Estudios para la no violencia I

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Estudios para la no violencia I

Estudios para la no violencia I: pensar la fragilidad humana, la condolencia y el espacio común” compilado por: Arturo Aguirre y Anel Nochebuena [1]

Estudio para violencia, Alejandro Obregón Rosés

Estudio para violencia, Alejandro Obregón Rosés

Estudios para la no violencia I muestra la diversidad de miradas e interpretaciones sobre la violencia, sus formas, sus contenidos, sus múltiples visibilizaciones, sus trampas al momento de estudiarla, sus vericuetos, sus intersticios, en fin, su constante presencia en la cotidianidad. La lectura de este conjunto de ensayos sugiere conceptualizar a la violencia como un eje transversal en la historia de la humanidad y de cada uno de nosotros. Me parece que el mérito del texto radica ahí: en la posibilidad que brinda a los lectores para observar las múltiples facetas y rostros de la violencia no sólo en el mundo sino en nuestras vidas.

15 ensayos redactados por sujetos con diferente formación académica y profesional exponen sus puntos de vista en Estudios para la no violencia tomo I. La mirada filosófica prepondera, pero se enriquece con los textos que colocan a la violencia como un hecho real medible, cuantificable y cualitativo. El libro está compuesto así porque quienes participan en él son no sólo académicos, sino divulgadores de la ciencia, periodistas y funcionarios públicos. La reunión de esta diversidad de perfiles es un mérito de los compiladores que no sólo enriquece el estudio y comprensión de la violencia sino que abre el debate al público no especializado.

Los ensayos abordan las articulaciones de la violencia con el cuerpo, con el dolor, con la biopolítica, con el miedo, con la comunidad, con el espacio común, con la fragilidad, con la tortura, con los derechos humanos, con la memoria, con la guerra contra el narco, con el olvido, con la poesía, con el género, con el exilio, con la fosa común, con el arte, con la barbarie y con su normalización y espectacularización en la vida diaria. Resulta atinado que el libro inicie con un ensayo titulado “Dos conceptos de violencia” que describe a la violencia en términos de su significado y de sus formas. Bufacchi, el autor, se centra en dos acepciones de violencia: una como fuerza física y la otra como transgresión-infracción. De ahí se desprenden las ideas de violencia política, violencia social, violencia familiar, violencia estructural y violencia psicológica entre otros.

Los ensayos que se vienen después ejemplifican cada uno de estos tipos de violencia sin dejar de lado las reflexiones filosóficas agudas y con una fineza extraordinaria como los textos de Arturo Romero Contreras y Eduardo Subirats. El primero de ellos despliega un análisis que observa a la violencia como la transgresión de la ley y la fatalidad del destino pero entrecruzado con el pensamiento judeocristiano y benjaminiano. Debo confesar mi debilidad ante Walter Benjamin por eso me voy a permitir citar algunas líneas que Arturo Romero plasma en su ensayo: “Hay una violencia divina, dice Benjamín, más allá de todo fin y de toda justificación, es una violencia mesiánica, redentora con un carácter de liberación”. Me parece que el texto de Arturo Romero se distancia de los demás en el sentido de que hace una reflexión filosófica que exige un nivel de profundidad más agudo para conceptualizar a la violencia en la humanidad. Se trata un ejercicio propositivo que los filósofos deben leer a detalle.

Kubic

Kubic

Mismo caso es el ensayo de Eduardo Subirats. De una manera concreta y sencilla, no por ello menos valiosa, Subirats aborda solo una idea. Y ello me hace pensar en la analogía que algunos músicos suelen decir: “cada nota en su lugar y en su momento, y no hay nada más.” En este sentido, el virtuosismo puede ser confundido con el deporte. Y yo creo que el mundo académico es un mundo más parecido al artesanal que al tecnológico; un mundo donde las ideas se construyen paso a pasito y a su ritmo. El de Subirats es un ejemplo de este ritmo. Su argumento se centra en el fuego de Prometeo y la civilización prometeica que comprende la escritura, la ciencia, la astucia intelectual, la rebeldía política y por supuesto, las artes. Me voy a permitir citar unas frases del último párrafo del ensayo de Subirats:

Nuestra esperanza histórica, no es la esperanza del devoto arrodillado ante los templos mediáticos de los poderes corporativos, académicos y políticos, en espera de una protección, favor o gracia de sus dioses o líderes… es más bien la esperanza prometeica del retorno del fuego a los humanos para su desarrollo civilizatorio en armonía con los ciclos eternos de una naturaleza creadora.

Es difícil dejar de comentar que la agrupación de los quince ensayos en diferentes apartados con subtítulos sugerentes habría venido muy bien al libro en su totalidad. Por ejemplo, concentrados bajo un subtema atractivo y analítico, los textos de Arturo Romero y Eduardo Subirats podrían lograr un impacto más significativo al mismo tiempo que da su justa dimensión a cada uno de los ensayos. Esta es, como dirían los mercadólogos, un área de oportunidad para los próximos tomos de esta serie de textos. Pero esto para nada demerita la riqueza de las miradas propuestas por cada uno de los autores.

