La Experiencia y la Historia en Hegel, dilucidaciones desde la interpretación de Heidegger

Héctor Rojas #10 - Hegel, Dossier

Para Hablar de la experiencia en Hegel nos vemos obligados a referirnos a ella como un fenómeno de la conciencia, es decir, siempre se debe tener en cuenta que cuando se refiere Hegel a la experiencia, no se remite al modo ordinario de experiencia entitativa, -que si bien no está siendo negada este tipo de experiencias, no tienen el carácter positivo de la conciencia- sino a la experiencia en tanto que conciencia “experiencia es el hacer surgir el nuevo verdadero objeto[…] De este modo, el hacer surgir se muestra como un movimiento ejercido en la conciencia, de la conciencia misma. En este movimiento, el objeto que surge del mismo es devuelto a la conciencia como ya perteneciente a ella”i . Siempre será, toda experiencia una experiencia del conocer y no de un modo de conocer, es decir, del ser del conocer.

Sin embargo, que la experiencia no sea un modo de conocer, sí está determinada por el modo de conocer, es decir, como fenómeno de la conciencia sus límites los tiene; en tanto que la conciencia está limitada al desarrollo de la misma conciencia, o dicho de otro modo, se determina históricamente. Si pensamos en la Historia de esta manera, nos surge el problema de la permanencia, y ésta es intrínseca al quehacer humano, pero no al desarrollo de la conciencia: la Historia no es trascendental. Pero el mismo mundo no es trascendental y aún así es el plano de aparición de los fenómenos, que indudablemente son nuestros objetos de experiencia posible, aunque las condiciones de todo conocimiento de ellos estén dadas. “Y lo que se llama experiencia es cabalmente este movimiento en el que lo inmediato, lo no experimentado, es decir, lo abstracto, ya pertenezca al ser sensible o a lo simple solamente pensado, se extraña para luego retornar a sí desde este extrañamiento, y es solamente así como es expuesto en su realidad y en su verdad, cuanto patrimonio de la conciencia”ii Esto no quiere decir que no sea positividad, sino que su carácter positivo es la negación del fenómeno como “en sí” y no a la manera de los medievales, en todo caso es “en sí” como aquello que permite a la conciencia reconocer un fenómeno de ella, la experiencia como experiencia de la conciencia es la determinación de ella como autoconciencia. “La experiencia, en tanto curso de examen, examina la conciencia en lo que ella misma es, en su esencia, en la que como autoconciencia continuamente se mide. Este ponderante experimentar no se dirige al ente sino al ser, a saber la conciencia.”iii

El regreso al problema de la experiencia como posible, es preeminente sí se toma a consideración que como fenómeno de la conciencia se encuentra determinado históricamente, si bien la conciencia es quien descubre que las determinaciones son puestas de alguna manera por ella, no por ello está descontextualizada, la determinación lo es tanto material como autodeterminación, un ejercicio fundamentalmente negativo. El modo de acaecer del fenómeno depende del desarrollo de la conciencia como autoconciencia, es decir, del desarrollo del espíritu, de este modo la experiencia no puede darse de otra manera como exterioridad pura, o pura sensibilidad, y como lo menciona Heidegger en las pasadas notas y la misma exposición lo ha hecho, el marco donde es posible que tal experiencia de la conciencia se dé: es en la pura indeterminación de la conciencia. “El puro conocerse a sí mismo en el absoluto ser otro, este éter en cuanto tal, es el fundamento y la base de la ciencia o el saber en general. […] Es la pura espiritualidad, como lo universal, la que tiene el modo de la simple inmediatez; esta simplicidad, tal y como existe en cuanto tal, es el terreno, el pensamiento que es solamente en el espíritu.”iv Por lo tanto hay que entenderlo como lo expondrá Hegel en la Ciencia de la Lógica, al referirse a ella como el camino seguro del pensamiento que se piensa a sí mismo, como la posibilidad de toda ciencia entendida ésta como filosofía, y no sea determinada meramente dentro de sus posibilidades históricas, la historicidad de la experiencia en ese sentido sería la negatividad y está entendida como las limitaciones materiales de los fenómenos de no ser pura positividad, de no ser independientes de la conciencia.

