Inventario de la filosofía en Nuevo León.

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Inventario de la filosofía en Nuevo León.

Rolando Picos Bovio y Miguel de la Torre Gamboa Inventario de la filosofía en Nuevo León. Filosofía y filósofos en Monterrey, (Summary of Philosophy in Nuevo León, Philosophy and Philosophers from Monterrey), Facultad de Filosofía y Letras, UANL/ Juan Pablos Editor, Monterrey, 2014. 376 pp.

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El libro se integra de tres momentos, el primero “La filosofía, su formación y sus prácticas. Una visión panorámica”, de Miguel de la Torre Gamboa. El segundo, “Inventario de la filosofía en Nuevo León: ¿Reproducción o innovación del discurso filosófico?” de Rolando Picos Bovio. El tercero, una serie de entrevistas con filósofos neoleoneses, por nacimiento o adopción: Severo Iglesias González, Giampiero Bucci Gabrielle, Alfonso Rangel Guerra, Juan Ángel Sánchez Palacios, Pedro Gómez Danés, Miguel de la Torre Gamboa, Tomás González de Luna, Roberto Mendirichaga Dalzell y Rolando Picos Bovio.

La historia de la filosofía es una de las constantes que ha acompañado la reflexión filosófica, al menos en la mayoría de las tradiciones europeas más reputadas de los últimos tres siglos. Su cultivo puede entenderse como un ejercicio de autoconsciencia en el que se exploran los antecedentes inspiradores de nuevas ideas, así como el cálculo del porvenir, ya en sus problemas, ya en sus métodos y alcances. Por otro lado, esta clase de investigaciones en no pocas escuelas se entiende en términos de ser la filosofía misma, de tal manera que estudiar a Heráclito, Fichte y Levinas implica ya hacer filosofía; de ahí el papel preponderante de recuentos y revisiones en cátedras, publicaciones y programas universitarios.

Inventario de la filosofía en Nuevo León es una obra susceptible de ser leída de muchas maneras, entre ellas, en clave de historia de la filosofía. Sin embargo, es un trabajo de suyo singular. Aunque en nuestro país ya se han echado sólidos cimientos para construir una historia del pensamiento[1] es realmente poco lo que se ha hecho para emprender estudios específicos en los estados de la república. Es cierto que la mayoría de los filósofos que han contribuido a la consolidación de la filosofía mexicana trabajan y han trabajado en el Distrito Federal, sin embargo, el texto que nos ocupa muestra evidencias del quehacer intelectual de un grupo de personas, perteneciente a una tradición regional –conectada de una forma u otra con el centro del país y el extranjero-; sin aislarse del mundo, ocupada de asuntos propios y, sujeta a una dinámica particular. Por ello, desde la perspectiva historiográfica, el Inventario tiene bases suficientes que lo constituyen en una línea de trabajo que reclama ser escuchada en el contexto nacional, exhibiendo la existencia de elementos mínimos en Nuevo León para considerar su meditar parte de la historia espiritual contemporánea de México, América Latina y el mundo. En la zona norte del país son escasas las iniciativas que se han tomado para componer una antología crítica de la filosofía, si bien, ha habido y hay filósofos -no en la proporción que en la capital- la literatura filosófica es poca y no siempre se distingue por su originalidad y calidad. Es por eso que hacer una historia de la filosofía septentrional además de ser complicado, implica recopilar materiales que no siempre están a la disposición inmediata del interesado.

El título del libro se vincula con la perspectiva que los autores tienen sobre la filosofía-tradición, muy cercana a la desarrollada por Gabriel Vargas Lozano en su Inventario. Rolando Picos apunta:

Un inventario filosófico implica asimismo valorar las aportaciones, originalidad e incidencia de las ideas filosóficas en la conformación de una identidad social y de creación de instituciones –como la propia universidad- proceso que imbrica y se manifiesta en los procesos políticos, sociales e ideológicos de una comunidad… esta investigación se centra en describir el perfil y la trayectoria de los profesores de filosofía que se han desempeñado en el ejercicio académico y, más recientemente, de investigación a partir de la fundación de la Facultad de Filosofía y Letras… La información obtenida es la base para identificar, catalogar y describir las principales corrientes filosóficas desarrolladas en Nuevo León en el siglo XX, su presencia e importancia en el contexto de la formación universitaria y su relación con el discurso humanista fundante de la UANL.[2]

