Dialéctica del Sujeto gnomónico y su cuerpo gnomon

FOTOGRAFÍA POR RUBÉN CALVINO, “EL HOMBRE Y SU SOMBRA” (2021)

Resumen

El hombre es el único animal consumado filogenéticamente en/sí y para/si, como gnomon solar. Es en/sí (gnomon antropo, por morfología y consciencia posicional pre-reflexiva tética, y para/sí, por consciencia no-posicional reflexiva no-tética, resultante de representarse y conocerse, cual gnomon solar, vertical y ambulante (sapiens gnomónico). La confrontación dialéctica entre el Sujeto gnomónico y su cuerpo gnomon solar, comienza con el intento del sujeto por optimizar la verticalidad y el control deliberado de las sombras que, finalmente, cobra forma de lucha entre deseos de jugar y por controlar la sombra. Esto significó, imponerle posturas al cuerpo, quien, mediante el trabajo manual, se emancipó por sobre el sujeto, reproduciéndose sustitutivamente de forma inorgánica y pro-tética, a partir de plantar un palo en el suelo como gnomon exterior.

Palabras clave: gnomon/solar, dialéctica, anomalía/evolutiva, conciencia/pre reflexiva, conciencia/reflexiva, reproducción/protética.

 

Abstract

Man, the only animal phylogenetically consummated in himself and for himself, as a solar gnomon. He is in/if, anthropo-gnomon, thetic by morphology and positional pre-reflective consciousness, and for/if, by non-positional non-thetic reflective consciousness, resulting from representing and knowing himself, as solar, vertical and walking. Gnomonic sapiens. The dialectical confrontation between the gnomonic subject and his solar gnomon body begins with the subject’s attempt to optimize verticality and deliberate control of the shadows, which ultimately takes the form of the struggle between desire to play and control of the shadows. This implied imposing postures on the body, which through manual work emancipated itself by substitutively reproducing itself in an inorganic and prosthetic way, using a stick planted in the ground as an exterior gnomon.

Keywords: solar/gnomon, dialectic, evolutionary/anomaly, pre reflective/consciousness, reflective/consciousness, prosthetic/reproduction.

 

En el reino animal, el humano es el único cuerpo que se desplaza verticalmente y que, por su equilibrada y grácil anatomía, es capaz de sostenerse y avanzar, apoyado sobre la séptima parte de su altura (en un solo pie). Este solo hecho, lo convierte en un gnomon solar vertical y ambulante que, por ser de naturaleza zoológica, lo es en/sí, de marera pre-reflexiva y también, dado su alto cociente de encefalización, lo es reflexivamente para/sí.

 

En consecuencia, el hombre es el único animal consumado filogenéticamente en/sí, y para/si, como gnomon solar, y esto se debe a que, aún sin saberlo, su cuerpo es naturalmente un gnomon solar en/sí, que puede jugar con su sombra como lo hacen muchos animales.

 

De manera que, por consciencia posicional pre-reflexiva o tética,[1] el hombre en su inmediatez, es un gnomon solar zoológico (antropo-gnomon) que se relaciona lúdicamente con el Sol y las sombras, y por ello, cuando se expone al Sol, independientemente de su voluntad y saber, es en/sí, un gnomon solar; en tanto que para/sí, históricamente también demostró serlo[2] por consciencia racional o no-tética, dado que se representa a sí mismo y se reconoce gnomon solar que, deliberadamente, proyecta sombras de formas, tamaños y direcciones diversas.[3]

 

De lo abstracto a lo concreto

 

El saberse para/sí, gnomon solar vertical y ambulante (sapiens gnomónico) que se vale de su sombra para orientarse en el tiempo y el espacio, se alcanza debido a que en la propia conciencia posicional no-reflexiva o tética, inextinguiblemente y de modo latente e indiferenciada, habita la consciencia reflexiva que, a medida que el cuerpo se entrega a la experimentación, dialécticamente se distancia de/sí, diferencia y concreta. Lo que significa que, para la ciencia gnomónica, el hombre es simultáneamente a/sí y para/si, un gnomon solar, y su cuerpo, el primero que, en tanto instrumento gnomónico, se convirtió en la unidad de medida utilizada para determinar la longitud de las sombras.

