Relaciones de poder y resistencia.

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Relaciones de poder y resistencia.

La necesaria crítica a las relaciones de dominación

 

En las relaciones humanas, […] el poder está siempre presente: quiero decir, la relación en la cual uno quiere tratar de dirigir la conducta del otro.                      

Michel Foucault

 

Introducción

 

En cada época, el poder determina la forma en la que deben vivir todos los sujetos. Es por ello que, en cada periodo histórico es necesario reflexionar sobre la resistencia, es decir, sobre la posibilidad de generar relaciones de poder en las que cada sujeto mantenga el mayor grado posible de libertad.

La pregunta que da origen a este ensayo es: ¿la resistencia al poder es posible o, por el contrario, toda resistencia está condenada al fracaso? Para responderla nos aproximaremos a El sujeto y el poder, La ética del cuidado de sí como práctica de la libertad y la Historia de la sexualidad, de Michel Foucault; Más allá del principio del placer y Resistencia y represión, de Sigmund Freud.

Empezaré por explorar qué entiende Freud por resistencia, para problematizar el vínculo entre el concepto freudiano de resistencia y la resistencia al poder de la que habla Foucault. Luego, presentaré los conceptos “relaciones de poder” y “resistencia”, de éste último.

El propósito es mostrar la importancia de la resistencia para la construcción de relaciones de poder, que se opongan a las relaciones de dominación.

  1. Resistencia inconciente

Para Sigmund Freud, el concepto “resistencia” designa la oposición inconciente del analizado al psicoanálisis, que le impide alcanzar su curación. Es por eso que el primer paso del psicoanálisis es hacerlo consciente de ello. Para superar dicha resistencia, el psicoanalista le propone al analizado que se autoobserve y comunique todos los sentimientos, pensamientos y recuerdos que se le presenten. “Le advertimos de manera expresa que debe resignar cualquier motivo que le haría practicar una selección o exclusión entre las ocurrencias: que eso es en demasía desagradable o indiscreto para decirlo, o que es demasiado trivial, no viene al caso o es disparatado y no hace falta decirlo.”[1] Al pedirle al paciente que comunique la totalidad de sus pensamientos y ocurrencias, sin establecer ningún tipo de distinción entre ellos, lo que el psicoanalista busca es que la resistencia inconsciente se refuerce para que el paciente oculte deliberadamente ciertos aspectos, en los cuales se esconde “algo más”, de lo que debe ocuparse el psicoanálisis. “Por la técnica de interpretación de los sueños sabemos que justamente las ocurrencias contra las cuales se elevan esos reparos […] contienen, por lo general, el material que nos encamina al descubrimiento de lo inconciente.”[2] El efecto final es que se logra descubrir lo realmente importante para la terapia: aquello que el paciente, por ciertas razones o sin ellas, trata de ocultar: lo inconsciente. Lo inconciente que se oculta al paciente puede ser develado por la intervención del psicoanalista.

El psicoanálisis busca “el vencimiento de esas resistencias [que además constituye] la única pieza de trabajo que nos asegura que hemos conseguido algo con el enfermo”.[3] En Más allá del principio del placer se dice que “El psicoanálisis era sobre todo un arte de interpretación [pero luego] el centro de gravedad recayó en las resistencias de aquél; el arte consistía ahora en descubrirlas a la brevedad, en mostrárselas y, por medio de la influencia humana […] moverlo a que las resignase”.[4]

Para Freud, la resistencia es un mecanismo que permite al sujeto ocultar vivencias insoportables, de forma inconsciente. La superación de la resistencia consiste en hacer consciente lo inconciente. La resistencia consiste en impedir que lo inconsciente llegue a ser consciente ¿Qué nos muestra este mecanismo? La resistencia pone al descubierto la represión; el mecanismo que el sujeto genera para ocultar lo inconciente, aunque no deliberadamente. La represión es la precondición de formación de síntomas. El síntoma es el sustituto de “algo” a lo que la represión impide manifestarse.

Tal como Freud lo plantea, aquello que se encuentra en el inconsciente es siempre terrible y dañino, de modo que su ocultamiento tiene por fin la protección del sujeto. Pero, ¿cabe la posibilidad de que esa resistencia inconciente proteja al sujeto del efecto negativo de las relaciones de dominación en las que está inmerso? ¿Hasta qué punto el sujeto se resiste inconscientemente a aquellas relaciones que intentan suprimir su libertad? Las relaciones de poder obligan al sujeto a reprimir ciertos deseos que sólo se hacen manifiestos mediante la resistencia, ya no sólo inconsciente sino también consiente, como sostiene Foucault.

