Decodificando el viernes negro de París 2015: las raíces epistemológicas del terrorismo

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Decodificando el viernes negro de París 2015: las raíces epistemológicas del terrorismo

Comunicado de ISIS reivindicando los atentados en París

Comunicado de ISIS reivindicando los atentados en París

I

En las últimas décadas, la política internacional ha cuestionado sus bases epistemológicas por considerarlas obsoletas y demasiado orientadas al realismo. Si partimos de la base que toda estructura revela una dinámica que le es propia y que a la vez lleva al funcionamiento de un sistema, no debemos olvidar que esas estructuras están formadas por personas con expectativas, formas de racionalizar que difieren de cultura en cultura y también sus respectivos temores.[1] Los estados pueden ser una parte importante de la política internacional pero no la única ni la de mayor gravitación. En este contexto, el terrorismo, es sin lugar a dudas, uno de esos fenómenos que interpela a la ciencia política y a sus postulados principales.[2] Desde el 11 de septiembre de 2001 algo quedo en claro, Occidente que hasta el momento había expandido su hegemonía sobre el resto del mundo, sus valores y formas de consumo hacia nuevos mercados, había experimentado una fuerte bofetada en su propia cara, y ese golpe había sido llevado a cabo, planificado en forma racional usando los modos masivos de transporte como armas. Luego de este episodio, el mundo nunca más fue un lugar seguro. Las causas y las consecuencias de la política internacional se mezclaron como el lecho y la desembocadura de un río; ya nadie supo quién empezó el conflicto pero las consecuencias estaban claras a grandes rasgos.[3] Dicho evento no solo vulneró las bases democráticas de occidente por medio de las cuales las personas tienen derecho a juicios justos, sino que demostró que aquellos elementos que se consideraban el orgullo occidental podían ser su principal amenaza.[4] El terror a lo que podía suceder se instaló en el corazón de la política en Europa y Estados Unidos. En seguida a los hechos, el entonces presidente estadounidense George Walker Bush llamaba a los ciudadanos globales a no ceder frente a las demandas del terrorismo. El principio de movilidad que se conforma como la base angular del estado moderno y del sistema capitalista había sido seriamente dañado. Si el 09/11 generó perdidas millonarias a las industrias del turismo, los seguros y otros, no menos cierto es que sentó las bases para una nueva forma de comprender el mundo. El debate entre filósofos y eruditos de derecha, centro e izquierda no tardó en llegar empero sobre bases ilusorias. Para una corriente, con mayor vinculación con la teoría neorrealista de la anarquía, el terrorismo era una amenaza no solo para Estados Unidos sino para todo el êthos occidental. Por su odio radical hacia los valores centrales de Occidente el terrorismo era un encuentro inevitable entre dos civilizaciones, las cuales históricamente habían evolucionado de manera antagónica. En este sentido, el Islam se presentaba como una religión que hostil y resistente al capitalismo ponía al mundo en vilo. El Islamismo por su propia naturaleza era no solo incompatible con el cristianismo sino con la civilización occidental. En tanto que garante del orden mundial, el deber de Estados Unidos como principal potencia mundial era terminar con el terrorismo donde quiera que éste se encontrara.[5] No obstante, como bien lo demuestra Graham Fuller en su libro, A World Without Islam, ni el Islam ha manifestado una conducta hostil hacia el cristianismo en su larga existencia, ni mucho menos el terrorismo tiene vinculaciones reales con la religión. De hecho, Fuller infiere, si el Islam no existiese, Medio Oriente hubiese desarrollado el mismo sentimiento anti-occidental y romano que los bizantinos. De forma sencilla, coherente y clara, Fuller explica que la creencia que los musulmanes adhieren al terrorismo por cuestiones religiosas no solo es falsa y poco fundamentada, sino que encierra viejos prejuicios euro-céntricos forjados en el antiguo continente.[6] En este sentido, E. Said rebautiza al choque de civilizaciones como “el choque de la ignorancia”.[7] En cierta forma, el Islam por ser una religión de raíz “abrahamica” retiene un legado importante del Cristianismo que merece ser discutido en los ámbitos académicos. Gilbert Achcar, nos habla de una suerte de “conmiseración Narcisista”, que lleva a países periféricos a hacerse solidario con las potencias mundiales cuando sufren un atentado. El sufrimiento es compartido como quien quiere ser solidario en los costos, pero no en las ganancias. Las personas que pertenecen a lugares periféricos respecto al centro de poder, creen que por la solidaridad que expresa el dolor son parte de “ese centro ejemplar” bajo ataque. Esta dialéctica conlleva la idea de asociar ese encuentro de civilizaciones denunciado por Huntington, a un choque de barbaries, donde ni los estados modernos ni los grupos radicales pueden negociar con el otro sino es a través del odio y la violencia.[8] Esta idea de un estado nacional que no solo aprovecha la situación de temor para imponer medidas políticas y financieras sino que además vulnera las libertades individuales, ha sido discutida por otro grupo de intelectuales que no comparten la visión pragmática del neorrealismo. Para estos autores, el terrorismo produce y distribuye “temor” para alterar las leyes vigentes o sus respectivas interpretaciones. En lo interno, la “lucha contra el terror” permite el montaje de políticas sobre la población en materia económica que de otra forma serían rechazadas, o el desarmado de la presión sindical. Los estados apelan por lo general a la doctrina de la preemción la cual autoriza un ataque preventivo en caso de ataque inminente. El punto esencial radica en comprender que es un ataque inminente como también los recursos legales disponibles para interpretar que están las condiciones dadas para un próximo ataque.[9] Para estos estudiosos, la idea de intervención lleva consigo la impronta de la vulnerar soberanías nacionales que pueden no ser amigables con Estados Unidos pero que de ninguna forma representan una amenaza real. Como bien ha inferido Baudrillard la potencial destructividad de los supuestos ataques terroristas lo justifica todo, incluso la destrucción, pero estos eventos no solo están lejos de ser reales, pueden ser diseñados, fabricados y diseminados acorde a los intereses de una minoría.[10] Algunas de estas teorías llegaron incluso a cuestionar cierta participación del gobierno Americano en la planificación del 9/11. Esta discusión nos lleva a una pregunta por demás interesante, ¿qué diferencias hay entre el terrorismo de los años 70 y esta nueva forma?

