Los Escritos de Lacan y la re-escritura del sujeto. Hacia una discusión de su legado

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Los Escritos de Lacan y la re-escritura del sujeto. Hacia una discusión de su legado

JAMES MCNEILL WHISTLER, NOCTURNO EN GRIS Y ORO (1876)

Resumen

El ensayo nos muestra la actualidad del legado de la obra de Lacan medio siglo después de su publicación. A partir de la elucidación introductoria de la noción de sujeto el autor despliega una larga apostilla a la cuestión de estilo, escritura y pensamiento desde los Escritos de Lacan en torno al pensamiento contemporáneo.

Palabras-clave: sujeto, escritura, verdad, Lacan, pensamiento contemporáneo.

 

Abstract

The essay analyzes the actuality of the legacy of Lacan’s work half a century after its publication. From the introductory elucidation of the notion of subject the author presents a long apostille to the question of style, writing and thought from the Writings of Lacan around contemporary thought.

Keywords: subject, writing, truth, Lacan, contemporary thinking.

 

1

Jacques Lacan es nuestro contemporáneo. Sigmund Freud, Nietzsche y Spinoza también son nuestros contemporáneos. Si Jorge Luis Borges, otro contemporáneo, había dicho que ser moderno es ser contemporáneo, ser y estar en el tiempo desde una experiencia innovadora y alumbrar otro porvenir, sería Lacan, sin lugar a dudas, el testigo escrutador más contemporáneo de todos los contemporáneos. Lacan hoy más que nunca es nuestro contemporáneo, nos ha enseñado a leer de otra forma a Freud, quien nos ha enseñado a leer y re-escribir de otra forma a Nietzsche, a Spinoza, así como a la literatura, la lingüística, el pensamiento y la cultura occidentales; ante todo no solamente ha modificado las prácticas de lectura sino también la misma noción de práctica; práctica clínica, práctica analítica, práctica social. Ningún discurso, obra, pensamiento relevante de las humanidades, artes, ciencias sociales y humanas, estudios culturales, estudios de género y postcoloniales puede prescindir de Lacan. Derrida, Deleuze y Agamben, por mencionar tres pensadores fundamentales de finales del siglo XX y principios del XXI, resultan inconcebibles sin la relectura crítica de Lacan. El retorno a Freud, propuesto por Lacan como bandera de guerrilla intelectual en la escena francesa, implica –menos un regreso al padre del psicoanálisis y a sus textos fundamentales que– un retorno al espíritu vivo que anima su creación. Trabajo de desmarcaje, el retorno está muy lejos de la aceptación acrítica de Freud, opera un desplazamiento sutil, arriesgado, polémico, comprometido con pensar la teoría y la clínica desde otra perspectiva y hacia otros linderos. Lacan siempre estuvo en la búsqueda de otros lenguajes, formulaciones, teorías, teoremas, matemas, grafos, grafías, hasta el último instante estuvo renovando el pensamiento y lenguaje con otros recursos de expresión y de comunicación, es sintomático que Lacan muera, con un nombre falso y con problemas de afasia el 9 de septiembre de 1981. Nunca dejó de estarse re-escribiendo, rehaciéndose como sujeto de enunciación y de experimentación.

En principio habría que decir que los Escritos de Lacan son una invitación a re-leer de otra forma la palabra escrita del psicoanálisis, la clínica, la psicología y la psiquiatría, pero también, una invitación a re-leer desde otra deriva, otro margen, la otra orilla (según la expresión del poeta y ensayista Octavio Paz, cuya poética, a pesar suyo, está transida de psicoanálisis), la filosofía, el arte y la cultura. Lacan escribe y re-escribe en y desde el umbral. En los bordes, fines y confines de la letra y de los litorales. La dificultad de su escritura y de sus seminarios dan cuenta, de forma un poco inexacta, pero próxima, de un ser pensante-parlante que siempre se arriesga, que está jugándose el todo por el todo, para nada. Frente a las lecturas ortodoxas y acríticas de epígonos freudianos y lacanianos, Lacan se sacude de todo ismo, escuela, doctrina y se asume lector de Freud. Releer a Freud resignifica un pensamiento, una práctica clínica, un ejercicio de interpretación, a partir de un contexto emergente, problemático, aporético, sin que por ello se salga ileso, algo queda de semejante batalla consigo y ante el mundo: el teatro del pensamiento tiene sus secuencias y secuelas. En contrapartida, abre una grieta imposible de suturar en el pensamiento y cultura contemporáneos.

