Apuntes sobre la conceptualización ontológica de la técnica en Simondon, Guattari y Heidegger

EDUARDO PAOLOZZI “WHERE REALITY LIES”, 1982

 

Resumen

El objetivo del presente artículo es presentar la conceptualización ontológica de la técnica en Gilbert Simondon y Félix Guattari en contrapunto con la postura de Martin Heidegger. En un primer apartado se aborda la ontología de la individuación en Simondon y la explicación del origen genético del objeto técnico. En un segundo apartado se esclarece la ontología maquínica de Guattari y la posición que ocupa la máquina técnica en ella. En ambas secciones se ofrece una comparativa con la cuestión del dominio de la Ge-stell heideggeriana.

Palabras clave: ontología, técnica, maquínico, Simondon, Guattari, Heidegger.

 

Abstract
The aim of this paper is to present the ontological conceptualization of technique in Gilbert Simondon and Félix Guattari in counterpoint to the position of Martin Heidegger. The first section deals with the ontology of individuation in Simondon and the explanation of the genetic origin of the technical object. In a second section, Guattari’s machinic ontology and the position occupied by the technical machine in it are clarified. In both sections it’s offered a comparison with the question of the domain of the Heideggerian Ge-stell.

Keywords: ontology, technique, machinic, Simondon, Guattari, Heidegger.

 

Gilbert Simondon y Félix Guattari tienen varias cosas en común: la nacionalidad, la labor intelectual, la potencia del pensamiento, la absoluta originalidad de sus conceptos y el interés por una filosofía que se haga cargo de la técnica. Pero no solo eso, ambos en su época fueron relegados al rol de autores menores y, por supuesto, fueron eclipsados por los grandes nombres de Deleuze, Foucault y Derrida. Afortunadamente, cada vez hay más investigadores que rescatan sus obras de la ignorancia apresurada y el prejuicio irreflexivo. Simondianos y guattarianos del mundo, ¡uníos para derrocar la imagen del pensamiento que ha domesticado la filosofía francesa en una etiqueta, en una moda, en una pose fácil! ¡Uníos para repensar el lugar de la técnica en la actividad filosófica y no filosófica! ¡Uníos para demostrar que su singularidad teórica no solo está a la altura de los grandes autores de la filosofía francesa del siglo XX, sino que también su obra resulta irreductible, insustituible, inconfundible con los filósofos de la diferencia y el poder, de la virtualidad y la subjetivación, de la justicia y la academia!

 

De acuerdo con esta intención programática y efusiva, se abordará en el presente artículo de manera sucinta y esquemática, la conceptualización de Simondon y Guattari sobre la técnica. Para ello, partiremos de sus respectivas propuestas ontológicas, y explicitaremos la manera en la que los entes técnicos constituyen su entidad a partir de tales premisas ontológicas. Luego de ello, de manera adicional, se ofrecerá un rápido contraste en cada apartado, entre la posición de Simondon y Guattari y la postura de Martin Heidegger, ilustre adalid crítico de la tecnicidad.

 

Individuación y objeto técnico en Simondon

 

La ontología de Simondon se encuentra bajo el signo de la individuación, esto es, el proceso por el cual se constituye un individuo. Frente a las ontologías hilemórficas y sustancialistas que si bien la presuponen, la dejan indeterminada. Es menester desarrollar un pensamiento propio sobre la individuación que no sea construido a partir del individuo, sino que sea fundamento de su explicación. De este modo, “El individuo sería captado entonces como una realidad relativa”[1] en un doble sentido: está precedido por un proceso de individuación que no se agota en lo individuado y a la vez, la individuación no produce individuos aislados sino un complejo de individuo-medio. A este respecto, la ontogénesis no debe predicarse ya de un individuo o de una especie, sino del ser mismo. Simondon resume el punto de partida de su ontología en las siguientes líneas:

 

