La intimidad y la no transgresión del diálogo con uno mismo

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La intimidad y la no transgresión del diálogo con uno mismo

EDWARD HOPPER, HABITACIÓN DE HOTEL (1931)

 

Abordar la problemática de la intimidad puede ser enfrascarse en un ámbito bien polémico. Es polémico debido a que su definición se modifica en dependencia de la rama del conocimiento donde se utilice. Como suele ocurrir con algunos términos de habitual uso, muchas veces la palabra cobra sentido en dependencia del contexto en que sea dicha. Esto trae consigo otro aspecto que agudiza – a mi entender – su ambigüedad: se tiende a asociar el término intimidad con privacidad. Ambos se utilizan de manera indiscriminada en contextos dígase poéticos[1] y también dentro de ambientes jurídicos[1] o científicos. Dentro del ámbito de las ciencias humanas igual varía su sentido. Autores como María Zambrano opinan que la intimidad es un terreno imposible de traspasar y funciona como el elemento esencial dentro de la individualidad.[2] B. Chul Han, en su libro La sociedad de la transparencia, plantea que el sujeto necesita espacios para estar consigo mismo, lo cual exige una membrana impermeable que lo aísle del entorno. Más adelante indicaría “que el mundo no es hoy ningún teatro en el que se representen y lean acciones y sentimientos, sino un mercado en el que se exponen, venden y consumen intimidades. El teatro es un lugar de representación, mientras que el mercado es un lugar de exposición”.[3] Quiere decir que, bajo la mirada de este autor, la intimidad es un terreno que ha quedado profanado en la época contemporánea.

Por otro lado, una de las conceptualizaciones más aceptadas del término privacidad, es la ofrecida por Irwin Altman: “la privacidad es el control selectivo del acceso a uno mismo o al grupo al que uno pertenece”.[4] Derivado de esto señala dos aspectos esenciales de ésta: a) el control selectivo de la interacción social y b) el control selectivo de la información ofrecida a los otros (sin que ello signifique necesariamente aislamiento y reserva respectivamente). Ello implica controlar la interacción tanto al nivel de “entradas” como de “salidas”, es decir en un sentido bidireccional. Además, la definición entiende la privacidad referida bien a la persona o bien a un grupo determinado (desde una pareja hasta la familia o el grupo de amigos, por ejemplo). En este sentido es que en ocasiones se utiliza el término intimidad: encajándose dentro de un ámbito donde lo íntimo puede, de quererlo el sujeto, compartirse. De esta forma queda ambiguo el concepto. No queda claro si debe ser pensado como un espacio o información que podemos decidir si compartir o no, o si es un terreno inaccesible para el otro.

A partir de lo planteado sobre la intimidad y la privacidad, en este texto se intentará abordar el tema de la inclusión o no del otro en el ámbito íntimo (diferente al concepto de privacidad que sí puede incluir al otro). También intentará ver cómo, en la actualidad, se podría concluir que el espacio íntimo es el único que queda libre de la homogenización y liquidez en la cual estamos inmersos, debido a su estructura dialógica con uno mismo. Para ello se hará una revisión de los criterios dados por Aranguren, Castilla del Pino, Victoria Camps y Peña Marín con respecto al tema de la intimidad y la diferencia que establecen con la privacidad.

El sustantivo intimidad proviene del vocablo latino intus el cual sugiere un espacio interior del ser humano reservado para consigo mismo. En San Agustín, por ejemplo, podemos ver cómo la intimidad está marcada por una reflexión que parte de su experiencia interior y un diálogo consigo mismo. En esta experiencia íntima de relación entre el yo exterior y el yo interior es donde el hombre encuentra el absoluto, el conocimiento verdadero y, por ende, siente a Dios.[5] Ahora bien, es común encontrar utilizada la palabra en lo referente a las “relaciones íntimas”. Estas relaciones íntimas, incluyen una reflexión o diálogo consigo mismo, pero no niegan la inclusión del otro, si así lo desea el sujeto. Así, en las relaciones íntimas se insertan habitualmente una serie de elementos que incluyen de antemano al otro, e.i: ámbito familiar, doméstico relaciones de parejas y relaciones sexuales.[6]  