7.2

Rashid Moten advierte que el terrorismo se encuentra inserto en su propia limitación que inevitablemente lo lleva a la crueldad. Los atentados terroristas han crecido no solo en la innovación de nuevas técnicas que generan mayor impacto en la audiencia, sino en un espiral de crueldad como nunca antes se ha visto. Ya no importa si los atentados son mayores en número a épocas anteriores, sino que su impacto mediático y los medios utilizados han cambiado radicalmente. El terrorismo no parece ser un fenómeno nuevo. No obstante, los grupos clásicos seleccionaban como blanco de sus ataques a personalidades importantes que pudieran producir un clima de desestabilización política con el fin de aceptar sus demandas. Luego del 11 de septiembre, asistimos a una forma de hacer terrorismo donde los objetivos ya no son jefes de policia, politicos o periodistas importantes, sino simples viajeros, turistas y espacios asociados al consumo conspicuo u ostentoso. En algún sentido como discutiremos a continuación, lo virtual y mediatico fundamente y promueve los efectos devastadores del terrorismo.[11]

7.3

 

 

II

En otros abordajes, Korstanje definió al terrorismo como una dialéctica del odio entre un Estado que es incapaz de mantener el orden y un grupo de insurgentes que apelan a vulnerar al más débil para destruir la confianza del ciudadano en sus instituciones. Implícitamente, cuando hablamos de instituciones también nos referimos al periodismo y los medios masivos de comunicación.[12] Siguiendo este argumento, Mahmoud Eid argumenta que se da cierta complicidad entre los medios de comunicación y las células jihadistas por la irremediable necesidad de atención de ambas partes. Si el terrorismo no puede perpetrar sus ataques sin la cobertura de los medios, estos últimos no pueden hacer su trabajo sin el terrorismo. Este estado de espectacularización no solo es funcional a inspirar un mensaje de terror en la sociedad sino que llama a nuevos inversores en materia editorial. Ambos, aun cuando con diferentes propósitos, periodismo y terrorismo se encuentran orientados a una gran audiencia que recibe su mensaje. El oxigeno del terrorismo, para este especialista, es provisto por los medios masivos de comunicación, con el periodismo a la cabeza, generando en muchas ocasiones un mensaje etnocéntrico contra el Islam. Lo que es importante discutir versa en la cuestión de si ambos se benefician de la misma situación. Los unos imponiendo un mensaje de terror sobre la población con el fin que el Estado acepte sus requerimientos, los otros aumentado su ganancia y la inversión por la cantidad de audiencia que se ve cautivada por los avatares internacionales.[13] ¿No sugiere ello una especie de morbo mediático?

Jürgen Habermas

Jürgen Habermas quien ha desarrollado una teoría sobre la “acción comunicativa”, considera al fenómeno una patología o falla que nace y muere dentro del proceso comunicativo. La comunicación nos forma como agentes racionales no por los códigos transmitidos, sino por la performance que hace a la praxis comunicativa. Cuando esa comunicación se interrumpe, surge la violencia. La cooperación internacional en la lucha contra el terrorismo dibujó los canales comunicativos necesarios para defender el principio de racionalidad al cual, el terrorismo (por radical) se opone. Como hecho monstruoso el 11 de septiembre procede gracias a un alto impacto en la esfera comunicativa. Todo acto criminal se encuentra sujeto a una ley, y dentro de ella, en las sociedades modernas la violencia queda regulada por “construcciones” previamente establecidas que se intercambian dentro y por el lenguaje. Ese entendimiento del “otro” depende del éxito de la comunicación para fluir por canales preestablecidos. Funcionamos como sociedad, porque aceptamos no solo una gramática conjunta sino reglas comunes a todos. Porque nuestras expectativas son compatibles, es que nos ponemos “los zapatos de otro”.[14] El terrorismo puede ser definido como una falla en esas expectativas compartidas que lleva inevitablemente a vivir un espiral de violencia.

Empero ¿que sucedería si fuese esa misma racionalidad defendida por Habermas, la causante del problema?