Después de Lacan la filosofía jamás podrá tener otra certeza que la certidumbre paradójica, acaso victoria pírrica, de su propia devastación. La afirmación de que “el sujeto del psicoanálisis sea el sujeto cartesiano atravesado por una herida que fractura ser y pensamiento” conlleva la más radical impugnación del sujeto después de la herida freudiana que impone asumir el sujeto como sujeto del inconsciente. Apenas estamos dándonos cuenta de las enormes y calamitosas consecuencias que impone la artillería pesada que dinamita la sagrada alianza entre pensamiento, saber y verdad. Nos habita y nos abisma un pensamiento que no pensamos, ni tampoco somos capaces de avizorar sus atinos y desatinos, mucho menos concebir sus destinos con cabalidad. A ciencia cierta, solamente sabemos que erramos, y eso a veces, de manera intermitente, quizá interminable.

JAMES MCNEILL WHISTLER, NOCTURNO EN NEGRO Y ORO: EL COHETE DESCENDENTE (1875)

Lacan no deja de ser un acontecimiento sísmico, eso es lo que han olvidado sus seguidores: la fidelidad de la traición pasional. Lacan fue, entre otras muchas cosas, un gran lector y fabulador. Fabular y confabular forman parte de la trama que ha guiado el psicoanálisis desde sus orígenes hasta sus cimas y sismas. El peor homenaje que se puede rendir a un gran pensador, y Lacan, lo es –sin lugar a dudas y pese a sus detractores, es repetirlo, santificarlo. La lectura bíblica sigue haciendo mucho daño en las escuelas, nos vacuna para no pensar, para no crear. Lacan auténtico lector, yerra, se equivoca mil veces, y arriesga mil y una veces, se abisma, se expone y se contrapone, se cae mil veces y se levanta mil y una veces. Su furia y su fuerza son la entrega del deseo en estado puro. Lacan nos ha enseñado a leer en la palabra deseo el ascenso y la caída libre del sujeto. Más allá del bien y del mal, de la verdad y de la mentira, no teme a la equivocidad, fallar en grande, sólo los más lúcidos yerran y aprenden. Errar es humano. Aprender y emprender la errancia del pensamiento es lo divino. Junto con Borges podría haber dicho que la historia humana no es sino la totalidad de una sucesión fragmentaria de equívocos, azares e infortunios. Al vincular su ética al deseo recupera a Spinoza y a Nietzsche desde una actualidad que no cesa de abrirse a la incertidumbre de un futuro abierto. Aprender a leer con otros ojos desde márgenes del pensamiento, arte y ciencia. Las lecturas que hace Lacan son marginales, excesivas, abusivas, alucinantes, salvajes, y por ende, enormemente creativas, críticas, polémicas, exasperantes, quizá por ello, casi siempre, dan en el clavo y cuando no, crean otros blancos, por eso aciertan, porque las flechas de su lucidez y escritura barroca y elíptica, abren el arco humano sin reservas, sin dejar nada para después, todo lo entrega en un acto sin más. Hay un antes y un después de Lacan en el pensamiento y en la clínica. Barroquismo en estado puro, es un pensador del y en el exceso. El abismo y el margen que instauran sus lecturas, seminarios, y ejercicios de re-escritura generan umbrales que aún seguimos explorando, experimentando.

El retorno a Lacan sería hoy pensar/operar la subversión activa de y desde el sujeto; de un sujeto descentrado, atravesado por la desmesura, la falta, el exceso, el desconcierto y la crisis radical de sentido; pero también atendiendo y entendiendo la deconstrucción activa y creativa del logocentrismo Occidental a partir de sus márgenes subalternos y periféricos. El retorno a Lacan implicaría repensar otra clínica y pensar hacia una nueva producción de subjetividades entre la servidumbre y la autonomía, entre la estructura rizomática y la deconstrucción incesante. Retorno a Lacan que retrotrae a Lacan a nuestra actualidad, y no al revés, leer nuestro presente con los anteojos de Lacan, pero adecuando la graduación a nuestras convulsivas exigencias y acaso revulsivas impertinencias e imprecaciones. El presente nos grita en su mutismo y opacidad: no entendemos lo que nos sucede y nos excede por completo nuestra comprensión. Él nos del nos-otros encarna el espacio de interacción e interpelación que despliega y repliega la actualidad como espacio compartido, y paradójicamente, fracturado. El retorno a Lacan es un retorno a las posibilidades de repensarnos hoy, aquí y ahora. El valor de una obra como la suya, y quizá de cualquier obra que valga la pena, es un valor programático, performativo, táctico, pragmático, estratégico. Es una máquina de guerra para hacer corto-circuito con el pensamiento establecido.

