Resistiendo a la glorificación del artista individual.

Home #34 - Estética de la mirada Resistiendo a la glorificación del artista individual.
Resistiendo a la glorificación del artista individual.

La curaduría de Codo a codo: parejas de artistas en México (2012)

4.

Tradicionalmente se ha entendido el rol principal del curador como el de una persona individual que en el espacio ascético del así llamado “cubo blanco” del museo o de la galería trata de facilitar la apreciación estética de las propuestas de los distintos artistas seleccionados considerados como “genios” (seres únicos y mayoritariamente de género masculino) con el objeto de que los visitantes se acerquen al mundo supuestamente “neutral” y eminentemente espiritual del “Arte.” A fuerza de repetición llegamos a pensar que esta concepción del artista es natural y, consecuentemente, rara vez la cuestionamos de forma crítica.

Actualmente muchos de los procesos artísticos contemporáneos se conocen, validan y legitiman no sólo a través del discurso escrito, sino a través de las exposiciones permanentes y temporales. Estos son precisamente algunos de los campos desde donde los curadores, los académicos y el mismo público participante podemos o bien seguir justificando y reproduciendo ciertas formas de interpretación de la producción cultural como las que acabo de señalar o, por el contrario, resistir y deconstruir estos y otros estereotipos tradicionales de la disciplina de la historia del arte y de la práctica curatorial para proponer, en cambio, nuevos modelos discursivos de interpretación y de deleite del arte.

En el contexto de este planteamiento quiero compartir con ustedes, a manera de un estudio de caso, la experiencia de una exposición que organicé hace cuatro años en la Universidad Iberoamericana. La muestra, donde se presentó la obra de 30 parejas de artistas modernos y contemporáneos, tuvo lugar del 17 de abril al 17 de mayo del 2012 en el espacio cultural ubicado en el sótano del edificio S de dicha universidad en Santa Fe, Cd. Méx. Tanto en la investigación que le dio sustento como en la propuesta curatorial que llevamos a cabo participaron alrededor de 30 alumnos de la Licenciatura en Historia del Arte y de la Maestría en Estudios de Arte de dicha universidad. Nuestro museógrafo fue Alejandro Matzumoto.

A través de la curaduría colegiada, de una exposición colectiva organizada por parejas de artistas, planeada para la experiencia no sólo individual, sino también grupal de los espectadores, intentamos contribuir a la construcción de nuevas formas de conocimiento sobre el mundo del arte, sugiriendo genealogías artísticas diferentes y resaltando los procesos de creación de carácter colectivo con el objeto de desafiar las jerarquías que generalmente se asocian con los artistas según su género.

4.1

Antecedentes

 

La exposición Codo a codo: parejas de artistas en México fue la segunda parte de un proyecto que comenzó como un programa editorial[1] en el que un muy nutrido conjunto nacional e internacional de académicos nos propusimos indagar sobre dos de las fuentes básicas de realización humana: el amor y la creatividad. El título que utilizamos tanto para el libro como para la exposición que aquí nos ocupa (Codo a codo) fue tomado del poema Te quiero del gran poeta uruguayo Mario Benedetti. Un poema escrito durante una etapa en la que el Uruguay y muchos de nuestros países latinoamericanos padecían dictaduras militares. Muy pronto, después de haber sido escrito, se convirtió en un símbolo persuasivo de la resistencia popular, del anhelo de libertad, de justicia social y de equidad, de la esperanza y del idealismo que animaba a una parte importante de la población de nuestros países.

El poema está dirigido a la amada del escritor, pero, al mismo tiempo, gracias al singular uso de la palabra del poeta, la amada personifica al pueblo, a todo aquel que “trabaja por la justicia,” que “siembra futuro” y que “sabe gritar rebeldía.” Esta muy acertada fusión de lo personal y lo político, que tan bellamente expresa el poeta, fue una de las principales fuentes de inspiración de ambos proyectos, tanto del editorial como del curatorial. Tratamos de evidenciar esta fuente de inspiración en la imagen gráfica de la exposición, muy sensible y acertadamente diseñada por una de las entonces alumnas de la maestría, la diseñadora gráfica Paola Álvarez Baldit, ahora ya Maestra en Estudios de Arte.