 

 

II. Resistencia a las relaciones de dominación

Michel Foucault sostiene en El sujeto y el poder que su “objetivo ha sido elaborar una historia de los diferentes modos por los cuales los seres humanos son constituidos en sujetos […] Por tanto no es el poder sino el sujeto, el tema general de mi investigación”. [5] No es que el problema del poder no sea una cuestión relevante para la filosofía foucaultiana, sino que esa cuestión cobra sentido a la luz de la relación que guarda con el sujeto.

Foucault propone no estudiar el poder desde modelos jurídicos o legales, es porque dichos esquemas le parecen reduccionistas. Pues, afirma que “es necesario ampliar las dimensiones de la definición de poder”[6], esto es, “liberarse de cierta representación del poder […] jurídico discursiva”.[7] Las relaciones de poder no sólo se presentan en el ámbito del derecho o de la política, sino en la totalidad de las relaciones humanas.

[…] en las relaciones humanas, cualesquiera que sean […] relaciones amorosas, institucionales, económicas- el poder está siempre presente: quiero decir, la relación en la cual el uno quiere tratar de dirigir la conducta del otro […] estas relaciones de poder son relaciones móviles, es decir, que pueden modificarse, que no están dadas de una vez por todas […] es precioso, entonces, para que se ejerza una relación de poder, que haya siempre de los dos lados al menos una cierta forma de libertad.[8]

Para Foucault, toda relación es una relación de poder en la que cada sujeto trata de imponer ciertas condiciones de vida al otro: de condicionarlo a que piense o actúe de cierta manera. Tanto las relaciones de pareja, como la relación educador-educando, la relación gobernante-gobernado, y psicoanalista-paciente, son relaciones de poder. Donde hay sujetos libres hay relaciones de poder. Toda relación de poder manifiesta el deseo de imponer a otros ciertas formas de actuar, de pensar y de ser, que se consideran válidas para uno mismo. El carácter específico de dicha imposición está sujeto a variaciones, por ser la expresión de una voluntad libre: porque somos libres no siempre concedemos validez ni valor a un mismo modo de vivir. Cuando la concepción al respecto cambia, se modifica también la relación de poder que se funda en tales valoraciones.

Por otro lado, una determinada relación de poder no puede imponerse de una vez y para siempre. Mientras se trate de una relación entre sujetos libres, en todo momento habrá pugna entre quienes buscan organizarse para instaurar una relación de poder, favorable a sus intereses, y quienes no están de acuerdo con que eso ocurra y se oponen.

El poder sólo se ejerce sobre sujetos libres y sólo en tanto que ellos sean libres. Por eso entendemos sujetos individuales y colectivos que están enfrentados a un campo de posibilidades en el cual diversas formas de comportarse, diversas reacciones y comportamientos pueden ser realizados. [9]

Las relaciones de poder se dan entre sujetos libres. Cuando no hay una relación de igualdad entre los sujetos, se da un ejercicio de poder al que no es posible que se oponga ninguna resistencia ¿Cuál es la diferencia entre “relaciones de poder” y “relaciones de dominación”?

Cuando los factores determinantes saturan la totalidad, no hay relacionamientos de poder, la esclavitud no es una relación de poder en tanto los hombres están encadenados. […] la libertad bien puede aparecer como la condición para ejercer el poder (al mismo tiempo que es su precondición, ya que la libertad debe existir para que el poder pueda ser ejercido, y a la vez ser su apoyo permanente, ya que sin la posibilidad de resistencia, el poder podría ser equivalente a la imposición física.[10]

Libertad, relaciones de poder y resistencia constituyen un todo inseparable. La libertad es condición para el ejercicio del poder. A su vez, el poder tiene su opuesto en la resistencia. Sin la resistencia, las relaciones de poder se convierten en relaciones de dominación. Eso cancela la libertad del sujeto; lo deja sin la posibilidad de resistir, es decir, de generar un contrapeso al poder.

Las relaciones de poder están atravesadas por un antagonismo. “Con el propósito de entender de qué se tratan las relaciones de poder, tal vez deberíamos investigar las formas de resistencia y los intentos hechos para disociar estas relaciones.”[11] Sólo podemos comprender plenamente las relaciones de poder al estudiar lo que se le opone, es decir, las formas de resistencia. Lo importante es mostrar cómo las relaciones de poder inciden en la generación de los sujetos y cómo la resistencia permite constituir un modo específico de ser del sujeto.

