Mil años de historia no lineal (en torno a Deleuze y Guattari) de Manuel de Landa

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Mil años de historia no lineal (en torno a Deleuze y Guattari) de Manuel de Landa

MATISSE, EL PERIQUITO Y LA SIRENA (1953)

 

Entre los pensadores que favorecieron la creación de Mil años de historia no lineal cabe mencionar los aportes de Gilles Deleuze y Félix Guattari. Por esta razón, no es de extrañar que se considere a Manuel de Landa como el intérprete oficial de Deleuze, y que la obra de los filósofos franceses influya notablemente en el desarrollo de su obra Mil años de historia no lineal.

Manuel De Landa es un autor mexicano. Nació en el año 1952 y se mudó a Nueva York en los setentas. Según Harman, sus primeros trabajos se remontan a la creación de cine experimental, para después interesarse por la lógica simbólica y los filósofos analíticos, aunque paradójicamente los abandonó para enfocarse en el estudio de los clásicos, situación que lo llevó al estudio de la obra de Guilles Deleuze y Guattari.

Es en el año de 1991 cuando Manuel De Landa realiza su debut como autor con el libro War in the Age of Intelligent Machines, destacando que esta obra fue escrita justo antes de la guerra del golfo. Luego, en 1997, escribe A Thousand Years of Nonlinear History, donde explora la manera en que diversos procesos cíclicos se repiten en escenarios naturales y culturales. Enseguida, en el año 2002, publicó Intensive Science and virtual Philosophy inspirado en la obra deleuziana. Aquí se preocupa por explicar la relación del filósofo francés con disciplinas como la dinámica no lineal, las matemáticas y la teoría de conjuntos. Este libro fue seguido en el 2006 por un libro no tan famoso, pero más citado llamado A New Philosophy of Society, en el que De Landa desarrolla los contornos de una teoría social realista, la cual está constituida por diferentes escalas de ensamblajes.

En este artículo me propongo articular y describir la influencia en Mil años de historia no lineal de algunos conceptos de la ontología deleuziana-guattariana, tales como “estratos”, “la máquina abstracta”, “el plano de inmanencia” y “la doble articulación”. Esto con la finalidad de reflexionar sobre sus posibles implicaciones en el campo de la reflexión contemporánea.

 

¿Qué es esa cosa llamada Mil años de historia no lineal?

 

El pensamiento diagramático de Deleuze y Guattari ofrece una explicación materialista y energética para conocer y comprender el caos abismal del multiverso, a través de un modelo rizomático, no arborescente, no binario, a partir del cual se puede comprender la naturaleza desde otro orden lógico.

En este sentido, su filosofía deja claro que ya no se puede pensar desde un árbol, es decir, desde lo que Deleuze y Guattari llaman arborescencia, dicotomía, pensamiento dualista, pues afirman que la naturaleza no actúa así: ¨En ella hasta las raíces son pivotantes, con una abundante ramificación lateral y circular, no dicotómica”.[1] De esta forma, los filósofos plantean que el movimiento es rizomático y que, bajo tal composición, es necesario abandonar la imagen del árbol-raíz que se vincula a la reflexión clásica, la cual sigue infiltrada tanto en la lingüística como en el psicoanálisis, donde nadie se ha percatado de la multiplicidad: “Una multiplicidad no tiene ni sujeto ni objeto, sino únicamente determinaciones, grandezas, dimensiones que no pueden aumentar sin que ella cambie de naturaleza (las leyes de combinación crecen, pues, por medio de la multiplicidad)”.[2] Es así que el movimiento rizomático no tiene unidad y, por ende, no tiene centro. Es acentrado, bifurcado, contingente. Revela un modelo donde la distribución de la naturaleza, tanto social como natural, ya no se organiza a partir de jerarquías, sino que traduce una composición desde una lógica no dicotómica, donde el desierto de los fractales asoma su cruce con los azares no codificados. Así, todas las relaciones que se generan son transversales y, por tanto, las trayectorias que se despliegan son interconectadas a través de procesos continuos y contingentes. Con esta concepción se pone de manifiesto la distancia que trazan los rizomas de las concepciones arborescentes, las cuales dependen de un centro articulador, limitando las contingencias que pudiesen ocurrir desde lo no predeterminado, porque, en efecto, “un rizoma puede ser roto interrumpido en cualquier parte, más siempre vuelve a brotar según esta o aquella de sus líneas, incluso otras”.[3] Esto implica que las líneas de fuga puedan aparecer en cualquier momento, pues su propósito es desterritorializar la seguridad estratificada que ya se daba de antemano, y cuya aparición radica precisamente en fracturar el rizoma para potenciarlo hacia otras posibilidades: “Todo rizoma comprende líneas de segmentariedad según las cuales está estratificado, territorializado, organizado, significado, atribuido, etc., pero también líneas de desterritorialización por las cuales huye sin cesar”.[4]

