Crítica y reflexión sígnica

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Crítica y reflexión sígnica

Resumen

El artículo está dividido en tres partes: la primera sección expone aquella propuesta del estadounidense Seymour Chatman vertida en Historia y Discurso (1978). La segunda sección revela sus fallas y pone en duda su idea central: una historia puede ser soportada por cualquier medio y conservarse sin importar el cambio de discurso. La tercera sección ofrece una síntesis de los puntos abordados y las conclusiones sobre ellos. Los puntos son: la diferencia entre el signo lingüístico y los demás tipos de signos, conciencia de la heterogeneidad de los sistemas a que pertenece cada signo, y las repercusiones sobre el paso de un sistema semiótico hacia otro sistema semiótico diferente. La conclusión final afirma que una historia pierde datos, información y estética cuando pasa del sistema semiótico original a otro sistema semiótico distinto.

Palabras clave: Discurso, signo, historia, sistema semiótico, Seymour Chatman.

 

Abstract

The article is divided into three parts: the first section shows the proposal done by the American film scholar Seymour Chatman in Story and Discourse (1978). The second section reveals his flaws and casts doubt on his main idea: a story can be supported by any means and kept, no matter the discourse changes. The third section provides a summary of the issues addressed and conclusions on these. The issues are three: The difference between the linguistic sign and other types of signs, the heterogeneity awareness of the systems that belongs to each sign, and the impact on the transition from one semiotic system to a different one. The conclusion asserts that a story loses data, information and aesthetics when it moves from one original semiotic system to a different semiotic system.

Key words: Speech, sign, history, semiotic system, Seymour Chatman.

 

Este artículo rebate la teoría del profesor estadounidense Seymour Chatman que fue redactada en Historia y Discurso hacia 1978, pues su idea central afirma lo siguiente: una historia puede ser soportada por cualquier medio y conservarse sin importar el cambio de discurso (o, mejor dicho, la historia puede preservarse durante el cambio de un sistema semiótico hacia otro). Para descartar bien esa propuesta se demuestra la diferencia entre el signo lingüístico y los demás tipos de signos, así como también la heterogeneidad de los sistemas a que pertenece cada signo.

Seymour Chatman estudió la estructura narrativa de la ficción y meditó acerca del cine. Ambas situaciones lo llevaron a pensar que una historia puede pasar de la literatura al cine o viceversa. Bajo su consideración era posible porque tuvo en mente un concepto de “estructura” muy abstracto, es decir, la estructura a la cual apelaba no poseía una forma específicamente lingüística o cinematográfica. Ahora se muestra la manera en que llegó a tal aseveración:

  1. Primero realizó una síntesis de las ideas más convincentes sobre la estructura narrativa de la ficción que propusieron anglo-americanos, rusos y franceses. (Booth, Barthes, Bajtín, Todorov y Genette).
  2. Luego recurrió a la noción de “estructura” y utilizó tres conceptos acuñados por Jean Piaget (integridad, transformación y autoregulación) para corroborar si su concepción de historia tenía una estructura específica.
  3. Retomó dos dicotomías lingüísticas: una de Saussure (Expresión/ Contenido) y una de Hjelmslev (Forma/ Sustancia).
  4. Más tarde planteó en el estudio de la narración un qué (Historia) y un modo (Discurso).

Así, para Seymour Chatman:

A) La historia (es el contenido)

  • La forma del contenido = son los sucesos (conformados por: acontecimientos/ acciones) y los existentes (conformados por: personajes/ escenario).
  • La sustancia del contenido = es la gente o también las cosas; pero ya transformadas por el código del autor.

B) El discurso (es el tipo de expresión que enuncia dicha historia)

  • La forma de la expresión = es la estructura (abstracta) de la transmisión narrativa.
  • La sustancia de la expresión = es la manifestación (física) verbal, cinematográfica, etc.

Según este profesor estadounidense, la historia cuenta con elementos propios, pero no son palabras, más bien, son sucesos, situaciones y conductas; pues la historia posee un significado autónomo e independiente de la manifestación (física) que la soporta. Reafirmaba que el esquema general de cualquier narración es un conjunto de enunciados (no precisamente lingüísticos) y que en cada discurso artístico existen enunciados cinematográficos, fotográficos, etc. También aclaraba que hay dos tipos de enunciado: de proceso (porque relatan, como los verbos: hacer/suceder) y de inacción (porque presentan, como el verbo es, de alguna manera sólo demuestran la existencia o estancia de las cosas). En términos concretos, él entendía la historia como contenido, el medio como soporte y el discurso como enunciación.

