Cóbraselo caro

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Cóbraselo caro

El cuerpo de Pedro Páramo “desde el otro lado” según Elmer Mendoza.

 

Cóbraselo Caro (2005) del escritor mexicano Elmer Mendoza es una novela que explora el sustrato literario de Pedro Páramo a cincuenta años de su publicación en el contexto de la problemática de la inmigración ilegal de trabajadores mexicanos a los Estados Unidos.

La historia trata de Nicolás Pureco, el hijo de unos migrantes humildes originarios de Michoacán. Nick vivía el sueño americano, tras haber estudiado en la Universidad de Michigan (becado por sus aptitudes en fútbol americano), se había establecido en Chicago donde abrió tres restaurantes de comida mexicana, se casó con una rubia local y compró una residencia en los suburbios. Por si ello fuera poco “había ganado una demanda por siete millones de dólares a una empresa refresquera por la pérdida de sus dientes” (Mendoza 31).

Todo parecía ir bien para este próspero chicano hasta que entra en la crisis de la edad madura. A sus cincuenta años, Nick comienza a cuestionarse por qué sus padres no supieron o no pudieron transmitirle un sentido de pertenencia en relación a sus orígenes mexicanos; en palabras del personaje: “Salvo venerar a la virgen de Guadalupe, cumplir mi palabra y no denunciar a los migrantes, no me exigieron gran cosa. Nunca me hablaron de mexicanidad, Benito Juárez o Tata Lázaro” (32). En busca de aquella otra cosa que le faltaba, Nick decide revisar el pasado de sus padres quienes solían guardar junto al buró un ejemplar sin pastas de Pedro Páramo. Según la tía de Nick, sus padres hojeaban ese libro a pesar de ser analfabetas y “cuando no quedaban suspensos se desternillaban de risa, con los ojos llorosos terminaban diciendo que lo que ahí se contaba era igualito a lo que le había ocurrido a algún amigo y no a pocos miembros de la familia” (32). Cuenta la tía que al final de sus días, los padres de Nick actuaban de manera extraña, parecían confundir la realidad con la realidad literaria: “Una mañana salieron con la patraña de que eran hermanos y de que eran los seres más felices del mundo porque a pesar de haber ido a buscar el becerro él no la había abandonado en brazos del desconocido” (39).

Para sumirse en el mundo de los padres, Nick se pone a leer el viejo ejemplar y, como si el libro tuviera poderes, es contagiado del mal familiar. A partir de la lectura de Pedro Páramo, en cuyo final el cacique o su fantasma: “Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras” (Rulfo 178), Nick decide ir en pos de las piedras de Pedro Páramo para reconstituir su cuerpo. En su delirio lo guiarán el difunto poeta argentino, Macedonio Fernández, quien también ofrece consejos literarios y la doctora Campuzano, una bioquímica experta en fósiles. A través de expediciones por el desierto de Sayula y otras geografías pertenecientes a la infancia de Juan Rulfo, Nick no sólo encontrará las piedras que busca, sino que se reunirá con los personajes de Pedro Páramo como si entrara y saliera del relato. Las cosas se complican cuando Severiano Jiménez (la encarnación de Toribio Aldrete -uno de los personajes del relato original a quien el cacique, en su afán de poseerlo todo, manda a ahorcar para quedarse con sus tierras-) sale de los márgenes del libro y aparece en Chicago como mesero en un restaurante de sushi para amenazar a Nick:

Sabemos en lo que anda Pureco, y le pedimos, no, espere, le ordenamos que suspenda su búsqueda, deje a los muertos en paz; su pretensión es estúpida, aparte de que está entrando en terreno que no le corresponde, usted ni siquiera es      de Jalisco; no estamos dispuestos a permitirle un solo paso dentro de nuestro territorio; olvídese de sus corazonadas, de los indicios, de los planes, olvídese de   lo que pensó alguna vez; dedíquese a lo suyo, le ha ido bien, ¿para qué complicarse la vida? Si se empeña, agárrese, porque acabaremos con usted. (Mendoza 23).