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La lectura del libro trae a la mente varias discusiones de tiempo atrás, una de ellas todavía no es superada en algunos sectores del país y el continente ¿es legítimo hablar de una filosofía latinoamericana, colombiana, peruana, salvadoreña, mexicana o argentina? Bajo la lógica de ciertas escuelas, considerar legítima una historia de la filosofía y los filósofos del estado de Nuevo León sería metodológicamente incorrecto. Entonces, podría desarrollarse una historia de la filosofía de la colonia Narvarte, del municipio de San Nicolás de los Garza, o de la calle Justiniani. Hace décadas Samuel Ramos emprendió una dura crítica contra los regionalismos exacerbados en México,[3] que, denunciaba excesos, empero, no debe ser la medida para valorar todos las concepciones de identidad que el mexicano puede albergar. Antes de aceptar las ideas de Ramos como instrumento metodológico infalible, cabe preguntarnos si existe justificación que apoye la existencia de pensamiento distintivo de estas zonas, ideas diseñadas para reflexionar sobre un contexto irrepetible, abordado con espíritu crítico y provisto tanto de iniciativa como originalidad. El libro que nos ocupa, es una investigación muy bien lograda en la que los autores dan argumentos válidos para considerar un conjunto de temas propios de la filosofía neoleonesa y regiomontana en particular. Planteamientos de la realidad que a algunos mexicanos les ha tocado vivir y, aún dentro de la región norte del país, no se reproducen en las mismas condiciones en otros estados. En entrevista, Pedro Gómez Danés comenta:

No tratar de remediar en Monterrey los problemas de África. Hay que abocarnos a los problemas de Monterrey, porque si no nos abocamos a ellos ¿de qué estamos hablando? Es un nominalismo total y un nominalismo que es pésimo porque las palabras tienen el sentido que yo quiera darles… la filosofía necesita de hombres y mujeres, con todas sus grandezas y todos sus defectos.[4]

En la introducción, se dan adelantos de la revisión que hacen los filósofos neoleoneses de la historia de su disciplina. Las primeras frases del libro ponen sobre la mesa un tema que es necesario abordar en el contexto de la historia-historiografía de la filosofía mexicana actual, ¿sólo en las universidades se hace filosofía?

La práctica y la enseñanza de la filosofía en Monterrey no son cosa que se pueda remitir exclusivamente a la existencia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León, sino que data al menos de los inicios del siglo XVIII, en el marco de los esfuerzos de los jesuitas y otras órdenes monásticas por difundir las primeras letras, al mismo tiempo que la cultura superior de la época enseñando Gramática Latina y Filosofía.[5]

Siguen en el mismo tenor reflexivo cuando afirman:

Los egresados de aquellas cátedras [novohispanas], tanto como los de la carrera creada en la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras de la UNL en 1950 y sus posteriores planes de estudios, no han conocido otro ejercicio de la filosofía, que no sea el de los ámbitos académicos, sin mucha conexión con otros espacios sociales.[6]

A pesar de hablar de una institución y una comunidad académica cercanas para todos los implicados en el Inventario, nos encontramos con cuestionamientos tendientes a revisar la formación recibida por algunos egresados que, con el tiempo, se convirtieron en profesores de filosofía de la UANL. Por ejemplo, de la Torre Gamboa se sincera:

“…la formación filosófica en la Facultad realmente fue muy pobre, mucho muy pobre, como para decir que yo supiera algo de filosofía al terminar la carrera… pues está bien difícil. Quizás algo de historia de la filosofía sabía, pero poder tener una opinión respecto de un asunto… eso no.[7]

Tomás González de Luna, hace un duro balance sobre los resultados obtenidos desde la creación de la Facultad de Filosofía:

…todavía se ha fracasado porque de los 53 años de la Facultad de Filosofía donde se forme gente que se haga rica con la investigación filosófica, prácticamente puedo decir que actualmente habrá en el estado unas cinco o seis gentes que se dediquen a estudiarlo. Que ése sea su estudio, no que sean abogados, o que sean profesores normalistas, o esas cosas, no, sino que se dediquen al estudio filosófico.[8]