El Anti-Edipo, de Gilles Deleuze y Félix Guattari (1973), una de las obras excepcionales del matrimonio feliz entre filosofía y psicoanálisis, no exenta de odios, pasiones bajas y viles, claro como todo buen matrimonio, no sería posible sin aquello que increpa y cuestiona con radicalidad: el psicoanálisis francés instaurado por Lacan y los estructuralistas, digamos que es como su sombra gemela maligna que nos proyecta a pensar desde los límites, refutaciones y críticas devastadoras. El Anti-Edipo actúa en el desarrollo del pensamiento del propio Lacan como su genio maligno interior. Pensamiento que no deja de mostrar cierta dialéctica salvaje, casi intuitiva, así que es muy probable encontrar una planteamiento en su obra que se puede refutar con otra argumentación proveniente o sugerida en su misma producción en movimiento, contradictoria, compleja, con líneas de fuga y de fuego; jamás permanece quieto, su detractores dirán: es un sofista desvergonzado, aunque no acepta correcciones explícitamente, y otra vez, sus detractores dirán: es un bufón genial, un embaucador profesional.

Si Lacan lee en los márgenes del pensamiento y de la escucha analítica, también escribe en y desde los márgenes, escribir en los márgenes del sistema-mundo es resistir a la doxa periodística de la simplificación y su mercantilización espectacular. La obra de Lacan se resiste a toda apropiación unilateral; en particular Los escritos no deja de ser un ejercicio de re-escritura de sí mismo y de relectura compleja del pensamiento francés moderno, incluyendo la psiquiatría al uso. Así que habría un Lacan marxista, un Lacan estructuralista y otro post-estructuralista, pero Jacques Lacan se ha sacudido todos esos entuertos, espectros y sigue más vivo que nunca; la fuerza de su pensamiento está en la reinvención del presente. Sin lugar a dudas, una de sus enseñanzas sigue siendo apuntar, dilucidar hacia y, en torno, al descentramiento del sujeto y, hacia y, desde la producción de una subjetividad inédita. Sobre tal tópico quisiera reflexionar con ustedes.

JAMES MCNEILL WHISTLER, GRIS Y PLATA

 

2

El tema y problema del sujeto sigue siendo constante de nuestro tiempo. Más allá de los funerales del sujeto, las figuras conceptuales del sujeto y de la subjetividad emergen como hitos de pensamiento en la cultura y la sociedad. La discusión del sujeto resulta inseparable de la discusión de la modernidad, de sus crisis y replanteamientos. ¿Qué es el sujeto y cuál es su relevancia política, cultural, filosófica, terapéutica y social? La necesidad de replantear al sujeto y a la subjetividad reside en entender el mundo contemporáneo desde los, cada vez más, estrechos márgenes de libertad, emancipación y convivencia. Pensar, repensar, intervenir en y desde la producción de subjetividad, sin lugar a dudas, se asume como una de las cuestiones nodales de nuestro tiempo.

¿Cómo se puede concebir al sujeto en la obra múltiple de Jacques Lacan? Siguiendo la gran tradición abierta por Montaigne, Jacques Lacan concluye en la “Obertura” de sus Escritos que “es preciso que el lector ponga de su parte”,[1] pues se trata menos de verdades acabadas que de planteamientos hipotéticos. Exige un lector atento que siga y prosiga los umbrales abiertos por su pensamiento. De ahí también el gesto, evidente quizá, que suele, no pocas ocasiones, pasar inadvertido, de que se trata de un conjunto de ensayos, seminarios, conferencias, intervenciones en el tiempo, y casi siempre a contra-tiempo, cuyo proceso de maduración está en sincronía con la diacronía de su interlocución. Si alguien es receptivo del contexto de recepción crítica de su obra es Lacan. Escritos: siempre en plural, siempre en un devenir temporal. Escritura múltiple que expresa ideas en germinación. No está de más recordar que no hay un Lacan sino un conjunto de obras, sugerencias, intuiciones, axiomas, interrogaciones, discursos, textos e ideas que responden sin corresponder del todo a un autor. Se trata de Escritos en el tiempo, escritura y pensamiento en movimiento, siempre en auto-corrección. La idea y función de autor, antes que fuera impugnada por Barthes y problematizada por Foucault, fue triturada, texturizada, por Jacques Lacan. Así que en los Escritos podemos encontrar ideas contrapuestas, yuxtapuestas, retornos que matizan o dan un giro a un pensamiento abismal, polémico, situado en el ojo del huracán del estructuralismo y del post-estructuralismo francés.