No obstante, los conceptos planteados por Aranguren, Castilla del Pino, Victoria Camps y Peña Marín, hacen referencia más directa al sentido etimológico de la palabra entendida como “hacia dentro”, dando un valor especial a la necesidad del hombre de establecer constantemente un diálogo consigo mismo. Se entiende este hacia adentro como un proceso contrario al de exteriorizar dígase sentimientos, emociones, ideas. De ahí que sustenten la idea de que lo íntimo sólo consigna al sujeto que lo experimenta y de ninguna manera incluye al otro. Es decir, es una reflexión, un sentimiento, una idea o imagen que se comparte sólo con uno mismo y que no se comparte de ninguna manera: no entra en relación con ningún otro individuo.

EDWARD HOPPER, SOL DE LA MAÑANA (1952)

 

En el caso de Peña Marín se podrá observar, además, que la intimidad incluye el factor social dentro de su concepto, pero no entendido como una intromisión directa en lo que sería la estructura dialógica del Yo con el Yo, sino, más bien, como componentes externos que determinan en muchas ocasiones el mismo conversar con nosotros mismos. Esto quiere decir que en este diálogo con uno mismo el otro no puede intervenir de manera directa, dígase, que se compartan ideas o pensamientos con un individuo externo. Más bien lo que busca señalar la autora es que los pensamientos íntimos están permeados y moldeados por agentes externos., dígase la sociedad en su conjunto, o un simple comentario, idea, crítica que otro le exprese sea de manera directa o indirecta,[7] mas no por esa influencia es necesario que compartir o expresar lo sentido a los demás.

A continuación, daré paso a hacer una revisión y comentarios más específicos sobre los criterios en torno a la intimidad dados por cada uno de los autores mencionados al inicio. El objetivo de exponer dichas concepciones es la relación que guardan todas entre sí: el pensar la intimidad como un terreno de imposible acceso para el otro.

En el caso de Aranguren encontramos que intimidad será: Vida interior, relación intrapersonal, interdiálogo, reflexión, conciencia, autonarración, autointerpretación, subjetividad. No obstante platea que la intimidad es un concepto que no ha existido siempre, sino más bien es una derivación más específica del concepto de privacidad el cual nace durante el proyecto de la modernidad y las reformas político-religiosas que azotaron a ese período. La intimidad para manifestarse, necesitaba de un contexto apropiado que fue el que posibilitó este período histórico, donde la privacidad se desplegó de dos maneras: por un lado, el repliegue de la vida sobre sí misma para crear un ámbito propio frente al anterior; por otro lado, una vida privada, encerrada en sí misma en contraposición a la vida pública. Mas esta contraposición a la vida pública lo que hace es que separa al otro de ese espacio, mas no significa que el otro no exista. Ya al hablar de intimidad plantea que debido a la relación que tiene con los procesos de subjetivación, sí hay una influencia del otro mas no por ello es necesario expresar al otro lo pensado. Es importante señalar que, cuando Aranguren se refiere a una vida interior hace referencia a un espacio no habitable por otros. Ese espacio no habitable es aquel dentro de uno. Es por ello que no incluye a la intimidad dentro del ámbito de la privacidad. Lo privado requiere de la escisión de un espacio habitable común, dígase, de un espacio que se quiere compartir y uno que no. Aquí se entiende el espacio en un sentido aristotélico: como aquello que es implicado por los cuerpos, o sea, el lugar que ocupan éstos, su límite inmóvil, siendo la suma de los espacios ocupados por los cuerpos. De esta forma, se establece una división entre el espacio en donde se mueve la vida privada y aquél en donde se manifiesta la intimidad. La relación interpersonal que se da en ésta se mueve en una espacialidad no relacionada con lo corporal. No obstante, plantea que tanto el terreo de la vida privada como el de la pública y la íntima guardan relación por el hecho de que todos comparten elementos adquiridos en la vida comunitaria.