MATISSE, ELEMENTOS VEGETALES (1947)

 

Ahora bien, bajo este modelo ontológico, el filósofo Manuel de Landa se inspira para indagar y trazar una historia no lineal, influenciado por algunas de las categorías deleuzianas-guattarianas para describir el dinamismo de la máquina abstracta a través de tres narrativas no lineales: la geología, la biología y la lingüística. Esto sugiere que ya no es plausible hacer y narrar la historia desde una perspectiva lineal, pues ese orden de pensamiento no es el adecuado para acceder a las multiplicidades y las diversas estructuras que subyacen, porque el tiempo de la historia lineal corresponde a otro orden paradigmático, producto del mecanicismo y la física decimonónica, y, por lo tanto, resultan obsoletos para la creación de narrativas históricas complejas.

De acuerdo con Valverde:

“De Landa describe tres campos que han jugado un importante papel en la historia humana y que amplía su enfoque en el sentido de considerar como algunos procesos históricos que anteriormente explicábamos mediante causas históricas son realmente expresiones de procesos no- humanos auto-organizados que han influido en el crecimiento de las ciudades de los últimos mil años. Estos campos son la geología, la biología y la lingüística (esta última considerada como humana pero que en realidad posee todas las características de los sistemas autoorganizados que encontramos en la naturaleza)”.[5]

Es así que la autoorganización de la materia y la energía presente en estos tres campos es autosustentable, y que ya no es necesario la existencia de un humano que los controle, otorgue existencia o movimiento, puesto que estos sistemas pueden ser instanciados por sí mismos y además están en constante entrelazamiento.

En este escenario, nos hallamos en condiciones de exponer lo que se entiende por estrato, según Deleuze y Guattari: “Los estratos son fenómenos de espesamiento en el Cuerpo de la Tierra, a la vez moleculares y molares: acumulaciones, coagulaciones, sedimentaciones, plegamientos”.[6] Bajo esta condición, los estratos espesan territorialidades produciendo corporalidades, corpúsculos, masa de tierra, capaces de bordear y desbordar múltiples manifestaciones de la máquina abstracta.  

Deleuze apunta ante esto: “Los estratos son formaciones históricas, positividades o empiricidades. Capas de cosas y de palabras, de ver y de hablar, de visible y de decible, de superficies sedimentarias, hechas de visibilidad y de campos de legibilidad, de contenidos y de expresiones”.[7] En efecto, los estratos discurren en un régimen doble, que combina lo enunciativo y lo visible, postulando una nueva forma de distribución de los enunciados y las formas que trascienden todo paradigma dualista. De este modo, el contenido fenoménico y material de los estratos circula en una combinatoria que articulará las formas y las sustancias estables e inestables con la ayuda de un recurso llamado por los filósofos franceses: doble articulación.

Ante esto, resulta oportuno describir y señalar en qué consiste y cuál es la función de esta doble articulación:

“[…] una que seleccionaría o extraería, de los flujos partículas inestables, unidades moleculares o cuasi moleculares metaestables (sustancias) a las que impondría un orden estadístico de uniones y sucesiones (formas) y otra que sería la encargada de crear estructuras estables, compactas y funcionales (formas) y constituirían los compuestos molares en los que esas estructuras se actualizan al mismo tiempo (sustancias)”.[8]

De esta manera, el tránsito de lo inestable a lo estable a partir de la repartición y consolidación de la materia, conlleva un proceso de metamorfosis doble en el que, por un lado, la primera articulación ejerce la misión de unir o amarrar las unidades moleculares o cuasimoleculares, mientras que la segunda es la encargada de crear estructuras estables con el objetivo de actualizarlas en el flujo temporal de la estratificación.