Tampoco es casual que sea “El seminario sobre La carta robada” el ensayo de apertura de sus Escritos, pues ahí se ejercita, se ensaya, se arriesga, se explora un estilo radical de lectura que nos muestra la potencia del estructuralismo como estrategia de dilucidación teórico-práctica, ya que el texto cuenta con una serie de apéndices y epílogos que dialogan con el prólogo y envío de motivos; habría que reestablecer la genealogía de la historicidad de este seminario-texto. La cuestión de estilo es absolutamente fundamental en Lacan: el psicoanálisis es cuestión de estilo dirá en Los otros escritos. Cuestión de estilo significa aquí problematización de un pensamiento que se atreve a pensar escribiéndose, pero también escritura que experimenta los abismos del acto mismo de estar pensando con estilete; en tal contexto, la poética del psicoanálisis funge como un espacio exploratorio y experimental que trasciende lo conceptual y deviene una práctica creativa. Los aprendices y apologetas del estructuralismo olvidan que de lo que se trata es de reinventar la obra literaria como pretexto para repensar claves de lectura del presente. La obra se desdobla como un ejercicio de relectura de sí mismo a través del otro y viceversa. Si alguien estuvo lejos de creer que un texto pudiera atesorar la verdad, y la pura verdad, ese fue Lacan.

Margen y umbral en Lacan. El margen y los márgenes nos remiten a un umbral, a las extremidades y orillas de una cosa, experiencia, lenguaje, pero también al espacio en blanco, al silencio, la superficie. Por primera vez, en Lacan silencio e inconsciente se dejan entrever como umbrales de la palabra y no como una zona inefable de misterios arcanos. En “Más allá del principio de realidad” se intenta ir más allá de la psicología, psiquiatría y fenomenología y cientificismo reinante, pero también más acá, de la experiencia coloquial de un sentido común que termina por confundir y fundir la gimnasia con la magnesia. Leer en los márgenes, pero también realizar lecturas marginales, descentradas, excéntricas. Lacan ha aprendido de Freud la gran lección de las sutilezas del análisis clínico. La mirada clínica ahonda en los pliegues y bucles de la experiencia de forma inédita.

JAMES MCNEILL WHISTLER, NOCTURNO

Por tanto, Lacan re-escribe el sujeto del psicoanálisis desde una apropiación filosófica de la problemática del lenguaje, el sujeto y el mundo. El ternario de lo simbólico, lo real y lo imaginario, que no deja de estar en constante redefinición, se asume, sin otra pretensión que dar cuenta del sujeto en la clínica a través de los temas y problemas perenes del pensamiento clásico, de Sócrates a Heidegger, pasando y repasando una y otra vez, por Descartes y el idealismo alemán, pero también hace una vigorosa relectura de la filosofía desde la escucha analítica. No sólo desmonta las certidumbres apodícticas de la filosofía sino que se atreve a ir más allá del juego de preguntas y respuestas, renovando por completo el estilo de pensar, problematizar y cuestionar(se). De ahí que los Escritos re-escriban la temática del sujeto en el umbral de la diferencia entre pensamiento, experiencia analítica y escucha de la alteridad. Escritos que no dejan de mantener una compleja relación especular y de mutua vigilancia auto-crítica con los Seminarios. Entre la oralidad y la escritura, Lacan se sumerge en el intrincado laberinto humano.

Es bajo el dictado de dicha búsqueda de rigor que retoma y actualiza la crítica nietzscheana de “Verdad y mentira en un sentido extramoral” en el ámbito de las ciencias y la clínica: “Esa búsqueda, que le impone a toda una cultura la preeminencia de la verdad en el testimonio, ha creado una actitud moral que ha sido y sigue siendo para la ciencia una condición de existencia. Pero la verdad en su valor específico permanece extraña al orden de la ciencia”.[2] La extrañeza de la verdad en y de la ciencia mina y contamina la certidumbre del sujeto racional garante del saber. De ahí que las categorías epistemológicas de sujeto, objeto y su concerniente relación de conocimiento sean trastocadas por completo. Si el objeto del psicoanálisis es un sujeto que no puede aprenderse ni comprenderse a sí mismo es porque el sujeto es sujeto del inconsciente y éste está estructurado como un lenguaje que sustrae a cualquier ciencia del lenguaje;[3] sujeto, experiencia y lenguaje se entreveran y se entrelazan para ahondar en el abismo de su fractura seminal, tal acontecimiento cimbra la lectura clínica de Lacan y, se entrecruza, con la lectura poética de Maurice Blanchot, y a partir de ambas lecturas, la experiencia del pensamiento y de la subjetividad nunca podría ser igual.

