Dicen que en política nunca ningún espacio de poder queda vacío, ya que cuando alguna fuerza se retira, inmediatamente algo o alguien ocupa ese lugar. Con su desaparición la revista Reflexiones Marginales pronto dejará de ocupar un espacio y un tiempo, no sólo en el ámbito de la filosofía, sino sobre todo en el de las artes, la cultura y, especialmente, en el del pensamiento y la sensibilidad. Espacio que por una década y media se llenó de letras e imágenes que aglutinó cientos de lecturas, miradas críticas y quizás complacientes, de especialistas y legos, de ortodoxos y heterodoxos. Hasta ahora la Revista ha sido posible gracias a la provocación o al destino que la técnica nos ofrece electrónicamente. Sí, la edición de la Revista es electrónica, ocupa un espacio en la nube y en nuestros dispositivos cibernéticos, en esta época y por muchas condiciones hubiera sido imposible y hasta inconveniente su versión en papel. Su presencia electrónica, su ser electrónico, su condición de ente virtual no es una casualidad, porque mirar, ir hacia atrás, doblar, desviar (flectere) el pensamiento sobre sí mismo no es igual que hacerlo sobre un palimpsesto que en una tablet o en cualquier otro dispositivo electrónico. Reflexiones Marginales, la Revista, ha sido en muchas ocasiones verdugo y víctima de la tecnología, incluso de sí misma, sin embargo, la plena convicción de que sin este espacio virtual, como condición de posibilidad, hubiera sido imposible el encuentro vital de cientos de almas que ahí se siguen dando cita.
Tempus fugit, quince años no es nada o por lo contrario es toda una vida, se va Reflexiones Marginales en plena adolescencia y con ello se lleva a muchos de nosotros, sin embargo, como en esa serie de Black Mirror, en el episodio de San Junípero, parece que podríamos tener vida eterna en las nubes cibernéticas, incluso si la Revista produjera dinero a sus colaboradores, quizás habría una herencia eterna para los beneficiarios del lejano futuro, como aún lo siguen siendo los libros, sus autores, sus personajes e historias. En esta época algo que dura más que un video de Tik Tok o un Reel se considera aburrido, cansado e inútil, así que quince años hace parecer la publicación, su contenido, como una reliquia de un remoto pasado, de cuando todavía se escribía y leía. El tiempo de ahora es inmensamente veloz, ha transformado la escritura y la lectura, la inteligencia artificial hace por nosotros en unos cuantos segundos lo que nos llevaría semanas y meses hacer en una biblioteca o en un archivo. La información es instantánea, no hay tiempo ni para reflexiones marginales ni centrales, ¿fin o advenimiento de algo distinto? ambas, algo parece estar naciendo con mucha dificultad como en los partos contemporáneos y algo muere, la actualidad es agónica además de innombrable. Pero no habrá que preocuparse porque parafraseando al viejo Marx: La Violencia, partera de la historia, como siempre, está haciendo su arduo y minucioso trabajo. Reflexiones Marginales como flujo de sensibilidades y pensamientos, siempre por venir, parte, en un último viaje sin retorno, en la balsa de Caronte, al inframundo. Sin duda, su geografía, sus territorios electrónicos tan brevemente ocupados serán gentrificados, habrá una desterritorialización que dará paso a algo más, seguramente heterogéneo caótico y disruptor que como el huevo de la serpiente anida desde hace mucho en las instituciones universitarias.
