De la Crisis Financiera en 2001 a la Filosofía de la Grieta: la política argentina contemporánea

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De la Crisis Financiera en 2001 a la Filosofía de la Grieta: la política argentina contemporánea
Jorge Lanata

Jorge Lanata

 

Introducción

Por agosto de 2013, el periodista argentino Jorge Lanata hacía referencia a la existencia de “una grieta en Argentina que ha separado amigos, hermanos, parejas y compañeros de laburo”.[1] El lugar y la entonación con la cual el periodista formulaba dicha afirmación había causado un shock en la opinión publicar argentina. Dicha frase, la cual abre camino a un sinnúmero de libros, artículos periodísticos, se expresaba en su discurso en raíz de recibir tres premios Martin Fierro por su trabajo en “Periodismo para Todos”, transmitido anualmente por Canal 13. Si bien sus dos primeras estatuillas sólo motivaron discursos en tonos de corte sarcástico, la figura de la grieta fue introducida en su tercera y más impactante aparición donde en tono solemne Lanata declaraba a los colegas congregados en el mítico Teatro Colón,

En algún momento el gobierno se irá y la grieta va a permanecer, porque ya no es política, es cultural, en sentido extenso, tiene que ver con cómo vemos el mundo. Ha separado amigos, hermanos, parejas, compañeros de laburo. Antes había más gente que yo saludaba acá, ahora hay menos y antes había más gente que me saludaba.

Fernando de la Rúa

Fernando de la Rúa

Particularmente, a pesar de la difusión mediática que se ha disparado hasta hoy, no existe una comprensión cabal de este fenómeno como así tampoco una lectura acertada respecto al evento fundante que la dispara, la crisis financiera de diciembre de 2001 que da fin al gobierno de Fernando de La Rúa.

Para suplir esta carencia, nuestra tesis es que lejos de generar división y un conflicto real, la grieta organiza formas productivas y sociales que son funcionales al capitalismo y que en razón de tal siguen replicando una precarización creciente en la masa laboral. Imposibilitados de darle a la ciudadanía una mejora real en sus condiciones de explotados, el kirchnerismo y el macrismo, por medio de la grieta, confieren un motivo a personalidades altamente frustradas y mutiladas de sentirse diferentes, especiales, únicos y que, a razón de tal condición, se han transformado en discursos altamente adictivos y atrayentes para una parte de los argentinos. Detrás de los avatares de este clivaje, la duda opera sobre el sentido de la realidad al mismo momento que ofrece un discurso falso pero sugerente para entender ese vacío de sentido. Porque esa duda no puede ser fácilmente comprobable, es que el ciudadano cree y porque lo hace termina negando la realidad. Por ese motivo, decimos que el kirchnerismo y el macrismo secular se corresponden con nuevas formas políticas que hacen de la religión su principal tótem. La ética cede ante la creencia de la misma forma que la teoría conspirativa se ha hecho parte inherente a la manera de monopolizar la explotación moderna de un sistema productivo que crece de espaldas a quienes lo sustentan.

 

 Discusión Conceptual.

Como se ha aclarado en la introducción, el concepto de la grieta denota un sentido de división entre preferentemente dos bandos antagónicos que imposibilitados para dialogar destruyen los lazos sociales preexistentes en una sociedad sacudida por diversas crisis económicas. Para reforzarla, sus defensores aluden a la historia siempre presente donde quienes la han protagonizado no pueden reivindicarse o contradecir a quienes los nombran. El lema vigente a grandes rasgos es “siempre ha habido una grieta, unitarios y federales, radicales y peronistas, extranjerizantes y nacionales etc. No huelga aclarar que esta lectura peca de ser por demás naive, exagerada y superficial. En retrospectiva, H. Arendt ya ha demostrado en su copiosa bibliografía la importancia de la política para producir la confianza entre las personas, y que en razón de tal pueden justificar su adherencia o rechazo a diferentes formas de gobierno. La selección de los partidos y sus diferentes rivalidades son instrumentos que sanan la política porque se nutre de una pluralidad de voces, las cuales desaparecen con el totalitarismo. A pesar de su gran erudición y capital intelectual, muchos pensadores alemanes aceptaron, validaron y concordaron con los preceptos racistas de Adolfo Hitler, hasta el punto que priorizaron su carisma sobre la ética. Precisamente, la monstruosidad de Hitler no radica en su forma confrontativa, sino precisamente en la falta de todo pensamiento crítico. A la pregunta ¿por qué sucedió está barbarie en un pueblo que se caracterizaba por su alta cultura?, Arendt responde que el nazismo no operó sobre los resortes cognitivos racionales de una sociedad frustrada y apagada, sino sobre la emocionalidad que propugnaba una supuesta superioridad que solamente podía ser aceptada por quienes mantenían lazos sociales débiles[2]. Como bien ha argumentado Korstanje, en anteriores ensayos, si la ideología no hubiese sido suficiente para seducir tanto al pueblo alemán de que “el judío” era un elemento corrosivo, como el ciudadano estadounidense sobre la peligrosidad que revestía “el comunista”, el miedo ofrecía un terreno fértil para el armado de un plan de disciplinamiento sistemático que a diferencia de la postura de Arendt, no eximía “al alienado” de sus complicidades, porque su ser éste era éticamente responsable por haberse entregado a esa banalidad de la política.[3]

Freddy Timmermann

Freddy Timmermann

En perspectiva, la discusión y la lección del nazismo no radica tanto en cuál es el rol del estado para garantizar el derecho de todos a su existencia, sino hasta qué punto la ética queda subordinada, desfigurada, y mutilada a la razón política. Esa parálisis que solo produce el terror puede generar un trauma lo suficientemente fuerte como para adoctrinar a toda una clase dirigente. El profesor Freddy Timmermann explica el terror producido por las dictaduras chilena y argentina, sentaron las bases para la implementación de políticas neoliberales ya sea por la pasividad de la ciudadanía sino también por la complacencia de los sindicatos. La represión y el temor que de ella ha derivado construyeron un discurso decididamente negativo respecto al espacio público y a la participación ciudadana.[4]

7.3

Por otro lado, una revisión sustancial en la historia por parte de John Kekes demuestra que los peores actos han sido cometidos en nombre de la libertad, la tolerancia y la libertad. Los torturadores de Guantánamo, la Santa Inquisición en la Edad Media o los militares argentinos que luchaban contra la subversión estaban convencidos que sus obras eran buenas, justas y que estaban luchando contra el mal en aras de la protección de sus comunidades, pero lejos de ello, estaban cometiendo actos de terrible crueldad legalmente tipificados como crímenes de estado.[5] En similar dirección, Phillip Zimbardo ha demostrado ampliamente que aun personas buenas pueden transformarse en malvadas cuando las reglas así lo estipulan.[6] En parte ello sugiere que cuando los objetivos personales o comunitarios son más importantes que “el otro”, existen serias posibilidades de romper con la realidad, para lo cual se sientan las bases de un solipsismo moral que fundamenta las bases del terrorismo.[7] Esto sugiere una pregunta por demás particular, ¿es la llamada de Lanata y su grieta una forma de llevar a la sociedad argentina al terrorismo o una guerra civil?