Lacan concibe el psicoanálisis menos como visión filosófica del mundo que como una empresa cuyo objetivo particular consiste en la subversión del sujeto a partir de una concepción inédita en torno al significante, reconducir la fabricación del sujeto a la producción discursiva del juego de significantes retrotrae el sujeto universal a su producción situada en la finitud de las palabras humanas.[4] El sujeto es una construcción conceptual, una categoría analítica abierta para dar cuenta de lo que uno es en el presente y a partir de los demás. Se constituye a partir de la sujeción al significante, es decir, al inconsciente, lo que implica que no puede dar cuenta de sí de forma consciente ni enteramente racional o unitaria. Si el inconsciente está estructurado como lenguaje se debe a que hay un universo simbólico-significante que nos constituye en su densa trama como seres humanos. La trama significante está antes y después del sujeto; y no obstante, la trama significante no agota la subjetividad. La alteridad forma y conforma aquello que somos, y sin embargo, la cadena significante nunca es algo fijo o inerte, siempre implica un ejercicio de apertura, conflicto, negociación, mediación e intermediación entre sujeto y alteridad.

“El sujeto se desdobla en el “sujeto del enunciado” y en el “sujeto de la enunciación”. Esta teoría del significante con este sujeto desdoblado, sujeto del enunciado/sujeto de la enunciación, que definiría de un modo inicial esa manera de ver la incidencia del Inconsciente en la constitución del sujeto, sería solidaria con una serie de otros planteos, pero queda en claro aún en ese momento teórico que el sujeto se instaura o se instituye en un lugar donde en esa estructura falta algo. Es decir que la idea de que la estructura no sería absoluta o completa ya aparece aun en este momento supuestamente estructuralista”.[5]

JAMES MCNEILL WHISTLER, ARMONÍA EN AZUL Y PLATA

 

El sujeto se instaura a partir de la falta, hay sujeto porque hay falta, nunca tiene significación propia, está lejos de ser fuente originaria de sentido, en tanto está atravesado por una herida fundacional. Que el sujeto sea un significante más dentro de un conjunto de significantes impacta un tiro de gracia a la identidad y reflexividad del sujeto moderno. El sujeto deviene lo posible-imposible; lo real atraviesa el cuerpo, el lenguaje y la subjetividad, horada cosas y palabras. En las palabras que tejen la subjetividad crece el abismo que nos constituye y, al mismo tiempo, nos destituye y deconstruye sin tregua alguna. La palabra humana está atravesada por la imposibilidad de decirlo todo y de dar cuenta del propio decir. El decir se abre y se abisma en su apertura sin fin. Más allá del sujeto y más allá de la estructura, está el silencio y el cuerpo, lo real, lo verdaderamente real, pero también el lenguaje. Lacan anticipa las obras de Derrida y de Blanchot. Sujeto y fantasma se implican y se complican.

La clínica es la puesta en escena de un sujeto siempre excedido y siempre en falta. La clínica psicoanalítica no corrige la subjetividad, pero nos permite una lectura y un juego incesante de re-escritura de su urdimbre, renueva la narrativa del sujeto, y con ello, posibilita juegos inéditos de subjetivación; la práctica clínica es del orden del acontecimiento. En las antípodas de la maquinaria falocrática capitalista, cierta perspectiva psicoanalítica inspirada en Lacan avizora abordajes clínicos que no intentan encubrir síntomas y fracturas que constituyen al sujeto como ser finito. Somos habitantes de los confines de una modernidad crepuscular y cierto psicoanálisis creativo inspirado en Lacan nos permite hacer de la subjetividad una forma de resistencia y autocreación, a pesar de todos los pesares. Cuando Lacan ahonda en la deconstrucción activa del sujeto desde el sujeto del inconsciente instaura otra posibilidad de pensar y efectuar la clínica más allá de la corrección médica y la interdicción moral o religiosa; interdicción que se actualiza bajo nuevos ropajes en la sociedad de consumo como imperativo de goce y de plenitud hedonista posmoderna. La subversión del sujeto y de la verdad no sólo problematiza el edificio del pensamiento occidental sino que propicia otras intervenciones en los umbrales entre ciencia, filosofía y psicoanálisis.