La propuesta teórica de Seymour Chatman asume los demás signos y sistemas como si fueran semejantes al signo lingüístico y a su sistema, tratando de adecuar términos como enunciado u otros parecidos al cine. Esto es grave porque: “[…] se parte desde el lenguaje para estudiar los demás sistemas de signos […] pero con el riesgo de imponer a fenómenos diferentes el modelo lingüístico, reduciendo así la capacidad semiótica a un acto de denominación (o de redenominación)”.[1]

Pensar que hay enunciados, morfologías, sintaxis o gramáticas en otros sistemas semióticos no constituye ninguna aportación científica aunque los conceptos se apliquen en sentido metafórico o aunque se utilicen sólo como modelo temporal para guiar una reflexión teórica. Para 1962 Colin Murray Turbayne explicaba en su obra titulada El mito de la metáfora que podemos ser utilizados por nuestras propias metáforas y caer en el error de creerlas literalmente, y en este caso particular: dar por hecho que los demás sistemas semióticos funciona más o menos como lo hace el signo lingüístico al interior de su sistema.

Los argumentos más fuertes que invalidan la propuesta teórica de Seymour Chatman son los siguientes:

  1. Los signos de cada disciplina y ciencia tienen una naturaleza diferente, porque no codifican, ni soportan, ni vehiculan del mismo modo los datos e información y tampoco surten el mismo efecto en los receptores. Estos diversos tipos de signos sólo se significan y tienen sentido al interior de sus sistemas. Ofrezco un ejemplo: En la ejecución de una pieza musical los signos contenidos en ella son generados alternada o coetáneamente durante un determinado periodo de tiempo. Y la pieza musical será más compleja y quizá más estética si se mezclan múltiples signos musicales. Esto no puede hacerse con el signo lingüístico, ya sea de manera oral o escrita, porque enviar varios signos lingüísticos al mismo tiempo produciría una confusión ante cualquier receptor, en términos de comunicación o hasta en términos artísticos. Lingüísticamente debe ir un signo después de otro para seleccionarse su significado y comprenderse. La tradición lingüística describe esa característica fundamental como carácter lineal del signo lingüístico o linealidad del signo lingüístico. Theodor Lewandowski lo explica en su diccionario al decir que se trata de: “El ordenamiento sucesivo (o) la sucesión temporal del hablante frente a la simultaneidad de los elementos en el sistema de la lengua […]”.[2] Baste con la cita y el ejemplo anterior para concientizar sobre la naturaleza disímil de los tipos de signo que hay y observar bien las implicaciones del significado en cada uno de sus sistemas particulares. Corroborando de una vez por todas la intraducibilidad entre sistemas.
  2. Los sistemas son heterogéneos y cada uno trabaja con normas convenidas, pues, para codificar y enviar datos o información (estética o no estética) durante la comunicación deben pactarse ciertos parámetros, desde los signos a emplearse hasta el sistema entero, siendo únicamente esa la manera de estabilizar el significado. Por estas razones hay pérdida de datos e información si se realizan traslados:

Puede hablarse, con Benveniste, de un ‘principio de no redundancia’ entre sistemas semióticos: ‘Dos sistemas semióticos de tipo diferente no pueden ser mutuamente convertibles (…) El hombre no dispone de varios sistemas distintos para la misma relación de significación.’ El significado no puede existir fuera de la relación con su significante y el significado de un sistema no es el de otro.[3]

En pocas palabras: Seymour Chatman vicia los signos y los sistemas (al menos los signos y sistemas que pone de muestra) cuando afirma que una historia puede conservarse al pasar de un tipo de manifestación a otra (de la literatura al cine, del cine a la literatura, etc.). Él pierde de vista lo que se involucra y las consecuencias, pues dicho traslado genera cambios drásticos en el significado de una historia, dejando ver así contradicciones alarmantes, a pesar de estar pensando en un concepto de estructura muy abstracto.