7.4

Seguramente, el periodista haya expresado su inquietud sobre un fenómeno -ya presente- en la atmosfera social o el imaginario, el cual capitalizado por el kirchnerismo fue precedente a este movimiento. Su sensibilidad lo ha llevado a captar un fenómeno que sin lugar a dudas nace con la crisis institucional de 2001 donde no solo las instituciones sino la clase política quedan seriamente afectadas. ¿Cuándo discutimos la grieta no cuestionamos el sentido de la realidad misma?

 

Discutiendo el concepto de Realidad.

Que es y cómo se construye la realidad ha sido un objeto obligado de discusión para la filosofía desde sus inicios, y aun hoy continúa siéndolo.[8] En este sentido, cada cultura y sus respectivas instituciones han delineado los límites de lo que consideraban creíble de aquello que no lo era. La realidad parecía esa condición inmutable, tan bien retratada por la Ilustración como la causa primera de todas las causas. La ruptura de la ilustración como proyecto cultural no solo ha modificado radicalmente el concepto de realidad, sino que centrado en un nuevo proceso económico descentralizado ha adoptado la idea que existe una realidad ajustable a cada persona.[9]

David Harvey

David Harvey

En su célebre obra, The Condition of Postmodernity, David Harvey establece que la variación en la forma de comprender la realidad se encuentra estrictamente asociadas a la forma de producir de una sociedad y o de los cambios que la obligan a tomar una dinámica particular. La relatividad como concepto se expresa por medio de una necesidad que es puramente económica. Luego de la guerra árabe-israelí en 1972, Occidente experimentó una fuerte inflación que se desencadenó en una crisis no solo económica sino en un cambio epistemológico radical, donde las principales economías ven por primera vez amenazada sus fuentes de energía orientadas a la producción. La idea de una realidad inmutable parecía legalmente posible en sociedades que producían en forma de subsistencia o a escala, como en la era fordista, pero de difícil aplicación en una nueva donde la crisis petrolera daba lugar a una fragmentación de la producción. Los expertos de marketing en conjunción a los especialistas económicos pronto experimentaron la necesidad de segmentar a la demanda, debido a que esa producción estable y asegurada en el tiempo ya no eran posibles. Desde el momento en que la producción se hizo ajustable a la demanda individual, también el concepto de lo que es real comenzó a cambiar. Siguiendo este argumento, ya la realidad no era ese objeto inmutable de los filósofos pre-socráticos, sino una proyección del mundo subjetivo. Sin duda alguna, la frase cada persona es un mundo, comienza a tomar fuerza en esta época.[10]

7.6

Por ese motivo, no se hace extraño concebir la idea que el solipsismo político tuviera su mayor punto de aceptación durante la década de los 80 y 90. Las teorías hermenéuticas elaboradas por Schutz, se entremezclaban con los postulados sociológicos de Berger y Luckmann para dar fin a una hegemonía positivista que había reinado en las ciencias sociales durante largo tiempo. Si los positivistas estipulaban que la visión y otros sentidos eran instrumentos para comprender la realidad, la hermenéutica propone una concepción novedosa, donde la interpretación selecciona cuales criterios son absorbidos y rechazados por la mente. En tal caso, la realidad no sería un constructo objetivo, sino un resultado de procesos internos que hacen a la biografía del sujeto.[11] Estos corpus teóricos postulaban una pregunta que había desvelado a los epistemólogos durante siglos, ¿cómo se construye la realidad? Berger y Luckmann citan un ejemplo ficticio que explica el proceso de reificación institucional. Aislados en una isla lejana y remota, dos personas deciden construir una sociedad, para lo cual tienen sus primeros hijos a la vez que sus necesidades fundidas con sus costumbres van construyendo las instituciones las cuales servirán como mapas cognitivos para las próximas generaciones. Dado un lapso de tiempo, estas instituciones serán una pieza clave para consolidar las leyes de la isla y con ellas aquellos mandatos que fue dándose por obra de la reificiación, entendida esta última como la convergencia entre la micro interacción y la supra estructura.[12] Al igual que los primeros filósofos pragmatistas los cuales como advierte Rorty, no negaban la “realidad”, sino simplemente concebían una filosofía sin necesidad de indagar en la realidad, los construccionistas intentaban explicar el origen del mundo social.[13] Desde sus inicios, el pragmatismo fue condenado a una mala interpretación de sus postulados básicos que llevaron a muchos filósofos a entender la realidad como una construcción exclusivamente subjetiva y al hacerlo sentaron las bases para la articulación de una concepción individualista y solipsista del mundo que ha alimentado la concepción utilitaria capitalista. En un nuevo estadio del capitalismo donde prima el “darwinismo social”, o la “lucha de todos contra todos”, la individualidad juega un doble rol. Por un lado, desliga a la política de la responsabilidad de sus actos, lo cual en la mayoría de los casos terminan en la corrupción. Pero por el otro, produce serias fallas en la comunicación que dificultan la lectura de la realidad. Si el concepto de realidad inmutable, es lo que mantenía unida a la ciudad griega, en la actualidad como suponía Arendt, el relativismo, el cual no se corresponde con un signo de avance cognitivo, mayor sabiduría o tolerancia para con el otro, evidencia el avance del darwinismo y el individualismo extremo.[14] En otras palabras, la grieta como concepción filosófica no tiene entidad ontológica por sí misma, sino es a través de la desorganización de los lazos sociales producidos por el capitalismo. Ello sugiere que la política no enfrenta al hermano contra el hermano, sino que ya los lazos entre ellos adquieren poca significación para el mundo postmoderno del consumo. A mayor producción y consumo, los lazos sociales se adaptan a la necesidad del sujeto, desprendiéndose de toda obligación.[15] Si Caín resucitara seguramente no sentiría envidia por Abel, sino simplemente indiferencia. ¿Cómo se parte esta realidad?