Asimismo, el recurso de la doble articulación de los estratos también aparece en Mil años de historia no lineal cuando De Landa expone: “Podemos concluir que así como las rocas sedimentarias y las especies biológicas, las jerarquías sociales son sistemas estratificados, son cada uno el producto de una doble articulación”.[9] De esta manera, es notable la influencia del concepto de estratos y su doble articulación en la reflexión de De Landa, ya que al vincularlo con la explicación histórica de Braudel, narra el continuum de ese encadenamiento estable e inestable de las articulaciones en los múltiples trayectos que se trazan tanto en los granitos y arenas, los genes y la biomasa, y la dinámica de las ciudades:

“Así, una doble articulación (repartición y consolidación) transforma estructuras a una escala en otra con una escala mayor. En el modelo propuesto por Deleuze y Guattari, estas dos articulaciones constituyen un diagrama técnico, y es por ello que podemos encontrar esta misma máquina abstracta de estratificación no sólo en el mundo de la geología, sino también en los mundos biológicos y sociales”.[10]

 

MATISSE, MEMORY OF OCEANIA (1953)

 

Tras lo dicho, podemos argumentar que la doble articulación de los estratos inspirada en la geología, vía Deleuze y Guattari, también se puede replicar para explicar la estratificación del mundo biológico y social, como lo hará De Landa al trazar las fluctuaciones de los ecosistemas y las ciudades, formando un diagrama técnico que conformará a su vez una máquina abstracta:

“Sostenemos en este capítulo que existen también máquinas abstractas, como Deleuze y Guattari califican a estos diagramas técnicos detrás de los procesos generadores de estructura que dan como resultado ensamblajes y jerarquías específicas. Entre las estructuras jerárquicas resulta particularmente instructiva la llamada estratificación social (clases, castas, etc.). El término “estrato social” es claramente una metáfora, que implica la idea de que, así como en la estratificación geológica, hay capas de materiales rocosos, colocadas unas encima de otras, así las clases y las castas serían capas -unas arriba y otras abajo- de materiales humanos”.[11]

Con esta argumentación, se puede señalar el vínculo que establece De Landa con el concepto de máquinas abstractas vía Deleuze y Guattari, al replicar este diagrama técnico cuya función generadora de estructura deviene en crear ensamblajes y jerarquías, tales como la estratificación social y la estratificación geológica. En este sentido, De Landa amplia el trazo y escritura de las máquinas abstractas, pues no se limita en situarla únicamente en la estratificación geológica, sino que se esparce a la estratificación social para explicar cómo se van acomodando y reacomodando las diversas capas sociales en la interacción continua de los materiales humanos.

En este horizonte es importante preguntarse: ¿Qué es una máquina abstracta según Deleuze y Guattari? y ¿Qué función cumple en Mil años de historia no lineal? Para responder a estas preguntas se hace preciso recurrir a la explicación que hace Guattari en su explicación de los niveles maquínicos: “[…] las máquinas abstractas se instauran transversalmente a los niveles maquínicos materiales, cognitivos, afectivos y sociales. Son montajes capaces de poner en relación todos los niveles heterogéneos que ellos atraviesan […]”.[12] Esto implica que tanto el principio de heterogeneidad y el despliegue trasversal constituyen atributos claves para la comprensión de la función ontológica de la máquina abstracta. Por tal motivo, podemos pensar que la máquina abstracta conforma una matriz o un útero preexistente que encarnará en los diversos modos maquínicos con el propósito de dotarlos de consistencia.

