La reemergencia de la clase obrera contra la muerte del sujeto en clave posmoderna

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La reemergencia de la clase obrera contra la muerte del sujeto en clave posmoderna

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Introducción

El presente trabajo de investigación se enmarca en una interpretación de la relación existente entre el sujeto y la posmodernidad, ubicando tal relación en las consecuencias del denominado agotamiento del proyecto posmoderno, pero sosteniendo una hermenéutica desde la perspectiva marxista, lo cual lleva a estudiar la materialidad de los procesos históricos y la constitución de una verdad objetiva. De aquí se debatirá con las teorías posmodernas que interpretan el nuevo espíritu de época como el “fin de la historia”, y el “fin de los metarrelatos”, así como las teorías posmarxistas que vacilan en una estrategia sin sujeto, además de adaptarse a la democracia liberal burguesa. En la última instancia del trabajo se tomará en cuenta la reemergencia de la clase obrera como factor de lucha y lo opuesto a la muerte del sujeto, aunque será crítico de toda concepción metafísica del mismo.

Esta última instancia se nutre del análisis de los procesos políticos recientes de América Latina, donde se logra apreciar el resurgimiento del movimiento obrero y de sectores de la clase media que vienen cuestionando las políticas de los gobiernos posneoliberales y de aquellos gobiernos de corte tradicionalista. Este resurgir o reemergencia de la clase obrera latinoamericana se observará principalmente en la compresión que se realiza sobre el caso boliviano, donde la clase obrera demuestra su grado de combatividad y organización política, así como también el papel de las clases medias en Brasil, entendiendo en ellas un grado de progresividad hacia los sectores obreros en ciertos momentos, donde vienen movilizándose contra las políticas heredadas del lulismo y van corroyendo el consenso generado por el gobierno brasileño, y el cual fue y es muestra de ejemplo a seguir por los diferentes gobiernos de América Latina.

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Sujeto y posmodernidad

Uno de los puntos claves de la filosofía moderna occidental es la cuestión del sujeto, ya sea desde el punto de vista ético, en el cual Kant tendrá mucho que desarrollar desde lo moral y también desde la perspectiva epistemológica, como de igual forma logra apreciar tal problemática en la filosofía política moderna, dentro de la cual las concepciones liberales se enfrentan a las concepciones comunitaristas. Hablar o escribir de sujeto es hacer referencia a la modernidad, si entendemos por ella al paradigma o episteme donde los conceptos de carácter universalizante expresan un grado de significación bastante importante, y por lo cual la concepción de sujeto es parte integra de los diferentes relatos que hacen referencia a las transformaciones sociales.

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La posmodernidad como nihilismo, como ruptura y quiebre de los conceptos universalizantes, termina por atacar a uno de los elementos claves de la modernidad, al sujeto. Se produce una transformación en la concepción del sujeto desde una perspectiva posmoderna que termina por anunciar la muerte del sujeto, y de esta forma se termina por aniquilar y des-legitimar a las corrientes filosóficas que basan su potencialidad material de transformación del orden real en la praxis del sujeto. Es por ello que se puede comprender a la muerte del sujeto en las consecuencias mediatas e inmediatas del mismo, donde se puede observar que:

La defunción posmoderna del sujeto anuncia el fin de los paraísos colectivos, disuelve la pretensión iluminista de trascendencia por posesión de la Razón y diluye también la quimera marxista de atribuir a actores sociales de carne y hueso la misión ideológica de la redención (Lanz, 1998, pág. 30).

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Esta transformación de la concepción del sujeto nos lleva a elaborar un nuevo relato sobre el sujeto, ya que no entra en crisis él mismo separado de una ruptura de la episteme moderna, sino que la ruptura de esa episteme y el surgimiento de otra es lo que permite comprender desde una concepción filosófica el por qué de la tan anunciada muerte del sujeto. Desde aquí se comprende que “el estatuto moderno del sujeto entra en crisis en idéntico sentido en que está cuestionado el proyecto mismo de la modernidad” (Lanz, 1998, pág. 29). El problema de la muerte del sujeto por medio del relato posmoderno es más profundo de lo que se comprende por el agotamiento del proyecto moderno, ya que uno de los puntos centrales de tal agotamiento no pueden esperarse únicamente en transformaciones de tipo epistemológico o cultural.