La oposición entre el ser y el devenir puede sólo ser válida al interior de una cierta doctrina que suponga que el modelo mismo del ser es la sustancia. Pero es posible suponer también que el devenir es una dimensión del ser, y que corresponde a una capacidad que tiene el ser de desfasarse en relación consigo mismo, de resolverse al desfasarse; el ser preindividual es el ser en el cual no existe fase; el ser en el seno del cual se consuma una individuación es aquel en el cual aparece una resolución por repartición del ser en fases, que es el devenir; el devenir no es un marco en el cual existe el ser; es dimensión del ser, modo de resolución de una incompatibilidad inicial rica en potenciales. La individuación corresponde a la aparición de fases en el ser que son las fases del ser.[2]

 

El ser sería entonces un sistema que contiene potencialidades, el cual se desfasa y no deviene más que desfasándose; y precisamente, este devenir no es otra cosa que la ontogénesis de la individuación, individuación que constituye individuos y medios, individuación que, empero, no agota la potencia del ser. Para ello, el esquema conceptual que permite describir esta situación es el del equilibrio “metaestable”. Los conceptos de estabilidad e inestabilidad, propios de toda la filosofía hasta bien entrado el siglo XX, son inadecuados para comprender esta ontología, dado que ambos presuponen que o bien todos los potenciales se han efectuado o que están en proceso de hacerlo sin orden ni concierto. En cambio, la noción de metaestabilidad, extraída del desarrollo científico contemporáneo, a partir de nociones como neguentropía e información, permiten comprender un equilibrio que se desfasa en sí mismo y que, por lo mismo, se resuelve en creaciones individuantes.

 

Simondon distingue en su tesis mayor de doctorado dos tipos de individuaciones: la individuación física y la individuación de lo viviente. En el primer caso basta una individuación como origen absoluto; en el segundo caso, la individuación se realiza perpetuamente durante el ciclo vital de todo ente vivo: “El individuo viviente es sistema de individuación, sistema individuante y sistema individuándose; la resonancia interna y la traducción de la relación consigo mismo en información están en este sistema de lo viviente”.[3] Es más, la individuación de los seres vivientes tiene tres niveles: individuación vital, psíquica y colectiva.

 

En su tesis complementaria Simondon estudia las condiciones particulares de individuación del objeto técnico. Su génesis se explica por el paso de lo abstracto a lo concreto. En efecto, un objeto técnico abstracto es aquel donde sus componentes funcionan de manera aislada y divergente. El ulterior desarrollo tecnológico permitirá que este objeto pueda concretizarse en el sentido de que sus componentes establecerán relaciones estrechas, solidarias y sinérgicas, esto es, convergerán hacia un mismo funcionamiento. Por tanto, aquí se repite el esquema ontológico de la individuación ontogenética: no se parte del objeto técnico para explicar su génesis, sino de esta para explicar a aquel. Como dice Simondon: “[…] es preferible invertir el problema: a partir de los criterios de la génesis podemos definir la individualidad y la especificidad del objeto técnico: el objeto técnico individual no es tal o cual cosa, dada hic et nunc, sino aquello de lo que existe génesis”.[4]

 

Son las imperfecciones del objeto técnico abstracto las que llevan a una transformación y a un desarrollo de la tecnicidad. Más, esto no implica que no haya cesuras ni cortes entre los distintos objetos técnicos. De hecho, existen mutaciones que dan origen a nuevos linajes técnicos, esto es, a un conjunto de objetos técnicos con funcionamientos y características similares. Para que esto ocurra es menester el surgimiento de una nueva “esencia técnica” que exprese un nuevo tipo de funcionamiento que defina un género: “sobre este género existe un esquema puro de funcionamiento que es pasible de ser transpuesto a otras estructuras”.[5] Se obtiene así un nuevo “linaje técnico” donde se comparten estructuras y funcionamientos.

