Resumen
Tempranamente, Foucault mantiene con Freud una relación de marcada ambivalencia: a la vez que le reconoce haber quitado a la sinrazón de su largo silencio, le reprocha remitir sus descubrimientos a una antropología naturalista. En sus textos de los años 1950, esta crítica tiene a la fenomenología como marco teórico. Husserl primero, Heidegger después, brindan las fuentes por medio de las cuales Foucault marca los aportes y los límites de la teoría freudiana. La experiencia de la sinrazón, del sueño, el campo de análisis inconsciente, tanto como el problema del síntoma y la hermenéutica de sus signos, son objeto de una afinada criba por medio de la cual el joven Foucault va construyendo, entre filosofía y psicología, su propio posicionamiento histórico-crítico.
Palabras clave: young Foucault, Freud, fenomenología, psicoanálisis, experiencia
Abstract
Early on, Foucault maintained a relationship of marked ambivalence with Freud: while he acknowledged him for having lifted unreason from its long silence, he also reproached him for reducing his discoveries to a naturalistic anthropology. In his writings of the 1950s, this critique is framed within phenomenology. Husserl first, and later Heidegger, provide the sources through which Foucault delineates both the contributions and the limits of Freudian theory. The experience of unreason, of the dream, the field of unconscious analysis, as well as the problem of the symptom and the hermeneutics of its signs, become the object of a meticulous scrutiny through which the young Foucault, between philosophy and psychology, gradually constructs his own historical-critical position.
Key words: young Foucault, Freud, phenomenology, psychoanalysis, experience
I.
La relación de Foucault con Freud es compleja, “pendular”[1] y de marcada “ambivalencia”[2]: cada vez que el autor formula una valoración hacia el padre del psicoanálisis, también postula una objeción crítica.
Sabido es que, en Folie et déraison[3], Foucault reconocía al psicoanálisis haber intentado (aunque no logrado) entablar un diálogo con la sinrazón. También que, en Les mots et les choses, el psicoanálisis ocupaba el lugar de una “contra-ciencia” en relación con las ciencias humanas[4].Y que en su célebre Histoire de la sexualité, aplaudió “el honor político del psicoanálisis”[5]al enfatizar el rechazo de Freud a la doctrina de la degeneración racial decimonónica, como marco explicativo para su teoría de la neurosis.
Sin embargo, al mismo tiempo, Foucault es muy crítico del psicoanálisis, y lo hace pasar por un análisis histórico. Situado como parte de la escena epistémica del siglo XIX, el psicoanálisis tiene -para el filósofo francés- un rol importante en la normalización económico-política moderna. Asimismo, le objeta el modo en que “hace hablar” a la silenciada locura, mediante una trama de lenguaje que parece preservar la vieja idea de alma en la revolucionaria idea de inconsciente. La noción de un espacio interior al sujeto, significante aunque sin dominio por parte del individuo, verbalizable aunque no racionalizable, a sus ojos preserva el estatuto de obligación discursiva y de conducción de conductas propios de la confesión cristiana, replicado ahora en la relación terapéutica médico-paciente. La totalidad de su proyecto sobre la historia de la sexualidad busca indagar arqueológica y genealógicamente las bases naturalizadas de este vínculo de obediencia. También intenta dar cuenta de los discursos mediante los cuales esta relación de disciplinamiento justifica la necesidad de una hermenéutica del sujeto: el complejo de Edipo como fondo secreto de nuestro deseo y la sexualización como veridicción que acompaña el crecimiento del individuo desde su más tierna infancia. El psicoanálisis, de este modo, permitiría codificar y moralizar un campo de vivencias del sujeto, el de la sexualidad, que para Foucault, en cambio, es preciso entender en un sentido plural y poner a jugar desde una impronta ética y estética en la apertura de nuevos campos de experiencia. El problema de fondo, subraya el filósofo, que impide la articulación del psicoanálisis a modos de subjetivación efectivamente diversos, radica en el hecho de que este sigue entendiendo al poder desde una hipótesis soberanista y represiva, reproduciendo un vínculo entre subjetividad y verdad cuyas posibilidades de reflexión y acción quedan contenidas dentro de un discurso jurídico. Este produce una mirada singularizada sobre el individuo, a la vez que abstraída hacia una generalidad que lo interpreta y lo conduce hacia una práctica de satisfacción y aplazamiento deseante que ya tiene definida su forma.
Estas hipótesis críticas que Foucault pondrá a jugar en sus libros mayores, han sido muchas veces tachadas de “superficiales”[6]en lo que respecta a su lectura de Freud. Se ha acusado a Foucault de malentender los conceptos fundamentales del psicoanálisis y de apresurar juicios donde poco se tienen en cuenta los objetivos críticos perseguidos por Freud. En efecto, en su obra publicada, Freud no es in toto objeto de una exégesis analítica y, en ocasión de sus menciones, faltan referencias y citas a la obra del psicoanalista vienés. Se ha remarcado el carácter “evitativo” con el que en sus cursos, Foucault recorría algunos desfiladeros de sus textos[7]. Pero esta analítica incompleta no implica un menosprecio por parte de Foucault, tampoco un desinterés. Por lo contrario, Freud ocupa para él, mucho más que el lugar de un mero autor en la escena de problematización del siglo XX: es, un “fundador de discursividad”[8]. El psicoanálisis es un discurso ineludible en la historia de nuestra cultura. Del mismo modo que Nietzsche y Marx, Freud marca un reinicio interpretativo, un nuevo sentido de lectura puesto sobre el campo de experiencia del sujeto y de la historia. Traza un límite respecto del cual, –al decir de Foucault– ya no podemos sino dar cuenta, incluso críticamente. Por eso en algunos pasajes de su obra, sobre todo en los momentos en que se encabalga para argumentar sus propias posiciones, Foucault usará –tal vez a la manera de un mantra o de una confesión de ingratitud–, la expresión “il faut être juste avec Freud” [hay que ser justo con Freud][9], buscando compensar los ardides, o tal vez provocar una detención en medio del martilleo crítico que permita poner en valor axiomáticamente la dimensión de sus aportes.