La afirmación del agotamiento del proyecto moderno esconde de fondo una crítica profunda hacia las teorías que proponen que las transformaciones sociales sólo son posibles desde la potencialidad de un sujeto que mediante la praxis transforma el orden real y construye una nueva cosmovisión del mundo modificando las relaciones sociales y de poder que configuran la subjetividad presente, y que se rebela contra toda forma de opresión del poder que termina controlando los cuerpos, ya sea del trabajo principalmente, y otros ámbitos de la sociedad occidental. Lo que se agota no es el proyecto moderno, ya que el mismo representa una arbitraria forma de organizar en base a un reduccionismo a corrientes filosóficas y políticas, sino lo que se expresa en ese “agotamiento” es la emergencia de un nuevo ser de la lucha de clases, de una transformación de la correlación de fuerzas, signadas por una derrota histórica al sujeto clase obrera.

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Francis Fukuyama

El eje central desde los ámbitos de poder del capital, tanto las academias burguesas como los medios de comunicación de masas, es la exaltación de la teoría de Fukuyama, especialmente del “fin de la historia”. Más allá de colocarse en el calor del dinamismo de las concepciones que hablan de la fragilidad y debilitamiento de las teorías fuertes, llamando así a aquellas que expresan no sólo la crítica al orden real, sino también su superación, este autor condensa una crítica que resulta ser una paradoja, por un lado establece que el fin de la “guerra fría” es el fin de la historia, por otro lado expone una concepción teleológica que suprime todo vestigio de confrontación y considera como única forma de gobierno al paradigma liberal. Por ello, desde las propias palabras de Fukuyama, podremos reconocer la implicancia central de sus tesis cuando menciona que:

Lo que podríamos estar presenciando no sólo es el fin de la guerra fría, o la culminación de un período específico de la historia de la posguerra, sino el fin de la historia como tal: esto es, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano (Fukuyama, 1989, pág. 6-7).

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La concepción del “fin de la historia” de Fukuyama coloca a la democracia liberal como un modelo político organizativo que ha triunfado luego de la guerra fría y que acabaría con toda diferencia, aunque no realiza un análisis profundo de lo que fue la bipolaridad del poder, el imperialismo estadounidense, y por otro lado la URSS, como Estado obrero burocratizado. Por ello, le es muy fácil afirmar una victoria que se expresa en que “hay razones importantes para creer que éste es el ideal que “a la larga” se impondrá en el mundo material” (Fukuyama, 1989, pág. 7). El discurso del poder llama a la aceptación de esa victoria, y a integrarse al ser del liberalismo, y de esta forma se terminan por consolidar las teorías posmarxistas a la democracia burguesa, en especial la teoría de Laclau desde la perspectiva crítica de Cinatti (2003).

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Ernesto Laclau

El posmarxismo contra el sujeto

En cuanto a la muerte del sujeto, las teorías posmarxistas no se alejan de tal prédica, ya que las teorías sociológicas que analizan y establecen que la relación capital-trabajo ya no es central en la sociedad capitalista, de aquellas que exaltan estrategias políticas vacías como la concepción de multitud, y también de aquellas que aceptan pasivamente el triunfo de las clases dominantes y su proyecto de sociedad, y por lo tanto reacomodan la teoría crítica marxista a los límites estrechos de la democracia burguesa. Por ello Cinatti se presenta crítica de tal concepción y reconoce que “frente al triunfalismo capitalista de la época y al fracaso del estalinismo, Laclau se propone ‘salvar al proyecto marxista de la obsolescencia’, al precio de negar sus fundamentos y la posibilidad de una subversión de la sociedad de clases” (Cinatti, 2003).

Esta triple operación del posmarxismo como intento de superación del marxismo revolucionario que termina acomodándose al orden liberal (Laclau), establecer estrategias vacías (Negri) o declarar la muerte de la clase obrera y de la relación capital-trabajo como central (Lyotard), representan una crítica a los fundamentos no sólo del sujeto moderno, sino de aquel que el marxismo reconoce como el “enterrador” del sistema capitalista, la clase obrera. Es por esta razón que se une al paradigma posmoderno, el cual en tal perspectiva opera de la siguiente forma:

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La operación ideológica postmoderna suponía la hostilidad a todo intento de totalización, y en ese sentido repudiaba al marxismo como un “gran relato sobre la emancipación”, uno más de los mitos modernos racionalistas con los que se pretendería ocultar la imposibilidad misma de toda totalidad. Pero esta condición es inconsistente consigo misma. El lenguaje se constituyó verdaderamente en una “gran narrativa” que supone la totalidad lingüística y discursiva, extendida al orden social de conjunto, del cual, más allá de la reafirmación de la “particularidad radical”, de la “política de la identidad” y de la “contingencia” no hay forma de salir (Cinatti, 2003).