 

Ahora bien, Simondon distingue tres niveles de los objetos técnicos: el elemento técnico (un objeto técnico simple como una herramienta), el individuo técnico (una máquina que puede incluir elementos técnicos y que requiere de un medio como condición de funcionamiento) y el conjunto técnico (conglomerado de individuos técnicos donde el medio no es condición de funcionamiento). En cualquiera de los tres niveles, lo humano no se define como opuesto a la técnica, ni tampoco como simétrico a ella. Es en sentido estricto, un mediador. La metáfora del “director de orquesta” permite sintetizar la oposición a dos actitudes erradas sobre la relación con la técnica: ni los objetos técnicos han de ser meros esclavos al servicio del hombre, ni el hombre ha de quedar supeditado a la máquina. Por el contrario: “[…] es preciso que el hombre sea un ser inacabado que completa la máquina, y la máquina un ser que encuentra en el hombre su unidad, su finalidad, y su conexión con el conjunto del mundo técnico; hombre y máquina son mutuamente mediadores”.[6]

 

En tal sentido, nos interesa subrayar rápidamente dos cuestiones sobre el abordaje de Simondon: un abordaje ontológico genérico de la técnica en orden a explicar su génesis, así como una conceptualización de la técnica abierta a la inclusión de los desarrollos técnicos en la cultura humana. Podríamos comparar estos dos rasgos con la postura de otro filósofo del siglo XX, esta vez sí reconocido e inclusive sobrevalorado por contraste con Simondon: Martin Heidegger. Para el alemán, el dominio de la técnica moderna se inscribe dentro de la historia de la metafísica regida por el olvido del “ser”. Así la esencia de la técnica moderna sería un mero emplazamiento: “A aquella interpelación que provoca, que coliga al hombre a solicitar lo que sale de lo oculto como existencias, lo llamamos ahora la estructura de emplazamiento (Ge-stell)”.[7] Es el dominio de esta esencia en nuestra época la que constituye el peligro supremo (Gefahr).

 

Al respecto, Simondon: a) no es un filósofo de la presencia (Anwesenheit), sino del devenir, de la génesis, de la no-individualidad, de la discontinuidad y de la metaestabilidad donde “la unidad y la identidad sólo se aplican a una de las fases del ser, posterior a la operación de individuación”;[8] b) no es un filósofo “metafísico” que olvidaría la diferencia (Unterschied) entre ser y ente, pues el ser para Simondon es precisamente este horizonte (Woraufhin) de devenir ontogenético de individuación, que no se confunde con un ente, desde el cual se concibe la posibilidad de que los entes (individuos-medios) sean. Concediendo momentáneamente qué “Sentido significa el fondo sobre el cual [Woraufhin] se lleva a cabo el proyecto primario, fondo desde el cual puede concebirse la posibilidad de que algo sea”;[9] c) Simondon no es un filósofo reactivo a la técnica que asumiera una actitud nostálgica de recusación (tecnofobia) en tanto asunción de ella como mero emplazamiento (Ge-stell); sino uno que conceptualiza la positividad ontológica de la técnica y, frente a ella, asume una labor política-cultural de reapropiación en orden a pensar un futuro no subyugada por ella (tecnofilia), sino una de mutua realización medial; d) ambos autores, empero, comparten una filiación especista, toda vez que para Heidegger el ente humano, en tanto Dasein, es privilegiado óntica y ontológicamente[10] y para Simondon el hombre está llamado a ser el “director de orquesta” de los entes técnicos, objetos a quienes él debe liberar, como si los otrxs, sean humanes o no, no pudieran por cuenta propia hacerlo a título individual y como si otras individualidades (animales, plantas, virus) no pudieran ser también co-mediadores técnicos.

 

Ontología maquínica y máquina técnica en Guattari

 

La ontología de Guattari se resume en lo “maquínico”. Es importante establecer una distinción entre lo maquínico y la máquina. Ésta no es más que un caso de aquel. No se trata, en consecuencia, de extrapolar las condiciones y rasgos de un ente particular (la máquina), para pensar la totalidad de la realidad, sino de arriesgar un concepto ontológico singular. Guattari señala: “Generalmente, en la historia de la filosofía, se tiene el problema de la máquina por un elemento segundo de una cuestión más general, la de la technè, de las técnicas. Es aquí donde propondría la inversión de punto de vista, en el sentido de que el problema de la técnica ya solo sería un subconjunto de una problemática maquínica mucho más amplia”.[11]

 

