Resumen
Este artículo examina la presencia del schadenfreude como respuesta humana al absurdo, a través de las filosofías de Camus y Nietzsche. Usando la obra de El extranjero, se muestra cómo Meursault utiliza esta reacción no solo como un escape, sino como un mecanismo de defensa ante la desesperación existencial. Aunque el schadenfreude se manifiesta en la obra, Camus subraya que no ofrece una solución duradera a la condición absurda. Al cometer un acto violento, Meursault demuestra que esta satisfacción no libera al individuo, sino que lo mantiene alienado. El artículo concluye que el schadenfreude presenta un desenlace abierto sobre su utilidad, sugiriendo que la verdadera confrontación con el absurdo implica aceptar la condición humana y encontrar significado en la lucha misma, en lugar de evadirla.
Palabras clave: absurdo, schadenfreude, Camus, moral, existencialismo, Nietzsche
Abstract
The present article analyzes the presence of schadenfreude as a human response to the philosophical concept of the absurd, through the thoughts of Camus and Nietzsche. Using the work The Stranger, the text explores how the character Meursault demonstrates that this reaction is not merely an escape but also a defense mechanism against existential despair. While schadenfreude appears in the work, Camus emphasizes that it is not a lasting solution to the paradox of the absurd condition. By committing a violent act, Meursault illustrates how this satisfaction does not liberate the individual but rather keeps him alienated. The article concludes that schadenfreude presents an open outcome regarding its utilitarian character, determining that true confrontation with the absurd demands accepting the human condition and seeking meaning in the struggle itself, rather than evading it.
Keywords: Absurd, Schadenfreude, Camus, moral, Existentialism, Nietzsche.
a. Imágenes del Absurdo
“Es una especie de náusea. Su camisa de algodón azul se destaca gozosamente sobre una pared de chocolate. Eso también provoca náuseas, o más bien, es la Náusea”[1]Al menos, así es como Sartre resaltaría el absurdísimo desde su ahínco literario y creativo. Pero realmente nadie debería ser Antoine de Roquentin, pues ¿quién en sus treinta años descubre su reflejo en el espejo sin comprender nada? La versión del mundo es más tangible mientas más indigesta se nos hace. Desde un tópico cercano al castigo; percatarse de su apariencia apenas logra agujerear los pensamientos e invitar a la confusión. Pero no importa ser una persona de tan solo treinta años. “La cosa gris aparece en el espejo. Se acerca, la mira; y ya no puede irse”[2]
Claro que Sartre es incisivo en juzgar la existencia mediante una búsqueda ansiosa de su apariencia. Su apetito; crear significados proféticos de la realidad para retratarse a sí mismo como protagonista de un drama que muere cual mártir convencido de serlo. Pero habría que retraerse de la vida y contemplarla en su sentido más visceral para advertir que esta es una cuestión que no le corresponde al existencialismo sino al absurdo. M. Meursault es experto y mártir en ello. Y hasta podríamos escuchar sus pensamientos y sentirnos parte de una indelicada indiferencia, pues al fin y al cabo sabemos que simplemente es otro domingo, “que mamá estaba ahora enterrada, que iba a volver a mi trabajo y que, después de todo, nada habría cambiado”. [3]
¿Cómo afrontar la vida sabiendo que esta es absurda? Por supuesto que esta sería una pregunta incomprensible para Meursault sobre todo si se le inquiere sobre su delictivo acto. “Reflexioné y dije que, más que una auténtica pena, lo que sentía era cierto aburrimiento. Tuve la impresión de que no me comprendía”.[4] Y a ciencia cierta su psicología es material de incomprensión. Aceptar la condición de absurdo sin necesidad de otorgarle un sentido es la representación más fiel que Meursault hace de la obra de Camus, pues en él apenas se deslizan ideas disuasivas y tranquilizantes sobre la vida, antes de caer intempestivamente en esa fascinación por la muerte reactiva a la nada.