Jean Baudrillar

Jean Baudrillar

Seguramente, como bien lo ha descrito Jean Baudrillard, el terrorismo es un evento imposible que nunca fue ni será, enraizado en la misma lógica racional occidental. En una época de hipermovilidad, el terrorismo afecta los cimientos mediáticos de occidente. El 11 de septiembre, agrega Baudrillard, se ha transformado en un acontecimiento que dialoga pero a la vez interpela a lo simbólico. Además de ser un signo de hegemonía comercial, las torres gemelas eran idénticas, y por lo tanto, copias que apelan discursivamente al mundo de la clonación. El mensaje oculto del terrorismo, explica Baudrillard, puede ser comparable al cuento de Nasreddin un pastor que diariamente pasaba sus ovejas con sacos por la frontera hasta que un buen día, un guardia pregunta a Nasreddin “Ud. está pasando cosas de contrabando?, el pastor responde yo sólo estoy pasando ovejas”.  Esta metáfora ayuda a comprender que el terrorismo, lejos de cualquier sentido, adquiere de sí una connotación que puede ser positiva o negativa dependiendo de quien maneja la matriz simbólica de poder. Por ese motivo asistimos a un fenómeno que es simbólico en su esencia. El intercambio simétrico que plantea el mundo moderno es no solo desafiado sino alterado por “el intercambio imposible de la muerte”. Dicho intercambio queda imposibilitado por el acto suicida “del terrorista” el cual produce un acontecimiento en un sistema plagado de sentido. En consecuencia, se trata de desafiar al sistema por medio de una táctica imposible de responder si no es por la propia destrucción. El poder no puede hacer absolutamente nada contra la voluntad de suicidio, el cual es suficiente trágico para restablecer la singularidad alterando el intercambio binario generalizado.[15] Los medios de comunicación fabrican pseudos-eventos que no se encuentran presentes en la realidad palpable, sino en un futuro que no es. Poniendo como ejemplo, el caso de la película Minority Report donde un grupo de mediums (precogs) amplifican su poder de anticipación por medio de diversas tecnologías que son puestas al servicio de la ley. La policía, de esta forma, ha logrado reducir el crimen en un 100 por ciento. El estado se anticipa al evento antes que este suceda, arrestando al criminal antes de cometer el delito. De la misma manera, adhiere Baudrillard, funciona la mediatización de los riesgos y peligros que se le atribuyen al terrorismo. El poder de preemción es al terrorismo lo que la atención al periodismo. ¿Cuáles son los aportes de Baudrillard al estudio filosófico del terrorismo?

ISIS

ISIS

Uno de los críticos más importantes de Jean Baudrillard, el profesor Gerry Coulter de la Universidad Bishop en Canadá, sugiere que en un mundo globalizado donde la movilidad se torna el valor central, los terroristas buscan legitimar sus ataques asesinando lo más valioso para esa cultura, sus turistas. Baudrillard ha sido uno de los pocos filósofos que ha explicado no solo porque los terroristas matan a otros, sino los estereotipos y prejuicios occidentales alrededor del fenómeno. Interesado en desentrañar porque los turistas son en los últimos años el blanco central de grupos como ISIS o Al-Qaeda, Coulter llama la atención sobre la necesidad de retornar a los escritos de Baudrillard para comprender como “la guerra contra el terror”, declarada hace años nos ha llevado a esta situación. Como un virus, el terrorismo se encuentra en todas partes activando los mecanismos represivos del estado que por más que se esfuerzan por encontrar a esos huéspedes indeseados, fracasan en su intento una y otra vez. Si para Baudrillard la convergencia entre globalización, terrorismo y guerra se encuentra asociada a la violencia, ella se canaliza por los media con el fin de crear un espectáculo. En esta nueva formas de hacer la guerra, asistimos a un nuevo intercambio de signos de la guerra los cuales son potenciados por lo electrónico. Siguiendo este modelo, para comprender realmente al terrorismo hay que analizar la movilidad de redes, las cuales son funcionales a la ficcionalización del mundo.[16] En pocas palabras, la movilidad no ha dejado rincón de este mundo sin mirar, y porque lo hace, la estética es total. El terrorismo apela a crear Terror por medio de un escenario donde nada puede escapar al ojo de la cámara, y todo es cubierto 24 horas al día. Sin estas condiciones, las cuales no estaban dadas en la edad Media, el terrorismo se asfixiaría y moriría. En este sentido, Jacques Derrida no dubitó en llamar al terrorismo una enfermedad auto-inmune de Occidente. El gesto tolerante del cristianismo no acepta en igualdad de condiciones, sino subordinando al otro a los propios valores euro céntrico. El terrorismo apela a destruir los valores de una falsa tolerancia cuya expresión máxima es la hospitalidad. La figura del otro en Occidente se encuentra subordinada a la tolerancia. Pero esa tolerancia, sólo puede ser ejercida por quien ostenta poder. Asimismo, existe un apego por demás interesante en nuestra civilización sobre lo que no es pero está por venir. Este acontecimiento indeterminado que no es ni pasado ni presente, debe asumirse que entonces no es. Si un arma deja una herida, el terrorismo trabaja sobre la angustia de la “indeterminación”, y al hacerlo usa al miedo como una herramienta de adoctrinamiento. Sin lugar a dudas, el terrorismo implica una hospitalidad “sin riesgos”.[17] El estado moviliza todos sus recursos con el fin de prevenir el próximo ataque pero cercenando la libertades individuales. El extranjero, en estos términos, puede ser una figura amistosa u hostil y si de él nada se sabe, el estado tiene indicios de sospecha que materializa por medio de sus instrumentos disciplinarios como la información estadística y el poder de policia. Si bien tanto Baudrillard y Derrida han sido importantes figuras en la explicación de lo mediatico y el terrorismo, sus abordajes no ofrecen una explicación convincente sobre porque el turismo y la movilidad se han transformado en los comodities necesarios del terrorismo, y eso sucede, porque existe en la filosofía ciertos temores a comprender que destruir al terrorismo es una tarea imposible porque se encuentra inserto en el corazón de Occidente. En otras palabras, el turismo (y dentro de éste la movilidad) el cual ponderamos como un “derecho inalienable” de los ciudadanos libres y dignos (un aspecto crucial que define a la democracia), es el terrorismo por otras vías.[18]