Entre ambos proyectos hubo continuidad en cuanto a las parejas estudiadas y exhibidas, pero hubo también algunos cambios, ligados principalmente con el afán de incluir en la exposición a más artistas vivos que pudieran integrarse a la propuesta y contribuir con sus propios testimonios de vida al estudio propuesto. Algunos de ellos, principalmente Iván Buenader y Máximo González, realizaron su instalación el mismo día del montaje, convirtiéndose así en una parte integral de nuestro equipo curatorial y participando posteriormente en un coloquio que acompañó a la muestra como una de las actividades académicas paralelas que fueron parte de nuestro programa de difusión.

Contra el concepto de “genio”

 

Influidos por el mito del artista, heredado desde el Renacimiento, según el cual el creador es un genio, un ser diferente, superior, solitario y generalmente de “género masculino,” dispuesto a sacrificarlo todo (especialmente sus relaciones amorosas) en aras de su obra y su creatividad, muchas veces creemos que el amor y la creatividad no son realidades compatibles.

Durante el Romanticismo, en los siglos XVIII y XIX, el concepto de genio sigue expandiéndose y se hace de forma cada vez más categórica. El concepto excluye a las mujeres artistas, quienes siempre son pensadas bajo la idea de sensibilidad (considerada como un atributo natural del género), pero no con la emoción profunda y la racionalidad asociadas acríticamente a las figuras artísticas masculinas. En la expresión de la crítica y de los mismos artistas de aquel entonces resulta común observar cómo, a partir de metáforas relacionadas con la concepción, el trabajo de parto y el nacimiento, al artista masculino se le reconoce no sólo la racionalidad tradicionalmente asociada con su género, sino también la sensibilidad propia de las mujeres, en una amalgama singular, asociada exclusivamente con lo masculino.[2]

CASPAR DAVID FRIEDRICH, EL CAMINANTE SOBRE EL MAR DE NUBES (1818)

CASPAR DAVID FRIEDRICH, EL CAMINANTE SOBRE EL MAR DE NUBES (1818)

Como es de esperar, la noción del artista-genio ha sido debatida largamente por la historiografía del arte feminista. Rozsika Parker y Griselda Pollock, dos de las pioneras principales de los estudios de género, denunciaron hace ya varios años algunos de los mecanismos a través de los cuales el mito del genio, como construcción histórica, ha sido el responsable del borramiento de las artistas mujeres de la disciplina de la historia del arte.[3] También Eunice Lipton observó que una de las formas más poderosas en las que la disciplina de la Historia del arte produce y distingue las figuras centrales de las periféricas, donde generalmente quedan relegadas las mujeres, es justamente a través de la noción del artista-genio. Dicha autora matiza, además, que generalmente lo que está por detrás de este concepto se relaciona no sólo con la lucha de poder entre los géneros, sino con los no siempre reconocidos, pero siempre presentes e influyentes fenómenos del mercado del arte.[4] Aclara la misma Lipton que más que la “calidad” artística, otro concepto muy cercano al del concepto del artista como genio, se trata más bien de una cuestión de gusto, es decir, de una construcción cultural históricamente específica que permanentemente fluye y se transforma.

No existe un estudio estadístico completo y exhaustivo sobre la cantidad de exposiciones de artistas varones y mujeres en México, pero resulta fácil observar que muchas de las exposiciones que se organizan actualmente siguen girando como antaño (en torno a la figura de un artista individual generalmente de género masculino), donde con distintos recursos museográficos suele enfatizarse el difícil camino que dichos artistas deben transitar en aras del cumplimiento de su vocación artística. Por otra parte, existen también y cada vez más, numerosas exposiciones de mujeres artistas, en este caso muchas más veces de carácter colectivo, donde se exhiben un conjunto de obras reunidas para tal efecto, aunque el único nexo que realmente las une sea el del género de sus creadoras o alguna temática tradicionalmente asociada con lo femenino, como la representación de la infancia o la maternidad, reforzando así, más que poniendo a prueba, algunos de los estereotipos tradicionales de nuestra disciplina.[5]