Castilla del Pino diría que la intimidad es: “las actuaciones del sujeto internas, “fantasear, imaginar, proyectar, suponer, idear, pensar, sentir (gustar, envidiar, amar, odiar)”. A partir de esta idea totalmente relacionada con el sujeto en su relación consigo mismo acota que: “el observador de la actuación sobre la que infiere debe atenerse, si ha de hablar de ella, sólo y exclusivamente a lo observado, que es lo público, no a la intención de la actuación observada que es íntima”. Aquí lo observado pasa a ser un tema crucial. El observador puede opinar sobre lo que se observa, es decir, sobre lo que puede inferir del comportamiento del otro. Esto significa que sobre la intimidad sólo se puede opinar de manera superficial, a partir de actos realizados exteriormente por el hombre: dígase en el lenguaje corporal. Se relaciona con lo planteado por Aranguren en el hecho de que hay una barrera que impide acceder al espacio íntimo de una persona. Sólo podemos tener alguna noción de este diálogo con uno mismo a través de aquello que se pueda observar, más no se puede acceder a algo más allá. Lo importante de esta extensión de la idea de intimidad es que va enfocándose en el último aspecto a tratar: la intimidad como un espacio de nuestra existencia al cual es imposible acceder de manera directa.

Siguiendo esta perspectiva, Victoria Camps señala que intimidad es:

“[…] el espacio más reducido, por una necesidad que lo privado no puede satisfacer. Vida interior, solitaria y clandestina, hecha de complicidades. Nadie puede obligarnos en la intimidad porque nadie entra en ella sin permiso. Es lo más aproximado a la vida contemplativa de los filósofos: una vida autosuficiente. Para pensar, escribir, leer o amar, sobran los otros”.

En completa concordancia con Castilla del Pino, plantearía además que: “la vida íntima nunca se degrada en mera convivencia, nunca es profanada por la mirada del otro, porque es inaccesible a intromisiones ajenas. La vida íntima es secreta: ama y cuida la clandestinidad”. Partiendo de que la distinción hegeliana entre lo público (el Estado) y lo privado (el espacio de la casa, la familia y el trabajo), representa un valor característico de la modernidad. Como ya se planteó, los siglos XVII y XVIII son los propicios para la construcción de estos espacios por excelencia debido específicamente al desarrollo de la burguesía y la propiedad privada. En consecuencia, aparece la vida íntima como una derivación que va más allá y trata de abstraerse de la “tiranía de la vida privada”, que no sólo se asociaría a la privatización de la economía, sino también, paradójicamente, a una privatización que obliga a mantenerse en una postura frente al otro, es decir: yo por un momento puedo salir de la dinámica social en la que obligatoriamente debo estar. Este salirse de la dinámica social que se me impone de igual forma se enmarca dentro de la idea de la división del espacio común. Hay un espacio que quiero compartir y hay otro que no deseo que los otros intervengan. Es por ello que los excluyo mas no por eso dejan los otros de existir en él.

EDWARD HOPPER, HABITACIÓN DE BROOKLYN (1932)

 