“Para Camus a la muerte le sigue la experiencia del absurdo, un sentimiento que constituye la esencia de la existencia del hombre. El primer impulso ante ello es la huida”.[5] Por supuesto que esta huida impondría la muerte. Con frecuencia, Camus entreverá lo que considera el único problema filosófico realmente serio, del cual, por ahora, buscaremos alejarnos. Aun así, advertiremos que el contacto con lo absurdo también implica una huida, aunque menos diplomática. Llegar a un acuerdo con uno mismo, permitir la curiosidad sobre el mundo y admitir su aparente patetismo; un pensamiento sencillo que se supera a sí mismo porque al encontrar su sentido se engaña. Por eso La Náusea nos convierte en una mezcla de suerte y dolor. Pero resiste ante La huida final, aunque tampoco nada de ello, tenga sentido.
b. Contra la huida final
Cuando se cuenta con la conciencia de lo absurdo, los caminos se reducen. Bien podemos dejarnos llevar por el espíritu dionisíaco: “a la larga resultará de ello alguna cosa por la que valga la pena vivir en esta tierra; la virtud, el arte, la música, la danza, algo transfigurado, algo loco o divino”.[6] El problema de aquello es que el hombre no se ha calificado como creador. Así que deambula cuesta abajo aceptando su condición terrenal y su sino infructuoso. Pero aceptarlo es aceptar la muerte y esto es un síntoma de clarividencia única, e incluso contraría a Dios. Cualquier salto resuelve y formula una respuesta. Pero todo movimiento es estocada final.
Existe una tercera partida que incluso rozaría el pecado: evadir el absurdo bajo la tutela intrínseca de una existencia significativa, aunque ilusoria. Por supuesto, para Camus, la condición absurda no es sinónimo de dimisión, sino más bien de contradicción. Si bien el peldaño de la clarividencia ante lo absurdo es uno solo; los desenlaces a los que el individuo decide llegar son diversos e incluso inexplicables. Solo el hombre rebelde puede librarse del absurdo en tanto trasciende los límites de su propia creación. Sin embargo, si llegamos hasta aquí, es porque ese ha sido un camino que el hombre del absurdo no ha podido tomar. Su naturaleza meramente contemplativa y apática, incluso ante su propia anulación, agota todas las opciones, así como se agota a sí mismo.
Si bien el hombre del absurdo encarna el ideal estoico y se presenta como un prototipo de superación de lo mundano y lo trascendental; en realidad es un cordero que lucha de manera inconsciente contra un destino que ya conoce. Ávido de existencia se repetiría frecuentemente todo menos el vacío y con esto se adentraría en un remolino de razones por las cuales seguir girando. Realmente el problema del hombre absurdo es su adicción a la vida. Meursault lo demuestra eligiendo, con esmero, experimentar una existencia visceral en la cárcel antes que contemplar la imagen del absurdo. Lo hace porque ya ha rechazado la vida sin necesidad de dimitir. Se esconde en las experiencias, en sus sentidos y recuerdos, utilizando una artimaña que le permite convencerse y proyectarse como libre. Después de todo, ha ganado el derecho de burlar a lo absurdo, pues ¿quién más podría evadir la muerte con el calor del sol?
“Comprendí entonces que un hombre que no hubiese vivido más que un solo día podría, sin dificultad, vivir cien años en una prisión. Tendría suficientes recuerdos para no aburrirse. En cierto modo, era una ventaja”. [7] Viviendo en el presente, el hombre del absurdo se encuentra en una paradoja que no se revela, pero que controla y aguarda. Podríamos hablar entonces del hombre de la resignación cuya forma de vida se somete a las propias condiciones de la existencia. No busca razones, no las crea. Desconoce la tragedia, rechaza la huida final. Simplemente “vuelve a ocupar su lugar en medio del fresco mundano de las conductas humanas (…) y por la mañana siguiente exclamará, Ahora bien, se trata de vivir.[8]
