Los extraterrestres (o ¿de qué otra manera podría introducir al padre?)

FOTOGRAFÍA DE FLOR HERNÁNDEZ

 

Carmen Tinajero

Hospital psiquiátrico de Villahermosa, Tabasco, 14 de mayo del 2002.

 

En realidad, dijo una joven a quien entrevisté, no sé por qué estoy aquí, tengo miedo a improvisar; mis problemas comenzaron cuando empecé a tener contactos íntimos con mi novio, no porque los tuviera, eso me tenía sin cuidado, sino que empecé a dudar si seguir con él o no; si tomar un camión o no, si ir a la escuela o no…

 

Tuve la convicción de que tenía que separarme de mi novio, pero al mismo tiempo no quería dejar su alegría. Cuando estaba con él sentía que todos me veían y empezaba a sentir unas ganas incontrolables de hacer caca, como si hubiera querido desprenderme de una parte del cuerpo o como si de pronto lo que significaba estar con él era eso: caca.

 

Por ese tiempo una psicóloga me decía que lo cortara, me llené de angustia, dos noches no pude dormir, empecé a pensar que yo era el anticristo, que debía matarme y la verdad es que una vez sí traté de hacerlo, estaba en mi cuarto y como no encontré nada que pudiera cortar las venas bajé a la cocina por un cuchillo y encontré a mi mamá o, más bien, ella me encontró a mí. Fue en ese momento cuando ella no quería que yo me matara que decidí matarla. Fue como un impulso de salvarla y de obedecer a la voz que me ordenaba hacerlo.

 

Yo sabía que no era feliz, muchas veces nos dijo a mi hermana y a mí que se arrepentía de haber nacido, que la vida no valía la pena y todo esto por causa de esos seres extraños: los hombres. Cuando le tiré la cuchillada, mi hermana me agarró la mano y no dejó que lo hiciera.  Si no hubiera sido por mi hermana nos hubiéramos ido juntas mi mamá y yo como me lo había anunciado toda mi niñez.

 

Cuando yo era niña creía que las familias eran de muchas madres, mi hermana y yo vivíamos en la casa de mi abuela con mi mamá, mi tía, sus dos hijas, la hermana de mi abuelita y la sirvienta. En la escuela los otros niños me parecían raros, en sus casas había papá, abuelo, tíos, amigos, en la mía no.

 

A mi papá lo conocí a los ocho años cuando fuimos a España y visitábamos a su familia, cuando de pronto llegó un señor que había pasado temporadas en hospitales psiquiátricos, alguien me dijo que era mi padre. Pocos días después se fue a Australia, donde me platicaron que habían vivido mi papá y mi mamá, pero tiempo después mi mamá se enojó no sé por qué, o no aguanto esas tierras tan lejanas y desconocidas (¿cómo de otro planeta?) y regresamos a la tierra de donde somos… dicen que mi papá vino un día a visitarnos y nueve meses después nació mi hermana.

 

¿Sabe?, en realidad me internaron en el hospital porque yo quise, creo que aquí está la voz que nos persigue, la voz de ese hombre que ya no escucho porque me están curando. Quiero estar despierta para encontrarlo, tengo sueño, aunque no tanto, porque me cambiaron los medicamentos, porque, oiga, esto de las alucinaciones me hace saber mucho, no se lo había dicho a nadie, pero le voy a decir la verdad: ¡yo sí creo en los extraterrestres!

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