Peña Marín entraría en el debate apostando porque la intimidad es: “deseo y expresión auténtica del yo. Lo más profundo del ser (el fondo íntimo, la convicción, el sentimiento íntimo) y lo que une estrechamente por lo que hay de más profundo (las relaciones íntimas, amigo íntimo, unión íntima)”. En el caso de esta autora, la idea regente de su concepción parte de la postura de que existe una cualidad esencial de que en la intimidad se denota la expresión auténtica del Yo. Precisamente, por esta cualidad es que se relaciona con Camps y se contrapone con la idea de Béjar de incluir dentro de lo que sería la intimidad, cuestiones como las relaciones de pareja y las sexuales. Estos aspectos estarían relacionados más a otro ámbito: el privado, por el hecho de que en la relación de pareja, por ejemplo, existe una pre-concepción del otro que imposibilita la llegada auténtica al Yo y al diálogo que se establece con uno mismo. Esta pre – concepción del otro en la pareja, que siempre es más profunda que la pre- concepción del otro en un espacio público, lo que logra, como también planteara Camps es un conocimiento mediato del interior a través de lo expresado por el hablante (ya sea física o corporalmente). Mas, debido a las limitaciones del lenguaje e incluso la misma imposibilidad en muchos momentos de poder entender bien el diálogo con uno mismo, se entorpece por completo una penetración directa en lo que sería la intimidad. Otro aspecto a señalar dentro de la concepción de Peña Marín es que hace una distinción entre intimidad y relaciones íntimas. Al obtener la palabra un valor adjetivo recae la carga semántica en el sustantivo, viéndose obligado así a interpretar este tipo de intimidad como una que se puede desdoblar en una relación con otro. Pero este tipo de intimidad sería una variante o un derivado de lo que es la intimidad en sí, entendida como intus. Es consecuente que se haga esta distinción pues atendiendo a otro criterio planteado por la autora, en muchas ocasiones (para no decir todo el tiempo) nuestra intimidad se ve afectada por el espacio público, es decir por nuestra relación con la sociedad. El diálogo con la comunidad acentúa que estemos en constante cambio y que nunca seamos los mismos. Ese no ser el mismo no sólo se propicia por la idea heracliteana del cambio interior y temporal al cual estamos sometidos, sino también porque el exterior nos determina y esta determinación afecta incluso nuestro momento más personal y alejado de todo. En una sociedad como la nuestra, sociedad que en parte carga aún con algunos paradigmas de la modernidad, el ámbito privado, que se relaciona también con el ámbito público, hace que la interacción sea necesaria para la vida grupal. Es por eso que nos determinamos por los otros, incluso estando en un ámbito privado donde la interacción externa es una decisión que tomamos.

Ahora bien, para entender la diferencia entre vida privada, vida pública e intimidad es necesario tener en cuenta que, aunque el hombre se mueve siempre dentro de la sociedad, ella misma, debido a que es una construcción propia de éste, muta y tiene distintos niveles. Así, la vida pública se determina como el espacio necesariamente observable (visibles y audibles), mientras que la vida privada podría ser observable, dependiendo de la decisión que tome el individuo o de la irrupción del otro en ésta, lo cual sería una violación de la privacidad. La vida íntima, en cambio, sería aquella inviolable que no puede ser penetrada y que sólo se puede inferir a través de lo que el sujeto dice o hace, incluso con su inhibición o su silencio, que también son formas de actuación. Dentro de estas distinciones, a su vez se derivan reglas las cuales son la separación de los tres ámbitos debido principalmente porque implican a individuos con comportamientos y grupos sociales diferentes.[8] De esta forma, la vida pública, que viene regulada desde afuera, exige y complace normas públicas por lo cual tiene una dimensión tiránica. En la privada, las reglas son autónomas, pero son fáciles de transgredir y están reguladas por quienes la comparten; por tanto, es susceptible a ser tiránica, precisamente porque puede implicar la intromisión y disposición de otro que se acepte dentro del círculo de la privacidad. Por último, en la íntima, las reglas no son necesarias porque es solitaria y clandestina, hecha de complicidades.

EDWARD HOPPER, NEW YORK MOVIE (1939)

 