 

El hombre se conoció a sí mismo, a partir del uso de sus manos y la consecuente contradicción de consciencia así generada, la cual finalmente, se resuelve pro-téticamente, como auto-reproducción material inorgánica y sustitutiva del cuerpo, por medios no biológicos. Es decir que, si tuviéramos que expresar lo dicho hasta aquí, esquemáticamente podríamos afirmar que el hombre es, téticamente en/sí y no-téticamente para/sí, un gnomon solar, vertical y ambulante, que se resuelve pro-téticamente por/sí, cual un concreto de abstractos que, al complejizarse, se exterioriza arrojándose ahí…, fuera de/sí, materialmente, como gnomon solar plantado en el suelo.

 

Esta presentación esencialmente humana del gnomon solar, es la presentación de una consciencia internamente contradictoria y que, como tal, nos habilita para abordarla dialécticamente cual contradicción entre diversos deseos de consumir sombras.

 

Por parte del cuerpo en/sí, es un deseo lúdico, mientras que, por parte del sujeto, es un deseo potencialmente reflexivo y para/sí, por conocerse a/sí como gnomon solar. Paradojalmente, ese deseo del sujeto, es el que impulsa al cuerpo, para que se auto-reproduzca fuera de/sí, como forma de liberarse concretamente de los deseos del sujeto.

 

La abstracta libertad del sujeto y el miedo al cuerpo

 

El sujeto no siente la presión limitante de la constitución biológica, y es precisamente, la carencia de esa presión limitante del cuerpo que el sujeto no sufre, la que le permite vivir una libertad abstracta y posicionarse dentro de la consciencia, como el aspecto dominante de la contradicción frente al cuerpo. El cuerpo en cambio, como sufre las limitaciones biológicas, siente miedo de morir y es ese miedo a la muerte, lo que le abre un insospechado camino de re-normalización del conflicto entre los deseos; el cuerpo encuentra que, mediante la resignación de sus deseos y el sometimiento total a los deseos del sujeto, puede sobrevivir y se somete. El cuerpo, siendo pre-reflexivamente consciente de sus limitaciones biológicas, solo desea jugar con las sombras y siente miedo de hacer otra cosa, como de exigirse en las posturas gnomónicas, más allá de sus posibilidades anatómicas. El sujeto en cambio, que no sufre ninguna presión limitante que le infunda temores, se piensa libre y ejerciendo su plena libertad abstracta,[4] pretende y logra finalmente, que el cuerpo sometido, le reconozca sus deseos de producir deliberadamente las sombras mediante distintas posturas, como si le fueran propias y que el cuerpo sometido se comporte cual esclavo,[5] a fin de conseguir las sombras buscadas.

 

La lucha en consecuencia, es entre los deseos del cuerpo por jugar y del sujeto por dominar, y aunque ambos deseos configuran aspectos diferentes y excluyentes de la misma conciencia, inicialmente se hallan unidos inescindiblemente al acto de conocer, confrontan y se resuelven dialécticamente, a partir del sometimiento del cuerpo a los deseos del sujeto. La consciencia no posicional contenida potencialmente en la consciencia pre-reflexiva, pese a ser de tipo no-egológica, como experiencia corporal, fenoménicamente se representa a sí misma y, al referirse a/sí, se comporta como un sujeto embrionario, que se toma como su propio objeto de experiencia y somete al cuerpo, para exigirle posturas gnomónicas cada vez más estresantes, gráciles, rectas y espigadas.

 

Finalmente, el cuerpo se somete al estrés que significa esforzarse por conseguir optimizar, tanto la verticalidad como el control deliberado de las sombras pretendido por el sujeto, y es ese estrés corporal, la actividad laboral y extrema, que llevada hasta sus límites, expulsa centrífugamente la contradicción hacia afuera de/sí. La inmediatiza exteriormente, y mediante el trabajo manual que emprende y cultiva, el cuerpo se encamina activamente a reproducirse a/si y por/sí mismo a escala, de forma sustitutiva y por medios no biológico.

 

Es decir que el cuerpo, a diferencia de la libertad abstracta que el sujeto halla en/sí, construye su libertad de forma concreta para/sí y rompe con las cadenas de su esclavitud, reproduciéndose a/sí, como objeto gnomónico exterior; es decir, como gnomon solar fuera de/sí, de constitución inorgánica y plantado verticalmente en el suelo, tan verticalmente plantado, como el cuerpo humano que le dio origen, y tan anclado a la tierra, como los cuerpos difuntos de los tantos ancestros que el tótem en su evocación libera de su esclavitud, para míticamente retornarlos a la vida montados en sus sombras, y desde ese nuevo lugar, orientar el rumbo de la comunidad.

