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Identidad, espacio publico y tercer entorno.

 

Persona(s). Identidades en el tercer entorno es un proyecto de investigación desarrollado en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM. Está dedicado a reflexionar sobre las nuevas identidades en la red y a trazar las constantes que, a partir del uso de distintas herramientas tecnológicas, se han generado respecto a la despersonalización y a las estrategias de incorporación de dispositivos creados para afectar la percepción a partir de ellas. La investigación está encaminada a reflexionar críticamente acerca de esta idea, partiendo de una unidad de análisis centrada en la epistemología genética esbozada por los psicólogos Jean Piaget y por Lev S. Vigotsky. Así, los trabajos llevados a cabo por la literatura y las artes visuales son el complemento referido a modos de estar relacionados con el conocimiento, desde los cuales se pueda plantear una propuesta metodológica relacionada con la construcción de estas identidades en distintas plataformas sociales en internet, capaces de subsistir en el espacio electrónico como entidades ficticias creadas para la participación y creación de contenidos.

La investigación plantea entonces la delimitación formal del concepto de tercer entorno del cual habla el filósofo Javier Echeverría, que propone la revisión de las representaciones que ahí operan, aunándolas a las constantes teóricas que el historiador John Tagg propone a propósito de la representación fotográfica y su naturaleza indicial. Desde el punto de vista de la literatura, se revisan los conceptos de identidad (idem) y mismidad (ipse) propuestos por Paul Ricouer al hablar de las operaciones culturales que la narrativa produce para que un autor determinado se represente a sí mismo como “otro” mediante dichos dispositivos. Aunado a esto, el concepto de différance acuñado por Jacques Derrida aportará finalmente un espacio crítico desde el que se pueda sostener la creación de nuevas identidades que cuestionen el origen de los signos y permitan la introducción de dispositivos suficientes que soporten las subjetividades constantemente amenazadas por una homogenización de los saberes y prácticas sociales en la red.

Imagen de perfil de Arturo Alaniz.

Imagen del perfil de Facebook de Arturo Alaniz. César Cortés Vega, 2013.

Se ha generado así una interrelación específica entre las fuentes teóricas y prácticas (análisis de obra) que permite proponer esquemas específicos, tanto para la investigación como para la producción. Por ello las conclusiones no tienen como intención justificar la obra visual a producir, sino involucrar esta producción como parte integrante de la investigación. Se trata de abarcar elementos de las artes visuales y la literatura, de manera que las conclusiones revisadas a través del modelo adaptativo se vean enriquecidas, y a la vez pueda plantearse una forma específica para hacer operar piezas que sin este análisis no tendrían sentido. Es, en términos sintéticos, una propuesta de investigación-producción indisociable.

Como parte del trabajo práctico, se están produciendo cinco identidades ficcionales relacionadas específicamente con el arte desde distintas posturas, a la manera de heterónimos (Pessoa) que produzcan discurso e incluso obra, y que operen en la red como motivadores de participación. Estos heterónimos se han introducido en distintos espacios dentro de internet a manera de avatares, en foros o grupos de discusión, y de los cuales se recopila toda la interacción generada para realizar un análisis adaptativo de los datos que den respuesta a diversas interrogantes planteadas en el marco conceptual.

 

Epistemología genética

En la teoría de equilibraciones Piaget distingue tres preguntas base que delimitan el origen en la construcción del conocimiento. La primera indaga acerca de qué es lo que conocemos, a lo cual Piaget responde que se trata de relaciones y relaciones de relaciones que se van tejiendo continuamente en al interior del dominio neuronal, en conjugación con el ámbito de la realidad externa. Lo anterior lleva a una segunda pregunta acerca de la manera en la que conocemos. A ella Piaget responde que se trata de la interacción entre uno o más movimientos asociados a una coordinación de inferencias cognoscitivas, generadas a la par de un contacto con evidencia empírica. La tercera pregunta, que distingue a la epistemología genética de otras epistemologías, se refiere a los procesos de transformación entre estados cognitivos con diferente grado de desarrollo. Esto nos enfrenta a la configuración de un modelo que distingue fases de diferenciación y explica los cambios en las estructuras y en los procesos generados en ellas, a partir de operaciones de cognición elementales. Este modelo puede ser revisado y renovado entonces, según los cambios en el entorno que signifiquen desarrollos diferenciales en las formas en las cuales estas operaciones son dadas.

Por ello la necesidad de incluir a Vigotsky en la revisión epistemológica de la investigación, pues el autor pone más énfasis en las relaciones sociales y en las mediaciones históricas del contexto para que cierto tipo de comprensión sea posible. En este sentido, además de estas mediaciones, la idea de internalización en la que toda función aparece dos veces –primero a nivel social y luego a nivel individual– da pauta para discutir la relación existente entre aprendizaje, objeto de aprendizaje y entorno. De esta manera la construcción del conocimiento está influida por la manipulación física del objeto en la interacción social presente y pasada: las etapas por las cuales ha transcurrido para ser representada de una manera particular, y cómo eso se incorpora a los procesos culturales que modifican la cognición. Las condiciones históricas muy bien pueden equipararse a la idea de Marx acerca del sujeto social. Lo interesante de este enfoque es que aporta un modelo de observación que es posible adaptar al hablar de las nuevas relaciones de intercambio que se gestan en internet.