La lectura de Freud, entonces, lejos de ser anodina, atraviesa de un modo fundamental y discontinuo la obra de Foucault. Desde su juventud, la “Introducción” a la traducción francesa de Traum und Existenz (1954) del psiquiatra existencialista Ludwig Binswanger, Maladie mentale et personnalité (1954) -su primer libro-, y dos artículos sobre psicología: “La psychologie de 1850 à 1950” (escrito en 1954 y publicado en 1957) y “La recherche scientifique et la psychologie” (publicado en 1957), permiten reconstruir el inicio de una trama. A este registro se suman los escritos recientemente editados Binswanger et l’analyse existentielle, de 1952-1953, Phénoménologie et psychologie, de 1953-1954, La Question anthropologique, de 1954-1955 y el breve “Un manuscrito sobre el psicoanálisis”, de 1950-1954, donde también se dilucidan varias pistas críticas.
Cuando en 1949, Foucault obtuvo su “Licence en philosophie” en la Universidad de París (Sorbonne), ya asistía a los cursos dictados por M. Merleau-Ponty en la Sorbona sobre “Psicología y pedagogía del niño”. En 1950, la recientemente creada carrera de Psicología, le otorga una “licence en psychologie”. Ese año, asimismo, ingresó como pasante en el laboratorio de electroencefalografía, dirigido por el Dr. G. Verdeaux, en el hospital de Sainte -Anne, y en 1952, completó un “Diplôme en Psychologie pathologique”, bajo la dirección de Daniel Lagache. Los primeros trabajos de docencia de Foucault inician con esta disciplina: dicta clases sobre psicología en la ENS y da seminarios libres sobre “psicoanálisis teórico” en la Universidad de Lille. En una carta a R. Aaron, en 1952, manifiesta incluso el interés en escribir su tesis sobre la “Filosofía de la psicología”[10]. Numerosos manuscritos presentes hoy en los archivos Foucault en la BNF muestran una vasta curiosidad alrededor de estos temas[11], muchos son escritos preparatorios relacionados con las conferencias sobre psicoanálisis que pudo haber dictado en estos años, ya sea en Lille o en la ENS de París.
Entre los títulos se encuentran, por ejemplo: “La angustia en Freud”, “Enfermedad y personalidad en Freud”, “Freud y la psicología del origen”, “La teoría psicoanalítica”, “El inconsciente en psicoanálisis”, “Un ejemplo de psicoanálisis: el hombre de los lobos. La noción de medio psicoanalítico”[12]. El conjunto de estas referencias permite componer el paisaje de lecturas, escritos y notas de esta época, correspondiente a los años 1950, o más precisamente a la etapa previa a la formulación de su tesis doctoral definitiva, Folie et déraison, en 1961.
En el laboratorio conceptual del joven Foucault, entonces, Freud y el psicoanálisis se dan cita para reconocer, criticar y ampliar una reflexión sobre el hombre, el mundo, el lenguaje y los signos, tomando parte en el ‘tipo de problematización’[13] que Foucault está buscando elaborar en este tiempo. La pregunta por el modo en que se diagnostica e interpreta la enfermedad mental y sobre qué codificaciones se inscribe la relación interpretativa médico-paciente harán que el autor señale los límites psicologistas, teóricos y metodológicos en los que a su entender recae el psicoanálisis, al mismo tiempo que no deje de valorar su aporte dentro de la positivista historia de la psicología. Presente desde el inicio en el trabajo de Foucault, dicho tono permite dotar de un carácter “estructural”[14]a la relación de ambivalencia que establece con Freud.
II.
En los años 1950, Foucault es parte de los pensadores que toman para sí el trabajo de elaboración de un modo de abordaje capaz de sostener el necesario “retorno a lo concreto” promulgado por G. Politzer para la psicología[15]. Este enfoque redunda, en el caso de la enfermedad mental, en un cambio de punto de vista donde no es la exterioridad del enfermo, sino su propio campo de experiencia el que define la dirección del análisis. Foucault pondrá a prueba, entonces, las abstracciones psi y sus métodos –y no únicamente los de cuño psicoanalítico–, en su capacidad de lectura de una experiencia concreta que el enfermo vive en primera persona. La pregunta por cómo es concebido el campo de vivencias de este sujeto recorre las fuentes variopintas movilizadas por Foucault con las que irá componiendo su propia crítica filosófica, embebida por estos años en una exploración del alcance de la fenomenología. En efecto, si es necesario reflexionar cuál es el espacio teórico que se circunscribe para definir qué es el hombre, también es preciso preguntar por la temporalidad en la que el análisis inscribe una lectura de su experiencia. La referencia a Freud, entonces, emerge como camino obligado en esta preocupación epistémica, que, entre psicología y filosofía[16], recorre las inquietudes del joven Foucault.
Freud y el psicoanálisis vienen a trazar, en el umbral del siglo XX, nuevas condiciones de lectura de la enfermedad. Esto impacta en el modo según el cual se concibe el espacio y el tiempo dado para abordar la enfermedad mental y cuál es su rango de problematización deseable. Foucault reconoce la relevancia de estos aportes en tanto es un punto de vista que habilita, a la vez que constriñe, la visión de un campo de problemas. ¿Cuál es el sujeto del psicoanálisis? ¿Cómo se configura su mundo? ¿Desde qué gramáticas se propone llevar adelante el registro concreto de su experiencia? El horizonte de estas preguntas tiene como instancia de interpelación el problema del diagnóstico de la enfermedad mental. La pregunta de fondo, que inquieta a Foucault, es cuál es el origen de la negación[17]; dicho de otro modo, cómo se explica la alienación del enfermo mental, el momento en que quiebra el vínculo con los otros y arma “su” mundo. Quién es el loco, y cómo abordar la experiencia del mundo que le es propio, apunta tanto a desarmar como a recomponer una reflexión antropológica y a hacer jugar a las teorizaciones freudianas una partida fenomenológica, tanto en función de las unidades con las que compone su enfoque teórico como respecto del modo con el que efectivamente aborda el tratamiento de la enfermedad mental.
III.