La muy significativa cantidad de destacadísimas parejas de artistas que existen en México, particularmente en los siglos XX y XXI, desmiente de forma contundente el supuesto arriba mencionado. En el libro colectivo que dio origen a la exposición, los distintos académicos a cargo de las distintas parejas de artistas, descubrimos que la perpetuación de la leyenda sobre el genio individual, grandioso, pero sufriente y solitario, en muchos casos no se corresponde con la vida de los mismos artistas, sino que deriva más bien de la visión o de la inercia de algunos de los historiadores del arte que en sus narraciones reiteran una y otra vez, de forma acrítica, conceptos relacionados con lo innato de la creatividad sin atender al importante papel que en la creatividad siempre juegan tanto el contexto social como el inter-personal.

4.3

En lugar del artista que acertadamente Catherine M. Soussloff denomina el artista “absoluto” también nosotros decidimos liberarlo de esta tradición que lo aísla y margina, de manera tal que sus relaciones sociales con la cultura y con otras personas, en este caso con sus parejas, pudieran ser detectadas e interpretadas.[6] En Codo a codo tratamos de equilibrar la participación femenina y masculina, de dar lugar además a parejas homosexuales y, en todos los casos, de contextualizar el proceso creativo, regresándole su dimensión temporal y sus vicisitudes cotidianas, incluyendo también la del placer y la alegría.

La curaduría

 

Para la exposición se trabajó con un grupo de alumnos. Esta vez intentamos llevar nuestras conclusiones a la práctica a través de un concepto curatorial y de una museografía diferente, capaz de superar las injusticias historiográficas tradicionales. Se evidenció la equidad y el espíritu de colaboración que generalmente anima a las parejas de artistas en sus creaciones.

Nos propusimos seleccionar obras de parejas de artistas y exhibirlas juntas, y descubrimos entonces que en lugar del concepto de influencias que tradicionalmente señala la historiografía tradicional, de forma generalmente unidireccional para ejemplificar la jerarquía superior de los artistas hombres con respecto a las mujeres, debíamos hablar más bien de afinidades, de resonancias y correspondencias, es decir, de “diálogos artísticos,” de conversaciones que las parejas de artistas mantienen entre sí a través de sus obras sobre los distintos temas que les preocupan, aún cuando la relación amorosa haya terminado. Más allá de las características formales de las obras seleccionadas, quisimos apelar a las distintas emociones de los espectadores; ya no se trataba solamente del “ojo sin cuerpo”, característico de la curaduría propia del antes mencionado “cubo blanco.”

A manera de introducción, decidimos homenajear a la pareja de dimensiones casi míticas del arte mexicano: Frida Kahlo y Diego Rivera. No sólo porque con el extraordinario amor que los unía lograron superar infinidad de obstáculos a lo largo de sus vidas, sino también porque ejemplifican de la manera más completa posible la fusión de lo privado y lo público que inspiró nuestro proyecto. Realizamos entonces una ambientación en la que incluimos dos réplicas de dos de sus obras, El pueblo en demanda de salud de Diego y Mi nacimiento de Frida, a la que complementamos con réplicas de la diosa del parto Tlazolteotl, que sirvió de inspiración a ambos artistas en sus obras, evidenciando así el tema subyacente de las muchas relaciones que existen entre sus obras. Complementamos la ambientación con un dibujo de Diego de un niño, símbolo del futuro de México que tanto preocupaba a ambos.

Una vez seleccionadas las obras comenzamos a analizarlas y discutirlas, y empezamos a descubrir que algunos de los temas a los que aludían eran temas compartidos no sólo por la pareja en cuestión, sino por algunas de las otras parejas de artistas de la muestra. Llegamos a constituir así seis núcleos temáticos principales, concebidos a partir de los diálogos artísticos existentes entre nuestros artistas, mismos que nos permitieron romper con todas las clasificaciones cronológicas y estilísticas tradicionales, y atender más bien al contenido poético y humano de las mismas obras.