 

3 

Quizá una de las mayores aportaciones de Lacan al psicoanálisis y al pensamiento contemporáneo sea la renovación de la problemática del concepto de verdad, en este sentido también Los Escritos dan cuenta de la tematización de una noción que no deja de estarse replanteando de continuo. La relectura de las nociones de sujeto, objeto y conocimiento conlleva también un trabajo genealógico de impugnación del término filosófico y científico de verdad que se da por sentado sin cuestionarse en absoluto. La falta, la fractura y la finitud que atraviesan al sujeto como castración, lenguaje y ley, dejan a Lacan entrever la grieta insobornable que se abisma entre el saber, el sujeto y la verdad. El discurso del sujeto deja entrever la alteridad, pero también esa exasperante imposibilidad que se atisba como “lo real”. Pero otra vez, vayamos más despacio.

¿Qué es la verdad? Es una pregunta que ha causado no pocos dolores de cabeza en todos los tiempos. El concepto de verdad tiene diversos significados, quizá el más común sea como proposición que refiere un estado de cosas objetivo. Desde Aristóteles, se dice que la verdad consiste en la adecuación o correspondencia de una propiedad enunciada con los hechos o las cosas, y en caso de no haber tal adecuación o correspondencia se dice que la proposición es falsa. Dicha teoría correspondentista de la verdad fue reformulada, al ser despojada de su carga metafísica, por la filosofía contemporánea de Russel y Tarski como teoría semántica de la verdad. Más tarde, retomando también el pensamiento clásico griego, y radicalizando las premisas de la fenomenología de su maestro Edmundo Husserl, Martin Heidegger va a reformular el concepto de verdad como desocultamiento o revelación (aletheia). Habría también una concepción de la verdad como consenso o coherencia con un sistema de ideas que va a tener relevancia en el pensamiento liberal y en la epistemología de la ciencia. Por si esto fuera poco hay otra línea marginal, pero no deja de ser una tematización recurrente en la filosofía, que va de los sofistas hasta Schopenhauer, Nietzsche y Foucault, pasando por la retórica, que considera a la verdad desde la ficción, la mentira y el poder.

El psicoanálisis no ha sido ajeno a dichas problematizaciones de la verdad. Ya Freud señalaba en 1896 en una carta a su amigo Fliess que “no creía en sus neuróticos”, con ello explicitaba una posición frente a la verdad, “no como adecuación a la realidad, porque lo importante del discurso del neurótico no es la realidad-verdad, sino el discurso en sí, la verdad discursiva.[6] Por su parte, Lacan se interesa por la verdad en psicoanálisis y por la verdad del psicoanálisis, temas concomitantes, pero no necesariamente coincidentes. La primera cuestión interroga sobre la verdad en la teoría y práctica psicoanalítica, la segunda cuestiona los alcances del psicoanálisis entero e interroga la verdad del psicoanálisis de Freud. El retorno a Freud puede entenderse como un regreso a la verdad del psicoanálisis y del pensamiento moderno-contemporáneo. Este último es un trabajo de redescubrir la verdadera teoría freudiana que incluso al mismo Freud, en algunos momentos y vacilaciones se le escapa.

Los Escritos de Lacan problematizan la verdad en psicoanálisis: “Acerca de la causalidad psíquica”; “Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología”; “Variantes de la cura-tipo”; “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”; “El seminario sobre La carta robada”; “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”; y sobre todo, “La ciencia y la verdad”.[7] La dilucidación de la verdad lleva a Lacan a profundizar tanto en Freud como en la filosofía; a través de Freud relee el pensamiento filosófico, y viceversa, a través de la filosofía, la literatura y las ciencias, deconstruye la caja de herramientas clínicas del psicoanálisis. La “verdad de los filósofos” le interesa como problema, como si se tratase de un caso clínico, de ahí su compleja y ambivalente relación con Descartes y Heidegger; dos pensadores esenciales para la empresa lacaniana. Sobre Descartes una y otra vez regresa, unas veces para cuestionarlo, otras para servirse de él, y otras más, para desarrollar creativamente temas cartesianos marginales.