La lectura que Foucault dedica al psicoanálisis en los años 1950 es contemporánea de aquella que realiza de la fenomenología de Husserl. En varios textos de esta época, Foucault subraya el “momento decisivo” que marcó, a inicios del siglo XX, la publicación de Die Traumdeutung [La Interpretación de los sueños] de Freud, publicada en 1900 y las Logische Untersuchungen [Las Investigaciones lógicas] de Husserl, publicadas en 1899. Ambos pensadores –“ignorándose mutuamente” – habrían introducido una nueva escala epistémica en la historia de las ciencias del hombre[18]: la dimensión de “lo vivido” [le vécu]. La incorporación del campo de experiencia del individuo permite expandir la visión de una relación entre temporalidad e historia que de otro modo permanecía obturada al análisis, sea por una concepción vitalista a la hora de dar cuenta de la temporalidad singular o por una comprensión evolucionista a la hora de inscribir dicha forma en un registro de la historia. Foucault reconoce que tanto Husserl, con las vivencias, como Freud, con el carácter “biográfico” del material vivido de sus pacientes, permiten ampliar la comprensión del campo del bios, es decir, de los asuntos que atañen a las condiciones vitales de posibilidad del individuo, desplazando la centralidad de la explicación naturalista. Husserl y Freud, entonces, parecen “esforzarse hacia el mismo objetivo: separar la esfera de la experiencia vivida (vécu) de una causalidad ‘vital inmediata’ […]; reconocer a este dominio de la experiencia vivida una dimensión histórica e intersubjetiva que no puede reducirse a ningún proceso evolutivo.”[19]
Los aportes son, entonces, correlativos: por un lado, Husserl busca edificar una ciencia de la conciencia a través de un trabajo de descripción de las significaciones vividas opuesto a una explicación causal naturalista de la realidad humana; por su parte, Freud plantea un gesto de retorno hacia la dimensión vivida por el sujeto para reencontrar allí una forma vital que no es élan inmediato, tampoco etapa en la historia de la evolución. La patología mental, gracias a esta apertura, parece dar con una clave crítica para abordar los términos de sus propias vivencias. El psicoanálisis y la fenomenología, en este sentido, habrían buscado sostener el promulgado retorno a lo concreto, por la vía de un “doble esfuerzo del hombre por recuperar sus significaciones y recuperarse a sí mismo en su significación”[20].
La atención dirigida a recuperar “al hombre” será la que plantee un problema. Foucault remarca que si bien el psicoanálisis y la fenomenología abren nuevas perspectivas para el campo del bios, también su antropologismo los devuelve a las huestes del psicologicismo que buscan criticar. En este sentido, si bien Freud incorpora el “retorno a lo vivido” como dimensión de análisis de las experiencias de cada paciente, a la hora de interpretar este registro subordina su singularidad a una línea evolutiva que limita su alcance y deja sin cuestionar el naturalismo que lo encorseta. Foucault advierte que la perspectiva psicoanalítica freudiana permanece atravesada por esta ambigüedad[21]. A la vez que Freud considera la irreductibilidad de lo biográfico en la historia vivida de cada paciente, su teoría de la libido, de las etapas del desarrollo y sus experiencias traumáticas, muestra resabios de una psicología positiva. Esta hace tanto al contexto de finales del siglo XIX en el que Freud está pensando como a las pretensiones cientificistas ligadas a su proyecto psicoanalítico.
Por su parte, Husserl da primacía a las vivencias y al carácter irreductible de la singularidad del individuo que de allí se desprende. Sin embargo, según Foucault, este tampoco retrocede suficientemente en la génesis de los significados vividos. No puede explicar la manera en que el significado nace en su relación con el mundo. La promesa fenomenológica de brindar una nueva atención a la génesis vivida de los significados, queda obturada cuando deja sin analizar cuál es la particularidad del “mundo” que sostiene dichas significaciones, y en cambio postula una sola idea –Lebenswelt, mundo de la vida– como trascendental “previo a toda génesis”[22]. En estos manuscritos, Foucault advierte cómo esta idea de mundo “presupuesta a toda constitución” impide pensar la particularidad del mundo del loco. Este es más bien un “no-mundo”[23], o un “mundo otro”[24], donde la intersubjetividad se ha quebrado. Al devolver la génesis de los significados a la descripción de un mundo ya dado, el análisis fenomenológico husserliano no puede dar cuenta de esta instancia de alienación. Foucault busca corregir este defecto teórico por medio de la Daseinsanalyse de Binswanger, que toma en cuenta el horizonte del mundo a partir de la experiencia vivida de los pacientes, y cuyo análisis a nivel de la estructura existencial de cada singularidad permite dar forma a otro flanco crítico respecto de Freud: el de la pregunta por las categorías de lectura sobre las que edifica su interpretación.
IV
El mundo del sueño brinda a Foucault el espacio para la formulación de esta crítica. En su introducción a Le Rêve et l’existence, de L. Binswanger, publicada en 1954, nuestro autor busca defender el carácter irreductible y privilegiado de la experiencia del sueño como mundo propio del soñante. Como parte de la tradición del idios kosmos heracliteano –según la cual allí donde duerme la conciencia se despierta un mundo propio de vivencias incomparables–, el sueño para Foucault tiene un privilegio analítico que lo lleva, nuevamente, a revisar las tesis de Freud.
Foucault pone en consideración la mirada psicoanalítica de Die Traumdeutung, más precisamente, el tratamiento aquí formulado respecto de las imágenes. Foucault reconoce a Freud haber introducido al sueño dentro del campo de las significaciones humanas, pero objeta su modo: mientras el sueño era menospreciado por la herencia cartesiana como sin sentido de la conciencia, Freud “invierte la proposición, haciendo del sueño el sentido de lo inconsciente”[25]. Para el psicoanálisis, el sueño es el relato de los deseos no cumplidos, tanto como el espacio donde estos deseos buscan ser satisfechos[26]. El sentido de este relato, guardado en el inconsciente, se halla, sin embargo, presente en las imágenes. Estas son portadoras de la verdad de un deseo que solo se muestra por la vía de su contradicción, es decir, a través de las resistencias, rechazos y ‘contra-deseos’ que se le oponen[27]. Así, el sueño ofrece el material que permite manifestar una zona de olvido que solo cobra forma gracias a lo que rechaza.