Comenzamos entonces por el tema que titulamos De nuestros orígenes, que ejemplifico aquí de forma detallada. A través de nuestra selección de obras constatamos cómo es que los artistas dialogan con sus parejas y con otros artistas a través del tiempo, en un intento por definir una identidad nacional relacionada con la reactivación de las ricas obras del período prehispánico y de las extraordinarias artesanías nacionales. Para evidenciarlo introdujimos en la exposición una fotografía de una estatuilla totonaca que sirvió de inspiración tanto a Xavier Guerrero como a Clara Porset en las obras expuestas; y una olla de barro negro de Oaxaca del tipo de las valoradas y expuestas en las fabulosas exposiciones organizadas por dichos artistas, además de tratarse del tema de varias de las fotografías de Tina Modotti y Edward Weston, y del origen geográfico donde desarrollan sus vidas y carreras Francisco Toledo y Trine Ellistsgaard, quienes a través de variadas técnicas reactivan también la tradición artesanal mexicana.

EDWARD WESTON, DESNUDO DE TINA MODOTTI (1925)

EDWARD WESTON, DESNUDO DE TINA MODOTTI (1925)

Continuamos después con el núcleo titulado, De la historia y del destino; De nosotros y de los otros; Ser uno con la naturaleza; Del poder del arte; y finalmente, De amores y desamores, que tratamos de forma individualizada según el conjunto de obras representadas, rompiendo siempre con los paradigmas de clasificación tradicionales. La sección dedicada a Alice Rahon y Wolfgang Paalen, en diálogo con tres alebrijes del taller de los Negrete, ejemplifica el provecho extraordinario que puede obtenerse al animarse a franquear los límites que la disciplina de la historia del arte impone al clasificar el Arte y las artesanías, el Arte y el diseño, etc.

La obra de Sandra Pani estuvo acompañada por música de su esposo, Mario Lavista; y el diálogo artístico establecido por Tania Candiani y Enrique Ježik en un video especialmente realizado para la exposición fue exhibido en el espacio de una bodega que reacondicionamos como cine. La instalación de Máximo González e Iván Buenader se ubicó en la parte abierta de la galería para aprovechar la vista aérea desde los distintos auditorios del edificio. Como mencioné antes, la participación de artistas contemporáneos vivos, algunos de ellos muy activos con todo el proceso de la exhibición (desde la selección de obra hasta los requisitos propios del montaje y la instalación misma), ayudó también a democratizar el proceso, entendiendo a la construcción de conocimiento como un proceso colectivo entre curadores y artistas, y no individual, desde uno de los lados de forma excluyente.

La participación del público

 

En cuanto al importante tema de la relación de la exposición con el público nos insertamos en la reciente tradición curatorial según la cual la exposición no está planeada exclusivamente para la contemplación estética, sino para causar una participación activa del visitante, para crear un intercambio y un diálogo.

La interacción con el público comenzó antes incluso de inaugurar la muestra a través de una actividad que llevamos a cabo el Día de la Comunidad de la misma Universidad, en dónde ofrecíamos todo tipo de aditamentos artísticos a la gente para que se disfrazara y posara como parejas de artistas que luego eran fotografiados. La actividad fue todo un éxito y ayudó a comenzar a desmontar algunos de los prejuicios relacionados con el arte y los artistas a través de una actividad eminentemente lúdica.

Para favorecer la participación activa del público optamos por dejar fuera las interpretaciones académicas juzgadas como indispensables. De forma más amplia, introdujimos más bien fragmentos de poemas, en su mayoría de autores de habla hispana como José Hernández, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Aurora Reyes y Rosario Castellanos, estrategia que efectivamente fue muy bien recibida por el público. Los distintos tipos de cédulas (individuales, interpretativas o poemas) constituyeron un sistema caracterizado por tamaño y color que contribuyó al buen funcionamiento de la muestra. Para los que querían saber más, teníamos una computadora en la que podía consultarse el catálogo interactivo que diseñamos para la exposición.

Empeñados en que nuestros visitantes se sintieran bien acogidos en nuestro espacio, complementamos nuestro mobiliario con un conjunto de 8 sillas diseñadas por el colectivo de diseño Eztprime. Una estilización de los tradicionales equipales mexicanos, visualmente muy atractivos, que complementaron maravillosamente bien la amalgama de tradición y modernidad expresada en la muestra. Reconocíamos así que los espectadores son seres humanos completos, no sólo ojos que ven; son cuerpos enteros que se cansan y necesitan sentarse, y que, sentados, solos, o en parejitas de a dos, permitían y estimulaban el diálogo dentro de la galería, desmitificando así el concepto de la experiencia individual de carácter casi religioso característica del cubo blanco.

