Psicoanálisis, sociedad y arte intervencionista.

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Psicoanálisis, sociedad y arte intervencionista.

Una propuesta terapéutica psicosocial a partir del cartel.

Psicoanálisis y sociedad

Las tensiones existentes entre los impulsos individuales y las reglas sociales, llevaron al fundador del psicoanálisis a sentenciar que: “el malestar es intrínseco a la cultura” (Freud, 1930), con ello se refiere a que el hecho mismo de vivir con otros hombres obliga necesariamente al individuo a controlar o reprimir sus pulsiones.1 Sin embargo, es claro que cada cultura genera su propio “tipo de malestar”; la teoría psicoanalítica no puede aplicarse sin considerar elementos contextuales, no es lo mismo vivir en Viena en el siglo XIX que en México en el siglo XXI.

Psicoanalistas latinoamericanos se han interesado en dilucidar el impacto del modelo neoliberal como lógica dominante en la subjetividad de los individuos. Las psicoanalistas argentinas Rojas y Sternbach (1994), mencionan en su lectura psicoanalítica de la posmodernidad que “Cada momento histórico formula un «prototipo sano»; es decir un conjunto de modalidades subjetivas acorde con los ideales predominantes y es por tanto, estimulado y socialmente reconocido”.2 En este sentido, los sujetos buscarán adaptarse a ese modelo, a costa de su bienestar, con el fin de cumplir con lo que su cultura exige de ellos.3 En el contexto actual, el ciudadano se ha convertido en consumidor.4 Para Enrique Guinsberg la lógica del mercado es la principal causa del malestar en la cultura actual.5 Por su parte, Campuzano considera que la libertad del sujeto está controlada seductoramente por una industria de mercado que manipula los deseos, haciéndonos creer que nuestras elecciones son libres, cuando en realidad nuestra libertad es sólo libertad de consumir.6 Marta Ventre hace un análisis del rol del estado en el sistema actual:

El Estado cuyas funciones eran garantizar la equidad de los contratos colectivos, ocuparse de preservar la salud y la educación pública, el cuidado de los ancianos y la asistencia a la población, es hoy un Estado ausente que ni retóricamente se plantea tales objetivos, que privatiza sus actividades y deja librados a la «economía de mercado» y sus efectos a grandes contingentes humanos, sin protección laboral ni sanitaria alguna.7

Para el psicoanálisis la toma de conciencia es básica para resistir a un sistema opresor.8 Si podemos hablar de grupos de personas con sufrimientos psíquicos comunes producto del sistema en que viven, la figura del psicoanalista se vuelve necesaria en función de su capacidad terapéutica para promover la toma de conciencia sobre la situación enajenante en que se encuentra el individuo: “la curación de las enajenaciones y las agresividades psicopatológicas sólo es posible a través de la autoconsciencia progresiva del paciente, esto es precisamente a través de una verdadera información del hombre acerca de su propia situación, hasta entonces inconsciente o encubierta”.9 Caruso insiste en la labor del psicoanalista como figura que “renuncia” a toda opinión autoritaria y dogmática y busca “obtener de su paciente un sujeto consciente de su propia historia”, pues como menciona: “la cultura […] no ha de construirse sobre la base del envilecimiento del hombre hasta convertirlo en cosa, sino, por el contrario, sobre la base de la confianza en el devenir consciente y la autosublimación del hombre”.10

Una propuesta terapéutica psicosocial a partir del cartel

Enfermedades Culturales es una intervención artística en el espacio público que forma parte del proyecto de investigación: “Terapeuta Cultural. Estrategias artísticas en el espacio público como proceso de experimentación terapéutica psicosocial”. El proyecto parte de dos supuestos de la teoría psicoanalítica para analizar el malestar cultural; el primero que “el neurótico manifiesta en sí mismo los problemas de la cultura en que vive” (la depresión, angustia, alienación son estados individuales que no pueden aislarse del contexto social)11 y simultáneamente, cuando ciertos comportamientos y actitudes se manifiestan en varios individuos dentro de una cultura, bien puede hablarse de “neurosis colectivas”.12 En función de estos supuestos, el proyecto pretende intervenir el espacio público con mensajes que fomenten la toma de consciencia del transeúnte, a manera de una terapéutica psicosocial.