III

A nuestro análisis es por demás importante los aportes de dos académicos, James Joll y Michel Foucault. El primero evidencia un estudio erudito en donde queda de manifiesto el rol de los primeros grupos anarquistas en la organización del trabajo dentro del capitalismo moderno. El segundo, explica con cierta verosimilitud como funciona la disciplina en el estado nacional moderno. Para Michel Foucault, la verdad y la historia son relativas pero importantes construcciones sociales que se inscriben dentro de una economía o sistema productivo que le antecede. Por ese motivo, los pensadores deben hacer trabajo de campo como un arqueólogo, indagando en aquellos saberes que han quedado relegados a la matriz dominante. Siguiendo este desarrollo, agrega Foucault, en las sociedades de pastoreo, el territorio se transforma en un espacio al cual defender. La autoridad no se ejerce por medio de un poder vertical, sino por los mecanismos disciplinarios que se corresponden con estructuras productivas previamente diseñadas pero que fluyen dentro de la sociedad. De esta forma, nace una “economía de la verdad” que sienta las bases para el uso legítimo de la ley, empero al hacerlo, se da una paradoja, otras voces quedan silenciadas. El sentido de la escasez de las sociedades se encuentra vinculado a la fortuna. Ella misma es un producto del “acontecimiento” por el cual se puede intelectualizar la contingencia e incertidumbre. La percepción de un peligro, admite Foucault, se debe comprender dentro de una economía específica que regula no solo las relaciones entre los ciudadanos sino la producción de poder. Cualquier Estado prefiere evitar y controlar los riesgos ya que su legitimidad se encuentra en juego. Si los precios de un sistema suben en forma generalizada, la eficiencia y pericia de los gobernantes son puestas bajo el ojo crítico del escrutinio popular. Por regla general pensamos que la mala suerte es un tema asociado a la “escasez”, confiando en que el sistema legal (y dentro de esta infraestructura también la historia) regule sus efectos negativos. Desde el momento en que la disciplina fija la estrategia, la seguridad se construye por imposición de un caso que es necesario para que los límites comunitarios se mantengan. En perspectiva, la normalización disciplinaria acepta una situación dentro de ciertos límites pero no en su forma actual, sino en forma mitigada, despojando los efectos negativos del acto. Si la amenaza, o su mera presencia, ponen a la sociedad en vilo, el poder disciplinario pone a esa amenaza en forma de riesgo, el cual no es otra cosa que una amenaza inoculada. Para comprender mejor su metáfora, Foucault interpone el ejemplo del virus y la vacuna. El primero se corresponde con la amenaza en estado puro, a la vez que la segunda es su forma reducida, disciplinada.[19]

Por su parte, James Joll en su texto, The Anarchist nos introduce en el mundo del anarcosindicalismo al proponernos una historia sobre el sindicalismo americano que lo asocia directamente a las ideas socialistas y anarquistas del siglo XIX. Joll reconoce que los primeros sindicalistas se encontraron notablemente influidos por los ideales comunistas y anarquistas, pero por los métodos violentos de los primeros grupos “terroristas”, el dialogo entre el sindicalismo y el socialismo se hizo en forma tangencial por medio de los anarco-sindicalistas, un grupo reducido de personas que consideraban importante organizar el trabajo asalariado en Estados Unidos adhiriendo a los los ideales del socialismo como la máxima expresión de la auto-determinación de las clases sociales. Si los primeros fueron deportados por terroristas, este grupo de forma más sutil pero no por eso menos influyente ha sido de vital importancia en la forma que se regla hoy el trabajo moderno.[20] La contribución de Joll es importante a nuestra discusión pues pone en evidencia como “esa matriz normalizadora del capitalismo” acepta el corazón ideológico del socialismo para disciplinar al “terrorismo”.

7.7

En abordajes anteriores Korstanje observa que una explicación sobre la conexión entre terrorismo y turismo, inevitablemente nos lleva a la migración europea del siglo XIX. La presión de ciertos países periféricos por imponer en los mercados sus respectivos comodities a menor precio se ha materializado por medio del aprovechamiento los beneficios y la demanda de la revolución industrial. Países exportadores de materias primas como Estados Unidos, Australia, Brasil y Argentina inundaron el mercado europeo causando una seria crisis en la agricultura local, que pronto expulsó a millones de granjeros hacia estas nuevas e incipientes metrópolis. La migración europea no solo organizaba la economía capitalista estadounidense, sino que producía un gran cambio en las políticas orientadas a la organización internacional del trabajo. El problema, precisamente, subyacía en que los nuevos migrantes no encontraban todos los recursos que esperan en el nuevo mundo. Sujetos a un sistema de trabajo que los explotaba, los trabajadores estaban sometidos a diferentes privaciones materiales y psicológicas. James Joll no se equivoca cuando sugiere que las bases ideológicas del anarquismo suelen ser seductoras para aquellos países donde abunda la pobreza y la exclusión. Cuenta la historia que los primeros líderes anarquistas que arribaron a Estados Unidos vieron en la producción un sistema de alienación y explotación que por lo menos era injusta a lo que consideraban la dignidad humana. Niños y mujeres trabajando de sol a sol, casi 12 horas al día, miseria y altos índices de alcoholismo y pauperización fueron algunas de los aspectos que confluyeron para que estos intelectuales formaran grupos de presión. Orientados a socavar las bases del poder imperante, los primeros anarquistas planearon y llevaron a cabo serios atentados contra empresarios, jefes de policía y políticos. Tildados por el poder económico, como “terroristas”, el estado pronto se encargó de capturar, asesinar, juzgar o deportar a estos “huéspedes indeseados” que atentaban contra la paz y el orden del progreso.[21]