Primer rostro de Arturo Alaniz. César Cortés Vega, 2013.

Primer rostro de Arturo Alaniz. César Cortés Vega, 2013.

Arte y tercer entorno

El filósofo Javier Echeverría distingue tres entornos sistémicos desde los cuales los humanos hemos entendido y percibido la realidad. El primero es característico de sociedades originarias y obedece a la dependencia de la producción agrícola.     El segundo implica a sociedades urbanas que han dado cobijo a estructuras complejas como la democracia, la ciencia y la revolución industrial. Este entorno, según el autor, está en crisis como forma dominante en la actualidad. El tercer entorno es el último estadio construido por los humanos en el proceso histórico de adaptación y de control de la realidad. En él la cuestión a debatir es la creación de nuevos dispositivos mediales que funcionen como agentes para la ubicación, reubicación y entendimiento de la información electrónica como un área indeterminada en la que las implicaciones de orden público son decisivas. El tercer entorno sería regulado por características que si bien se yuxtaponen a las características del segundo, implican una comparación que correspondería a una noción productivista dentro de sus límites significativos. Por ejemplo, mientras que lo presencial implica una característica específica relacionada con las operaciones de intercambio basadas en la presencia en un entorno urbano, lo representacional implicaría distintos tipos de credibilidad contractual en el entorno electrónico. Así, cada una de las categorías formales que Echeverría enumera, tiene repercusiones en el flujo de los valores aducidos a la sociedad contemporánea.

Teniendo en cuenta este modelo, se revisan proyectos generados desde finales de los años sesenta en el arte, en los cuales la tecnología ha presentado recursos para facilitar el surgimiento de identidades artificiales, eficaces en el terreno de la participación pública. La intención es, por un lado, la reunión de genealogías teóricas desde las que se haya asumido el problema de las identidades alternas construidas ex profeso para la afectación de las circunstancias del presente, y una reunión crítica de algunos trabajos representativos que, a partir de las líneas teóricas seguidas, hablen sobre distintos modos de realizar estas intervenciones. En este sentido, hay una toma de posición respecto a la representación que John Tagg enfrenta a la idea de Rolland Barthes acerca de que la fotografía es una mera constatación de la existencia de un sujeto prefotográfico. Al contrario de la noción de que existe algo así como un realismo fotográfico retrospectivo, Tagg sostiene que cada fotografía es el resultado de distorsiones específicas que hacen que su relación con cualquier realidad anterior sea problemática, pues plantean la cuestión del nivel determinante del aparato material y de las prácticas sociales dentro de las cuales tiene lugar la fotografía. Más allá de una mera máscara mortuoria que nos hace constatar la marca de lo que ya no está más, se trata de un montaje, de una construcción, puesto que la imagen es producida de acuerdo con determinadas normas formales y procedimientos técnicos de carácter institucionalizado que definen cuáles son las manipulaciones legítimas y las distorsiones permisibles en ella.

La naturaleza indicial de la imagen, o el vínculo entre referente prefotografico y el signo, es compleja e irreversible, y no puede garantizar un significado unívoco. El vínculo con el observador está establecido por medio de un proceso técnico, cultural e histórico discriminatorio en el que unos mecanismos ópticos y químicos específicos son puestos en acción para organizar la experiencia y el deseo de producir una nueva realidad. La “fuerza constatativa” de la que habla Barthes es más bien un  complejo resultado histórico y es ejercido por las fotografías solamente dentro de ciertas prácticas institucionales y relaciones históricas concretas. Lo que es “real” en ella, no sólo es una cuestión de memoria, sino que se trata de una construcción paulatina desarrollada a lo largo del tiempo. De igual manera, aquello que miran, es el producto de una necesidad, pues todo aquello que no miran ha sido decantado gracias a un interés específico.

Esquema general de la investigación Persona(s) identidades en el tercer entorno. César Cortés Vega, 2014.

Esquema general de la investigación Persona(s) identidades en el tercer entorno. César Cortés Vega, 2014.

Literatura e identidad

Paul Ricoeur plantea la distinción entre el concepto de sí mismo, diferenciándolo de la noción de Yo. Esto lo lleva a una separación dialéctica entre lo que él llama identidad-idem, o mismidad, e identidad-ipse. Desde esta última es posible un desdoblamiento que permite un cierto tipo de alteridad. Siguiendo las claves que Luz Aurora Pimentel da respecto a la obra del filósofo francés, la narración literaria puede ser concebida como un dispositivo para realizar experimentos que asuman una relación dinámica con la conciencia de los personajes.