El correlato del viaje de Nick a la tierra de los ancestros, allá del otro lado, conceptualizada en la recuperación de las piedras de Pedro Páramo (el personaje), es el ejercicio auto-consciente que realiza el autor para escribir desde Pedro Páramo (la novela). Es decir, que las dificultades a las que se enfrenta Nicolás Pureco al ir en pos de los huesos fosilizados del legendario cacique, se hermanan con los obstáculos a los que se enfrenta un escritor cuando se arriesga a escribir un juego intertextual de “la novela más importante escrita en español en el siglo XX” (17).  La advertencia del ahorcado no sólo es para Pureco, sino para el mismo autor del libro, originario de Culiacán, cuya escritura se inscribe en el género neopolicial y trata sobre el efecto de la cultura del narcotráfico en México. Un diálogo que afirma la suposición es el que sostiene Nick con su cocinero al intentar persuadirlo de acompañarle al desierto:

Hay una novela: Pedro Páramo, ¿la has leído?, Dios me libre, ¿quieres que se me bote el chango como a ti? […] ¿Entonces no me acompañas? No estoy loco, y no nací en Sonora, cabrón, soy de Culiacán y que yo sepa ahí no hay tradición de aparecidos, decapitados o mujeres vestidas de blanco, ahí la raza pistea, se pone loca y ya, no anda viendo fantasmas y si se arrepienten de sus pecados lo más seguro es que le recen a Malverde. (66)

A través del cocinero culiacanense, el narrador habla de otra realidad, la violenta realidad del norte del país, y de su condición de escritor de esa región; de ahí la pregunta inicial de Nick: “¿Si la velocidad de la luz es de 300 mil kilómetros por segundo, ¿cuál es la de la oscuridad?” (11). La pregunta tiene una dimensión literaria, refiere a la pregunta que hace el autor sobre cómo escribir desde Pedro Páramo; ese mundo de ambigüedades en el cual el lector comparte el mismo grado de incertidumbre que el personaje principal en su viaje al mundo de los muertos. La velocidad de la oscuridad se refiere al ritmo acompasado con el cual se entra a esa otra realidad, ese lento caminar por la frontera entre la vida y la muerte, la consciencia y la inconsciencia o entre la realidad mexicana y la estadounidense por la cual transita todo chicano. Sin embargo, como veremos más adelante, es justamente el profundo conocimiento del autor sobre los efectos de la operación del narcotráfico en México lo que le posibilita hacer una interesante resignificación de Pedro Páramo.

Hacia el final del relato y en la medida en que Nick avanza en el armado fósil del cacique (dispuesto en el cuarto de visitas de su casa), la propiedad será gradualmente invadida por las tinieblas de un embrujo, la relación con su esposa será cada vez más distante y los estados de inconsciencia que padece serán cada vez más prolongados. Lo que el personaje principal y el escritor descubrirán al intentar reconstituir a Pedro Páramo será la imposibilidad de hacerlo, de ahí que por más que Nick acomode las piedras en el cuerpo imaginario, a la mañana siguiente las piedras amanecerán esparcidas y la figura de Pedro Páramo “despatarrada, con un brazo aquí y una pierna allá” (78); sin embargo, una pieza permanecerá en el mismo lugar, el pene. Al parecer, Pureco queda atrapado en el continuum del relato rulfiano que tanto ha invocado y el escritor no puede escapar a la imposición del relato original; pues como bien dijo la Dorotea de Rulfo, “¿La ilusión? Eso cuesta caro” (Rulfo 119).

En este trabajo exploro el extraño retorno a Comala del quijotesco Nick como metáfora de un fino labor de paleontología, en donde escritor y personaje exhuman la identidad y la estética de las movedizas arenas del estrato literario para reconstituir un corpus; hacia el final del artículo analizo si de la resolución al misterio de la permanencia del falo se desprenden claves importantes sobre el problema de la identidad.