Calderón, en su artículo Sala de máquinas: aproximación al pensamiento de G. Deleuze y F. Guattari”, apunta que:

“Así la máquina abstracta les es transversal, es ella la que les dará o no una existencia, una eficiencia, una potencia de autoafirmación ontológica. Así por medio de un dinamismo funcional característico de la máquina abstracta reorganiza los distintos elementos del conjunto dispositivos esquemas diagramáticos componentes dando consistencia a la conformación maquínica”.[13]

Bajo tales condiciones, podemos pensar que la dinámica transversal de la máquina abstracta, ejecuta un agenciamiento capaz de dirigir los múltiples devenires a diversos planos o localidades, donde encarnaran su ser existente, es decir, una corporalidad ya sea natural o social. Así, cada uno de los niveles (materiales, cognitivos, afectivos y sociales) adquieren existencia, es decir, trazan o diagraman las relaciones de los diversos dispositivos materiales. Sin embargo, como apuntan Deleuze y Guattari, el agenciamiento no se debe confundir con la máquina abstracta, aunque se relacionen mutuamente: “No sólo la máquina abstracta presenta diferentes estados simultáneos que explican la complejidad de lo que sucede en el plan de consistencia, sino que además no debe confundirse con lo que llamamos agenciamiento maquínico concreto”.[14] Bajo este planteamiento, se devela que la máquina abstracta se esparce entre la coexistencia compleja de los diversos universos maquínicos y, además, adopta modalidades distintas bajo las diferentes estratificaciones, siendo el agenciamiento la potencialidad específica para cada localidad que, a su vez, converge en la simultaneidad.

De acuerdo a lo anterior, nos hallamos en condiciones de reflexionar sobre el plan de consistencia:

“[…] el plan de consistencia (o la máquina abstracta) construye continuums de intensidad: crea una continuidad para intensidades que extrae de formas y sustancias distintas. Bajo los contenidos y las expresiones, el plan de consistencia (o la máquina abstracta) emite y combina signos-partículas (particlos) que hacen que el signo más asignificante funcione en la partícula más desterritorializada”.[15]

Esto significa que el plano de consistencia o la máquina abstracta es indispensable tanto para ejercer la función de motor generador e impulsor de intensidades como para servir de empuje dinamizador a la arquitectura ontológica de estas intensificaciones bajo las distintas encarnaciones que adoptan estos complejos sistemas de continuums en sus diversos flujos.

Hasta aquí, hemos visto cómo De Landa utiliza los conceptos: “estratos”, “doble articulación” y “máquina abstracta” para explicar la estratificación no lineal del mundo geológico y social. Veamos, entonces, algunos rasgos conceptuales de la influencia de Deleuze y Guattari en el capítulo II “Genes y Biomasa”.

MATISSE, ACANTHES (1953)

 

Principio de conexión y heterogeneidad: Genes y Biomasa

 

A partir de los planteamientos anteriores, De Landa, en el capítulo II “Genes y Biomasa” inicia su exposición afirmando que: “las especies y los ecosistemas son el producto de procesos generadores de estructura, los cuales son básicamente los mismos que aquellos que producen los diferentes tipos de rocas que abundan en el mundo geológico”[16]. Esto significa que, para el filósofo mexicano, la forma o el modo de interacción de las diferentes dinámicas geológicas (piedras, granitos y arena) también se reproduce en el campo de lo biológico. En este sentido, el punto de vista biológico transita bajo el mismo marco ontológico que las estratificaciones narradas en “Lavas y Magma”, con la diferencia de que el punto o el focus ahora ya no son las estratificaciones geológicas, sino los materiales vegetales, los materiales alimenticios, los materiales genéticos y las bacterias: “La principal forma del flujo de materia y energía en la biosfera es la circulación de pulpa y follaje vegetal y de carne animal en las cadenas alimentarias”.[17] Ante esto, los mecanismos de repartición y consolidación interactúan en un ecosistema natural y en un ecosistema urbano, usando otra vez el mecanismo de la doble articulación, cuya actividad consiste en llevar los flujos de materiales y energías a estados de estabilidad o inestabilidad según sea el caso. “Una variedad de constreñimientos históricos (energéticos, materiales, dinámicos) determinan cuando ya no hay otro estado estable que pueda alcanzarse dentro del actual ecosistema, por lo que el proceso llega a su culminación o clímax. Este es, por supuesto, otro ejemplo de un embonaje de elementos heterogéneos evolucionando a la deriva”.[18]

Con ello, De Landa apunta que los ecosistemas naturales se replican gracias a la heterogénesis, puesto que están construidos y siguen su trayectoria a través de elementos de distinta clase.

