Contra el rechazo del vacío: la vacuidad como meta espiritual

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Contra el rechazo del vacío: la vacuidad como meta espiritual

 

Sevilla, H. Apología del vacío. Hacia una resignificación de la ausencia, México, Colofón, 2016.

En este fluido libro, Héctor Sevilla, filósofo investigador de la Universidad de Guadalajara, nos presenta una nueva perspectiva de lo que ha sido su central tema de investigación: el nihilismo. Como ya es costumbre en su literatura, Sevilla deposita el interés por esparcir su voz en un público que va más allá del academicista especializado, mostrando una clara intención por establecer puentes de comunicación y diálogo con cualquiera que se atreva a reflexionar sobre el mundo y sus relaciones. Para ello, el autor hace uso de varios ejemplos cotidianos, además de expresarse en un lenguaje sencillo y profundo a la vez, accesible pero elegante; todos estos aspectos se revisten de una aguda importancia cuando se trata de procurar a la filosofía como una disciplina abierta y pública, como una verdadera herramienta para el mejoramiento de la vida humana desde una actitud anti-elitista y contra-especialista, sin embargo, no debe confundirse el propósito de este pensador con una promoción de la pereza intelectual o de la mediocridad en el estudio, todo lo contrario, invita al lector a cuestionar, replantear e investigar, en contra de un consagrado dogmatismo, todo lo que se le presente; reta al explorador de sus páginas a que haga uso de todos los recursos con los que cuente para enfrentarse al día a día y asumir los vacíos que conlleva su existencia.

Este texto nos muestra que los vacíos y las ausencias se encuentran pegados a nuestros pies, se encuentran en los rincones de la sociedad y en las entrañas de la naturaleza. Por eso, Sevilla nos dice que negarlos o huirles no son opciones fecundas, mientras que asumirlos, enfrentarlos, comprenderlos y vaciarlos son experiencias enriquecedoras, son opciones didácticas que tienen mucho por enseñarnos. Lejos de un optimismo negador del vacío, su postura es precisamente apologética, pues defiende la vivencia del vacío con todo y los sentires negativos que provoca, pero no como una suerte de masoquismo o pesimismo, sino como una asunción de la característica polifacética de la vida y la posibilidad de aprender de las ausencias y de la Nada.

El libro está dividido en tres partes. La primera se centra en adentrarnos al vacío; es un apartado de consideraciones preliminares que recoge temas filosóficos como la verdad, el conocimiento y la trascendencia, aunque la intención es evidenciarlos como contenedores de vacíos que hace falta significar de manera óptima, en lugar de colocarlos en el pedestal unívoco en que Occidente los ha puesto por siglos. También nos presenta en esta parte las diferentes formas del vacío, a saber, el fisiológico, que busca mostrar que nuestra biología también puede tener ausencias que hace falta atender; el cognitivo, que señala aspectos mentales como la pérdida de memoria, el engaño y la falta de conocimiento, siendo éstos parámetros significativos para la evaluación y la toma de decisiones; el hermenéutico, que conlleva en su vientre temas como la veracidad y la verosimilitud a la hora de interpretar al mundo; el teleológico, que refiere a los aspectos más cotidianos y mundanos con los que todos nos enfrentamos y que pueden devenir en las llamadas crisis existenciales; en general, se trabaja al vacío como meta espiritual. Cada uno de esos tipos de vacío es seccionado en sub-partes para dar un panorama más detallado de la vacua problemática con la que se enfrentan.

