a una cadena infinita de principios. Estamos frente a la básica aporía sobre el origen de todo. A pesar de los esfuerzos que sugieren el designio de un Ser Absoluto como respuesta, debemos admitir que la cuestión no está resuelta a no ser que nos nuble la criticidad el anhelo de un final feliz tras las interrogantes. Aristóteles admite una tendencia  casi mecánica y fatal de todas las cosas hacía su perfección. ¿Cuál es entonces la perfección sino, precisamente, no tener necesidad de movimiento? ¿Es, acaso, lo que no es lo único que no puede tener movimiento? ¿Sugiere esto que la perfección del hombre consiste, precisamente, en dejar de ser?

Para Platón existe un Absoluto que define la existencia del ser en función de sí mismo, por lo tanto, la postura contraria sugeriría la imposibilidad de un finalismo universal. No llegó a eso Aristóteles sino que buscó, en la teoría del primer Motor, tal finalismo universal y dador de sentido.

El fundamento a favor de la existencia de un primer Motor es, precisamente, que la cadena de inicios no puede prolongarse hasta el infinito. Puesto que Aristóteles “no conocía la ley de la inercia”[25] no encontró contradicción en esto. Él cree que no es posible ningún movimiento, sea constante o eventual, que no sea debido a un Motor. Es oportuno advertir que cuando Aristóteles habla del Motor no lo hace en referencia a la cualidad de creador del movimiento que puso en marcha al mundo, sino que busca explicar el nexo de los movimiento hasta llegar a un principio último. He aquí otro de los motivos de sus conclusiones: “lo que mueve tiene que estar en contacto ininterrumpidamente con lo movido. De ahí se sigue que el proton kinoun tiene que ser algo que mueve a través de un tiempo infinito”.[26]  La cuestión del tiempo infinito llevó a Aristóteles a sus conclusiones lógicas. Pero tal como él mismo afirmó: “Los paralogismos son los raciocinios equivocados por partir de premisas falsas”.[27]

Cuando Aristóteles afirma que las cosas tienen “susceptibilidad de padecer movimiento”[28] se refiere  a su contacto con lo que yo llamo la Nada. Es esa Nada la que promueve el movimiento desde fuera (aunque en contacto con el límite) de las cosas que son susceptibles de ser movidas, es decir, todo lo material. Si todo lo que existe corpóreamente tiene un límite, entonces, en el espacio fuera del límite está el no-ser de eso que es. El no-ser es la contraparte que corresponde al ser. A su vez, el no-ser impulsa el movimiento en lo que es, debido a la susceptibilidad del ente de padecer movimiento. Lo anterior no contradice la afirmación de que nada se crea de la nada ni que del no-ser se forja el ser, puesto que aquello que se origina ahora no podía anteriormente estar siendo lo que ahora es pues no habría cambiado o surgido nunca. Nuevamente, el Motor Inmóvil termina siendo la Nada, no como creador del movimiento sino como facilitador del mismo que, ciertamente, viene desde fuera de lo movido. Esto en las cuatro categorías del movimiento, ya sea sustancial, de cualidad, cantidad o lugar.

Aparentemente, existe una contradicción aristotélica sobre las cuestiones del movimiento, tal como lo dice Düring: “la mayoría de los eruditos antiguos y modernos tienen la impresión de que Aristóteles se contradice a sí mismo, porque, por un lado habla de un principio único del movimiento y por otro (…) admite la existencia de varios principios del movimiento”.[29]  Pero tal confusión es sólo aparente y no remite a una verdadera contradicción del postulado aristotélico ni contradice a la posibilidad de la Nada puesto que el estagirita habla de un orden jerárquico del movimiento en el que las cosas pueden ser movidas por varios Motores sin que esto niegue que hay uno sobre todos. Por ello, la idea del Motor principal, expuesto principalmente en el octavo libro, tanto en Lambda como en Física, no tiene que ser negada más que parcialmente, es decir, entender que no es un Motor, sino que es la Nada o, bien, que la Nada tiene la facultad de Motor atrayente. Además, el estagirita supuso la existencia de varios Motores pero “por razones lógicas”,[30] utilizando un método que después seria conocido como la navaja de Ockham, definió que tenía que ser sólo uno. Tal método es erróneo esta vez, puesto que no es la solución más fácil la correcta. Es decir, puede haber muchos motores causas del movimiento, pero hay algo principal que permite ese movimiento de todos los motores y que es no es un Motor Absoluto, sino la Nada.

Aristóteles analiza todo movimiento en dos componentes lógicos: un kinoun, que mantiene en pie el movimiento, y un kinoumenon que padece el movimiento. Por ello “tenemos que dirigir la mirada al eterno ciclo biológico y no al comportamiento del individuo singular”;[31] lo anterior supone que aunque existe un movimiento en apariencia auto-causado por el ser vivo, “lo que indujo al error a Platón”,[32] hay otro movimiento más continúo que está en el origen de los demás. Esto deviene en cierta paridad con la idea del “ser para la muerte” heideggeriano puesto que, si asumimos un ciclo biológico, el último escalón es la muerte, la Nada a la que estamos irremediablemente inclinados en nuestros movimientos. Si el movimiento es de algo que es a algo que no es, entonces el movimiento en la vida no puede ser a la vida pues la vida ya es y, por eso, hay movimiento interno más no sustancial sino hasta morir. La vida lleva, como movimiento, a la muerte, a la Nada tras de ella, que -por tanto- es el principio del movimiento.