Tomando en consideración lo anterior, es notable la influencia del principio de conexión y heterogeneidad señalado por Deleuze y Guattari en el texto Rizoma ya que: “[…] cualquier punto del rizoma se puede conectar con otro cualquier y debe hacerlo. No es igual con el árbol ni la raíz, que siempre fijan un punto, un orden”.[19] En este sentido, el principio de la heterogénesis va a funcionar como un continnuum de trayectorias e intensidades que se bifurcan de manera no ordenada, es decir, no lineal, donde la conectividad deviene aleatoria y contingente, efectuando desplazamientos en un espacio de posibilidades siempre abierto. De este modo, para De Landa:

“Los ecosistemas reales no son reuniones fortuitas de especies, sino embonajes autoorganizados en los cuales las especies están interconectadas por sus complementariedades funcionales: depredador y presa, huésped y parásito. De acuerdo a un conocido ecologista, la heterogeneidad dota a estos embonajes no tanto de equilibrio (la capacidad de mantener un estado determinado con un mínimo relativo de fluctuaciones internas) como de flexibilidad (la capacidad de absorber mayores fluctuaciones, tanto internas como externas, utilizando estados estables alternativos)”.[20]

Así, la heterogénesis y la conectividad en las especies, se relacionan a través de una distribución que encadena los embonajes de acuerdo a una sintonía funcional que permite el tránsito de las fluctuaciones a partir de una estabilidad alternativa.

Por otro lado, es preciso enfatizar que los conceptos de flujo e intensificación creados por Deleuze y Guattari también operan como parte de la cartografía de Mil años de historia no lineal:

“[…] no debemos perder de vista el hecho de que el flujo de replicadores (sean genes, memes, normas o rutinas) constituye solamente la mitad de la historia. El flujo de materia y energía que recorre un sistema es de igual importancia, particularmente durante intensificaciones. La función de los replicadores genéticos y culturales (o más precisamente, de los efectos fenotípicos de ambos replicadores) es actuar como catalizadores que faciliten o inhiban los procesos de autoorganizacion hechos posibles por los flujos intensos de materia-energía”.[21]

Por esta razón, el movimiento de las fluctuaciones en su doble articulación mantiene el dinamismo de las intensidades en “ríos” diversos, donde los replicadores acontecen en sus distintos rostros de acorde al estrato donde se diagramatizan sin dejar de lado, por supuesto, que la función materia-energía es fundamental para comprender el plan de consistencia o la materia del plan. En suma, resulta oportuno enfatizar que “las formas no se explican por el lugar que ocupan sino por las fuerzas que las producen que son flujos constantes de materia y energía”.[22] Así pues, la combinatoria se realiza instante a instante en el transcurso o los múltiples transcursos del devenir, dando pauta a la creación de materiales con diversos grados y tipos de fuerza, dependiendo de la hibridación que también se impregna con el espacio y que, en cierto modo, va formando su propia coraza o su propia burbuja energética mutante.

MATISSE, THE SNAIL (1953)

 

Postulados de la lingüística: Memes y normas

 

Por último, Manuel De Landa, en el apartado “Memes y Normas”, recurre a la concepción rizomática del lenguaje creada por Deleuze y Guattari para explicar el flujo de materiales lingüísticos, no sólo a través de sus mutaciones gramaticales, sino también de su interacción con múltiples estructuras socioeconómicas: “Como los minerales, la energía inanimada, el alimento y los genes, también los sonidos, las palabras y las construcciones sintácticas se acumularon dentro de los muros de los pueblos medievales (y modernos) y han ido transformándose con la propias dinámicas urbanas”.[23]

Ello implica que la materialidad del lenguaje, al igual que el resto de los materiales, son coparticipes de la dinámica de las ciudades, sufriendo mutaciones en cada una de sus interacciones, modificando de esta forma su estructura y adaptándose a las nuevas necesidades del tiempo:

“Algunos de estos materiales lingüísticos (por ejemplo, el latín escrito y prestigioso) eran tan rígidos e inmutables que simplemente se acumularon como una estructura inerte. Pero otras formas de lenguaje (el latín vulgar y hablado) constituyeron entidades dinámicas capaces de generar nuevas estructuras, como son el francés, el castellano, el italiano y el portugués”.[24]