Aunque el criterio de la autora es bastante acertado, el problema en esta última distinción es el hecho de plantear que nadie puede entrar en la vida íntima sin permiso. Eso traería consigo un problema: en la estructura dialógica con uno mismo no hay manera de penetrar. Hay que partir del hecho de que, como bien expuso Gadamer, el hombre necesita estar en una relación dialógica siempre debido a que es necesario para el ser humano llegar a conclusiones y conceptos comunes. Esto tiene dos niveles. El diálogo necesario se establece con el otro por lo que posibilita la otredad para el desarrollo del conocimiento, pero a su vez, hay otro nivel en el cual establecemos una conversación con nosotros mismos que no necesariamente debe estructurase lingüísticamente para que un agente externo comprenda. Este diálogo interior, en el cual estamos constantemente, es imprescindible también para que el hombre llegue a ideas o sensaciones semi-estructuradas (al menos para él mismo) que, como se expresa en la obra agustiniana, posibiliten la autocomprensión. Cuando pensamos en el cogito cartesiano, que inaugura el pensamiento filosófico moderno, vemos que (además) es la necesidad moderna de llegar a ideas totalmente fundamentadas por el sujeto de manera individual. Al proceso de arribo al ergo sum no se llega de otra manera que no sea a través de una autorreflexión privada de agentes externos que mediaticen el conocimiento. Ya desde ahí (siguiendo la línea de que tanto los conceptos de privacidad como de intimidad son creaciones de la sociedad moderna) vemos que lo interior está a un nivel de profundidad en el cual el mismo lenguaje imposibilita la transmisión directa. Y si bien es claro que el lenguaje imposibilita la transmisión directa de lo sentido o pensado debido a sus limitaciones, en la intimidad esta limitación se vuelve doble porque no le interesa abrirse o expresar al otro. Incluso en cuestiones como la confesión, los ritos sacrificales o sagrados, lo que se da es una interacción en el ámbito privado, porque si bien al final hay un diálogo previo consigo mismo (en el acto sacrifical antes de la petición hay un reflexionar sobre el por qué se pide algo y en el cristianismo, la confesión funciona de la misma manera), siempre la reflexión se establece con otro, etéreo, suprahumano, pero que funciona como otro externo al Yo. La confesión ante Dios es un acto consciente de trasmitir una idea a otro. Entonces bien, si al final en cuestiones religiosas como las planteadas existe un nivel de profundidad, no estrictamente se puede decir que se desarrolle dentro de ese lugar interior, íntimo. Incluso en personas con discapacidades de cualquier tipo,[9] contrariamente a lo que se puede pensar, continúa inquebrantable lo íntimo, ese diálogo con uno mismo, considerando que la intimidad dialógica con el yo, trasciende las fronteras de una intimidad interpretada como “relación íntima” donde sí se puede hablar de una transgresión de este espacio, debido a que incluye cuestiones como las relaciones de pareja, de amistad, las sexuales, el llorar, expresar emociones, incluso médicas donde se transgrede esta “intimidad”, debido a la necesidad de mostrar las partes pudendas, los actos diarios privados, entre otros.

En cada uno de estos autores se puede vislumbrar un patrón común: La intimidad no es sinónimo de privacidad. La privacidad es un lugar reservado de las intromisiones del exterior, pero a su vez hace referencia a un exterior formado por una pluralidad. Por otro lado, la intimidad funciona como un estadio superior de la privacidad, hace alusión a un mundo que se desarrolla en el interior, sin necesidad de leyes o exponerse y pertenece a un lado indescriptible de los seres humanos, mientras que la privacidad se mueve en un espacio de exclusión voluntaria al otro, la intimidad se sitúa en un espacio habitable sólo por uno mismo destinado desde un inicio para la introspección, autorreflexión o diálogo con uno mismo. Por otro lado, se observa cierto predominio en la idea de que es posible captar e interpretar como observador la vida interior de un individuo, pero es imposible penetrar en ella o conocerla realmente.

EDWARD HOPPER, SUMMER IN THE CITY (1950)

 

Pensando en nuestra contemporaneidad, si bien tenemos criterios como los de Chul Han[10] y Bauman,[11] quienes plantean, en el caso del primero, que vivimos en una dinámica tardomoderna, homogénea y, en el segundo, la dimensión líquida del hombre enajenado del siglo XX y XXI, podemos decir que a la transgresión a la que hacen referencia estaría incluida dentro del espacio privado, mas no dentro del íntimo. Las redes sociales, la sobre saturación de mostrar lo personal en dinámicas tan elementales como las mismas selfies, la extrema necesidad de mostrar el quehacer diario tanto material como emocional en plataformas como Twitter y Facebook, se mueven en un espacio donde lo que se transgrede excesivamente es la privacidad, mas no la intimidad. Todos estos aspectos están en un nivel donde el lenguaje, pese a su mediatez, está destinado a expresar lo que el individuo quiere, es decir, desde que la persona lo está pensando, lo piensa con el objetivo de compartirlo con otro ajeno, más en el espacio íntimo, esa intención no existe. La intención siempre va a ser abrirse con uno mismo en pos del autoconocimiento y la autorreflexión y eso no incluye a agentes externos. Como bien planteara Peña Marín, nuestros pensamientos más íntimos también están determinados en gran medida por nuestro exterior, pero esto no significa que necesariamente esta influencia de la sociedad sea necesaria expresársela.