La revelación onírica, por tanto, es opaca y ambigua en su expresión. Sin embargo, a ojos de Foucault, la grilla hermenéutica del psicoanálisis no está a la altura de este desafío significante. Freud establece un lazo entre imagen y significación que da forma a un régimen simbólico. Desde aquí, solo analiza al sueño en relación con su función semántica, y omite las profundidades de su estructura morfológica y sintáctica.
“El símbolo es tomado por Freud tan solo como el punto de tangencia donde vienen a reunirse, por un instante, la significación límpida y el material de la imagen, tomado como residuo transformado y transformable de la percepción. El símbolo es la delgada superficie de contacto, esta película que separa todo lo que une: un mundo interior y un mundo exterior, la instancia de la pulsión inconsciente y la de la conciencia perceptiva, el momento del lenguaje implícito y el de la imagen sensible.”[28]
La noción de símbolo utilizada por Freud aplana la verticalidad estructural del sentido expresivo de las imágenes a través de una codificación sígnica precariamente superficial. Las imágenes del sueño son tratadas –en su “punto de tangencia instantáneo” y en “la delgada superficie de contacto” que separa todo lo que une– a la manera de “índices” de algo distinto que sí mismas. Freud parece dirigir la noción de símbolo hacia lo que las imágenes indican, produciendo un reenvío infinito entre acontecimientos traumáticos del pasado y deseos inconscientes del presente[29].
Foucault sigue las advertencias de Politzer[30], para quien el proceso de simbolización del sueño freudiano se sirve de las imágenes con el objetivo de montar un relato de experiencias pasadas. Al vincular sueño y deseo por la vía de las imágenes, Freud interpreta la experiencia onírica según un sentido que precede, sostiene y da cuerpo a lo que en ella el deseo quiere decir[31]. Un esquema regresivo rige el contenido latente a ser interpretado. El analista debe estar más pendiente en consumar esta hermenéutica que en analizar la gramática concreta que en ellas vincula al soñante en su experiencia irreductible.
Para Foucault, este abordaje es por demás contingente e impide llegar a la morfología profunda del sueño, al campo de expresión de las imágenes del soñante. El sujeto, de hecho, queda exceptuado de esta experiencia de sentido, que ya viene construida como relato de su deseo. Reducido a una “subjetividad mínima”, a un “semi-sujeto”, solo es percibido en la superficie de su estructura. El método freudiano se muestra así insuficiente: por un lado, “no consigue hacer hablar a las imágenes”[32], por el otro, e incluso más seriamente en razón de los objetivos humanistas de su método, “las significaciones unidimensionales que recorta gracias a la relación simbólica no pueden referirse a esta subjetividad radical”[33].
Por eso Foucault intentará corregir la Traumdeutung por la vía fenomenológica abierta en las Logische Untersuchungen, de Husserl, y luego, a través de la mirada existencial de la Daseinanalyse binswangeriana. Curiosamente, si en la polémica antes mencionada alrededor de lo vital y lo vivido, estas herramientas le permitían a Foucault denunciar la gravitación antropológica presente en el naturalismo de Freud, ahora lo animan a efectuar un movimiento de algún modo inverso: reclamar al psicoanálisis la falta de visión de las estructuras antropológicas imaginarias del sujeto.
En efecto, esta “psicología analítica”, ávida de convertir el “no-sentido de la conciencia” en “sentido del inconsciente”, se revela incapaz de aprehender al sueño como “experiencia imaginaria” del hombre[34]. Es decir, una experiencia en la cual “la significación se inviste en imágenes”, pero no por un empobrecimiento simbólico, sino “por un plusvalor, y como multiplicación de sentidos superpuestos”[35]. Desde aquí, las imágenes no son meros índices de un signo, sino estructuras expresivas en movimiento. Dan acceso a un campo más profundo que, como enseña la fenomenología, puede “restituir en su necesidad la inmanencia de la significación”[36]. Esta “inmanencia” es la que Husserl, en su teoría de los signos, distingue del índice y plantea en términos de “expresión” [Ausdruck][37], una dimensión significante profunda cuyo modo de mostración no es asociativo, sino necesario: permite deducir intelectivamente la naturaleza esencial de su nexo.
Ahora bien, ¿cuál es la verdad de esta “esencia”? ¿Hay un fundamento común que permita reunir las estructuras objetivas de la indicación y los complejos significativos movilizados por el psicoanálisis, con los actos de expresión inmanentemente necesarios de los que habla Husserl? Este es el problema que, para Foucault, tanto el psicoanálisis como la fenomenología dejan planteado, y que, a su entender, Binswanger intentaría actualizar en Le Rêve et l’Existence[38]. En efecto, es por medio del intento de “superar”, a la vez, a Freud y a la fenomenología husserliana[39], que la estructura existencial del soñante es valorizada por Foucault. Así, contra la idea de índice husserliano y la pobreza de las imágenes simbólicas de Freud, las imágenes oníricas pueden ser captadas en su “rapsodia” (vocablo musical que abre otro registro, tanto como el problema de lo audible a tener en cuenta), en la profundidad expresiva que moviliza. En este punto, la mirada antropológica peculiar, elaborada por la analítica existencial de Binswanger, emerge como una clave crítica. Esta puede ser aprovechada, advierte Foucault, si direcciona su forma hacia una antropología de la imaginación, o incluso, de la expresión, recuperando además el engranaje crítico husserliano. El sueño hace manifiesta una estructura expresiva donde se elabora una experiencia de “verdad” y de “libertad” existencial, que el psicoanálisis freudiano prefiere encerrar en “el lenguaje del sueño”[40] para revincular infinitamente los índices de las imágenes al contenido de una expresión ya psicologizada.