El diálogo fue estimulado durante todo el tiempo en que la muestra estuvo exhibida, porque los alumnos que realizaron la curaduría realizaron turnos para conversar con el público sobre nuestras propuestas, objetivos y sobre todos los temas que iban surgiendo del público mismo. Todo esto con excelentes resultados.

Ideamos además algunos espacios y objetos diseñados precisamente para la participación de los visitantes. La primera propuesta que quiero comentarles fue diseñada por un alumno de Licenciatura, Tonatiuh López Jiménez, y consistía en unas mirillas a las que se enfrentaba el público como si se tratara de una obra más, con las siguientes instrucciones escritas por el mismo alumno:

Dicen por ahí que cuando dos personas que se aman pasan mucho tiempo juntos terminan por parecerse. Lo cierto es que, al menos en alguna etapa de una relación, la visión que tenemos del mundo se comparte y hasta se mimetiza. Pero ¿será posible que nuestros ojos vean lo mismo que ven los de la persona que amamos?

¿Serías capaz de diferenciar cuáles de estas fotografías –tomadas durante el tiempo que duró su romance– pertenecen a Edward Weston y qué otras a Tina Modotti?

Asómate a las mirillas y descubre cómo el visor de la cámara orilló a este par a ser uno siendo dos.”

A través de un espacio lúdico que invitaba a la observación activa se ponían a prueba muchos de los estereotipos característicos de la historia del arte que la exposición se proponía desmontar. Gracias a los descubrimientos de los espectadores, tras observar las fotos, concluían que efectivamente no había forma de distinguirlos visualmente.

Otra estrategia participativa que quiero comentarles consistía en la exhibición de un cuaderno, diseñado en este caso por una educadora del arte y alumna de Maestría, Nancy Galván, con las siguientes indicaciones, también redactas por la misma alumna: “En este libro puedes leer poemas y fragmentos de cartas que escribieron Nahui Olin y Dr. Atl, además de algunas reproducciones de sus dibujos y esténciles para portadas. Es una invitación abierta para que los ilustres, comentes, continúes, escribas nuevos, en fin, para que los hagas tuyos dejando tu voz y tus trazos.”

La participación de la gente fue notable pues estimulados por la propuesta intervenían los poemas incluidos en el cuaderno, creaban otros, realizaban dibujos e incluían todo tipo de reflexiones en torno a lo experimentado en la exposición.

Otra estrategia interesante de acercamiento al público y a los artistas que participaron en la muestra consistió en la realización de un fotomontaje, en este caso realizado por el fotógrafo y alumno de la Maestría Jorge Arreola Barraza, donde se agruparon, como en una gran foto de familia, a todas las parejas de artistas representados en la muestra, tanto a las históricas del siglo XX, como a las contemporáneas del siglo XXI. La imagen contribuyó a la desmitificación de esta nociva idea del artista genio, dándole vida a los artistas que se resignificaban al entrar en contacto con otras parejas, resaltando su individualidad y su relación tal y como había sido fijada en la imagen, motivando el animado diálogo de todos los participantes interesadísimos en ponerle cara a los autores de las obras que habían conocido, y de los mismos artistas que nos acompañaron en la exposición, divertidísimos de verse posando frente a otros de otros tiempos.

Otra forma interesante de activar la exposición fue que además de las actividades académicas planeadas, especialmente de los coloquios especializados uno con algunos de los autores del libro, y otro con algunos de los artistas de la expo, realizamos un concierto de jazz en la misma sala de la exposición, reiterando así la propuesta principal de la muestra de acercar el arte a la gente de forma alegre y creativa.

Creo que en las respuestas entusiastas por parte de este público participativo, es en donde podemos afirmar orgullosos que alcanzamos algunas de las metas que nos propusimos, principalmente, la de desmontar algunos de los parámetros tradicionales de la disciplina de la historia del arte, acercando a un público no especializado a entender y disfrutar otras formas de hacer exposiciones y de escribir la historia de forma más justa, desprejuiciada y amena.