Ahora, como lo infinito implica un “agregar”, entonces, aquello que sea infinito está en movimiento. Lo finito sería en este caso lo ya terminado, lo acabado. “El movimiento y el tiempo pueden ser infinitos, pero no perfectos. Dios tampoco podría ser infinito”.[33]

De tal manera que el movimiento y el tiempo que lo mide son propios de los entes materiales que son finitos, que terminan y que son uno en sí mismos puesto que se mueven por ser unidad. Lo infinito supone también un movimiento hacia algo interminable, que se le añade al mismo ser, es movimiento infinito en sí mismo, como el número que puede aumentarse hasta el infinito y mientras cambia ya no es el que fue. Si el movimiento sólo es propio de lo imperfecto y si lo infinito está en movimiento entonces se puede asegurar que Dios, visto como perfecto, no es infinito. La Nada tampoco es infinita pues simplemente es ya algo, la Nada no puede ser más Nada o menos Nada, sólo es. Si el Motor Inmóvil requiere de lo movido para ser lo que es, entonces permanece siendo finito puesto que dejaría de ser lo que es en el momento en que lo movible lo deje de ser. Si el Motor Inmóvil es finito no puede ser Dios ni podría ser la Nada, puesto que ambos, como Absolutos, no podrían ser contingentes. Ahora bien, si Dios no puede ser finito en cuánto que no puede terminar y, a la vez, no puede ser infinito debido a que eso supondría que está en movimiento y que, por tanto, no es perfecto, se deriva entonces que tendría que ser eterno. Sin embargo, no hay algo eterno que esté cimentado en el ser puesto que para que el ser sea necesita poder no ser y, bajo esa óptica, Dios no podría dejar de ser Dios. En ese sentido, es la Nada y no Dios lo que prevalece. Una Nada que, si bien no es propiamente el Motor Inmóvil de Aristóteles, sí aglutina entre sus consecuencias sobre lo que es, la propiciación del movimiento.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Aristóteles, Acerca del Alma, Gredos, Madrid, 1978.
  2. ________, Ética Nicomáquea, Gredos, Madrid, 1985.
  3. ________, Metafísica, Gredos, Madrid, 1994.
  4. ________, Tratados de Lógica (Organón) 1, Gredos, Madrid, 1994.
  5. ________, Fragmentos, Gredos, Madrid, 2005.
  6. ________,  Física, Gredos, Madrid, 2008.
  7. Pierre Aubenque, El problema del Ser en Aristóteles, Taurus, Madrid, 1981.
  8. Ingemar Düring, Aristóteles: exposición e interpretación de su pensamiento, UNAM, México, 2005.
  9. Platón, Diálogos Vol. 8, Gredos, Madrid, 1982.
  10. Giovanni Reale, Introducción a Aristóteles, Herder, Barcelona, 1985.

NOTAS

[1] Aubenque, El problema del Ser en Aristóteles, p. 12.

[2] En toda citación de Aristóteles me apoyo en la plataforma referencial del  vasto trabajo de Immanuel Bekker, titulado: Aristotelis Opera, específicamente la 2da. edición a cargo de O. Gigon en 1960, la cual ha sido seguida en las ediciones de Gredos. Es por ello que el lector no encontrará en las referencias las páginas específicas sino las claves utilizadas para los libros aristotélicos en el mundo académico.

[3] Aristóteles, Acerca del Alma, 700 b 25

[4] Ibídem., 703 a 5.

[5] Ibídem., 703 b 3.

[6] Düring, Aristóteles: exposición e interpretación de su pensamiento,  p. 535.

[7] Aristóteles, Fisica, VIII,  251 a 15.

[8] Düring, Op. cit.,  p. 459.

[9] Aristóteles, Física, I, 1, 184 a 22.

[10] Düring, Op. cit., p. 466.

[11] Ídem.

[12] Aristóteles, Física, IV, 14, 223 a 20-29.

[13] Ibídem., III, 1, 200 b 14.

[14] Ibídem., VII.

[15] Cfr. Sevilla, Contemplar la Nada, p. 302.

[16] Aristóteles, Física, II, 202 a 16-21.

[17] Ibídem., II, 202 a 32.

[18] Platón, Leyes,  X,  898 y 899.

[19] Aubenque,  Op. cit., p. 353.

[20] Idem.

[21] Düring, Op. cit.,  p. 511.

[22] Ibídem., p. 512.

[23] Ídem.

[24] Ídem.

[25] Ibídem., p. 513.

[26] Aristóteles, Física, VIII, 266 a  13.

[27] Cfr. Aristóteles, Tópicos, IX.

[28] Aristóteles, Física, VIII, 4,  255 b 30.

[29] Düring, Op. cit., p. 519.

[30] Ibídem., p. 521.

[31] Aristóteles, Física, VIII 267 a 15-16.

[32] Ibídem., VIII, 259 b 3.

[33] Reale Giovanni, Op. cit., p. 78.

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