7.7

 

La Duda como forma de ruptura.

Sin lugar a dudas, en una sociedad donde prima la indiferencia, la única forma de generar adoctrinamiento es a través de la administración del misterio, o la instalación de una duda, tema que ha sabido muy bien explotar el núcleo perverso del kirchnerismo.[16] Cuando dos personas dialogan llegan a una forma de comprensión que no solo expresa su mundo interno, sino que encuentra un punto intermedio que explica el mundo circundante. Estas negociaciones pueden ir en mayor o menor medida ganando capacidad de explicación sobre los fenómenos del mundo externo. Cuando se introduce una duda que no puede ser validada, este mundo se quiebra, y la credibilidad de las instituciones preexistentes se desvanece. Lo explica muy bien, uno de los padres académicos del Kirchnerismo en sus trabajos sobre el significante vacío cuyo resumen intentaremos esbozar en la presente sección.

Ernesto Laclau

Ernesto Laclau

Ernesto Laclau ha sido uno de los autores pioneros no solo en la concepción del populismo, desde donde el pensamiento kirchnerista ha tomado parte de su razón de ser, sino de esa tergiversación original o imposibilidad manifiesta para poder comprender la realidad. En su libro On Populism Laclau reconsidera las bases de la estructura social exclusivamente desde el poder del discurso. Su postura filosófica exige una posición crítica del discurso hegemónico imperial donde se sitúa al populismo como una problemática de los países periféricos, ignorando las bases de la política real. El populismo es propio de toda lógica comunitaria; Laclau escribe en forma textual,

El populismo estuvo siempre vinculado a un exceso peligroso, que cuestiona los moldes claros de una comunidad racional. Por lo tanto, nuestra tarea, del modo como la hemos concebido, ha sido aclarar las lógicas específicas inherentes a ese exceso y afirmar que, lejos de corresponder a un fenómeno marginal, están inscriptas en el funcionamiento real de todo espacio comunitario. [17]

7.9

El populismo, entonces, debe ser considerado una manera (la cual lo asemeja a la táctica) que permite construir lo “político”. No debe ser definido como una patología, ni mucho menos una “aberración del poder” sino como la política en misma. Particularmente, esta sea la limitación de la literatura especializada para definir correctamente o de forma no tan difusa al fenómeno. Los primeros capítulos de La Razón Populista, comienzan con una crítica a la literatura vigente pues en la mayoría de los casos intentan clasificar al populismo dentro de un binomio donde pueblo se construye en antagonía a una razón elitista. El hecho de aplicar este modelo a todos los casos posibles implica caer en un reduccionismo, el cual a la vez lleva a una figura borrosa y ambigua. El populismo es denigrado como una manera de deslegitimarlo racionalmente. En segundo lugar, muchos de los términos empleados en los diagnósticos de los analistas políticos conllevan la carga discursiva del prejuicio, que si no tergiversa impone un sentido sobre el populismo. Esta lógica obviamente es funcional a la elite que maneja los recursos simbólicos y de producción para convencer a las clases menos privilegiadas que no hay posibilidad de superación. Si cualquier intento de expansión de ciertos grupos periféricos se etiqueta como un movimiento populista, sin definiciones claras, entonces, no es muy difícil imaginar cómo se puede abusar del término políticamente. En este sentido, su postura es sustancialmente interesante. Pero a distancia, cualquier intento de deslegitimar al populismo ignora la identidad popular que éste produce. Es entonces que nace una pregunta por demás particular, ¿en qué consiste esa identidad?

Considerar al populismo como una patología se corresponde con una retórica que olvida los alcances del psicoanálisis sobre las masas y las contribuciones de Le Bon, dice Laclau, ya que no puede haber sociología si no se toma en serio al colectivo. La sugestión se plantea como un aspecto clave para comprender a la masa y su relación con el poder. Remarcamos el poder de la sugestión, porque según el mismo Laclau, su fuerza es crucial para comprender como se articula el populismo (y la raíz de la mentalidad terrorista). La influencia de las palabras y sus significados consigna a una imagen que le es propia y que limita la voluntad individual. Este juego se mantiene inmutable al significado real.  Por ejemplo, palabras como socialismo, democracia y Republica no definen hechos en sí mismos, sino que expresan conceptos que dependen del tiempo, la cultura, pero, sobre todo, del ethos político. En consecuencia, la interpretación no solo altera la realidad, sino que fija el significante de como esa realidad es construida. La regla moral se interpreta según la posición política del grupo que la formula, y no existe fuera de éste. Por tal motivo, la teoría del significado y significante formulada por el estructuralismo es como un oasis en el desierto para el ya fatigado modelo de Ernesto Laclau.

7.10 

El Kirchnerismo, El Macrismo y la grieta.

Como veremos a continuación, la forma de comprender al populismo de Ernesto Laclau esconde una lógica del instrumentalismo la cual lleva, en ciertas ocasiones, formas reaccionarias de lo político que si no son regulados pueden instalar el germen del terrorismo. En segundo lugar, su crítica hacia el capitalismo parte y arriba a los valores culturales del capitalismo mismo (ejemplo dicotomía entre estado y mercado). El problema central en Laclau puede verse en el sentido mismo de la identidad posmoderna, transmutable según la necesidad y no la realidad. Esa realidad externa no es lo que se impone ante mí, sino lo que yo necesito de ella.  Si todo se ajusta al deseo, entonces la identidad se transforma en un producto de consumo.

