Foucault y Kant: una ontología del presente

Resumen:

En este trabajo analizamos la lectura que Michel Foucault realiza de Immanuel Kant centrándonos en determinados textos que van de 1954 a 1966 a fin de sostener que la aproximación foucaultiana a la obra kantiana implica un quiebre al mismo tiempo que una continuidad, en tanto por un lado pone en crisis la analítica trascendental de la verdad, y por otro, se adscribe a la tradición crítica kantiana de una ontología del presente. En este sentido, mostraremos que Foucault dejará al descubierto el llamado “sueño antropológico” de Kant así como su desaparición con la irrupción de Nietzsche, no tanto para leer a estos pensadores como opuestos sino como complementarios en la construcción de su programa filosófico.

Palabras clave: crítica, hombre, experiencia, fenómeno, actualidad, anti-humanismo.

Abstract

In this article we analyze the reading that Michel Foucault makes of Immanuel Kant focusing on certain texts ranging from 1954 to 1966 in order to maintain that the Foucaultian approach to the Kantian work implies a break at the same time as a continuity, as it on the one hand puts into crisis the transcendental analysis of truth, and on the other hand, adscribes to the Kantian critical tradition of a present-day ontology. In this sense, we will show that Foucault will expose the so-called “anthropological dream” of Kant as well as its disappearance with the irruption of Nietzsche, not so much to read these thinkers as opposites but as complementary in the construction of his philosophical program.

Keywords: critique, man, experience, phenomenon, actuality, anti-humanism.

 

Crítica y diagnóstico

El vínculo entre Michel Foucault e Immanuel Kant requiere precisar un doble movimiento que siendo opuesto resulta también complementario, en tanto que la lectura que el filósofo francés opera sobre el autor de la Crítica de la razón pura implica detallar dos cuestiones: por un lado, hay un ruptura en la disposición antropológica kantiana que resulta completamente antitética con la perspectiva foucaultiana, sea en el plano arqueológico como genealógico, algo que resulta visible en la noción de a priori histórico que, a diferencia del a priori de Kant, no se referencia en las condiciones de posibilidad trascendentales del conocimiento, sino solo remite a las regularidades de las racionalidades históricas; sin embargo, por otro lado, es el propio Foucault quien señala su adscripción al linaje kantiano y a la Historia crítica del pensamiento[1]; en este sentido Foucault, al igual que Kant, se ubica en la tradición crítica si por ello entendemos una práctica filosófica que tiene por tarea establecer una ontología del presente cuya finalidad es realizar un diagnóstico de la actualidad.

Si bien Kant será un autor fundamental en el desarrollo del programa foucaultiano, desde el comienzo hasta el final, la lectura que hace el joven Foucault de Kant, problematizando diversos aspectos y anticipando caminos a futuro, resulta determinante en tres textos que van de 1954 a 1966.

¿Qué es el hombre?

En La cuestión antropológica, curso impartido por Michel Foucault en la Universidad de Lille y la École Normale Supérieure en el ciclo lectivo 1954-1955, nuestro filósofo sorprende privilegiando en su recorrido a los grandes nombres de la historia de la filosofía occidental estructurando, como luego no hará nunca más, una “historia de la filosofía clásica” segmentada en tres etapas con rupturas y continuidades. Sin embargo, Foucault pretenderá evitar caer, al estudiar las condiciones del surgimiento de una antropología filosófica, en dos corrientes dominantes: por un lado, una que podríamos llamar “biológica” de inspiración alemana que propiciará determinar la “diferencia” de la especie humana respecto de las otras; por otro lado, una reflexión de carácter “socrático” y “metahistórico” que buscará definir la “esencia” del hombre. La posición de Foucault para abordar la cuestión antropológica se encontrará en la cercanía de cierta inspiración heideggeriana, en tanto que el filósofo alemán en Kant y el problema de la metafísica (1929) afirmaba que esta última no se trataba meramente de una disciplina sino de un interrogante (¿qué es el hombre?) que desde Kant a Nietzsche definirá las orientaciones nodulares de la filosofía de los siglos XIX y XX.