 

Nace el tótem y con él, surge una limitación para el sujeto que, ahora, se sentirá arrojado a la búsqueda de una nueva libertad, en este caso más social y concreta, que solo logrará con el desarrollo de una nueva contradicción dialéctica. En este caso, entre el hombre y el tótem.

 

Determinación de la unidad de medida

 

La lucha dialéctica entre el Sujeto humano gnomónico y su cuerpo gnomon, es en última instancia una lucha ascensional de lo abstracto a lo concreto, entre aspectos opuestos de la misma conciencia pre-reflexiva y reflexiva que, como una teórica palanca física,[6] es tal, en tanto el en/sí y el para/sí, se comporten cual momentos inescindibles y confronten en torno al punto vacuo del apoyo como Ser.

 

Por separado, cada momento es un abstracto y quitar el punto de apoyo, equivale a romper el concreto que solo existe por la simultaneidad de los momentos. La contradicción, es de consciencias con deseos diferentes a uno y otro lado de la palanca, por un lado, el momento de solo jugar con la sombra y por el otro, de controlarla.

 

Esta lucha significó la imposición de posturas al cuerpo, quien superó la contradicción mediante el cultivo del trabajo manual, plantando como si fuera un vegetal en tiempos de la incipiente agricultura, un palo gnomónico en el suelo y de esa manera, reproduciéndose instrumentalmente a sí mismo, de forma no biológica y sustitutiva y como gnomon solar exterior (objetivo) y unidad de medida.

 

El sujeto humano, al tomarse como su propio objeto y sustituirse con un palo gnomónico, se toma como unidad,[7] dando lugar al desarrollo y praxis de una anomalía evolutiva, que hizo de ese palo originario, un cuerpo material, inorgánico y social (CMIS) que se nos presenta como ingénito y de extraña omnipresencia, a la vez que en/él y con/él, nos hibridamos en/otro.

Para finalizar, debemos decir que la dialéctica gnomónica es, en definitiva, una dialéctica instrumental, en tanto que se origina entre deseos que pugnan por el manejo del instrumento gnomónico, para el juego, o para la dominación. Ambas pretensiones, son inescindibles, pertenecen y luchan dialécticamente como conciencias opuestas, dentro de una misma consciencia que las contiene. Luego, al resolverse exteriormente como gnomon inorgánico plantado en el suelo, el instrumento gnomónico que hasta ese momento era el cuerpo biológico, se desdobla y establece un distanciamiento espacial entre el instrumento inorgánico elaborado manualmente y el cuerpo biológico del sujeto experimentador. Este distanciamiento que le permite al sujeto verse reflejado objetivamente en el gnomon y las sombras proyectadas, exige a su vez, la colaboración de otras manos y consiguientemente, de otras conciencias. De esa manera, la separación entre el sujeto experimentador y la objetivación de la experimentación gnomónica, exige compartir y en ese compartir, se hace social y renovadamente conflictiva.

 

El contacto y comunicación que el gnomon solar inorgánico estableció con los cielos, produjo un giro copernicano que invirtió tan radicalmente la mirada del sujeto, que trajo el cielo a los pies del hombre e invirtió también, su historia y su génesis. De manera que, en tanto se transformó en su contrario, el gnomon solar inorgánico se consagró ingénito; se hizo tótem.

 

Seguido a ello, el gnomon solar plantado en el suelo, en su calidad de objeto material carente de consciencia, genera en el sujeto que hasta ese momento fue dominante, un sentimiento de desvaloración que lo lleva a verse reflejado en el objeto material, tan solo como una cosa, ¡tan cosa!, como aquel gnomon inorgánico, producto del trabajo manual y modificador de la materia que, impensadamente, dio origen a la cultura que permitió la liberación del cuerpo biológico. Para compensar esta carencia de reciprocidad de consciencias, al tótem se le deposita el alma de los difuntos y con ellos se entabla un nuevo tipo de relación dialéctica. [8]

 

No hay final para este proceso dialéctico, o en todo caso, el final es abierto y plantea una nueva contradicción a resolver, de mayor complejidad y más concreta, dado que ya no es una sola consciencia de un sujeto para/si y su cuerpo; ahora al en/sí y el para/sí analizados, se le agrega un ingénito objeto material de impostada consciencia, que comienza con el sometimiento de todo lo anterior y que, en definitiva, no es más que el hombre mismo y su conflicto.

