La difusión de la filosofía ¿es necesaria?

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La difusión de la filosofía ¿es necesaria?
Gabriel Vargas Lozano y Luis A. Patiño Palafox, coord. (2016), La difusión de la filosofía ¿es necesaria? México, Editorial Torres Asociados

Gabriel Vargas Lozano y Luis A. Patiño Palafox, coord. (2016), La difusión de la filosofía ¿es necesaria? México, Editorial Torres Asociados

 

Gabriel Vargas Lozano y Luis A. Patiño Palafox, coord. (2016), La difusión de la filosofía ¿es necesaria? México, Editorial Torres Asociados

Sigo sin entender bien por qué quise estudiar filosofía, pero recuerdo mucho que cuando entré a la facultad, en una de mis primeras clases, un profesor nos pidió que respondiéramos esa pregunta en una hoja “¿Por qué decidiste estudiar filosofía?”

Me costó trabajo responder. Quería escribir algo inteligente y sofisticado, pero nunca se me ocurrió nada. Así que opté por escribir la verdad y hacer que sonara inteligente y sofisticada en la medida de lo posible. Respondí que había escogido esa carrera porque me parecía la mejor manera de cambiar el mundo.

Yo creía en ese tiempo que el mundo podía cambiar y, más aún, creía que yo podía cambiarlo. Ahora no pienso esas cosas. Ahora pienso que la gente no cambia y que, en caso de no ser así, por un lado, yo no tengo las herramientas para lograrlo y, por otro, que las cosas buenas nunca alcanzan la dimensión que sí tienen las cosas malas.

A pesar de todo, siempre me queda, pequeñita y tímida, la esperanza de que la filosofía puede ser una herramienta para hacer algo bueno por el mundo. Tal vez creo eso porque considero que la filosofía ha logrado hacer un cambio en mí.

Pienso en Foucault, en uno de los problemas que siempre se tocan cuando se habla de su pensamiento: ¿Existe una forma de crear un discurso o una práctica que permita salir de los procesos de subjetivación? Y es aquí cuando se convierte en un problema la confesión, al final inocente, que escribí ese día en clase: ¿de verdad la filosofía puede “cambiar el mundo”?

Vuelvo a creer que no, pues la filosofía también reproduce subjetividades y relaciones de saber/poder. La filosofía es un dispositivo. Aun así, no puedo evitar pensar que si analiza y cuestiona las cosas, entonces es capaz de abrir nuevos caminos, es capaz de hacernos pensar que otros caminos son posibles; es capaz de crear heterotopías. El problema es que, siendo la filosofía de este modo, la tendríamos que considerar fuera de cualquier dispositivo, lo cual implica pensar ¿cómo lograr que verdaderamente tenga una repercusión considerable en los sujetos? ¿cómo lograr que la filosofía pueda cambiar el mundo?

Parece que ambos caminos no son más que un callejón sin salida. La filosofía o no ofrece lo que esperamos o es de un carácter tal que no puede llegar a repercutir en todos.

Tal vez esta sea la razón por la cual los que nos dedicamos a esta disciplina no solemos hablar mucho de esto, pues sabemos que no hay una respuesta que logre dar un sentido completo a lo que hacemos. Así que sólo trabajamos en ello por gusto y ya, sin importar si sirve o no sirve. Sin embargo, creo que no podemos negar que son preguntas cuya respuesta, de alguna manera, siempre estamos esperando. Por esta razón, me llamó mucho la atención el título de este libro: “La difusión de la filosofía ¿es necesaria?”, pues la pregunta que plantea vuelve a la cuestión anterior: ¿Para qué serviría difundir la filosofía? ¿Para qué sirve la filosofía? ¿Es necesario difundir la filosofía porque es capaz de cambiar nuestro presente?

Ahora que lo leí, puedo decir que no encontré una respuesta, pues tal vez esa respuesta cabal no existe, pero descubrí muchas otras formas de pensar este problema: ¿Cuáles son las causas que dificultan la difusión de la filosofía en una época en la que el internet plantea el libre acceso a la información? ¿Por qué la filosofía resulta inservible en una época de grandes avances tecnológicos? ¿Por qué, en una época así, la filosofía se vuelve más necesaria?

Estos ensayos me hicieron pensar sobre la necesidad de concebir la filosofía desde otra perspectiva, una donde esa pequeña y tímida esperanza de su poder transformador y reversible tenga cabida en hechos reales que puedan hacer del mundo un lugar menos miserable.

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