Foucault busca “restituir bajo una forma teatral la esencia dramática” del sujeto[41]. Dicha plasticidad excede el campo de lenguaje que anuda deseo y signo, y se anima a sumergirse en las profundidades expresivas del soñante. Las experimentaciones de G. Bachelard (1943) sobre los sueños son las que permiten a Foucault construir las coordenadas espaciales (proximidad/lejanía, claridad/oscuridad y la más relevante, ascenso/caída) expresadas por el soñante al relatar el contenido imaginal de su sueño. En el cruce de dichos registros, otro espacio y otro tiempo que el codificado simbólicamente por el lenguaje del deseo puede hincar en la experiencia existencial del soñante. Las vectorizaciones de Bachelard brindan la topografía de una “experiencia silenciosa”[42], que encuentra un campo de veridicción en la noche. En el mundo propio del sueño, la alienación desgraciada de la vigilia encuentra una “felicidad de expresión”[43]. Esta indica, ya no el signo de un código estipulado, sino el sentido de “una libertad que no alcanzó aún, al menos en una expresión objetiva, el momento de su universalidad”[44]. La experiencia onírica brinda una trama en la que el sujeto puede sostener la angustia de su existencia y de la demanda intersubjetiva implicada por el ser-con-otros[45]. Este punto es importante, ya que no es sino con, a partir y a través del otro, que puede tener lugar la propia estilística existencial. El otro moviliza al soñante a fabricar un “estilo”[46], expresivo, artístico, ético, a partir del cual su estructura trágica -y el nivel inconsciente que devela[47]– puede ligarse de otro modo a la historicidad de su presente, a la instancia ética en la que el mismo sujeto está llamado a involucrarse. Pero es entonces necesario sumar al análisis un examen de las determinaciones históricas que limitan esta condición de posibilidad.
IV.
Este es uno de los problemas de Maladie mentale et personnalité, de 1954, primer libro de Foucault, donde se reúnen varias anotaciones presentes en los textos ya mencionados, encargado por L. Althusser, su mentor en la ENS. La pregunta por la historicidad de la experiencia conducirá nuevamente a Foucault a una formulación crítica del psicoanálisis, esta vez desde la perspectiva materialista histórica del marxismo. La escritura de este opúsculo coincide con la breve afiliación de Foucault al Partido Comunista Francés, entre 1950 y 1952, y también sigue, mayormente, las tesis defendidas por la revista marxista La Raison. Cahiers de psychopathologie scientifique, fundada y dirigida por Henri Wallon desde 1951. Según estas ideas, el enfermo mental no es más que la expresión extrema de los conflictos de la sociedad burguesa, y la idea “mítica” que esta última tiene de la “alienación mental” no hace sino traducir el efecto de escándalo de una alienación cuya verdadera naturaleza es social e histórica[48].
Foucault, desde un inicio, pone sobre la mesa una interrogación de las condiciones según las cuales la psicología se permite hablar de enfermedad mental, y cuáles son los hechos patológicos, orgánicos y mentales que pone en relación para su diagnóstico. Foucault vuelve a reconocer el espacio abierto por Freud para el registro de la temporalidad vivida a escala del individuo singular, pero enseguida desestima su interpretación de la patología como regresión evolutiva. Para el vienés, la enfermedad es un conflicto defensivo, producto de una fijación en la historia libidinal. Según Foucault, esta lectura implica una mitificación que aleja aún más a Freud de sus pretensiones cientificistas[49].
De estas mitificaciones, uno de los relatos a los que Foucault apunta principalmente es el del complejo de Edipo. A su entender, en la tragedia sofocleana, “Freud creía leer el enigma del hombre y la llave de su destino”[50], fijando un modo de relación sexual entre hijos y padres como arcaísmo fundante de nuestra vincularidad. Otro mito que Foucault busca martillar es el de la “libido” como sustancia sexual psicologizada, dinamizadora de evoluciones deseantes y también de involuciones traumáticas en la historia del desarrollo individual. En este sentido, si Edipo brinda el relato para elaborar un mito de identidad entre enfermo, niño y primitivo[51], la “libido” aporta “el mito biológico de un devenir de la vida”[52] que ha de ser sustentado por una teoría de la evolución para inscribir contrariedad de sus causas. Foucault desenmascara la operación fundacional respecto de la enfermedad efectuada por Freud: si “todo estadio libidinal es una virtual estructura patológica”[53], “la neurosis no es sino una arqueología espontánea de la libido.”[54]. En consecuencia, el individuo es siempre, ya, potencialmente anormal, incluso antes de estar enfermo.
Ahora bien, para Freud los padecimientos de la enfermedad mental no deben comprenderse en relación con el pasado, sino en la resignificación que, del pasado, se realiza en el presente. Foucault reconoce que Freud abre al análisis una dimensión de actualidad, pero también señala una contradicción que su teoría acarrea e impide incorporar una historicidad concreta: si asumimos con Freud que la patología tiene una significación defensiva y viene a proteger al individuo de un conflicto libidinal en el que ha quedado fijado, la retoma de esta negatividad en tiempo presente no hace sino reproducir dicha contradicción interna. El psicoanálisis, entonces, inscribe un conflicto en el individuo que “desgarra desde el exterior la vida afectiva del sujeto; suscita en él conductas opuestas, lo hace vacilar, provoca reacciones, hace nacer remordimientos”[55]. La “angustia” es la pieza que permite a Freud articular esta contradicción interna en una dimensión afectiva en tiempo presente. Esta deviene, para Foucault, una suerte de mito más, de sustancia sintiente. La angustia es la que otorga una significación única al devenir psicológico del individuo[56]. De modo tal que el sujeto del psicoanálisis, podría decirse, encuentra también aquí su duplicado empírico-trascendental, puesto que es ‘el hombre quien hace una experiencia contradictoria del hombre’[57]. Esta lectura lo exime de articular la actualidad de su angustia a las condiciones de posibilidad históricamente determinadas que lo alienan. Aquí Foucault apunta de lleno contra el capitalismo[58]: “Las relaciones sociales que determina la economía actual bajo las formas de la competencia, de la explotación, de guerras imperialistas y de luchas de clases, ofrecen al hombre una experiencia de su medio humano acosada sin cesar por la contradicción”[59]. Una contradicción que, definitivamente, ya desde temprano no es considerada por Foucault como “intrapsíquica”, sino como una contradicción histórica. Por consiguiente, es en la tesitura relacional de su praxis donde es necesario situar, a la vez, el diagnóstico y la causa de la enfermedad.