No obstante, un grupo de ellos convencidos en los beneficios reales de la lucha no violenta se orientaron hacia la organización sindical. Sus ideas de una distribución más justa, menos horas de trabajo, y otros beneficios como las vacaciones progresivamente fueron marcando la agenda de las primeras asociaciones sindicales. Los dueños del capital (capital owners) comprendieron que las organizaciones sindicales podían no solo acelerar la evolución tecnológica con fines laborales, sino que podían generar mayores niveles de riqueza. En un sentido y luego de una larga pugna política, el sistema capitalista adoptó los ideales del anarco-sindicalismo con el fin de disciplinar y expulsar al terrorismo fuera de sus fronteras. Al hacerlo, no solo proveyó a los trabajadores de mayores beneficios que finalmente resultaron en el nacimiento del “turismo moderno” sino que también consolidaron el derecho a huelga como forma de protesta. Desde entonces, el turismo y el terrorismo, admite Korstanje (2015) han quedado ligados desde sus inicios. Luego de la masacre de Luxor (Egipto), cuando el mundo conoció que los terroristas se encontraban particularmente atraídos por vulnerar los lujosos destinos turísticos, los especialistas se han preguntado sobre la conexión que existe entre ambos. Nuestro abordaje, atiende ampliamente sobre los factores económicos y sociales que coadyuvaron en la normalización del terrorismo, y por consiguiente, en el uso del consumo conspicuo para olvidar que tan peligrosa podía ser la vida allá afuera. Empero como bien advierte Paul Virilio (2006), los limites parecen haberse corrido el afuera se ha transformado en adentro. La ciudad pánico es aquella que no puede ser protegida, pues las murallas que marca la diferencia se han destruido en pos de una hegemonía de lo visual. La tecnología sentó las bases para mejorar la calidad de vida y las expectativas, pero también para conectar grandes proporciones de territorios haciendo del mundo un lugar global sin diferencias.

Paul Virilio

Paul Virilio

Por otro lado, el terrorismo se recicla pero Occidente acepta su lógica principal: la instrumentalización del otro. Al adoptar los valores racionales del terrorismo, el estado reserva para los trabajadores el uso de la huelga y con ella la producción del ocio con fines ideológicamente recreativos. El “buen trabajador”, aquel que respeta y sigue la ley puede acceder a un descanso merecido si trabaja duro durante el año. El concepto vacacional como fue elaborado por los estados nacionales adquiere una impronta netamente ideológica. El lector deberá prestar atención a los tres elementos que el terrorismo y la huelga contiene podemos observar como ambos, a) usan al más vulnerable para negociar con el Estado, b) explotan el sentido de aleatoriedad y el factor sorpresa como formas disuasorias, c) apelan a la extorsión como práctica común.

7.9

¿Qué siente un turista cuando llega a un aeropuerto que se encuentra de huelga? Seguramente, que es rehén de otro y salvando las distancias, un elemento importante para que el sindicato negocie con actores más fuertes. Aun cuando, hay reglamentos legales que establecen los derechos del consumidor, nada puede hacerse cuando se cae como rehén de una huelga. Para de ella, consiste en hacer el mayor daño simbólico (costo político) al gobierno a merced de afectar a personas que no están a la altura del conflicto. El otro, lejos de ser un connacional o conciudadano, se transforma en un medio para la concreción de fines. Los intentos desesperados de los estados por arreglar las huelgas son directamente proporcionales a la importancia y la evaluación de daños que tiene no negociar. Por ese motivo, no es nada extraño, que la mayoría de las huelgas se lleven a cabo en momentos de temporada alta, y/o celebración de eventos de atracción mundial como los Juegos Olímpicos o La Copa del Mundo FIFA. Comprendido como un daño colateral para concretar los objetivos, el otro se convierte en un instrumento.

Estas ideas nos ayudan a comprender que lejos de estar asociado a la religión, el terrorismo es parte esencial de la racionalidad occidental. Los terroristas que planificaron los atentados del 11 de septiembre, Atocha y Paris no solo son en su mayoría nativos, sino que han estudiado en “Universidades Occidentales”. Existe cierto recelo por la inteligentsia moderna en consultar textos árabes, por considerarlos de menor valía que los anglosajones, pero si consultamos los escritos del profesor Ruwayha, encontraremos evidencia de documentación la cual demuestra la táctica de extorsión que denota la toma de rehenes, no es culturalmente árabe, sino que es impuesta por los imperios británico y francés respectivamente.[22]

Atentados en Atocha

Atentados en Atocha

El punto central del terrorismo consiste vulnerar los valores que se consideran circunstancialmente sagrados para la sociedad; en este caso, la secularización y la muerte de Dios, por medio de los cuales el capitalismo se ha podido consolidar, el temor a la muerte que resulta de la no creencia. Los terroristas asesinan porque los occidentales han desarrollado una aversión total a la muerte. La religión es la piedra angular que responde al interrogatorio sobre que hay más allá de la vida. ¿Que pasa cuando se mueren aquellas personas que nos aman y a las cuales nosotros amamos? Por más sutil que parece, el amor no puede detener la evolución natural y la muerte es inevitable.