Siguiendo este argumento, Korstanje ha enfatizado en la necesidad de pensar la identidad desde la perspectiva de la tragedia. Edipo sabe que no es quien debía ser, pero no renuncia a su identidad biográfica. Por el contrario, la legitimidad del capitalismo consiste en desdibujar las identidades las cuales se encuentran sujetas al deseo y no a la condición biográfica. En Argentina, el gobierno del presidente Néstor Kirchner y Cristina F. de Kirchner manipularon los derechos humanos, para junto con la tesis del significante vacío, establecer una lectura paranoide y distorsionada de la realidad. Sin la lucha de los organismos de derechos humanos que buscan la recuperación de quien biográficamente no se es, el kirchnerismo hubiese sido un proyecto inviable. Edipo duda, pero no desafía su biografía, el hijo de desaparecidos adopta una nueva identidad destruyendo su mundo emocional (sus vivencias y experiencias que son parte del nombre que lleva) con lo cual se degrada así mismo.[18] En este sentido, si bien Laclau toma de Freud su desarrollo sobre las masas debe saltar al estructuralismo para evitar el tratamiento del “principio de realidad”. A toda neurosis, dice el profesor Freud, la realidad se le impone. Llevar al contexto del momento lo que es a la regla implica una lectura parcial de lo político. Pero continuemos con el argumento mismo de Laclau y no nos despeguemos de él. Si el psicoanálisis ha enseñado algo es que todo significado y significante tienden a cruzarse de la misma forma que, Freud demuestra en su estudio El Hombre de las ratas el imaginario colectivo asocia a las ratas con el pene pues se cree ella propagan enfermedades venéreas.  Se dan “puentes lingüísticos” que hacen de las personas agentes imposibilitados de ver el significado real de las palabras y por ende del mundo social que ellas enuncian. Empero agrega Laclau, Lebon reconoce que estos cruces son perversiones del lenguaje y él no se encuentra cómodo con esa cosmovisión. Su crítica a LeBon y a Freud, por representar un obstáculo conceptual a su tesis sobre el populismo, lleva a Laclau a dialogar con autores como Moscovici y Schmitt. El primero aporta un trabajo riguroso sobre la representatividad de la realidad social, el segundo una idea de la política desde el poder mismo que lo despoja de toda ética. La sociedad persiste porque como infería Lebon las personas son sensibles a la sugestión, a la imitación y a la identificación.

7.11

No obstante, agrega el profesor de Essex, toda concepción de igualdad implica un quiebre con la jerarquía existente que aboga por la diferenciación. Paradójicamente, el discurso popular (o la construcción de esa ilusión que es el pueblo) sentaría las bases para el conflicto social y la polarización por lo cual el líder se ve, en el transcurso del tiempo enemistado con el pueblo. La construcción de la idea de un pueblo sugiere desmarcarse de esos marcadores peyorativos impuestos y anteriormente discutidos. La construcción del pueblo es posible por la articulación de un discurso que lejos de cualquier textualidad permite que lo objetivo se fundamente en lo “relacional”. No solo que la realidad se encuentra inserta en el lenguaje como afirman los pragmatistas, sino que “relación y objetividad” alcanzan el status de sinónimos. Según Laclau, el funcionalismo ha desarrollado una concepción inversa donde las diferentes relaciones se articulan dentro del sistema por acción de la función. Siguiendo el juego de las diferencias propuesto por Levi-Strauss, el profesor de Essex considera que la identidad se constituye como tal acorde a un contralor, que en juego de binomios producen el hecho social. En otras palabras, el hecho político y por medio de éste también social se determina por la acción comunicativa.

7.12

Por el contrario, la idea de un significante vacío exige un esfuerzo diametralmente opuesto. El sujeto y su significación se plantean en base a la totalidad como tal, la identidad se discute entre la diferencia y la equivalencia. Debido a que la totalidad es inalcanzable, la representación facilita las cosas. En el mismo momento en que la particularidad alcanza por medio de la representación a la inconmensurable totalidad, nace la hegemonía.  De la misma manera, el significante vacío parte del intento de nombrar algo que por su naturaleza es innombrable. Para Laclau no es posible definir al populismo desde lo ideológico, mucho menos al pueblo. A grandes rasgos, son muchas las limitaciones que implica tal empresa. El problema radica en que el pueblo es una expresión de relaciones individuales y colectivas que producen varios tipos de identidades, incluso la populista. La pugna del populismo por imponerse a otras formas identitarias no parece ser menor. El elemento constitutivo de la identidad populista, lejos de cualquier especulación, es la demanda. Aun cuando esta idea mayoritariamente presente en los textos de Laclau pero por sobre todo en La Razón Populista, se encuentre en estrecha comunidad con la equivalencia, no menos cierto es que el populismo llama a una ruptura. Los sistemas sociales funcionan gracias a que las demandas a una gran cantidad de sectores son escuchadas, procesadas y satisfechas, pero puede pasar que, un grupo de inmigrantes se instale formando una villa o una ranchada. Tendrán que vivir en condiciones precarias que serán el caldo de cultivo para diversas demandas. Si las mismas se juntan con otras provenientes de otros sectores y quedan igualmente insatisfechas por el estado, obtendremos una relación equivalencia. La consecuencia de esta limitación por parte del estado es el ensanchamiento de una brecha entre el grupo relegado y el resto del sistema. Laclau tiene entonces las condiciones necesarias para alcanzar una definición de populismo que le es pertinente a su estudio.

Aquí tendríamos, por lo tanto, la formación de una frontera interna, de una dicotomización del espectro político local a través del surgimiento de una cadena equivalencial de demandas insatisfechas. Las peticiones se van convirtiendo en reclamos. A una demanda que, satisfecha o no, permanece aislada, la denominaremos demanda democrática. A la pluralidad de demandas que, a través de su articulación equivalencial, constituyen una subjetividad social más amplia, las denominaremos demandas populares.[19]

En su propia concepción limitada, el populismo como matriz cultural no solo satisface una sustancial base de pedidos (excluyendo otros) provenientes de ciertos sectores, sino que forma una frontera escindiendo al pueblo del poder. La pregunta central es ¿hacia dónde lleva esta separación?