La segunda parte tiene un propósito muy puntual: mostrar la actitud que contiene las condiciones bajo las cuales la vivencia del vacío resulta infructífera. Este apartado es el más extenso del libro, y no resulta arduo descifrar el por qué; las formas de vida y convivencia contemporánea se depositan en una ansiedad superficial solapada por la voracidad del mercado global. Lo que Sevilla nos deja entrever es que la sociedad actual está enferma y esto es así, al menos en gran parte, a causa de la inapropiada manera en que las personas contactan con el vacío. Los síntomas son múltiples: 1) las actitudes perfeccionistas, mesiánicas, de conocimiento acumulativo, obsesivas en cuanto a la muestra de las virtudes adquiridas; estas actitudes son denominadas como “compensaciones” por el autor y se caracterizan por, en efecto, compensar una carencia con algo más, sin embargo, como se apunta en este capítulo, la idea de querer compensar al vacío es ver a éste con malos ojos, lo cual no le permite ser fecundo. 2) Los inapropiados consuelos como el dolor ajeno, la pasiva idea de un mejor futuro, la infértil tranquilidad por “saber” que todo lo ocurrido es por una voluntad divina o incluso karmática/teleológica o la plástica aprobación por parte del otro; Héctor Sevilla categoriza como “consuelos” a las anteriores concepciones, pues con ellas tan sólo se llega a una inactividad por parte de analgésicos placebos. 3) Las supuestas acciones o ideas que se consideran loables, las erróneas imágenes de lo que significa ser un humano, la búsqueda de la eterna felicidad, la absoluta centralidad del ego y su ilusoria libertad de poder siempre elegir lo que le acontece, la falsa autorrealización que pretende que cualquiera puede proveerse a sí mismo de todo cuanto necesite; a esto se le da el nombre de “distorsiones” y son ideas parciales acerca de nuestra esencia en tanto hombres que tildan de optimismos cegadores. 4) La indiferente permisividad ante obstáculos que se pretenden minimizar, la procrastinación de la búsqueda de resoluciones, el innecesario amoldamiento en situaciones dañinas; estas acciones retratan la preferencia por el problema sobre la búsqueda de soluciones, la rendición y sumisión ante el vacío en lugar de su asimilación. 5) La falta de mesura para conseguir una cualidad de moderación frente al mundo, el desequilibrio personal por la elección excesiva hacia algo o alguien, la destructiva violencia, el desmedido apego material; todas estas características tienen un elemento común, a saber, la saturación de algo en el individuo. Los anteriores síntomas, y algunos otros, son tratados con cuidado y atención por Héctor Sevilla como una fotografía de la contemporaneidad y sus excesos, mas no como una simple señalización teórica de lo que hay que cambiar, sino también como propuestas normativas acerca de la conducción que toda persona podría seguir para lograr aceptar y asimilar de manera adecuada al vacío.

En la tercera parte, el autor se centra precisamente en las posibilidades pragmáticas con las que es viable que el vacío nos llene. En este último apartado es donde más se puede percibir cierta orientalidad filosófica y mística en cuanto a la visión y tratamiento del vacío. Se propone la aceptación y expulsión de miedos, dolores y odios para lograr un fecundo desapego que defienda y de cierta manera alabe el vacío.

Lo que el autor hace es proponer el concepto de “vacío” para cartografiar los diversos caracteres de la ausencia, subyacentes en la dialéctica entre el Ser y la Nada, con el fin de tener una comprensión más global de algunos problemas de índole subjetiva y social; todo esto cumple el propósito de señalar la posibilidad de crear distintas alternativas en el constante tejido de las relaciones del humano con su entorno, aunque cabe señalar que esta propuesta metafísica trasciende el antropocentrismo, mismo que también es señalado como obstáculo de la correcta asimilación de esa vacuidad.  

Héctor Sevilla, a diferencia de los tercos cientificismos que aseguran poder introducir toda la realidad dentro de un empirismo reaccionario, asume las limitaciones e imposibilidades antropológicas frente a un misterioso universo que tan sólo nos muestra los talones, y en tanto tal, nos enseña el valor de una metafísica rigurosa y fecunda que no siempre se subsume dentro de la racionalidad, sino que crea espacios para la fe, la intuición y otros tipos de interacción con el mundo. Su propuesta no es irracionalista, sino complementarista; no busca desechar a la ciencia ni a la razón, sino integrarlas a un modelo donde haya lugar para métodos que quedaron excluidos del proyecto moderno occidental de la Iluminación; por eso no es raro que se adentre en el pensamiento oriental, pues históricamente éste ha tenido direcciones muy diferentes al pensamiento de modelo griego/anglosajón.

No importa la profesión o estilo de vida del lector, sin duda éste se encontrará con un enriquecedor texto filosófico que le ayudará a tener una distinta perspectiva de las numerosas ausencias del presente siglo que no se centre en la negación, rechazo, ignorancia o lucha contra el vacío. Sin más, extiendo una amable invitación a que se aborde el texto de Sevilla para con ello comenzar a vaciar al vacío y así ser llenado por él.

 

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