Hasta aquí sólo se ha rebatido la preservación de la historia en el paso de un sistema semiótico original hacia otro sistema semiótico diferente. Ahora bien, si nos quedáramos en un sistema semiótico como el de la literatura y tratáramos de narrar la misma historia con palabras y sintaxis diferentes, se podrían ratificar nuevamente las modificaciones significativas en los acontecimientos, acciones, en el carácter de los personajes o en las tramas. Como ejemplos están las distintas historias de Fausto o de Don Juan. Esto es contundente, ya que a todo cambio en la forma incumbe un cambio en el contenido, porque las dicotomías lingüísticas están estrechamente implicadas, sea significante y significado o sustancia y forma.

Debo puntualizar que todo signo es inestable y que mucho más inestables son los signos no lingüísticos, por ejemplo: el signo lingüístico, a pesar de ser también arbitrario, pertenece a un sistema normativo de mayor rigor y tiempo de uso. Los signos no lingüísticos, aunque comparten lo inmotivado, la evolución y el cambio semántico, no han sido tan convenidos, experimentados y empleados al interior de un sistema convenido que regule su significación.

Por tales razones, cualquier olor, color u objeto pueden convertirse en signos no lingüísticos y significar cualquier cosa para cualquier hombre, independientemente del país, lengua, cultura, edad, etc. En caso diferente está el signo lingüístico, ahora doy otro ejemplo:

Cuando digo o escribo la palabra “mano”, los nativos de la lengua española, mayoritariamente comprenderían que me refiero a un “miembro” del cuerpo humano. O interpretarían de manera más controlada lo que podría significar “mano”, porque el signo lingüístico está más acotado y no significa cualquier cosa, pues existe un rango de “significados posibles” y más o menos convenidos. Además:

Como ya lo había observado Cassirer, el lenguaje es el único sistema semiótico con la ayuda del cual puede hablarse de otros sistemas y de él mismo. Benveniste: ‘[argumenta que] Toda semiología de un sistema no lingüístico debe acudir al trujamán de la lengua y por lo tanto sólo puede existir en y por la semiología de la lengua’.[4]

En la primera sección se explicó la propuesta teórica de Seymour Chatman, después se demostró lo insostenible de su afirmación principal al recordar con algunos ejemplos la naturaleza de cada signo y de cada sistema, especialmente el signo y sistema lingüístico; porque en cada tipo de signo y sistema los usuarios codifican, transmiten y decodifican los datos e información de manera distinta. La propuesta del profesor estadounidense podría tener cierta operatividad si los requerimientos narrativos fueran mínimos, es decir, siempre y cuando la historia fuera corta y sencilla. Pero no así cuando la historia posee muchos detalles, rasgos, temas, sucesos, acciones, tiempos o tramas. Más aún si cada suceso, situación y conducta es semánticamente importante.

En su defecto piénsese y demuéstrese cómo podría una foto, una escultura o una pieza musical soportar y trasvasar la historia de la Ilíada, el Quijote, la Biblia, la Divina Comedia, Los Miserables o el Ulises. Sería ingenuo pensar que la estructura abstracta de esas historias es sencilla o que podríamos evitar la amputación estética si las reducimos a unos cuantos signos visuales, táctiles, etcétera. Finalmente debe aceptarse que cada historia (con su estructura narrativa) fue pensada y construida (por muy abstracta que sea) bajo un tipo de signo y sistema específicos, y que sólo en ellos recae su significación, sentido y belleza.

 

Bibliografía

  1. Chatman, Seymour. Historia y discurso: la estructura narrativa en la novela y en el cine, Madrid, Taurus, 1990.
  2. Ducrot, Oswald. y Todorov, Tzvetan. Diccionario de las Ciencias del Lenguaje, México, Siglo XXI, 2001.
  3. Lewandowski, Theodor. Diccionario de Lingüística, Madrid, Cátedra, 1995.

 

Notas

[1] v. Oswald Ducrot. y Tzvetan Todorov. Op., cit., p. 110 y http://reflexionesmarginales.com/3.0/wittgenstein-y-las-ruedas-que-giran-en-el-vacio/#_ednref1
[2] v. Theodor, Lewandowski, Op., cit., 210 y http://reflexionesmarginales.com/3.0/wittgenstein-y-las-ruedas-que-giran-en-el-vacio/#_ednref1
[3] Oswald Ducrot. y Tzvetan Todorov. Op. Cit., p. 110. v. http://reflexionesmarginales.com/3.0/wittgenstein-y-las-ruedas-que-giran-en-el-vacio/#_ednref1
[4] ídem.

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