Hay un punto relevante en la organización del libro que no he mencionado y que se aparece como una posibilidad de acción política. Es el asunto de que el libro es producto de la colaboración cultural entre la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP y el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP) organismo descentralizado del Ayuntamiento de Puebla. Esto es importante no sólo porque de esa convergencia se materializan productos como este libro y el diplomado de estudios de la no-violencia auspiciado por ambas instituciones, sino porque se permite aterrizar el pensamiento académico en la vida cotidiana mediante programas de instituciones gubernamentales. En el breve texto de presentación, los compiladores enfatizan el interés del gobierno municipal y la academia en “pensar y buscar las formas de contención, erradicación y prevención de la violencia por medios culturales y educativos al alcance dado, o bien por aquellos que pudiéramos crear en conjunto”. Esto me parece un hecho inusitado, pocas veces visto y por supuesto digno de celebrar.

Pero también celebro la afirmación contenida en el texto de Arturo Aguirre incluido en el libro respecto a que el problema de la violencia en México no puede solucionarse con políticas públicas o medidas policíacas. Debemos escapar a la idealización de las acciones públicas como la panacea de transformación. Seamos honestos y congruentes, la violencia estructural por eso se llama estructural, porque su transformación es un camino largo y complejo. Los antropólogos estudiosos de la hegemonía lo han enfatizado: el poder captura las pequeñas rupturas y las hace suyas. Pero ese no es el fin sino el principio. Me parece que este libro apunta a señalar esto: la violencia y sus múltiples formas merecen un análisis más cuidadoso y un plan más ambicioso y disciplinado para erradicarla. El debate en cuanto hasta dónde podremos, cómo podremos, cuáles son los obstáculos y los retos y bajo qué riesgos y pérdidas está abierto.

Aida Makoto - Ash Colour Mountains close-up

Aida Makoto – Ash Colour Mountains close-up

Finalizo con algunas ideas que la lectura de los ensayos me generó. Se plantea demasiado la falta de memoria. Es decir, el pronto olvido en que ponemos al pasado. Estuve en la presentación de un libro en la facultad de derecho de la BUAP a propósito del XV aniversario de la licenciatura en ciencias políticas. Un estudiante comentó que en México olvidamos pronto y ese es el problema. A mí me parece que partir de esta premisa es justo pensar cómo quieren que pensemos los poderes corporativos, académicos y políticos de los que habla Subirats en su ensayo. Más bien pienso que debemos pensar a la memoria como el relámpago del que habla Benjamin en sus tesis de la historia. Hay un peligro en cómo pensar la historia. Por eso creo que debemos ver a la memoria como el pensamiento y la praxis de una ciudad que al hacer su presenta diseña el pasado. Debemos ver a la memoria no como algo cerrado sino como la historia que siempre está abierta a la reinterpretación. No creo que sea fácil en un mundo como este. No estoy diciendo eso. Pero también creo que la misma desesperanza de este estudiante que manifestó su indignación por la falta de memoria puede ser una chispa capaz de crear pensamiento y acción aunque él no sea aún consciente de eso. El movimiento yosoy132 fue una chispa como la que sugiero.

Mientras leía Estudios para la no Violencia I me hice un espacio para releer los ensayos del antropólogo haitiano Michel Trouillot reunidos en su libro Transformaciones Globales. Esta lectura coincidió con el linchamiento de un par de jóvenes encuestadores en la cabecera municipal del municipio de Ajalpan en el estado de Puebla en el pasado mes de octubre. El siguiente párrafo de Trouillot da luz sobre la comprensión de este hecho al mismo tiempo que plantea a la otredad como otra mirada conceptual desde la cual estudiar la violencia.

Ninguna suma de dinero ni el reconocimiento de la culpa pueden compensar esa pérdida; sin embargo, los ademanes reparadores se vuelven necesarios para el actor justamente porque el daño es tan grande e irreparable. La imposibilidad para los descendientes de las víctimas o de los perpetradores de imaginar un futuro común, deseable y alcanzable es una de las muchas razones que explican por qué las disculpas históricas se exigen cada vez más pero siguen siendo rituales abortivos.[2]

Lo que Trouillot apunta es que nada compensa las pérdidas humanas y que si bien la reparación del daño es necesario este no cambia las cosas. Pero sobre todo, y he ahí su mayor aporte, es el señalamiento de que tanto víctimas como victimarios carecen de la posibilidad de imaginar un futuro común, deseable y alcanzable. Esto creo que es una reflexión importante para comprender el marco social en que se origina la violencia y que por supuesto tiene que ver con Ajalpan, con la construcción subjetiva del otro, con la alteridad. Como humanidad no nos visualizamos en un futuro común.

Notas

[1] Una versión previa de este texto fue leída en la presentación del mismo libro en cuestión el 30 de Octubre de 2015 en la Faculta de Filosofía y Letras de la BUAP en el marco del IV Congreso Iberoamericano de Pedagogía Social “Acción Social y Desarrollo”.
[2] La cita proviene del libro “Transformaciones globales. La antropología y el mundo moderno” traducido al español por Cristóbal Gnneco por la Universidad del Cauca en conjunto con el CESE-Universidad de los Andes editado en 2011.

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