¿Pero qué es lo maquínico si no es la generalización de la máquina? En primer lugar, es un concepto que se opone al de estructura. Mientras ésta mienta un sistema de relaciones polares (ejemplificadas en las posiciones estructuralistas), aquello significa una diversidad de relaciones no jerárquicas, múltiples, transversales. En segundo lugar, lo maquínico remite a la operatividad de recombinación de lo real, es decir, a un proceso donde esas multiplicidades se asocian variablemente y, con ello, producen nuevas relaciones. Guattari y Deleuze escriben: “Toda máquina, en primer lugar, está en relación con un flujo material continuo (hylè) en el cual ella corta. La máquina funciona como máquina de cortar. […] La máquina sólo produce un corte de flujo cuando está conectada a otra máquina que se supone productora del flujo. Y sin duda, esta otra máquina es, en realidad, a su vez corte”.[12]

 

Se trata de una síntesis “conectiva” que corta y conecta las multiplicidades. Pero también lo maquínico opera una síntesis “disyuntiva”, esto es, codifica esas conexiones (lo que abre la posibilidad de una semiótica plural donde se conjugan signos, cuerpos, gestos, sonidos, materialidades, etc.), así como una síntesis “conjuntiva” donde se producen los restos de los engarces y se producen sujetos como mero resultados. Por ello, se puede afirmar que “[e]l trabajo humano moderno no es sino, un subconjunto residual del trabajo de la máquina[13] entendiendo por este último término, no la máquina como una entidad técnica particular, sino como un trasfondo ontológico de interconexiones y acoples. Este concepto de lo maquínico posteriormente recibirá el nombre de agenciamiento (agencement).

 

En tercer lugar, lo maquínico posee un “núcleo” de afirmación ontológica que precisamente permite las conexiones y los ensambles. De este modo, si se hace una comparativa de la propuesta de Guattari con la de los biólogos Maturana y Varela, quienes dividían las máquinas entre autopoiéticas (los seres vivos) y alopoiéticas (las entidades inorgánicas), para el francés no existe una oposición entre la autopoesis y la allopoesis sino una producción simultánea, sincrónica e interrelacional de ambas: “[…] pienso que habría que ir más allá de la perspectiva de Varela y establecer una conexión entre las máquinas alo y auto-poiéticas. Las máquinas alopoiéticas se encuentran siempre en adyacencia de máquinas autopoiéticas y es preciso por tanto tomar en consideración los agenciamientos que las hacen vivir juntas”.[14]

 

Por consiguiente, la ontología de lo maquínico consiste en un horizonte de afirmación ontológica que no se expresa sino a través de conexiones y ensambles produciendo la multiplicidad de los entes. Casos particulares de estos entes serían las máquinas sociales, las máquinas técnicas e, inclusive, las máquinas deseantes, esto es, el inconsciente que se produce en una colectividad. El objeto técnico es en consecuencia, una manera en el cual se conectan ciertas relaciones y ensamblajes a partir del núcleo de afirmación maquínica. Y así como Simondon hablaba de un linaje técnico, Guattari puede hablar de un “filum maquínico” en el cual se puede apreciar la temporalidad de las máquinas técnicas constituidas y producidas históricamente.

 

Pues bien, a diferencia de Heidegger: a) Guattari no es un filósofo más de la ousía, sino uno de la multiplicidad procesual que se expresa en conexiones abiertas y móviles; b) Guattari no es un metafísico que olvide el ser y que conceptualice al ser humano como una subjetividad fundante, sino que el horizonte ontológico está determinado por una afirmación maquínica y ensamblante, así como para decirlo con Marx —otro autor que pone en cuestión la historicidad de la narrativa heideggeriana—[15], el ser humano para Guattari solo adquiere un rol central en un modo de producción determinado por el capital, puesto que él ha de producir valor de cambio e inclusive “valor de deseo” con la totalidad de su actividad; c) Guattari no propone una reacción conservadora frente a la pujanza de la tecnología, sino una reapropiación de la misma, a fin de conectar con la emancipación social en contra del capital, situación que resume en el sintagma “sociedad posmediática”; d) Guattari, en fin, no es especista, puesto que la producción de las máquinas técnicas, la realizan complejos maquínicos donde intervienen tanto humanos como no humanos (lo que lo lleva a hablar de “plusvalor maquínico”) y el “sujeto” que realizaría una crítica al orden vigente y, por tanto, reafirmará la ontología de lo maquínico en orden a producir multiplicidades (mientras el capitalismo no produce sino serializaciones homogeneizantes), son los agenciamientos de humanos, no humanos, máquinas, seres vivos, materialidades y flujos.