De esta manera, para Foucault la antropología no será ni una disciplina ni una indagación de un universal filosófico. En su recorrido didáctico el filósofo francés recupera la pregunta kantiana “¿qué es el hombre?” desde un proyecto que tiene tres grandes declinaciones históricas desde el siglo XVII al XX: en primer lugar, la “clásica” (Descartes, Malebranche y Leibniz), en segundo lugar, la “edad de oro” (Kant, Hegel, Feuerbach, Marx y Dilthey) y por último el “fin de la antropología”(Nietzsche, Jaspers y Heidegger). En este sentido, es posible observar en el curso una anticipación, sin mencionarla aún, de la noción de “episteme” que será central en el Foucault de la década de 1960 (sobre todo en Las palabras y las cosas y La arqueología del saber) en tanto que la antropología según la perspectiva foucaultiana será comprendida como un “dispositivo metateórico” históricamente situado que opera de fundamento de cierta idea del “Hombre” y del “humanismo” que nada tiene de universal. Como señala Ariana Sforzini: “se trata menos de un curso sobre antropología, que sobre lo que la idea de antropología hace a la filosofía”.[2]

En este marco es que Foucault situará a Kant en el curso como el filósofo que le posibilitará un cuestionamiento trascendental e irreductible en términos antropológicos. En esta dirección, la perspectiva foucaultiana abordará las tres preguntas de la obra crítica kantiana (¿qué puedo conocer?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me está permitido esperar?) como variantes de “usos” del mundo para la antropología, en tanto límite dado por la finitud humana para dar cuenta de la “verdad” alcanzada por el hombre a raíz de esta condición. Así lo plantea nuestro filósofo plantea en los siguientes tres pasajes:

La antropología no es otra cosa que el “manual de ese ejercicio”, un “tratado para el buen uso del juicio”, de ningún modo la “crítica de las condiciones de posibilidad del juicio a priori”. Quiere contribuir al ejercicio de un juicio que, sin embargo, no se aprende, y cuya validez está determinada a priori.

La antropología no será la regla de las reglas ni la condición de estas, sino el trazado de lo que, en la experiencia, puede indicar qué debe subsumirse bajo la regla.[3]

La crítica y la inversión copernicana de la que se acompaña no son un retorno al hombre y no indican la exigencia de un fundamento antropológico de la filosofía.

No hay duda de que la crítica insiste en el tema de la finitud humana: nuestra intuición recibe sus objetos, no se los da. Pero ese “nosotros” de la reflexión kantiana no es el signo de una antropología implícita; [antes bien, es] la prueba del régimen ya trascendental de la reflexión.[4]

En otras palabras: ¿cómo puede el hombre ser para sí el fenómeno de su propia facultad de conocer, su propia facultad de desear, su propia facultad de juzgar?

El sentido de la “fenomenología” debe ser entonces el de mostrar que el mundo del saber es el fenómeno de la facultad de conocer; el mundo de la práctica, el fenómeno de la libertad, y el mundo de la belleza, el fenómeno del juicio.[5]

De esta manera, Foucault deja en evidencia que la búsqueda kantiana reside justamente en construir un elemento de universalidad cognitiva humana a partir de los límites de la experiencia finita.

Experiencia y tiempo

Presentada en 1961, la tesis complementaria de doctorado de Foucault será su traducción al francés de la Antropología en sentido pragmático (1798) de Immanuel Kant junto a un estudio preliminar. En este trabajo la noción de Gemüt (ánimo) resulta crucial por parte de Foucault al punto que nuestro filósofo se interroga por la relación entre este concepto y la idea de hombre concebido como ciudadano del mundo. La pregunta que resultará imperativo formularse será la siguiente: ¿cómo el análisis del Gemüt conduce a un conocimiento cosmopolita del hombre? Según la lectura de Foucault esto se deberá en tanto que la universalidad humana es resultado de la experiencia finita, de la vivencia de la temporalidad. Foucault detectará el nexo que logra conciliar la dispersión de las experiencias temporales con la universalidad de la disposición antropológica, es decir, con las condiciones de posibilidad del conocimiento (el a priori). Dice el autor:

Así, el Gemüt no es simplemente “lo que él es”, sino “lo que él hace de sí mismo”. ¿Y no es ése precisamente el campo que la Antropología define para su investigación? A lo que basta añadir que aquello que el Gemüt debe hacer de sí mismo es “el más grande uso empírico posible de la razón” -uso que no será el más grande posible a menos que sea “durch Ideen”-. El movimiento que, en la Crítica, hace nacer el espejismo trascendental es el que en la Antropología hace que se prosiga la vida empírica y concreta del Gemüt.[6]

De modo que el “sueño antropológico” de Kant, según detecta Foucault en su lectura, va de la mano de la institución de la antropología en tanto esta será una analítica de la finitud, vale decir, en tanto esta deviene una disposición, un sustrato, bajo el cual los contenidos empíricos (vida, trabajo, lenguaje) son subsumidos a un trascendental antropológico que los unifica. Esta duplicación empírica-trascendental a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX es el rasgo determinante que permite el surgimiento de las ciencias humanas en las cuales el hombre se toma como objeto y sujeto de conocimiento. De esta manera, la experiencia de lo temporal, como marca de lo transitorio, encuentra en el hombre, “inventado” con la emergencia de la episteme moderna y el reenvío de la representación bajo la lógica de la historicidad, es una huella que le permite a Foucault mostrar que no hay universalidad sin actualidad.

