Adelaida

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Conocí a Adelaida cuando se movía con soltura en el hospital de locos, bailaba a un ritmo ajeno a la música que tocaba la marimba de rehabilitación, bailaba al ritmo de su historia, sin dientes, y con su hijo adolescente que la llevaba de la mano, circulaba por la sala con una familiaridad que daba escalofríos, entonces fue cuando sentí el peso que llevaba ese hijo de una madre loca.

Qué ganas de hablar con ella me dije y media hora después ella me decía: que bonita es usted a pesar de tantos años, y agregó: yo estoy enferma de vejez prematura

–La trabajadora social y otras mujeres del personal no me reconocen, se olvidaron de mi y estudiamos juntas. Robaron mis joyas y las guardaron en una cajita en secreto, me tienen atrapada ahí y aquí hacen como que no me conocen. Soy drogadicta y alcohólica, necesito de las pastillas de afuera o de las inyecciones de aquí.

–Me di un golpe en la cabeza contra la pared por eso me trajeron, tengo dos padres y me da coraje que me digan que uno es mi padrastro, los dos me han aconsejado bien, no me gusta la palabra, padrastro.

Adelaida tiene siete hijos, a los diecinueve años ya habían nacido sus gemelas y las alimentaba con su trabajo como prostituta.

Adelaida sonríe cuando se acuerda de esas noches en que podía decir: “¡a cenar!”, y sacaba sus compras. Recuerda que su madre la reprendía pero aceptaba su dinero. Cuando regresaba la esperaban los hombres en la calle y ella empezaba a sentir miedo. Temía y teme a un hermano que la amenazaba con machetear a sus amantes. El hermano la golpeaba pero al mismo tiempo la protegía, y por esto Adelaida está agradecida.

Gabriel es el nombre de su último niño, el que la acompañaba en la sala.

–Dios me premió con don Gabriel, su padre, a él también lo tienen atrapado pero con las fotos; tienen enterradas todas sus fotos, está enfermo de los pies, tiene un palo en un pie, anda pidiendo un café, un plato de comida, no tiene nada, antes trabajaba en Pemex pero se metió con mi cuñada y de ahí vino todo, Dios es celoso y si uno tiene hijos bonitos dice que son de él y si uno les toma fotos eso no le gusta.

Me dice doctora y rectifica: hermana, y dice que le da gusto haberme conocido. Habla de un ser supremo como parafraseando el discurso de alcohólicos anónimos a donde ella iba gratis… Adelaida deambula, nada, en el océano de la locura, parece olvidarse de su hijo, fuma, le piden cigarros, saca sus “Delicados” y los distribuye entre los hombres que quieren fumar.

Tengo la sensación de no saber nada de ella, de desconocerla por completo y no puedo dejar de pensar en ese niño que la tomaba de la mano, y en sus vidas enganchadas, disimuladas, envueltas en distintos uniformes. Él me parece alegre como si su realidad le bastara y ella la dueña de la casa, sabedora de los destinos, de la magia y de la verdad del mundo, se declara poseedora de los secretos y se eleva por encima de sus cuidadores y verdugos. Ríe, no pide nada, siento que la acompaña mi ignorancia.

Adelaida se va, es dada de alta y dejo de verla, pero dos años después la encuentro de nuevo en el hospital y se dirige a mi como si me hubiera visto el día anterior.

Tengo un solo hijo, Gabriel al que usted conoció. ¿Sabe? él se ha vuelto poderoso, oye lo que Dios quiere de él y de los hombres, él puede entender esos mensajes.

Mi marido, su papá que se acostó con la Señora que esta ahí y lo “ayudo” a cuidar ese niño tan bonito y tan orgulloso que salió soberbio, tonto y guapo como su padre. Así que ese hijo mío, también es de ella, la que está aquí, la amante, la vecina. Lo sé porque la mujer, la madre de ese niño no se atreve a verme a los ojos y cuando uno tiene algo que esconder, no puede levantar la mirada. ¿a poco no se ha dado cuenta?
Afortunadamente tengo otros seis hijos! De mi primer marido, aunque me los quitaron y los llevaron con la abuela, con la familia de él. Ya le había dicho que primero tuve dos gemelos de piel clara, una la niña de ojos azules, y el niño de ojos verdes. Luego tuve a Natividad que nació el mero día de Navidad, otro lo tuve en febrero como castigo porque me fui a Veracruz al carnaval en ese mes y así los fui teniendo y los fui perdiendo… por eso estoy loca. En Veracruz hice cosas muy especiales con los hombres, cosas que uno no quieres hacer. Por eso me dio mucha tranquilidad saber que es Dios el que decide todo, aunque no entienda porque me quitó a mis hijos y me quiera rebelar, se me quitó la culpa pero la verdad la droga también me ayuda sobre todo a olvidar.

A veces ando buscando algo que ni se qué es y mi hijo me dice: ¿Qué, se te perdió algo? Como si yo me lo hubiera robado. Pero de verdad los hijos y el marido eran míos ¿o serían de Dios?
El tiempo que viví bien con mi esposo y con mi hijo, la gente me tenía envidia por lo que tenía, nosotros tres vivíamos pobres, a mi no me importa no tener muchas cosas pero la vecina se fue a meter y nos separó, todo me lo han quitado, ¿ve? ya no está Gabriel ni mi hijos, ese Dios…

Los medicamentos dejan la mente confusa, son para eso y a lo mejor es mejor. Lo que tomo es un medicamento de psiquiatría que sube y baja la cabeza y así tiene uno que estar y ya. La carbodiazepina lo hace a uno estable. El Akinetón es un regulador, yo llegué a tomarme veinte diarios. El Haloperidol también me cayó muy bien. Fíjese que sin esas pastillas no podía vivir. Cuando me quitaron a mis hijos, mi esposo me las compraba, ¿dígame usted si no era buena gente?, ¿dígame usted si no me quería?

 

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