Hace mas de cincuenta años Juan Preciado partió al encuentro con sus raíces lleno de ilusión pues imaginaba ver aquellas tierras a través de los recuerdos de su madre cuya voz lo acompañaba evocando el sabor “del azahar de los naranjos” (Rulfo 81).  Según la interpretación de José Carlos González Boixo

Cuando Juan Preciado llega al final del viaje iniciático y comprende que el mundo que ansiaba no existe, simbólicamente, la pérdida de la ilusión le conduce a la muerte” (35).

En este sentido, el viaje a Comala significó también una mirada al cumplimiento de los objetivos de la Revolución mexicana: terminar con la miseria material y moral del pueblo, liberarlo del abuso y acabar con el privilegio para convertir a México en una nación próspera y respetable; sin embargo, las voces que Juan escuchó, lejos estaban de reivindicar la Revolución. El cacique que de niño fue sometido a la madre y a la abuela y que de grande transfirió su rencor en una violenta dominación sobre los demás; encarna la imposibilidad de la sociedad mexicana de encontrar una salida al problema del abuso. Por otro lado, la violencia y el poder también son ejercidos por el padre Rentería quien a pesar de tener el poder para redimir los pecados que atormentan a sus feligreses, niega su salvación espiritual. Mientras que los poderes de la Iglesia y los terratenientes son encarnados por estos personajes, a los más miserables del pueblo los encarna Dorotea, una mujer que creyó haber tenido un hijo y ante la desilusión y el resentimiento infértil hace un trato con Miguel Páramo en el cual ella le conchaba mujeres para violar a cambio de techo y comida. En cierta medida, las relaciones de dominación y sometimiento narradas en Comala son el tropo de las relaciones de poder establecidas a través de la violenta historia de México -aún no resueltas- desde la Conquista y el periodo colonial, hasta la formación del Estado-nación y la vida post-revolucionaria institucionalizada. En el contexto del desencanto ante las promesas de la Revolución mexicana González Boixo señala:

Pedro Páramo cierra las posibilidades de que Comala llegue a ser un pueblo próspero. También el tema de la Revolución Mexicana en la novela se plantea desde la óptica de la salvación de Comala; sin embargo, al igual que en el cuento “El llano en llamas”, la Revolución se presenta como un desengaño más que sufre el campesino mexicano. (34-35)

La muerte por desilusión es también la desmitificación de la Revolución Mexicana y su incapacidad de construir un esquema justo al interior de las estructuras del poder. El relato termina con un Pedro Páramo que evoca la belleza ideal de Susana San Juan mientras se desmorona “como si fuera un montón de piedras” (Rulfo 178) sobre la tierra. La imagen final del pueblo infernal incuba la posibilidad de un mundo mejor, el ideal con el que sueñan los personajes de la novela.

Cincuenta años después de la publicación de Pedro Páramo, Nick recorre los mismos rumbos en busca de los restos del cacique, sin embargo las naranjas que Nick recuerda no son aquellas que evocaba Doloritas, la madre de Juan Preciado; sino aquellas que no se pudo comer, las del naranjal del gringo que tenía a su familia amenazada con deportarlos en caso de que se robaran alguna. La reescritura nos lleva a preguntar por el sentido simbólico del viaje de Nick en relación al viaje iniciático de Juan Preciado. En su necesidad de asimilarse a la cultura norteamericana, Nick había olvidado de dónde venía, la comida que servía en sus restaurantes nada tenía que ver con la verdadera cocina mexicana y su mujer mostraba poco interés en sus orígenes, mas bien se había casado con él por su rendimiento en la cama. Inmerso en las trampas del sistema americano, a sus cincuenta años Nick se sentía vacío, en un momento de reflexión el personaje dice: “Un hombre es lo que recuerda, […] Y yo no recuerdo nada, lo que significa que estoy jodido” (Mendoza 54). En este sentido, el viaje en pos de la reconstrucción del cuerpo de Pedro Páramo es el intento simbólico de reconstruir una memoria fundada en el conocimiento del pasado, que es el pasado colectivo de Comala. El viaje de Pureco se semeja al de Juan Preciado porque ambos comparten la ilusión de encontrarse con el mundo de los padres y en el caso de Pureco, la revisión desde el exilio provocado por la pobreza tiene un carácter bifronte: por un lado examina el paisaje que se dibuja tras la derrota del Partido de la Revolución Institucional, por el otro cuestiona su lugar como chicano dentro de la sociedad norteamericana. En este sentido, ésta segunda lectura de Pedro Páramo es también un viaje al interior de las estructuras del poder.