De ahí que sea preciso comprender que la movilidad del lenguaje presupone también grados de velocidad en los que algunas veces la rigidez e inmutabilidad no permite la transacción hacia otras variabilidades morfológicas del lenguaje. Por lo tanto, el uso y la velocidad, en un mayor grado, genera nuevas lenguas. De esta manera, podemos notar la marca epistémica de Deleuze y Guattari en la concepción de la dinámica de los flujos del lenguaje cuando De Landa anota que:

“Este tratamiento del lenguaje es parecido al adoptado por Gilles Deleuze y Felix Guattari, quienes definen como “mayores” a las lenguas que han alcanzado la punta de una jerarquía, y “menores” a aquellas que forman embonajes de dialectos, pero sin olvidarse que un lenguaje menor puede ser homogeneizado y volverse localmente dominante, y viceversa, que un lenguaje mayor puede ser reinyectado de heterogeneidad y dar origen a nuevos lenguajes menores”.[25]

En este sentido, la estratificación de la máquina abstracta del lenguaje traza jerarquías y embonajes, propiciando series rizomáticas donde ya no es posible vislumbrar un recorrido casual ni por orden progresivo, al contrario, se aprecian flujos que se desbordan a partir del principio de conexión y heterogeneidad en el cual la no linealidad es el acontecimiento necesario para la propagación de los materiales del lenguaje. A este propósito, De Landa reflexiona: “Como bien señalan Deleuze y Guattari: «Nunca encontraremos un sistema homogéneo que no esté ya afectado por un proceso regulado, continuo e inmanente de variación (¿por qué Chomsky pretende no entender esto?)»”.[26] Con base en lo anterior, resulta claro que tanto para Deleuze y Guattari como para De Landa, no existen movimientos dicotómicos en el dinamismo de los materiales lingüísticos. Explicarlos desde una perspectiva arborescente, resulta obsoleto para comprender la historia lingüística desde la dinámica generada por bifurcaciones complejas que hacen posible la interacción de las lenguas.

Para comprender esta tesis, Deleuze y Guattari en Rizoma afirman:

“A la manera de Chomsky, el árbol lingüístico, todavía comienza en su punto S y procede por dicotomía. Por el contrario, en un rizoma cada rasgo no remite forzosamente a un rasgo lingüístico: eslabones semióticos de cualquier naturaleza están ahí conectados en formas de codificación muy distintas, eslabones biológicos, políticos, económicos, etc.”[27]

Esto implica que en un primer momento es necesario romper con el hábito causal y lineal usado para dar seguimiento a los diversos regímenes enunciativos vía la lingüística clásica de Saussure, donde el vínculo entre significado y significante no se pone en duda. Esto supone comprender alguna de las lecciones del estructuralismo según Deleuze donde el significante no corresponde con lo que se enuncia, o sea, no existe una correspondencia entre lo que se dice y lo que se ve: “Por más que uno se esfuerce en decir lo que ve, lo que se ve no coincide nunca con lo que se dice”.[28] Por lo tanto, es imposible pensar en una dualidad transparente entre la palabra y la cosa, ya que se apuesta, en cambio, por un devenir puro.

La lectura de una obra como Mil años de historia no lineal a través de algunos conceptos del marco ontológico de Deleuze y Guattari, revitaliza e intensifica el pensamiento filosófico hacia una distribución materialista tanto de la ontología social como de la ontología naturalista. De Landa aterriza una parte del marco conceptual de los filósofos franceses hacia narrativas de la historia biológico-social para ejemplificar, con una escritura del mundo más concreta, acontecimientos específicos donde se hicieron presentes los dinamismos de la máquina abstracta. Además, nos invita a dirigir el pensamiento y la mirada hacia el flujo de contínuums de materiales y energía, con el propósito de hacer posible una apertura de lo vivo en sus múltiples encarnaciones. Y no simplemente de lo vivo material, sino de lo vivo espectral, de la memoria energética que va albergando el trazo de las estratificaciones y va sellando como un animismo discreto cada uno de las auras de las intensidades corporales del mundo, tanto en los planos reales como en los planos virtuales.