Desde este punto de vista, para Foucault, “el psicoanálisis psicologiza lo real, para i-realizarlo: obliga al sujeto a reconocer en sus conflictos la desordenada ley de su corazón para evitarle leer en ellos las contradicciones del orden del mundo.”[60]. Es una terapia “abstracta”, que instaura un “medio artificial” entre el enfermo y el médico, “intencionalmente recortado de las formas normales y socialmente integradas de las relaciones interhumanas”[61].
De un modo polémico, pero ciertamente ligado al trabajo de experimentación psiconeurológica que realiza en estos años, Foucault considera el camino de las terapias pavlovianas. Sin detenerse demasiado, resalta que estas brindan al enfermo medios concretos para superar su situación de conflicto, modificar su medio y responder ‘adaptativamente’ a las contradicciones de sus condiciones de existencia. Foucault entiende esta adaptación como un “modo diferenciado”[62], y en dicho campo de experimentación parece jugarse una alternativa. En todo caso, queda claro que el planteo del diagnóstico y tratamiento de la enfermedad ya no puede ser resuelto por una historia naturalista o de lenguaje, sino que debe inscribir su análisis en la trama de relaciones diversificadas que en el presente sostiene su emergencia.
V.
Para terminar, recuperemos el gesto de “justicia” hacia Freud que Foucault desliza en el artículo encargado por Denis Huisman para un volumen colectivo sobre la historia de la filosofía europea, escrito en 1954 y publicado en 1957: “La psychologie de 1850 à 1950”. Aquí Foucault abre una arista más en su mirada crítica del psicoanálisis situando históricamente sus aportes y sus limitaciones. Como parte de la historia disciplinar de la psicología, el psicoanálisis recibiría la “doble” herencia decimonónica de la Aufklärung[63]: por un lado, sigue vinculado al modelo cientificista de las ciencias naturales, y por el otro, al gesto crítico que le permite torcer la mirada hacia el campo de sentido de lo vivido y de las conductas. Para Foucault, la contribución radicalmente novedosa de Freud radica en no haber separado “sentido” de “conducta”, y en haber podido elaborar una mirada coextensiva entre comportamiento y significación capaz de superar las divisiones psicológicas vigentes en su contexto (voluntario/involuntario, intencional/ automático, normal/patológico). En su análisis de la histeria, por tomar una impronta valorada por el joven Foucault[64], Freud muestra que la diferencia entre lo visible y lo enunciable no se zanja a través de una patologización de las conductas, sino mediante un análisis del sentido “objetivo” de los “símbolos expresivos” que hacen al “material” mismo del comportamiento[65]. Este último, atañe al “enfrentamiento de dos historias reales: la del individuo, en la continuidad de sus experiencias vividas, y la de la sociedad, en las estructuras a través de las cuales se impone al individuo.”[66]. La historia del psicoanálisis, entonces, “hizo justicia por sí misma” al marcar una distancia en relación con los elementos retrógrados que hereda[67]. En efecto, gracias a la “impureza misma de sus conceptos” pudo transformar el análisis causal en génesis de las significaciones, y abrir la evolución para hacer paso a la historia[68].
De este “enfrentamiento” –y de cómo su contienda no se salde echando recurso a doctrinas[69] o a métodos propios de otras ciencias– surge la respuesta a la pregunta por la “negatividad” que, como advertimos en un inicio, atraviesa la lectura de Foucault en estos años. En este sentido, en el artículo publicado en 1957 en la revista Nouvelle Recherche, “La recherche scientifique et la psychologie”, nuestro autor insiste en que más que sobre una certidumbre epistémica, el fundamento de la psicología se asienta en “la sombra de duda” que echa sobre su objeto de conocimiento. Esta solo puede construir su “positividad” a partir de “las experiencias negativas que el hombre hace de sí mismo”[70]. Es también allí donde encuentra, epistémicamente, los “límites negativos y la franja de sombra que rodea el saber y el dominio de las técnicas”[71].
Ahora bien, y para terminar, Foucault insiste en que esta negatividad “de origen” ha sido olvidada por el psicoanálisis. Incluso a pesar de que se trata de una negatividad constatable en todo momento en el campo práctico: la psicología no opera en función de “exigencias positivas”, sino mediante el choque con obstáculos y conflictos que emergen en la vida consciente. El hombre es un ser expresivo de procesos que escapan a su dominio; esta es la “lección todavía no agotada” que, con el descubrimiento del “inconsciente”[72], nos aporta el psicoanálisis. El “escándalo de Freud” -encomia Foucault- radica en haber hecho de las “amenazas oscuras de la libido”[73] una negatividad significante. En efecto, “tomar la negatividad del hombre por su naturaleza positiva, la experiencia de su contradicción por la revelación de su verdad más simple, la más inmediata y más homogénea es, desde Freud, el proyecto silencioso de toda psicología”[74]. Ese es el aporte insoslayable a través del cual el psicoanálisis siempre podrá estar en grado de reactualizar su vigencia. Se trata de asumir un “retorno a los infiernos”[75] que permita abordar al hombre concreto en la expresión de su invención irreductible en la trama compleja de las condiciones de su historicidad.
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Notas
[1] Canavêz, Fernanda, “Entre Freud e Foucault: a resistência como afirmação de si”, ed. cit., p. 230.
[2] Ernani Chaves, Foucault e a psicanálise, ed. cit., p. 136; Switzer, Adrian, “Psychoanalysis”, ed. cit., pp. 411–18; Allen, Amy, “Foucault, psychoanalisis, and critique”, ed. cit, pp.170-186; Elisabetta Basso, Young Foucault: the Lille manuscripts on psychopathology, phenomenology, and anthropology, 1952–1955, ed. cit., pp. 82-89.
[3] Michel Foucault, Folie et déraison, ed. cit., p. 428.
[4] Michel Foucault, Les mots et les choses. Une archéologie des sciences humaines, ed. cit., pp. 391-3.
[5] Michel Foucault, Histoire de la sexualité I. La volonté de savoir, ed. cit., p. 197.