 

El gnomon solar objetivamente plantado en el suelo y convenientemente separado del sujeto experimentador, permitió al humano moderno de finales del paleolítico superior, invertir la mirada de su entorno y de sí mismo, trayendo el cielo y el Sol, a los pies del hombre mediante las viboreantes sombras rastreras que el nuevo tipo de gnomon solar proyectaba. Esa misma inversión, se operó en la subjetividad humana, haciendo que el gnomon solar, siendo un producto humano, debido a su contacto y comunicación con los cielos, se distanciara mediante un proceso dialéctico de extrañación, y consiguientemente, del mismo modo que invirtió la mirada, trayendo el cielo a los pies, dialécticamente, invirtió la génesis y en tanto se transformó en su contrario, se consagró como ingénito.

 

El gnomon solar plantado en el suelo, en su calidad de objeto material carente de consciencia, genera en el sujeto que hasta ese momento fue dominante, un sentimiento de desvaloración que lo lleva a verse reflejado en el objeto material, tan solo como una cosa, tan cosa como el mismo gnomon inorgánico resultado de su trabajo y creador de cultura. Es decir que el sujeto, se siente cosificado y frente a ello, se esfuerza por dotar de consciencia, al simple palo gnomónico hecho con sus manos. En consecuencia, el gnomon solar, en tanto lápiz gnomónico que con sus trazos de sombra permitió traer el cielo a los pies del hombre, se hizo depositario del alma de los difuntos ancestros y de esa forma, se consagró e hizo receptor de la reverencia prodigada al alma de los difuntos, de modo tal que, el sujeto, lo ve como consciencia superior y a ella se le somete. Por ello, el tótem fue el gnomon solar que perdió su historia y olvidó su genealogía, dado que no solo se distanció espacialmente del sujeto, sino que, además, lo hizo de sus orígenes, por lo que a ese palo gnomónico que era la reificación instrumental del cuerpo humano, se lo comenzó a ver en lo simbólico y en su caída en la inmediatez, como algo ingénito y sagrado y se lo consagra finalmente como símbolo hiero-gnomónico y a se abre camino una nueva contradicción dialéctica a resolver.

 

Bibliografía

  1. Benigar Juan, La Patagonia piensa, La Siringa, Neuquén Argentina, 1978.
  2. Calvino Rubén Alberto, El Hombre, gnomón zoológico, Utopías, Argentina 2014

https://books.google.com.ar/books/about/EL_HOMBRE.html?id=1fQlBAAAQBAJ&redir_esc=y

  1. Crocé Benedetto, Lo vivo y lo muerto en la filosofía de Hegel, Ed. Imán, Buenos Aires 1943.
  2. Feinman José Pablo,”Hegel, dialéctica del amo y el esclavo” Can. Encuentro, Argentina 2012 https://www.youtube.com/watch?v=R197Rr2zppE
  1. Freud Sigmund, Tótem y tabú, 1913-1914 O.completas, TXIII, Ed Amorrortu BsAs1991.
  2. Mondolfo Rodolfo, Breve historia del pensamiento antiguo, Losada, Buenos Airess 1974.
  3. Ortíz Medina Esteban, Conciencia pre-reflexiva y la tesis de la identidad, UBA, BsAs, 2020 https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-50652019000100212
  1. Sartre Jean Paul, El existencialismo es un humanismo, Ediciones del 80, Argentina 1980.

 

Notas
[1] Ortíz Medina Esteban, Conciencia pre-reflexiva y la tesis de la identidad, ed. cit.
[2] Benigar, La Patagonia piensa, ed. cit., p. 93.
[3] Calvino Rubén Alberto, El Hombre, gnomón zoológico, ed. cit., p. 21.
[4] Sartre Jean Paul, El existencialismo es un humanismo, ed. cit., p. 39.
[5] Feinman José Pablo, Hegel, dialéctica del amo y el esclavo, ed. cit.
[6] Benedetto Crocé, Lo vivo y lo muerto en la filosofía de Hegel, ed. cit., p. 26.
[7] Mondolfo Rodolfo, Breve historia del pensamiento antiguo, ed. cit., p. 18.
[8] Freud Sigmund, Tótem y tabú, 1913-1914, ed. cit., p. 119.