En forma reaccionaria a Laclau, en A Difficult World Korstanje elabora un diagnóstico sobre el génesis del terrorismo, ya no como una cuestión del radicalismo islámico, sino como factor de poder centrado en la especulación, el instrumentalismo y la extorción, todos ellos valores propios del capitalismo. El progreso por medio del cual la demanda permite la organización del trabajo como un aspecto positivo o de legitimidad, son la base de la lógica terrorista. Cabe remontarse a los albores del siglo XIX para ver como una gran cantidad de campesinos en Europa son empujados a las grandes ciudades por falta de oportunidades a vender sus productos y cultivos. Estos mismos campesinos paradójicamente encontrarán en los mismos países exportadores que los arruinó una fuente de salvación. Su arribo a nuevas tierras sobre todo a Estados Unidos no fue nada fácil. Los inmigrantes estaban sujetos a muchas privaciones y condiciones de trabajo insalubres, producto del pujante industrialismo que era paradigma en los grandes claustros académicos. Dentro de este colectivo un grupo reducido de anarquistas y socialistas entraron en conflicto con el estatus-quo. Relegados a condiciones secundarias, los anarquistas comenzaron a perpetrar ataques contra el poder real de Estados Unidos, en ocasiones con pancartas en otra con bombas que rápidamente les valió la etiqueta de terroristas. El poder represivo del estado no dubitó en identificar, torturar, perseguir y exiliar a todos los “nuevos huéspedes indeseados” acusados de terrorismo. No obstante, una facción menos radicalizada comenzó a ver en los sindicatos un contexto fértil para instalar y diseminar las ideas de igualdad que podría llevar a las conquistas sociales (que tanto admira Laclau). En forma gradual el estado entabló con la fuerza laboral una serie de derechos como la huelga, las vacaciones, la reducción de horas laborales, las cuales pronto dotaron de gran movilidad a la economía y a sus ciudadanos. No obstante, ese ideal anarquista (y terrorista) que fuese expulsado fuera de las fronteras del estado nacional americano, fue adoptado por medio de los sindicatos (anarco-sindicalismo) en una nueva entidad (regulada en un código de violencia contenida pero que puede desatarse de un momento a otro), el derecho a la organización laboral y fue entonces que, lo que fuera de las fronteras era nominado como ataque terrorista, dentro se lo consideraba una “huelga sindical”.[20] Como Michael Foucault ha observado, el poder disciplinario tiene la particularidad de extraer de la amenaza todos sus efectos más virulentos conformando una nueva y controlada situación. Lo que el virus es a un organismo, la amenaza es a la sociedad. Si el virus es disciplinado por medio de una vacuna, la cual no es otra cosa que un virus inoculado, entonces el riesgo cumple igual función.[21] Asimismo, la organización industrial que disciplinó al “terrorismo”, prioriza “la demanda” por sobre el sujeto produciendo de esta forma un instrumentalismo cuya dinámica tiene como objetivo ignorar al otro. Pero ¿en qué forma Laclau propone una tesis que puede legitimar el terrorismo?

7.13

Para responder esta pregunta es necesario adentrarse en la pregunta ¿un terrorista nace o se hace?

Los estudios psicológicos en la materia sugieren que los terroristas son formados en grupos aislados cuya característica principal radica en que consideran a las propias demandas como superiores al sufrimiento ajeno. El otro se sitúa como un instrumento para saldar injusticias que aun cuando percibidas por los terroristas son difíciles de comprobar. El proceso de victimización que sucede al discurso del terrorista es funcional a un instrumentalismo moral donde el otro no tiene valor más como medio para cumplir ciertos fines. La radicalización del pensamiento se lleva a cabo no solo porque el miembro del grupo tiene una visión negativa del mundo, sino porque se lo aísla en grupos pequeños con fines de anular el disenso acelerando el adoctrinamiento.[22]

7.14

En convergencia con lo expuesto, Laclau propone un modelo político que en lo conceptual se apoya sobre la imposición de una lógica instrumental. Ese juego del estado para incorporar demandas ciudadanas se corresponde con lo que Foucault ha bautizado como lógica disciplinaria de la maquinaria bio-política. Esta disciplina permite tomar demandas despojándolas de su virulencia original y mitigándolas de la misma forma que una vacuna es un virus inoculado. Laclau no solo apoya al estado capitalista apuntando su crítica contra el mercado, lo cual es simplemente contradictorio, sino que fundamenta una lógica de la instrumentalización por medio de la cual lo político se reduce trabajar o rechazar una demanda. Si estos requerimientos no son escuchados, entonces el grupo entra en un clivaje interno con la estructura de poder.

Para Laclau los beneficios sindicales y mejoras laborales fueron un éxito del sistema democrático que ha favorecido a las clases trabajadoras más vulnerables. No obstante, como hemos discutido, lejos de serlo, estos arreglos introdujeron el “virus terrorista” dentro de una forma nueva disciplinada por el estado moderno, la huelga sindical.  El Perón de los setenta debe sufrir los resultados directos de sus políticas del cincuenta, y al hacerlo, sienta las bases para la lucha armada. La extorción siempre presente en el sistema industrial capitalista se libera en forma de terrorismo cuando las demandas de un grupo quedan sin satisfacer por un tiempo prolongado de tiempo. Por desgracia, la teoría sociológica moderna olvida la relación entre el sistema industrial moderno y el terrorismo, y porque lo hace no puede explicar su relación con el populismo.

7.15

Fuera de sus fronteras, el estado llama terrorismo a lo mismo que dentro nomencla como huelga sindical. Cabe aclarar que, aun cuando Laclau no promueve el terrorismo en forma explícita, sus ideas alrededor del populismo son conducentes con grupos cuya impermeabilidad al dialogo político llevan a formas instrumentales de violencia que muy bien pueden desembocar en actos terroristas. Sus fines pueden llevarse a cabo no solo porque instrumentalizan el dolor ajeno, como un medio para un fin, sino porque distorsionan la realidad de forma que la demanda es más importante a la ética, el logro a la persona, el grupo al sufrimiento de otros. Si el populismo es el oxígeno principal del terrorismo, no menos cierto es que paradójicamente ha sido Carl Schmitt, por medio del cual muchos pensadores han encontrado respuestas a los enigmas del sistema democrático. El pensamiento de Laclau se hace imposible por la misma paradoja que plantea. Es importante no dejar pasar el hecho que su propio pragmatismo lo lleva a describir una situación de la vida política, al momento que instala una duda primordial que produce un efecto esquizo- paranoide de la realidad. Una ruptura que le permite al líder llenar el contenido político pero que en su naturaleza se torna auto-degenerativa. El terrorismo adquiere una naturaleza auto-degradante debido a que no es monopolio de un grupo, o de un estado, sino una dialéctica del odio que, en razón del conflicto, se recanaliza en abstracto hacia una demanda que siempre es indiferente al sufrimiento ajeno. Sus demandas son en nombre de un significante vacío que le permite moverse con libertad por los extremos. El terrorista no tiene una demanda específica que pueda ser satisfecha, sino que ésta se desdibuja con el fin de ser rellenada por sus deseos individualistas. La extorsión, herramienta extraída del sistema capitalista permite al terrorista apelar a una suerte de asesinato de victimas aleatorio que llevan el pánico a toda la población. Desde el momento en que nadie sabe quién será la próxima víctima es que el terror se transforma en la base angular del ethos societal; en otras palabras, queda liberado del poder disciplinario impuesto.