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El libro acentúa la importancia de la participación del egresado de la carrera de filosofía en la transformación de la comunidad y el país, postura muy arraigada entre varios filósofos regiomontanos.[9] Las ciencias sociales, la política y la educación son los espacios naturales para que el filósofo emprenda su actividad de crítica, proposición y cambio. El Inventario se caracteriza por el énfasis que se imprime en contar la historia de una filosofía de carne y hueso. La genealogía de la Facultad, cuyos orígenes más distantes datan del siglo XVIII, es expuesta con gran pertinencia. En décadas recientes, se refieren capítulos notables, como el pronunciamiento de Alfonso Reyes para fundar la Universidad del Norte en Monterrey (1933);[10] la Escuela de Verano abierta en 1946,[11] articulada a partir de cursos impartidos por personajes de la estatura de José Gaos, León Felipe, el mismo Alfonso Reyes y Juan David García Bacca. La estrecha relación de algunos profesores de la Facultad con reputados filósofos mexicanos y extranjeros, v. gr.: la amistad que sostuvo Severo Iglesias con José Revueltas,[12] Giampiero Bucci Gabrielle recuerda la experiencia, no del todo grata, de conocer a Sartre en París a principios de los setentas.[13] Alfonso Rangel Guerra recuerda sus impresiones al tratar a Alfonso Reyes en el Colegio Nacional,[14] así como la relación que hizo con José Gaos cuando fue a Monterrey a dar cursos sobre Aristóteles y Hegel.[15] Tomás González de Luna recibió gran influencia de Elí de Gortari,[16] invitó a Mario Bunge para complementar la visión marxista que se tenía de la ciencia;[17] a finales de los setentas, consultó a Évald Iliénkov en la URSS y a Seleni en Bulgaria[18] para escribir su tesis doctoral sobre la lógica del capital. Por último, la fuerte influencia ejercida por Gabriel Vargas Lozano en los autores del Inventario, producto de la relación personal más que de sólo la lectura de sus ensayos.[19]

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Hay asuntos que no pueden ser evadidos ni por el filósofo ni por el historiador de la filosofía de Monterrey, temas complicados y espinosos cuyo planteamiento y discusión dependen de la facción a la que se pertenezca. Su vigencia deja ver el ejercicio de la consciencia en una comunidad viva que nunca renuncia a pensarse y repensarse a sí misma. El papel político, académico y filosófico que jugó Agustín Basave del Valle no logra consensarse, mientras que Severo Iglesias,[20] Giampiero Bucci[21] y Juan Ángel Sánchez,[22] podrían considerarse sus “detractores”; Alfonso Rangel Guerra,[23] Pedro Gómez Danés[24] y José Mendirichaga[25] serían sus “partidarios”. La cuestión central es determinar si Basave fue o no filósofo, si colaboró o no en la consolidación de la filosofía académica en la UANL. La postura asumida ante Basave predetermina la actitud ante ciertos procesos desarrollados en la Facultad de Filosofía en el último medio siglo. El Inventario es un libro que cuenta contiendas políticas a detalle, para algunos podría ser el reflejo nítido de la realidad, para otros resultaría un tanto recargado en la descripción de grupos e intrigas relacionados con el poder. Empero, más allá de la opinión que se tenga, no cae en excesos que lo convertirían en material proselitista de un bando en busca del poder.

Respecto a la politización de la filosofía universitaria en Monterrey, Picos Bovio advierte:

Ajeno a lo que pudiera parecer el romanticismo propio de una mirada conservadora al sentido de la formación filosófica, la presencia de la filosofía en la Universidad Autónoma de Nuevo León, está profundamente ligada a la política, y, por ello, al ejercicio del poder y en ello al entramado de las ideologías hegemónicas o en pugna.[26]

Entre los tópicos políticos que son de abordaje necesario para los filósofos neoleoneses, son de mencionarse la fundación del el Sindicato de Trabajadores de la Universidad de Nuevo León en 1964 –primer organismo de esta naturaleza en el país-; y el proceso para conseguir la autonomía universitaria, concretado el 25 de noviembre de 1969. Acontecimientos que enmarcan la vida de la Facultad de Filosofía que de la Torre Gamboa sintetiza en cinco períodos, a saber: fundación de la carrera y la Facultad[27] primera refundación[28] y segunda refundación[29] de la carrera, profesionalización de la filosofía al margen de proyectos político-ideológicos[30] y la filosofía como “programa de calidad” susceptible de acreditaciones.[31]

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Por último, otra inquietud que es tratada a lo largo de todo el Inventario es la concepción que los entrevistados tienen de la filosofía, el filósofo y la investigación filosófica. Sus opiniones están definidas por filiaciones ideológicas, creencias religiosas y vivencias que marcaron sus vidas. Más que una limitante del pensamiento, todos estos elementos brindan riqueza a una escuela heterogénea de filosofía renuente a la pasividad y el conformismo.