 Mapa conceptual Interdisciplina, Psicoanálisis y cultura, y Arte y espacio público

Con un enfoque interdisciplinario,13 el proyecto abreva de algunos aspectos sociales de la teoría psicoanalítica para llevarlos al espacio público a través del cartel.
El cartel como medio de comunicación ha sido testigo y protagonista de los cambios que han caracterizado a las urbes modernas.14 No ha sido únicamente un recurso para «estimular el consumo de masas»; por su economía y reproductibilidad fue un formato adoptado para consolidar la comunicación masiva por parte de los movimientos políticos a lo largo de todo el siglo XX. Independientemente de cuáles sean las motivaciones detrás de la elaboración de un cartel, como medio tiene elementos esenciales que lo colocan prácticamente en el extremo opuesto de las “bellas artes”. Mientras que el objeto artístico de las “bellas artes” es único, caro y busca perdurar, el cartel es reproducible, efímero y barato. Más que retratar la visión personal de un artista sobre cualquier aspecto de la realidad, el cartel busca a través de la simplificación transmitir un mensaje claro y contundente, sin dobles significados; y aunque no podemos negar la indudable calidad plástica que ha acompañado su evolución histórica, para Leonardini el valor estético del cartel es secundario, supeditado siempre a su capacidad de comunicar y “con la intención de influir y modificar no sólo las formas de percepción de la realidad, sino la conducta misma del público”.15

El síndrome de la vista gorda

En este sentido, el proyecto “enfermedades culturales” utiliza el cartel como vehículo para la transmisión de mensajes que buscan generar la toma de conciencia en el espectador acerca de problemáticas sociales compartidas; como una propuesta terapéutica que atienda enajenaciones sociales a partir de la definición de 6 “enfermedades culturales”: Telefilia, Normopatía, Síndrome de la Vista Gorda, Compulsión a la Victimización, Pensamiento Dicotómico y Atrofia del pensamiento autónomo.
Dentro del amplio espectro de acciones que pueden considerarse arte público, enmarcamos el proyecto “enfermedades culturales” en la noción de “arte intervencionista”, término acuñado por Nato Thomson16 que describe obras artísticas que se basan en la intención de un cambio social a través de la concientización de los habitantes de las ciudades, poniendo el acento en el desvelamiento de mecanismos de dominación, derechos humanos de minorías y problemáticas sociales diversas.17 Este arte intervencionista expande su espacio de acción y ya desfocalizado puede diseminarse. Independientemente del contenido de los mensajes “es de vital importancia entender cómo la intervención no-comisionada es un reflejo contra la hegemonía del espacio público por los intereses de unos pocos sobre el bienestar psicológico de la mayoría”.18

 Atrofia del pensamiento autónomo

El proyecto nace del diálogo entre conceptos y aproximaciones del psicoanálisis, la psicología social y el arte público; poniendo en práctica la autonomía de la creación artística para implementar empíricamente soluciones a problemáticas que atañen a distintos campos del saber desde un enfoque distinto. Consideramos que los resultados de este tipo de aproximaciones (que la rigidez disciplinaria podría reprobar) aporten aproximaciones no previstas a problemáticas sociales tan complejas como los imaginarios compartidos que afectan el tejido social.

Bibliografía

Assoun, P.L., Freud y las ciencias sociales, Ediciones del Serbal, Barcelona, 2003.
• Campuzano, Mario, Psicoanálisis y Cultura: Cambios en la psicopatología, la teoría y la praxis. Ponencia presentada en el XI Congreso Nacional de AMPAG (Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo). México, 2007.
• Caruso, Igor, Aspectos sociales del Psicoanálisis, Ediciones Coyoacán, México, 2002.
• Freud, S. “El malestar en la cultura”, en Obras Completas, Tomo XXI. Amorrortu, Buenos Aires, 2001.
• Grupo Doce, Del fragmento a la situación. Notas sobre la subjetividad contemporánea, Grupo Doce, Buenos Aires, 2001
• Guinsberg, E., La salud mental en el neoliberalismo, Ed., Plaza y Valdés, México, 2004.
• Köppen E., Mansilla R., Miramontes P., “La interdisciplina desde la teoría de los sistemas complejos”, en, revista: Ciencias, No 79. UNAM, México, 2005 p. 8. Disponible online: [última consulta: 3 diciembre 2013] http://www.ejournal.unam.mx/cns/no79/CNS07902.pdf
• Leonardini, N. El Cartel Político en América Latina, IIE UNAM Y Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo A.C. México, 1981.
• Lewisohn, C., Street Art: The Graffiti Revolution, Tate Publishing, Londres, 2008
• McCormick, C., Shiller, M., & Wooster Collective. (n.d.), Trespass. A History of Uncommissioned Urban Art, Ethel Seno, Ed., Taschen, Los Angeles and New York, 2010.
• Rojas y Sternbach, Entre Dos Siglos. Una lectura psicoanalítica de la posmodernidad, Lugar, Editorial, Buenos Aires, 1997.
• Ventre, Marta, “La Globalización y las nuevas formas de control social”, En Subjetividad y Cultura, Ed, Plaza y Valdés, No. 18, México, 2002