Según Ricoeur, la narración es el mecanismo por el cual el problema de la identidad se resuelve, pues en ella se prescribe quién ejecuta una acción determinada. Si no existiese un sujeto narrativo, una fijación que delimite el nombre de quién ejecuta una serie de actos, se correría el riesgo de la antinomia, en la que la idea de sujeto idéntico a sí mismo debería verificarse en cada uno de sus actos. Idea contradictoria frente a la imposibilidad de imaginar una volición responsable que le atribuya a una conciencia autoregulación y consistencia, pues la cantidad de contradicciones en la factura de sus resoluciones y acciones impediría la construcción de un sujeto-autor coherente.

De este modo, Ricoeur explica una disimilitud en la cual es posible concebir, por un lado, una idea de identidad como una y la misma cosa, es decir, como sustancia (idem), y una identidad concebida en sí misma (ipse), es decir, como representación. Se trata de un modelo temporal que ordena una serie de actos en el espacio para darles sentido. Una consecución narrativa. De este modo, se puede concebir como un tejido –origen etimológico de la palabra texto– que hilvana actos y se los atribuye a un otro, como autor de los acontecimientos, y a la vez como partícipe de los mismos. Así, el filósofo advierte el problema de una identidad concebida normalmente como mismidad y no como ipseidad.

En este mismo sentido, el concepto  acuñado por Derrida; différance, implica un juego estratégico que cuestiona los orígenes del signo y de la significación. Opera, de manera similar a otros modelos, como un vehículo para comprender las condiciones de realidad de un suceso. Si bien es cierto que Derrida no habla explícitamente de la identidad, el texto La Différance sí plantea asuntos que no le son ajenos al tema, al momento de cuestionar las motivaciones de su interrupción con el término alterno al vocablo francés différence. Derrida aclara que no se trata, pues, de volver a jugar a la dicotomía temporal ni al desacuerdo, sino de que el significado pierda su estatuto de centro en tanto se contrapuntee con otros posibles significados. Se trata de una pérdida de sentido y luego entonces una economía de la indiferencia polisémica:

 

(…) se diría que différance designa la causalidad constituyente, productiva, originaria, el proceso de ruptura y de división cuyos diferentes o diferencias serían productos o efectos constituidos (…) dice una operación que no es operación, que no se deja pensar ni como pasión ni como acción de un sujeto sobre un objeto, ni a partir de un agente ni a partir de un paciente, ni a partir ni a la vista de cualquiera de estos terminos.1

Este concepto, aplicado a la investigación acerca de las identidades en la red, permite sustentar la inclusión de otros alternos sin que necesariamente se les concibiera y negara desde la idea de una desviación de la normatividad identitaria –que ha sido la manera en la que occidente ha fijado las representaciones políticas en el segundo entorno–, o que se les dejara de lado bajo la autonomía que mantiene a la ficción fuera de la participación efectiva de las diferencias. Y si bien la identidad, entendida como defensa de la subjetividad, ha sido la trinchera desde la cual el individuo ha podido sostenerse en una sociedad de conocimiento que clasifica las representaciones culturales en estructuras complejas, esto comienza a desdibujarse en el tercer entorno. La desidentificación acá implicaría reconocer cómo es que nuestras narrativas de participación son un constructo cultural, y cómo utilizar esa información de manera que sea posible no ser ubicado necesariamente dentro de los cartabones que el mercado global necesita para una hiperclasificación que sepa qué esperar de nuestras subjetividades. La différance implicaría un desdoblamiento que mantuviera el signo en suspenso, la emergencia de que todo lo negado y de que todo lo que no ha sido nombrado, sea posible desde un descentramiento de la identificación de las formas, que es de hecho la naturaleza del tercer entorno.

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

– Brea, José Luis, La era postmedia. Acción comunicativa, prácticas (post)arísticas y dispositivos neomediales, Editorial CASA (Centro de Arte de Salamanca), Salamanca, 2002.

– Derrida, Jacques. “La Differánce” en Margenes de la filosofía. Editorial Cátedra, Madrid, 1994.

– Echeverría, Javier, Los señores del aire: Telépolis y el Tercer Entorno, Ediciones DESTINO, Barcelona, 1990.

– Marx, Karl, La crisis del capitalismo, Int. Daniel Bensäid, Sequitur, Madrid, 2009.

– Barthes, Roland, La cámara lúcida. Paidós, Barcelona, 1998.

– Baudrillard, Jean, Cultura y simulacro, Editorial Kairós, Barcelona, 1978.

– Bergaman, Ingmar (Director), Persona (Película). Suecia, Producción Ingmar Bergman, 1966.

– Pimentel, Luz Aurora, Constelaciones I. Ensayos de Teoría Narrativa y Literatura comparada, Bonillas Artigas, México, 2012.

– Ricoeur, Paul, Sí mismo como otro, Ed. Siglo Veintiuno, México, 1996.

-John Tagg, El peso de la representación ensayos sobre fotografías e historias, editorial Gustavo Gili, España, 2005.

 

Citas

1 Derrida, J. “La Differánce” en Margenes de la filosofía. Editorial Cátedra, Madrid, 1994, p. 44.

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