Recuerdo y olvido en Las batallas en el desierto

Joana Cecilia Noriega Hernández #10 - Hegel, Literatura

Abstract

Este ensayo examina la forma que asume el recuerdo y el olvido en Carlitos el niño protagonista de la novela Las batallas en el desierto. La autora ejemplifica que el mecanismo de recordación de Carlitos está bañado de vivencia personal enmarcada en un contexto más amplio. Mediante este ejercicio se muestra una y sólo una de las maneras como construimos nuestros recuerdos y se teje el pasado.

José Emilio Pacheco es un escritor mexicano que ha cultivado con maestría todos los géneros literarios. Nació en la ciudad de México y su narrativa ha puesto particular atención en mostrar el mundo de la niñez, la adolescencia y las transformaciones de la Ciudad de México. Precisamente, en Las Batallas en el desierto, obra editada por vez primera en 1981, Pacheco habla del pasado y hace un ejercicio de la memoria pues nos narra los cambios sufridos por la ciudad a finales de los años 40 y principios de los 50; y, asimismo, aquellos que, al mismo tiempo, han experimentado sus habitantes.

Con mi ensayo deseo reflexionar sobre la memoria, el olvido y el recuerdo porque considero que, en gran medida, la novela está cruzada por el problema del pasado. En la novela se narran las transformaciones de la ciudad desde la óptica del niño Carlitos. Él logra reconstruir, con aquello que recuerda y no recuerda, un pasado. Pasado que, sin embargo, está imbricado con otros pasados, con otros presentes, e, incluso, con otros futuros. Deseo mostrar que el recuerdo y el no recuerdo son producto de las vivencias personales más íntimas. En este sentido, el pasado siempre es un asunto muy personal y quizá por esa razón también lo caracterice la fugacidad.

Con el propósito de entender una de las maneras, y sólo una, acerca de cómo construimos nuestros recuerdos y cómo se teje el pasado o los pasados, debemos reflexionar en torno al recuerdo y el olvido. Es que el recuerdo y el no recuerdo están profundamente tejidos de vivencia personal.

El aspecto de vivencia personal que posee el pasado queda bien demostrado con las diferencias que presentan las vivencias de las personas a pesar de que éstas comparten un mismo tiempo y espacio (incluso una misma casa). Así que el pasado se piensa distinto porque se vive de maneras diversas y esto conforma también recuerdos e historias disímiles.

Es posible, no obstante, argumentar que no hay tantos pasados como personas, sino un sólo pasado y diferentes historias personales. Para algunos, lo que más importa es el pasado común (colectivo) que, sin duda, cruza las vivencias personales. Al fin de cuentas, en los libros de historia nunca se pone atención en los pasados, sino en el Pasado, en la memoria colectiva y no en la memoria individual porque ésta última siempre es pasajera y fugaz.

Las batallas en el desierto se nutren de los recuerdos de su protagonista: Carlitos, un niño cuya edad no conocemos; quien narra, casi 30 años después, el evento más maravilloso que pudo haberle ocurrido en su infancia, enamorarse de una mujer adulta. Cómo reconstruye ese pasado, cuáles son los criterios que juzgo guían su mecanismo de recordación.

Su relato comienza con las palabras siguientes “me acuerdo, no me acuerdo: ¿Qué año era aquél?” (Pacheco, 1981, p. 9). No tiene claro el año pero sí los cambios sustanciales que había experimentado aquel mundo al cual llama antiguo. Recuerda los programas de radio, los coches producidos tras la Segunda Guerra, las matinés de películas, y las canciones que sonaban a la sazón. Pero, especialmente, recuerda un bolero que habla sobre el amor: “Por alto esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo, no habrá una barrera en el mundo que mi amor profundo no rompa por ti” (p.10).

El bolero está intrínsecamente vinculado con el drama que marcó su infancia, enamorarse de Mariana. Precisamente, cuando camina hacia su casa después de haberla conocido, una sinfonola toca dicho bolero. ¿Por qué lo recuerda tan bien? Me parece que hay una conciencia y voluntad de querer recordarlo, y un suceso importante que gira alrededor del mismo.

Miré la avenida Álvaro Obregón y me dije: Voy a guardar intacto el recuerdo de este instante porque todo lo que existe ahora mismo nunca volverá a ser igual. Un día lo veré como la más remota prehistoria. Voy a conservarlo entero porque hoy me enamoré de Mariana (p.31).

También recuerda con lujo de detalles el día nublado en el que escapó del colegio para declararle su amor. Recuerda que “Mariana no se indignó ni se burló. Se quedó mirándome tristísima. Me tomó la mano (nunca voy a olvidar que me tomó la mano) y me dijo: Te entiendo perfectamente” (p.38).

Carlitos reconstruye su infancia mediante las ráfagas y los destellos de ese pasado. Tales atisbos de pasado, sin embargo, son claros, minuciosos y, en algunos casos, incluso llenos de exactitud. No se acuerda del año en que sucedió el drama, ni qué hizo después de ir a constatar si Mariana se había suicidado o no… en cambio, recuerda bien la “cancioncita”. Si para muchos ese pasado (el de Carlitos) es irreal; para él, posible; porque “existió Mariana, existió Jim, existió cuanto me he repetido después de tanto tiempo de rehusarme a enfrentarlo” (p. 67). Lo que no recuerda es producto de la decisión también consciente de no recordar y de la imposibilidad misma de la memoria.