No es de sorprenderse que la búsqueda de la identidad esté ligada a las relaciones de poder, pues la identidad es la distinción (de cualquier tipo) entre una entidad y sus semejantes, es decir que a la pregunta ¿quién soy?, se le da respuesta a través de las diferencias que un individuo o colectividad establece con relación a los Otros y, en la medida en que ese Otro sea sometido, un Yo podrá ser privilegiado. En el caso de los mexicanos en Estados Unidos, no siempre se les relaciona con la persona que nació en México, sino con el diferente, con el que recolecta la cosecha, con el indocumentado o el “wet back” y, en el caso de los hijos que ya son legales, se espera de ellos que se integren, que se asimilen para dejar de ser distintos. Y aunque esto fuera así, los epítetos como “beaner” se siguen usando para conformar un cerco de prejuicio alrededor de ese Otro. En Cóbraselo Caro aparece una correspondencia (quizás electrónica) entre la esposa de Nick, Lily y su amante, llamado Marsalis, que funciona como recurso estructural de interpolación similar al que usó Rulfo para escribir Pedro Páramo:

Hoy fuimos al cine y el desgraciado no dejó de roncar. Sé lo que piensas: pertenece a una raza inferior. No te culpo, tu fracaso en la Bolsa Mexicana de Valores no da para menos; yo más bien creo que es su alimentación: nadie que coma carne con esa fiereza puede llegar incólume a los sesenta años. (Mendoza 24)

A través de éstas interpolaciones entendemos la imposibilidad de un entendimiento entre un gringo y un mexicano, pues para el gringo las diferencias de su vecino no son algo que se pueda celebrar, sino algo que es necesario cambiar o curar (como si las diferencias fueran una enfermedad); de ahí que Lily sea una enfermera empeñada en hacer del restaurante del marido un restaurante vegetariano.

Al interior del pensamiento contemporáneo diversos teóricos han cuestionado los discursos del poder que definen la identidad ya sea nacional, cultural o sexual; a partir de las oposiciones sujeto / objeto o identidad / otredad. Entre ellos Judith Butler, en el libro El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad, cuestiona la existencia misma de la categoría mujer / hombre y pone en evidencia el discurso de una hegemonía heterosexual que impide variaciones al interior de las representaciones de sexo / género / deseo y que incluso le quita al Otro su derecho de ser representado ante las instancias jurídicas.

En el contexto de la reconstrucción de la identidad como vehículo de transformación social, las preguntas que plantea Cóbraselo Caro son relevantes: ¿Podrá Nick Pureco reconstruir su mexicanidad y por medio de ello encontrar un lugar más justo al interior de la sociedad norteamericana?, ¿existe posibilidad de movilidad social dentro del nuevo esquema político mexicano? Y por último, ¿es posible para un autor mexicano, del norte, que escribe novela neopolicial resignificar la obra canónica de Juan Rulfo? Es mi punto de vista que en la novela hay una metáfora sobre la reconstrucción de la identidad que posiblemente responda las preguntas, me refiero al armado fósil del Pedro Páramo imaginario que realiza Nick todas las noches y que a la mañana siguiente aparece dislocado a excepción de la pieza que representa el falo. El acto de reconstruir un Pedro Páramo material lleva en sí dos consignas: la primera, reconstruir la identidad mexicana desvitalizada del chicano, la segunda, resignificar el relato en el contexto político-social actual.