Con el enfoque comparativo con el que abordamos nuestra curaduría de la historia del arte mexicano moderno por parejas, pusimos a prueba muchas creencias que comúnmente se asumen acríticamente como verdaderas, y desafiamos la individualidad extrema que caracteriza a la disciplina de la historia del arte, acostumbrada a destacar personalidades aisladas, a jerarquizar sus potenciales creativos, muchas veces partiendo exclusivamente del género del artista en cuestión, especialmente cuando se trata de la obra de un artista varón.

Del conjunto de las investigaciones realizadas para el libro, y de los resultados interesantes que obtuvimos a través de la interacción con el público en la exposición, se concluye que en la mayoría de los casos considerados, el arte no es una actividad solitaria y torturada, sino compartida e incluso, para muchos alegre; que el origen del inicio de una carrera artística o el medio artístico utilizado, poco tiene que ver con el valor estético e histórico de la producción artística concreta; y que muchas veces, fue justamente la relación de pareja establecida entre los artistas, el elemento crucial para poder romper, paulatina pero eficazmente, con algunos de los opresores moldes de género tradicionales.

El desmantelamiento de algunos de los conceptos tradicionales de la historia del arte que nos propusimos realizar en Codo a codo, en especial el concepto del heroico “genio” masculino aislado y superior, reconociendo en cambio el importante papel tanto personal como profesional de sus relaciones amorosas, y destacando el valor estético e histórico de las obras realizadas por ambos miembros de las parejas en pie de igualdad, nos sirvió también para reducir las distancias entre los espectadores y las obras de arte exhibidas, creando un ambiente más libre y relajado para acercarse al arte con más libertad.

Espero que estas reflexiones de carácter más práctico que teórico sirvan para estimular el seguir pensando sobre el papel legitimador o deslegitimador de las exposiciones temporales y para planear nuevas estrategias curatoriales que impacten en el arte y en nuestra construcción de la disciplina y de la historiografía del arte en México.

Bibliografía

 

  1. Battersby, Christine, Gender and Genius: Towards a Feminist Aesthetics, Indiana University Press, Bloomington, 1989.
  2. Comisarenco, Dina, ed, Codo a codo: parejas de artistas en México, Universidad Iberoamericana, México DF, 2013.
  3. Lipton, Eunice, “Here Today, Gone Tomorrow? Some Plots for a Dismantling”, The Decade Show: Frameworks of Identity in the 1980s, New Museum of Contemporary Art and the Harlem Museum New York, 1990.
  4. Mayer, Mónica, “Aseveraciones y estadísticas en torno al tema de la mujer/arte”, Museo de Mujeres, MUMA. http:/www.museodemujeres.com (consultado el 17 de abril de 2013).
  5. Nochlin, Linda, Women, Art, and Power and Other Essays, Harper and Ros New York, 1988.
  6. Pollock, Griselda, “Artists, Mythologies and Media Genius, Madness and Art History” Screen 21, no. 3. 1980.
  7. Soussloff, Catherine M., The Absolute Artist: The Historiography of a Concept. University of Minnesota Press, Minneapolis, 1997.
  8. Wolff, Janet, The Social Production of Art, Macmillan, New York, 1981.

Notas

[1] Dina Comisarenco, ed, Codo a codo: parejas de artistas en México.
[2] Christine Battersby, Gender and Genius: Towards a Feminist Aesthetics, p. 73.
[3] Griselda Pollock, “Artists, Mythologies and Media Genius, Madness and Art History”, pp. 82-113.
[4] Eunice Lipton, “Here Today, Gone Tomorrow? Some Plots for a Dismantling”, p. 29.
[5] Mónica Mayer señala como ejemplos de este penoso fenómeno a las exposiciones Diferencias Reunidas del Palacio de Bellas Artes de 1998 y a Ocho mujeres en el arte hoy, también del mismo año, en el Museo de Arte Moderno, a lo que agrega que “basta checar estadísticas de estos dos espacios para ver que la mayoría de las individuales son de hombres.”
[6] Catherine M. Soussloff, The Absolute Artist: The Historiography of a Concept, p. 5.

Leave a Reply

Your email address will not be published.