¿Es posible eliminar las relaciones de poder? No. Lo que sí es posible es generar nuevas relaciones de poder, a partir de las resistencias existentes. “donde hay poder hay resistencia, y no obstante (o mejor: por lo mismo), ésta nunca está en posición de exterioridad respecto del poder […] los puntos de resistencia están presentes en todas partes dentro de la red de poder.” [12] Donde hay relaciones de poder hay también resistencia, pues ésta supone la existencia de sujetos libres que se oponen a ciertas relaciones de poder y tratan de instaurar otras. Pero, si la resistencia forma parte de la misma red del poder, ¿cómo puede concebirse como motor de la transformación social? “Las resistencias no dependen de algunos principios heterogéneos; más no por eso son engaño o promesa necesariamente frustrada. Constituyen el otro término de las relaciones de poder; en ellas se inscriben como el irreductible elemento enfrentador.”[13] Sin resistencia no existe el poder. Resistencia y poder se encuentran en todas partes y no se les puede disociar.

La resistencia propicia “nuevas formas de subjetividad a través del rechazo de este tipo de individualidad que nos ha sido impuesta durante siglos”. [14] Para Foucault, se resiste a la normalización, entendida como el proceso de formación de los sujetos de un único modo.

 

III. Consideraciones finales

¿Por qué se resiste? ¿Ante qué se resiste? Considero que la resistencia inconsciente de la que habla Freud puede comprenderse como una manera en la que el inconsciente transgrede las diferentes prohibiciones, a través de las cuales se pretende la regulación del sujeto. Para Foucault, la resistencia surge frente a la normalización; nace de la necesidad del sujeto de encontrar una forma de vida que le permita concretar su identidad.

Freud y Foucault parecen coincidir en que se resiste al poder y en que eso sólo es posible desde el seno mismo del poder: se resiste a la prohibición y a la normalización. La resistencia pretende modificar las relaciones de poder existentes y generar nuevas. Lo que no es posible en ningún sentido mediante la resistencia es desaparecer las relaciones de poder, porque la resistencia y el poder se requieren mutuamente.

La relación de poder puede convertirse en relación de dominación, cuando una de las partes cancela la libertad de la otra. Pero también es posible, en momentos de crisis, que los sujetos dominados busquen instaurar una relación de poder que les permita un mayor margen libertad, conforme a un cierto modo de vida que juzgan válido. No se trata de eliminar las relaciones de poder -cuestión por demás ilusoria- sino de generar relaciones de poder en las que el sujeto tenga mayor libertad.

En la actualidad, estamos inmersos en una crisis, que abre la posibilidad de destruir las relaciones de dominación aún existentes y crear relaciones de poder más igualitarias, es decir, relaciones en las que el sujeto tenga el mayor grado de libertad, pues sin libertad todo carece de sentido, en tanto que el sujeto no tiene la posibilidad de elegir la senda de su existencia.

 

 

Bibliografía

 

  1. Foucault, Michel, Historia de la sexualidad. 1- la voluntad de saber, Siglo XXI, México, 2007.
  2. ______________, El sujeto y el poder, Edición electrónica de www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Universidad ARCIS., p. 3.
  3. ______________, “La ética del cuidado de sí como práctica de la libertad”, en: Teresa Martínez Terán (coord.), Escritos filosóficos. Veinte años después de Michel Foucault, Ediciones sin nombre / BUAP, México, 2005.
  4. Freud, Sigmund, “Resistencia y represión”, en: Obras completas XVI, Amorrortu, Argentina, 1998.
  5. ______________, , “Más allá del principio del placer”, en: Obras completas XVIII, Amorrortu, Argentina, 1999.

 

Notas

[1] Freud, S., “Resistencia y represión”, en: Obras completas XVI, Amorrortu, Argentina, 1998, p. 263.
2 Idem.
3 Ibídem., p. 266.
4 Freud, S., “Más allá del principio del placer”, en: Obras completas XVIII, Amorrortu, Argentina, 1999, p. 18.
5 Foucault, M., El sujeto y el poder, Edición electrónica de www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Universidad ARCIS., p. 3.
6 Idem, p. 4.
7 Foucault, M., Historia de la sexualidad. 1- la voluntad de saber, Siglo XXI, México, 2007, p. 100
8 Foucault, M., “La ética del cuidado de sí como práctica de la libertad”, en: Teresa Martínez Terán (coord.), Escritos filosóficos. Veinte años después de Michel Foucault, Ediciones sin nombre / BUAP, México, 2005, pp. 136-137.
9 Foucault, M., El sujeto y el poder, op. cit., p. 16.
10 Idem.
11 Ibídem, p. 6.
12 Foucault, M., Historia de la sexualidad. 1- la voluntad de saber, op. cit., p. 116.
13 Ibídem, p. 117.
14 Foucault, M., El sujeto y el poder, op. cit., p. 12.

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