7.16

En este sentido, si como dice Walzer se entiende por terrorismo a todo ataque no convencional sobre la población inmune a los efectos de una guerra justa, la tortura perpetrada por el estado y los ataques a población civil no manifiestan grandes diferencias de sentido, son parte del mismo problema. Laclau y sus límites argumentativos hacen de la ruptura antagónica una forma relacional. Tal vez aquí resida el principio del fin, porque si en la historia el neo-decisionismo ha demostrado algo es que quien a hierro mata, a hierro muere. El post-marxismo propuesto por Laclau se encuentra más ligado al decisionismo de Schmitt que a una postura crítica sobre el capitalismo y sus consecuencias en el mundo. Como bien admite Walzer[23], el mundo de los 60 era potencialmente peligroso porque no solo desafiaba a la autoridad vigente, sino que llevaba consigo el espíritu del pensamiento absolutista que sienta las bases a la radicalización, a la idea que la revolución se encuentra próxima y uno (el elegido) está siendo parte de un proceso histórico. Esa radicalización fue radicalmente instalada en América Latina gracias a ciertos prejuicios e ideas preconcebidas que fueron comprendidas como verdades científicas. Entre ellas podemos mencionar la idea de un estado fuerte que puede regular las arbitrariedades del mercado, sumada a que la grandeza de la región ha quedado truncada por conspiraciones entre las elites locales y Washington, tema que aun cuando comprobable, no explica realmente el atraso de la región. Entre sus causas reales se encuentran la falta de capitalización por el desbalance entre precios commodities exportados y las importaciones de maquinaria para la producción (sustitución de exportaciones), seguido de una indisciplina fiscal producto de la falta de conflictos totales como las dos guerras mundiales y, por último, la preponderancia de instituciones extractivas que han históricamente monopolizaron la explotación de una gran fuerza laboral y la plusvalía derivada en pocas manos.[24]

 7.17

La Miopía de los intelectuales argentinos.

Uno de los grandes falsos preceptos de muchos intelectuales latinoamericanos, recordaba el profesor italiano Alberto Fillippi consistía en pensar al capitalismo exclusivamente como enmarcado en el libre mercado, liberando al estado nacional de su complicidad legal en la sustentación, configuración y expansión de capitalismo moderno y de todos sus flagelos. El legado de Fillippi nos ayuda a comprender los elementos conceptuales que coadyuvan en la concepción de la grieta.[25] Los pensadores latinoamericanos han desarrollado una imagen idealizada y romántica de los estados, los cuales no solo fueron ideológicamente establecidos para “borrar” ciertos grupos minoritarios, sino que se sustentaron a través de la explotación y el asesinato masivo en ocasiones por intervención directa en otras circunstancias por pasividad.[26] A pesar que el Estado Nacional haya jugado un rol decisivo en el capitalismo moderno, los intelectuales latinoamericanos parecen comprenderlo como un refugio frente a los arbitrios del mercado. El dinero y no la política parece un elemento disruptivo que conlleva a la corrupción. Desde el momento en el cual el mercado carece de toda ética, por su obsesión con la plusvalía, el estado se presenta como la única solución que puede proteger a los ciudadanos. Como bien argumentan Antonio Negri y Michael Hardt, el imperio ha desarrollado una ideología global casi irreversible en donde el estado es funcional en reducir los derechos de la masa laboral a puntos de vulnerabilidad y explotación.[27] Para algunos autores reaccionarios a esta tesis, no existe política fuera del estado-nacional, y en tanto la postura de Negri y Hardt sería un llamado a la ciudadanía a desconfiar de sus instituciones políticas, dejando un canal habilitado para el arribo del mercado.[28]

En su reciente libro Counterfeit Politics, David Kelman sugiere que la política postmoderna ha cambiado a formas donde el misterio es productor de duda, y porque lo hace, los bandos políticos pueden ganar una legitimidad que de otra forma no tendrían. A diferencia de una novela de misterio donde el detective debe investigar un asesinato y finalmente atrapa al responsable, en la política la duda jamás puede ser validada empíricamente y porque queda abierta especulaciones y conjeturas, ese significante vacío puede ser llenado por el poder discursivo.[29] La teoría conspirativa, lejos de ser una patología como sostenían los padres fundadores de la ciencia política se ha transformado en la política misma.[30] No obstante, como bien ha criticado Korstanje, Kelman aunque acertado en su diagnóstico equivoca las causas, o no las clarifica. La “conspirativa” como forma política no nace de la política misma, sino del derrumbe ideológico que puede afectar a la hegemonía. Vamos a poner un ejemplo que es análogo a la crisis financiera Argentina y que ha generado en Estados Unido la misma angustia y desesperanza (trauma) el 11 de septiembre. Este ataque planificado por Al-Qaeda sume serias negligencias en el aparato de control estatal, esa misma estructura que la ideología reafirma como altamente eficiente y totalizante. Pensar a Estados Unidos, la principal economía del mundo, como un lugar altamente inseguro no solo desafía al mensaje ideológico, sino que produce mucha incertidumbre en la ciudadanía que inmediatamente puede cuestionar a sus líderes. La conspirativa, en este caso, la complicidad del gobierno de G. Bush en permitir el atentado no solo deja intacta esa imagen idealizada del gobierno como ese ente todo poderoso que resuelve todas las amenazas en las películas o series, sino que explica que lo peor pasa porque el Estado así lo quiere. Lejos de poder ser comprobable, este hecho deja un misterio y la historia oficial no es suficiente. Descubierto que el estado no solo es incapaz de protegerlos, sino que presenta a Hollywood como un instrumento ideológico, los americanos incluso descubrieron que sus gobiernos han establecido protocolos para espiarlos sistemáticamente. Cuando la ideología no funciona correctamente, y el sistema corre riesgo de disgregarse, la conspirativa corrige las fallas para que la elite siga manteniendo la hegemonía sobre la masa laboral.[31] Lo mismo se observa con la crisis de 2001, el Kirchnerismo, la grieta y el Macrismo. Desde lo ideológico, el 11 de septiembre reveló los serios problemas de la Argentina por su rol periférico como exportador de commodities, que la lleva a la desinversión y a la descapitalización en forma cíclica, sino que la conspirativa permite creer un puente de ilusión (sobre la banca internacional, Estados Unidos y su rol hegemónico, y los medios de comunicación concentrados) a políticas que desde los inicios estaban y siguen estando condenadas a fracasar. Argentina no se desarrolla por la falta de un capital inicial que permita la industrialización, sino por la acción de potencias internacionales que promueven golpes de estado o conflictos internos. Como bien han examinado algunos pensadores postmarxistas, las economías competitivas pueden serlo solo a condición de la vulnerabilidad de los asalariados; cualquier mejora crea una contradicción porque afecta seriamente el sistema financiero por medio del cual el capitalismo se sostiene. Si la sociedad se mantiene por medio del riesgo y la confianza, una puja redistributiva solo empeora las condiciones de explotación porque la elite repatría su riqueza a lugares de menor riesgo. Como resultado, se experimentan serios problemas de desinversión.[32] El concepto productivo de plusvalía legalmente protegido por la ley y el estado no se encuentra asociado a la mejora de quien usa su cuerpo para producirla, sino para el dueño o inversor de ese capital, quien paradójicamente usufructúa mayor capital sin esfuerzo alguno.   ¿No parece la grieta que preocupa a los argentinos la mejor forma de disfrazar esta realidad?