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Las charlas recogidas presentan una pequeña semblanza curricular de los filósofos entrevistados. El común denominador es contar con obra filosófica publicada, experiencia variable en el terreno de la investigación e iniciativa en la enseñanza de la filosofía. Ya por fines metodológicos, ya como principio de validación de la filosofía en Monterrey, los autores hacen una atinada selección de colegas cuya experiencia los autoriza a opinar acerca de la condición de la filosofía en su estado. El lenguaje utilizado es más bien coloquial, dejando ver expresiones locales que dan frescura a sus ideas y fluidez a la lectura del libro. Aunque todos los filósofos tienen carreras dignas de reconocimiento, hay algunas trayectorias especialmente relevantes, por ejemplo, Severo Iglesias publicó sus Obras Completas,[32] Miguel de la Torre fue preso político en Lecumberri a mediados de los sesentas. Tomás González de Luna fue diputado Federal por el estado de Nuevo León en la LV Legislatura (1991-1994) y Alfonso Rangel Guerra fue investido Doctor Honoris Causa y recibió el Premio Internacional Alfonso Reyes. Es frecuente que en México, especialmente en el norte de la república, se menosprecien o sobrestimen los logros de los filósofos. El Inventario subsana con creces este problema, puesto que muestra motivos suficientes para integrar un catálogo de pensadores con peso en la escena nacional e internacional.

La única observación que valdría hacerle a la obra consiste en señalar la duplicación de textos -en dos casos triplicación-, citando comentarios en la primera sección que se repiten en las entrevistas. Bastaría referir al lector los pasajes a los que debe remitirse para complementar cierta idea, no obstante, el Inventario es un libro tan bien logrado que puede pasarse por alto este detalle insignificante. El esfuerzo de Picos Bovio y de la Torre Gamboa no sólo rescata la historia intelectual de una ciudad, sino que marca un antes y un después en la revisión del pensamiento norteño, elevando los estándares de exigencia para hacer dignos de consideración a un pensador o una escuela. El Inventario no merece la suerte fatídica de ser imitado y reproducido en septentrión; en efecto, es un texto ejemplar que invita a emprender esfuerzos equivalentes, mas no a ser clonado.

