Feuerbach, Foucault y el sueño antropológico

Resumen

El texto analiza la lectura que Foucault realiza de la antropología de Feuerbach a partir de lo establecido en el curso de 1954 La question anthropologique, en el que Foucault plantea una visión histórica del desarrollo de la antropología filosófica desde su irrupción kantiana.

Palabras Clave: Foucault, Feuerbach, Hegel, antropología, humanismo, anti-humanismo.

Abstract

This text analyzes Foucault’s reading of Feuerbach’s anthropology based on what is established in the 1954 course La question anthropologique, in which Foucault presents a historical view of the development of philosophical anthropology since its Kantian emergence.

Keywords: Foucault, Feuerbach, Hegel, anthropology, humanism, anti-humanism.

 

Foucault desarrolla su lectura de Feuerbach en el curso de 1954 La question anthropologique. Para Foucault, la antropología de Feuerbach supone un hito crucial en el desarrollo del pensamiento sobre el ser humano, pensamiento que poseía una centralidad máxima para la perspectiva que Foucault emprende en 1954. Entendida la filosofía de Feuerbach no tanto como un hito materialista sino como un “desarrollo crítico de la esencia concreta del ser humano”[1], Foucault observa en Feuerbach un movimiento que cuestiona el análisis clásico de la antropología: ya no se trata de detallar la esencia universal del ser humano sino de someter la especulación a la crítica de la experiencia concreta.  Se trataría entonces de ejercer una crítica sobre la antropología clásica fundada en la esencia concreta del ser humano. Foucault, a partir de una mirada instalada en la problemática marxista francesa de los 70, analiza el modo en que Feuerbach somete a crítica a la idea universal de ser humano, abriendo la antropología filosófica a la problemática de la alienación.

Desde esta perspectiva, Feuerbach recuperó el pensamiento antropológico desligándolo de la equiparación hegeliana entre ser y pensar. Para Feuerbach, el pensamiento hegeliano contiene el presupuesto oculto entre ser y pensar, lo cual supone poner la lógica como condición del pensamiento y del mismo ser, reduciendo la realidad a mero pensamiento, es decir, a un ejercicio abstracto, a un fantasma De hecho, para Feuerbach, todo el idealismo convierte la realidad en un universo de seres abstractos y fantasmas, en un “ser sin ningún ser, un cuerpo sin ningún cuerpo” [2]. Frente a esta fantasmagoría hegeliana, Feuerbach propone volver al ser concreto y sensible. El resultado de esta vuelta al ser concreto y sensible va a ser la propuesta de ser humano como “ser genérico”, superando el dualismo entre naturaleza y espíritu. Este ser genérico, Gattungswesen, “no es entendido aquí como razón suprema, sino como unidad ontológica entre el espíritu y la naturaleza, es decir, como aquello que presuponemos siempre en todo acto formal y material que realizamos”[3]. Bajo el impulso de corrección a la abstracción hegeliana, Feuerbach sitúa a la Antropología Filosófica como el nudo filosófico que permitirá abordar un ser concreto, pero a la vez universal. Y ello a partir de dos características que hacen que el ser humano pueda abrirse tanto a lo concreto como a lo universal: la existencia empírica de los individuos y la existencia histórica del ser humano como especie. Será en La esencia del cristianismo donde Feuerbach lleve su Antropología Filosófica al papel dominante de la escena filosófica y al ser humano hasta su papel central:

La esencia humana es una riqueza inagotable de predicados diferentes, pero justo por ello una riqueza inagotable de diferentes individuos. Cada nuevo hombre es un predicado nuevo, un nuevo talento de la humanidad. Cuantos sean los hombres existentes, tantas serán también las fuerzas y propiedades que tiene la humanidad. La misma fuerza que hay en todos la hay también en cada uno, pero tan determinada y específica que aparece como una nueva fuerza propia. El secreto de la inagotable riqueza de los predicados divinos no es otro que el secreto de la inagotable determinación y diferencia del ser humano[4].