Aquí resalta la problemática del “juego del lenguaje” para las ciencias sociales, y en especial de las interpretaciones que se realizaran sobre la propuesta del mal llamado segundo Wittgenstein. El primer problema que acarrea esta concepción filosófica que relaciona lenguaje y mundo, es con respecto a que la realidad puede ser construida en cuanto sentido, ya que para todo juego lo que lo determina son sus reglas internas. Entonces, el “giro lingüístico” termina por establecer que la realidad posee una pluralidad de sentidos, y los relatos de la modernidad terminan justificando en el ideal de redención a la praxis de un sujeto mítico, llevando a cabo una abstracción. De esta forma, el marxismo como metarrelato toma sentido desde la pragmática o juego del lenguaje, y por ende no hay un fundamento último, ya que es imposible totalizar o universalizar a los juegos del lenguaje en un metadiscurso.

La vida como espacio que toma sentido desde las reglas internas, se reconoce en una re-conceptualización del saber en Lyotard, para quien “nuestra hipótesis es que el saber cambia de estatuto al mismo tiempo que las sociedades entran en la edad llamada postindustrialista y la cultura en la edad llamada postmoderna” (Lyotard, 1993, pág. 13). Aunado al “fin de los metarrelatos”, lo que en Fukuyama era el “fin de la historia”, se erige una operación ideológica que termina denominando al capitalismo como sociedad post-industrial o posmoderna, lo cual opera como forma de esconder las relaciones sociales opresivas que no han sido modificadas, y por lo tanto cualquier tipo de estrategia que no tome en cuenta la centralidad de la relación capital-trabajo, terminará adaptándose al marco del sistema capitalista y concibiendo la muerte del sujeto.

 

La re-emergencia de la clase obrera latinoamericana

Frente al relato posmoderno que acaba con la noción de sujeto de forma universalizante, y ante ello exalta la fragmentación, la pluralidad de sentidos, el relativismo epistemológico, especialmente

[…] lo que unifica el dogma ‘pos’ es la imposibilidad del conocimiento verdadero, es decir, aquel que nos aproxima a comprender la realidad concreta como totalidad contradictoria, con sus determinaciones estructurales y su génesis histórica y fundamenta su transformación radical (Cinatti, 2006, pág. 160).

De tal forma, la imposibilidad desde la perspectiva posmoderna, y por ende posmarxista, es no reconocer la dialéctica existente entre las determinaciones históricas y la potencialidad de la transformación radical, deviniendo la utopía en horizonte abierto hacia la emancipación.

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Realizando una retrospectiva hacia el pensamiento marxista originario del Manifiesto Comunista se puede observar que la concepción del sujeto está unida a la constitución de la filosofía de la praxis marxista, la cual se concibe en el aspecto de reconocer que “la historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases” (Marx y Engels, 2004, pág. 27), lo que deviene en que el motor de la historia es el conflicto entre opresores y oprimidos. Se rescata que la dialéctica opresor-oprimido descansa en un modo de producción en específico, y no se realiza ningún esencialismo del conflicto, ya que la lucha entre hombres libres y esclavos es parte de un modo de producción histórico.

De las relaciones sociales centrales del modo de producción capitalista nace el proletariado, tal como afirmara Marx y Engels cuando mencionan que “la burguesía no ha forjado solamente las armas que deben darle muerte; ha producido también los hombres que empuñaran esas armas: los obreros modernos, los proletarios” (Marx y Engels, 2004, pág. 34). Este proletariado que se ha rebelado contra el orden del capital en todos los continentes, no ha muerto como sujeto potencialmente revolucionario contra el sistema capitalista, contra la sociedad dividida en clases sociales, que no es post-industrialista, no hay pérdida de peso en la relación capital-trabajo, ni tampoco es democrática, ya que las masas oprimidas no deciden sobre las principales rentas y movimientos económicos que determinan la distribución del ingreso y la carestía de la vida.

Frente al “fin de la historia”, de la aceptación pasiva de la democracia burguesa que devino en neoliberal y voraz contra los recursos y de aplicación de nuevas tecnologías de dominio sobre el cuerpo, frente a la muerte del sujeto, al fin de los metarrelatos, es que reemerge en América Latina la clase obrera en su lucha contra los límites capitalistas de los gobiernos posneoliberales y los gobiernos de dominio de clase más tradicional. De esta forma, “el proletariado sudamericano vuelve a ponerse en movimiento contestando con la lucha de clases a las teorías posmodernas que liquidaron el carácter revolucionario de la clase obrera como sujeto emancipador” (Aguirre y Werner, 2013).

En Bolivia, el proletariado enfrentó al gobierno posneoliberal de Evo Morales y su reforma capitalista al sistema de pensiones, estableciendo cortes de rutas nacionales y movilizaciones que comienzan a dinamizar a la clase obrera como factor de lucha presente y activa, ante la oleada fragmentaria y movimentista de las últimas dos décadas. Esto viene acompañado de la constitución de un llamado Instrumento Político de los Trabajadores que se viene definiendo entre ser un partido combativo con composición obrera, ya que surge y se nutre de la Central Obrera Boliviana, o un partido dirigido por la burocracia que sea un mecanismo de presión para lograr acuerdo con el gobierno de Evo Morales. Bolivia es un claro ejemplo de que la clase obrera no es un sujeto fragmentado y derrotado o inexistente, y con capacidad de constituirse en clase hegemónica.

