#37 Editorial

Reflexiones Marginales #37

Este número es sólo la continuación del anterior. No por eso, menor o residual. Usted, amable lector, leerá unos textos que no tienen desperdicio, reflexiones profundas, reflexiones que nacen de la pasión por la danza, por el cuerpo, por aquello que Spinoza, el pulidor de lentes de Ámsterdam hubiera señalado en su día cuando escribió que “nadie sabe lo que puede un cuerpo”. Todos los textos del Dossier destilan una pasión por el movimiento, por todo aquello que dibuja e ilumina, piensan al cuerpo como un a priori natural sobre el cual se asientan verdades enunciadas en torno a lo humano. En estos escritos, el cuerpo es contemplado como el lugar de la existencia y de la experiencia individual; el cuerpo es ese espacio material de posibilidades del propio acontecer humano, de eso que llamamos vida. En la danza, nosotros nos comprendemos como seres corporales que sabemos y vivimos nuestros cuerpos en tanto lugar de nosotros mismos, y cuya materialidad es la primera verdad que asumimos: somos cuerpo.

Déjenme contarles que quisimos un nuevo editorial para presentar este número pero recordamos lo que estos escritos significaron el primer día que llegaron a la revista: ellos constituyen una miríada de reflexiones que literalmente vienen de lejos. Cuando recibimos todo el material, al revisarlo, de inmediato nos dimos cuenta que los textos eran sumamente excelentes, textos tan ricos en reflexiones y posibilidades, que el Consejo editorial de la revista decidió hacer dos números para darles aire, espacio, lentitud, decantación como los buenos vinos, en suma, decidimos esto para que los ensayos no se atropellaran entre sí, no quisimos ponerlos a competir, nos parecía que el esfuerzo que se había hecho al concretar una energía como ésta, era tan rico y genuino que merecía de nuestra parte el mayor de los respetos. Por ello decidimos hacer un doble homenaje: a los que participaron organizando y escribiendo ahora estos dos Dossiers y a los lectores que nos regalan su tiempo y su lectura. Con ello, hemos podido entonces ofrecer dos momentos, dos escenas, dos espacios y dos lugares de reflexión.

Quiero cerrar este editorial trascribiendo algunas líneas del editorial anterior porque señalan el derrotero de estos trabajos: “Aunque en la tradición de investigación dancística que domina en nuestro país no hay lugar para la filosofía, numerosos son los trabajos que, sobre todo en la última década, se han dedicado a establecer puentes de comunicación entre las dos disciplinas. Sin embargo, dichas indagaciones no han emanado de la alta academia filosófica. Los trabajos que han explorado este campo tienen diversas procedencias: artistas preocupados por el sustento de su obra, alumnos y profesores de las escuelas de artes —plásticas o escénicas—, investigadores de diversas disciplinas cuyo impulso los ha llevado a trascender las fronteras de su campo, estudiantes de pregrado y posgrado en filosofía que han encontrado en la danza una beta rica para su desarrollo profesional, etc. Ejemplos de ello son los textos aquí presentados”. Agradecemos a todos, lectores y autores, su generosidad. Esperamos que sus expectativas en esta segunda parte de la publicación se cumplan.

 

Alberto Constante

Editor