Si bien El extranjero refleja momentos de conciencia que lo confrontan con el absurdo, Meursault no termina de superar su cualidad irracional; más bien, se limita a aceptarla. Meursault enfrenta al absurdo, así como combate el poder de la muerte. La engaña y se engaña de la misma forma en que lo hacemos todos en tanto sembramos nuestros deseos sobre la lozanía de nuestros propios decesos. “El hombre no escoge. Lo absurdo y el aumento de vida que entraña no dependen, por lo tanto, del deseo del hombre, sino de su opuesto que es la muerte. Sopesando bien las palabras, solo se trata de un asunto de suerte, Hay que saber tolerarlo”.[9]
c. Schadenfreude: una respuesta contra el absurdo
Fue entonces cuando todo vaciló. Del mar llegó un soplo espeso y ardiente. Me pareció que el cielo se abría en toda su extensión para vomitar fuego. Todo mi ser se tensó y mi mano se crispó sobre el revólver. El gatillo cedió, toqué el pulido vientre de la culata y fue así con un ruido ensordecedor y seco, como todo empezó. Sacudí el sudor y el sol. Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa donde había sido feliz [10]
La escena del asesinato en El extranjero es un punto clave que nos permite apreciar una dinámica propiciada por una condición cercana a lo que llamaríamos Schadenfreude. Schadenfreude, en su combinación semántica entre alegría y perjuicio, es un signo anárquico e inconcluso cuya naturaleza es un símil del propio hombre. Nietzsche argumentaría su ambivalencia constitutiva pues a todo ello, se comprende que la alegría por el mal ajeno traduce una condición Humana, demasiado humana. Como un reflejo de los instintos más oscuros del hombre antes que semejarse a una suerte dialéctica en la que dos pasiones luchan por establecerse en el signo, Schadenfreude en realidad es una expresión rebelde que no permite olvidar la condición vulnerable y terrenal del hombre; un hombre esclavo de un paroxismo desagradable que es capaz de propiciar el mal por el florecimiento de una experiencia más o menos feliz.
Si continuamos pensando en Nietzsche, podríamos observar en el Schadenfreude la voluntad de poder expresada en un síntoma subversivo de la moral. Hablamos de una maldad desinteresada, una propiedad normal del hombre. “Ver sufrir produce bienestar, hacer sufrir, más bienestar todavía, esta es una tesis dura, pero es un axioma, antigua, poderoso, humano, demasiado humano”[11] Pero no olvidemos que hablar de moral en Nietzsche apertura un diálogo que, categóricamente engendrada por sus genealogistas, involucra verla cual sistema represivo y producto de choque dialéctico en el que naturalmente un hombre siempre adquiere poder sobre otro, poder en cualquiera de sus manifestaciones, incluso el poder de hacer daño. Pero ahora que existe la moral “el hombre acaba por aprender a avergonzarse de todos sus instintos (…) la vida se le ha vuelto insípida, reduciendo la curva de capacidad humana del dolor y rechazando los primeros diez mil o diez millones de hombres de la cultura superior” [12] Así, el sufrimiento pierde el vigor de su sentido, convirtiéndose en una emoción absurda que debe ser extirpada mediante la moral, la religión, o un Dios que otorgue un significado extraordinario a lo que ha perdido su sentido.
Así como Nietzsche propone que Schadenfreude se traduce en voluntad de poder, es decir, en afirmación de la vida, podríamos pensar que Camus también establecería una fórmula similar: Schadenfreude igual a reacción, como una analogía que rige lo absurdo. “Lo absurdo no libera, ata”[13], y lo vemos proyectado en la configuración escénica de Meursault y en su relación con el absurdo.
Meursault comete el asesinato de forma automática, como si estuviera desprovisto de emoción y sin razones éticas que considerar. Si analizamos el escenario, podríamos aventurar un simbolismo más fuerte en el fuego del sol, el calor y el sudor en sus mejillas, en lugar de apreciar una notoriedad emocional más allá de su aparente indiferencia. Hablamos, entonces, de un actor reactivo que, aunque violento, experimenta el momento cúspide en el que se siente más vivo, en contraposición a su existencia habitual.
El evento que irrumpe la cotidianidad del absurdo es precisamente lo que lo distrae del vacío existencial que prefiere ignorar. “Lo absurdo solo brinda su equivalencia a las consecuencias de estas acciones. No recomienda el crimen; eso sería infantil, pero devuelve su inutilidad al remordimiento.”[14] Y efectivamente, Meursault lo sabe.
