Pintura: La tempestad. Autor: Modigliani
(Entrevista realizada a la paciente Shirley Anne Taylor)
Conocí a una paciente norteamericana llamada Shirley Anne, a la que medicaron sin saber qué tenía. Estaba internada porque permaneció varios días en una iglesia católica queriendo “poner orden”. La limpiaba y sacaba a los animales que entraban por la puerta. El cura de esa parroquia no supo qué hacer y llamó a la gente del hospital psiquiátrico para que fueran por ella.
“Es que algo tiene”, dijo el doctor que la recetó, ¿Y por qué le dan medicinas sin saber que tiene? Le pregunto yo. No obtengo respuesta y empiezo a imaginarla sentada en su cama inmersa en los efectos de la droga, sola con sus recuerdos que no quiere recordar, con su vida colgada en la historia de su marido y sus hijos abandonados cuando sale hacia México desde New Jersey en pro de Dios; de ese Dios que parece responderle con la palabra sacrificio y con la palabra misión en un fondo de silencio.
Shirley encarna una figura de Modigliani, con la mirada serena, el peinado y el color de su piel que adquiere vida con la belleza que aporta el pincel del artista y la hace circular por el hospital psiquiátrico como una obra de arte que, aunque viste el uniforme de loca, se envuelve en la convicción y la entereza que la sostienen; Shirley rompe el esquema hospitalario para hablarnos de un misticismo ancestral. Me dice que a los cuarenta y tres años supo de su misión, supo que tenía que dejar todo por Dios y ahora que tiene cincuenta y cuatro se mantiene firme; lleva once años de lucha por difundir la palabra de Dios y, sobre todo, me dice ella, el amor materno.
Usted es seglar, yo religiosa enfatiza, yo respeto su trabajo y usted debe respetar el mío, así tienen que ser las cosas, cada quien tiene su campo de acción, el mío es la iglesia, mi misión es limpiarla, evitar que pasen los animales, transmitir la palabra de Dios y sobre todo sembrar en el corazón de la gente el amor a María.
Lo más importante es el amor maternal, repite Shirley, María cuidó de su hijo y Cristo de su madre que subió a los cielos sin sufrir la muerte. Para Dios no hay nada imposible. Isabel la prima de María se embarazó aun después de pasada la menopausia, ¿no es ese el milagro de la maternidad?
Como Shirley me había hablado de la virginidad de María me permití cuestionarla sobre las relaciones sexuales, aludiendo a Isabel la madre del primo de Jesús, pues me dio la impresión de que las reprobaba y le digo, pero ella sí tuvo relaciones sexuales con Abraham. Shirley sonríe y afirma, sí pero estaban casados. El sexo es para los casados, como dicen los católicos y los musulmanes. Yo pienso como ellos que hay mucha promiscuidad en el mundo y el matrimonio es la manera posible de combatir la promiscuidad.
Shirlley advirtió cuál era su misión mientras leía la Biblia. Ella, podríamos decir que era una mujer común que formó una familia y vivía tranquilamente con su esposo y sus hijos, viajaba y observaba cosas que no entendía, pero cuando a los cuarenta años contrajo una “enfermedad de la sangre propia de las mujeres” que coincidió con la menopausia, supo que ella era alguien muy especial.
Los médicos no sabían que era lo que pasaba con su cuerpo y aun cuando fue a grandes hospitales y consultó con muchos doctores no encontró respuesta, sino hasta que acudió a la iglesia y trabajó en la difusión de la palabra de Dios. Fue entonces cuando ella comprendió la verdad del corazón y como señal cesó su enfermedad, supo así que tenía que enseñar a otros lo que era la maternidad que ella dejaba atrás, siguiendo el ejemplo de la Virgen María. Su destino la obligaba a dejar a su marido y a sus hijos y a ponerse a las órdenes de la iglesia.
¿Pertenece a alguna congregación? Le pregunto, -Si, a la comunidad de la iglesia, soy religiosa como usted es seglar ya se lo dije, y el que me ordena directamente es el obispo. El presbítero de la iglesia de Santa Teresita a donde pertenezco y quiero regresar. Él no habla inglés, pero tiene que entender que lo que hago es importante. La iglesia tiene que cambiar, tiene que admitir los cambios que le son benéficos, ese es un trabajo duro, mi misión en México terminará cuando logre que la comunidad de esa iglesia me acepte.
¿Y si el obispo le dice que regrese a Estados Unidos ahora aunque no haya concluido su misión lo haría?
-Si él me lo pide sí, pero no he hablado con él y en tanto él no ordene otra cosa yo debo regresar a la iglesia de Santa Teresita a luchar porque los fieles y el párroco comprendan mi labor que es la de Dios. El respeto mutuo es la clave de la vida, cada quien su trabajo ¿no cree?
Para Shirlley Anne este mundo dejó de ser su reino, la locura es una exclusión, es una renuncia a lo que implica ser humano, es entrar a otro orden de existencia.
Viernes 20 de agosto del 2010