[6] Gros, Frédéric « Freud, l’évité de Foucault au Collège de France », ed. cit., p. 1167.
[7] Gros, Frédéric « Freud, l’évité de Foucault au Collège de France », ed. cit., p. 1165.
[8] Cf. Foucault, Michel « Nietzsche, Freud, Marx », ed. cit., pp. 564-569.
[9] Michel Foucault, Folie et déraison, ed. cit, p. 428. Acerca del uso de esta expresión por parte de Freud, Cf. Derrida, Jacques. “‘To Do Justice to Freud’: The History of Madness in the Age of Psychoanalysis.”, ed. cit, pp. 57-96.
[10] Eribon, Didier, “Toward an Ethics of Subjectivation: French Resistances to Psychoanalysis in the 1970s.”, ed. cit., pp. 71–87.
[11] Estas notas de lectura dan testimonio de la curiosidad insaciable de Foucault respecto del campo de la psicología. Junto a fichas dedicadas a nociones de psicología general (la conciencia, la inteligencia, la motivación, la emoción, la percepción, la pasión), se encuentran fichas consagradas a autores (Pávlov, Lagache, Rorschach, Skinner, Piaget, Wallon, Lewin, Goldstein, etc.), así como a ámbitos psicológicos más específicos (teoría de la Gestalt, neuropatología, electroencefalografía, psicología de las actitudes, psicología del carácter, psicología animal, psicología social, etc.). Este estudio se cruza, asimismo, con fuentes etnológicas y sociológicas, dando cuenta de la compleja crítica antropológica que en estos años, Foucault, busca elaborar. (Cf. Sabot, Philippe, “Michel Foucault in the 1950s: Beyond Psychology towards Radical Ontology”, ed. cit., p. 60).
[12] Archives “Fonds Foucault”, Bibliothèque Nationale de France, cota 28730, caja 46.
[13] Ernani Chaves, Foucault e a psicanálise, ed. cit, p. 57.
[14] Gros, Frédéric « Freud, l’évité de Foucault au Collège de France », ed. cit., p. 1171.
[15]En 1928, Georges Politzer desarrolla una crítica global de la psicología clásica, a la que reprocha conformarse con nociones abstractas cosificadoras de la conducta y del sentido de los individuos concretos. A partir de esta crítica, Politzer reconoce al psicoanálisis el mérito de interesarse por fin en los hombres reales y de desplegar desde allí las condiciones de una verdadera ciencia del hombre. No obstante, la noción freudiana del inconsciente reinstala en el corazón del sujeto una interioridad que le escapa y lo sustrae de sí mismo mediante una fijación y objetivación de su ser, fijando y objetivando su ser. Es preciso entonces producir un “retorno a lo concreto” que, a ojos de Foucault, implica una tarea “más compleja que la soñada por Politzer”, puesto que no solo se trata de denunciar sus mitos e idealismos, sino también de determinar hasta qué punto siguen operando. (Cf. Georges Politzer, Georges, Critique des fondements de la psychologie. La psychologie et la psychanalyse, ed. cit., p. 23 ; Michel Foucault, Phénoménologie et psychologie, ed. cit., p. 32).
[16] Elisabetta, Basso, Young Foucault: the Lille manuscripts on psychopathology, phenomenology, and anthropology, 1952–1955, ed. cit., pp. 1-15.
[17] Foucault dedicará un apartado de este manuscrito a la relación entre “Négation et contradiction: la psychopathologie met en crise le modèle phénoménologique”, donde insiste en la necesidad de ‘tomar en serio’ la pregunta por la negación, para plantear el origen como cuestión que no puede ser saldada en un llamado a un fundamento, y así ‘abordar de frente el problema de la dialéctica’ (Cf. Michel Foucault, Binswanger et l’analyse existentielle, ed. cit., pp. 13-43).
[18] Michel Foucault, Binswanger et l’analyse existentielle, ed. cit., p. 19 ; Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit, 69.
[19] Michel Foucault, Binswanger et l’analyse existentielle, ed. cit., p. 10.
[20] Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., 69.
[21] Incluso por cierto “darwinismo” que será objeto de análisis en los años 1960, ya destacado por Foucault en estos años. Cf. Michel Foucault, Phénoménologie et psychologie, ed. cit., pp. 283-286; Michel Foucault, La Question anthropologique, ed. cit., pp.158-262.
[22] Michel Foucault, Binswanger et l’analyse existentielle, ed. cit., p. 21.
[23] Michel Foucault, Binswanger et l’analyse existentielle, ed. cit., p. 33.
[24] Michel Foucault, Phénoménologie et psychologie, ed. cit., p. 376.
[25] Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 69.
[26] Sigmund Freud, Die Traumdeutung, en Gesammelte Werke, ed. cit., p. 530.
[27] Cf. Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 70.
[28] Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 72.
[29] Cf. Sabot, Philippe, «L’expérience, le savoir et l’histoire dans les premiers écrits de Michel Foucault», ed. cit., p. 294.
[30] Abeijón, Matías, “El psicoanálisis en la obra temprana de Michel Foucault. De la fenomenología a la negatividad”, ed. cit., p. 8.
[31] Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 71.
[32] Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 73. En este sentido, Freud no llegaría a sentar las bases para una psicología de la imago, al menos de una que pueda dar cuenta de la estructura imaginaria del sujeto, tal como fuera concebida por Lacan. (Cf. Kripper, Agustín, “La temprana crítica del símbolo freudiano”, ed. cit., p. 123).
[33] Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 98.
[34] Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 80.
[35] Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 70.
[36] Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 74.
[37] Cf. Husserl, LI II/I “Ausdruck und Bedeutung”, §§ 1-16.
[38] Cf. Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 79.
[39] Sabot, Philippe, «L’expérience, le savoir et l’histoire dans les premiers écrits de Michel Foucault», ed. cit., p. 291.
[40] Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 30.
[41] Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 96.
[42] Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 74.
[43] Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 119.
[44] Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 118.
[45] La referencia es la idea de “mitsein” (ser-con), como declinación ética del “In-der-Welt-sein” (ser-en-el-mundo) heideggeriano.