En Brasil está ocurriendo otro proceso de dinamismo de la clase obrera, ya que los sectores estudiantiles y de clase media desarrollaron, frente a las políticas anti-obreras del transporte del lulismo, una movilización con consignas que desafían y denuncian el otro Brasil, el que escapa de un país modelo en la región, de una clase dominante que había constituido un consenso con el cual gobernar. Este fenómeno social, aunado a los procesos en Argentina de agotamiento del modelo kirchnerista, y las movilizaciones obreras y estudiantiles chilenas, demuestran que la perspectiva posmoderna resulta una operación ideológica. Por ello, hay que tomar en cuenta que “del resurgimiento independiente de la clase obrera dependerá la reconstrucción de un marxismo revolucionario que guíe la lucha de clases por venir” (Aguirre y Werner, 2013).

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Conclusión

El sujeto no ha muerto, ni aquellos que quieran remontarnos a Nietzsche podrán exclamar tal insensatez, aunque el filósofo prusiano sea un precursor del pensamiento posmoderno, ya que según él “¡Dios ha muerto! ¡Dios permanece muerto! ¡Y nosotros le dimos muerte!” (Nietzsche, 2001, pág. 121). A Dios, es decir la idea del absoluto, le ha dado muerte ese “nosotros”, es decir un hombre con voluntad, un hombre colectivo que es expresión de un espíritu de época, y por ende el sujeto allí está vivo, ante la muerte del mayor ente del pensamiento filosófico y teológico. La clase obrera como sujeto potencialmente revolucionario tampoco ha muerto, y no le ha dado muerte a Dios directamente, sino que amenaza constantemente aquellas relaciones sociales y de poder que determinan que la sociedad se divida entre explotadores y explotados, y por ello la reemergencia de la clase obrera es una crítica real ante el panorama posmoderno.

Comenzando el siglo XXI, y también finalizando el siglo XX, el movimiento obrero y las demás capas oprimidas de la sociedad latinoamericana han comenzado a recuperarse de las derrotas impuestas por las dictaduras y luego las políticas neoliberales que atacaron directamente en la constitución de un subjetividad que expresa la individualidad y la pasividad frente al fenómeno político. Esa subjetividad por medio de los procesos de resistencia se fue tornando más difusa, hasta el punto de incidir en la lucha de clases, viendo caer gobiernos y nacer nuevos bajo otro régimen político diferente a los tradicionales de la democracia burguesa formal, aunque siendo regímenes de la burguesía. Con ello también surgieron o resurgieron las teorías posmodernas acerca de la transformación social, desde las que dicen rescatar a Marx, pero rechazan el análisis de clase, o aquellas que relativizan la relación capital-trabajo a una esfera no determinante del mundo social. El marxismo revolucionario con la reemergencia de clase obrera se abre paso entre las teorías posmodernas, y resalta que la lucha por el socialismo está más que presente.

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Daniel Sicerone*

Maestría en Filosofía, Universidad del Zulia, Venezuela.

[email protected]

  

Bibliografía

 

  1. Aguirre, F. Werner, R. “el retorno del sujeto peligroso”. Texto recuperado el día 30 de julio de 2013 de http://www.ft-ci.org/El-retorno-del-sujeto-peligroso?lang=es 2013
  2. Cinatti, C. “La impostura posmoderna”. Texto recuperado el día 30 de julio de 2013 de http://www.ft.org.ar/estrategia/ei20/ei20impostura.htm. 2003
  3. Cinatti, C. “De saberes revolucionarios y certezas posmodernas. Una reflexión sobre la teoría marxista a propósito del libro Verdades y saberes del marxismo…” en Revista Lucha de Clases. N° 6. Pp. 147-186. 2006
  4. Fukuyama, F. “¿El fin de la historia?” en Revista The Nationa lInterest. Pp. 5-31. 1989
  5. Lanz, R. . La Deriva Posmoderna del Sujeto. Para una Semiótica del Poder. Caracas, UCV, Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico. 1998
  6. Lyotard, J. La condición posmoderna. Ed. Planeta Agostini, Buenos Aires, 1993
  7. Marx, C. Engels, F. El Manifiesto Comunista., ed. Fundación Federico Engels, Madrid, 2004.
  8. Nietzsche, F. La Gaya Ciencia. Ed. Libsa, Madrid, 2001

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