7.18

Conclusión

Por todo lo expuesto, estamos en condiciones de confirmar que la crisis económica de 2001 produjo un cimbronazo en el poder político argentino. No solo la presidencia de Fernando De La Rua perdió toda su legitimidad, sino que la crisis amenazaba a la clase política toda. Imposibilitados de conferir a la ciudadanía avances reales, el kirchnerismo apelo a tácticas populistas que recanalizaran esa frustración en la sociedad en forma de rivalidad, y al hacerlo, hizo del show y del simulacro una razón de estado. Por tal motivo, es incorrecto suponer que la grieta divide, sino que funcionalmente organiza. En dichos términos el origen de la grieta no sería otra cosa que una manipulación discursiva y mediática para introducir medidas que de otra forma no serían aceptadas por la sociedad. Luego de la crisis financiera de 2001, la política no solo tomo nota del fuerte reclamo de la ciudadanía, sino que apeló a taticas discursivas tendientes a generar poder. En la actualidad, cualquier intento por reducir esta grieta es en vano porque ella misma es la base ideológica que lleva a miles de ciudadanos, quienes se sienten insignificantes, oprimidos, y relegados a sentir que son parte de un proceso revolucionario, histórico y único. En el caso del kirchnerismo, ese proceso extraordinario radica en establecer una nación autónoma de los poderes internacionales, industrial y pujante, mientras que en el caso del partido opositor PRO liderado por el Ingeniero Mauricio Macri la constatación de la buena política viene de la mano del progreso (cuasi darwinista), la transparencia, el dialogo, y el cambio hacia un país unido al mundo. Ambos discursos, en sus concepciones no tienden a reducir el clivaje que sustenta la política contemporánea argentina, sino que destinan recursos a mantenerla. Como alegoría discursiva, la grieta no se determina por un conflicto real, sino que es producto del declive de la confianza y los lazos sociales acelerados por el capitalismo. La duda permite la producción de escenarios contrastantes permiten dotar a la ciudadanía de confianza a instituciones que se encontraban amenazadas luego del 2001. ¡En otras palabras, le grieta es la solución sistémica “al que se vayan todos!”, por medio de la cual la frustración se transforma en devoción.

Por último, pero no por eso menos importante, dicha devoción que produce capital político ha sido ampliamente criticada por Korstanje por considerarla mágica, irreal y centrada en un simulacro el cual si no es regulado puede llevar al terrorismo. En efecto, si por un lado y con sus inflexiones el kirchnerismo y el macrismo hacen sentir a personas altamente frustradas por el capitalismo que están siendo parte de algo importante, no solo no ofrecen una solución a su sufrimiento, sino que los envuelven en un ethos radical y mágico donde se tornan impermeables al principio de realidad. La duda que es manipulada para desprestigiar al rival, jamás es aceptada en las filas propias. Dadas ciertas condiciones que puedan acelerar este proceso de radicalización (como por ejemplo la clandestinidad o la represión), la lucha armada se presenta como la única solución posible. En consecuencia, ambos movimientos que hoy se encuentran en la escena nacional, son productos de una corriente populista, producida por daños severos que el sistema capitalista le ha generado a la sociedad. La grieta se sucede como un esfuerzo discursivo exitoso del sistema para evitar la disgregación.

7.19

Retornando a uno de esos discursos que llevaron al periodista Jorge Lanata a reclamar al surgimiento de una grieta, recuerdo que en una de sus apariciones (en el mismo evento) había aparecido con un bidón de Nafta arguyendo prenderse fuego si el programa 6/7/8 de corte netamente kirchnerista resultaba premiado. La misma persona que criticaba la grieta hacia todo lo posible por ensancharla, lo cual hacía eco sobre la gran paradoja que despierta el fenómeno. Al momento que destinamos todos nuestros esfuerzos por eliminar la grieta, la hacemos más grande. Como bien escribe Zizek, nosotros los modernos no toleramos “la insoportable sensación de sentirnos una divina mierda”,[33] y nuestro narcisismo nos lleva a abrir la grieta para sentirnos “diferentes”. La grieta incita, divide, pero a la vez atrae.