7.11

La sociedad industrial cree en todo, menos en el más allá. Prueba de ello es que la fe no se ha perdido, hoy tenemos que poner comillas para saber que el texto que leemos ha sido escrito por otro, creemos en lo que vemos, y desechamos lo que no podemos captar con nuestros sentidos. Esta suerte de descreencia en el otro mundo, sugiere un amor incondicional por la vida en la tierra, por la riqueza y la frugalidad de un mundo que ya no desea entrar al paraíso, sino replicarlo. La extensión de la expectativa de vida es un aspecto esencial del capitalismo moderno pues no solo puede ser canalizada al consumismo total, sino que permite ampliar los bienes producidos a nuevos mercados. Los terroristas identifican el mayor miedo de occidente y trabajan sobre él. El segundo elemento importante del terrorismo consiste, en cómo se ha discutido, en el espectáculo de la tragedia que sirve de cultivo a los medios de comunicación masivos. En tercer lugar, el concepto de racionalidad occidental por la cual se toma del otro su esencia (instrumentalización) para concretar los propios fines, es la base angular que ha dado nacimiento al proyecto Industrial pero también al terrorismo moderno. Particularmente, en un mundo sin límites, los ataques contra estos turistas pueden hacerse en cualquier momento y en cualquier lugar.

Basil Bernstein

Basil Bernstein

  

IV

En el año 1971 el lingüista británico Basil Bernstein comienza su obra en lo que más tarde se conocería como Class, Codes and Control. Según Bernstein los sistemas productivos y los lingüísticos estaban estrechamente relacionados. Las clases desarrollaban sus propias clasificaciones y formas gramaticales. En este sentido, la educación cumplía un role crucial a la hora de socializar los valores culturales, en muchas ocasiones forjados por clases privilegiadas y aceptados en forma pasiva por las clases restantes. Si bien sus estudios estaban vinculados a la comprensión del fracaso escolar en clases de trabajadores, el aporte de Bernstein consiste en señalar que existen dos tipos de códigos lingüísticos, el código restringido y el código elaborado. El primero se encuentra atado al contexto, es autoritaria y fija una regla que debe cumplirse sin cuestionamiento alguno. El segundo, por el contrario, tiene una orientación mucho más universalista, centrado en la cadena de medios y fines. Las clases burguesas manejan ambos, el código elaborado y el restringido, empero, los trabajadores de cuello azul, sólo se limitan al código restringido. El ejemplo del niño pidiéndole dulces a su madre, propuesto por Bernstein es vital para la comprensión de su tesis. Cuando un niño le pide dulces a su madre, si ella no tiene interés en comprarse tiene la posibilidad de utilizar dos códigos. Según la versión restringida, ante el llanto de la criatura, ella le dirá “cállate de una vez”!, y él lo hará. Empero si introduce el código elaborado, la respuesta será harta diferente, ella dirá “si te portas bien, te compraré lo que me pides”. La diferencia entre una y otra sentencia, es que la elaborada pone en manos del sujeto la posibilidad de decidir, y al hacerlo debe tomar una decisión que lleva consigo un efecto.[23] Ello genera una cadena de medios para fines que lleva a la persona a ser socializada en un medio cultural instrumental. Por el contrario, quien fuese educado según un código de obediencia pasiva, se ve imposibilitado de poder tomar decisiones y por ende limitado en su racionalidad. La elite domina a toda la sociedad no solo por fija los códigos que deben ser respetados, sino porque posee un nivel de abstracción (instrumentalización) que le son negados al resto de las clases. Ahora bien, ¿no sucede lo mismo con el terrorismo?

Siguiendo con el ejemplo del niño, se educa a los ciudadanos modernos para que si no consiguen lo que piden, elaboren un plan alternativo siguiendo medios para concretar un fin. La cláusula si (if) se corresponde con una condición que abre la posibilidad a una elección, si el estado no accede a mis demandas, puedo a) formar un partido político nuevo e imponerlas por vía parlamentaria o b) formar un grupo clandestino que use la lucha armada como forma de diálogo.

Es por este motivo y no otro, que es imposible pensar en que el terrorismo sea una consecuencia de la pobreza, la marginalidad, y las condiciones económicas. Si bien pueden ser éstas usadas en forma discursiva, el terrorismo es monopolio de quienes manejan el código elaborado. De la misma forma que al niño que se le niega algo, tiene la posibilidad de emprender un plan de acción que depende de él (entrepreneurismo), el terrorismo encuentra canales ilegales de relación con el estado en donde usa la extorsión como código comunicativo. El segundo elemento importante en el terrorismo es el deseo individual. A diferencia de otros grupos que mantienen una resistencia pasiva, como hombre de acción el terrorista desea. Si tú no me das lo que yo quiero, yo sembraré el terror en tu sociedad!