Camus podría interpretar el Schadenfreude como una manifestación de la lucha del ser humano contra el absurdo, un mecanismo contra la desesperación. Nietzsche está de acuerdo con esto. “Toda moral acepta que se realice intencionadamente el mal en caso de legítima defensa, es decir, cuando se trata de la propia conservación. Se trata de conseguir un placer o se intenta evitar un dolor”. [15] Podemos aventurar esta filosofía en la psicología de El Extranjero. Su accionar de carácter utilitario en conformidad a sus emociones como producto de un principio de conservación parcialmente natural e instintivo. “Se considera moral hacer daño cuando está en juego nuestra vida o nuestra seguridad (la conservación de nuestro bienestar); en el mismo sentido el Estado hace daño cuando impone un castigo”. [16]
El Schadenfreude es, entonces, un signo del absurdo en la perspectiva de Camus. Sin embargo, no es absurdo en sí mismo. Lejos de considerarlo como una superación que da lugar al hombre rebelde, debe verse como una reacción ante la razón occidental y la lógica tradicional que orientan la vida. Camus comprende la naturaleza de esta paradoja; aunque lo irracional y cualquier lógica que la vida utilice para defenderse de la muerte final no están prohibidos, él insiste en que no podemos superar la condición absurda a menos que abracemos la pendiente cuesta abajo de la que solo Sísifo es consciente. La auténtica confrontación con el absurdo implica una aceptación sincera de la condición humana y la búsqueda de sentido en la propia lucha, sin depender de la satisfacción que provenga del sufrimiento ajeno.
d. Conclusión
El Schadenfreude, aunque en su connotación tradicional viérase bajo la lupa de un sentimiento pernicioso a reprimir, es una expresión potenciada de una existencia que se resiste a apreciar la condición humana como un significado meramente absurdo; en realidad es solo un escape que desvía la atención de los instintos. Por su puesto que tanto Meursault como Camus enfatizan que el placer en el sufrimiento ajeno no resuelve la angustia existencial sino más bien responde temporalmente al vacío y la desesperanza. En lugar de superar el vacío, este tipo de satisfacción se convierte en una trampa que lo ata aún más a su condición.
Meursault, tras cometer su acto violento, enfatiza en su indolencia y es percibido como un ser en desconexión. Cabe preguntarse entonces ¿es el Schadenfreude una respuesta oportuna y utilitaria? La verdad es que Meursault prolonga su vida y puede disfrutarla valiéndose parcialmente de percibirse ajeno a su mundo y a sus expectativas. Entonces deberíamos mirar al Schadenfreude como una experiencia en construcción casi inobservada que no concluye sino en su causa y que brota de un malestar colectivo contra la cultura. No es el refinamiento de la crueldad o la alegría de saberse menos desgraciado, sino más bien el placer absoluto de contraponerse a la física de un hundimiento personal.
Bibliografía
- Camus, Albert. El Extranjero. Alianza Editorial, Madrid, 1971.
- Camus, Albert. El Mito de Sísifo. Lucemar C.A, Caracas, 2023.
- Huertas Aguado, Eloy. Actualización filosófica del pensamiento de Albert Camus. Sísifo y Rieux, paradigmas de conducta para la contemporaneidad, 2023.
- Nietzsche, Friedrich. Humano, demasiado humano, Gradifco, Buenos Aires,2007.
- Nietzsche, Friedrich. La geanealogía de la moral, Gradifco, Buenos Aires,2007.
- Sartre, Jean P. La Naúsea, La Oveja Negra y Seix Barrial, Madrid , 1983.
Notas
[1] Jean Paul Sartre. La Naúsea, ed.cit., p114.
[2] Ibidem., p.28.
[3] Albert Camus. El Extranjero. ed.cit., p.31.
[4] Ibidem., p.74.
[5] Eloy Huertas Aguado. Actualización filosófica del pensamiento de Albert Camus.
[6] Albert Camus. El Mito de Sísifo. ed.cit., p.552.
[7] Albert Camus. El Extranjero. ed.cit., p.82.
[8] Albert Camus. El Mito de Sísifo. ed.cit., p.552.
[9] Ibidem., p.552.
[10]Albert Camus. El Extranjero. ed.cit., p.63.
[11]Friedrich Nietzsche. La genealogía de la moral. ed.cit., p.72.
[12] Ibidem., p.72.
[13]Albert Camus. El Mito de Sísifo. ed.cit., p.554.
[14] Ibidem., p.554.
[15] Friedrich Nietzsche. Humano, demasiado humano. ed.cit., p.76.
[16] Ibidem., p.76.