 Entre Kant y Nietzsche

Cinco años después de la presentación de la tesis complementaria de doctorado, Foucault postulará en El discurso filosófico (1966) que luego del siglo XVII se produce un giro en la práctica filosófica que obliga a dejar en evidencia dos temas: por un lado, los objetos propios de la metaphysica specialis (Dios, el alma, el mundo) dejan ser objetos del discurso filosófico (sobre cuya existencia o referencia exterior ya no hay que argumentar) para devenir elementos funcionales, de manera que la función discursiva de Dios, por ejemplo, podía ser cumplida por la noción de a priori de la experiencia, de igual modo que el alma podría quedar a cargo de un “yo pienso” o de una subjetividad trascendental, así como la extensión o la racionalidad de la fenómenos ocuparían el lugar del mundo. De este modo la filosofía gradualmente, de Descartes a Kant, renuncia a ser una metafísica en la medida en que interioriza o asimila los objetos metafísicos, siendo irrelevante determinar tanto su existencia como su inexistencia sino solo ubicar su funcionamiento al interior del discurso filosófico. En este marco es que la figura de Kant, según Foucault, será crucial. Así lo plantea:

En cambio, desde que, con Kant, la desaparición de la metaphysica specialis queda asegurada por una teoría del objeto, dicha teoría va a desempeñar el papel de filosofía primera. Si los clásicos, al menos en apariencia, conjuraban la metafísica general y los temas de la metafísica subsistían (aunque hubieran perdido su estatus de objeto), a partir de Kant la situación se invierte término a término: la metafísica, con sus temas propios, se torna inaccesible y, si se la excluye definitivamente, es gracias a una teoría explícita del objeto en general, que funciona como una ontología. La revolución kantiana (…) consistió en conjurar esa metafísica mediante una nueva forma de ontología.[7]

De manera que a partir de Kant es que no es necesario distinguir entre existencia y apariencia sino emprender una “ontología del fenómeno” cuyo “fantasma” oculto finalmente desaparecerá a fin de permitir la emergencia por un lado de una teoría del objeto que da cuenta de una ontología formal y, por el otro lado, de una ontología del ser, de lo que se encuentra por debajo de las relaciones entre objetos para fundarlos (la voluntad, la vida o el Ser). Las filosofías posteriores a Kant, en particular el pensamiento de Nietzsche será el nombre clave para profundizar la práctica del discurso filosófico como un diagnóstico del presente. Es entre Kant y Nietzsche que Foucault encuentra la fuga de la antropología y del humanismo mostrando los límites de los universales y anticipando su pertenencia a una Ilustración anti-humanista.

 

Consideraciones finales

La exploración de una ontología del presente por parte de Foucault no sería posible si no fuera por la lectura que el filósofo francés realiza de Kant desde sus obras tempranas, algo que resulta cada vez más notorio en sus trabajos de la década de 1960 y que luego retoma a fines de la década de 1970 y comienzos de 1980 desde una mirada centrada en la relación entre el gobierno y la verdad cuando nuestro autor apele a la Ilustración kantiana para leer también a los antiguos (Platón y los cínicos) como manera de mostrarnos la convergencia entre el pensar sin tutelas, saliendo de la minoría de edad, de modo autónomo, y la parresía, el hablar franco del filósofo, el coraje de la verdad frente al poder.

Concluyendo, podríamos situar a Foucault en un linaje integrado por Diógenes, Kant y Nietzsche en el sentido que su práctica filosófica implica la constitución, ya visualizada tempranamente en el curso de 1954-1955, de una filosofía entendida como lucha y un ethos filosófico como acto de libertad radical, propia de un temperamento libertario e ilustrado al mismo tiempo, que hace que los conceptos esenciales de su pensamiento estén indeleblemente ligados a su espíritu crítico, no universalista, escéptico y anti-humanista.

 

Bibliografía:

  1. Castro, Edgardo, Diccionario Foucault. Temas, conceptos y autores, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2018.
  2. Foucault, Michel, Obras esenciales, Paidós, Barcelona, 2010.
  3. Foucault, Michel, Una lectura de Kant. Introducción a la antropología en sentido pragmático, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2009.
  4. Foucault, Michel, La cuestión antropológica. Una historia de la pregunta por el hombre. Curso de 1954-1955, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2024.
  5. Foucault, Michel, El discurso filosófico. Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2025.

Notas

[1] Michel Foucault, Obras esenciales, ed. cit., p. 999.
[2] Michel Foucault, La cuestión antropológica, ed. cit., p. 264.
[3] Ibidem, p. 71.
[4] Ibidem, p. 73.
[5] Ibidem, p. 79.
[6] Michel Foucault, Una lectura de Kant, ed. cit., p. 77.
[7] Michel Foucault, El discurso filosófico, ed. cit., p. 114.