7.13

Como ya se ha mencionado en este ensayo filosófico, el principio regente del terrorismo se encuentra enraizado en el êthos occidental, de la instrumentalización, la cual puede observarse por doquier, desde el préstamo conferido por el banco, un manual moderno de Management hasta las ordenes de un gerente a su equipo de trabajo. Los ciudadanos modernos no dan nada sin esperar algo a cambio, y cuando lo hacen emplean el cálculo (medio de cadenas por fines) para maximizar su propio umbral de placer. Por ese motivo, consideramos que el terrorismo no es monopolio de un Estado ni de un grupo de insurgentes sino de una dialéctica “de odio”, por medio de la cual puede instrumentalizarse la violencia. Siguiendo este argumento y porque el terrorista considera que sus metas son superiores al sufrimiento ajeno, es que se da un proceso de “indiferenciación” por el dolor humano que la extorsión. Un terrorista no se hace de la noche a la mañana, se construye con el tiempo. Una persona común cuya percepción de la realidad sea negativa, puede ser reclutado por un grupo pequeña que en primera instancia lo aísla de su grupo de socialización. Cuanto más reducido es el grupo, más eficiente es el entrenamiento psicológico del nuevo candidato. Muchos de ellos no solo son nativos de las sociedades que atacan, sino que se reclutan por motivos de aceptación de pares, o de auto-estima; tal vez un amigo, una novia o un familiar cercano.[24] Experimentan un gran deseo de “acción” el cual los lleva a instrumentalizar al otro. Su odio es general, no es un odio focalizado en una persona-sociedad que les ha hecho daño. Dirigen sus sentimientos contra objetivos abstractos como “el capitalismo”, “la corrupción moral”, “la sociedad” u otros objetivos empleando a sus víctimas como instrumentos para cumplimentar sus fines. A pesar de la crueldad de sus actos que merecen el repudio general, consideran a su causa como suprema, divina o por encima de cualquier egoísmo personal. Paulatinamente, esta dicotomía los lleva a una total indiferencia por el sufrimiento del Otro. Acaso, ¿no es el mercado un tipo de plataforma eugenésica donde sobrevive el más fuerte?

Zygmunt Bauman

Zygmunt Bauman 

En sus respectivos trabajos, Zygmunt Bauman nota que en la sociedad liquida el trabajo ya no es monopolizado por la fuerza laboral, sino que es el ciudadano quien en virtud de ser consumidor se transforma en bien consumido. Toda empresa se deshacer de lo menos valioso, pues no lo produce valor alguno. Aquellos consumidores que no alcanzan los objetivos estandarizados del mercado son relegados del sistema productivo. El sistema mantiene cierta protección sobre quienes tienen el capital, pero precarizando las condiciones de trabajo de quienes se definen como “recursos humanos”. Cada persona se transforma en un comodity que debe competir con otros para mantenerse en una plataforma donde se estimula el consumo absoluto. La capacidad de consumo es un criterio crucial para comprender cuál es la línea de los elegidos y los rechazados[25]. Esta forma de ver el mundo (cosmología) da lugar a una sociedad de consumidores que desdibuja la nitidez entre el objeto consumido y el sujeto consumidor. A la vez que socava la confianza, el consumo liquido deshace los vínculos modernos, por medio del cual se fundamenta el temor, temor que es siempre a otro que no es como yo. La necesidad de protección cumple un rol ambiguo, ya que por un lado introduce tecnologías que permiten monitorear las propiedades, diluyendo el contacto directo, pero por el otro, marca como los “elegidos” del sistema a aquellos quienes poseen bienes por proteger. El sistema capitalista ha demostrado una facilidad y velocidad para reproducirse, la cual es directamente proporcional al grado de desigualdad mundial que genera. Para que el darwinismo social funcione correctamente, ideológicamente, todos los participantes deben estar completamente conscientes y sobrevalorar sus propias oportunidades para triunfar en un mundo de extrema competencia. Ellos entran en conflicto con otros no solo porque el narcisismo los hace ver como excepcionales, sino porque no consideran que sólo uno de ellos será el ganador. De lo que se deduce, clarifica Korstanje, toda una amalgama de dispositivos ideológicos funciona transmitiendo un mensaje donde la supervivencia depende de la excepcionalidad. Desde los realities show como gran hermano hasta en películas como Los Juegos del Hambre podemos observar que la gloria de pocos, se lleva a cabo por medio de la aniquilación de la mayoría. El darwinismo social se hace fuerte en la alegría por la caída del otro. Sentimos una sana alegría por la desgracia ajena pues gracias a ella, logramos una suerte de exorcismo del destino, y después de todo seguimos en carrera. La lucha constante por la gloria, nos hace perder el foco en que en el mundo capitalista muchos tienen poco, y pocos tienen casi todo. Particularmente, esta idea es la que presente en las noticias día y noche nos mantiene atados al terrorismo.