 

Es con Simondon y Guattari, pues, que tendríamos que pensar nuestro rol respecto a la pregnancia de la técnica moderna, no para rechazarla dogmáticamente, sino para resituar nuestro lugar junto a ella y producir nuevos entramados sociotécnicos.

 

Bibliografía

  1. Ayala-Colqui, Jesús, “La configuración del “ontocentrismo” en Martin Heidegger. Hacia la elaboración de unas ontologías no ontocéntricas y poshumanas más allá de Sein und Zeit y Die Grundbegriffe der Metaphysik”, en Letras, Vol. 92, Núm. 136, 2021, pp. 196-215.
  2. Ayala-Colqui, Jesús, “Subjetividad y subjetivación en Marx: una lectura confrontativa a partir de Heidegger y Foucault”, en Tópicos, Vol. 61, 2021, pp. 109-144.
  3. Deleuze, Gilles & Guattari, Félix, El Anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia, Paidós, Barcelona, 1985.
  4. Guattari, Félix, Psicoanálisis y transversalidad. Crítica psicoanalítica de las instituciones, Siglo XXI, México, 1976.
  5. Guattari, Félix, ¿Qué es la ecosofía?, Textos presentados y agenciados por Stéphane Nadaud, Cactus, Buenos Aires, 2015.
  6. Heidegger, Martin, Conferencias y artículos, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994.
  7. Heidegger, Martin, Ser y tiempo (3ª ed.), Trotta, Madrid, 2012.
  8. Simondon, Gilbert, El modo de existencia de los objetos técnicos, Prometeo, Buenos Aires, 2007.
  9. Simondon, Gilbert, La individuación a la luz de las nociones de forma e información, Cactus, Buenos Aires, 2015.

 

 

Notas

[1] Gilbert Simondon, La individuación a la luz de las nociones de forma e información, Cactus, Buenos Aires, 2015, p. 9.
[2] Ibid., p. 10.
[3] Ibid., p. 14.
[4] Gilbert Simondon, El modo de existencia de los objetos técnicos, Prometeo, Buenos Aires, 2007, p. 42.
[5] Ibid., p. 63.
[6] Gilbert Simondon, La individuación a la luz de las nociones de forma e información, Op. cit., p. 459.
[7] Martin Heidegger, Conferencias y artículos, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994, p. 21.
[8] Gilbert Simondon, La individuación a la luz de las nociones de forma e información, Cactus, Buenos Aires, 2015, p. 27.
[9] Martin Heidegger, Ser y tiempo (3ª ed.), Trotta, Madrid, 2012, p. 339.
[10] Cfr. Jesús Ayala-Colqui, “La configuración del “ontocentrismo” en Martin Heidegger. Hacia la elaboración de unas ontologías no ontocéntricas y poshumanas más allá de Sein und Zeit y Die Grundbegriffe der Metaphysik”, Letras, 92 (136), 2021, p. 206.
[11] Félix Guattari, ¿Qué es la ecosofía?, Textos presentados y agenciados por Stéphane Nadaud, Cactus, Buenos Aires, 2015, p. 90.
[12] Gilles Deleuze & Félix Guattari, El Anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia, Paidós, Barcelona, 1985, p. 42.
[13] Félix Guattari, Psicoanálisis y transversalidad. Crítica psicoanalítica de las instituciones, Siglo XXI, México, 1976, p. 276.
[14] Félix Guattari, ¿Qué es la ecosofía?, Op. cit., p. 92.
[15] Cfr. Ayala-Colqui, Jesús, “Subjetividad y subjetivación en Marx: una lectura confrontativa a partir de Heidegger y Foucault”, Tópicos, 61, 2021, p. 127.

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