Citas
1 “Tal como fatalmente deben combatirse en cada individuo las dos tendencias antagónicas –la felicidad individual y la de unión humana-, así también han de enfrentarse por fuerza, disputándose el terreno, ambos procesos evolutivos: el del individuo y el de la cultura.” Freud, S. “El malestar en la cultura”, en Obras Completas, Tomo XXI. Amorrortu. Buenos Aires, 2001, p. 130
2 Rojas y Sternbach, Entre Dos Siglos. Una lectura psicoanalítica de la posmodernidad, Lugar, Editorial, Buenos Aires, 1997, p.131.
3 “Toda época histórica favorece el surgimiento de patologías vinculadas a la sobreadaptación; es decir, la adecuación acrítica y absoluta a los modelos culturales predominantes”. Ibídem.
4 “el soporte subjetivo de la organización social ya no es el ciudadano producido por las instituciones disciplinarias sino el consumidor instalado por los artefactos de mercado” Grupo Doce, Del fragmento a la situación. Notas sobre la subjetividad contemporánea, Grupo Doce, Buenos Aires, 2001, p.79
5 “lo que se debe ver es cómo las mercancías y consumo funcionan como «necesidades» y «calmantes» del malestar en nuestra cultura”. Guinsberg, E., La salud mental en el neoliberalismo, Ed., Plaza y Valdés, México, 2004. P.143
6 “El control social se vuelve más oculto que en el viejo sistema disciplinario descrito por Foucault […] y se instala mediante la seducción e ideologización del consumo y la manipulación de los deseos y emociones por los medios masivos de comunicación, o sea, el control consumista-mediático logrado mediante la manipulación de los deseos. La libertad queda reducida a la libertad de consumir”. Campuzano, Mario, Psicoanálisis y Cultura: Cambios en la psicopatología, la teoría y la praxis. Ponencia presentada en el XI Congreso Nacional de AMPAG (Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo). México, 2007.
7 Ventre, Marta, “La Globalización y las nuevas formas de control social”, En Subjetividad y Cultura, Ed, Plaza y Valdés, No. 18, México, 2002, p. 12
8 “rechazar la opresión: esto significa un auténtico volverse consciente, que presupone la crítica de las introyecciones propias. Rechazar la opresión significa rechazar lo inhumano, lo deshumanizado, significa abogar por lo humano en el hombre conscientemente”. Ibídem. P. 70
9 Ibídem. P. 95
10 Ibídem. P.96
11 “El conocimiento de las enfermedades neuróticas del individuo ha facilitado mucho la comprensión de las grandes instituciones sociales, pues las neurosis mismas se nos revelan como tentativas de resolver individualmente aquellos problemas de la compensación de los deseos, que habrían de ser resueltos socialmente por las instituciones.” Assoun, P.L., Freud y las ciencias sociales, Ediciones del Serbal, Barcelona, 2003, p. 45
12 “las neurosis, como todo fenómeno psicopático, son modos de ser individuales, en respuesta a las enajenaciones biológicas y sociales. Ciertamente, también se puede hablar en sentido figurado de «neurosis colectivas» como una respuesta general regresiva e irracional de un grupo a una enajenación objetiva de temor, odio, incremento del instinto de rebaño o del individualismo egoísta, pánico, entontecimiento”. Caruso, Igor, Aspectos sociales del Psicoanálisis, Ediciones Coyoacán, México, 2002, p. __
13 “en la interdisciplina la colaboración traspasa las fronteras disciplinarias y, aunque los especialistas participantes mantienen la identidad de sus ramas, existe la disposición de estudiar lo necesario de las otras con el propósito de sentar las bases para una comprensión mutua”. Köppen E., Mansilla R., Miramontes P., “La interdisciplina desde la teoría de los sistemas complejos”, en, revista: Ciencias, No 79. UNAM, México, 2005 p. 8. Disponible online: [última consulta: 1 diciembre 2013]
http://www.ejournal.unam.mx/cns/no79/CNS07902.pdf
14 “El cartel es expresión y comunicación gráfica. Diseño y arte en nuestra sociedad industrial. Retórica y testimonio de acontecimientos económicos, políticos y culturales. Se produce y reproduce con objetivos precisos a la vez que expresa plásticamente su contexto social y su momento histórico.” Leonardini, N. El Cartel Político en América Latina, IIE UNAM Y Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo A.C. México, 1981. P. 15
15 Ibídem. P. 15.
16 “escritor y curador [que] describe el trabajo de artistas que allanan en el mundo de todos los días para criticar, ridiculizar, interrumpir, y agitar con el fin de crear conciencia social e incluso abogar por el cambio social. En el proceso, se activan los espacios urbanos como lugares para la democracia, mantener vivas nuestras ciudades con creatividad e ideas poderosas e involucrar a nuevos públicos.” McCormick, C., Shiller, M., & Wooster Collective. (n.d.), Trespass. A History of Uncommissioned Urban Art, Ethel Seno, Ed., Taschen, Los Angeles and New York, 2010, p. 306.
17 “Vandalismo de este tipo opera como una especie de activismo, una desfiguración del rostro detrás del cual se esconden intereses creados para generar la brillante ilusión de un mundo ordenado, civilizado, próspero y benevolente. No sólo muerde la proverbial mano que le da de comer, sino que nos hace preguntarnos exactamente de quién es esa mano.” Lewisohn, C., Street Art: The Graffiti Revolution, Tate Publishing, Londres, 2008, p. 23.
18Ibídem, p. 22.

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