Uno de los grandes dilemas de Occidente radica en que nadie sabe cuándo, menos dónde, será el próximo atentado. El terror subyace en la idea que cualquiera sin marcación, distinción o criterio puede ser indistintamente blanco del ataque, el terrorismo desafía las jerarquías pre-existentes poniendo a todos los ciudadanos en igualdad de condiciones frente al terror. La falta de previsibilidad o control instala en la población un estado de paranoia y pánico que puede llevar a manifestaciones abiertas de racismo. Cabe recordar como bien lo dice Luke Howie que la función del terrorismo no se corresponde con aniquilar a toda una sociedad sino en administrar la mayor cantidad de temor posible, vulnerando al más débil, con el fin que el Estado acepte sus demandas. Su lógica no es religiosa, sino puramente asociada a la “extorsión”, es instrumental enraizada en la lógica misma del capitalismo.[26] La mayoría de los ataques se encuentran racionalmente planificados y parte de esos ensayos pueden leerse en un manual de Management tradicional. Los terroristas de la misma forma que los empresarios, siguen cadenas de medios para un fin. Sin lugar a dudas, el terrorismo por todo lo expuesto una enfermedad auto-degenerativa producida por la misma racionalidad occidental. El presente ensayo intenta ser una crítica constructiva sobre colegas con el fin de comprender las raíces y efectos inmediatos del terrorismo a nivel mundial. A la vez que nuestra racionalidad nos lleva a ver el mundo y sus hechos en binomios, no menos cierto es que lo que rechazamos habla más de nosotros y de nuestros tabúes que de “ese Otro” al cual demonizamos. El terrorismo es esa imagen de indiferencia y explotación del más débil que no aceptamos en nosotros mismos.

7.15

Notas

[1] Smith, S “The Self Image of a discipline: a genealogy of International Relations Theory”. En International Relations Theory Today. (Pennsylvania, The Pennsylvania University Press, 1997) 1-37.
[2] Glucksmann, A. El discurso del odio. (Buenos Aires: Taurus) 2005.
[3] Augé, M. Diario de Guerra: el mundo después del 11 de septiembre. (Barcelona: Gedisa) 2002
[4] Korstanje, M. E., & Olsen, D. H. “The discourse of risk in horror movies post 9/11: hospitality and hostility in perspective”. International Journal of Tourism Anthropology, 1(2011), 304-317.
[5] Keohane, N & Zeckhauser, R. “The ecology of Terror defense”. Journal of risk and Uncertainty. 26 (2003): 201-229. – Huntington, S. P. “If not civilizations, what-paradigms of the post-cold war world”. Foreign Aff., 72, (1992) 186.- Huntington, S. P. The clash of civilizations and the remaking of world order. (New York: Penguin Books), 1997
[6] Fuller, G. A World Without Islam. (New York: Back Bay Books), 2012.
[7] Said, E “Orientalism”. Geopolitics, an introductory reader. (Abingdon: Routledge), 2014
[8] Achcar, G El Choque de Barbaries. (Buenos Aires: Capital Intelectual), 2008
[9] Baudrillard, J. The Spirit of Terrorism. (New York: Verso), 2003. – Bauman, Z Liquid Fear. (Cambridge: Polity Press) 2006. – Roy, O. Las ilusiones del 11 de septiembre: el debate estratégico frente al terrorismo. (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica), 2003.- Skoll, G. R. “Meanings of terrorism”. International Journal for the Semiotics of Law-Revue internationale de Sémiotique juridique, 20(2) (2007): 107-127.- Korstanje, M A Difficult World; examining the roots of capitalism. (New York, Nova Science Publishers) 2015.
[10] Baudrillard J , J. The Spirit of Terrorism. (New York: Verso), 2003, p 75
[11] Moten, A. R. Understanding terrorism: Contested concept, conflicting perspectives and shattering consequences. Intellectual Discourse, 18(2010): 35-63.
[12] Korstanje, M. E. “Ley y democracia en la era del terrorismo”. Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, 35(2013), 179-188.
[13] Eid, M. (Ed.). Exchanging Terrorism Oxygen for Media Airwaves: The Age of Terroredia: The Age of Terroredia. (Pennsylvania: IGI Global) 2014.
[14] Habermas, J “Fundamentalismo y Terror”. En La Filosofía en una Época de Terror. . G Borradori. (Buenos Aires Taurus: 2004): 79-128.
[15] Baudrillard, J La Violencia del Mundo. Baudrillard Jean y Morin Edgar. (Buenos Aires: Capital Intelectual), 2011.
[16] Coulter, G “Baudrillard on Terrorism and War in times of Hyper-mobility”. International Journal of Safety and Security in tourism & hospitality. 13 (2015): 1-20
[17] Derrida J “Auto inmunidad: suicidios simbólicos y reales”. En La Filosofía en una Época de Terror. . G Borradori. (Buenos Aires Taurus: 2004): 197-245
[18] Korstanje, M ….. 2015, p. 105
[19] Foucault, M. La arqueología del saber. (Buenos Aires: Siglo XXI) 1997-Foucault, M. Seguridad, Territorio, Población: curso en el Collage de France (1977-1978). (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica), 2006.
[20] Joll, J. The anarchists. (London: Methuen) 1979.
[21] Korstanje M A Difficult World, … 2015, op cit, 125
[22] Ruwayha, W. A Terrorism and Hostage-taking in the Middle East. (Paris JCI), 1990.
[23] Bernstein B Clases, códigos y control I. Estudios teóricos para una sociología del lenguaje, Akal, Madrid), 1988- Bernstein B. Clases, códigos y control II. Hacia una teoría de las transmisiones educativas (Akal, Madrid), 1989
[24] McCauley, C., & Moskalenko, S. “Mechanisms of political radicalization: Pathways toward terrorism”. Terrorism and Political Violence, 20(2008), 415-433.
[25] Bauman, Z. Consuming life. (New York: John Wiley & Sons), 2013.
[26] Howie, L. Witnesses to Terror: Understanding the Meanings and Consequences of Terrorism. (Hampshire: Palgrave Macmillan) 2012.

Maximiliano E Korstanje

  • Universidad de Palermo, Argentina
  • Fellow en CERS, Universidad de Leeds, Reino Unido

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