Siendo un poco grosero, ejemplifico con la revolución Francesa, ésta no pudo darse en otro pueblo ni en otro momento, porque el desarrollo de la conciencia no había expresado su posibilidad de autodeterminación, como determinación política en otro momento, y esto no pudo ser a su vez sin la Enciclopedia y ésta sin la Ilustración, etc. Pero como dije esto es inconveniente ya que las determinaciones históricas no hablan de un consecuencialismo histórico, sino de cómo históricamente la conciencia, entendida como el desarrollo del espíritu, se determina en cada momento como positividad frente a la negatividad, que en todo caso es material, es decir, negando los fenómenos como “en sí”, y no siendo la mostración de un progreso evolutivo, o dicho de otra manera y muy fugaz ,“ser-para-otro”, ese otro que es la conciencia, en su “ser-para-otro”, se juega su “en sí” en tanto que la conciencia se reconoce en el objeto como conciencia. Siguiendo el ejemplo histórico, la experiencia es posible en tanto que es el modo en que la Historia da cuenta de sí, en este caso la Revolución Francesa da cuenta de la imposibilidad de un estado que encuentre su justificación fuera de las determinaciones materiales, requiere de negarlas y dar fe de que son sus determinaciones y no las del Rey, etc. O mejor aún, como el momento en que la conciencia que toma cuenta de sí como conciencia, lo hace en la medida en que puede guiar y asumir las condiciones de la vida política. El pueblo francés del S. XVIII en ese sentido hace de la autoconciencia, de aquel movimiento del espíritu, un acontecimiento histórico.

Lo único preciso para ganar el curso progresivo de la ciencia es el conocimiento de la proposición lógica de que lo negativo es precisamente en la misma medida positivo, o sea que lo que se contradice no se disuelve en cero, en la nada abstracta sino, esencialmente, en una sola negación de su contenido particular, o que una tal negación no es toda ella negación, sino la negación de la Cosa determinad, que se disuelve, con lo que es negación determinada. v

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Esta contradicción la podemos entender en primer momento como el devenir de la verdad, pero de lo que hay que salvarnos es de un relativismo histórico, es decir que la verdad aparece en ciertos momentos, pero esto no es la empresa de Hegel. El devenir lo que muestra es que el ejercicio del conocer, por más limitado que se encuentre frente a su Historia, es de hecho propio de la conciencia, la verdad no es la manera en que el objeto reza sobre sí como afirmación, sino la conciencia que se afirma en tanto que se reconoce en el objeto, como objeto de su conocer.

Esto podemos afirmar como positividad en Kant aunque ésta se encuentre delimitada por las intuiciones de espacio y tiempo, pero en el sentido que reza la Ciencia de la Lógica, el material empírico –por un momento refirámonos de esta manera a la Historia- y su relación con nuestras representaciones es negatividad en tanto que es la sensibilidad bruta, carente de contenido. Esto es de carácter provisional, ya que en tanto que la conciencia se determina “cada vez” en su acontecer histórico, la negatividad de la Historia es meramente un juicio superficial, ya que el reconocimiento de la experiencia histórica, es el mismo que el que da la conciencia como conciencia de sí, es decir autoconciencia no sería independiente de su pensar histórico, pero no por ello idéntico. La Historia aparece en este momento como el modo inmediato de mi aparecer en el mundo, así no hay modo de la conciencia que no se dé históricamente configurada.

Bibliografía

Heidegger, Martin, Hegel, traducción de Dina V. Picotti C., Buenos Aires, Prometeo Libros, 2007, 303 pp. (Biblioteca Internacional Martin Heidegger).

Hegel, G. W. F., Fenomenología del Espíritu, Traducción de Wenceslao Roces, México, Fondo de Cultura Económica, 1966, 483pp.

_____________, Ciencia del la lógica, traducción Félix Duque, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 2011, 654pp.

Notas.

i Heidegger, Martin, Hegel, traducción de Dina V. Picotti C., Buenos Aires, Prometeo Libros, 2007, p.219

ii Hegel, G. W. F., Fenomenología del Espíritu, Traducción de Wenceslao Roces, México, Fondo de Cultura Económica, 1966, p.26

iii Heidegger, Op. cit. p.205

iv Hegel, Op. cit. p. 19, 20

v Hegel, G. W. F., Ciencia del la lógica, traducción Félix Duque, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 2011, p.203