Asimismo, es importante rescatar una filosofía de la materia y la energía para conocer la calidad emancipadora de las vibraciones y fluctuaciones en términos de potenciales transgresores, cuya trayectoria nos acerque más a la liberación tanto en términos mentales como en términos corporales. Sin olvidar, por supuesto, que esta fluctuación energética se desprende de los ecosistemas sociales y de los ecosistemas naturales en su constante interacción, donde, además, el lenguaje es coparticipe de ello. Ante este escenario, resulta pertinente cuestionar: ¿Qué flujos energéticos impregnan las discursivas y los espacios del internet? ¿Cuál es la calidad energética de los materiales lingüísticos que pretenden emancipar a los materiales humanos?

MATISSE, ICARO (DE LA SERIE JAZZ) (1945)

 

Por otra parte, la propuesta teórica de una historia no lineal e intensiva actualiza tanto la teoría de la historia como la teoría biológica, depurándola de concepciones parciales y positivistas de la reflexión, develando la espiral dinámica en la que se ajustan y reajustan las múltiples trayectorias del plano de consistencia, haciendo énfasis en la necesidad de una epistemología compleja donde ya no es posible la cuantificación.

Al final, la máquina abstracta, los estratos, las fluctuaciones e intensidades, a través de los ensamblajes y jerarquías, habrán de reactivarse y actualizarse en la reflexión filosófica del siglo XXI, sobre todo en aquellos sectores del pensamiento que consideren la viabilidad de esta perspectiva teórica de conocer y comprender el “mundo”.

 

Bibliografía

 

  1. Calderón, “Sala de máquinas: Aproximación al pensamiento de G. Deleuze y Guattari”, Nómadas, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, Madrid, 2006.
  2. Deleuze, Foucault, Paidós, Buenos Aires, 2016.
  3. Deleuze y Guattari, Rizoma, Fontamara, México, 2009.
  4. _______________, Mil mesetas, Pretextos, Valencia, 2004.
  5. De Landa, M., Mil años de historia no lineal, Gedisa, México, 2012.
  6. Guattari, F., Caosmosis, Manantial, Buenos Aires, 1996.
  7. Farías, “Hacia una nueva ontología de lo social. Manuel De landa”. Entrevista. Persona y Sociedad/Universidad Alberto Hurtado. Vol. XXII/No. I, 75-85. Santiago de Chile, 2008.
  8. Valverde, “La historia intensiva y el nuevo materialismo. Deleuze & De Landa”, Revista de Historia de la Universidad de Costa Rica. Vol. 9 (25), 2004.

 

       Notas

[1] Deleuze, G. y Guattari, Rizoma, Fontamara, México, 2009, p. 15.
[2] ibídem, p. 22.
[3] ibídem, p. 25.
[4] ibídem, p. 32.
[5] Valverde, “La historia intensiva y el nuevo materialismo. Deleuze & De Landa”, Revista de Historia de la Universidad de Costa Rica. Vol. 9 (25), 2004, p. 5.
[6] Deleuze y Guattari, Mil mesetas, Pretextos, Valencia, 2004, p. 85.
[7] Deleuze, G., Foucault, Paidós, Buenos Aires, 2016, p. 76.
[8] Deleuze y Guattari, Mil Mesetas, ed. cit., p. 93.
[9] De Landa, M., Mil años de historia no lineal, Gedisa, México, 2012, p. 21.
[10] ibídem, p. 35.
[11] ibídem, p. 41.
[12] Guattari, F., Caosmosis, Manantial, Buenos Aires, 1996, p. 49.
13 G. Calderón, “Sala de máquinas: Aproximación al pensamiento de G. Deleuze y Guattari”, Nómadas, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, Madrid, 2006.
[14] Deleuze y Guattari, Mil Mesetas, ed. cit., p. 98.
[15] ibídem, p. 121.
[16] De Landa, M., Mil años de historia no lineal, ed. cit., p. 55.
[17] ibídem, p. 60.
[18] ibídem, p. 63.
[19] Deleuze, G. y Guattari, Rizoma, ed. cit., p. 45.
[20] De Landa, M., Mil años de historia no lineal, ed. cit., p. 67.
[21] ibídem, p. 68.
[22] ibídem, p. 69.
[23] ibídem, p. 75.
[24] ibídem, p. 122.
25 ídem.
[26] ibídem, p. 133.
[27] Deleuze, G. y Guattari, Rizoma, ed. cit., p. 45.
[28] Deleuze y Guattari, Mil Mesetas, ed. cit., p. 152.

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