JAMES MCNEILL WHISTLER, NOCTURNO EN PLATA Y ÓPALO

Por su parte, la presencia de Heidegger en Lacan será fundamental para entender la lógica y transformaciones de su trabajo clínico e intelectual. Martin Heidegger en El origen de la obra de arte, a partir de la apreciación de un cuadro de Vincent Van Gogh titulado Los zapatos de una campesina, dilucida la obra de arte como el advenimiento de la verdad que opera. La verdad acontece. Para Heidegger el mundo no es la sumatoria de los entes sino “la matriz de significancia en cuyo interior los entes (el paisaje, el cielo) adquieren un sentido para el artista. Entre la tierra y el mundo comprobamos una tensión dinámica, una lucha, que hace presente la tensión entre velamiento (lethe) y el develamiento (aletheia) de los entes que caracteriza el dinamismo de su verdad”.[8] Lacan problematiza la concepción heideggeriana de la verdad ontológica y de su diferencia entre ser y ente desde otro registro y otras coordenadas. En un diálogo soterrado con escritores, por cierto en ese entonces marginales, como Bataille, Blanchot y Klossowski, Lacan introduce la muerte, la falta y el deseo en el lenguaje. La problematización del lenguaje interpela las nociones de sujeto y de verdad. La verdad como falta de verdad, de su propia verdad, problematiza la indigencia radical del lenguaje, el límite del lenguaje. El lenguaje es insuficiente. El sujeto como bucle portador de sentido, pero también como efecto de la cadena significante. Una vez más, se puede ver la cercanía, pero también lejanía, entre Heidegger y Lacan: ambos pensadores del límite, del umbral.

Siguiendo a Heidegger, para Lacan la verdad no es la adecuación entre la mente y el ente, puesto que han existido múltiples paradigmas científicos, “lo que implica que la verdad es siempre algo que se está buscando. Por lo tanto, el saber no es igual a la verdad, pues si existen diversos saberes, ¿cómo asegurar que alguno tenga la verdad? La verdad contiene al saber en su seno, pero no al revés”.[9] El sujeto del inconsciente no sabe que habla, pues el discurso del sujeto no es sino el discurso del Otro, existe una parte que jamás podrá ser dicha y es lo que se refiere a lo real, a la verdad. La eterna desdicha de la palabra es que la verdad no puede ser enteramente dicha. No hay metalenguaje que pueda soportar la verdad, que pueda dar cuenta de ella. La verdad siempre tiene un fondo inasible, resulta indecible. Se vela y revela como el fundamento oscuro del sujeto, pero también como su impugnación infinita. La otra verdad, la verdad de Freud que no es sino la verdad de la obra de Lacan, nos remite a repensar la aportación de Lacan en y desde el presente, lo que hay de verdad en su discurso.

Si las verdades científicas son provisionales, relativas y contextuales, no hay una verdad única inamovible, sino que nos situamos en arenas epistemológicas movedizas, por ende el psicoanálisis es un campo transdiciplinar, del umbral, trasciende los saberes científicos y las humanidades, sin reducirse tampoco a una hermenéutica o a una tecnología del yo, da cuenta de la escisión y división del sujeto; práctica que experimenta la emergencia de una subjetividad inédita. Nos atisba la verdad del sujeto como revelación de lo real, siguiendo a Heidegger, pero también más allá de él, como aquello que nos posibilita dejar ser lo existente en el acontecimiento de su esencia. La verdad en psicoanálisis guarda una relación tensa e intensa con el estilo de hacer clínica.

 

4  

¿Qué aporta Lacan para la comprensión de la subjetividad contemporánea? De Spinoza a Freud y Heidegger, pasando por Nietzsche y el surrealismo, se va fraguando la subversión del sujeto y la deconstrucción activa y creativa de la subjetividad moderna, Lacan tiene un lugar fundamental en dicha trama. La comunicación titulada “El estadio del espejo como formador de la función del yo (je) tal y como se nos revela en la experiencia psicoanalítica” es un texto clave, fundacional para entender la dilucidación crítica de la conformación de la subjetividad logocéntrica.[10] La experiencia clínica, desde la perspectiva psicoanalítica abierta por Freud y radicalizada por el propio Lacan, desmonta la primacía del sujeto racional, pero nos conmina a explorar y experimentar la experiencia de otro sujeto: juego de subjetivación inédita. Experiencia que impugna el cogito cartesiano desde su mismo proceso de conformación, experiencia que propugna la génesis de una subjetividad finita, enloquecida, abierta a la infinita división. De ahí que la problematización del sujeto no se pueda entender sin la problematización de la verdad. Lacan se abisma en la fractura entre subjetividad y mundo y da cuenta de un saber loco, saber excedido, saber que no sabe de sí mismo si no es a partir de un juego de desconocimientos y reconocimientos donde la identidad y la certeza se hacen añicos, pero dan paso a nuevos planteamientos y replanteamientos de una subjetividad más allá de los confines de la modernidad. Por eso resulta su lectura profundamente compleja, apela a una subjetividad abierta al rehacimiento sin fin.