[46] “Estilo” que el autor define como “el movimiento originario de la imaginación cuando toma el rostro del intercambio”. (Cf. Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 118).
[47] A mi entender Foucault está aquí problematizando la noción de “inconsciente” freudiano y esbozando caminos posibles para nominar la tarea expresiva que allí tiene parte, tanto como la lectura de la alteridad que el campo intersubjetivo obliga a elaborar. En este sentido, en Phénoménologie et psychologie encontramos un pasaje esclarecedor de la hipótesis de lectura propia que comparto aquí, cuando Foucault reconoce que “el psicoanálisis sitúa al hombre al cual se dirige de una manera tal vez imprecisa pero finalmente exacta: en alguna parte entre el momento del sueño, donde se esbozan las formas más frustrantes de la expresión, y el momento del lenguaje explícito, claro, del lenguaje dirigido a alguien en el que culmina el trabajo de la expresión.” (Cf. Michel Foucault, Phénoménologie et psychologie, ed. cit., p. 16). La relevancia del sueño, por tanto, excede la lectura de Binswanger. Me animo incluso a afirmar que Foucault, al posicionar frente al espacio del inconsciente freudiano, la relación entre imaginación, expresión y estilo como estética y ética de un lenguaje dirigido a “otro”, busca separar su relación con el psiquismo y también, la sumisión de toda alteridad a una interpretación de corte hegelianiano (Cf. Foucault, Michel, «Introduction», ed. cit., p. 118; Craviotto Corbellini, Agustina, “Foucault, un punto de exterioridad”, ed. cit., p. 198). Foucault relativiza la importancia epistémica de la noción de inconsciente freudiano. En efecto, “que entre estos dos momentos, la teoría psicoanalítica haya inventado los mecanismos del inconsciente, y que nombrándolo así haya evitado la tarea de explicitarlo, es otro problema” (Cf. Corbellini, Agustina, “Foucault, un punto de exterioridad”, ed. cit., p. 198). En todo caso, como también reconoce Foucault, “el psicoanálisis supo, de hecho, dirigirse al hombre en el momento mismo donde es un ser que se expresa” (Cf. Michel Foucault, Phénoménologie et psychologie, ed. cit., p. 16).
[48] Michel Foucault, Maladie mentale et personnalité, ed. cit., p. 104.
[49] Una ampliación de la reflexión sobre la “mitificación” –en, contra y a partir de Freud–, puede encontrarse en el manuscrito Michel Foucault, Phénoménologie et psychologie, ed. cit., pp. 23-30, y en el artículo del autor “La recherche scientifique et la psychologie”, ed. cit., pp.137-158.
[50] Cf. Michel Foucault, Maladie mentale et personnalité, ed. cit., p. 26.
[51] Michel Foucault, Maladie mentale et personnalité, ed. cit., p. 30.
[52] Foucault, Michel et Basso, Elisabetta, « Un manuscrit de Michel Foucault sur la psychanalyse », ed. cit., p. 11.
[53] Michel Foucault, Maladie mentale et personnalité, ed. cit., p. 26.
[54] Michel Foucault, Maladie mentale et personnalité, ed. cit., p. 26.
[55] Michel Foucault, Maladie mentale et personnalité, ed. cit., p. 48.
[56] Michel Foucault, Maladie mentale et personnalité, ed. cit., p. 50.
[57] Cf. Michel Foucault, Maladie mentale et personnalité, ed. cit., p. 50.
[58] Estas críticas al psicoanálisis se encuentran inspiradas en una “autocrítica” de 1949 de algunos psiquiatras comunistas provenientes del PCF publicada en La nouvelle critique, donde se lo acusa de ser una “ciencia burguesa” que regula mediante una “ideología mistificadora” conflictos patológicos que no son intrapsíquicos, sino producto de contradicciones de la sociedad capitalista. (Cf. Abeijón, Matías, “El psicoanálisis en la obra temprana de Michel Foucault. De la fenomenología a la negatividad”, ed. cit., pp. 13-15).
[59] Michel Foucault, Maladie mentale et personnalité, ed. cit., p. 86.
[60] Michel Foucault, Maladie mentale et personnalité, ed. cit., p. 121.
[61] Michel Foucault, Maladie mentale et personnalité, ed. cit., p. 109.
[62] Michel Foucault, Maladie mentale et personnalité, ed. cit., p. 122.
[63] Un análisis similar efectúa otro manuscrito de esta época, cuando analiza desde el gesto de la crítica kantiana la voluntad de desmitificación freudiana (Cf. Michel Foucault, La Question anthropologique, ed. cit., pp. 156-159).
[64] Para una mirada de los aportes tempranamente reconocidos a Freud en el campo de la histeria (Cf. Michel Foucault, Binswanger et l’analyse existentielle, ed. cit., pp. 13-14; Sferco, Senda, “Decir la verdad por medio del error. A propósito de la histeria en el joven Foucault”, ed. cit., pp. 179-185).
[65] Foucault, Michel, «La psychologie de 1850 à 1950», ed. cit., p. 129.
[66] Foucault, Michel, «La psychologie de 1850 à 1950», ed. cit., p. 129.
[67] Cf. Foucault, Michel, «La psychologie de 1850 à 1950», ed. cit., p. 128.
[68] Foucault, Michel, «La psychologie de 1850 à 1950», ed. cit., p. 128.
[69] Foucault aleja aquí su interpretación de la contradicción de los términos marxistas presentados en Maladie mentale et personnalité, ed. cit., de 1954, aunque no explicita un posicionamiento crítico.
[70] Foucault, Michel, «La recherche scientifique et la psychologie», ed. cit., p. 153.
[71] Foucault, Michel, «La recherche scientifique et la psychologie», ed. cit., p. 153.
[72] Michel Foucault, Phénoménologie et psychologie, ed. cit., p. 16.
[73] Foucault, Michel, «La recherche scientifique et la psychologie», ed. cit., p. 143.
[74] Foucault, Michel, «La recherche scientifique et la psychologie», ed. cit., p. 154.
[75] Foucault, Michel, «La recherche scientifique et la psychologie», ed. cit., p. 154.