Para el estudio de los posibles significados de la metáfora resultan pertinentes algunas de las reflexiones que hace Judith Butler en su libro Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del sexo, en el cual abordalaimportanciamaterialdeloscuerpos,asícomoloslímitesdeldiscursoenlaproducciónymodificacióndel“sexo” y, donde poneenevidenciaelpoderdelosdiscursosparacrearrealidadymaterialidad.En el capítulo “El falo lesbiano y el imaginario morfológico” Butler establece un diálogo con el psicoanálisis lacaniano para interrogarlo sobre el deseo lesbiano e introduce la noción de “falo lesbiano” como un concepto que potencialmente podría romper con la distinción lacaniana entre las posiciones de “tener el falo” -asignada a los varones en la lógica hetero-patriarcal de Lacan- y “ser el falo”, característica de las mujeres. En el campo del lenguaje el esquema lacaniano, donde el falo es considerado como el significante privilegiado que controla los significados que genera, se convierte en el modelo epistemológico para el conocimiento del Otro (lo que conocemos como falocentrismo). A través de la movilidad del falo, Butler muestra las inestabilidades del discurso psicoanalítico (que son las mismas que hay en el lenguaje, demostradas con anterioridad por Derrida) y abre la posibilidad de resignificar las distintas representaciones del Otro. A continuación incluyo un fragmento del texto que me interesa tensar con la propuesta de Butler:

Eligió la habitación de los huéspedes para formar el cuerpo de Pedro Páramo. Las piedras fueron llegando una a una, chicas y grandes, pardas y rojizas, secas y resecas. Con una brocha muy fina las limpiaba y les buscaba acomodo con las otras. Algunas encajaban, otras presentaban aristas incomprensibles, sin embargo no perdía la fe. Por consejo de Campuzano mantenía el espacio a oscuras o con una luz muy baja por si requería entrar. Había bloqueado la ventana. Pronto el lugar se llenó de sombras que parecían vestir la pequeña cordillera. Observaba estupefacto cómo iban y venían, no parecían reparar en él, surgían de cualquier sitio, a cualquier hora, se recostaban sobre el tendido, intentaban ajustes, posturas y nada, al ver que no se acoplaban salían tan desalentadas y desdeñosas que con el tiempo esta sutilidad se convirtió en el principal elemento para determinar el avance y conjeturar sobre el faltante. (Mendoza 43-44)

La formación de las piedras movidas por las sombras es la lucha entre los viejos fantasmas de Pedro Páramo que quisieran que las cosas permanezcan en su lugar y el personaje del nuevo relato que se empeña en resignificarlo. En ésta lucha se juega la movilidad de las estructuras del poder en la reconstrucción de la identidad nacional, cultural y literaria. La inmovilidad del falo pareciera indicar que la resignificación no es posible, que el acto simbólico de restituir el cuerpo de Pedro Páramo falla puesto que el relato original siempre se termina imponiendo; sin embargo, son las sombras del viejo relato las que arrojan luz sobre cómo escribir el nuevo, es en el acto de la repetición en la que se conforma la resignificación. En las conclusiones de Butler hayamos la respuesta al enigma de la inmovilidad del falo:

Si en efecto el falo es un significante privilegiado, adquiere este privilegio a través de la reiteración. Si la construcción cultural de la sexualidad logra una repetición de ese significante, hay sin embargo en la fuerza de la repetición  entendida como resignificación o rearticulación, la posibilidad de desprivilegiar o debilitar al significante. (Butler 89)[1]

En este sentido, la reiteración de Pedro Páramo en Cóbraselo Caro funciona como vehículo para resignificar el texto primario o fálico, basta con recordar a los padres analfabetas de Nick que pensaban que esa historia era la suya, para comprender la dimensión mítica-fundacional del relato. Lo que el autor culiacanense logra al realizar esta especie de trasgresión a la obra de Rulfo es permitir que Pedro Páramo se convierta en un lugar posible desde el cual pensar y escribir. Al desmontar a Pedro Páramo de su lugar monolítico, Elmer Mendoza da pie a una segunda lectura “desde el otro lado”, posiblemente la primera de muchas más.

Bibliografía

Citas

[1]Texto en inglés: “If the phallus is a privileged signifier, it gains that priviledge through being reiterated. And if the cultural construction of sexuality compells a repetition of that signifier, there is nevertheless in the very force of repetition, understood as resignification or recirculation, the possibility of depriviledging that signifier.” (Butler p. 89). La traducción al español es mía.

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