Como conclusión podríamos decir que, si algo puede conservar nuestra sociedad, marcada por la exposición, es ese espacio dialógico con uno mismo, impenetrable, infranqueable. Este, pese a la vida “abierta” en la que estamos inmersos, pese a la levedad de ese espacio privado que cada vez se utiliza sólo como un medio momentáneo de escape del entorno social, sigue siendo de uno mismo. Sigue imposibilitado de mostrarse realmente.

 

Bibliografía

  1. Allué, M., Perder la piel. Una trágica experiencia y una heroica recuperación, Seix Barral, Barcelona, España, 2004.
  2. Altman, I., The environment and social behavior: Privacy, personal space, territoriality, and crowding. Monterey (Ca.): Brooks/Cole. E.E. U.U., 1975.
  3. Bauman Z, Vida líquida, Paidós, Argentina, 2006.
  4. __________, Modernidad líquida, FCE, México, 2009.
  5. Chul Han, B., La sociedad del cansancio, Herder, Barcelona, 2012.
  6. __________, La sociedad de la transparencia, Herder, Barcelona, 2013.
  7. __________, El aroma del tiempo, Herder, Barcelona, 2015.
  8. Colectivo de Autores, De la intimidad, Crítica, Barcelona, España, 1989.
  9. Camps, Victoria, El gobierno de las emociones, Herder, Barcelona, España,
  10. Constitución política de Colombia, 1991 con reforma de 1997,  en: http://www.unesco.org/culture/natlaws/media/pdf/colombia/colombia_constitucion_politica_1991_spa_orof.pdf
  11. Constitución española, en: http://www.lamoncloa.gob.es/documents/constitucion_es1.pdf
  12. Constitución política de Uruguay, en: http://www.rau.edu.uy/uruguay/const97-1.6.htm
  13. Fuentes, Ivette, Danza y poesía. Para una poética del movimiento, Cumbres, Madrid, España, 2015.
  14. San Agustín, Confesiones: Textos escogidos, editorial GAIA, España, 2002.
  15. Zambrano, María, Persona y democracia, la historia sacrifical, Anthropos, Barcelona, España, 1988.

 

 

 

 