Notas
[1] Como muestra de la literatura precedente, podemos mencionar: Vargas Lozano, Gabriel, Inventario de la filosofía mexicana en el siglo XX. Universidad Autónoma Metropolitana, México, 2010. Esta obra en particular representa una especial influencia para Picos y de la Torre, puesto que la metodología y concepción historiográfica de la filosofía guio sus estudios en Nuevo León. –Saladino, Alberto (compilador), Historia de la filosofía mexicana. Seminario de Cultura Mexicana, México, 2014. –Beuchot, Mauricio, Historia de la filosofía en el México colonial. Herder, México, 1996; La filosofía en México. Problemas teóricos e históricos. UNAM, México, 2011; y, Filosofía mexicana del siglo XX. Torres Editores, México, 2008. –Hurtado, Guillermo, El búho y la serpiente. Ensayos sobre la filosofía mexicana en el siglo XX, UNAM. México, 2007. –Romanell Patrick, La formación de la mentalidad mexicana: panorama actual de la filosofía en México, 1910-1950. COLMEX, México, 1954. -En el norte de México se han hecho algunos esfuerzos por confeccionar una historia del pensamiento regional, son de citarse: Ferro Gay, Federico, Lo divino en lo humano: ensayos filosóficos. Universidad Autónoma de Chihuahua, Chihuahua, 2003. –Anaya Barrón, Juan Carlos, Por el camino de la filosofía y otros ensayos, Universidad Autónoma de Sinaloa, Culiacán, 2011. –Aguirre, Gerardo (compilador), Filosofía en el mundo actual, memorias del Primer Congreso de Filosofía Zona Norte 2011. Gobierno del Municipio de Durango, Durango, 2012.
[2] Ibídem., Pp. 135-137.
[3] “…los nacionalistas radicales, que son generalmente hombres impreparados sin cultural alguna. Ven las cosas superficialmente, a través de un estrecho provincialismo que les hace creer que lo mexicano es el “color local”. Si su influencia llegara a imponerse en la vida espiritual de México, el arquetipo de la cultura sería una mentalidad pueblerina, que en poco tiempo reduciría la significación del país al de una aldea sin importancia en medio de un mundo civilizado.”, p. 98. El perfil del hombre y la cultura en México, 40a. reimpresión, Espasa Calpe. México, 2002.
[4] IbíP. 293
[5] P. 9
[6] Ibid.
[7] P. 311.
[8] P. 330.
[9] Existe coincidencia entre de la Torre Gamboa, Picos Bovio y varios entrevistados sobre el papel social que debe tener la filosofía. Severo Iglesias González, afirma: “La filosofía tiene muchas propuestas que hacer. Bástenos pensar en una cosa. La gente, e incluyendo la gente de filosofía, a veces tiene una impresión equivocada de la filosofía pensando que la filosofía es el refugio de la abstracción o es el pretexto para separarse del mundo… la participación que la filosofía tiene en la marcha del mundo es mucho más grande y mucho más importante. Si una filosofía elude esa participación entonces quiere decir que no es su responsabilidad.” p. 181. -Tomás González de Luna comenta: “Creo que la justificación de cualquier filósofo es que esto sirva para un desarrollo de la sociedad, que como decía un filósofo: “la aportación de un pensador o filósofo tiene importancia en cuanto sirve para que la humanidad tenga menos esfuerzos.”, p. 326. –Miguel de la Torre Gamboa considera que “El filósofo, en su campo, tiene que ser alguien que pueda, por ejemplo, hacer una crítica social. Alguien que pueda hacer una crítica de los valores, alguien que pueda hacer crítica de los proyectos sociales, de proyectos de futuro, crítica del pasado, del futuro, crítica de los proyectos políticos.”, p. 320. –Pedro Gómez Danés apunta: “Un filósofo es aquél que está buscando un realizarse tal y como es, en su propia realidad, natural, específica, en la historia, pero no solo, sino con su comunidad. Un filósofo es aquel que está buscando fundamentos y causas, principios, no para conocer más, no para sentirse mejor sino para compartir, para iluminar, para ayudar, sin obligar.”, p. 281. -Roberto Mendirichaga Dalzell opina: “Yo creo que la filosofía como estructura, como disciplina, como ciencia de ciencias en esta Facultad y en otras donde se imparte la carrera o se ofrecen también maestrías o doctorados en filosofía tendría que preparar a quienes puedan hacer esta labor dentro de la sociedad de análisis y crítica”, p. 347. –Rolando Picos Bovio considera que la filosofía “no es una actividad ajena a la comunidad… no hay filosofía como ejercicio solitario radical, como una especie de filosofar en la isla de Robinson Crusoe, sino más bien creo yo que hay una profunda relación de inicio del filósofo con las cuestiones cruciales de la comunidad, en tanto que el hombre es un animal social…si el filósofo es una especie de “agitador intelectual” que cumple una función social muy práctica, su tarea no es la de ser el protagonista de la revolución, ni que hoy pensemos en “la filosofía como arma de la revolución”; en ese sentido habría que matizarlo…”, pp. 366-367. –A principios de los ochenta, se redactó un documento en el que se establecían los presupuestos de la carrera de filosofía de la UANL, así como el perfil de egreso de dicho programa, allí se consignaba: “Asumir un comportamiento práctico de amplia solidaridad, comprensión y apoyo humanista hacia la colectividad en que se inserta y actúa”, p.104.
[10] Cf. “Voto por la universidad del norte”, incluido en Obras Completas de Alfonso Reyes, T. VIII, pp. 450-459. FCE. México, 1996.
[11] Cf. p. 37, N. 2, pp. 123-124, p. 233. Dicho espacio era coordinado por Francisco M. Zertuche.
[12] Cf. p. 196.
[13] Cf. p. 205.
[14] Cf. p. 227.
[15] Cf. p. 233.
[16] pp. 333 y 339
[17] Cf. p. 339.
[18] Cf. p. 341.
[19] Cf. pp. 135, 137,
[20] Cf. pp. 176 y 184.
[21] Cf. p. 211
[22] Cf. pp. 253-254, 265 y, a pesar de considerarlo de ideas políticamente reprobables y autor de una producción poco filosófica, señala que “habría cosas muy rescatables en su obra”, p. 273.
[23] Cf. p. 234.
[24] Cf. pp. 285-286.
[25] Cf. pp. 354-356.
[26] P. 154.
[27] Cf. pp. 39-52. En 1950, inician los trabajos la Facultad de Filosofía y Letras, en 1952 la institución cambia su nombre por Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras.
[28] Cf. pp. 52-71. Inicia en 1965 con las protestas estudiantiles para destituir a Basave como director de la Facultad.
[29] Cf. pp. 71-82. Período de gran efervescencia comunista, en 1974 de concretan diversas reformas al plan de estudios de la carrera de filosofía, entre ellas, eliminar los cursos de griego y latín.
[30] Cf. pp. 82-109
[31] Cf. pp. 110-112. La revisión histórico-político-filosófica de de la Torre no incluye las reformas recientes de la carrera, por ejemplo la hecha en 2005 cuando se cambia su nombre por licenciatura en filosofía y humanidades.
[32] Recogidas en dos tomos. Morevallado Ediciones/ Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia 2007.

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