JAMES MCNEILL WHISTLER, NOCTURNO EN GRIS Y ORO (1884)

La obra de Lacan está en diálogo y retroalimentación con el pensamiento contemporáneo. Aporta una poderosa caja de herramientas intelectuales para renovar algunos de los temas y problemas más acuciantes de nuestro tiempo, a saber: el sujeto y la subjetividad, la socialización y el vínculo, la alteridad, las relaciones entre mundo, lenguaje y ser humano a partir del ternario de lo real, simbólico e imaginario. Pensar con Lacan, haciéndole justicia, sería pensar con y contra Lacan, sin que la compañía o el disenso nos impidan ver la potencia de sus dardos de lucidez envenenada. No es casual que en la mayoría de perspectivas teóricas frescas que animan la discusión en las ciencias, artes, humanidades y cultura, Lacan sea “un intercesor” privilegiado para repensar el presente. Pienso en los estudios de Zizek, Lazzarato, Braidotti, autores ejemplares que intentan dar cuenta de un presente dinámico, convulsivo, contradictorio, aunque ninguno se puede entender como seguidor de Lacan; por ejemplo, en Braidotti podemos ver la profundización radical de la crítica al falocentrismo, incluyendo al psicoanálisis del propio Lacan. Empero, dichas empresas serían impensables sin la discusión abierta por Lacan, el psicoanálisis y el estructuralismo, incluso ahí, donde parecen estar radicalmente alejadas.

Habría que acercarnos a Lacan, desde el juego, la risa, el placer, la ironía, el amor y el humor. La piedad de la crítica nos posibilita redescubrir en el retorno a Lacan, otro Freud abierto al diálogo, por eso Lacan es nuestro contemporáneo, pues anticipa otra lectura de la subjetividad en un mundo por venir. Y está a punto de volverse un clásico, pues alumbra desde otro tiempo, un presente deslumbrante y complejo. Los Escritos de Lacan forman parte ya de la urdimbre de la cultura y del pensamiento contemporáneo.

 

Bibliografía

  1. Allier Montano, Eugenia “El concepto de verdad en Lacan: los Escritos”, Revista Tramas, 2001, Consultado el 15 de abril del 2016 en http://132.248.9.34/hevila/TramasMexicoDF/2001/no17/8.pdf
  2. Deleuze-Guattari, El Antiedipo: capitalismo y esquizofrenia, Barral, Barcelona, 1973.
  3. Lacan, Jacques, Escritos I, Siglo XXI, México, 2009.
  4. Lacan, Jacques, Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1964.
  5. Moreau, Eric, “El aporte de Jacques Lacan: la tesis del sujeto de lo inconsciente y la Escuela francesa de Psicoanálisis”, Análisis lacaniano, consultado el 15 de abril del 2016 en http://analisislacaniano.es.tl/El-aporte-de-Jacques-Lacan.htm
  6. Peskin, Leonardo, “El sujeto desde la perspectiva lacaniana.” Revista de Psicoanálisis: Ayer y Hoy, 2009, No. Consultado el 20 abril del 2017 en http://www.elpsicoanalisis.org.ar/index.html También disponible en http://www.elpsicoanalisis.org.ar/old/numero4/resenasujeto4.htm
  7. Richardson, William, “La verdad en el psicoanálisis”, Lacan con los filósofos, Siglo XXI, México, 1997.

 

Notas

[1] Lacan, Escritos I, Siglo XXI, México, 2009, p. 22.
[2] Ibídem, p. 86.
[3] v. Moreau, “El aporte de Jacques Lacan: la tesis del sujeto de lo inconsciente y la Escuela francesa de Psicoanálisis”, Análisis lacaniano, consultado el 15 de abril del 2016 en http://analisislacaniano.es.tl/El-aporte-de-Jacques-Lacan.htm
[4] v. Lacan, Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires,
[5] Leonardo Peskin, “El sujeto desde la perspectiva lacaniana.” Revista de Psicoanálisis: Ayer y Hoy, 2009, No. Consultado el 20 abril del 2017 en http://www.elpsicoanalisis.org.ar/index.html También disponible en http://www.elpsicoanalisis.org.ar/old/numero4/resenasujeto4.htm
[6] v. Eugenia Allier Montano, “El concepto de verdad en Lacan: los Escritos”, Revista Tramas, 2001, Consultado el 15 de abril del 2016 en http://132.248.9.34/hevila/TramasMexicoDF/2001/no17/8.pdf
[7] Ídem.
[8] William Richardson, “La verdad en el psicoanálisis”, Lacan con los filósofos, Siglo XXI, México, 1997, p. 181.
[9] Allier, op. cit.
[10] v. Lacan, Escritos I, Siglo XXI, México, 2009, p. 99.

 

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