Notas

[1] Ejemplo de ello podría ser la Égola primera de Garcilaso donde la intimidad se expresa a partir del quejido del sujeto. Es un sentimiento angustioso asociado con la soledad. Lo mismo en el caso de Rubén Darío en su poema “Lo fatal” donde la agonía de la existencia se torna como el sentimiento íntimo, marcado igualmente por la soledad. No es así en el caso de Lezama Lima que en su poema “El pabellón del vacío” habla de una intimidad que se abre un mundo utópico a partir de la creación de tokonomas. Para él, la intimidad, puede abrirse y dialogar con lo otro en tanto que el sujeto quiera. De esta forma, lo íntimo en el poeta cubano no se relaciona con un diálogo o relación cerrada consigo mismo ni tampoco con una idea de intimidad relacionada a la soledad y la angustia. v. Fuentes, Ivette, Danza y poesía. Para una poética del movimiento, Cumbres, Madrid, España, 2015.
[2] Un ejemplo de esto es lo recogido en el artículo 18 de la Constitución Española de 1978, el cual recoge por escrito los derechos de cada ciudadano a su intimidad. Entre sus apartados están los siguientes: I) Que está garantizado, salvo que exista una resolución judicial contraria, lo que es el secreto de las comunicaciones (telefónicas, de correo postal, telegráficas…). II) Que la intimidad es un derecho inviolable y que, como tal, estás garantizado por la norma jurídica del Estado. III) Que la legislación existente en el país se encargará, entre otras muchas cosas, de limitar en la medida que sea necesaria lo que es el uso de la informática para que no se pueda vulnerar la intimidad personal y familiar o incluso el honor del ciudadano.
Este es un ejemplo claro del uso indistinto del término. En dicho caso, privacidad e intimidad funcionan con el mismo sentido: acto perteneciente a la vida personal y no social de un individuo. Así se pone de manifiesto en otras leyes constitucionales más actuales como la de Colombia. v. Constitución política de Colombia de 1991 y Constitución Política de Uruguay de 1997.
[3] Chul Han, B., La sociedad de la transparencia, Herder, Barcelona, 2013, p. 68.
[4] Altman, I., The environment and social behavior: Privacy, personal space, territoriality, and crowding. Monterey (Ca.) : Brooks/Cole. E.E. U.U., 1975, p. 18.
[5] Diría San Agustín en sus Confesiones, refiriéndose al diálogo con uno mismo y encontrar a Dios: “Después me vuelvo sobre mí mismo y me pregunto: ¿quién soy? La respuesta es: “yo soy un hombre”. Tengo a mi servicio un cuerpo y un alma, uno en el exterior y la otra en el interior. ¿A cuál de estos dos elementos tendría que preguntar por ese Dios que he buscado con mi cuerpo desde la tierra hasta el cielo, tan lejos como he podido enviar como mensajeros los rayos de mis ojos? Pero más preciso es en mí el elemento interior, puesto, que es él al que se referían todos mis mensajes, de mi carne, como a un presidente y a un juez cuando el cielo y todas las criaturas me respondían: “nosotros no somos Dios” y “Él es el que nos ha hecho”. (Conf. X)
[6] Para Béjar, intimidad sería: cultivo de lo más interno del individuo. Dominio interno. Esfera más sagrada de la persona. Ámbito familiar y doméstico. Lo más interior de cualquier cosa. “Adentros”: fondo de la persona, fuero interno (profundo, interior, subjetivo, espiritual, esencial, oculto). v. Colectivo de Autores, De la intimidad, Crítica, Barcelona, España, 1989, p. 35.
[7] Según el precepto orteguiano, no podemos negar la importancia que tienen en nosotros las circunstancias. Es casi imposible tratar de pensar en un individuo que en su diálogo interior no incluya los elementos que le rodean, dígase naturales o sociales. Tendría que pensarse un hombre aislado no sólo del ambiente comunitario sino también de la naturaleza, del mundo. El hombre vive en una constante relación tanto física como afectiva con todo lo que le rodea.
[8] Camps, Victoria, El gobierno de las emociones, Herder, Barcelona, España, 2011.
[9] M. Allué en su libro Perder la piel. Una trágica experiencia y una heroica recuperación cuenta su experiencia como discapacitada, tras un accidente que la fuerza a hospitalizarse durante un largo período de tiempo. En este hace referencia a cómo su intimidad fue transgredida. Hace énfasis sobre la “falta de intimidad” durante su período de recuperación hospitalaria. Para ello pone ejemplos concretos de “intromisión en su intimidad”: su pubis al descubierto, el contacto físico con las enfermeras, la utilización de sondas y la necesidad luego de ayuda al orinar, etc. Esta visión de intimidad va totalmente en contra de aquella que se ha estado planteando. Perder la piel. Una trágica experiencia y una heroica recuperación es un texto que ejemplifica la perspectiva de entremezclar el concepto de privacidad con el de intimidad.
[10] v. Chul Han, B., La sociedad del cansancio, Herder, Barcelona, 2012; Chul Han, B., La sociedad de la transparencia, Herder, Barcelona, 2013; Chul Han, B., El aroma del tiempo, Herder, Barcelona, 2015.
[11] v. Bauman, Z., Vida líquida, Paidós, Argentina, 2006; Bauman, Z., Modernidad líquida, FCE, México, 2009.

 

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