Notas

[1] LANATA “HAY UNA GRIETA EN ARGENTINA…”. DIario Uno. Espectáculos. http://www.diariouno.com.ar/espectaculos/lanata-hay-una-grieta-argentina-que-ha-separado-amigos-hermanos-parejas-y-companeros-laburo-20130806-n1789
[2] Arendt, Hannah. Essays in understanding, 1930-1954: formation, exile, and totalitarianism. Berlin, Schocken, 2011.- Arendt, Hannah. “Totalitarian imperialism: Reflections on the Hungarian revolution.” The Journal of Politics 20.01 (1958): 5-43.
[3] Korstanje, Maximiliano E. “El miedo político en C. Robin y M. Foucault.” Revista de Antropología Experimental 10.6 (2010): 111-132.- Korstanje, Maximiliano. “El miedo político bajo el prisma de Hannah Arendt.” Revista SAAP 8.1 (2014): 99-126.
[4] Timmermann, Freddy. “El gran terror. Miedo, emoción y discurso. Chile, 1973-1980.” Santiago de Chile: Copygraph (2014).
[5] Kekes, John. The roots of evil. Ithaca, Cornell University Press, 2005.
[6] Zimbardo, Philip G. Lucifer Effect. New York, Blackwell Publishing Ltd, 2007.
[7] Skoll, G. “Toward a Theory of Terrorism: A Multidimensional Analysis.” Global Terrorism Issues and Developments (2008): 19-60- Skoll, Geoffrey R. “Meanings of terrorism.” International Journal for the Semiotics of Law-Revue internationale de Sémiotique juridique 20.2 (2007): 107-127.- Korstanje, Maximiliano E. “Preemption and terrorism. When the future governs.” Cultura 10.1 (2013): 167-184.
[8] Bhaskar, R. Reclaiming reality: A critical introduction to contemporary philosophy. Abingdon, Taylor & Francis, 2010.- Urban, Wilbur Marshall. Language and reality: The philosophy of language and the principles of symbolism. Vol. 69. Abingdon, Routledge, 2014.
[9] Pagden, Anthony. The Enlightenment: and why it still matters. Oxford, OUP Oxford, 2013.
[10] Harvey, David. “The conditions of postmodernity: An enquiry into the origins of cultural change.” Nueva York, NY: Blackwell, 1989.
[11] Schutz, Alfred. “Don Quixote and the problem of reality.” Collected Papers II. Springer Netherlands, 1976. 135-158.- Schutz, Alfred. “On multiple realities.” Collected papers I. Springer Netherlands, 1962. 207-259.- Berger, Peter L., and Thomas Luckmann. The social construction of reality: A treatise in the sociology of knowledge. No. 10. London, Penguin UK, 1991.
[12] Luckmann, Thomas, and Peter Berger. “Social mobility and personal identity.” European Journal of Sociology 5.02 (1964): 331-344.
[13] Rorty, Richard. Consequences of pragmatism: Essays, 1972-1980. Minneapolis, MI: University of Minnesota Press, 1982.
[14] Korstanje Maximiliano. A Difficult World. Examining the roots of Capitalism, New York, Nova Science, 2015.
[15] Bauman, Zygmunt. “Consuming life.” Journal of consumer culture 1.1 (2001): 9-29.
[16] Korstanje, Maximiliano. “Duda y realidad: El uso político de los Derechos Humanos.” Revista Mad 31 (2014): 73-92.
[17] Laclau, E  La Razón Populista. Buenos Aires, FCE, 2010, pág 10.
[18] Korstanje, Maximiliano. “Duda y realidad: El uso político de los Derechos Humanos.” Revista Mad 31 (2014): 73-92.
[19] Laclau E. ….. ibid 2010, pág 99
[20] Korstanje Maximiliano A Difficult World, examining the roots of Capitalism. New York, Nova Science, 2015.
[21] Foucault, Michel, et al. ” Society Must Be Defended”: Lectures at the Collège de France, 1975-1976. Vol. 1. New York, Macmillan, 2003.
[22] McCauley, Clark, and Sophia Moskalenko. “Mechanisms of political radicalization: Pathways toward terrorism.” Terrorism and political violence 20.3 (2008): 415-433.- Moskalenko, Sophia, and Clark McCauley. “Measuring political mobilization: The distinction between activism and radicalism.” Terrorism and Political Violence 21.2 (2009): 239-260.- McCauley, Clark, and Sophia Moskalenko. Friction: How radicalization happens to them and us. Oxford, Oxford university Press, 2011.
[23] Walzer, M. Terrorismo y Guerra Justa. Buenos Aires, Editorial Katz, 2004.  
[24] Acemoglu, Daron, and James Robinson. Why nations fail: the origins of power, prosperity, and poverty. New York, Crown Business, 2012.- Centeno, Miguel Angel. Blood and debt: War and the nation-state in Latin America. University Park, Penn State Press, 2002.
[25] Fillipi Alberto, Instituciones e Ideologías en la independencia hispano americana. Buenos Aires, Alianza, 1988.
[26] Guidotti-Hernández, Nicole Marie. Unspeakable violence: Remapping US and Mexican national imaginaries. Durham, NC: Duke University Press, 2011.
[27] Hardt, Michael, and Antonio Negri. Empire. Cambridge, Harvard University Press, 2001.
[28] Boron, Atilio. Imperio e Imperialismo. Una Lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri. Buenos Aires, CLACSO, 2004.
[29] Kelman, David. Counterfeit politics: Secret plots and conspiracy narratives in the Americas. Lanham, Bucknell University Press, 2012.
[30] Kelman, David. Counterfeit politics: The conspiracy narrative in twentieth-century US and Argentine literature. Diss. Emory University, 2007.
[31] Korstanje, Maximiliano E. “Counterfeit Politics, Secret Plots and Conspiracy Narratives in the Americas by David Kelman, Bucknell University Press, Lanham, MD, 2012, 193 pp.” (2014): 423-425.
[32] Burawoy, Michael. Manufacturing consent: Changes in the labor process under monopoly capitalism. Chicago University of Chicago Press, 1979.- Wallerstein, Immanuel. The capitalist world-economy. Vol. 2. Cambridge, Cambridge University Press, 1979.- Hobsbawm, Eric J. Age of extremes. London: Abacus, 1995.- Korstanje, Maximiliano. “Democracia y autoritarismo: la razón populista.”Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas (2013): 549-559.- Skoll, Geoffrey R., and Maximiliano E. Korstanje. “Constructing an American fear culture from red scares to terrorism.” International Journal of Human Rights and Constitutional Studies 1.4 (2013): 341-364.- Donohue, Kathleen G. Freedom from want: American liberalism and the idea of the consumer. Baltimore, JHU Press, 2003.
[33] Zizek, S. Visiones de paralaje. Buenos Aires, FCE, 2006.

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