Carlitos señala que no volvió a ver a nadie de esa época, y demolieron los edificios que se ubicaban en la realidad espacial de su infancia, aquellos que bien podrían recordarle a Mariana. Es drástico al señalar que “terminó aquel país. No hay Memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia” (pp. 67-68). Por supuesto, sólo él… porque se refiere a su pasado. Es aquí en donde es claro que él se encuentra reconstruyendo su pasado, no el de la ciudad o la colonia en que vivió, sino su infancia y uno de los recuerdos que lleva en el corazón: su enamoramiento. Sólo él tiene memoria de aquel México porque ese pasado se encuentra cruzado con el suyo.

San Agustín en sus Confesiones, citado por Ricoeur (1995, p.61)reflexiona en torno al tiempo y el recuerdo:

En ti, alma mía, mido yo los tiempos ¿Y cómo? En cuanto permanece, tras su paso, la impresión (affectio) que las cosas marcan en el espíritu al pasar: La impresión que dejan en ti las cosas al pasar, y que permanece (manet) apenas pasaron, esa presencia es la que mido, no las cosas que pasaron para producirla.

En el pasado (infancia) de Carlitos hay otros pasados en los cuales lo íntimo… el alma se impone. Mientras que para él son recordables sus juegos, las tortas de nata y las “batallas en el desierto”; para su madre era importante la Guerra Cristera en la cual su familia participó. Para Carlitos, un subterráneo construido en dicha guerra, le parecía “un vestigio de épocas históricas”, si bien tal acontecimiento no era tan lejano temporalmente como su infancia. Porque para él no significaba tanto como para su madre. Para su hermano Héctor, el pasado inmediato era recordable: por ejemplo, el fraude que, según su opinión, le habían hecho al general Henríquez Guzmán. Para Carlitos, los hechos revolucionarios, simplemente, no tenían cabida en su comprensión:

Y entre el parque y mi casa vivía doña Sara P. De Madero. Me parecía imposible ver de lejos a una persona de quien hablaban los libros de historia, protagonista de cosas ocurridas cuarenta años atrás. La viejita, frágil, dignísima, siempre de luto por su marido asesinado (Pacheco, 1981, p. 9).

En cambio, para sus padres, el pasado reciente e incluso el presente era lo más importante: “la revolución […] se embolsó nuestros ranchos y nuestra casa de la calle de San Francisco; bajo pretexto de que en la familia hubo muchos dirigentes cristeros” (p. 49). Y el tema predilecto de las burlas familiares era el régimen de Miguel Alemán: “es la inmoralidad que se respira en este país bajo el más corrupto de los regímenes. Ve las revistas, el radio, las películas: todo está hecho para corromper al inocente” (p. 56).

Hay en Las Batallas en el desierto otros pasados que son colectivos y que cruzan la infancia de Carlitos. Me refiero a las transformaciones que sufre la colonia Roma y la ciudad entera misma. Mutaciones que por su carácter de novedad impactaban considerablemente a cualquiera y las cuales eran casi imposibles de olvidar:

Rosales puso la caja de chicles Adams sobre la mesa. Miró hacia Insurgentes: los Packards, los Buicks, los Hudsons, los tranvías amarillos, los postes plateados, los autobuses de colores, los transeúntes todavía con sombrero: la escena y el momento que no iban a repetirse jamás. En el edificio de enfrente General Electric, calentadores Helvex, estufas Mabe. Largo silencio, mutua incomodidad (p. 60).

Claro que puede aducirse que Carlitos también recordaba el temblor de octubre, el cometa en noviembre, el incendio de la ferretería La Sirena, y mil cosas más. Por lo demás, había olvidado otras tantas. La pregunta es: ¿Por qué olvidamos y por qué recordamos? Los científicos han llegado a argumentaciones semejantes a las que podemos derivar de este ensayo. Ellos señalan que aunque no sean lo mismo, la memoria y la antimemoria son inseparables. “Lo que finalmente recordamos es el resultado de la interacción, dosificada convenientemente, de ambos procesos: el de retención y el del olvido instantáneo” (Toharia, sin año). Tal proceso es, según los investigadores, puramente biológico y automático y nos ayuda a vivir equilibradamente en lo que respecta a nuestra mente.

Finalmente, como conclusión puedo señalar que la reconstrucción de la infancia de Carlitos se mueve entre el recuerdo y el no recuerdo. Entre la convicción de recordar aquello que un día será época histórica o prehistoria o simplemente irrepetible; y la opción de olvidar… que, a ciencia cierta, no se sabe de dónde proviene. Las batallas en el desierto, no obstante, nos muestran que olvido y recuerdo son parte de un mismo proceso. El olvido y recuerdo de Carlitos está lleno de drama personal enmarcado en un contexto más amplio que el propio, un contexto no sólo de carácter biológico sino también de raíz social.

Bibliografía

Pacheco, J. E. (1981). Las Batallas en el desierto, México, Era.

Ricoeur, P. (1995). Tiempo y narración. I. Configuración del tiempo en el relato histórico. México. Siglo Veintiuno.

Toharia, M. (Sin año). “La molécula del olvido”. Extraído el 3 de agosto de 2010 desde: http://www.exploralaciencia.profes.net/ver_noticia.aspx?id=7552