La esencia humana dependerá entonces de ese ser genérico y su existencia de la actividad de los seres humanos reales. Todo ocurre como si la humanidad, con su inagotable riqueza, crease el sustrato histórico y cultural en el cual se enraíza la existencia concreta de los individuos. La humanidad es aquello que se presupone en cualquier acción individual, lo que va de suyo, la realidad que se pone de manifiesto en nuestras acciones concretas. La humanidad, de este modo, es una realidad ontológica que se manifiesta a partir de acciones de individuos y pueblos. La humanidad es lo genérico, mientras que los individuos son lo concreto. Aunque el ser humano sea finito, su integración en la humanidad es lo que le permite dar el salto a lo universal. De ahí que Feuerbach acabe postulando la historia de la humanidad como una historia de la salvación, con una consumación final dónde se realizará la emancipación de la humanidad. El ser humano es el nuevo ser supremo que debe ocupar el lugar de Dios. Si para Hegel el espíritu en tanto pensamiento era el estado supremo del espíritu, para Feuerbach la perfectibilidad del ser se va a jugar en el ser humano, concretamente en su capacidad para dirigirse, en tanto humanidad, hacia la emancipación. Ahora bien, puede ocurrir que los seres humanos concretos entren en contradicción con su esencia, esto es, con su humanidad, causando retrocesos y desvíos en el cumplimiento de su emancipación. En ese caso, Feuerbach utilizará una categoría que, con Marx, adquirirá mayor relevancia: alienación. La alienación del ser humano ocurre cuando su existencia concreta se muestra en contradicción con su esencia en tanto ser genérico. Pero aquí la mirada de Foucault se desplaza de los significados clásicos del término alienación y, en una clara anticipación del movimiento antihumanista, Foucault insiste en que la alienación no se predica de la esencia del ser humano sino de sus condiciones de vida[5]. No hay un ser humano alienado – no hay verdad esencial del ser humano-, sino una explotación de su experiencia, de su vida práctica. Lo que Feuerbach abriría no es tanto una búsqueda de la verdadera esencia no alienada del ser humano sino la denuncia de la explotación práctica de sus condiciones de vida que conducen a la miseria. Esta explotación de las condiciones de vida que debe ser criticada por una antropología filosófica concreta es ocultada por estructuras como la religión.

De este modo, apoyándose en una Antropología Filosófica, Feuerbach reconduce el gesto abstracto hegeliano hacia la existencia concreta del ser humano. Aquí Feuerbach todavía apela al sueño antropológico de poder crear “una comunidad en la que desaparezcan todos los antagonismos y prime el amor entre los hombres. La historia es un proceso que restaurará la unidad perdida entre esencia y existencia del hombre”[6]. El gesto antropológico de Feuerbach quizás sea el primer gran sueño no idealista de la Antropología Filosófica, un intento de centrar la positividad del ser humano en su existencia concreta como método para prevenir esa noche del mundo que el idealismo intentó evitar convirtiendo la realidad entera en concepto. Lo que vendrá posteriormente serán diversos intentos filosóficos de declinar esa esencia emancipadora de la humanidad. Sin embargo, nos dice Foucault, habrá que esperar a Nietzsche para que la Antropología Filosófica de un paso más, cuestione su propio sueño y se atreva a internarse en la noche del ser humano, a su inevitable desaparición.

 

 

Bibliografía

Castro Gómez, Santiago,  La rebelión antropológica, Madrid, Akal, 2022.

Feuerbach, Ludwig, La esencia del cristianismo, Madrid, Trotta, 2003.

Foucault, Michel, La question anthropologique, Paris, Gallimard, 2022.

 

 

 

 

Notas

[1] Michel Foucault, La question anthropologique, ed. cit., p.86.
[2] Ludwing Feuerbach, La esencia del cristianismo, ed. cit., p. 57.
[3] Santiago Castro Gómez, La rebelión antropológica, ed. cit., p. 219.
[4] Ludwing Feuerbach, op. cit., p. 60.
[5] Michel Foucault, op. cit., p. 117.
[6] Santiago Castro-Gómez, op. cit., p. 236.